Mariposeando…

Ya son varias las primaveras que me encuentro con las mariposas. Les gusta la lavanda y se pasean por allí… Y yo también estoy allí, en plan intruso. Ocupo su hábitat y las persigo con la cámara, en plan paparazzi…

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Como cada año, llegan a esta lavanda como si fuera un Resort de vacaciones. Un todo incluido, en el que se pueden poner moradas de lavanda y practicar sexo. Las ves, cortejándose, danzando y envolviéndose las unas a las otras…

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Es posible que estén ya, al final de sus días en el planeta. La mariposa,en su fase de adulta, vive de unas horas a unos pocos meses, según la especie.

El promedio medio es de un mes.

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Antes, ha pasado ese proceso tan fascinante que va de huevo a larva , de larva a oruga, de oruga a crisálida y de crisálida a mariposa adulta. No es moco de pavo…

Una transformación integral que, según las últimas investigaciones científicas, la convierte en el único ser viviente capaz de cambiar por completo su estructura genética durante el proceso de transformación: el ADN de la oruga que queda envuelta en la crisálida, es diferente al de la mariposa que surge… Los tejidos, órganos y miembros de la oruga han sido modificados en el tiempo que dura la crisálida .Eso… son palabras mayores.

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Además de todo es esfuerzo molecular, la mariposa debe tener cuidado con los peligros a los que está expuesta. No es fácil la vida en la naturaleza… Está ella, haciendo todo eso que precisa un ¡cambio de ADN! , cuando viene un pájaro y se come la crisálida… O, ya está volando hacia el sol, libre de la oscuridad y la intercepta un sapo baboso….O aparece un grupo de humanos, armados con lo que se llama  “ caza-mariposas”…

Cuando las veo, en la lavanda y de jolgorio,  pienso que hay que dejar que disfruten de la fiesta.

El tiempo vuela y , con él, las mariposas…

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El cristal famoso.

«En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira» del poeta Ramón de Campoamor (1817-1901).

Ese cristal con el que miras la vida… ¡Ay! ¡Maldito cristal! ¿Por qué tiene que existir? Y, ¿Por qué hay tantos colores? ¿No podrían eliminar los colores tristes y angustiosos?

En este blog, mucha veces he utilizado el recurso del “odio al lunes”, publicando chistes y viñetas al respecto o bien, textos en los que se expresa el sentimiento de lunes, el de color gris…

¡Vaya estupidez! Lo admito. ¿Qué más dará que sea lunes, no? Y qué tonta soy , al no aprender que más que asignar “colores” lo que debería hacer es ser consciente que es mi mirada la que cambia el color… Así que un lunes en el que,  por ejemplo, le dan el alta hospitalaria a un ser querido, resulta ser un lunes de color radiante, brillante, precioso. Deja de ser lunes. Deja de ser gris.

No voy a meterme con los lunes nunca más. Lo que haré es asediar a ese cristal famoso,  para que sea de un color bonito cuando mire…

Mi huerto urbano descansa en paz…

Me cuesta despedirme de mi huerto urbano.

Esto empezó en Mayo del 2012… Parece que fue ayer…

Me cuesta despedirme de las experiencias acumuladas en estos seis años que tanto juego me han dado en el blog y que me inspiraron hasta el punto de escribir “Te voy a llevar al huerto” en mi único Nanowrimo completado.

Me cuesta despedirme de los tomates cherry, las guindillas, las lechugas, la rúcula, el perejil, los pimientos, los cacahuetes ( sólo me salieron diez!), los ajos, el brócoli, los guisantes, la albahaca, el tomillo, la estevia, los berros, las zanahorias jíbaras…El abono, el entutoramiento, las malas hierbas, el riego…

También me acuerdo de los caracoles, la chinchilla, las mariposas, las mariquitas y de los pájaros que se zampaban mis fresas…

 

Nos deseaba Feliz Navidad o amor…

Pero se ha venido abajo. La madera ha dicho “basta” y se ha derrumbado. Ya no hay huerto…

Como muestra de respeto, dejaré ese “vacío huerteril” hasta que el ánimo me acompañe y vuelva a aparecer otro cajón lleno de tierra en mi vida, dispuesto a darme tanto juego como lo hizo el anterior.

Reciclados los tablones que se pudieron salvar , descanse en paz…

 

Experiencia musico-mística.

Estoy reencontrándome con la música, gracias a unos cascos que me regalaron y que no había probado con profundidad por aquello del “aislamiento”.  Este último fin de semana, he practicado el encierro musical…

Una de las canciones que han aparecido entre esas miles que ya acumula mi iTunes, ha sido “Entre dos aguas” de Paco de Lucía. Me pilló, sentada en una butaca confortable, al aire libre, con el sol dándome en la cara, el cielo azul y la sensación de que el mundo, en ese instante, era yo y esa canción.

Mi padre nos dejó hace ya cinco años. Esta era su canción…

Hablo con él casi cada día, en esta extraña y preciosa comunicación que se establece entre los que estamos y los que ya no están… Y digo extraña porque aunque creas que es un monólogo, al final, hay respuestas. Cada uno las recibe de un modo diferente y las procesa, también de forma distinta pero, hay comunicación bidireccional entre almas.

Cuando empezaron los acordes de la guitarra del maestro Paco de Lucía, me sentí transportada a un lugar muy bonito, en el que no hay nada físico pero sí una gran superficie emocional. Con aquellos cascos, la música se adentró en mi espíritu y conectó con el de mi padre.

No sé si fue místico pero sí que fue espectacular. Unos minutos de paz, de regocijo, de placer, de amor…

Mi monólogo interior obtuvo su respuesta…

Lo de los calcetines…

Creía que ya lo había superado. Hacía mucho tiempo que no me pasaba lo de los calcetines, pero, en esta última semana, me ha ocurrido tres o cuatro veces.

El cesto de mimbre en el que estoy poniendo los calcetines desparejados, ya empieza a llamar la atención…Mi lavadora, tras un tiempo a dieta de calcetines, ha decido tragárselos a pares, pero…desparejados. Ironía de lavadora, imagino.

Según un estudio de Samsung en Reino Unido, desaparecen 84 millones de calcetines al año. Hay quien los recicla y hace fundas para macetas o sacos anti-dolor, pero ya hay una tendencia, si quieres más lógica, que es utilizar los calcetines desparejados. Y punto.

En Instagram, hay un movimiento en este sentido con los hashtag #mismatchedsocks (calcetines sin combinar) y #oddsocks (calcetines impares).

 

Y vas más alla, Oddsocks ya vende, directamente, los calcetines sin emparejar.

Es curioso que todo esto lo escriba hoy, porque, como todas las cosas tienen su Día Mundial, resulta que mañana, 9 de mayo, será el National Lost Sock Memorial Day, en honor a los millones de calcetines que desparecen misteriosamente…

No lo olvidéis y celebradlo con ellos…

Gallina o Dino?

¿Reconoces la sensación de ser turista en tu ciudad? Por mucho que creas que la conoces, descubres un rincón nuevo, que siempre ha estado allí, pero en el que tu no has puesto los pies jamás…Y en estos jardines desconocidos para mí, descubrí a un jardinero inspirado que ha recortado un seto con una doble lectura. ¿Quería que viéramos una gallina, pero se le fue con la cresta? ¿O es un dragón-dinosaurio de cuello alargado?
Esa es la cuestión. No nos pusimos de acuerdo pero , con criterios democráticos, ganó la gallina…


Yo veía al dragón-dinosaurio… ; – )

Yoga.

Hace ya un tiempo que estoy pensando en hacer yoga o danza. El yoga me atrae enormemente, por todo lo que tiene de físico y espiritual.

Ahora, estoy en período de “prueba”. Estoy asistiendo a clases diferentes para saber cuál es la actividad que elegiré. La primera experiencia ha sido con el yoga…Mientras escribo estas líneas, estoy sintiendo músculos de mi cuerpo que no sabía que existían…Incluso los dedos de las manos protestan… ¡Madre mía! La monitora que me entrevistó me aconsejó el yoga Vinyasa. Tal vez fui yo la que alabé(exageradamente) mi flexibilidad y, lo demás, fueron las ganas…Hay más de 100 tipos de yoga, unos más físicos que otros y este es uno de los llamados “físicos” …Bien, con todo lo que me ha gustado la sesión de Vinyasa, admito que estoy rota y sé -confirmado oficialmente por mis músculos, tendones y fibras- que NO soy flexible. Y que el yoga es un ejercicio duro. ¿No habéis visto alguna vez, a alguien haciendo una de las Asanas y habéis creído que la harías fácilmente? Pues…no. Fácil no es.

( Esta ilustración, me representa)

Dicho esto, este cansancio es maravilloso. Y, también, la sensación de relax…Ommmm… He atisbado lo fantástico que debe ser todo eso cuando se hace bien…No he tirado la toalla porque quiero llegar a sentir eso, y me he apuntado a otra clase de yoga más pasiva y más adecuada a principiantes no- flexibles que creían que lo eran; – ).

Seguiré la ruta de clases de prueba.

To be continued…

Cuatro Objetos.

En esta estantería hay cuatro objetos.

La estrella verde de Sant Josep en Ibiza.

La calabaza, del Alt Empordà, Girona.

El cuadro de la higuera de Formentera.

El rosario de una antigua casa de pueblo de la Jacetánia.

Cuatro lugares especiales y cuatro experiencias de vida.

Cuando los miro, me provocan cuatro sonrisas…

Cocinar a fuego lento y con cascos inalámbricos…

Con “ a fuego lento” me refiero a esos platos a los que tienes que dedicar tiempo y cariño. De los que requieren de una preparación, de una elaboración cuidada y sobre todo … esos que sólo te salen cuando tienes ganas de hacerlos.

Ya no me refiero al tiempo –que cada uno tiene su disponibilidad -sino a la predisposición de tu mente a realizar el plato, a ejercer todos los actos de la cocina. Uno a uno. Y , si puedes, disfrutando en el intento. Si no estás ahí, en la cocina en cuerpo y alma, es posible que lo que salga sea un churro. Más o menos comestible, pero un churro. La concentración, como en muchos deportes, es vital para que todos los ingredientes armonicen, se unan o diluyan, se equilibren y sepan a gloria .

Photo by Annie Spratt on Unsplash

Así que , como el día lo ha permitido, me he adentrado en el mundo del “ a fuego lento”.Como flotaba la inspiración en mi cocina, lo primero que he hecho es ponerme los cascos inalámbricos que me han regalado ( Wow!) y poner mi lista “Pils Vintage” con esas canciones que me han gustado siempre y antes. Después,  ya acompañada por Kyle Eastwood & Diana King y su versión de Why can’t we live together,he empezado a preparar todos los ingredientes . Los he dispuesto en boles y he ubicado en el lugar adecuado, las especias y los básicos (aceite, sal, pimienta..). Cuando todo ha estado preparado, he iniciado el ritual de la receta: saltear, sofreír…. Cada cosa a su tiempo y en el lugar que yo creo que le corresponde. Entonces, el aroma ya ha empezado a esparcirse y algo me ha dicho que íbamos bien.

Y , mientrás, la música, sonaba deliciosa. Sting & David Sanborn con una versión muy especial de Ain’t no sunshine when she’s gone.

En estado de máxima concentración, he continuado todo el proceso hasta dejar mi reluciente olla en estado de “chup-chup”. A fuego lento… Sin querer, en el proceso, he ido hiriendo la sensibilidad musical de mi entorno, cantando emocionada…Puede ser que vociferando sin afinación, lo admito.

Photo by Jason Rosewell on Unsplash

En esta fase, ya me había aventurado a la prueba de la cuchara de palo , y-realmente- empezaba a sentir orgullo por lo que se cocía allí dentro.“Chup-chup”…

Mientras mi guiso seguía a lo suyo, he recogido todos los utensilios. He limpiado y ordenado y todo ha salido bien . Ágil. Coordinado.Hay veces, que haciendo el mismo plato, dejo la cocina totalmente arrasada a mi alrededor. Abro mil armarios, busco lo que me falta para seguir, y se me amontonan los cacharros a cada paso que doy. Esta fase de “recogida” es , en esos momentos, muy penosa. En cambio, en otras ocasiones, hasta eso se convierte en una tarea sencilla. Hoy, ha sido así. Mi cocina lucía primorosa y mi receta cobraba vida, lentamente.

Ahora, reposa. Es uno de esos platos que se merecen que el tiempo los perfeccione y lo dejaré, a fuego apagado, para que descanse con el calor que aún emana.

He acabado mi sesión cocinera-DJ, viniéndome arriba con One de Mary J Blige & U2

Kintsugi.

El Kintsugi  (en japonés: carpintería de oro) o Kintsukuroi  (en japonés: reparación de oro) es una técnica de origen japonés (S.XV) para arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino. Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia. 

Yo lo he hecho con un jarrón chino. Si, uno de esos grandes jarrones, llenos de colores brillantes y figuras de dragones en relieve… Uno de esos que nadie sabe dónde ubicar… Este llegó a mi vida hace muchos años. Mi padre era médico y un paciente muy agradecido con su atención, le regaló un jarrón chino en los años 70. En aquella época, era un objeto de decoración muy valorado. En nuestra casa, el jarrón chino nunca cuajó, pero, mi padre, que le tenía especial estima a la familia que se lo había regalado, no tuvo el valor de deshacerse de él u ocultarlo… Estaba en un rincón de su despacho… Disimulado…

Así que aquel jarrón, nos fue acompañando en las mudanzas y los cambios de domicilio hasta el momento en el que mi madre, ya cansada de aquel festival de colores brillantes y lacados,y aprovechándose de mi independencia,  me pidió que me lo llevara… Mi padre me dijo : “Pero no lo tires”.

En mi casa, estuvo escondido en un trastero, acumulando polvo y años…

Un día de esos de “orden y concierto”, me puse a arreglar el trastero y apareció el jarrón. Seguía sin gustarme, pero, el tiempo, le había dado un valor incalculable. Una cualidad diferencial importantísima: mi padre, ya no estaba con nosotros y ese jarrón chino , me conectaba a él, a nuestra historia… No pude tirarlo. Lo hice mío con pintura de pizarra, que siempre se puede eliminar y lo coloqué en mi despacho. Sé que, a mi padre, le hubiera gustado…

Hace unos días, se rompió. Mi familia consideró que ya había llegado el momento de decirle adiós, pero, de nuevo, yo me vi incapaz de deshacerme de él. Y, entonces, leí un artículo sobre el Kintsugi

Vuelve a estar en mi despacho, pintado de blanco pizarra y con una intervención en pintura de relieve color oro, para ser fiel al concepto del Kintsugi . Cuenta una historia, llena de afectos y dice , en blanco y oro,  lo mucho que echo de menos a mi padre.

Y, quiero decirte, que no, no lo he tirado…