Vudú

Este es el relato que presenté a Relatos en Cadena con la frase de inicio “Estamos en paz”.

Íncipit

“Estamos en paz” superó al “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”. Fueron las primeras palabras que el secretario general de la ONU pronunció, emocionado, en un discurso histórico para la humanidad. Se habían acabado los conflictos armados. La frase se convirtió en el íncipit más famoso del mundo. Aunque la paz duró poco, era repetido sin cesar, invocando aquella realidad vivida. Deseando volver a ese instante, en el que era verdad.

La frase de inicio de los Relatos En Cadena de esta próxima semana es : Me está encantando clavarle agujas a este muñeco.

Seguimos.

Compra impulsiva.

 

-. Ya son suyas. Tiene que dejar la habitación libre antes del mediodía. Es la hora del cierre de la subasta.

No me lo creía. Era científicamente imposible pero… mi fuente era del todo fiable. Estaban en una habitación y había muchas… Era ir a verlas y si las quería, eran mías.

Era una ocasión única. Una compra irrepetible.

¿Serían blancas? ¿Grises, negras? ¿Llenas de lluvia, de granizo? ¿Con rayos y truenos? ¿Gordotas ¿ ¿Etéreas?

Compré el lote entero.

Abrí la puerta y me dispuse a contemplar mi gran adquisición.

Una preciosidad.

Algo único, sí…pero ahora tengo un montón de nubes que no se cómo sacar de aquí…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La oferta.

Mi teléfono fijo suena sin parar. Estoy pensando en desconectarlo y decir a toda mi familia, amigos y contactos varios, que, a partir de ahora, me llamen al móvil, pero, cuando pienso en mi madre, que a sus ochenta años es el único número que almacena en su memoria, desisto en el acto de enmudecer el maldito teléfono. ¿Y si le pasa algo? ¿Y si quiere llamarme?

Al principio, contestaba a las llamadas: ¿Quiere mejorar su tarifa eléctrica? ¿La del gas? ¿La de telefonía? ¿Quiere agrupar todos sus seguros? ¿Qué hay del seguro de vida? ¿Y va a renunciar al sorteo de un jamón sólo por no responder nuestra encuesta?… Ahora, sólo levanto el auricular si conozco el número del que me llaman. No puedo absorber más ofertas comerciales, ni Black Friday ni Ciber Monday ni lo del jamón, pero… esa tarde, estaba distraída y pasaba por delante del teléfono en el momento en que sonaba y lo cogí. La voz del hombre que recitó mi nombre y apellidos, tal y como constan en el DNI, en vez de atemorizarme como en otras ocasiones, me sedujo. Sin quererlo, me oí responder “Sí, soy yo”

La voz profunda y sensual me anunció que tenía una oferta irresistible diseñada especialmente para mí. En vez de decir aquello de “Gracias, ya estoy cubierta de todo, todo” y colgar, le pedí que me explicara la oferta. ¿¿?? ¿Qué me estaba pasando?

El hombre hablaba, intercalando unas pausas misteriosas como para confirmar que estaba entendiendo el mensaje. Yo, a cada pausa, contestaba con un “Sí, sí”. Acabé dándole el email, al que me envió la propuesta. Me llegó un número de pin al móvil (que también se lo había dado) para firmar digitalmente el contrato y en menos de diez minutos, ya era usuaria del servicio de mensajería especial “WindWords”.

Nunca hubiese dicho que esa llamada iba a cambiar mi vida. Sí, estoy bien. Muy tranquila. Diría, también, que “feliz” pero es un adjetivo con el que no me atrevo nunca, pero…estoy casi feliz. ¡Sí!

Yo era una de esas personas con hipersensibilidad a las opiniones de los demás. Las palabras de algunos me dolían. O me preocupaban o no me dejaban dormir. Sé que hay gente que sabe ser inmune a los sermones, reprimendas, críticas y comentarios, pero yo, no. A mi me afectaban mucho. Un ejemplo: mi cuñada dejando ir (como quien no quiere la cosa) que era una mala hija por no tener a mi madre viviendo en casa. Y yo, sabiendo que está perfectamente y que quiere vivir sola porque puede y quiere, sentir esas palabras taladrándome todo el día: “Mala hija, mala hija…”.

Ahora, todo es diferente. Me dices, querida compañera de trabajo, que me ves más estropeada y qué si me pasa algo y no me obsesiono con “estoy mal y me ven mal, estoy mal y me ven mal”. Llamo a WindWords o contacto vía su app y, a los diez minutos (no me explico como pueden ir tan rápidos) aparece un mensajero en mi puerta. En sus manos, lleva un extraño recipiente que parece no pesar nada. Me da una hoja de un material liviano y escribo las palabras que me han fastidiado el día. Firmo el comprobante y se va. A los pocos minutos, siento una brisa ligera y ya no le doy la más mínima importancia a lo que me ha dicho este o el otro. Me importa un pimiento. Ni me acuerdo…

Una vez, le pregunté al mensajero, por el destino de esa urna volátil y me respondió con una sonrisa: “Lo único que debes saber es que las palabras se las lleva el viento”.

Cada vez que lo pienso, juraría que el mensajero tiene la misma voz poderosa que el tipo que me vendió la oferta…

 

Hablando claro.

hc

-. No sé qué vamos a hacer con su caso. Me gustaría convocar una consulta interprofesional para intentar decidir cuál sería el mejor tratamiento para Ud.

-. Es que no puedo seguir mucho tiempo así. Se lo digo desde la desesperación, Doctor. He perdido a mi mujer, a la familia, a los amigos… Necesito poner remedio a esto… No quiero morir solo…No quiero vivir solo…

-. Tranquilícese. Seguro que encontramos la manera de oscurecerlo. Por lo menos, que no sea tan…

-. Perdone que le interrumpa. Mire Doctor, llevo meses viniendo a su consulta y no hemos conseguido nada. Me parece que no sabe qué me pasa, ni como curarme. Creo que está alargando esto innecesariamente. Supongo que le va bien ir facturando cada visita sin ningún avance ni cambio en mi estado. Yo ya tengo bastante. Voy a consultar a otro médico.

-. Por supuesto, es Ud libre de hacer lo que quiera. Y, sí, admito que no sé cómo hacer que Ud no hable claro. No sé me ocurre cómo oscurecer su discurso. Veo sus palabras de un color pálido, casi blanco…Son demasiado claras…

El hombre que hablaba claro, abandonó la consulta del eminente psiquiatra. Iría a visitar a otro profesional y mientras tanto, tendría la boca cerrada. Ese torrente de palabras claras, francas y carentes de adulación que salían por su boca, sólo le habían traído problemas.

El mundo no estaba preparado para que le hablaran claro

 

 

Credo Shop

Había llegado el día.

Tras mucho pensarlo, tras darle muchas vueltas, tras marearlo, subirlo y bajarlo, había llegado el momento de adquirir un credo.

Se arregló con especial interés. No era una jornada cualquiera, cuando volviera a su casa, sería una creyente. ¿En qué? Esa era la incógnita pero…creería en algo… Se puso una blusa camisera de color blanco y puro porque pensó que era apropiado para aquella tarde de shopping de creencias. Eligió un traje chaqueta hecho a medida de color gris marengo. La americana era entallada y la falda, le quedaba ajustada a las caderas hasta la rodilla. Ser creyente no era excluyente de ser sexy, ¿no?

Los zapatos de tacón muy alto y fino le parecieron demasiado presuntuosos y se decidió por unos más austeros, con un medio tacón que le hacía parecer más bajita y chaparra pero se desabrochó uno de los botones de la blusa para compensar el efecto. Se miró al espejo y le complació lo que veía : una mujer adulta, decidida, reflexiva…que se iba a comprar una creencia.

Dudó a la hora de escoger el bolso que llevaría. Un credo. ¿Pesaría mucho? ¿Era voluminoso? O, por el contrario, ligero como una pluma y pequeñito, como para llevarlo en un bolso bombonera. Nadie le había sabido explicar cómo era un credo, así que , ganó su lado práctico y se colgó del brazo una bandolera de tamaño mediano, que podía llevar cruzada si , al final, resultaba que las creencias pesaban demasiado.

Se sentía muy alegre. Por fin, había decidido creer en algo… Ya era hora de poder contestar a aquellas preguntas : ¿Perteneces a alguna religión? , ¿Tienes alguna creencia? Y, finalmente, la definitiva : ¿En qué crees?. Hasta ese momento de su vida, no había necesitado uno de esos credos. Había crecido en una familia afectuosa, rodeada de bondad y nunca se había planteado en que creía. Debía buscar un Dios. Una Cosmovisión. Una Espiritualidad. Algo en lo que creer…Por normalizarse. Los últimos años habían sido duros. Sus padres fallecieron en un accidente y sólo el gran amor que siempre había rodeado sus vidas , le permitió salir de ese gran pozo de tristeza que la engulló. En esa época, se dio cuenta que los que “creían” se sentían más confortados que ella . Parecía que tomaban un atajo…

Después, se enamoró de un hombre maravilloso pero… él sí que tenía una creencia. No era una de las típicas …No. El novio tenía un credo exótico : pertenecía al Movimiento Raeliano. Íban al cine, salían a cenar, tenían sesiones de sexo fantástico, conversaciones interesantes y mucha afinidad hasta que salía el tema de la Iglesia de Rael. Ella intentó comprender eso de la transferencia mental y la inmortalidad. Lo intentó con todas sus fuerzas pero fue imposible. No lo entendía. No se lo creía, vaya.

Creencias, creencias… Sus amigas , en el trabajo, hablaban de catolicismo en su versión de bodas, bautizos y comuniones. En cambio, en el supermercado , la cajera le intentaba convencer para que asistiera a una misa evangélica. En las clases de yoga, le habían hablado de la Ley del karma, del Hinduismo… Richard Gere, Budista. Tom Cruise, Cienciólogo…Todos creían en algo, incluso los que no creían en nada, creían en eso…pero ella no era ni atea, ni agnóstica…No sabía qué era aunque fuera feliz y, con la edad adulta, necesitaba una de esas creencias …para explicar su felicidad, por lo menos.

Llegó a la fachada de Credo Shop.

La tienda era preciosa. Cuando entró en aquel espacio blanco e inmaculado, lo primero que sintió fue una paz interna que ya no recordaba. Sólo la había obtenido en el pasado, en los brazos de su madre. Un gran mostrador, también blanco y brillante, delimitaba la zona de atención al público. A ambos lados, había unas estanterías de un diseño ingenioso que parecían estar suspendidas en el aire. En cada una , unos rótulos plateados anunciaban su contenido. Mientras tocaba el timbre que había en el mostrador fue leyendo : Cristianismo, Islam, Budismo, Hinduismo, Religión tradicional China, Religiones indígenas, Religiones afroameriacanas, Sijismo, Espiritismo, Judaísmo, Baha’s, Gnosticismo, Jainismo, Shintoismo, Caodaísmo, Zoroastrismo, Tenrikyo, Neopaganismo, Unitarismo universalista, Rastafarianismo, Cienciología, Religiones Varias ( Rael, Tribu Yaohanen…)

Se mareó. ¿Había tantos credos?

-. Señorita, ¿La puedo ayudar en algo?- un hombre muy alto, vestido con una bata blanca de laboratorio, la miraba fijamente. Una media sonrisa se dibujaba en sus labios.

-. Mmmm. Venía a comprar una creencia pero me ha abrumado ver que hay tantas para elegir. ¡Hasta me he mareado!

-. Tranquila, suele pasar. Dígame, ¿Había pensado en algún credo en especial? ¿Tiene alguna inclinación personal?

-. No he pensado en nada concreto. Querría algo que fuera sensible, compasivo, ético. Sin restricciones de vestuario, quiero poder ver la belleza del mundo, que se base en el amor a los demás…- Miró al vendedor- ¿Demasiadas cosas?

-. No, siga, siga. Cuanta más información, más podremos acertar en la elección.

-. A mí me funciona lo que me decía mi madre : Trata a los demás , como quieras que te traten… Ah! Y aquello de que una sonrisa gana la más dura de las batallas…¿ Hay alguna creencia que adore las sonrisas? -Preguntó esperanzada.

-. Yo la veo rodeada de mucha espiritualidad y afecto pero si insiste en tener una creencia, yo no le voy a decir que no. Estoy a quí para vender, señorita. A ver, dígame ¿ Se mueve en un ambiente conservador o liberal? ¿De qué trabaja? Si trabaja en el barrio de los Diamantes de New York, yo le aconsejaría el judaísmo. Si es Guía de Viajes en Jamaica, el Rastafarianismo puede encajar…El Cristianismo, también funciona en muchos ambientes. Ahora tenemos de oferta, el católico no practicante. Se cree lo que hay que creer pero no practica el culto…El Islam ya no se lo ofrezco, ya que no se quiere tapar… No sé. Puede ver que hay muchas opciones.

-. Y, ¿Hay alguna verdadera?-preguntó desesperada por elegir. Nunca hubiese pensado que sería tan difícil escoger la correcta.

-. En realidad, la verdadera es la que la haga ser mejor persona. No importa cual si lo que hace es mejorar su humanidad…

-. Mmmm. Ya.- ojeó la información- Pues me lo voy a tener que pensar… De verdad, creo que intento mejorar cada día. Y ayudar a los demás. Y sonreír… Y sin credos, ni nada de nada… No sé…¿Tiene muestras de las creencias más importantes para que las pruebe?.

El vendedor le preparó un paquetito con unas muestras mientras ella miraba el contenido de la estantería consignada para la Iglesia de Rael .

Cogió la bolsa con cierta aprensión. Si el objetivo era “ ser mejor”, ¿Por qué debía gastarse el dinero ( las creencias estaban carísimas!) en una? Le prometió que las estudiaría y volvería y se marchó de la tienda, abrumada por las dudas y con exceso de información.

El hombre de la bata blanca, vendedor de creencias, la observó mientras ella caminaba calle arriba, con su bolsa, con el nombre de “Credo Shop” grabado en letras blancas.

Supo que no la volvería a ver por allí: aquella mujer ya creía…

 

Localizador.

Una foto, inspira un texto. Este es el texto.

La foto, al final….

Localizador

Nada hacía presagiar que aquel iba a ser un día tan…especial. El ritual matutino había discurrido en absoluta calma y con armonía de tempos. Había decidido ir a trabajar en bici, para disfrutar de este tiempo veraniego en este otoño recién estrenado…

Me dedico a localizar espacios para anuncios, películas y todo lo que necesite un espacio concreto. ¿Quieres un árbol solitario, en medio de un prado como el de la carátula de “A dos metros bajo tierra”? ¿Un cole, de verjas verdes y setos cuidados, para ese anuncio del papi que va a recoger a su prole al cole, con el monovolumen de turno? ¿O te interesa una casona antigua y abandonada para un corto de terror? Yo te lo busco… Siempre llevo conmigo mi cámara de fotos y, ahora, el iPad para localizar lugares que veo y que después me pueden ser útiles. No sólo busco, también me encargo de todos las gestiones con propietarios, papeleo burocrático, permisos de Ayuntamientos…Vamos, te entrego un lugar en el que puedes filmar, fotografiar o…celebrar una fiesta.

Había recibido un encargo de un joven director de cine. Necesitaba una fábrica vieja o una nave industrial abandonada pero…debía tener grandes ventanales en forma de arco. Nunca pregunto el por qué. ¿Ventanales de arco? Ventanales de arco. Mientras me describía sus necesidades, mi mente localizó un local precioso, en una zona industrial de Barcelona muy activa en los años 70, que tenía unos hermosos ventanales . Y de arco. Había sido un Vivero de Artistas que tras los recortes municipales, se había quedado sin uso. Yo había asistido a la exposición de una amiga fotógrafa…Por eso conocía ese lugar…

Hice las gestiones pertinentes para poder ir a verlo y saber si podía ser el lugar ideal para mi cliente y , allí me fui, con mi cámara de fotos.

Desde el exterior , me pareció un emplazamiento idóneo. Al entrar…

Me encontré un magnífico espacio…con nube propia… Primero pensé que sería un montaje de alguno de aquellos creativos artistas pero, al acercarme, pude comprobar que no. Era una nube.

Una nube de verdad.

Tras unos instantes de confusión, me puse a admirar aquella maravilla natural. ¿Qué hacía allí una nube? Y como si se lo hubiese preguntado, una fina lluvia se depositó en el suelo. Se podía leer : “No me delates. Me he escapado del cielo y de mi madre, una nube muy gorda y muy gris, porque no quiero ser tormenta”.

Le prometí  silencio: nunca le diría nada al cielo, ni a la nube madre…

Al joven Director, no le gustó el local. La nube, le molestaba.

Incluí la nube en mi catálogo de localizaciones, pero nadie , jamás, se interesó por ella.

Voy de vez en cuando a verla…

Allí sigue, negándose a  ser tormenta.

Del artista , Berndnaut Smilde ( Amsterdam)

Nimbus, 2010.

Antípodas

Hay períodos en los que te sientes “Tierra, trágame”. Los acontecimientos te invitan a huir, a largarte, a desaparecer, a hacer que la tierra te trague y nadie te pueda encontrar…Estaba pasando una de esas etapas. Me sentía muy cansado y no sólo físicamente, también mi cabeza estaba a punto de explotar ante tantos asuntos a los que atender…Era consciente que mi equilibrio psíquico pendía de un hilo…

Fue entonces cuando me encontré ese extraño traje de buzo y el mapa. El traje era liviano y muy galáctico. Parecía del futuro…En cambio, el mapa estaba dibujado en una hoja manchada y amarilleada por el paso del tiempo. En el reverso, en una pulcra caligrafía, se explicaba el propósito del traje y dónde utilizarlo.

Básicamente, era un equipamiento especial para poder descender de un extremo a otro de la tierra, sin sufrir los inconvenientes de la presión, el aire, el magma y los efectos de la rotación. Con el traje de buzo, sólo tenía que saltar al túnel que cruzaba la totalidad del planeta, descender durante 42 minutos  a una velocidad de 600 Km/h y aparecería en el otro lado, exactamente en las antípodas de mis coordenadas de salto que , por cierto, estaban muy cerca de mi casa.

Me fui al punto que marcaba el mapa , destapé el tunel y salté .No me lo pensé mucho. Bueno, la verdad es que no me lo pensé nada de nada. Supongo que es por eso , por lo que estoy flotando en el océano , a merced de las olas, protegido, eso sí,  por mi traje de buzo galáctico…

Fotografías: A.Pederson.

Notas

En geografía, el antípoda o los antípodas (del griego anti: opuesto y pous, podós: pie, del pie; también son correctas las formas femeninas: la antípoda o las antípodas) es el lugar de la superficie terrestre diametralmente opuesto a otro lado de una posición en particular; es decir, el lugar de la superficie terrestre más alejado.

Los países que tienen sus antípodas en tierra firme son minoría. Teniendo en cuenta que las tres cuartas partes de la superficie terrestre están cubiertas de agua , la mayoría de túneles terrestres llevarían a un océano.

 Si quieres saber cual es el punto opuesto a tu ciudad, aquí.

https://www.freemaptools.com/tunnel-to-other-side-of-the-earth.htm

Custodiamos lo que importa.

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Se lo voy a explicar muy claramente. No queremos caer en los errores del pasado: nuestros clientes tienen que saber qué es lo que firman…

En este Banco el 95% de operaciones son ingresos. El 5% restante son, como no, los reintegros. Son muy pocos los que los sacan… Se preguntará ¿Y cómo hacen para poder almacenar tanto? Esto es lo mismo que ha pasado con el dinero: dejó de utilizarse el papel y las monedas. Actualmente, todo el dinero es digital, bits de información que se mueve por circuitos encriptados en la nube. No está en ningún sitio. Es una entelequia con un valor determinado.

A nosotros nos pasa lo mismo: lo que aquí guardamos es una porción de información cifrada, que, antes, claro, hemos extraído del cliente. Eso sí, hay que dejar claro que el cliente nos paga, con la susodicha entelequia dineraria,  para que la custodiemos.Y, no lo voy a engañar, hacer un depósito en este Banco es caro. Y dependiendo del tipo de depósito, la cosa se encarece más. Mire, estas son las tarifas. Pregunte lo que quiera, si no entiende algo o tiene alguna duda.

Sí, la extracción está incluida en la tarifa. Piense que le libera del depósito que pasa a estar bajo nuestro cargo.

Por supuesto, es un proceso totalmente indoloro. Y si desea un reintegro, aunque ya le digo que no es lo habitual, la restauración también es rápida y fácil.

¿Qué si se muere? Si, mire en la página nº 5.

En caso de defunción, puede elegir dos opciones: 1) liberalizar el depósito para los herederos designados o la extinción inmediata. El depósito se elimina, sin dejar rastro.

¿Lo quiere hacer? ¡Perfecto! Me alegra que haya confiado en nuestro banco. Ha tomado la decisión acertada. Le aseguro que este es el único lugar del mundo dónde se guardan los secretos con total seguridad.

¿Cuál es el suyo? Lo digo para ir calculando la tarifa de custodia…

NB 1 : La mayoría de los españoles (89%) no pueden guardar un secreto ajeno. Y lo hacen por igual hombres que mujeres

NB 2 : Este relato es mi capítulo de #BlackMirror particular…Es que lo veo…; – )

La camiseta que trababa el cajón…

Este es un relato de hace seis años. Es curioso que lo que más impactó a los que lo leyeron, es que la protagonista pudiera vivir tanto tiempo con un cajón trabado que no cerraba bien. ; – ) Creo que necesito esa camiseta protagonista para volver a hacer planes, aunque sea a un año vista y con vacuna.  Y viajar está en la agenda…

La camiseta que trababa el cajón.

¿Qué por qué estoy en Nueva York? ¿Qué por qué no he avisado a nadie? Ya, ya, entiendo que os preocuparais. Pensaba llamaros hoy, de verdad. No, no es por el trabajo. Sólo placer. Estaré una semana, de turismo. ¿Una locura? ¿Por qué dices eso? Es verdad que ha sido un impulso pero tenía una semana de vacaciones y mi paga extra… ¿Qué estoy rara? De eso nada. Estoy mejor que nunca ¿Y sabes que llevo puesto? ¡Una camiseta de hace 20 años! La encontré por casualidad y aún me queda bien. ¿Qué por qué te estoy contando lo de la camiseta?

…….

Llevaba unos días queriendo meter mano a esos cajones… A una le entran las ganas de “ordenar” , de forma un tanto compulsiva, cuando sufre un aviso (¡Qué vengo!) de un ataque de ansiedad. El orden y concierto surte efecto de bálsamo en el ánimo bajo: sacar ropa, clasificar, seleccionar, tirar (o hacer-ver-que-tiras algo-pero-no) , plegar y ordenar…

Estoy pasando una mala racha. Una de esas en las que no encuentras una brizna de ilusión en el camino. Un período negro y triste… Mi casa está más ordenada que nunca a excepción de esos cajones.

Los cajones pertenecen a un mueble bajo que configura, junto con las mesillas de noche, mi dormitorio. Son cajones de indeterminaciones. De varios. De no-sé-dónde-ponerlo…

Odio –especialmente-ese mueble cajonero. El cajón intermedio hace años que no cierra bien y de tanto en cuanto, me golpeo la espinilla con el saliente.

Durante mucho tiempo, he sido consciente que allí había algo que trababa el camino hacia el cierre total. Las veces que he intentado sacar el cajón maldito, me ha sido imposible. No es como los de la cocina que sólo tienes que levantarlos un poquito para que salgan de sus rieles… Estos, no. Son inamovibles y mi mano no llega a ese fondo inhóspito del cajón…

Cuando he consultado a otros (que saben más que yo de cajones) me han dicho que la única forma para eliminar “la traba” cajonera, era sacar la lámina de madera que compone la parte trasera del mueble…

Hace un par de días, inicié el proceso de ordenamiento terapéutico de esa zona. En el primer cajón, encontré muestras de jaboncitos de hoteles, un antifaz para dormir que no me he puesto jamás, bolígrafos, dos monederos antiguos, un par de pañuelos… En el segundo cajón descubrí todos los calcetines de deporte que no encuentro nunca y que me obliga a comprarme nuevos calcetines de deporte en un ciclo continuo. Y en el último cajón, lencería compleja ( lacitos, transparencias, brocados y alguna indecencia). Ordené, ordené y ordené y dejé mis cajones inmaculados aunque…el cajón intermedio seguía sin poder cerrarse. Y aunque llevaba casi toda mi existencia consciente del cajón semi-abierto , en ese momento eso me irritó muchísimo.

Fui a por el kit de herramientas y con mucha paciencia(y por mis cajones), saqué la pieza trasera. Al desplazar la madera, descubrí por qué aquel cajón no se cerraba. De un color gris como las motas de polvo que lo envolvía, había un fardo de algo de algodón que algún día había sido blanco. Lo saqué y lo lancé hacia una esquina. Limpié el mueble y puse de nuevo la pieza. El momento en el que cerré el cajón definitivamente, lo podría clasificar de altamente satisfactorio. Lo abrí y lo cerré varias veces, deleitándome con la perfección del encaje…Una gozada…

Cuando recogí aquella bola deforme de ropa y la extendí para ver que era, descubrí mi camiseta-amuleto. Una sencilla camiseta de tirantes de canalé de algodón blanco. Iba conmigo…Esa prenda básica se convirtió en mi fetiche. Me servía para todo: debajo de una americana o de una camisa mona, a cuerpo, con el pareo y si la llevaba sin sujetador, era la prenda más erótica del mundo. Llegué a convencerme que me daba suerte y viajó conmigo en las mudanzas y en las aventuras de la vida. Siempre controlada. Siempre a mi vera por sí…

La camiseta me hacía recordar : los exámenes en la Facultad, el día del concierto de los Rolling Stones, el sexo de la juventud, mi primera entrevista de trabajo, aquel fin de semana tan especial, …Fueron años. Fueron muchas cosas. Recuerdos que llovían sobre mí con la intensidad de aquellos días, que me hacían sentir la energía de entonces… Y esa, era yo. La misma “yo” que, ahora, ordenaba los cajones compulsivamente.

Mientras sostenía en mis manos aquella cosa llena de polvo, me di cuenta de algo trascendental.

¿Cuándo había dejado de buscar mi camiseta? ¿En qué momento no me importó saber dónde estaba? ¿Cuándo había renunciado a la ilusión?

La lavé con un programa para ropa delicada y dosis extra de suavizante. Cuando la saqué de la secadora, reconocí el tacto suave de una prenda bien gastada. Me la probé y descubrí que aún me quedaba fenomenal.

Después, me senté delante del ordenador y busqué el viaje a Nueva York.

Confirmado : esto es un reality show…

Mira que llevo años temiéndomelo. Mis intentos por notificar mis sospechas a los organismos gubernamentales pertinentes cayeron en saco roto y fuí clasificada como «pirada-paranoica» pero al final, y por desgracia, el tiempo me ha dado la razón.

El continente americano ha caído y en Europa, estamos esperando que nos llegue el turno.La gente ya se ha hecho a la idea : no hay escapatoria posible y nos hemos resignado .

El día que se supo que la Tierra era un gran plató de televisión de las otras galaxias y que nosotros, los humanos, simples concursantes del Global-World-Reality-Show, también fuimos conscientes de que dependíamos de la audiencia alienígena ( ¿qué les gustara a estos? )y de las posibles nominaciones para «salir expulsados del Concurso». Lo que nunca podíamos haber imaginado que , ante nuestro declive como humanidad en general , nos iban a exterminar de esta forma….

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Al final, se les fue de las manos : nos matábamos entre nosotros, contaminábamos el planeta , dejábamos morir de hambre a otros, … Ni siquiera , enviándonos amenazas globales como una pandemia, sabíamos reaccionar. No había forma de solucionar el entuerto y la audiencia, poco a poco, dejó de seguir el Reality Show de la Tierra. Entonces, los jefes de programación decidieron dar por finalizado el programa con un «Especial» en el que iban a dejar el plató totalmente arrasado y vacío para poder dar paso al siguiente Reality en Ganímedes . El problema es que «el plató» es la Tierra… Si, me refiero a nuestro planeta.

Al final, todo esto era un Reality Show y, amigos, nos han expulsado a todos del Concurso.

Por capullos.

Game Over, terrícolas…

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