Suena como un susurro…

Me parece mentira que ya hayan pasado tres décadas desde que me quedara prendada de la música de Tracy Chapman y, en especial, de su primer álbum de nombre “Tracy Champan” . ; – )

Tras este trabajo, la cantautora de Ohio, ha creado mucha de esa música suave , aderezada con su peculiar voz negra y carnosa que habla de la fraternidad universal, de la libertad, de la justicia…

Tracy ( después de tantos años, ya la puedo tutear) fue una de esos niños prodigio , favorecido por un sistema que premia estas habilidades. Con 11 años, ya escribía sus propias canciones y de la calidad sello Chapman. Becas y Universidad. En el 2004 la invistieron Doctor Honoris Causa por la Tuft University de Medford , Massachussets. Ahí es nada.

Una de las canciones clásicas de Tracy Chapman se titula Talking about a revolution y es un canto oficial contra el hartazgo del ser humano hacia el sistema, la política, las guerras,etc… o sea, un hartazgo general…

La canción es ya un clásico pero, como pasa con las viñetas de Mafalda, su letra , su intención , su mensaje no sólo no ha perdido vigencia. Se ha convertido en actual . Es tan de ahora que asusta.

Hoy, es obligatorio, escuchar a Tracy Chapman.

Suena como un susurro …

Con la traducción de la letra :

Hace 96 años…

 

Una mujer, llamada Matilde,  recibió de su padre y hermanos, un lote de ropa  en concepto de dote.

De eso hace ya más de cien años ( según las fuentes oficiales del pueblo) ya que la moza tenía 22 añitos cuando recibió el paquetito.

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Además de un colchón de lana, las dos cubiertas ( una de tela y otra de ganchillo) , las ocho sábanas ( 3 cosidas y el resto sin coser), mantelerías , servilletas y toallas ( nueve!), a Matilde le incluyeron : 2 pares de medias, 5 pares de zapatos ( y botas), 5 bufandas, 24 pañuelos de bolsillo, 3 mantillas, 2 corsés, 16 faldas bajeras, 5 delantales, 18 vestidos, 4 Blusas para vestir, 6 camisas , 5 pares de pantalones, 2 cubre-corsés y 1 baúl para ponerlo todo.

Esa mujer dedicó parte de su niñez y adolescencia a bordar las mantelerías y las sábanas y a ir acaparando los “objetos sencillos” que partirían con ella , cuando tuviera que casarse…Era una forma, también, de ir espaciando el gasto que suponía esa provisión de bienes…

Esta lista de “dote” la encontré en una vieja casa de pueblo. Me pareció un gran tesoro… Casi creí percibir la ilusión que transmitía y mi mente romántica visualizó el baúl, con toda la ropa limpia y almidonada, preparada para poner rumbo a una nueva vida… No sé si esa mujer estaba enamorada, si se caso con quien quería o con quien debía, si fue feliz o no … pero su lista de dote , entregada el ocho de febrero de 1923 ante dos testigos ( “uno que no sabe firmar”, reza la carta), me hizo “crick-crick”.

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Esta tarde voy a ver que tiene en su “Lista de Bodas” , un amigo que se nos casa en París. Además de lo de la cuenta bancaria, como inicia vida en nuevo hábitat, la pareja se ha decidido por la “lista”.

De Matilde pasamos a la versión de lista de hoy en día ( totalmente on line) en la que en unos momentos, eligiré entre esa vajilla de diseño o la extraña silla con brazos extensibles y reposapiés. Nada de ropa para “sobrevivir” y baules con olor a cera de limón . No encontraré cosas de esas entre la cafetera Nespresso y el escurridor de lechuga…

Y no sé si eso es bueno o malo…

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N.B : La dote es una práctica habitual en muchas culturas. En la India fue abolida en 1961, ya que si no se cumplían las exigencias del novio, la mujer podía sufrir malos tratos o …morir. Otra cosa es el “ajuar” , que es lo que recibió Matilde hace 96 años, una tradición que aún se conserva en Europa aunque ya en desuso, en la que la mujer aportaba enseres básicos para el hogar. Ahora, somos más de IKEA , listas conjuntas o dinero.

 

 

 

Despacito Week

“Ir despacito”. Este es el objetivo de esta semana:   la desaceleración consciente.

No se trata de ir a dos por hora y dejar de cumplir con tus obligaciones. Es casi imposible dedicar una semana a una “vida slow” sin que la dura realidad te reclame -y con prisas- pero si que es posible aprender a pararse un poquito. Como ejemplo : No vayas al centro comercial tipo Hiper en el que encuentras de todo aunque sea “plasti-masificado”. Dedícate a comprar por las tiendas de tu barrio o en el mercado. Ese pan del horno de tres calles más abajo, el queso de la charcuteria de la esquina, esas cosas que nos gustan y que sabemos que son excelentes pero que dejamos de disfrutar “por no ir hasta allí”.

Es muy difícil esto del “ir despacio”, pero ya se adivina que es bueno. Extrapolando el concepto de la vida a la comida, el llamado “Slow Food” significa disfrutar de la comida y del placer del rito, en sí mismo. No es lo mismo abrir un paquete de ensalada mezclum que comprar tres o cuatro tipo de lechugas , frescas y crujientes. Esa cebolla tiernaaaa, el tomate que huele a tomate y frutos secos de todo tipo… Creas una obra de arte, una ensalada de colores que no debes comerte rápido. Te sientas, te recreas con el aliño ( un vinagre de jerez o Módena, aquel aceite de oliva casero o ese que te han regalado que está emulsionado con albahaca).

Y cada bocado , lo disfrutas y olvidas que la palabra engullir , existe.

La semana del Despacito Week promulga que te comas la vida igual que esa ensalada , paladeándola.

Buen  (y lento) provecho !

NB : Ilustraciones de Leif Parsons, NY. Un descubrimiento.

 

Un mar.

Nadie sabía quién era aquella mujer que aparecía en la puerta de la Iglesia justo cuando tiraban el arroz a los novios. Siempre parapetada bajo un gran pamela blanca y con un gran bolso en la mano del que emergían pañuelos de lino, se acercaba a la madre de la novia o a la abuela o…cualquiera que estuviera llorando en ese momento.Se acercaba suavemente, deslizándose desde sus tacones , sin dejar ver su rostro, tomaba un pañuelo y enjugaba las lágrimas de aquél o aquella que estuvieran en ese trance.

Después, disimuladamente, guardaba el pañuelo en el bolso. Lo hacía con un movimiento estudiado, depositando su botín en unos frasquitos de cristal con una tapa hermética que había en el interior.

Hacía unos años, que había ampliado su ruta a las puertas de los Juzgados. Había descubierto que las bodas civiles también tenían los momentos de lágrima que a ella le interesaban. Las maternidades, también,  pero era más difícil pasar desapercibida con su bolso lleno de pañuelos…

Aquella mañana, la excursión de aprovisionamiento de lágrimas, había sido provechosa. Las bodas que había elegido, según la ruta programada, habían sido de las muy lloronas. Los pañuelos, estaban empapadísimos…

Cuando llegó a su casa, se dirigió directamente al laboratorio. Ni siquiera se sacó la pamela y se dio un susto de muerte cuando se vio reflejada en la tapa del centrifugador ultrasónico.

Nadie dijo que sería fácil conseguir un litro y menos, trabajando de incógnito pero…ya casi lo tenía. Examino la botella que contenía el destilado de lágrimas de bienestar. Le hubiese gustado llamarlas “ de la felicidad” pero de esas, de las puras , quedaban muy pocas y eran difíciles de conseguir. Las lágrimas de bienestar también servían a sus propósitos. Concentraban el justo estallido de amor en el pecho, el brinco equilibrado del corazón, la inclinación por el abrazo, una alegría dosificada y, sobre todo, una sensación poderosa de bienestar. Había mezclado todo eso con las lágrimas de risa, que había conseguido colándose el los banquetes aunque eso, en los tiempos actuales, cada vez era más difícil…

Los efectos del destilado eran sorprendentes. Sólo era necesario evaporar una minúscula fracción, menor que lo que es nano, para conseguir que el bienestar, se propagara con rapidez. Ese “Bien Estar” era un estado mental en el que la serenidad y el optimismo se mezclaban con precisión. Activaba lo mejor de  cada ser humano y lo potenciaba…

Se sacó la pamela y la colgó con el resto. Decidió que para la próxima ruta, se pondría la de color azul celeste…

El centrifugador ultrasónico emitió un zumbido. Vio como unas gotas de un líquido transparente y sedoso, atravesaban el alambique y caían en la botella.

Ya casi tenía su litro y debía contactar con la organización para poder entregarlo. Repartidos por todo el mundo, miles de colaboradores recolectaban lágrimas de bienestar. No habían querido que las grandes corporaciones de poder se apropiaran de la patente y dejaran a la humanidad sin el elixir mágico. Lo contagiarían a la población y el efecto tendría un crecimiento exponencial… Conseguiríamos salir de esta…

Hacía años que estaban recolectando y, pronto, conseguirían su objetivo.

Faltaba poco. Apenas unos cien millones de kilómetros cúbicos y ya estaría…

Tendrían un mar.

 

 

¿Con cuál te quedas?

 

2045.

Opción 1.

Gran elección Sr. 2037. Una buena añada para esta Bodega. Es de las pocas que quedan totalmente limpias. Si le parece, le pasamos el contador.

Gracias. Estoy seguro de que es un vino excelente y limpio, por supuesto, pero si me lo permite, utilizaré mi contador. No es que desconfíe pero sé que el mío está perfectamente calibrado.

No hay inconveniente .Si lo desea, también le puedo traer el rodaballo que ha elegido para su cena y mira los valores.

Perfecto.

Eusebio Florindez está en su restaurante preferido. Espera que el vino le borré el olor a desinfectante que se le ha adherido a la pituitaria, tras pasar la zona de descontaminación del local. En la sala previa, se ha quedado su mono de aislamiento y la máscara adicional que siempre lleva consigo.

Ha elegido rodaballo porque aunque le digan que esas terneras de seis patas y cinco ojos, están limpias de radioactividad, él nos la tiene todas consigo.

Cuando le traen la botella de vino y el pescado, saca su contador Geiger con parsimonia.

 

2045

Opción 2.

– Gran elección Sr. 2037. Una buena añada para esta Bodega. Utilizan abonos orgánicos y la producción mecánica se realiza con energías renovables.

Gracias. Estoy seguro de que es un vino excelente.

Perfecto para acompañar al rodaballo que ha elegido para su cena. Su sabor es insuperable. Desde que no hay vertidos de hidrocarburos en el mar, ni plásticos, ni mercurio, ni tóxicos, ni contaminación , hemos recuperado una calidad excelente en el pescado.

Estoy deseando saborearlo.

Eusebio Florindez está en su restaurante preferido. Está celebrando su pronta recuperación gracias a la nanotecnología médica y espera que el vino le haga olvidar los momentos de incertidumbre y angustia. Ha dejado su bicicleta en la puerta. Tiene previsto dar un largo paseo por la ciudad para disfrutar de sus avenidas verdes, el cielo azul sin monóxido de carbono en el ambiente y el canto de los pájaros… Es pronto para las flores pero ya se huele la primavera…

Cuando le traen la botella de vino y el pescado piensa en brindar por su salud pero, al final, decide que lo hará por la erradicación definitiva de la pobreza infantil. Es una buena noticia que celebrar. La más importante desde que cesaron las guerras en el planeta.

Si te digo que elijas el más plausible, ¿Con cuál te quedas?

Si te digo que elijas el que deseas , ¿Con cuál te quedas?

A mí también me ponen estética…

Imaginad que tenéis una bodega.

Es grande.

Ahí (se supone que podría estar localizada en el área de Broca),  al fresco y en la oscuridad  , se almacenan miles de…palabras.

Cuando hablamos y abrimos esa bodega para seleccionar la palabra que necesitamos,  activamos una búsqueda en una media de 30.000 palabras.  Y cuando hablamos,  accedemos a una media de 150 palabras por minuto.

Y lo hacemos de forma fluida, fácil, inconsciente y muy, muy  rápida. El cerebro recupera las palabras que las personas quieren expresar en menos de 200 milisegundos. Y cuando uno va deprisa…se equivoca.

lengua

Cada siete minutos ( una 1000 palabras pronunciadas), es posible que se produzca un error. O sea, que nos equivoquemos al coger la botella de la bodega o al ponerla encima de la mesa. Depende de si el error es de orden o semántico…

Estos errores “verbales” al hablar,  son los  “Laspus Linguae” (Resbalones del lenguaje) y hay de muchos tipos: de cambio , de anticipación , de repetición, sustitución , mezcla… También se llaman “spoonerismos” en honor al Reverendo William Augustus Spooner que cometía muchos . Este es un ejemplo :  en una ceremonia matrimonial  pronunció :  “Se besumbra acostar a la novia”

 

gallina

Lo curioso de estos Lapsus Linguae es que el receptor del mensaje, aun lidiando con palabras falsas o mal colocadas, lo entiende perfectamente. El análisis del contexto y toda la información que estamos procesando en la conversación, nos permite “entender”al que se ha ido a la bodega y ha vuelto con la botella equivocada. Nos la bebemos igual…

Este rollo sirve para acabar con lo que yo quería acabar.

Voy en un taxi . Lo conduce una mujer de unos 50 años, dicharachera y habladora (cuanto más produces, más posibilidades tienes de equivocarte). Me pregunta que ruta prefiero y ella me recomienda la de las redondas. Entiendo, a la perfección, que se refiere a las rotondas. En un cruce especialmente complicado, se da una situación crítica y la taxista le da con ímpetu al claxón, increpando al otro conductor y exclamando absolutamente indignada:

 

estetica

Y…lo entendí.

Le respondí : A mí también me ponen estética…

 

Fin de la vida útil, programada.

Este post empieza cuando mi impresora se empeña en no imprimir…

Ya estamos con lo de la Obsolescencia Programada , claro. Sigo recordando ese documental … Sé todo lo que va a pasar…

Y es que el documental “Obsolescencia programada” te deja de piedra. Empiezas, siguiendo la estela de un informático al que se le estropea una impresora.  Viajas al mundo del diseño de “la vida útil” del producto y descubres que la impresora está bloqueada, para que no funcione, para que se muera después de un tiempo de uso programado y deje de ser un bien útil. Nos envían directos a comprar otra…

La cosa no queda ahí, también te llevan a Ghana y allí ves lo que pasa con todos estos residuos de nuestra sociedad de consumo. Utilizamos a los países pobres como grandes vertederos de escombros…tecnológicos.

Me he acordado de la nevera de mi abuela. Una cosa monísima (ahora sería retro) que acabamos tirando por el deterioro de la laca exterior pero que funcionaba como una máquina de precisión. Ahora me doy cuenta que era una reliquia … Un objeto útil, diseñado para durar lo máximo posible.

O esa bombilla que está en Livermore’s (California) y que lleva 115 años ¿?encendida ininterrumpidamente ( antes de que los fabricantes de bombillas se dieran cuenta que si las fabricaban así, no harían negocio)…

Está en una pequeña estación de bomberos y desde hace un tiempo, se puede ver la bombilla encendida, en directo, gracias a las webcam. En la web, ironizan con este dato: ya han cambiado 3 cámaras que se han estropeado en este tiempo...

Y, por cierto, solo consume cuatro vatios…

Estamos en un sistema incompresible e insostenible  que se nos está yendo de las manos.nEs más, es posible que tenga el fin de “su vida útil” perfectamente programado.

Y , sí,  me voy a comprar una impresora nueva … : – (

 

 Links 

Documental “Comprar, Tirar, Comprar” (Obsolescencia Programada)

Bombilla Centenaria : Livermore’s Centennial Light Live Cam

 

 

Apabullante.

1.       Apabullar : tr. coloq. Confundir, intimidar a alguien, haciendo exhibición de fuerza o superioridad.

Calor apabullante…

Y es que estos últimos días,  la temperatura confunde e intimida… Los trayectos son más largos y pesados, también el aire es más denso y el sol…El sol está narcisista y deslumbrón…

Todo el mundo repite  : ¡Qué calor!

Un calor apabullante haciendo su exhibición de fuerza y superioridad…

 

Si soy sincera, más que la situación lo que lo hace apabullante son las circunstancias.

Este apabullador profesional , mutado por el cambio climático,  no tiene el mismo efecto en una playita de Formentera con una bebida helada y en un estado de remojo continuo en esas aguas cristalinas. O, por ejemplo, a la sombra de un árbol de follaje denso, al pie de un riachuelo, en el que se balancean tus pies, fresquitos. O , debajo de una gran porche sombreado y bendecido por una brisa fresca ,en una hamaca , con un café con hielo y un buen libro entre las manos…

polo1

En esas situaciones, su efecto apabullador se desactiva, hasta casi desparecer. Es un calor distinto. Es calor pero ya no es apabullante…

Hecha esta reflexión me he dicho que podía intentar engañar a mi mente .Si le doy una sobredosis de imágenes refrescantes, es posible que pueda neutralizar al apabullador.

Eso y la indiferencia…Hacer como que no está.

¿Un heladito?

Compro prisa.

 

serious running businessman and big white clock in dark room

-¿Tienes prisa?- Más que una pregunta es una constatación de un hecho. Yo estoy sentado, tranquila y serenamente, en mi sofá amarillo mientras él, me habla desde la cima de su altura, paseándose casi como un péndulo. Aquí, allí, aquí, allí… Tiene prisa.

-Sí, mucha.

Yo no tengo prisa. Estiro mis piernas y las relajo encima de los  cojines. Dejo que mi espalda se amolde suavemente al respaldo del sofá. Cuando ya estoy en una posición agradable, me quedo unos segundos suspendido en la nada, deleitándome con el paisaje que me ofrece la naturaleza desde mi ventana…Eso sí que es un  privilegio. Observó ese campo de trigo, aún muy verde, que la brisa mueve y ondula como si fuera un mar. Casi puedo oír el susurro delicado que te arrulla como la más exquisita de las nanas…Lo único que me resulta molesto, es este tipo con prisa…

No me voy a sentar en este sofá, ni voy a perder el tiempo tomando un café contigo. Te repito que tengo mucha prisa.

-Cuando dices “mucha” ¿De cuanta hablamos?– Le dejó que calcule una cifra. Normalmente, la transacción se realiza de esta forma: ellos me dicen cuanta tienen y yo le pongo un precio. Si interesa, bien. Si no… no pasa nada. Hay mucha oferta.

Se me antoja un buen momento para hacerme una infusión relajante. Creo que voy a probar el té de frambuesa que me trajeron de Nepal. Me lo tomaré, sorbo a sorbo, dejando que el calor inunde mi cuerpo y el sabor de las fresas silvestres me conforte. Las nubes cambian de forma y se deslizan por el cielo, empujadas por un suave viento que esparce el aroma de este verano ya moribundo. Me apetece abrir las ventanas…

Yo creo que un par de kilos.– me responde  el hombre que tiene prisa– ¿Te van bien? Necesito el dinero y, de verdad, me tengo que ir ya.

No es mucha, pero con eso puedo pasar-Calculo cual sería el precio justo según los índices de cotización de la prisa en el mercado. Le digo la cifra y el asiente, moviendo enérgicamente la cabeza,  y me doy cuenta que estoy comprando prisa de una gran calidad. La necesito para cuando viajo a la ciudad o cuando me convocan para reuniones de negocios. Desgraciadamente, yo nunca he tenido prisa y, por eso, me veo obligado a comprarla.

Cuando estoy cerrando el gran tarro de cristal en el que he guardado la prisa recién adquirida, oigo como hierve el agua de la tetera. Me dirijo al hombre que acaba de venderme su prisa y le invito a probar el té de frambuesas del Nepal.

Nos sentamos los dos.  Estamos cómodos y relajados y nuestra mirada se pierde en el baile del trigo y en las montañas que se adivinan en la lejanía. El contraste cromático es de una delicadeza exiquisita: las pequeñas cimas se recortan contra un cielo de un azul turquesa casi imposible que se une a la franja del verde, fresco y chispeante…

Este té está delicioso-me dice mi proveedor de prisa.

Le agradezco el comentario y doy otro sorbo. Las fresas silvestres estallan en mi paladar y lo acarician.

Sí. Está delicioso…