Dubái.

Lo que más me impactó de Dubái es pensar en cómo era en 1960 :  una zona de pescadores y recolectores de perlas , que a partir del descubrimiento de yacimientos petrolíferos se convierte en lo que yo he visto ahora.

En medio del desierto, en el cuello del Golfo Pérsico, aparece una ciudad calurosa, plagada de edificios y avenidas con el “Más” grabado en oro en su personalidad: el edificio más alto del mundo, el centro comercial más grande, el ascensor más veloz, el anillo de oro más pesado, la fuente de agua más grande, la pista de esquí de nieve artificial (en el desierto) más extensa, el hotel con más estrellas del mundo… Más…Y más…Hay una confabulación para proporcionar la máxima facilidad al que lo visita. Refrigeración del ambiente por doquier para soportar esos 45ºC del desierto que te hacen comprender que significa estar a 45ºC. Amabilidad de sus gentes, tanto los que son de la India, Paquistán, Vietnam, Laos, Filipinas o Somalia como de los locales, apenas un 10% de la población.Impactante el contraste entre lo occidental y oriental. Aun sabiendo de la predominancia de la cultura islámica, es extraño, al principio, ver a esas mujeres vestidas de negro con la abaya , algunas enseñando el rostro, otras sólo la mirada, mezcladas con las mujeres de otros países que, sinceramente, van vestidas como quieren.No viviría allí y es posible, que sólo me perdiera -turísticamente hablando- en una escala hacia la India, por ejemplo. No me ha seducido el “más” pero sí que he vuelto encantada de la gente y la hospitalidad.

Y nunca olvidaré esos 45ºC…

 

 

 

Vivir es urgente. ( *)

Vivir es urgente. ( *)

(*) me copio la frase de Pau Donés ( @jarabeoficial )

Los primeros días de mis vacaciones, los dediqué a vaciar y pintar un luminoso piso en la Costa del Garraf para ponerlo a la venta. La persona que lo ocupaba, a la que adoro, ya no puede vivir en él. Transita ajeno a la vida o inmerso en otra vida que ya es ajena a ésta…

Estuve en todos los lugares en los que se registra una vida…Cada cajón, cada libro, cada foto, cada carta manuscrita, cada trofeo, cada carpeta, cada caja,…Me invadió una extraña conciencia de su juventud, de la que sólo tenía información matizada por mis experiencias de la infancia. Una sensación de que había sido como yo soy ahora. La certeza que yo, que todos, seguiremos el mismo camino hacia un final, el que sea…

Pensar en todas esas cosas, no me pone triste. Esa casa, llena de una vida, me está diciendo que la vida es, en sí misma, urgente.

Y lo veo en las viejas fotografías con su moto, con sus amigos y sus sonrisas, en las comidas y acontecimientos familiares, conmigo de muy pequeña,  con Induráin (su ídolo)…Voy  guardando todas esas cosas y la casa se va quedando vacía.

 

Al final, todo se resume un primoroso espacio, recién pintado de un blanco radiante.  Está vacío pero, no hay que equivocarse, aquí aconteció una vida y aquí, se instalará otra u otras.

Y generarán más huellas vitales…

Mientras cierro la última caja, deseo que sean tan bellas como éstas…

 

Ciclos.

De todo lo bonito que había para fotografiar, como este callejón, a mí me dio por el solar en ruinas, que, supongo, en breve se convertirá en un bloque de pisos…

Me gustó ese color azul celeste desvaído. Y el ocre, destacando entre la desolación…

Llámame rara pero, vi  belleza  en los signos del pasado tan evidentes en esas paredes… Supongo que si algún día vuelvo, veré un edificio (ya no sé si bonito o feo)  del que saldrá una madre atareada con sus niños, mientras en el piso del tercero, una mujer riega los espléndidos geranios de su terraza…

Ciclos.

“He vuelto”, me dice el despertador…

Una de las cosas que más me gusta de las vacaciones es NO tener que poner el despertador. Hay gente que, de forma natural, se suele despertar a la misma hora. Gente a la que la cama, le cansa y se pone en pie nada más abrir los ojos, dispuesta, incluso, a comerse el mundo.

Yo requiero, obligatoriamente, de un despertador para regular mi sueño, menos en vacaciones… En vacaciones, NO existe ese artilugio… Y no es que varíe mucho mi pauta: necesito las ocho horas (que ahora, científicamente, se consideran casi obligatorias para una vida saludable) pero en estado de relax, puedo rebasarlas o situarlas en franjas poco habituales, dependiendo de la hora a la que me fui a dormir…

La consigna es: manda el cuerpo. Y punto.

Ahora, se acaba este período de libertad y debo volver a vérmelas con el sonido armonioso del iPad, pero …este año, estoy preparada.

Ha sido un mes de agosto lleno de muchas cosas. Muchas de ellas hermosas y energéticas, pero, otras, tristes y de reflexión y en el caso de mi querida ciudad , Barcelona, heridas terribles que te sitúan en un espacio-tiempo diferente. Todas esas cosas, juntas y revueltas, almacenadas en mi cerebro, me predisponen a pensar que, no puedo ni debo quejarme. Y que qué bien que suene el despertador…

 

Bienvenidos!

Los hijos del sol …

…o los niños de la playa….

Hubo una generación -la mía – que vivió un sol más amable. Los hijos del sol mediterráneo, eramos niños que estábamos todo el día en la playa (convenientemente embadurnados con Nivea y, creo, que sin demasiado factor de protección… o ninguno) y que después, con el crecimiento y la adolescencia, seguimos frecuentando la playa : para ponerse moreno, como lugar de reunión matinal, como “secret place” para romances veraniegos… Pero lo del moreno era esencial.

El “embadurne” entonces se hacía con  cremas bronceadoras  sin factor de protección,  que -teoricamente-te ponía moreno más rápido. Había una crema de un color marrón que te teñía la piel de un color…marrón al instante. También había ondas de cremas de zanahoria ( de laboratorios varios) con la que asegurabas el tono del verano. En aquella época, si me visualizo a mí misma con una crema de protección 50 , no me lo hubiese creído…

Hoy en día, la exposición prolongada al sol, me molesta. Lo que antes me proporcionaba placer , ahora me disgusta. En mi juventud (snifff!) podía someterme a sesiones largas , obteniendo color y… disfrutando enormemente de los sonidos, aromas, temperatura. Ahora, el sol me asfixia . Algo ha cambiado: puede ser mi cuerpo y mi tolerancia al astro rey o, también, puede ser que el sol sea, ahora, más agresivo gracias al agujero en la capa de ozono.

Ahora, me pongo morenita ( morena, ya no) pero sin sufrir demasiado en aras del tono. Me rebozo en protección, camino o estoy en movimiento y cuando me estiro, es bajo una sombrilla o el porche con hamaca del verano… Como mis vestigios de niña de playa siguen pulsando en mi memoria, de vez en cuando me tienta la posición de estirado ( vuelta y vuelta) para que mi moreno sea más integral pero es dejar que el sol me lama la piel durante unos minutos para darme cuenta que mi relación de amor con él, ya es cosa del pasado.

Antes, me fastidiaba enormente que , en pleno verano y en vacaciones, amaneciera un día nublado o de lluvia. Estos días en los que el calor es sofocante y el sol aparece cada día, más intenso, estoy deseando una mínima tregua que haga esto un poco más llevable. Este es un sentimiento extraño en los hijos del sol.  No tomar el sol… A mí me ha costado un tiempo de adaptación …Estoy rehabilitada y ahora disfruto enormemente de la sombra de un parasol de brezo, máxima protección , un libro y el sonido del mar .

Ni el sol, ni yo , somos como antes…

 

¿Qué hay que ser?

¿Qué hay que ser para desear una sanidad eficiente?

¿Qué hay que ser para querer una educación excelente?

¿Qué hay que ser para no tolerar una infancia indefensa?

¿Qué hay que ser para exigir un cuidado digno para nuestros mayores?

¿Qué hay que ser para querer la libertad de los presos políticos?

¿Qué hay que ser para desear el fin de los conflictos armados y del terrorismo?

¿Qué hay que ser para estar a favor de las políticas de preservación del planeta?

¿Qué hay que ser para exigir libertad de expresión?

¿Qué hay que ser para proclamar la igualdad sin importar raza, sexo ni credo?

¿Qué hay que ser para acoger a los que lo necesitan?

¿Qué hay que ser para luchar por un mundo mejor?

¿Hay que ser de derechas, de izquierdas, de centro? ¿Hay que ser nacionalista, soberanista, republicano, monárquico, lobista, activista, …?

¿Qué hay que ser?

NB : Hoy, post filosófico. Sorry. ; – )

Píldoras pareidoliágicas…

Descubrí la palabra pareidolia hace unos meses…

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Cosas que parecen otras cosas…

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pench

p21

Un algo que es percibido como una forma reconocible.

¿Un presidente de EEUU, por ejemplo, para reciclar urgentemente?

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Píldoras.

Este es un post liviano. LLeno de píldoras ligeritas…

Son cosas que me han llamado la atención en algún momento y que estaban en una de esas carpetas olvidadas que estaba a punto de borrar. No tiene más.

La primera cosa es la almohada del abrazo. Yo me abrazo a una , alargadita, pero que me cubre medio cuerpo. Esta, gigante, me pareción genial…

 

Vamos por la segunda: Los cubitos sádicos y crueles… Se va a entender ahora mismo.

Otra de las cosas es la “Margarita del amor infalible”. Si te encuentras una de estas por el campo, no dudes en deshojar la margarita.

Dicen que esta curiosa tradición (¿Quién no ha deshojado una margarita?) es una variación de una costumbre oriental.

(…)Unos dicen que deshojar margaritas es de orígen oriental y que la costumbre era que un enamorado(a) cogía un pétalo fresco de una margarita y lo introducía en su bolsillo durante 24 horas. Sí al cabo de las 24 horas el pétalo seguía fresco significaba que en asuntos de amor le iría muy bien. Sí en cambio, se marchitaba, debería buscar otro amor ya que las cosas no marcharian bien. Esta costumbre pasó a Europa y sobre todo a España y Portugal con la variante de que la margarita se deshojaba y a cada pétalo que se le arrancara se decia, “Me quiere”, “No me quiere”, hasta llegar al último pétalo.(…) Google.

Para acabar este listado de “cosas” , una foto de un par de salchichas de Frankfurt, que os evocará una de las marcas de lujo de la alta costura del planeta. Pertenece a la serie de fotos “Fabfood” del fotógrafo británico Linus Morales .

Ahí va el par de salchichas :


Ya os lo decía. Algo ligerito…

Allí arriba.

Estaba en el Parc del Fòrum, en Barcelona, antes de entrar a su precioso e increíble Auditori cuando levanto la vista y veo ese enorme edificio que se está construyendo. En su cima, en la parte más alta (imagino sin ascensor) me llama la atención un graffiti.

Leo “FuzI” y pienso en ese tipo, con sus sprays, subiendo hasta allí arriba para dejar su firma…No es el tipo de Street Art que más me gusta, pero me pica la curiosidad.

 

Busco información: FUZI se inició como artista de graffiti durante el final de los 80 en París .Es artista y tatuador profesional y hace un tiempo que reside en Barcelona. Es fundador del Ignorant Style. Esta “corriente” de estilo graffitero nace como respuesta a las críticas: Básicamente las críticas eran como “Si, estáis en todas partes, pero no podéis pintar, vuestra técnica es basura, es como si pintarais con la mano izquierda, no sois más que vándalos estúpidos”. Utilicé el “estilo ignorante” para criticar su propia ignorancia. Ellos jamás entenderían este estilo ni mucho menos plantearse que podía ser voluntario.Más info aquí.

Me gusta el rostro azul aunque cuando amplio la foto, me inquieta un poco pero … pienso que ya que esa mole de cemento es horrosa, la firma de FuzI no le va nada mal , incluso la mejora  un poco pero , me siento ignorante porque no entiendo que me quiere transmitir. O que se pretende que se vea desde aquí abajo…

NB : Y al ampliar la foto, esto…

 

Con ritmo ( y mosquitos).

 

Una de las cosas que más me gustan del verano, es poder leer al aire libre, debajo de un toldo que se mueve al son de la brisa y crea una melodía que es muy relajante.

Lo único es que está sensación tan placentera, deja de serlo a los 15-20 minutos en los que, parece ser, que el repelente anti-insectos, ya no hace nada a los mosquitos tigre que hay por aquí (yo creo que hasta los oigo reír) y me empiezan a incordiar con sus picaditas, aquí y allá.

Normalmente, aguanto unos segundos, antes de retirarme al cobijo de mi casa, sin mosquitos… Es por eso que aún tiene más valor, el tiempo que he estado sometida al expolio de los insectos, sólo porque el libro que estaba leyendo me tenía tan enganchada que prefería ser alimento de otra especie animal…

Esto se lo digo, directamente, a @StephenKing. . Él es el culpable de mis picaduras. Él y su libro “Quien pierde, paga”. Una novela, con tanto ritmo, casi de maratón de serie de TV , que me ha dejado indefensa ante el ataque de los mosquitos hambrientos.