#Encasa (lo de ir a comprar)

Como siempre en la vida, la actitud y sensaciones al ir a comprar en tiempo de confinamiento, varia muchísimo.

La premisa general para las tipologías que relacionaré, es que siempre, se deben cumplir las medidas de seguridad y no abusar de los “tiempos”.

Dicho esto, cada uno interactúa con la situación de forma diferente :

1-. Alivio. Hay gente a la que le supone un alivio salir de casa . Por poco tiempo, pero respirando en el exterior…

2-.Tranquilidad. Hay gente que sale con tranquilidad. No tiene una actitud dramática : salen, compran y vuelven.

3-.Aprensión. Hay gente que sale con una cierta aprensión, pero lo superan rápidamente y no les inhabilita la acción de comprar.

4-.Batalla Final .Hay gente que sale como si fuera a librar la Batalla Final. En este grupo hay dos sub-tipologías :

4.1-. Parcial. Hasta que no llegan a casa , se quitan la mascarilla y los guantes y se lavan las manos, no respiran tranquilos.

4.2-. Total. Hasta que no llegan a casa, se quitan la mascarilla y los guantes , se lavan las manos, se quitan la ropa, la lavan a 60ºC, limpian los envases y se duchan, no se sienten seguros.

Y, finalmente, no hay que olvidar a la gente buena , que podría estar en cualquiera de las anteriores tipologías (aliviado, tranquilo, aprensivo, Batalla Final) pero sale por voluntariado, aunque tengan miedo. Podrían no hacerlo, pero compran para ayudar a sus vecinos más mayores…

NB 1 : Yo soy Batalla Final, 4.1.Parcial.

NB 2 : La fotografía es de un  diseño de escafandra anti Covid-19 del arquitecto chino Sun Dayong (Estudio Penda)

 

 

 

#Encasa ( lo de la Sanidad)

Además de ese aplauso diario y la emoción que siento cada vez que veo a todos esos equipos de personal de la Sanidad, todos , dejándose la piel por nosotros, no me queda más que invocar al recuerdo permanente.

Ojalá existiera un conjuro, una pócima mágica que sirviera para no olvidar, nunca,  lo que hoy está pasando. He oído dos veces, en diferentes momentos de mi vida, la frase “Estamos haciendo medicina de guerrilla”. Una fue, durante la crisis anterior, cuando se aplicaron los recortes en sanidad por las políticas de austeridad. Mi padre ya estaba enfermo y visitaba a los médicos en el Hospital de Sant Pau, el lugar donde ejerció como cirujano pediátrico . Lo hacía como paciente y como colega. Mi padre adoraba su hospital y siempre salía de las visitas, incrédulo, ante lo que sus amigos le narraban.

La crisis se superó, pero la Sanidad , no. Se quedó congelada en el modo de “guerrilla”.

En estos últimos días, ocho años después, he vuelto a oír la frase. ““Estamos haciendo medicina de guerrilla”.

Y sé que el hombre, es ese animal tonto e inepto que va tropezando con la misma piedra, varias veces en su vida y  en la historia, pero, esta vez, el golpe ha sido tan fuerte que nos duele muchísimo el pie. Y casi, no podemos caminar.

Cuando aplaudo, lo hago también por el recuerdo permanente, para no olvidar que , cuando esto acabe, urge revisar como distribuimos los recursos para que nuestro sistema de salud sea sólido, que nuestros médicos y personal sanitario estén bien renumerados, que haya más, que nuestras Universidades ( de las más prestigiosas en este campo) puedan formar e integrar a los nuevos profesionales, que nuestras estructuras no sean deficitarias en tecnología y material.

Seguro que estamos gastando en cosas innecesarias, en burocracia y en ineficacia.

No hay que olvidar cuando esto acabe.

 

 

#Encasa (lo de la luna)

Estos días , no sé si es que ya estoy autosugestionada,  pero veo diferencias en el cielo que miro. Y en el aire.

Muchos habréis oído la teoría de que el planeta, al borde del colapso, se está defendiendo.

Ante el intento de homicidio que ha perpetrado la humanidad, aparece un elemento disuasor que le permite sobrevivir y recuperarse. Hay menos contaminación y el agua y el aire se limpian y la  tierra, respira después de muchos años de acoso.

Vista de la contaminación por NO2 en Europa tomada por satélite de la Agencia Espacial Europea

Imaginad lo felices que estarán los animales. Yo oigo más trinos, veo el cielo más azul y por la noche, cuando salgo a mirar qué pasa con la luna, respiro un aire diferente que me evoca a las sensaciones de la montaña…

A todo esto, las nubes me están dificultando la observación del cielo nocturno, pero no desistiré. Me gusta respirar ese aire renovado…En la actualidad, estamos en fase creciente y el ocho de abril, tendremos una superluna llena.

Y cuando llegue, seguro que estaremos más cerca de la solución.

 

 

 

#Encasa (lo de lavarse las manos)

Hay unas normas sanitarias básicas que debemos cumplir a rajatabla: el correcto lavado de las manos y evitar acercarlas al rostro. Son muy fáciles de ejecutar, pero deben ser más frecuentes y precisas ( zonas y tiempo de lavado).

Lo que he aprendido estos días es :

-. Me he estado lavando mal las manos, toda mi vida. Más rápido y sin prestar atención a las áreas de pliegues y recovecos.

-. Evito los picaportes como si me fuera la vida. El codo se ha convertido en mi aliado. Cuando intento abrir una puerta ( sobre todo es cuando voy a casa de mi madre y paso por dos filtros de puerta “común”), no puedo evitar recordar a Sheldon Cooper. Desde que vi el capítulo en el que se planteaba la incongruencia de lavarnos las manos al salir de un WC público y después, abrir la puerta, que han tocado muchos otros que no se las lavan. Ahora ya no sirve, porque todo el mundo se las lava, sí o sí, pero en el pasado reciente, os puedo asegurar que me quedé alucinada de la de gente que sale del baño y se va directamente…

-. Me toco mucho la cara. Muchísimo más de lo que yo pensaba que era “muy poco o casi nada”. De repente, he descubierto gestos rutinarios , como apoyar la mejilla en la mano mientras leo , que no se ajustan a los protocolos de prevención.

Este es el gesto…

Y así estoy, separando las manos de mi rostro cada vez que , involuntariamente, se acercan, gastando más crema hidratante para las manos que en toda mi vida  y convirtiéndome en una virtuosa de la apertura de puertas con codo.

Textura de mis manos.

La próxima entrega de #Encasa : ¿Qué pasa con la luna?

 

#Encasa (mi madre hace videollamadas)

Mi madre , viuda, vive sola. Tiene 82 años, pero está estupenda. Unos meses antes del Covid-19, se había apuntado a unas clases de AquaGym -ella lo llama AguaChim– que, de verdad, ha sido la mejor de las medicinas, tanto física como mentalmente. Ella, que nunca había pisado un gimnasio en su vida, me ha llevado loca con la compra de bañadores, gorro, zapatillas, albornoz de microfibra, etc.

Pero eso fue hace unos meses y parece que ha pasado un siglo…Cuando hablo con ella, me dice que nunca, en toda su vida, ha vivido una cosa así. Ahora está confinada en su casa, porque, aunque está muy bien, es grupo de riesgo y está cumpliendo todas las prescripciones oficiales al pie de la letra.  Le llevamos la compra, pero se la dejamos en la entrada de su casa. Nos hablamos a 4 metros de distancia, pertrechados detrás de la mascarilla que le ha hecho su vecina. De estampado muy alegre, eso sí.

Hace ejercicio, se prepara “paellitas” individuales , riega sus plantas,  tenemos largas charlas por teléfono y ve sus novelas. Mi madre tiene tres grabadores de DTV que programa y después ve cuando quiere. ¡Incluso traslada USB’s de un aparato a otro! Las telenovelas turcas tienen la culpa…Que toda la logística de su sistema de TV funcione es un milagro, pero, hemos conseguido que domine las funciones básicas. Esos sí, la familia somos un servicio de teleasistencia las 24 horas , porque suele cambiar la fuente de la televisión – una teclita del mando que toca sin querer-y nos llama : “El grabador no se dispara”. Como nos funciona, no nos planteamos que acceda a la Smart TV vía Internet que parece más fácil. Para mi madre, no. Su uso del teléfono móvil nos marca la senda.

Mi madre es de las que no oye el móvil y si lo oye, se equivoca y corta la llamada, pero ya vamos mejorando. Con el WhatsApp, las notas de voz le han salvado la vida. Las domina bien y ya reenvía cosas con soltura. Desde que se apuntó al AguaChim, descubrió los grupos de WhatsApp. El suyo se llama “Las Mengual” y aún no sabe si cuando envía la nota de voz, la oyen todas y me pregunta si las componentes del grupo saben que es ella.

En el pasado, intentamos las videollamadas sin éxito, pero, ayer, de forma inesperada, mi madre me llama y ¡la veo en la pantalla! Estaba muy contenta porque había descubierto el invento y me hizo reír un montón. Al final de la tarde, nos había llamado a todos.

Una de las cosas que le queda clara es que solo lo hará con los muy allegados porque va sin maquillar. Cuando pase todo esto, que se preparen sus amigas. Ya más guapa, va a atacar con la videollamada, seguro.

Nos ha demostrado que , aunque aparenta ser frágil, es fuerte , resignada y pragmática. Siempre dice que es lo que le dejó mi padre al irse porque él si que lo era, por naturaleza. En estos tiempos, estoy segura de que se hubiese reincorporado como voluntario a su profesión de médico sólo por ayudar.

En fin, tengo ganas de abrazar a mi madre ( y comer una de sus paellas).

 

La próxima entrega de #Encasa : Lo de lavarse las manos.

#Encasa (ver la tele en tiempos de confinamiento)

Ver la tele en tiempos de confinamiento.

Photo by Josh Kahen on Unsplash

Reporteros en la calle.

Ya hace tiempo que comentábamos en casa, esas imágenes penosas de los reporteros en inundaciones, nevadas y desastres naturales. Al verlos, aferrados a sus micrófonos, intentando resguardarse de la lluvia o de un vendaval , nos hacían pensar ¿De verdad que hace falta que esas personas estén ahí? Ahora, en estado de alarma, seguimos preguntándonos lo mismo.  ¿Qué hacen esas personas en una Gran Vía Madrileña vacía, retrasmitiendo en directo que está vacía? ¿O en las Ramblas de Barcelona? ¿O en la puerta de un Hospital, de una Residencia?  ¿En la Moncloa, cerrada a cal y canto a sus espaldas, a las nueve de la noche para informar de lo que dice el Gobierno? ¿De verdad es siempre necesario que estén en la calle? Eso sí, llevan guantes y fundas de plástico en el micro…

Opinólogos.

Siguen los platós con sus tertulianos. Ya no deberían estar ahí, solo por dar ejemplo. Se puede hacer lo mismo , sin un entorno presencial. Después están los opinólogos (salud, economía, política, etc.) . De todo y de nada, sacrificándose por nosotros, para que tengamos toda la información, la más apocalíptica que se pueda. Nos iría muy bien que se quedaran en casa, confinados. Y, a poder ser, callados. También es verdad que son “productos” visibles en un escaparate y que podemos o no consumir. Si nos intoxican, es porque nos dejamos. Yendo de canal en canal, puedes elegir qué tipo de información quieres que te sirvan hoy : alarmista, catastrófica, sesgada, con colores, partidos y banderas o directamente desvirtuada. Muy pocos se salvan…

Dicho esto, es mejor solo recibir un par de dosis de información al día ( como mucho), filtrarla y dejar que nuestro cerebro descanse de recibir impactos alarmistas. Si es vía televisión:  programas de entretenimiento, películas, series, música…

Aquellos tiempos.

Otra cosa que me pasa al ver la televisión es la sensación de traslación a tiempos remotos. Aquellos en los que podíamos estar a un beso de distancia. Veo anuncios, películas, documentales, series y, en todas ellas, se me representan las cosas que ahora no podemos hacer . Una celebración familiar , una cena con amigos , un concierto, un paseo por un parque lleno de gente, un mercado… Ayer leía que, a la mayoría, si nos preguntan, no deseamos un viaje a Hawái si no simplemente, ir a casa de nuestros padres, o tomar un aperitivo en una terraza soleada.  Cuando lo hagamos, que lo haremos, va a ser una experiencia mística. Ahí está la belleza : éxtasis en lo más simple , en lo que siempre ha estado al alcance de nuestras manos.

Mi siguiente #Encasa  : Mi madre ha descubierto la videollamada y los grupos de WhatsApp.

#Encasa ( lo de la rutina)

Confinamiento

He incumplido casi todos los consejos de los expertos. Las rutinas me funcionaron los primeros días, pero, después, he estado actuando en modo hiperactivo. He atacado armarios, cajones y estanterías de forma compulsiva. En plan atracón. No he tenido en cuenta los consejos amigos : planificar todo ese “orden y concierto”  por días o semanas. Cada día, una cosa. Y una agenda. Tranquilamente.

Lo intentaré de nuevo…

Dentro de mis futuras rutinas, quiero escribir en el blog. He dudado durante estos días porque me cuesta no pensar que frivolizo si lo hago en un tono humorístico o si me da por la ciencia ficción (como ha pasado con muchos de los relatos que me gusta escribir y ahora me parecen, eso, frívolos ).Hay muchas personas pasándolo realmente mal… Pero voy a hacer caso a mis consejeros espirituales : un post es terapéutico para mí y espero,  que para los que se dejen caer por aquí en estos tiempos difíciles. Ya tengo una lista de ideas. Y , la propia lista, ya ha sido terapeútica.

 

Por suerte, hay cosas que me marcan mi espacio-tiempo, como son las horas de las comidas y, también, el aplauso de las ocho de la tarde.

Respecto a la cocina: ha surgido en mí una faceta insospechada que es de planificación y de coordinación de menú. Y me sale bien. Algo es algo.

Photo by Neha Deshmukh on Unsplash

Respecto al aplauso : En estos últimos días, he aplicado tecnología para multiplicar el efecto. Salgo con mi altavoz inalámbrico supersónico y una pista de aplauso que dura 5 minutos. Es un gran momento de conexión humana . Es sentimental y también adrenalínico. Es de agradecimiento y de esperanza. Me gusta como me siento en esos minutos.

Photo by Daniel Lincoln on Unsplash

Es la hora exacta del día en la que, de verdad, creo que todo va a salir bien y que podremos con esto.

NB : Para el siguiente post, la idea es : Ver la tele en tiempos de confinamiento.Por si alguién tiene alguna idea.

Relatos Confinados.

Para los que os gusta escribir. O para los que nunca se lo han planteado pero ahora tienen tiempo.

Una propuesta de Casa Blackie (@blackiebooks), una editorial independiente con sede en Barcelona.

Yo ya he envíado el mío. ; – )

 

La lista medicinal.

Nuestro cerebro se está adaptando a la situación. Le falta entrenamiento porque nadie le ha avisado del cambio de “normas” pero, como todos sabéis, a los 21 días ya se puede considerar que creas una rutina.

Nuestro cerebro , lo que quiere, es sobrevivir y si para eso tiene que estar privado de una serie de parámetros que antes consideraba esenciales, como es muy plástico, cambia los parámetros y los convierte en accesorios.  Es verdad que hay cerebros que lo hacen con más fluidez que otros, pero, al final, todos se adaptan.

Photo by davisco on Unsplash

Nuestro cerebro, por eso, recuerda. Tiene información de cómo eran las cosas hace un mes, hace un año, hace una vida y puede comparar. Por eso, aunque se adapte a lo que toca, sabrá hacernos vivir una experiencia inolvidable , cuando todo se normalice.

Photo by am JD on Unsplash

Abrazar a tus padres, a tu familia, a tus amigos; salir a dar un paseo por que sí; tomar un aperitivo en una terraza al sol; ir a un concierto; organizar una cena con tus amigos; pararte, en la calle, a ver un espectáculo de burbujas de jabón…

Todas esas cosas que estaban tan normalizadas que carecían de valor, se convertirán en verdaderas explosiones de placer, hazañas milagrosas, dosis de máxima felicidad.

Así que nuestro cerebro nos proporciona , también , una medicina que puede aliviar los síntomas del confinamiento: pensar, visualizar, anticipar esos momentos increíbles que llegarán.

Empecemos a hacer una lista.

Es medicinal.

 

 

El mono de trabajo.

Cada día desde el confinamiento, a las ocho de la tarde, aplaudo con mis vecinos a todos los profesionales del cuerpo médico, sanitarios, repartidores, cajeras, trabajadores sociales, cuidadores geriátricos… Ya es una de las actividades fijas de mi rutina de higiene mental.

En cada ocasión, me he emocionado. Y sé que,  cada día que les aplauda, me emocionaré.

Quedarme en casa, sin contacto social, es la única aportación que me piden. Algo que está al alcance de mis manos. Así que solo puedo seguir sus instrucciones y , con esas manos bien lavadas, aplaudir con todas mis fuerzas.

Cada día.

NB : Este es su mono de trabajo. Aunque no se les vean las alas…