#NaNoWriMo in progress

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Básicamente, he incumplido las normas más básicas para poder escribir con coherencia. He empezado con una idea muy potente, basada en un hecho real, pero sin una estructura ni un mínimo esquema previo. No he reflexionado sobre los personajes, ni sobre el conflicto y, mucho menos, su resolución.

Me he puesto a escribir, en un caos de palabras, con esa idea como estandarte. Así, sin más. Estoy teniendo dificultades para administrar el tiempo de escritura, pero…el proceso mágico-terapéutico que escribir me produce, ha empezado. Y me encanta.

Mi mente se va, a un lugar lejano en el espacio y en el tiempo, acompañada por esos personajes que apenas se han perfilado, pero ya tienen entidad. Pienso qué haré con ellos y como sorprenderlos.

Las guías de cómo afrontar el Nanowrimo (1 mes/50.000 palabras) se centran en la productividad. Lo importante es escribir con una cierta rutina para alcanzar la meta. Pero no hay que releer, ni corregir. Hay que producir: ese será el material base. Una vez tengas esas 50.000 palabras, te vas a permitir reescribir, ampliar, eliminar y, en definitiva, dejar como un pincel la supuesta obra que has generado a destajo, durante el mes previo.

Yo necesito releer (y ajustar cositas) para seguir escribiendo. Si no, me es muy difícil ser productiva así que ya parto de la base que mi Nanowrimo es de más (más) de un mes, pero… ahí estoy, pasándomelo en grande visitando los años 40, Barcelona y Hamburgo (no me preguntéis por qué. No he estado jamás allí) y pensando qué hacer con unos preciosos zapatos de tacón del nº 46…

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Hace 96 años…

 

Una mujer, llamada Matilde,  recibió de su padre y hermanos, un lote de ropa  en concepto de dote.

De eso hace ya más de cien años ( según las fuentes oficiales del pueblo) ya que la moza tenía 22 añitos cuando recibió el paquetito.

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Además de un colchón de lana, las dos cubiertas ( una de tela y otra de ganchillo) , las ocho sábanas ( 3 cosidas y el resto sin coser), mantelerías , servilletas y toallas ( nueve!), a Matilde le incluyeron : 2 pares de medias, 5 pares de zapatos ( y botas), 5 bufandas, 24 pañuelos de bolsillo, 3 mantillas, 2 corsés, 16 faldas bajeras, 5 delantales, 18 vestidos, 4 Blusas para vestir, 6 camisas , 5 pares de pantalones, 2 cubre-corsés y 1 baúl para ponerlo todo.

Esa mujer dedicó parte de su niñez y adolescencia a bordar las mantelerías y las sábanas y a ir acaparando los “objetos sencillos” que partirían con ella , cuando tuviera que casarse…Era una forma, también, de ir espaciando el gasto que suponía esa provisión de bienes…

Esta lista de “dote” la encontré en una vieja casa de pueblo. Me pareció un gran tesoro… Casi creí percibir la ilusión que transmitía y mi mente romántica visualizó el baúl, con toda la ropa limpia y almidonada, preparada para poner rumbo a una nueva vida… No sé si esa mujer estaba enamorada, si se caso con quien quería o con quien debía, si fue feliz o no … pero su lista de dote , entregada el ocho de febrero de 1923 ante dos testigos ( “uno que no sabe firmar”, reza la carta), me hizo “crick-crick”.

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Esta tarde voy a ver que tiene en su “Lista de Bodas” , un amigo que se nos casa en París. Además de lo de la cuenta bancaria, como inicia vida en nuevo hábitat, la pareja se ha decidido por la “lista”.

De Matilde pasamos a la versión de lista de hoy en día ( totalmente on line) en la que en unos momentos, eligiré entre esa vajilla de diseño o la extraña silla con brazos extensibles y reposapiés. Nada de ropa para “sobrevivir” y baules con olor a cera de limón . No encontraré cosas de esas entre la cafetera Nespresso y el escurridor de lechuga…

Y no sé si eso es bueno o malo…

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N.B : La dote es una práctica habitual en muchas culturas. En la India fue abolida en 1961, ya que si no se cumplían las exigencias del novio, la mujer podía sufrir malos tratos o …morir. Otra cosa es el “ajuar” , que es lo que recibió Matilde hace 96 años, una tradición que aún se conserva en Europa aunque ya en desuso, en la que la mujer aportaba enseres básicos para el hogar. Ahora, somos más de IKEA , listas conjuntas o dinero.

 

 

 

Despacito Week

“Ir despacito”. Este es el objetivo de esta semana:   la desaceleración consciente.

No se trata de ir a dos por hora y dejar de cumplir con tus obligaciones. Es casi imposible dedicar una semana a una “vida slow” sin que la dura realidad te reclame -y con prisas- pero si que es posible aprender a pararse un poquito. Como ejemplo : No vayas al centro comercial tipo Hiper en el que encuentras de todo aunque sea “plasti-masificado”. Dedícate a comprar por las tiendas de tu barrio o en el mercado. Ese pan del horno de tres calles más abajo, el queso de la charcuteria de la esquina, esas cosas que nos gustan y que sabemos que son excelentes pero que dejamos de disfrutar “por no ir hasta allí”.

Es muy difícil esto del “ir despacio”, pero ya se adivina que es bueno. Extrapolando el concepto de la vida a la comida, el llamado “Slow Food” significa disfrutar de la comida y del placer del rito, en sí mismo. No es lo mismo abrir un paquete de ensalada mezclum que comprar tres o cuatro tipo de lechugas , frescas y crujientes. Esa cebolla tiernaaaa, el tomate que huele a tomate y frutos secos de todo tipo… Creas una obra de arte, una ensalada de colores que no debes comerte rápido. Te sientas, te recreas con el aliño ( un vinagre de jerez o Módena, aquel aceite de oliva casero o ese que te han regalado que está emulsionado con albahaca).

Y cada bocado , lo disfrutas y olvidas que la palabra engullir , existe.

La semana del Despacito Week promulga que te comas la vida igual que esa ensalada , paladeándola.

Buen  (y lento) provecho !

NB : Ilustraciones de Leif Parsons, NY. Un descubrimiento.

 

Che casino!

(*) “Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados.”

“Parábola de los Seis Sabios Ciegos y el Elefante”.
Atribuida a Rumi, sufí persa del s. XIII.

 

He estado unos días en Italia. Desde allí, me he ido informando de lo que sucedía en Barcelona, en Cataluña, en España, de una forma diferente a lo que es habitual. Prácticamente, he leído casi todos los periódicos nacionales, he visto informativos de todas las cadenas, he escuchado las radios y me he conectado a Twitter. También, poseo la información de los míos, los que están in situ

Con todo ese volumen de información, e intentando clasificarla lo más pragmáticamente que puedo, la conclusión es que nadie, de los que deben gestionar y son responsables de este casino, ve el elefante entero. Unos creen que el elefante es una de las patas, otros que son la trompa, hay quien cree que el elefante sólo son unas grandes orejas, o ese lomo gris y áspero…

Los ciudadanos que reciben la información de esa multitud de medios de comunicación consiguen, paradójicamente, estar totalmente desinformados. Los que vivimos aquí, la mayoría, los de a pie,  estamos perplejos y confusos porque todo se ha mezclado: ideas básicas en las que todos estamos de acuerdo, ideas partidistas, ideas emocionales, ideas radicales… Muchas interpretaciones creando un gran elefante mutante que nos sobrevuela a todos. Le han crecido más patas y tiene doble trompa…

Es urgente buscar a los más capacitados para ver elefantes enteros. Y aunque esta palabra no guste a muchos (y no entiendo el motivo, porque la palabra es bonita), suelen ser los más equidistantes. Objetivos, pragmáticos, neutrales y con el único propósito de solucionar.Me niego a creer que no existen en ningún partido , institución, asociación, entidad, foro, universidad, etc.

Nos lo deben. El elefante es un animal maravilloso…

 

NB : En el aeropuerto, me preguntaron mi destino. Cuando respondí “Barcelona”, me dijeron: “Città magnifica ma che casino!”. Pues sí, desgraciada y tristemente, vaya lío.

(*) La teoría del elefante es recurrente en este blog.

 

Ideas.

No se sabe quién desarrolló este invento prodigioso, pero invadió el planeta.

Un artefacto inteligente, capaz de modificar la munición de cualquier arma de fuego. De todas.

La primera batalla que se libró con las nuevas armas fue histórica y cambió el mundo.

Jamás, nadie, había disparado ideas…

Un mar.

Nadie sabía quién era aquella mujer que aparecía en la puerta de la Iglesia justo cuando tiraban el arroz a los novios. Siempre parapetada bajo un gran pamela blanca y con un gran bolso en la mano del que emergían pañuelos de lino, se acercaba a la madre de la novia o a la abuela o…cualquiera que estuviera llorando en ese momento.Se acercaba suavemente, deslizándose desde sus tacones , sin dejar ver su rostro, tomaba un pañuelo y enjugaba las lágrimas de aquél o aquella que estuvieran en ese trance.

Después, disimuladamente, guardaba el pañuelo en el bolso. Lo hacía con un movimiento estudiado, depositando su botín en unos frasquitos de cristal con una tapa hermética que había en el interior.

Hacía unos años, que había ampliado su ruta a las puertas de los Juzgados. Había descubierto que las bodas civiles también tenían los momentos de lágrima que a ella le interesaban. Las maternidades, también,  pero era más difícil pasar desapercibida con su bolso lleno de pañuelos…

Aquella mañana, la excursión de aprovisionamiento de lágrimas, había sido provechosa. Las bodas que había elegido, según la ruta programada, habían sido de las muy lloronas. Los pañuelos, estaban empapadísimos…

Cuando llegó a su casa, se dirigió directamente al laboratorio. Ni siquiera se sacó la pamela y se dio un susto de muerte cuando se vio reflejada en la tapa del centrifugador ultrasónico.

Nadie dijo que sería fácil conseguir un litro y menos, trabajando de incógnito pero…ya casi lo tenía. Examino la botella que contenía el destilado de lágrimas de bienestar. Le hubiese gustado llamarlas “ de la felicidad” pero de esas, de las puras , quedaban muy pocas y eran difíciles de conseguir. Las lágrimas de bienestar también servían a sus propósitos. Concentraban el justo estallido de amor en el pecho, el brinco equilibrado del corazón, la inclinación por el abrazo, una alegría dosificada y, sobre todo, una sensación poderosa de bienestar. Había mezclado todo eso con las lágrimas de risa, que había conseguido colándose el los banquetes aunque eso, en los tiempos actuales, cada vez era más difícil…

Los efectos del destilado eran sorprendentes. Sólo era necesario evaporar una minúscula fracción, menor que lo que es nano, para conseguir que el bienestar, se propagara con rapidez. Ese “Bien Estar” era un estado mental en el que la serenidad y el optimismo se mezclaban con precisión. Activaba lo mejor de  cada ser humano y lo potenciaba…

Se sacó la pamela y la colgó con el resto. Decidió que para la próxima ruta, se pondría la de color azul celeste…

El centrifugador ultrasónico emitió un zumbido. Vio como unas gotas de un líquido transparente y sedoso, atravesaban el alambique y caían en la botella.

Ya casi tenía su litro y debía contactar con la organización para poder entregarlo. Repartidos por todo el mundo, miles de colaboradores recolectaban lágrimas de bienestar. No habían querido que las grandes corporaciones de poder se apropiaran de la patente y dejaran a la humanidad sin el elixir mágico. Lo contagiarían a la población y el efecto tendría un crecimiento exponencial… Conseguiríamos salir de esta…

Hacía años que estaban recolectando y, pronto, conseguirían su objetivo.

Faltaba poco. Apenas unos cien millones de kilómetros cúbicos y ya estaría…

Tendrían un mar.

 

 

La Carrera.

 

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La carrera.

No es fácil conseguir una plaza para participar el La Carrera. No sólo tienes que estar en perfecta forma física y superar los exhaustivos reconocimientos médicos también tienes que conocer a alguien dentro de “la organización” que te permita el acceso.

Unas 500 personas van a presenciar La Carrera. Son las  personas más ricas del mundo y sus familiares. Cada año, desde el 2050 en que se celebra este evento deportivo, se inscriben más de 1.000 millones de personas de todas las nacionalidades del planeta.

Me sitúo en la zona de salida y miro a mis contrincantes: hombres y mujeres de todos los países. Nadie sonríe…

Estoy nervioso. Por megafonía se anuncia el tiempo de descuento. 3,2,1…A correr. Me cuesta situarme en el grupo de los diez primeros, pero llevo más de tres años entrenando para el día de hoy. Lo puedo conseguir.

Voy sorteando, con dificultad, los cuerpos sin vida que van convirtiendo la carrera en una carrera de obstáculos. Lo único importante era ser muy veloz y ágil. Los participantes esgrimen machetes, navajas, pistolas, ácido, cuerdas, piedras, sierras… Todo vale para llegar a la meta. Todo.

Casi tropiezo con un hombre al que se le están saliendo los intestinos. ¡Cuidado! Puedo resbalar…Uf ¡Ha ido de poco! Ya he avanzado hasta la quinta posición. Estoy viendo el final.

Mis pulmones están a punto de estallar pero creo que lo voy a conseguir. Algo me salpica en la cara. Es sangre. Han disparado a alguien en el grupo que viene por detrás… Estoy llegando. ¡Dios! ¡Creo que lo he conseguido!

El sudor me nubla la vista. Las piernas me flaquean. Esquivo el último cadáver y cruzo la línea de meta. Sano y salvo. No me lo puedo creer.

Oigo los aplausos enfebrecidos del público. Veo a mi mujer, llorando de emoción. He ganado una vivienda preciosa en la urbanización “La Carrera” y un trabajo digno para mantener a mi familia de por vida.

Soy el hombre más feliz de este mundo.