Empezando…

Inexplicablemente, en el huerto está naciendo una fresa.

No sé si prosperara, si será una fresa en el futuro, pero… ahí está. La flor del fresal, empezando…

 

 

El cambio climático en mi calle.

¿Es invierno? , ¿no?????

La Buganvilla de mi calle, en invierno, es de color verde. Nada de tonos violetas y morados . Sólo verde. Si quedan flores, son de color café con leche. Suelen caer a finales de octubre junto con las las hojas de los plataneros. El viento las hace hacer remolinos y amontonarse en las entradas de las casas…

Ayer hice esta foto de la Buganvilla.

Luce igual de esplendorosa que en junio…

 

Manicomio Redondo .

Conflictos armados, hambre, tiranos, niños soldados, pobreza, radicalismos, terrorismo, corrupción, cambio climático,  …

 

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Si no lo ha patentado, que corra.

15.000 + 1

Y sé que son 15.000 + muchos miles, millones más de personas que firmaríamos el documento en el que, literalmente, más de 15.000 científicos de 184 países avisan que la humanidad se está cargando el planeta.

Básicamente, el hombre está poniendo en peligro su propio bienestar al degradar el sistema hasta tal punto que es posible que sea de forma irreversible.

En 1992, se publicó un documento, firmado por 1.700 científicos con el título: “Advertencia de los Científicos del Mundo a la Humanidad”, en el que ya alertaban de la dramática situación a la que nos estamos acercando en aras del desarrollo descontrolado. 25 años después, se ha publicado este “Segundo Aviso” ( web de BioScience).

¿A la tercera, la vencida?

Humanidad: Somos idiotas…

Esperando el otoño (de verdad).

Vale. Hace un clima que no dirías que es de mediados de octubre, pero, con el huerto, hay que seguir las normas. Él no tiene la culpa de lo del cambio climático, así que no lo voy a volver loco y voy a seguir la rutina. También sirve para que yo conserve una cierta cordura…Aunque el calor parezca de verano, yo ya lo he podado, limpiado y abonado.

Ahora, espero la lluvia, algún día gris y algo de frío, que también apetece…

Aviso a los planetas de Trappist-1

Del último descubrimiento de la NASA, leo que los planetas Trappist-1 e,f y g son los más parecidos a la tierra.  Por si algún Trappistense nos lee,  que nunca se sabe, vale la pena avisar de lo que NO tienen que hacer bajo ningún concepto …

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Aquí, en la Tierra, ya hace tiempo que sabemos que las abejas están en peligro. ¿Nos quedaremos sin las polinizadoras del 84% de los cultivos del planeta? Dicen que las cosas van cada vez peor…

Hace unos días, leí la noticia del descenso de krill en el Antártico. ¿Krill? No conocía a ese diminuto crustáceo…

krill

Es muy pequeño y es el alimento de las ballenas (se come 2 toneladas de una vez) , de los pingüinos , de otros peces. El krill es vital para su existencia pero el calentamiento del planeta, ha hecho que suban las temperaturas del Antártico . El krill lo tiene mal… Y los pingüinos, los peces, los mamíferos y los grandes cetáceos que andan por allí.

Hay un goteo de noticias, aquí y allá, cada cierto tiempo… Insectos pequeñitos, crustáceos diminutos. Parecen insignificantes…Abejas, krill y hoy, leo lo de los saltamontes y los grillos. La especie alliphona alluaudi , la cigarra de toda la vida que acompaña las siestas del verano, también en peligro… El alimento de multitud de aves y reptiles, desapareciendo por las prácticas de agricultura intensiva y los incendios en los montes. Pronto dejaremos de oír ese “cric-cric”…

Nos estamos cargando la cadena trófica. Y vamos a un ritmo, en el que nos daremos cuenta del desastre, cuando lo tengamos encima.  O sea, cuando esa cadena alimentaria se rompa del todo, se hayan extinguido especies animales a mansalva y nos demos cuenta que ya no hay alimentos que valgan…

Ni pequeños, ni insignificantes…

Habitantes de los planetas Trappist1-e, Trappist1-f y Trappist1-g, tenedlo en cuenta.

An animal's ranking on the food chain depends on where its meals place on the ladder. That puts plants on the bottom (they make all their food), polar bears on top and people somewhere between pigs and anchovies.

NB : La cadena trófica (del griego trophos, alimentar, nutrir) describe el proceso de transferencia de sustancias nutritivas a través de las diferentes especies de una comunidad biológica, en el que cada uno se alimenta del precedente y es alimento del siguiente. También conocida como cadena alimenticia o cadena alimentaria. (Wikipedia)

 

 

Ya soy mayor…

 

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Continuando con lo de ayer, ¿Qué quieres ser de mayor?, ya os expliqué que, ante la imposibilidad económica de cursar “Licenciatura de la Felicidad”, decidí ser escritor.

Pasaron los años e, inexplicablemente, mi profesión me hizo feliz. Escribir me complacía y me permitía vivir decentemente. Formé una familia y fui feliz hasta que un día, los del Departamento de Intrusismo Profesional llamaron a mi puerta. Ser feliz, sin la licenciatura correspondiente, se consideraba Intrusismo Profesional. Tuve que pagar una multa y dedicarme a escribir, camuflando lo mejor que podía, mi extraña felicidad intrusa. El caso es que empecé a preocuparme del futuro de los míos. ¿Qué sería de ellos? ¿Qué estudios les podría costear a mis hijos?

Después, vinieron mis nietos y sin que yo me diera cuenta, los bisnietos… Mientras la vida transcurría, el mundo también lo hacía, avanzando en su propia locura. La Licenciatura de Felicidad dejó de existir.

Se declararon guerras entre países por acuerdos comerciales; entre civilizaciones, por creencias religiosas. Líderes estrambóticos empezaron a dominar nuestro destino. Lo peor, por eso, fue lo imprevisible.

Cuando yo era niño, se hablaba de la extinción de las abejas. Del incremento de la temperatura en la zona ártica, del descenso de krill en la Antártida , del peligro en el que se encontraban las cadenas tróficas tan bien diseñadas por la naturaleza para que el ecosistema subsistiera. Eran cosas pequeñas, que parecían insignificantes y no iban con nosotros. Pero ocurrió . La naturaleza se rebeló para intentar equilibrarse de nuevo: subió el nivel del mar, hubo terremotos, tsunamis, sequías, inundaciones, huracanes…

En mi vejez, veo a mis bisnietos decidiendo su futuro. Lloro de rabia cuando oigo al más mayor, decirme que su gran sueño es tener un pequeño campo dónde cultivar trigo o guisantes o cualquier planta comestible de las que se salvaron de la catástrofe planetaria. En estos tiempos, se están vendiendo las semillas que se consignaron en el Banco de Semillas Mundial de Svalbard para poder alimentar a la tierra en caso de desastre natural.

Ya no hay licenciaturas. Ni Universidades…Ahora, lo más importante es tener un trozo pequeño de tierra y unas cuantas semillas. En este mundo, en el que ya me toca morir, mi bisnieto quiere ser campesino y… no podrá. A este gran, gran privilegio, sólo acceden los que tienen recursos . No hay becas, ni ayudas para el resto de la población…

Le he aconsejado que sea escritor…

 

¿Vuelan o no vuelan?

¿Pueden volar los pingüinos?. En principio, tu mente analítica recupera la información que tienes sobre el pingüino y te dices, “nadar, sí; volar, no“.  Respondes que lo que tienen son aletas y no alas… El pingüino no vuela, por supuesto.

Entonces, te dicen que los estragos del cambio climático son tan graves que científicos en una base de la Antártida han grabado unas imágenes en las que se observa que los pingüinos , vuelan. El deshielo del planeta, a una velocidad vertiginosa y no evolutivamente “normal”, ha modificado aspectos y conductas de los animales que habitan en la tierra. Para evitar la extinción, el pingüino ha utilizado sus aletas para volar… Ah! y no todos los tipos de pingüinos… Sólo los Pygoscelis adeliae.

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Si ves un pingüino volando, no te alarmes. El calentamiento global está empezando a cambiar las cosas , se está convirtiendo en algo tan peligroso que ha conseguido hacer surcar el cielo, a una de las aves vivientes que no vuela por definición ( y por genética).

Por si alguién se ha quedado con la duda ; – ), los pingüinos voladores fueron una brillante inocentada de la BBC , en el Día de Los Inocentes del 2008.

Han pasado ya unos años y hoy lo he vuelto a oír. He dudado: ¿Será el mismo fake o, realmente, pasado este tiempo y con lo que le vamos haciendo al planeta… hay pingüinos que vuelan?

Ahí lo dejo…

 


Odio la Navidad.

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Odio la Navidad.

Cuando lo digo, la gente me mira con cara rara. ¿Cómo no puede gustarte la Navidad, hombre?. Es un tiempo de amor y de paz, de regalos, de comilonas, de encuentros familiares… Y ya pueden venderme la idea más romántica y preciosa de la Navidad que , a mí, no me afecta. Sigue sin gustarme.

La odio. Profundamente.

Lo del amor y la paz me produce escalofríos. Es como si el ser humano estuviera programado para amar y estar en paz y armonía esos días del año. Específicamente, esos. El resto del año tiene como una especie de carta blanca para ser anodino (ni bueno , ni malo) o un verdadero hijo de puta. Perdonad que sea tan grosero pero no sé cómo expresarlo con la contundencia que requiere. Cuando estoy concentrado , poniendo las luces, suelo crear historias de ciencia ficción que me ayuden a superar el frío y el tedio. Siempre me imagino que los extraterrestres que nos controlan ( eso ya os lo explicaré otro día), nos han insertado una especie de temporizador con una serie de botoncitos. Se divierten jugando con nosotros y, en Navidad, nos colocan en el mode Xmas, para que se activen esas características navideñas del amor y la solidaridad.

El que me decía eso de la paz y amor tiene a su madre internada en una residencia de ancianos a la que no va nunca. Eso sí, en Navidad come con ella.

Yo soy un tipo normal . Amo cada día del año a mi esposa y mi hijo y soy un ser pacífico.

Y, odio la Navidad.

A mí, las Navidades, lo que hacen es robarme el tiempo que le regalo, cada día, a mi hijo. Me hacen ir a controlar que todo está en orden y no puedo cumplir mi horario habitual.

Mi hijo es un precioso niño, gordito y sonrosado , que viene de tierras heladas. Hasta los seis años vivió en un centro de adopción y, durante todo ese tiempo, no recibió muestras de afecto ni pudo jugar.

Mi hijo no había jugado jamás.

Así que, desde que vive en nuestro hogar que ahora es el suyo, le dedico un tiempo sagrado por la tarde, antes de bañarlo y acostarlo, para jugar a aquello que más le apetezca.No le interesan los juguetes, lo que le gusta es fabricar castillos con cajas de zapatos e imaginar aventuras con los desgastados muñecos de plástico que le regalamos en su primer cumpleaños con nosotros y de los que no se ha desprendido en estos tres de convivencia. Así que lo único que me trae la maldita Navidad es alterar mi ritual sagrado del juego. Mi regalo diario a mi hijo.

¿Cómo no voy a odiar la Navidad? Me paso todo el día arriba y abajo con el elevador… Luces van, luces vienen…

Odio la Navidad. Y aún más desde el apagón del 2018.

Demasiadas Cumbres Internacionales sobre el cambio climático y poco trabajo efectivo para corregir nuestros excesos. Tras la crisis mundial que se inició en el 2009, llegaron los tiempos difíciles. Cuando en el 2016 por fin se vio la luz, se inició una etapa de nueva euforia consumista. Al mismo tiempo, el invierno empezó a ser más extremo y lo mismo pasó con el verano.

En Diciembre del 2018, todas las ciudades del mundo se engalanaron con millones de luces navideñas. Aunque eran portentos del bajo consumo, la tierra superpoblada, se llenó de bombillas de colores que anunciaban la alegría de los buenos tiempos que se avecinaban. Las temperaturas bajo cero hicieron que la población mundial pusiera en marcha sus aparatos de calefacción mientras la otra mitad de ese mundo, sofocado por el calor tropical, hacía lo propio con los de aire acondicionado.

No se sabe por qué, todo ocurrió en el mismo segundo pero lo único que se recuerda es aquel gran puuuufffffff y, después, la oscuridad total.

La tierra se apagó completamente. Era la Navidad del 2018.

A partir de ese momento, mi trabajo en el Departamento de Mantenimiento del Ayuntamiento de Barcelona, sufrió un cambio radical durante la época navideña. Las ciudades tuvieron que racionar el consumo de luz y, a la vez, requerían de la iluminación navideña que motivara a los ciudadanos a salir a la calle, a comprar y a animarse. Eso de vivir en la penumbra, nos convirtió en seres malhumorados y ariscos. Si antes me ocupaba de colocar los sesenta kilómetros de iluminación navideña en las 305 calles escogidas por el alcalde y, tras ese faenón, dejar que el susodicho apretara el botón del encendido ahora… Ahora , debíamos acudir diariamente a las 305 calles y encender los sesenta kilómetros de velas que iluminaban la ciudad. Eran velas especiales que duraban todo el mes y que debíamos encender y apagar en ciclos de veinticuatro horas.

Vuelta a las velas. Vuelta al encendido y apagado manual.

Odio la Navidad.

Y odio tener que irme a las 24:00 en el camión del Ayuntamiento para recorrer Barcelona, soplando las velas . Una a una.

Yo soy el tipo que las enciende y las apaga cada día. ¿Lo entiendes? ¿Entiendes por qué odio la Navidad?.

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Making Of : Este texto lo colgué en el 2009 y en el 2013. La idea original me la inspiró  : 1) la de gente que odia la Navidad, 2) la noticia del alumbrado navideño en Barcelona y 3) las noticias sobre el cambio climático que llegaban de Cancún (2009).  En mi imaginación, faltaban nueve años para el gran apagón mundial. Ahora, a punto de entrar en el 2017 y con el acuerdo firmado en la Cumbre de París en junio de este año, casi una década despues, veo que sigue siendo un texto vigente. Espero que , algún día, tenga tan poco sentido que no lo quiera volver a publicar. Mientras tanto, hay que ir aprovisionando velas y cerillas…

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Antes de la inundación…

Con motivo de Halloween y el Día de los Difuntos, oía como preguntaban en la radio por la película que más miedo nos ha dado. Pensé en ello y, creo, que lo que más miedo me ha dado en la vida no ha sido una película. Yo me aterroricé leyendo It de Stephen King…

it

Si hablamos de pelis, la que más cosica me ha dado ha sido… ¡Tiburón! No es estrictamente de terror pero aún me cuesta nadar en alta mar con total confianza y cuando, a veces, he sentido una corriente fría por debajo de mi cuerpo, no he podido evitar pensar en el escualo. Oigo hasta la banda sonora de la peli, con esa melodía aproximativa que me pone los pelos de punta…

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La segunda película, ya de terror al uso : “El Resplandor”. Un clásico.

resplandor

Mi respuesta a la encuesta de la radio, hubiese sido una de estas tres hasta el pasado día 30 de Octubre. A partir de esa fecha, la película con la que más terror he sentido es “Before the Flood” .

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Es un documental de National Geographic producido por Martin Scorsese y conducido por Leonardo DiCaprio y… es la descripción de una realidad terrorífica: el cambio climático, el futuro del planeta y la humanidad.

No hay palabras para describir este trabajo. Hay que verlo y después reflexionar, hacer acto de contrición y empezar a hacer cosas y a exigirlas a los que pueden parar esta locura.

El documental también nos da soluciones. Esperanza. Aunque vayamos con retraso, aún hay tiempo de arreglar las cosas…antes de la inundación…

NB : El documental entero , aquí.