El Asimétrico Supremo.

Viene de : Taller Virtual de Relato

A partir de una frase, continuar el relato.

«1. Durante el tiempo que viví junto a mi madre nunca se me ocurrió que acomodar mis genitales en su presencia pudiera tener una repercusión mayor».

Siempre me reprendía por aquel gesto que consideraba indecente, aunque ella era conocedora del motivo. Nací con una asimetría testicular que se fue haciendo más evidente con mi desarrollo físico. Los médicos que visité confirmaron que era un problema anatómico y que no presentaba ninguna patología, pero el volumen del testículo izquierdo fue aumentando a un ritmo exponencial y hubo un momento que, por su tamaño, requería del constante gesto de acomodo.

Cuando mi madre enviudó, también perdió su fe cristiana. El sacrificio había sido demasiado grande en relación con lo que su Dios le aportaba. Empezó a transitar por otras iglesias y otros credos. Probó con Evangelistas, Testigos de Jehová, Budistas y diversas sectas y, entonces, conoció a la congregación de Los Asimétricos.

Era un grupo que promulgaba la paz y el amor en busca de su líder, El Asimétrico Supremo. Sus miembros eran personas de todo tipo y condición, aunque abundaban los que presentaban alguna asimetría. Mi madre se sintió querida en aquel grupo de almas que le ofrecían compañía y profundizó en sus creencias. Cuando leyó El Libro Asimétrico en las jornadas de iniciación, descubrió que líder que esperaban, era un hombre con el testículo izquierdo muy desarrollado. Las ilustraciones que acompañaban el texto la convencieron de que esa persona era su propio hijo. Desde la muerte de mi padre, no la había visto así. Estaba tan feliz que no pude negarle asistir a aquel acto jubiloso en el que exhibí mis genitales entre aplausos y desmayos nerviosos. A ella la proclamaron La Madre y yo asumí mis funciones como líder.

Soy El Asimétrico Supremo.

 

 

 

 

Libertad.

Viene de : Taller Virtual de Relato

Uno de los ejercicios del taller, fue escribir un relato a partir de una imagen.

Los latidos de mi corazón retumban en mis oídos. Creo que se oyen desde fuera. Son muy fuertes y se van acelerando cada vez más.

Tengo miedo.

Algo se retuerce en mis tripas y después, sube y baja, baja y sube, sin que yo pueda controlarlo. Mis manos sudan y yo nunca sudo. Eso me puede delatar…

No sé si podré. No podré. No podré. No…Froto mis manos en el delantal. Debo tenerlas secas… No podré. No podré…Entonces, llega él y se sitúa a mi lado, pero un paso adelantado. Huelo su aroma rancio y amargo y mi miedo se hace gigante.

No podré.

Mis latidos me están enloqueciendo y se ha añadido un extraño zumbido. Me estoy mareando. No. No puede ser. Tengo que hacerlo. Solo es un movimiento suave e insignificante pero, para mí, es un acto de valentía, un grito de libertad.

El fotógrafo se prepara para hacer las fotos que servirán de modelo para el pintor. Él ha querido un cuadro. Uno en el que estemos los dos…Vuelvo a oler ese perfume venenoso que emana de su piel y, entonces, siento que algo se activa en mí. El gigante se va empequeñeciendo. Puedo.

Puedo hacerlo.

Es el momento. Los dos están distraídos. Ahora sí que tengo el corazón desbocado y no sé si seré lo rápida que debo ser. Alzo las manos hacia mi severo peinado y desprendo un mechón de cabello.  Lo dejo caer a su libre albedrío, rompiendo las normas, liberándose de la tirantez obligatoria.

Me acaricia el cuello suavemente. Es un destello de lo que siento cuando puedo escapar y estar, a solas, en el prado.  Rememoro esos minutos, con el pelo suelto, meciéndose al viento, tapándome la cara, volando hacia el sol…

Lo he hecho.

Mis manos vuelven a estar recogidas en el regazo.  Deseo sonreír porque sonrío por dentro, pero debo posar con sobriedad para que el pintor pueda reflejar lo que somos. Sé que mi mirada parecerá perdida y en mi boca, el gesto será sobrio, como a él le gusta, pero ese mechón descontrolado estará, allí, reflejando lo que sí soy.

Ya no oigo mis latidos. Ni hay ningún zumbido. Se me ha aposentado el vaivén de mis tripas y la sensación de angustia. Me siento más viva que nunca, eufórica, feliz y, sin saber por qué, poderosa.

Tendrá su cuadro, pero yo no lo veré.

Decido, en ese instante, que ya me habré ido de aquí…

NB :American Gothic ​ es un cuadro de Grant Wood de 1930. El cuadro ilustra a un granjero sujetando una horca y a una mujer rubia, que unos interpretan como su esposa y otros como su hija, enfrente de una casa de estilo gótico rural.

Taller virtual de relato.

Photo by Dan Dimmock on Unsplash
 Después de una investigación de los cursos y talleres virtuales que hay en la red,  elegí la propuesta de Hotel Kafka.

 

“Hotel Kafka es un espacio inclasificable en el que día a día se dan cita todo tipo de creadores que comparten sus inquietudes artísticas. Es un lugar en el que nadie vuelve a ser el que era antes de cruzar su puerta y en el que todo es una excusa para que cada huésped saque el máximo partido a su talento.”

Lo de “inclasificable” me convenció y me apunté al “Taller virtual de relato” para utilizarlo como : 1) terapia anti-todo-lo-tóxico y 2) despertador de mi afición por el relato que estaba en modo “siesta larga “.

Como terapia, me funciona de distractor cerebral. Hace el papel de la meditación o de los paseos por la playa: me lleva a un lugar dónde mi cerebro juega y se divierte. Cuando Ángela me propone un ejercicio, mi mente revolotea por ahí en muchos momentos del día. Después, tengo que escribirlo, leerlo, releerlo, corregir, repensarlo y toda mi energía se concentra, en plan oasis…

No quiero que suene a excusa (sobre todo si mi profe me lee) pero preveía que iba a ser una buena época para dedicarme a esto del Relato Breve, pero por esos imprevistos que te va regalando la vida, son unas semanas en las que mi tiempo es escaso. Aun así, el taller ha conseguido engancharme y, sobre todo, ha reactivado mis ganas de aprender a escribir bien, que buena falta me hace. El material de estudio, los ejemplos y los comentarios a los textos de Ángela, me están haciendo revisar mi forma de escribir y… ¡me lo estoy pasando genial!

 

 

Quino ya lo iba diciendo…

Hace 50 años… Este hombre, lleva media vida repitiendo que esto no va bien…

Es estremecedor datar estas viñetas. De verdad.

Lo peor, es que les pongo fecha de hoy y funcionan.

8 de Julio 2019

 

Este sabio, capaz de interpretar la realidad de un modo brillante, es uno de mis autores favoritos.

Una de las viñetas que más me gusta es, curiosamente, un texto.

¿Cómo no le han hecho más caso ?

 

Compro prisa.

 

serious running businessman and big white clock in dark room

-¿Tienes prisa?- Más que una pregunta es una constatación de un hecho. Yo estoy sentado, tranquila y serenamente, en mi sofá amarillo mientras él, me habla desde la cima de su altura, paseándose casi como un péndulo. Aquí, allí, aquí, allí… Tiene prisa.

-Sí, mucha.

Yo no tengo prisa. Estiro mis piernas y las relajo encima de los  cojines. Dejo que mi espalda se amolde suavemente al respaldo del sofá. Cuando ya estoy en una posición agradable, me quedo unos segundos suspendido en la nada, deleitándome con el paisaje que me ofrece la naturaleza desde mi ventana…Eso sí que es un  privilegio. Observó ese campo de trigo, aún muy verde, que la brisa mueve y ondula como si fuera un mar. Casi puedo oír el susurro delicado que te arrulla como la más exquisita de las nanas…Lo único que me resulta molesto, es este tipo con prisa…

No me voy a sentar en este sofá, ni voy a perder el tiempo tomando un café contigo. Te repito que tengo mucha prisa.

-Cuando dices “mucha” ¿De cuanta hablamos?– Le dejó que calcule una cifra. Normalmente, la transacción se realiza de esta forma: ellos me dicen cuanta tienen y yo le pongo un precio. Si interesa, bien. Si no… no pasa nada. Hay mucha oferta.

Se me antoja un buen momento para hacerme una infusión relajante. Creo que voy a probar el té de frambuesa que me trajeron de Nepal. Me lo tomaré, sorbo a sorbo, dejando que el calor inunde mi cuerpo y el sabor de las fresas silvestres me conforte. Las nubes cambian de forma y se deslizan por el cielo, empujadas por un suave viento que esparce el aroma de este verano ya moribundo. Me apetece abrir las ventanas…

Yo creo que un par de kilos.– me responde  el hombre que tiene prisa– ¿Te van bien? Necesito el dinero y, de verdad, me tengo que ir ya.

No es mucha, pero con eso puedo pasar-Calculo cual sería el precio justo según los índices de cotización de la prisa en el mercado. Le digo la cifra y el asiente, moviendo enérgicamente la cabeza,  y me doy cuenta que estoy comprando prisa de una gran calidad. La necesito para cuando viajo a la ciudad o cuando me convocan para reuniones de negocios. Desgraciadamente, yo nunca he tenido prisa y, por eso, me veo obligado a comprarla.

Cuando estoy cerrando el gran tarro de cristal en el que he guardado la prisa recién adquirida, oigo como hierve el agua de la tetera. Me dirijo al hombre que acaba de venderme su prisa y le invito a probar el té de frambuesas del Nepal.

Nos sentamos los dos.  Estamos cómodos y relajados y nuestra mirada se pierde en el baile del trigo y en las montañas que se adivinan en la lejanía. El contraste cromático es de una delicadeza exiquisita: las pequeñas cimas se recortan contra un cielo de un azul turquesa casi imposible que se une a la franja del verde, fresco y chispeante…

Este té está delicioso-me dice mi proveedor de prisa.

Le agradezco el comentario y doy otro sorbo. Las fresas silvestres estallan en mi paladar y lo acarician.

Sí. Está delicioso…

#Fridaysforfuture

Da mucho miedo que Stephen Hawking, una mente brillante, dijera esto:

“Nuestro planeta es un viejo mundo, amenazado con una población cada vez mayor y con recursos finitos. Debemos anticipar esas amenazas y tener un plan B“.” Si la especie humana quiere sobrevivir más allá de los próximos 100 años, es imperativo que atraviese la negrura del espacio para colonizar nuevos mundos a través del cosmos”.

La juventud del planeta se está alzando para decirnos que hagamos algo. Que no nos resignemos. Que hagamos que Stephen Hawking se equivoque…Que no seamos imbéciles…

Se lo juegan todo.

Todos nos jugamos todo.

“Estamos haciendo esto para que Ustedes, los adultos, despierten.” ( Greta Thunberg 2019 )

¿Qué habilidad querrías tener al despertar mañana?

Me hicieron una pregunta :  ¿Qué habilidad querrías tener al despertar mañana? O sea, te despiertas y sabes hacer algo que la noche anterior no sabías… La pregunta parte de una situación en contexto de “normalidad”.

Lo remarco porque hay situaciones excepcionales de la vida que nos dan la respuesta correcta. Hace poco vi un vídeo en el que preguntaban a personas que estaban separadas por un biombo.  ¿Qué te gustaría hacer mañana? A un lado del biombo había personas enfermas. En el otro, no. En un lado, las respuestas eran tipo: Sentir la brisa en la cara y en el otro: Viajar a Nueva York, así pues lo que yo os planteo, es trivial.

En este marco de trivialidad, la primera respuesta que me vino a la cabeza fue “Disfrutar haciendo ejercicio”. Por mucho tiempo y entrenamiento que lleve en mi elíptica (ya somos viejas conocidas), me da una pereza inmensa y sigo deseando que el relojito marque el fin de mi sesión. Los últimos diez minutos se elongan en el tiempo…Estoy casi segura de que son más largos…Me gustaría ser de esas personas que dice: ¡Qué ganas tengo de ir al gimnasio! ¡Qué bien ir a correr por la playa! Y no sólo lo dicen: disfrutan del “momento-ejercicio” e incluso lo necesitan.

Aunque después de pensarlo mejor, decidí cambiar mi respuesta.

Me gustaría despertarme mañana y ser completamente bilingüe español-inglés, pero…la respuesta de un amigo me hizo volver a cambiar de habilidad.

“Volar”, me dijo…

NB1 : Este post lo escribí hace unos años. Hubo respuestas con una lista de “habilidades” deseadas:

Ser invisible

Ser un escritor famoso

Poder teletransportarse

Dominar cuatro o cinco idiomas

Modificar /Cambiar el tiempo

Ser capaz de que no te afecten las gilipolleces

Tocar el piano, el chelo y el saxo.

Bailar de todo y de lujo

Hoy, años después, y pensando solo en trivialidades, me decido por el teletransporte… ; – )

NB 2 : La foto de la chica volando : by Edu Lauton on Unsplash

 

 

 

 

 

Banksy, again.

Lo ha vuelto a hacer. Ha pintado un mural en Venecia pro-refugiados, ha montado un tenderete ilegal de sus cuadros en los que denuncia el turismo contaminante de los cruceros y se dice, que se ha fotografiado (de incógnito) in situ. Parece ser que es este señor que se oculta tras el periódico…

Recuerdo su mural sobre Steve Jobs. ‘El hijo de un inmigrante de Siria’. Como algo totalmente inusual, ese Banksy –que-nadie-sabe-quién-es emitió un comunicado oficial : “Apple es la compañía más rentable del mundo y paga 7,000 millones de dólares en impuestos y solo existe porque ellos permitieron entrar a un joven proveniente de Homs”.

Banksy me fascina…

Más de Banksy en este blog :

Banksy, no lo hagas.

Ese Banksy ( que-nadie-sabe-quién-es) en Calais.

¿Dónde estás, Banksy?

¿Es o no es un Banksy?

 

Que llueva y yo tenga mi paraguas a mano.

Hoy, al abrir el maletero del coche para acomodar las bolsas de la compra, he visto mi súper-paraguas. Hoy , que hace un sol radiante , soy consciente de este paraguas. Cuando llueve a cántaros, como días atrás,  lo olvido completamente…

Es verdad que aquí, en Barcelona, llueve poco  y que si viviera en Londres, por poner un ejemplo, sabría – siempre-dónde está mi paraguas.

Justamente este que llevo en el coche, es uno de mis preferidos. Es de un color verde caqui muy sufrido. Es grande y se abre suavemente y, lo más importante,también se cierra con facilidad.

Pocas veces he tenido un paraguas que vaya tan bien como este. Siempre me ha fallado algo: el cierre ( duro para abrirlo), el cierre, de nuevo, que pellizca al cerrarlo. La varilla rebelde que se dobla y la que salta…Esos plegables que nunca caben en su funda. Los pequeños que casi mejor ir sin ellos…

Y, después, está el llevarlos…Poca práctica, claro. El encaje del paraguas entre dedos y bolsas, por ejemplo. Los cambios de mano, el apartarse cuando te encuentras con uno que no lleva o con otro que lleva uno más grande que el tuyo. Esa zona ciega en la zona lateral, o en la frontal si el viento arrecia y lo llevas en modo escudo protector...

Yo, en caso de vivir en zona lluviosa ( ahora, en Seattle) me compraría este :

Y es que el paraguas , tiene su qué. Si lo dejas caer dos veces, quiere decir que tienes a bien, establecer relaciones con la persona que tienes delante. Os lo aviso, por si alguién no lo sabía. Aunque fuera una costumbre del S. XVIII, no se sabe nunca… Ya en la antigua China, en Egipto y en Asia en general, se utilizaba el parasol o sombrilla. Les protegía del sol, básicamente. Es ya en el S. XVII cuando se introduce en Europa y cambia de funcionalidad, para pasar a parar las aguas… He leído que los primeros paraguas pesaban casi 5 kilos. Yo estaría destinada a mojarme, siempre : ¡5 Kg!

paraguas1

Tiene asociada la superstición de que si lo abres en el interior de una casa , atrae la mala suerte. Hay dos explicaciones de diferentes signos . El histórico : al proteger del “Sol” , símbolo divino en muchas culturas, se consideraba sacrilegio abrirlo en un lugar sombreado. Incluso, por su forma circular, representativa del astro rey.

La visión más pragmática es la que dice que cuando se inició la producción de paraguas desplegables, los mecanismos de apertura eran tan burdos y malos que podían abrirse, disparando las varillas.Nadie sabía lo que podía pasar y qué se podía romper al abrir un paraguas en casa. Era peligroso…

 

No sé si esta semana habrá lluvia… La previsión es de cielos nublados, sin chubascos pero ,ahora, tengo al paraguas en mi mente. Venga , que llueva,  que esta vez estoy preparada.

paraguas

 

 

 

 

Ojalá sea ficción…

Nos avisaban de los riesgos. Eran voces poco audibles en un mundo tan contaminado de ruido.

Nos informaban que el límite de no retorno era de 30 años. En tres décadas, el planeta estaría en riesgo de destrucción inminente.

Nos decían que contaminábamos los mares, el cielo, el aire.

Nos advertían del consumo masivo, de la construcción masiva, del desastre masivo.

Nos hablaban del cambio climático, del calentamiento global.

 

 

Era el año 2019 cuando escribí “Ensucio el cielo” y no creí que viviría para ver esto,  pero aquí estoy …En estos tiempos que corren, sobrepasados los 30 años de gracia, estamos como nos dijeron que estaríamos: al borde de la extinción…

El mundo tuvo que cambiar por obligación. De políticas negacionistas de lo que se avecinaba, pasamos a políticas disuasorias en las que se podía contaminar pero pagando: ¿Conduces con combustible fósil? Impuesto y tasas. ¿Quieres bolsas de plástico que destrozan nuestros oceános? Pues las pagas, que ensucias el mar con ellas. Si quieres un coche eléctrico o proveerte de energía solar o eólica, también pagas.

Nosotros, por eso, íbamos a lo nuestro: consumíamos sin parar. ¿Ropa? Era tan barata que teníamos cientos de prendas. ¿Sabías que un tejano requiere de 7.000 litros de agua y tinte contaminante para su confección? ¿Comida? Los frutos más exóticos, los productos de agricultura intensiva, cultivados a miles de kilómetros, viajando por tierra, mar y aire junto con la ropa, llegando a nuestros hogares…

 

 

Los que predecían el fin de nuestro modo de vida, eran  tildados de agoreros. Exagerados… ¿Cómo se iban a dar por finiquitados los  modelos productivos? ¿Qué harían las personas que trabajaban para el sistema industrial, inmerso en la globalización? Se perderían millones de puestos de trabajo en todo el planeta, se resquebrajaría el sistema. Por mucho que cada individuo, intentará aportar su granito de arena para la gran solución, era un desierto demasiado grande e incontrolable: política, intereses económicos y sociales…Pero llegó ese instante de irreversibilidad que nos condenó a todos.

Deshielo descontrolado, sequía, temperaturas extremas y niveles de contaminación nunca antes alcanzados en la tierra.

Nos vimos obligados a volver hacia atrás para mirar hacia adelante.

En el 2050, ya no viajamos como si el mundo fuera pequeño. Cada habitante del planeta tiene un número limitado de transporte por aire o mar. Para el transporte terrestre, hay coches eléctricos , pero solo para los que se los pueden permitir, pero aún no existen aviones y barcos que no dependan de la combustión fósil. En nuestro entorno, además de los transportes públicos sostenibles, utilizamos bicicletas, coches de caballos y, lo más básico, nuestras piernas.  Sin darnos cuenta, ha salido algo bueno de todo esto y es que empezamos a estar más sanos…

Nuestra alimentación se basa en los productos de Km 0 y en el autocultivo. Cada vez somos más los que tenemos huertos, gallinas y panales de abejas.

La ropa también está limitada por persona. Los jeans han desaparecido por completo. Toda nuestra vestimenta, se reutiliza, se parchea y se arregla antes de pedir nueva dotación.

 

 

Todos nuestros aparatos, funcionan con energía solar. El sol, cada vez más intenso y cruel, nos provee de energía limpia, casi infinita. La sociedad que se imaginó Elon Musk es casi real. Incluso, hay algunos valientes viajando hacia Marte…Eso sí, cayeron muchas personas y gobiernos hasta que se liberalizó el sol,  y la tecnología pasó a ser propiedad de los habitantes del planeta y no de corporaciones empresariales. Esto nos ha permitido seguir teniendo conexión con el mundo y, por primera vez, poder compartir experiencias, aprender de los otros, aportar nuestras ideas  y, lo más importante, sentirnos parte de un colectivo que ya no se dividía por países. Somos, todos, ciudadanos del planeta tierra.

Nuestro único objetivo es sobrevivir, salvando lo que queda… Que, por cierto, sigue siendo precioso…

 

Photo by Daniel Olah on Unsplash