Corazón de madera.

Me voy encontrando corazones por el suelo.

Cada vez, hay más.

Hay que ir con mucho cuidado, no vayas a pisarlos.

Hay corazones rotos y otros, contentos. Enfermos, enamorados, solos, felices, grandes y pequeños. Incluso, hay corazones negros.

Lo que nunca había visto era un corazón de madera. O de tronco. O de árbol. O de vida…No sé cómo llamarlo…

Casi me hace tropezar…Me lo he encontrado, a mis pies y le he hecho una foto.

wood

Ya pueden cortar el árbol que él sigue enraizado.Presente.

Es un corazón de madera , tozudo, unido a la tierra.

Apabullante.

1.       Apabullar : tr. coloq. Confundir, intimidar a alguien, haciendo exhibición de fuerza o superioridad.

Calor apabullante…

Y es que estos últimos días,  la temperatura confunde e intimida… Los trayectos son más largos y pesados, también el aire es más denso y el sol…El sol está narcisista y deslumbrón…

Todo el mundo repite  : ¡Qué calor!

Un calor apabullante haciendo su exhibición de fuerza y superioridad…

 

Si soy sincera, más que la situación lo que lo hace apabullante son las circunstancias.

Este apabullador profesional , mutado por el cambio climático,  no tiene el mismo efecto en una playita de Formentera con una bebida helada y en un estado de remojo continuo en esas aguas cristalinas. O, por ejemplo, a la sombra de un árbol de follaje denso, al pie de un riachuelo, en el que se balancean tus pies, fresquitos. O , debajo de una gran porche sombreado y bendecido por una brisa fresca ,en una hamaca , con un café con hielo y un buen libro entre las manos…

polo1

En esas situaciones, su efecto apabullador se desactiva, hasta casi desparecer. Es un calor distinto. Es calor pero ya no es apabullante…

Hecha esta reflexión me he dicho que podía intentar engañar a mi mente .Si le doy una sobredosis de imágenes refrescantes, es posible que pueda neutralizar al apabullador.

Eso y la indiferencia…Hacer como que no está.

¿Un heladito?

El Plan Perfecto.

Un plan es una intención, un proyecto.

plan Mafalda

Cuando “haces planes” pones en marcha un número muy interesante de conexiones neuronales que se dedican a ubicarte en el espacio, a calcular tiempos, a visualizar el futuro…

Las planificaciones más placenteras son las de un viaje. En ese paso, disfrutas, de antemano, de la experiencia que proyectas ( o crees que sentirás) visitando esos nuevos lugares . Planificar es un placer.También hay un tipo de plan más sencillo, alejado de viajes, fin de semana o vacaciones…Más cotidiano. Por ejemplo: Tener una tarde libre de responsabilidades.

Cuando sabes que dispondrás de ese privilegiado tiempo sólo para ti, planificas con mucho entusiasmo. Son cosas sencillas (no grandes planes) : Comer en ese lugar al que nunca puedes ir porque sólo a ti te gusta el vegetariano, darte una vuelta por tus tiendas preferidas, ir a la pelu, un baño en la piscina…

No importa el plan . Las imágenes se suceden en tu cerebro, coordinadas y perfectamente sincronizadas. Te visualizas haciendo todas esas cosas sencillas que planificas… Es , o eso te parece , el Plan Perfecto.

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Pero… un Plan es Perfecto sólo cuando se cumple y… ¿Por qué suelen salir mejor las cosas que no planificas?…Este es uno de esos misterios al que espero que algún día alguien encuentre una respuesta. De momento sigue siendo,  eso, un misterio…

En estas última semanas, se me han desbaratado unos cuantos “Planes Perfectos-de-lo-cotidiano”. Una llamada problemática, una avería doméstica, una noticia inesperada… Cosas , también cotidianas, que han hecho saltar por los aires todos mis planes…

Y ayer, volvió a pasar. Planifiqué. Creí que tenía el “Plan Perfecto” pero este se desvaneció en unas cuantas de las acciones que formaban parte del propio plan y que tomaron direcciones no previstas.

Así que ahora estoy en busca de un plan que se cumpla.

No soy ambiciosa.

Un plan pequeñito. De una tarde o unas horas pero…que se cumpla.

Ese será, sin duda, el Plan Perfecto.

frase

 

Una onironauta en potencia (IV).

Como os he ido explicando, he seguido anotando cuatro líneas de los sueños que recuerdo al despertar. Pocos son los que me quedan…En realidad, escribo sobre ese fragmento final que recuerdo que se evapora como por arte de magia…He pensado que el cerebro podría aplicar ese mismo sistema de borrado para la tristeza pero… parece ser que la necesitamos para algo. Los sueños, para mí, son como fragmentos de material desechable que no interesa almacenar. No me extraña…

Estoy acabando ya el libro , en el que he llegado a la fase de poder adoptar otras formas y otros cuerpos y todo me suena a charlatanería pero no puedo evitar, la curiosidad de lo que viene que es:  “La Planificación del Sueño”, o sea, inducir a mi cerebro para soñar lo que yo quiera… Y, claro, no me lo creo… Sí que creo que estoy entrenando a Tito ( ahora lo llamo así, porque cerebro me parece un poco frío) para hacer cosas que , no sé , la verdad, para que pueden servir.

De vez en cuando, hago mi gesto de contarme los dedos de la mano, para dar a Tito,  la información que estoy en la realidad… Como no me cuesta nada… Apunto , si puedo, el instante de sueño que almaceno pero no voy a interrumpir mi buen dormir para cazar la Fase REM y experimentar con eso… Dormir de un tirón y sin sobresaltos son , para mí,  indispensables para una buena salud.

Y , entonces, en mi escepticismo total con esto de los sueños lúcidos , va y me pasa lo de los dedos y…tiene un punto chocante. Te impacta, vamos.

Hace unos días escribía en este blog :

  • Confirmación de la realidad. Consiste en crear una señal que me indique que estoy en la realidad y no en un sueño. Esto sirve para en el caso de que esté aproximándome a un sueño lúcido, y tenga dudas de ello, debo hacer el “tip” elegido. He avisado a mi entorno cercano de esto que hago para que nadie dude de mi cordura: cuento los cinco dedos de la mano izquierda. La hipótesis es que, en el sueño, veré mi mano rara, o tendré más dedos, o ninguno, o vete tú a saber, pero no me los podré contar normalmente. Teóricamente, sabré que estoy en el sueño. Así que si veis a alguien haciendo esto en el supermercado, igual soy yo…; – )

Esta semana, en uno de mis sueños locos, me he contado los dedos de la mano izquierda para comprobar mi estado : onírico o en vigilia. Pues la cosa es que los conté y me salieron seis. Como no di crédito ( en mi propio sueño, eso es lo raro) los volví a contar y sí, tenía seis dedos en mi mano… Supe, al instante, que estaba soñando y, como la vez anterior, la sensación fue extrañamente intensa y…potencialmente adictiva.

Y , la otra variable que me parecía bastante improbable era la identificación de un espacio, un escenario o paisaje que es recurrente en los sueños. O sea, un espacio onírico que se repite. Creía que no pero, sí, lo tengo. En varios de los apuntes que tengo, me ubico en un lugar en el que hay mar. Siempre es el mismo lugar pero desde diferentes perspectivas. Las calles son estrechitas y encantadoras, muy isleñas. Me parecen de otra época. Hay muchos arcos de piedra, como miradores, desde los que se ve el mar. Casi siempre lo veo… Debo agradecer a Tito que, por lo menos, el espacio que me ha fabricado sea tan bonito…La sensación al descubrir que voy a menudo por allí cuando duermo, también ha sido impactante. Y es el nivel de asombro que me produce el que me hace continuar indagando…

Lo he comentado a personas de mi confianza ( y que me quieren) y me aconsejan que lo deje… ; – )

 

El tiempo , arruga…

Como pasa el tiempo!!! Hace seis años, guarde unas guindillas en un frasco de cristal.

 

Era la época en la que las guindillas, invadían mi pequeño huerto urbano…

Ordenando el armario de especias de la cocina, lo he encontrado al fondo, perdido, desgastado…

Ya se han borrado las letras que escribí: si te pica mucho un alimento, no bebas agua, bebe leche. Neutraliza la capsaicina, la responsable del fuego ardiente en tu paladar.

Ya no son guindillas rojas. Han perdido el color y textura. Están arrugaditas y viejas pero… su poder picante sigue intacto. Doy fe.

Bendita leche.

 

 

 

Una onironauta en potencia (III)

Previamente :

Una Onironauta en potencia (I) y (Parte II)

 

 

Ya estoy en la mitad del libro sobre los Sueños Lúcidos. Los autores son muy optimistas y consideran que habrá un momento en el que experimentarás uno de esos sueños y, por lo tanto, lo que hacen es darte consejos para que te “muevas” en ese mundo onírico.

Hay un apartado que es “Transporte” y aquí, he de deciros, que me he desmotivado un poco…

Empecé a interesarme por este tema después de experimentar un sueño en el que tuve consciencia de que era un sueño. Eso fue muy llamativo porque eliminó el miedo, la angustia y cualquier otra sensación negativa (creo que en el sueño estaba escapando de algo) y cuando pasé al estado (supuestamente) lúcido, lo que sentí fue como una gran euforia, un “ahí os quedáis”, un “hago lo que me da la gana porque este es mi sueño” y, claro, como estaba en uno de esos estados en los que te quieres mover y no puedes, lo de volar pareció una forma acertada de largarme. Sólo pude alzarme unos centímetros (5?) antes de despertar pero la sensación fue brutal.

Photo by Mohamed Nohassi on Unsplash

En el libro te dicen que volar en los sueños requiere de una serie de trucos y de entrenamiento. Tanto para despegar como para aterrizar. También para hacer giros y esquivar objetos… Mi cerebro quisquilloso me dice: si estoy en un estado onírico en el que no hay leyes físicas y las normas las creo yo, ¿por qué voy a intentar volar como si lo hiciera en el mundo real? Dan ejemplos: como Superman, con saltos, con algún artefacto… ¿?

Y, otra cosa, se menciona que cuando ya estés acostumbrado puedes decidir un destino. Por ejemplo: las Pirámides de Egipto… Pero yo no he estado allí jamás. Tengo una imagen mental pero no es real así que… ¿Qué Pirámides veré? ¿Las oníricas???

Photo by Simon Matzinger on Unsplash

De momento, lo más positivo es el haber creado el Diario de Sueños. No puedo recordarlos todos los días, pero cuando tengo esa pequeña huella y los escribo brevemente, me asombro de la capacidad del cerebro para jugar con los estímulos. Y de lo surrealista (y cabroncete) que es…

De momento, no pasa nada más. Sé que sueño, que no he vuelto a sentir que estaba en un sueño de forma lúcida, y que lo de volar… ni en sueños…

(To be continued)

 

 

No era monje budista…

Mi padre, un hombre de naturaleza muy curiosa, tenía muchos libros sobre “Religiones”. Le encantaba leer sobre ello y cuanto más sabía menos identificado se sentía con las opciones disponibles. Tal vez, el budismo, fue de las doctrinas que más le impactaron. Durante muchos años, cuando yo ya compartía esas lecturas y reflexiones, mi padre me hizo engancharme a Lobsang Rampa. El monje budista que escribía Best-Sellers…

Después de aquellos años, ya no volví a leer a L.Rampa. Mi padre tampoco y ahí se quedó, en algún lugar de mi mente… “El médico del Tíbet” fue un libro que me gustó especialmente y, en mi imaginario, ese monje budista, se convirtió en un autor de referencia.

Hace unos días, topé con el libro y me despertó algo de aquellos tiempos. Busqué información de Lobsang Rampa, pensando en leer algo más y me encuentro con Ceyril Henry Hoskins, un fontanero inglés, que jamás había estado en el Tibet, ni sabía tibetano, ni nada de nada y que decía ser la reencarnación del Monje Lobsang Rampa. En los inicios de los 60, las editoriales que publicaron su obra sabían del “fraude” pero les pareció un producto con recorrido. Así llegó a España y a la biblioteca de mi padre . Esta circunstancia elimina algo de calidad moral en mi referente pero, ahora, asumido como obra de ficción ( nada que ver con el budismo, además), sigo pensando que es un buen libro.

 

Mi padre nunca supo que el autor de “El Médico del Tíbet /Lhasa” era un fontanero inglés pero estoy segura de que le hubiese hecho gracia…Y yo, no he podido evitar empezar a releerlo.

 

Curiosidad interestelar.

El año empieza con cosas de esas que despiertan mi curiosidad. Nunca me interesó demasiado la astronomía. La luna estaba allí, como ahora, pero no me atraía y había visto cielos preciosos cuajados de estrellas, pero nunca había pensado en el Universo (con mayúscula).

Mi curiosidad se ha activado ya de mayor y, en estos tiempos, estoy fascinada con lo de la cara oculta de la luna o con lo del cacahuete estelar, el Ultima Thule, el objeto del espacio exterior más lejano al que hemos llegado…

Primera foto en alta resolución de la cara oculta de la luna.

Mandatory Credit: Photo by Uncredited/AP/REX/Shutterstock (10045254c)
This image made available by NASA on shows images with separate color and detail information, and a composited image of both, showing Ultima Thule, about 1 billion miles beyond Pluto. The New Horizons spacecraft encountered it on Tuesday, Jan. 1, 2019
Space Beyond Pluto – 02 Jan 2019

El Ultima Thule, además, me ha recordado la “Breve historia de mis diez cacahuetes”, esos que cultivé en una maceta… Todo está conectado. ; – )

Lo mejor de  estos temas que activan mi curiosidad, es que me ayudan a posicionarme, a tener una referencia de mi lugar en el universo, en el planeta, en mi país, en mi casa y en mi interior.

Parecerá una reflexión absurda, pero todos esos hitos interestelares y lunares lo que hacen es ayudarme a poner los pies en la tierra…

Photo by Alex Perez on Unsplash

 

Una cosa preciosa…

Es una cosa que me dijeron.

Una amiga me explicaba el proceso de su enfermedad. Sus palabras eran naturales, positivas, preciosas… Lo que me dijo, que es precioso, es que, si repitiera su vida, lo dejaría todo tal cual está ahora.

Y es que, en el ahora, es muy feliz.

Su travesía, en los momentos más difíciles, la hizo en compañía. Aparecieron los sentimientos más espontáneos y puros que unen a una familia. Y ese amor descomunal se ha hecho presente.

Pasan los años y cada uno empieza a hacer su vida. La familia es armónica y se reúne en los momentos decisivos: cumpleaños, bodas, bautizos, Navidad, en alguna comida familiar… y, de repente, le pasa algo a uno de sus miembros y lo que era esporádico se convierte en habitual.

La familia aparece. También los amigos. Los compañeros de trabajo…Se reciben altas dosis de cariño que compensan las dificultades. Reconoces el amor que te tienen y el tuyo hacia los demás, que también aparece como si fuera sólido. Casi se puede tocar.

Y es tan brutalmente precioso, que no cambiarías nada, ni siquiera lo más doloroso,  si la consecuencia es no tenerlo.

¿Es o no precioso?

No hagáis caso.

Hace un tiempo que soy asidua de las salas de espera de un hospital oncológico. Acompaño a un familiar y espero… Observo y oigo a todos los que suelen estar en esa sala, a la misma hora, esperando su tratamiento.

Tanto los que esperan como los acompañantes, aún estando unidos por la enfermedad, somos completamente diferentes: el carácter, la actitud, la forma de interactuar, la edad, … Hay yoístas, pesimistas, sentenciadores, tristes, quejosos… Hay positivos, alegres, dinamizadores, animosos… También los aislados, que no se relacionan más que con el saludo al entrar y salir…

Como os imaginaréis, es mejor encontrarse con los que positivizan la situación, pero, ahí estamos todos y hay que ser empático y entender que es bueno escuchar a los que lo están pasando peor, pero… ¡Ay!  Es posible que te encuentres expertos en las “predicciones-en-base-a-la experiencia-propia”: Esto se te pondrá peor, no podrás ni comer, el cansancio te vencerá, etc., etc.… No hay mala fe. A ellos les ha pasado y lo quieren compartir. Incluso, creen que te ayudan…

El otro día, una chica muy joven, estaba exultante porque era su último día de tratamiento. Una compañera de tratamiento, mucho mayor (y que es habitual que siempre esté hablando de lo suyo) le comentó que “a su edad, había más posibilidades de volver a tener la enfermedad, porque era muy joven”. Dijo esta frase y la llamaron para entrar. Así que me quedé con la chica, casi a solas. Su alegría había disminuido proporcionalmente a la reflexión de aquella otra paciente. Me acerqué y la felicité. ¡Fin de la radioterapia! ¡Bravo!

También le expliqué que el primer día del tratamiento, tuvimos una reunión con el equipo médico. Además de los aspectos médicos, nos dieron un consejo que parecía trivial, pero ha sido de gran ayuda en el proceso.

 “No hagáis ningún caso a lo que oigáis en la sala de espera “.

Cada persona es un caso. Un paciente único.

Y si se hace caso a lo que se oye, que sea con discriminación positiva. En este caso, en sentido literal.

Al salir de su última sesión, la chica me dedicó una gran sonrisa.

 

NB : Aplicable a casi todas las salas de espera…