Una onironauta en potencia ( que no lo es).

No news. Nada nuevo en el horizonte de mis sueños. Un par de veces, he registrado el mismo lugar isleño y encantador en el que me muevo pero los recuerdos fugaces de mis sueños,  no han sido nada relevantes.

No he vuelto a ser consciente de estar soñando en mi sueño…

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Ya he acabado el libro y confirmo que tengo un regusto a pseudo-ciencia y detecto un excesivo optimismo en la capacidad del ser humano de controlar el mundo onírico. Nuestra neuronas son astutas, mucho más que nosotros, así que difícilmente dejaran que controlemos sus sistemas de borrado y orden…

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Cierro mi apartado onironaútico de este blog hasta nuevo evento nocturno de despiste neuronal.

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NB 1 : Eso sí, mis registros de sueños me han dado una idea para un relato. ; – )

NB 2 :Una onironauta en potencia : (I); (II) (III); (IV);

 

 

Muy fan de San Cucufato.

 

Preparando la maleta y vaciando el bolso de cosas no imprescindibles para el viaje que iba a realizar, decidí dejar en casa mi agenda. Es una pequeña agenda “física”, no muy grande pero abultada. Tiene sus anillitas, sus apartados anuales, mensuales y notas. En esa agenda están señaladas las fechas importantes que debo tener en cuenta, las contraseñas y passwords de las cosas que no utilizo habitualmente pero que, a veces necesito, notas y recordatorios… ¿Qué por qué no me lo paso todo al teléfono? Pues no lo sé. Creo que soy de la vieja escuela analógica y aún debo escribir (a mano) para recordar.

El tema es que no es una agenda cualquiera. Es: “La Agenda”. Decidí no dejarla a la vista y, en un acto de máxima estupidez, elegí un lugar no habitual. Es más, pensé: “Aquí nadie la podrá encontrar”. Y digo de máxima estupidez, porque siempre que he hecho esto a solas, no ha funcionado.  Si hay alguien en casa, le notifico el lugar en el que he depositado el objeto en cuestión y así, si yo lo olvido, tengo quien me lo recuerda, pero…esta vez, estaba sola. Y lo hice.

¿Por qué siempre el mismo error, si sé que hay posibilidades de que no me acuerde? No tengo la respuesta… ; – )

A la vuelta del viaje, busco la Agenda y…no encuentro la Agenda. Casi (el casi es definitorio en esta situación) estoy segura del gesto que hice y dónde la dejé, pero… No está. Desordeno y vuelvo a ordenar. Vacío bolsos y cajones. Doy dos pasos hacia atrás y me concentro en San Antonio, pero, pasan las semanas y mi “La Agenda” no aparece.

Ayer por la tarde, me llega el Recambio 2018 que he comprado online. El fajo de hojitas que me sitúan en el año próximo, hace evidente que yo no tengo La Agenda. Y, vuelvo a empezar. Abrir, cerrar, palpar, apartar…Recuerdo el post que escribí sobre este tema hace un tiempo y pienso en que mis neuronas no se están conectando para recordar el dónde, pero me hace rememorar a San Cucufato y la oración sádica para encontrar objetos perdidos así que me encomiendo a San Cucufato.

De repente, me voy de la estancia en la que estaba “casi” segura que había dejado La Agenda. Voy diciendo lo de San Cucufato (pobrecillo). Reviso unas estanterías de libros, muevo algunos marcos de fotos, pero San Cucufato me dice que me gire y mire en el interior de la cesta de mimbre que hay en una mesa auxiliar.

Y, sí, ahí está. Abultadita y preciosa. Con las hojas viejas y manuscritas con mis anotaciones. La Agenda…

Así que, he cambiado de bando y ya no soy de San Antonio. Ahora, soy muy fan de San Cucufato…

 

Los objetos perdidos, San Cucufato y las neuronas.

San Antonio cumpliendo su cometido de nuevo… Hace un tiempo os hablaba de la pérdida de mi carnet de conducir y la milagrosa intervención de San Antonio a un par de horas de ir a hacer una cola kilométrica y lenta en la Dirección General de Tráfico.

Esta mañana, un amigo me ha comentado que había perdido su cartera. No sólo había irritación por la pérdida de la documentación, las tarjetas de crédito y el dinero si no que allí, en esa cartera, habitaban los números de Lotería a los que jugaba este año. Propios y compartidos ( Glups! aquello del “guárdalo tú”).

Además de repasar su último-recorrido-antes-de-perder-de-vista-la-cartera, le he dicho que hiciera lo de San Antonio (la verdad, es que nos hemos inventado una “oración”; – )) A media tarde he recibido un mensaje : SAN ANTONIO, QUE GRANDEEE!

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Recuerdo que me comentasteis que, además de San Antonio, hay un San Cucufato al que, por medio de coacción física, se le amenaza cruelmente para que nos permita encontrar el objeto perdido. Básicamente, al decir la “oración”, se atan unos nudos a un pañuelo, en alegoría a atarle los testículos. Pensad, por un momento, lo que se le está haciendo a ese Santo…

 

objetosperdidos

Así que me ha dado por buscar la historia de San Cucufato, el pobre santo con congestión testicular. Resulta que es el patrón de la ciudad de Sant Cugat (Barcelona), lugar que frecuento por los buenos amigos. Este hombre, que vivió a mediados del S.III, resultó ser algo así como un súper-héroe. Por mucho que intentaban matarlo, sacrificarlo, torturarlo, él salía siempre bien parado. Le abrieron el estómago y le sacaron las tripas. No problem. Él se las metió de nuevo y se cosió la barriga. A lo Mc Gyver. Lo echaron a las fieras y se tumbaron a su vera. Mansas. Pues…a la hoguera y …el viento la apagó. Hay diferentes finales para su historia. En una versión se dice que el Santo quería morir mártir y que así lo pidió a Dios y este, para recompensarle, se lo concedió. Lo desollaron vivo. La otra versión es que , hartos de no poder acabar con él, las Autoridades del momento mandaron decapitarlo y parece ser que en esta ocasión nada falló ( podía haberle dado un infarto al decapitador, por ejemplo) y finalmente, San Cucufato nos dejó.

La figura, por eso, está contrastada a nivel histórico y documentada por las Crónicas del escritor Aurelio Prudencia, contemporáneo al santo.

SantCugat1

Sus restos están en la basílica del monasterio de Sant Cugat del Vallés ( precioso, por cierto).

SantCugat2

Vista la vocación de mártir de San Cucufato, supongo que lo del pañuelo no se lo tomará a mal. No obstante, puestos a elegir lo de San Antonio me parece menos…doloroso.

Hagamos un San Cucufato o un San Antonio ¿Qué es lo que pasa por ahí, en el mundo de nuestras neuronas, para qué estas “invocaciones” funcionen? Esto es lo que he descubierto:

  • Hay un proceso de concentración inducida. El hecho de recitar las oraciones ( o mantras o chascarrillos) o atar los nudos del pañuelo, nos permite instaurar la calma vs la precipitación. En el momento en que nos damos cuenta que hemos perdido algo, nos domina la compulsión. Buscamos sin sistema, presionados por la consecuencia de la pérdida. En realidad, no hay objetos perdidos, si no buscadores nefastos. Calma y Sistema. Eso es lo que nos proporcionan Cucufato & Antonio.

 

  • Activación de las conexiones neuronales. El recuerdo de la “oración” (San Cucufato, San Cucufato, con este pañuelo los huevos te ato y hasta que (objeto que queremos encontrar) no aparezca no te los desato.) y el recitarla de memoria, activan las conexiones neuronales y esto provoca que se faciliten los recuerdos. Buscan la información.

recordar

Por lo tanto, hay dos opciones : 1) Creerse que hay un Santo que te guía en la búsqueda (por qué sí o bajo coacción) o 2) que las neuronas se activan y recuerdan.

Y sea la que sea la opción que nos motive, el objetivo se cumple : encontramos.