#COP26

Viendo a los líderes mundiales en Roma y después en Glasgow, yo solo creo en nuestra juventud. Es la fase la vida , más propicia para que la revolución sea posible.

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Hay que ayudarlos todo cuanto podamos, pero ellos son los que liderarán los cambios.

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Se juegan el planeta.

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Desgraciadamente, los demás, somos unos “bla, bla, bla”…

Espero que este post, sea una gran mentira.

Es posible que no sea nada. Es posible que mi mente , exagere. Es posible que haya visto demasiadas series sobre un futuro apocalíptico.

Es posible, sí , pero dentro del mundo de las posibilidades también tienen cabida esas extrañas sensaciones. Esas dosis de información puntual , en plan goteo, a veces inconexa, a veces relacionada.

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De la naturaleza: los volcanes,  las riadas , las inundaciones, los terremotos , el deshielo , las temperaturas desequilibradas, las sequías,…

Del hombre : el acopio de recursos hasta quedarnos sin recursos , el cambio climático y la contaminación desaforada del mar y la tierra que provocamos, las políticas de confrontación, la desigualdad…

Lo curioso es que pensamos que no pasará de aquí. Que queda lejos. O peor, lo vemos pero nos sentimos impotentes.

Pero ya oímos la palabra “escasez” en los informativos : energética , de materias primas, de chips,… Hay fábricas que deben parar la producción. Nos dicen que compremos ya los juguetes de navidad. En UK, hasta el pavo .

Y, llega ese día que todo se conecta.

Ya está: el planeta no da para más.

Nosotros, tampoco.

Todas esas cosas dispersas que ocurrían y se deslizaban por aquí y por allá, se unirán y la triste realidad se parecerá a una de esas series de ficción…

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Dejo enlace a un interesante artículo de Antonio Turiel y Juan Bordera en ctxt “El otoño de la civilización (y la ruptura de la cadena de suministros)”

Búnker Apicio.

Tras meses de travesía, el grupo encontró una colina que les podía resguardar del fuerte viento. Cada vez les costaba más avanzar así que,  aquel pequeño montículo les pareció una fortaleza milagrosa.

Cuando se acercaron a su base, el guía les hizo la señal de alto. Todos se pararon al instante y guardaron silencio. Observaron lo que el guía les señalaba : situada en el centro,  había una extraña superficie lisa de unos cuatro metros de altura y dos metros de ancho.

Limpiaron el acceso y descubrieron una placa metálica : Búnker Apicio.(1*)

Nadie sabía que significaba la palabra “búnker” ni tampoco,  “Apicio”. ¿Sería bueno o malo? Tocaron y golpearon la placa y la gran losa que parecía una puerta, pero no se abrió.

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Una fuerte ráfaga de viento les empujó con tanta fuerza que uno de los niños cayó al suelo. El guía les advirtió : tenían que resguardase detrás de la colina. Mientras el grupo se movía lentamente, el niño se había levantado para seguirlos, pero se quedó parado delante de la placa. Le fascinaban las letras.

La B de Búnker y la A de Apicio estaban grabadas a más profundidad, creando un surco con la silueta de la inicial. Deslizó el dedo, trazando primero la B y después la A. Se oyó un chasquido y la puerta se deslizo hacia los laterales , abriéndose completamente.

El niño gritó, alertando a los demás. Volvieron sobre sus pasos y se quedaron inmóviles delante de aquella gran abertura. La oscuridad y la profundidad que se intuía les asustaba, pero otro golpe de viento cada vez más huracanado, les hizo tomar la decisión.

Cuando entraron, se activó una luz blanca y radiante que contrastaba con sus ropas ajadas y sucias. Al principio, deslumbrados y en shock no acertaron a entender lo que estaban viendo.

Metros y metros lineales de estanterías blancas, repletas de cajas con memorias externas. Salas dispuestas como bibliotecas. Zonas con grandes pantallas y material audiovisual , un área habitable con duchas , camas y,  finalmente, una gran cocina comedor con una despensa refrigerada.

Resguardarse del viento y dormir en un lugar seguro, les hizo entrar en un estado de júbilo eufórico. Se repartieron las camas , se asearon y se pusieron la ropa limpia que encontraron en un armario. Parecían un ejército uniformado de blanco y negro, con pantalones de algodón con goma y chaquetas de cierre cruzado con pequeños botonesy un bordado en la zona del pecho con la palabra Apicio .

Horas más tarde, después de curiosear las instalaciones , el grupo se había tranquilizado. El guía los reunió delante de una de las pantallas más grandes y les hizo acomodarse en las sillas que había en la sala.

Pulso un botón y , de repente, en la pantalla apareció un rostro. Pertenecía a un hombre de pelo cano.  En la parte inferior un rótulo lo presentaba : Doctor Albert Tirel, Director del proyecto Apicio. Mayo del 2021

Se oyó un murmullo en la sala. ¿2021? El grupo había llegado a aquel lugar , en el mes 3 del año 2371. Habían pasado trescientos cincuenta años…

El mundo no había desaparecido, pero ya nada se parecía al planeta en el que vivieron los habitantes del S.XXI.

Las múltiples ciudades sumergidas bajo las aguas, las temperaturas extremas, las tormentas y los fenómenos meteorológicos desastrosos provocados por el calentamiento de la tierra, habían cambiado drásticamente las condiciones de vida .

El planeta colapsó.

Sobrevivieron 1.000 millones de personas que recorrían la tierra, buscando zonas donde establecerse y volver a empezar. El guía era el líder de un pequeño grupo de cincuenta de esas personas .

Desde la pantalla , el Doctor Tirel miraba a la cámara fijamente con una expresión sobria. El silencio se hizo más intenso. Una voz profunda los sobrecogió :

“Si estáis viendo esta grabación es que los sistemas de energía solar han funcionado y hay energía. No sé de dónde procedéis ni en qué tiempo futuro viviréis. Espero, por el bien de la humanidad, que no hayan pasado demasiados años y hayamos podido minimizar el desastre, pero, sea como sea, estáis en el Búnker Apicio.

Nos inspiramos en el Banco Mundial de Semillas de Svalbard y su proyecto de preservar la biodiversidad de los cultivos, almacenando millones de semillas,  que nos permitirían volver a alimentarnos después de una catástrofe mundial.

Así que decidimos crear nuestro propio Banco Mundial de Recetas. Me gusta pensar que es un Arca Gastronómica. Un lugar en el que encontraréis un fondo exhaustivo de conocimiento sobre la gastronomía de todos los países que conformaban el planeta en el 2021.

La construcción de los búnkers fue complicada. Tuvimos que identificar las zonas idóneas dónde poder excavar y preparar las cámaras estancas con un rango de temperatura de 17 ºC a 21 ºC y una humedad relativa del 45 -65 %. Hay 23 repartidos por todo el mundo y preparados para que se puedan intercomunicar si los suministros de energía no han fallado.

Cada uno es una estructura segura de más de 3.000 m2 , organizada en diferentes áreas. La más importante es la biblioteca que dispone de una recopilación de millones de recetas culinarias, desde la más antigua a la más moderna.

En el inicio del proyecto, El Arca Gastronómica nos parecía una misión divertida, casi lúdica. Más de 3500 personas de todas las nacionalidades y países se movilizaron recopilando material en formatos digitales. Ante un futuro incierto y previendo una posible falta de energía para activar los dispositivos , transcribimos toda la información y la imprimimos en papel para almacenarla en la Biblioteca.

Al principio, no había urgencia en nuestra actividad y nos dedicamos a ello con esmero. No sólo consignábamos las recetas , también los aspectos más cualitativos de la gastronomía . Describíamos exhaustivamente los ritos y los matices sociales y afectivos del acto de comer.

Este es un aspecto esencial de esta Arca Gastronómica : la diferencia sustancial entre alimentarse y comer. No sólo hemos querido que tuvierais la mayor recopilación de recetas del mundo, para preservarlas en el tiempo, también hemos querido salvaguardar el rito escénico, el ritual sentimental que supone comer .

Y para comer, hay que cocinar.

Comer y Cocinar. La belleza de estos actos los convierte en arte.

Cocinar y Comer. Algo hermoso que requiere de la comunidad, de los otros .

 No podíamos dejar que se perdiera todo lo que hemos aprendido.

Demasiadas voces alertan sobre el desastre inminente, la llegada al punto de no retorno climático,  pero nadie les hace demasiado caso. Nosotros, sí. Así que hemos trabajado sin descanso para dejar todo listo y en tiempo récord.  

Desgraciadamente para todos nosotros, el concepto de Arca tiene más sentido que nunca.

Además del Fondo de Conocimiento, hemos construido zonas habitables para que todo aquel que llegue a uno de los Búnkers Apicio, pueda vivir con un cierto confort. No podía faltar una cocina , un comedor y una despensa para que podáis experimentar el arte de la gastronomía.

Tenéis a vuestra disposición una fuente de conocimientos de gran magnitud, pero antes de indagar o sumergirse en profundidad, os aconsejo que elijáis una receta , una cualquiera y que os vistáis de cocineros con las filipinas (2 *) que os hemos dejado en los vestuarios y… cocinéis .

Tomaros vuestro tiempo y deleitaros.

Cocinad y comed.

Bienvenidos.

La imagen de la pantalla se congeló. Había muchas más grabaciones, pero el guía consideró que el grupo estaba exhausto y desconectó el dispositivo, aunque, cuando los miró,  no le parecieron cansados. Se miraban unos a otros , señalando sus chaquetas.

Sonreían y hablaban entre ellos.

En el largo camino , al grupo no le faltó nunca nutrientes. Tuvieron acceso a las proteínas animales y vegetales, a los carbohidratos , a los lípidos, a los minerales, a las vitaminas y al agua, pero el acto de comer desapareció , al igual que el arte de cocinar. Se convirtió en una mera acción de supervivencia .

Querían elegir una receta y cocinar, le dijeron al guía.

No fue difícil escoger . Uno de los integrantes del grupo, siempre explicaba historias que les ayudaban a dormir. En especial,  una historia de sus ancestros , en los que una mujer anciana, elaboraba un plato que curaba las tristezas del alma . Cada semana, el día siete, la familia -que era el nombre que tenían los grupos de antes del desastre- se reunía alrededor de una mesa y comían fijeos a cazola.  Era el único nombre de un plato que conocían y…todos querían curarse el alma.

Cuando por fin encontraron el dispositivo buscador de recetas, introdujeron el nombre y , en la pantalla, aparecieron multitud de resultados, pero había una receta de palabras muy similares:  Fideos a la cazuela/Fideus a la cassola.

Un vídeo les indicaba los ingredientes que debían seleccionar de la despensa, las cantidades, las formas de cocinado y el tiempo.

El grupo se organizó y bajo la dirección del cuenta-historias fueron ejecutando todos los pasos de la receta en una coreografía perfecta. Hubo que repetir alguna elaboración hasta que tomaron el control de la cocina, pero , poco a poco, consiguieron armonía y un sinfín de aromas increíbles empezaron a inundar la estancia: el lento sofrito de cebolla, la evaporación del vino , el ajo y el perejil intensos en su dúo.

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Los colores se mezclaban, el verde del pimiento y el rojo del tomate. También los sonidos eran maravillosos: los cuchillos cortando en juliana, el chisporroteo de la costilla de cerdo y la salchicha en la cazuela, la vibración del agua hirviendo…

Lentamente, al ritmo del cocinado, el grupo se introdujo en una burbuja placentera. Hacía muchos meses que no sentían algo así. Una mezcla de buen humor , alegría y emoción.

Los que preparaban la mesa, en el comedor, también se sentían estimulados por las fragancias que llegaban de cocina y se afanaban en dejar una mesa perfectamente preparada para el acto de comer.

Mantelería, cubiertos, copas de cristal y flores en el centro de la mesa.

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“Los fijeos”- pidió el cuenta-historias. El niño que había descubierto como abrir la puerta del búnker, le entregó un paquete de fideos, haciendo una reverencia ceremonial que hizo reír a todos los cocineros.

En las cazuelas, los fideos se iban impregnando de sabores , borboteando , mientras transcurrían los diez minutos de gloria de la cocción.

Emplataron, tal y como se indicaba en el video, abrieron las botellas de vino y agua y se sentaron a la mesa.

Todos estaban en silencio, mirando con reverencia aquel plato que tenían ante sus ojos. Paralizados ante unos fideos…

El aroma invadía el comedor.

Se oyeron suspiros y el tímido tintineo de los cubiertos. Más suspiros. Los sonidos débiles contra el plato se intensificaron. El murmullo dio paso a la conversación y a las risas.  También lloraron. Hubo a quien le embargó la emoción al degustar aquellos sabores maravillosos.

Todos juntos, a salvo del viento.

En el Búnker Apicio, en algún momento del 2351, un grupo de personas , vestidas de cocinero, están comiendo fijeos a cazola.

Son cincuenta y dos almas curándose…

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(*)De Re Coquinaria, conocido como “el recetario de Apicio” , es el primer recetario de cocina escrito y un referente cultural único. Su autor es Marco Gavio Apicio ( 25 a.C)

(*) Al uniforme de los chefs y cocineros se les llama filipina . Durante un evento gastronómico realizado en Francia en el año 1924,  participaron cocineros Filipinos vestidos con una camisa tradicional del país que se llamaba borang tagalog . Augusto Escoffier, un famoso cocinero francés se inspiró en ese traje y lo modificó en una camisa de algodón que se llamó “ filipina” .

Mal.

Veo como lo pintan en directo. Estoy pasando con el coche , medio contaminando ( si se puede medio contaminar), porque es un híbrido, pero veo este mural desde una carretera atestada de coches. Todos polucionando…Desde el inicio de la pandemia, es el primer día que me veo en atasco en la entrada de Barcelona, como los de antaño. Sí, ahí están pintando este precioso pájaro.

En la radio, justamente hablan de la ampliación del aeropuerto. Estoy cada vez más atascada. Ruido, motores, humo…Me pregunto si no ha llegado el momento de limitar, a nivel mundial y planetario, los vuelos y los cruceros , limitar el número de vuelos /pasaje de crucero por persona, asumiendo un peaje ecológico para salvar el planeta. Para todos el mismo.  Prohibir vuelos en jets privados, en avionetas recreativas, en helicópteros si no es con fines de seguridad , prohibir barcos que surquen los mares que no sean veleros o eléctricos, o solares o a remo ( sean yates o lanchitas), las motos de agua, las motos y coches que no sean eléctricos, los cohetes turísticos para ir a la estratosfera, los buques y cargueros que transportan las mercancías de un lugar a otro del mundo, etc, etc ( incluye todo lo que combustiona). Las medidas súper drásticas, ayudarían a paliar la emergencia energética y climática que nos afecta (y afectará más) a futuras generaciones, pero , al oír el claxon del coche combustionante que tengo detrás, me doy cuenta que es del todo imposible en este sistema de “civilización” que hemos organizado entre todos porque…¿No te irías ahora mismo de crucero?

Veo el pajarito y se me va la olla.

Que mal.

Mural de Roc Blackblock

Va llegando el otoño…

El miércoles va a llegar el otoño.

Y sé que es una medida de tiempo universal y que no hay ninguna duda de que el día 22 llega el otoño a mi entorno, pero yo sigo inmersa en un ambiente más primaveral que de fin de verano.

Será cosa del cambio climático o yo, que empiezo a tener alteraciones de percepción.

No sé, que se lo pregunten a las mariposas de este fin de semana…

#NuevaRealidad (píldoras publicitarias.)

De vez en cuando, va bien una dosis de Píldoras.

Hoy son de publicidad.

 

Este logo del 2020, no tiene desperdicio…

#Encasa ( lo de la distopía.)

Un relato distópico como los tiempos que vivimos.

Foto de Diego Hernández (Unsplash)

No hay rosas.

Hace muchos años que desparecieron las flores. Todo empezó con las abejas y su extinción y el resto, ya lo sabéis. Aquí estamos, en un planeta desértico y polvoriento…Esa es la mala noticia.

Aunque, todo ha cambiado en los últimos meses. Se abrió aquella grieta enorme, muy cerca de donde vivo. En las profundidades, se descubrió un asentamiento del siglo XXI. Una de esas casitas, con un pequeño jardín…Y entre los escombros, encontraron unas semillas de rosa en perfecto estado. Se mantuvo en secreto. El gobierno se llevó las semillas e intentó hacer germinar las rosas sin éxito.

Lo que nunca supieron es que , allí, dónde estaban los restos arqueológicos, se dejaron  una semilla pequeña, oscura y seca.La planté, la regué con la escasa agua de mi racionamiento y, ahora, está a punto de florecer.

El jueves, equipado con mi uniforme de camuflaje, recorreré las calles sigilosa y velozmente, me deslizaré por la grieta e iré a buscar mi rosa.

Será la primera vez en mi vida que vea una…

 

 

 

 

Otoño, ya.

Hace dos días que ya es otoño…
Y ni me he enterado.
De momento, pasa totalmente desapercibido.
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¿Será que este año viene tímido?
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¿O será el cambio climático?

#Fridaysforfuture

Da mucho miedo que Stephen Hawking, una mente brillante, dijera esto:

«Nuestro planeta es un viejo mundo, amenazado con una población cada vez mayor y con recursos finitos. Debemos anticipar esas amenazas y tener un plan B«.” Si la especie humana quiere sobrevivir más allá de los próximos 100 años, es imperativo que atraviese la negrura del espacio para colonizar nuevos mundos a través del cosmos».

La juventud del planeta se está alzando para decirnos que hagamos algo. Que no nos resignemos. Que hagamos que Stephen Hawking se equivoque…Que no seamos imbéciles…

Se lo juegan todo.

Todos nos jugamos todo.

“Estamos haciendo esto para que Ustedes, los adultos, despierten.” ( Greta Thunberg 2019 )

Ojalá sea ficción…

Nos avisaban de los riesgos. Eran voces poco audibles en un mundo tan contaminado de ruido.

Nos informaban que el límite de no retorno era de 30 años. En tres décadas, el planeta estaría en riesgo de destrucción inminente.

Nos decían que contaminábamos los mares, el cielo, el aire.

Nos advertían del consumo masivo, de la construcción masiva, del desastre masivo.

Nos hablaban del cambio climático, del calentamiento global.

 

 

Era el año 2019 cuando escribí “Ensucio el cielo” y no creí que viviría para ver esto,  pero aquí estoy …En estos tiempos que corren, sobrepasados los 30 años de gracia, estamos como nos dijeron que estaríamos: al borde de la extinción…

El mundo tuvo que cambiar por obligación. De políticas negacionistas de lo que se avecinaba, pasamos a políticas disuasorias en las que se podía contaminar pero pagando: ¿Conduces con combustible fósil? Impuesto y tasas. ¿Quieres bolsas de plástico que destrozan nuestros oceános? Pues las pagas, que ensucias el mar con ellas. Si quieres un coche eléctrico o proveerte de energía solar o eólica, también pagas.

Nosotros, por eso, íbamos a lo nuestro: consumíamos sin parar. ¿Ropa? Era tan barata que teníamos cientos de prendas. ¿Sabías que un tejano requiere de 7.000 litros de agua y tinte contaminante para su confección? ¿Comida? Los frutos más exóticos, los productos de agricultura intensiva, cultivados a miles de kilómetros, viajando por tierra, mar y aire junto con la ropa, llegando a nuestros hogares…

 

 

Los que predecían el fin de nuestro modo de vida, eran  tildados de agoreros. Exagerados… ¿Cómo se iban a dar por finiquitados los  modelos productivos? ¿Qué harían las personas que trabajaban para el sistema industrial, inmerso en la globalización? Se perderían millones de puestos de trabajo en todo el planeta, se resquebrajaría el sistema. Por mucho que cada individuo, intentará aportar su granito de arena para la gran solución, era un desierto demasiado grande e incontrolable: política, intereses económicos y sociales…Pero llegó ese instante de irreversibilidad que nos condenó a todos.

Deshielo descontrolado, sequía, temperaturas extremas y niveles de contaminación nunca antes alcanzados en la tierra.

Nos vimos obligados a volver hacia atrás para mirar hacia adelante.

En el 2050, ya no viajamos como si el mundo fuera pequeño. Cada habitante del planeta tiene un número limitado de transporte por aire o mar. Para el transporte terrestre, hay coches eléctricos , pero solo para los que se los pueden permitir, pero aún no existen aviones y barcos que no dependan de la combustión fósil. En nuestro entorno, además de los transportes públicos sostenibles, utilizamos bicicletas, coches de caballos y, lo más básico, nuestras piernas.  Sin darnos cuenta, ha salido algo bueno de todo esto y es que empezamos a estar más sanos…

Nuestra alimentación se basa en los productos de Km 0 y en el autocultivo. Cada vez somos más los que tenemos huertos, gallinas y panales de abejas.

La ropa también está limitada por persona. Los jeans han desaparecido por completo. Toda nuestra vestimenta, se reutiliza, se parchea y se arregla antes de pedir nueva dotación.

 

 

Todos nuestros aparatos, funcionan con energía solar. El sol, cada vez más intenso y cruel, nos provee de energía limpia, casi infinita. La sociedad que se imaginó Elon Musk es casi real. Incluso, hay algunos valientes viajando hacia Marte…Eso sí, cayeron muchas personas y gobiernos hasta que se liberalizó el sol,  y la tecnología pasó a ser propiedad de los habitantes del planeta y no de corporaciones empresariales. Esto nos ha permitido seguir teniendo conexión con el mundo y, por primera vez, poder compartir experiencias, aprender de los otros, aportar nuestras ideas  y, lo más importante, sentirnos parte de un colectivo que ya no se dividía por países. Somos, todos, ciudadanos del planeta tierra.

Nuestro único objetivo es sobrevivir, salvando lo que queda… Que, por cierto, sigue siendo precioso…

 

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