Cuatro Objetos.

En esta estantería hay cuatro objetos.

La estrella verde de Sant Josep en Ibiza.

La calabaza, del Alt Empordà, Girona.

El cuadro de la higuera de Formentera.

El rosario de una antigua casa de pueblo de la Jacetánia.

Cuatro lugares especiales y cuatro experiencias de vida.

Cuando los miro, me provocan cuatro sonrisas…

Cocinar a fuego lento y con cascos inalámbricos…

Con “ a fuego lento” me refiero a esos platos a los que tienes que dedicar tiempo y cariño. De los que requieren de una preparación, de una elaboración cuidada y sobre todo … esos que sólo te salen cuando tienes ganas de hacerlos.

Ya no me refiero al tiempo –que cada uno tiene su disponibilidad -sino a la predisposición de tu mente a realizar el plato, a ejercer todos los actos de la cocina. Uno a uno. Y , si puedes, disfrutando en el intento. Si no estás ahí, en la cocina en cuerpo y alma, es posible que lo que salga sea un churro. Más o menos comestible, pero un churro. La concentración, como en muchos deportes, es vital para que todos los ingredientes armonicen, se unan o diluyan, se equilibren y sepan a gloria .

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Así que , como el día lo ha permitido, me he adentrado en el mundo del “ a fuego lento”.Como flotaba la inspiración en mi cocina, lo primero que he hecho es ponerme los cascos inalámbricos que me han regalado ( Wow!) y poner mi lista «Pils Vintage» con esas canciones que me han gustado siempre y antes. Después,  ya acompañada por Kyle Eastwood & Diana King y su versión de Why can’t we live together,he empezado a preparar todos los ingredientes . Los he dispuesto en boles y he ubicado en el lugar adecuado, las especias y los básicos (aceite, sal, pimienta..). Cuando todo ha estado preparado, he iniciado el ritual de la receta: saltear, sofreír…. Cada cosa a su tiempo y en el lugar que yo creo que le corresponde. Entonces, el aroma ya ha empezado a esparcirse y algo me ha dicho que íbamos bien.

Y , mientrás, la música, sonaba deliciosa. Sting & David Sanborn con una versión muy especial de Ain’t no sunshine when she’s gone.

En estado de máxima concentración, he continuado todo el proceso hasta dejar mi reluciente olla en estado de “chup-chup”. A fuego lento… Sin querer, en el proceso, he ido hiriendo la sensibilidad musical de mi entorno, cantando emocionada…Puede ser que vociferando sin afinación, lo admito.

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En esta fase, ya me había aventurado a la prueba de la cuchara de palo , y-realmente- empezaba a sentir orgullo por lo que se cocía allí dentro.“Chup-chup”…

Mientras mi guiso seguía a lo suyo, he recogido todos los utensilios. He limpiado y ordenado y todo ha salido bien . Ágil. Coordinado.Hay veces, que haciendo el mismo plato, dejo la cocina totalmente arrasada a mi alrededor. Abro mil armarios, busco lo que me falta para seguir, y se me amontonan los cacharros a cada paso que doy. Esta fase de “recogida” es , en esos momentos, muy penosa. En cambio, en otras ocasiones, hasta eso se convierte en una tarea sencilla. Hoy, ha sido así. Mi cocina lucía primorosa y mi receta cobraba vida, lentamente.

Ahora, reposa. Es uno de esos platos que se merecen que el tiempo los perfeccione y lo dejaré, a fuego apagado, para que descanse con el calor que aún emana.

He acabado mi sesión cocinera-DJ, viniéndome arriba con One de Mary J Blige & U2

Fotografiar aves…

Lo primero que me llamó la atención, fueron las líneas que dibujó el sol en los cipreses. Las sombras de los travesaños de un porche de madera creaban ese estampado luminoso. Los colores eran precisos, con esa luz matizada que tiene el atardecer del invierno…

Me quedé prendada de la imagen, la fotografié y me recreé en su observación. Fue entonces cuando me di cuenta de que los cipreses vibraban como un latido. Pequeños vaivenes, que provenían del interior. Primero aquí, luego allá…Por muy urbanita que sea mi mente, me quedó claro que aquello era de origen animal, pero, también tuve un cierto temor a que la cosa fuera de ratoncillos y familiares varios, pero…no.

De repente, de aquel estampado lineal palpitante, aparece un pajarito. Y después, del lado opuesto, otro. Me fijo más y veo que es una pareja de petirrojos. Es posible que sea “Mi petirrojo” que ha encontrado a otro petirrojo…Vuelan sobre la superficie del ciprés, se quedan suspendidos por segundos, en vertical y se meten en el interior de los árboles… Al rato, vuelven a salir. Vuelan. Se van. Vuelven. Y lo mismo.

Quiero hacer una foto de los petirrojos. O de uno, por lo menos.  Abro la ventana y me sitúo en una posición más o menos inmóvil. Los espero… Y os aseguro que vinieron. Varias veces. Y revolotearon, y se pasearon y fui incapaz de tomar ni una sola toma de sus peripecias.

Más tarde, teclee en Google: Fotografiar aves. Descubrí cientos de tutoriales. Fotografiar pájaros tiene su técnica y requiere de mucha paciencia.

Aquí, no veréis ni una foto de los petirrojos pero, os aseguro que estaban…

Ensayo y error y error…

No hay forma de aprenderlo. Vas equivocándote, día a día, mes a mes… Casi cada instante.

¿Te acuerdas de aquel día, en el qué te pasó aquello tan importante, que te hizo replantearte cómo vivir tu vida a partir de ese aquello? Todos hemos tenido uno de esos días y nos ha pasado un aquello tan importante… Muy pocas veces, se produce esta reflexión de cambio ante la felicidad…Suele tener mucho que ver con la pérdida y las ausencias, con la enfermedad, con el trauma… Y cuando pasa, tu perspectiva, a corto plazo, es la de la voluntad de transformación: voy a hacer esto, lo otro. Voy a ser distinto. Voy a tomarme las cosas de otra manera. Voy a vivir de forma diferente. Voy a mejorarlo todo…

Pero se pasa la frontera del corto al medio plazo. Y uno se va haciendo al modus vivendi anterior, porque hay un sistema estructurado a tu alrededor. El entorno sigue interactuando y el aquello se va olvidando, de la misma forma que cualquier dolor se va atenuando con el paso del tiempo.

Y, sin quererlo, te encuentras, de nuevo, en el mismo puerto del que partiste. En la rueda que gira sin parar. Formando parte de ese engranaje del que tú eres una pieza más.

Cuando todo está en marcha, sólo falta que un aquello tan importante vuelva a sacudirte, porque es fácil tener varios de aquello tan importante en una vida… Entonces, vuelves a replantearte las cosas. Aparece la actitud volitiva de cambio y todo sigue hasta el medio y el largo plazo en el que la voluntad se agota. El mismo ciclo: ensayo y error y error y error…

Y, ahí estás, esperando aprender.

Esperando el impulso para cambiar el ciclo…

NB : Dicen algunos,  que hay seres humanos que lo han conseguido.

Ya…

Ya he visto los abetos, las guirnaldas y los turrones. Y hace tiempo, la verdad. Aunque ahora, ya, es invasivo.

Ya están colgadas las luces en las calles (aún apagadas, lo que me da una cierta coherencia temporal).

Ya he comprado la lotería de Navidad.

Ya he visto el anuncio (que este año, no me ha emocionado).

Ya está todo en marcha.

Ya es casi Navidad, otra vez … ¿Yaaa?

 

De Erlich

Muy fan de San Cucufato.

 

Preparando la maleta y vaciando el bolso de cosas no imprescindibles para el viaje que iba a realizar, decidí dejar en casa mi agenda. Es una pequeña agenda “física”, no muy grande pero abultada. Tiene sus anillitas, sus apartados anuales, mensuales y notas. En esa agenda están señaladas las fechas importantes que debo tener en cuenta, las contraseñas y passwords de las cosas que no utilizo habitualmente pero que, a veces necesito, notas y recordatorios… ¿Qué por qué no me lo paso todo al teléfono? Pues no lo sé. Creo que soy de la vieja escuela analógica y aún debo escribir (a mano) para recordar.

El tema es que no es una agenda cualquiera. Es: “La Agenda”. Decidí no dejarla a la vista y, en un acto de máxima estupidez, elegí un lugar no habitual. Es más, pensé: “Aquí nadie la podrá encontrar”. Y digo de máxima estupidez, porque siempre que he hecho esto a solas, no ha funcionado.  Si hay alguien en casa, le notifico el lugar en el que he depositado el objeto en cuestión y así, si yo lo olvido, tengo quien me lo recuerda, pero…esta vez, estaba sola. Y lo hice.

¿Por qué siempre el mismo error, si sé que hay posibilidades de que no me acuerde? No tengo la respuesta… ; – )

A la vuelta del viaje, busco la Agenda y…no encuentro la Agenda. Casi (el casi es definitorio en esta situación) estoy segura del gesto que hice y dónde la dejé, pero… No está. Desordeno y vuelvo a ordenar. Vacío bolsos y cajones. Doy dos pasos hacia atrás y me concentro en San Antonio, pero, pasan las semanas y mi “La Agenda” no aparece.

Ayer por la tarde, me llega el Recambio 2018 que he comprado online. El fajo de hojitas que me sitúan en el año próximo, hace evidente que yo no tengo La Agenda. Y, vuelvo a empezar. Abrir, cerrar, palpar, apartar…Recuerdo el post que escribí sobre este tema hace un tiempo y pienso en que mis neuronas no se están conectando para recordar el dónde, pero me hace rememorar a San Cucufato y la oración sádica para encontrar objetos perdidos así que me encomiendo a San Cucufato.

De repente, me voy de la estancia en la que estaba “casi” segura que había dejado La Agenda. Voy diciendo lo de San Cucufato (pobrecillo). Reviso unas estanterías de libros, muevo algunos marcos de fotos, pero San Cucufato me dice que me gire y mire en el interior de la cesta de mimbre que hay en una mesa auxiliar.

Y, sí, ahí está. Abultadita y preciosa. Con las hojas viejas y manuscritas con mis anotaciones. La Agenda…

Así que, he cambiado de bando y ya no soy de San Antonio. Ahora, soy muy fan de San Cucufato…

 

Tormenta o casi…

Este fin de semana he sucumbido a mi credulidad en las predicciones meteorológicas que ya creía superada, la verdad. Ante la casi-segura-tormenta que iba a caer en la zona dónde yo vivo, modifiqué los planes previstos.No sólo yo adapté mis actividades a una casi-segura-acción-imposible-en-el-exterior, sino que lo comuniqué a todo mi entorno: va a llover mucho. Tormenta, segura.

El sábado por la mañana, me despierto con un día radiante. Un sol precioso y una temperatura agradable. Ni rastro de nubes en un cielo de un azul denso y brillante…Pero ¿no iba a llover tantísimo desde primeras horas de la mañana? Esto me lo preguntan a mí, que soy la que ha pregonado el parte meteorológico por doquier, aquí y allá…

Así que cuando, a las siete de la tarde, oigo los primeros truenos, me alegro. Cuando se empiezan a hacer más fuertes, más alegría. Después, veo los rayos, en una espectacular tormenta eléctrica que me hace pensar en lo bestial de esa fuerza de la naturaleza. El viento empuja.  Salgo con la cámara para intentar captar alguno de esos rayos. Imposible. Nunca estoy preparada cuando aparece esa línea dentada de luz.

Llueve. Primero, unos diez minutos con intensidad. Después, sólo se oye el goteo débil del agua que aún no se ha depositado en el suelo…. Y ya está…

Una casi-tormenta

No es culpa suya, son predicciones… La culpa es mía que voy y me las creo…

NB :  Predecir : Anunciar por revelación, conocimiento fundado, intuición o conjetura algo que ha de suceder.

El Depredador.

Viene de La Luz.

Primero la vi en la lámpara. Era una silueta con forma de pequeña mariposa que se apreciaba, translúcida, detrás del papel iluminado.  Allí estuvo un par de días hasta que la vi en la pared. Inmóvil. Blanca.

Busco información y descubro que está polilla blanca es un lucípeto ya que muestra una fototaxis positiva, o sea, se siente atraído por la luz. En realidad, tengo ante mí a uno de esos tantos prodigios de la evolución: va hacia la luz porque su guía es (o era) la luz de la luna y de las estrellas. Se movía por la noche, guiada por el rastro de luz lunar que, además, organizaba el sistema migratorio de su especie…

De repente, aparezco yo , un animal depredador con una lámpara del IKEA,  y le desconfiguro , completamente, su GPS interno.

Ella va hacia la luz, sólo que es la luz incorrecta.

Perdóname…

 

Cosas tontas maravillosas.

El ser humano es tan simple, en su complejidad, que es necesario alejarlo de su zona de confort para que aprecie las simplezas que configuran su mundo.

Esa distancia, que franquea la comodidad, se convierte en un poderoso altavoz de lo fantásticas que son esas rutinas, a las que no se da importancia porque están ahí siempre y creemos que siempre estarán ahí.

Y hablo de las cosas más tontas…

 

El café con leche, por la mañana, hecho como a ti te gusta.

La lectura del periódico mientras lo paladeas y las neuronas se van encendiendo.

Tu cama.

Tus sábanas.

Tu almohada.

¡Qué maravilla!

Rose 31

 

De Dubái me traigo un aroma. Rose 31.

Era la fragancia de las amenities del hotel y nos capturó a todos desde el primer momento.

Todos olíamos a Rose 31.

Esta fragancia ha sido creada por la compañía neoyorkina: Le Labo Fragances. Fundada en el 2006, renunció al artificio que envuelve el mundo del perfume para centrarse en la producción artesana. Su packaging es toda una declaración de intenciones…