#NuevaRealidad ( La bolita.)

Siento la inquietud pandémica previa al confinamiento de la primavera pasada, así que me he dedicado a embadurnar un bastidor muy antiguo con pintura de pizarra.

Tenía una misión : hace ocho años me regalaron un móvil de viento.  No emitía ningún sonido, pero cuando se movía al son del viento, una bolita de cristal tallado , que estaba insertada en el centro, pendiendo de un hilo, reflejaba la luz del sol, creando un juego de luces precioso.

El tiempo, el viento, la lluvia, el sol… No sé quién es el culpable, pero la bolita de cristal cayó al suelo. No pude volver a ubicarla en su lugar…

Así que ahora,  sigue cerca del móvil, pero pegada a un bastidor embadurnado de pintura de pizarra en diferentes tonos tierra y gris.

Y yo me he calmado un poco…

NB : Así era el móvil…

#NuevaRealidad (life.)

La pandemia ha cambiado muchas cosas. Estos dos últimos años, he visitado un hospital oncológico con asiduidad como acompañante. Hemos estado esperando en salas de espera muy llenas y hemos sufrido los retrasos en las horas de visita y pruebas.

Ayer no pude entrar a acompañar. Si no es por causa de fuerza mayor, el paciente debe acudir solo a la consulta. El tiempo de espera transcurrió entre el soplo de aire fresco del aire acondicionado del coche y los paseos nerviosos por el aparcamiento, buscando la sombra para aliviar el calor de la mascarilla. Allí había otros muchos acompañantes haciendo lo mismo que yo. Todos dirigiendo la vista hacia la puerta de entrada para localizar la salida de nuestro acompañado.

La espera no fue tan larga porque las visitas, ahora, en tiempos de pandemia,  se realizan con más agilidad y aún se me hizo más liviana, porque culminó con buenas noticias.

En un momento de mi paseo por los alrededores del hospital, caminé por una zona de tierra. Iba leyendo algo en el móvil y casi pisé este brote verde, aislado pero esperanzador. Le hice una foto y pensé en esa frase tan familiar de que la vida, acaba encontrando una forma de abrirse paso.

Espero que se convierta en árbol…

#NuevaRealidad (los buenos.)

He vuelto a ir a la Residencia. Cada visita es como una nueva visita.  Hay que explicar el porqué de esas mascarillas cubriendo nuestro rostro y, lo más importante, por qué no podemos salir a pasear .

En cada una de las ocasiones de 30 minutos cronometrados y a dos metros y medio de distancia, yo misma he sentido que eso que estaba narrando parecía una película de ciencia ficción serie B. “Pandemia Total”. No muy buena, la verdad.

Photo by Jakob Owens on Unsplash

A la salida, como en días pasados, al ver a la gente en la playa, he sentido que realmente me había inventado una película.

Si hubiésemos podido salir a pasear, seguro que me habría preguntado por qué llevamos la mascarilla, señalándome a todos los que no lo hacían. O sí la llevaban, pero en el codo…Supongo que le hubiera contestado que estábamos en una película y que , en esta versión de “Pandemia Total” solo los buenos las llevan.

Desde ayer en Cataluña, es obligatorio llevar la mascarilla en espacios públicos exteriores, aunque se pueda mantener la distancia de seguridad. Y como lo que yo quiero es llevarlo a pasear, me parece muy bien que, en esta película tan mala, tan larga y de final incierto, sólo puedan actuar los buenos. Nos irá mejor a todos…

@unitednations

Y hasta nos pueden dar un Oscar…

#NuevaRealidad (habemus aceite.)

El aceite de las flores de albahaca ha sido un éxito.

Me he pasado diez días, agitando el frasco .

También le he dedicado palabras afectuosas… Espero que nadie me haya visto piropeando al potecito.

Hoy, lo he filtrado con un colador, y lo he pasado a una botella. El aroma a albahaca ha invadido la cocina.

He puesto unas gotas en un plato y he untado un trozo de pan. Delicioso.

Su estreno ha sido en una ensalada de rúcula, tomate cherry ,  burrata y unos piñones tostados…

#EnFase1 ( lo del perejil.)

Voy avanzando en mis salidas en #Fase1.

Acompañar a mi madre al médico : malas sensaciones respecto al sistema. Retraso en el horario de visita, sala de espera pequeña, nervios de los esperantes…Hemos preferido esperar en la calle. Resolvemos el tema en cuatro horas, cuando habíamos estimado la mitad. Mi madre está contenta y asombrada de lo bonita que está Barcelona. El cielo está muy limpio, hace sol, los árboles están preciosos. Aprueba a sus conciudadanos : la mayoría cumple las normas…

Comprar albahaca en el garden : buenas sensaciones. Espacios amplios, al aire libre, muchas plantas…Quería perejil, pero se ha convertido en el nuevo papel higiénico, el nuevo tinte para el pelo y la nueva piscina hinchable. Está agotado. Tampoco hay rúcula, pero eso es normal, siempre me cuesta encontrarla. Acabo con albahaca, de los dos tipos: hoja ancha , hoja pequeña. Las riego cada día , por la tarde, y me encanta el aroma que esparcen cuando las toco.

Fotografiar la luna : Por fin, he encontrado la pieza que le faltaba al trípode. Era cuestión de tiempo . Ya no me quedan cajones por ordenar… La temperatura nocturna es ideal. Los mosquitos me devoran los tobillos. Huelo la albahaca. Mi nueva realidad empieza a ser más parecida a mi antigua normalidad…

#Encasa ( lo del aplauso final)

Photo by Luis Melendez on Unsplash

Llevamos dos meses , conectándonos a las ocho de la tarde para rendir el homenaje al personal sanitario. En mi zona, como ya os he comentado en otros post, con unos vecinos con altavoz en el balcón y el  “Resistiré”.

Ya hace un par de semanas que se oyen menos. Ya no son tan intensos. Hay gente que se ha incorporado a su vida laboral, otros a los que pilla en el paseo, saliendo o entrando. El desconfinamiento hace que sea más probable que no estemos a las ocho en casa. Supongo que también hay cansancio emocional .

La cosa es que ayer, a las ocho en punto, casi no oímos aplausos. El vecino del radiocasete nos informó, desde su terraza,  que ya había acabado la fase de música en el barrio.

¿? Me produjo una sensación de desconcierto. El personal sanitario sigue sufriendo los déficits de un sistema mal estructurado y sin recursos. Ya sé que, solo aplaudiendo, no se conseguía más que un vínculo de apoyo y reconocimiento, pero servía para recordar, diariamente, un mensaje potente.

No sé si algún día dejaremos de aplaudir. Puede ser que no dejemos de aplaudir nunca, aunque sea en la intimidad pero confío que intentaremos hacer todo lo que podamos para contribuir a su causa.

Algo bueno tiene que salir de todo esto y si es una sanidad reforzada y valorada, tendremos , todos, un futuro mejor.

Eso sí, confieso que lo del “Resistiré” ha sido un alivio…

#NaNoWrimo2019

Vuelvo a intentarlo.

50.000 palabras en un mes.

Llevo 2808 palabras de “Zapatos de tacón del 46”. Una idea que me sobrevuela hace un tiempo y que no sé si sabré plasmarla como aparece en mi mente.

La foto de la portada de la novela para el NaNo, es de la web neoyorkina Syro, especializada en calzado de tacón para hombre.

NaNoWriMo, o National Novel Writing Month (mes nacional de la novela escrita), es un proyecto de escritura creativa originado en el  San Francisco, en el cual cada participante intenta escribir una novela de al menos 50.000 palabras durante el mes de noviembre.

No se dan premios por excepcional tamaño, calidad o velocidad. Cualquiera que pase el límite de las 50.000 palabras es declarado “ganador”.

Para “ganar” en el NaNoWriMo, los participantes deberían escribir un promedio de unas 1667 palabras al día, lo cual es casi dos páginas con espacio sencillo y fuente tamaño 12. (Wikipedia , dixit)

Más info : NaNoWrimo.org

Los cicatrices.

Este es el ejercicio nº 6 del Taller. Consiste en escribir un relato en el que debe aparecer este extracto de”Valentía” de Richard Bausch.

«Cuando se hubieron marchado él volvió al dormitorio. Eva se había acostado en la cama. Él se sentó al otro lado, dándole la espalda. De pronto se sentía muy cansado y mareado.

¿Quieres contarme qué ha pasado? dijo ella.

¿Acaso te importa lo más mínimo? dijo él.

Gabriel, ya sabías que esto iba a pasar…

Él se puso en pie y se quitó la camisa. Notaba las quemaduras en los brazos. Le dolía todo. Entró en el baño y se lavó la cara. Luego se cepilló los dientes. En el dormitorio, Eva parecía muy quieta. Él apartó las mantas de su lado de la cama».

 

Photo by Matthijs Smit on Unsplash

Los cicatrices.

Eva se despidió y subió al dormitorio. Él la observó ascender las escaleras, indiferente, con un aire majestuoso, sin mirar atrás, sabiendo que era el fin.

Más de diez personas, ocupaban el salón de la casa. El orden que imperaba en aquel hogar se había visto alterado por la presencia humana y por el ruido.  Nada de eso interesaba a Eva. Es más, todo eso era lo que odiaba Eva. Para él, suponía todo lo contrario. La gente y la música formaban parte de su ser, de una forma profunda, imposible de aplacar. Había intentado cambiar por ella. Trabajo, estilo de vida, incluso su forma de vestir, pero a ella no le parecía suficiente. Los años de dosis acumuladas de formalidad lo habían llevado a un punto de saturación máxima. Sentía un impulso salvaje a punto de salir a la superficie.

Eva había estado seria durante toda la velada. La realidad de cada personalidad caía bajo su propio peso. Parecía contenerse para no colocar bien los cojines del sofá, llevar posa vasos para las latas de cervezas y vaciar los ceniceros humeantes. Había conseguido mantenerse inalterable, hasta que explicaron, detalladamente, en qué consistía el rito de iniciación. Su reacción de desagrado fue la única emoción visible en su rostro. Después, la mirada que dirigió a Gabriel había respondido a todas las preguntas. Ella, no quería que se uniera al grupo.  Y él, se había propuesto con toda su alma, rechazar aquella oferta y seguir con su vida tranquila con Eva.

A la hora acordada, aparecieron todos, preparados con todos los instrumentos y empezó a sonar la música.

No pudo pararlo. No quiso pararlo.

Cuando se hubieron marchado él volvió al dormitorio. Eva se había acostado en la cama. Él se sentó al otro lado, dándole la espalda. De pronto se sentía muy cansado y mareado.

― ¿Quieres contarme qué ha pasado? ―dijo ella.

― ¿Acaso te importa lo más mínimo? ―dijo él.

―Gabriel, ya sabías que esto iba a pasar…

Él se puso en pie y se quitó la camisa. Notaba las quemaduras en los brazos. Le dolía todo. Entró en el baño y se lavó la cara. Luego se cepilló los dientes. En el dormitorio, Eva parecía muy quieta. Él apartó las mantas de su lado de la cama.

— ¿Lo has hecho? – preguntó ella. Seguía inmóvil, pero se oía su respiración, más agitada de lo habitual.

Él se estiró a su lado e intentó acercar la manta, evitando el más mínimo roce con sus brazos quemados. El rito de iniciación había sido brutal: el juramento, la escarificación, la celebración. Demasiada música, demasiado hierba, demasiado alcohol.

–Si, Eva, lo he hecho. Soy del grupo. Sé que te da igual, que no quieres compartir esta locura, pero a mí me hace feliz.

–Te importa más la música que yo-susurró ella.

Él no le respondió. En silencio, extendió sus brazos cuidadosamente, y miró las marcas, hechas con un hierro candente, como los que se utilizan para marcar las vacas o las ovejas. En el brazo derecho, las baquetas de su batería. En el izquierdo, sólo dos palabras: Los Cicatrices.

Sí, Los Cicatrices, la banda de rock más famosa del país. Todos sus miembros llevaban un branding del instrumento y el nombre del grupo. Sus marcas decían que, ahora, él era el nuevo batería y …que había perdido a Eva. Todo en una misma noche.

-Quiero el divorcio, Gabriel-dijo ella.

-Yo quiero Rock and Roll-dijo él.

 

 

Los Otros Ejercicios :

1) Libertad

2) El Asimétrico Supremo

3) Hope

4) El viejo Santpere

5) El faro

 

La colchoneta : hecho.

Lo de la colchoneta ha sido un desastre…parcial.

El error esencial ha sido la elección del modelo. Un extraño “dos piezas” que se podía convertir en sillón o colchoneta al uso.

El diseño hace que haya una zona, en el centro, en la que no hay área inflable. Como era de esperar, esa es la zona en la que aterrizas cuando intentas estirarte y la misma que se dobla, con efecto “V”, dejándote en medio, en la susodicha posición: en “V”.

En alguno de los intentos, aguantando la colchoneta a cuatro manos, uno conseguía estirarse, pero, al intentar subir hacia la zona del reposa cuellos, se volvía inestable.

La colchoneta me ha expulsado de su territorio. Tenía vida propia … Revolcones continuos y continuos intentos de dominarla.

El desastre es parcial porque esta extraña pelea con el artefacto flotante, me transportó a momentos veraniegos ( y muy felices) de mi infancia.

Nada como tragar un poco de agua de piscina para recordar la niñez…

 

 

El delantal.

Tengo unas estanterías llenas de pinturas, aerosoles, barnices, pinceles, cajas con “cosas-para-pegar” y bastidores o lienzos usados… Son cuadros de otras épocas, anticuados,  en los que algo salió mal o me cansé de verlos…Están allí, esperando una segunda oportunidad… Y llevan años esperando…

Justamente, estas últimas semanas, ha habido varias personas que me han preguntado: ¿Ya no pintas?  La respuesta me ha dejado un poco inquieta: ¿Ya no pinto?

Siempre he sido una mala alumna de arte y nunca, había deseado pintar. Es más: todo lo referente a las artes plásticas me salía francamente mal. No sé cómo llegué a comprarme el caballete (que nunca utilizo, por cierto) ni el primer bastidor. Sí que recuerdo la risa de mi padre cuando vio mi primera obra que fue un verdadero churro pero, en su ejecución, descubrí lo agradable que era estar al sol, con las pinturas, el lienzo en blanco, la música…

Las flores que pintaba no parecían flores, ni los paisajes, paisajes…Ante mi nefasta progresión en todo lo referente al realismo, me pasé al arte abstracto. Era lo único en lo que podía evolucionar.  Descubría las texturas, las pinturas de relieve, el látex, la arena para manualidades,  los rodillos, las cucharas de madera y…una sensación de “todo vale”. No importaba que no tuviera ni idea. Pero, lo mejor, es que esos momentos de abstracción, con las manos manchadas de pintura, se convirtieron en una gran terapia anti-estrés. De equilibrio. Casi sanadora… Lo olvidé… Todo eso quedó agazapado, en algún lugar, entre esas estanterías llenas de pinturas.

Hace tiempo que quería ordenar ese rincón y ver el estado de las pinturas (algunas parecen bloques de cemento) así que me puse a ello. Fui seleccionando las pinturas y pinceles viables hasta que se produjo el corto-circuito y el ¿Por qué ya no pinto? se me activó en el córtex prefrontal con toda su intensidad.

Yo creo que mi viejo delantal de pintar fue el detonante.

Así que, bajo este sol primaveral, desplegué todo lo necesario para la acción pictórica. Y, sin quererlo, volví a aplicarme una dosis de Arte Terapia…

To be continued.