Planeta A

Cuando se habla de emergencia climática y del planeta, parece que el tema no vaya con la especie humana. Muchas veces, se recurre al concepto “No hay Planeta B” pero lo que no habrá es People, ni A ni B.

El “Planeta A” sobrevivirá a lo que nosotros le hagamos, incluso a la temible crisis nuclear. La tierra se secará, se inundará, habrá terremotos, erupciones volcánicas, huracanes, radiación, se extinguirán especies pero otras , sobrevivirán, se adaptarán y dentro de miles de millones de años, el Planeta A seguirá vivo, no como lo conocimos los que lo hicimos cambiar más rápido de lo previsto, pero ahí estará… .

Y si tiene suerte, con habitantes menos dañinos…

Foto de Markus Spiske en Unsplash

Hablando claro.

hc

-. No sé qué vamos a hacer con su caso. Me gustaría convocar una consulta interprofesional para intentar decidir cuál sería el mejor tratamiento para Ud.

-. Es que no puedo seguir mucho tiempo así. Se lo digo desde la desesperación, Doctor. He perdido a mi mujer, a la familia, a los amigos… Necesito poner remedio a esto… No quiero morir solo…No quiero vivir solo…

-. Tranquilícese. Seguro que encontramos la manera de oscurecerlo. Por lo menos, que no sea tan…

-. Perdone que le interrumpa. Mire Doctor, llevo meses viniendo a su consulta y no hemos conseguido nada. Me parece que no sabe qué me pasa, ni como curarme. Creo que está alargando esto innecesariamente. Supongo que le va bien ir facturando cada visita sin ningún avance ni cambio en mi estado. Yo ya tengo bastante. Voy a consultar a otro médico.

-. Por supuesto, es Ud libre de hacer lo que quiera. Y, sí, admito que no sé cómo hacer que Ud no hable claro. No sé me ocurre cómo oscurecer su discurso. Veo sus palabras de un color pálido, casi blanco…Son demasiado claras…

El hombre que hablaba claro, abandonó la consulta del eminente psiquiatra. Iría a visitar a otro profesional y mientras tanto, tendría la boca cerrada. Ese torrente de palabras claras, francas y carentes de adulación que salían por su boca, sólo le habían traído problemas.

El mundo no estaba preparado para que le hablaran claro

 

 

Fake de mi abuelo.

En alguna ocasión he hablado de mi abuelo en este blog. Es mi inspiración para una novela que , tal y como va la cosa, no acabaré nunca pero que conecta con su oficio de zapatero en la Barcelona de la posguerra. Natural de Zaragoza, vivió en Barcelona y hay unos años de guerra que , sabemos, que estuvo en Francia. Siempre ciudades. Él era un urbanita con ganas de naturaleza.

Me doy cuenta ,ahora, que su huerto , de tomates y habas exclusivamente,  en un terreno que compró para “salir de Barcelona” era de urbanita. Y que los espárragos que cogíamos en los pinares, era lo que veía hacer a los lugareños. Parecía de allí pero era un urbanita disfrazado.

Cuando veía algún pino tapizado de hiedra, se afanaba a sacarla. “Esto, ahoga el pino”, nos decía. Así que cuando vi la hiedra en el árbol salvado del post anterior, pensé que debía sacarla.

Pues resulta que no. Las raíces no ahogan al árbol. Son raíces aéreas, livianas,  que solo buscan un soporte sobre el que deslizarse , en la búsqueda de la luz. Por eso ascienden hasta la copa del árbol, si les dejas. Su raíz terrestre es la potente y es difícil que no pueda convivir en armonía con las del árbol.

Sus flores de color verde y amarillo proporcionan néctar para los insectos , sobre todo abejas y mariposas, en un momento en que hay pocas flores. La abeja Ivy (hiedra en inglés)ha adaptado su ciclo de vida alrededor de la hiedra. 

Allí donde estés , yayo, lo de la hiedra era un fake.

Entendido.

Un árbol. Uno. Se han talado tantos , que un árbol que molestaba en una zona residencial no es una gran cosa. Además, es un árbol no autóctono, que vino de un vivero, de otro país , para cumplir los planes paisajísticos de una urbanización. Tiene su punto irónico…

De eso, habrán pasado más de dos décadas. El árbol, pues, ya es de aquí. Hay apego.

Costó convencer al jardinero experto que valía la pena darle una oportunidad. Aconsejaba sacarlo. “Ya está en las últimas”.

Dos años después de su salvación in extremis, el árbol está bonito. Cortaron las ramas secas y sobrevivió.

En un tocón, he visto su mensaje.

Es una comunicación del árbol en un idioma que podamos entender los humanos.

Y se entiende perfectamente.

El fin del mundo.

Mi madre está en estado de alarma constante.

Ya no sabe si habrá pollo ( ha oído en la tele que escaseará por la falta de grano para alimentarlos), si habrá pescado (ha oído en la tele que el cambio climático ha hecho que no haya pesca normal en los caladeros y que los pescadores lo tienen complicado con el encarecimiento del combustible), si habrá carne ( lo mismo que con el pescado), si habrá pan ( ha visto en la tele los problemas con el trigo y el arroz!), si le cortarán el agua de casa ( ha visto en la tele la sequía alarmante), si podrá poner la calefacción este invierno, si… Para ella, es el fin del mundo. Menos mal que lo de la escasez de hielo le da igual…

Mi madre tiene 85 años y ve la tele, en la que cada día hay una alarma dramática y sí, es verdad. Es dramático : hay una guerra muy cerca, hay emergencia climática ( ya no es crisis, es emergencia), las cosas no están bien en general, pero debo preservar su salud así que le he aconsejado no ver la tele, exceptuando “Tierra amarga”.

Es por su bien.

Foto de Stephen Isaiah en Unsplash

Credo Shop

Había llegado el día.

Tras mucho pensarlo, tras darle muchas vueltas, tras marearlo, subirlo y bajarlo, había llegado el momento de adquirir un credo.

Se arregló con especial interés. No era una jornada cualquiera, cuando volviera a su casa, sería una creyente. ¿En qué? Esa era la incógnita pero…creería en algo… Se puso una blusa camisera de color blanco y puro porque pensó que era apropiado para aquella tarde de shopping de creencias. Eligió un traje chaqueta hecho a medida de color gris marengo. La americana era entallada y la falda, le quedaba ajustada a las caderas hasta la rodilla. Ser creyente no era excluyente de ser sexy, ¿no?

Los zapatos de tacón muy alto y fino le parecieron demasiado presuntuosos y se decidió por unos más austeros, con un medio tacón que le hacía parecer más bajita y chaparra pero se desabrochó uno de los botones de la blusa para compensar el efecto. Se miró al espejo y le complació lo que veía : una mujer adulta, decidida, reflexiva…que se iba a comprar una creencia.

Dudó a la hora de escoger el bolso que llevaría. Un credo. ¿Pesaría mucho? ¿Era voluminoso? O, por el contrario, ligero como una pluma y pequeñito, como para llevarlo en un bolso bombonera. Nadie le había sabido explicar cómo era un credo, así que , ganó su lado práctico y se colgó del brazo una bandolera de tamaño mediano, que podía llevar cruzada si , al final, resultaba que las creencias pesaban demasiado.

Se sentía muy alegre. Por fin, había decidido creer en algo… Ya era hora de poder contestar a aquellas preguntas : ¿Perteneces a alguna religión? , ¿Tienes alguna creencia? Y, finalmente, la definitiva : ¿En qué crees?. Hasta ese momento de su vida, no había necesitado uno de esos credos. Había crecido en una familia afectuosa, rodeada de bondad y nunca se había planteado en que creía. Debía buscar un Dios. Una Cosmovisión. Una Espiritualidad. Algo en lo que creer…Por normalizarse. Los últimos años habían sido duros. Sus padres fallecieron en un accidente y sólo el gran amor que siempre había rodeado sus vidas , le permitió salir de ese gran pozo de tristeza que la engulló. En esa época, se dio cuenta que los que “creían” se sentían más confortados que ella . Parecía que tomaban un atajo…

Después, se enamoró de un hombre maravilloso pero… él sí que tenía una creencia. No era una de las típicas …No. El novio tenía un credo exótico : pertenecía al Movimiento Raeliano. Íban al cine, salían a cenar, tenían sesiones de sexo fantástico, conversaciones interesantes y mucha afinidad hasta que salía el tema de la Iglesia de Rael. Ella intentó comprender eso de la transferencia mental y la inmortalidad. Lo intentó con todas sus fuerzas pero fue imposible. No lo entendía. No se lo creía, vaya.

Creencias, creencias… Sus amigas , en el trabajo, hablaban de catolicismo en su versión de bodas, bautizos y comuniones. En cambio, en el supermercado , la cajera le intentaba convencer para que asistiera a una misa evangélica. En las clases de yoga, le habían hablado de la Ley del karma, del Hinduismo… Richard Gere, Budista. Tom Cruise, Cienciólogo…Todos creían en algo, incluso los que no creían en nada, creían en eso…pero ella no era ni atea, ni agnóstica…No sabía qué era aunque fuera feliz y, con la edad adulta, necesitaba una de esas creencias …para explicar su felicidad, por lo menos.

Llegó a la fachada de Credo Shop.

La tienda era preciosa. Cuando entró en aquel espacio blanco e inmaculado, lo primero que sintió fue una paz interna que ya no recordaba. Sólo la había obtenido en el pasado, en los brazos de su madre. Un gran mostrador, también blanco y brillante, delimitaba la zona de atención al público. A ambos lados, había unas estanterías de un diseño ingenioso que parecían estar suspendidas en el aire. En cada una , unos rótulos plateados anunciaban su contenido. Mientras tocaba el timbre que había en el mostrador fue leyendo : Cristianismo, Islam, Budismo, Hinduismo, Religión tradicional China, Religiones indígenas, Religiones afroameriacanas, Sijismo, Espiritismo, Judaísmo, Baha’s, Gnosticismo, Jainismo, Shintoismo, Caodaísmo, Zoroastrismo, Tenrikyo, Neopaganismo, Unitarismo universalista, Rastafarianismo, Cienciología, Religiones Varias ( Rael, Tribu Yaohanen…)

Se mareó. ¿Había tantos credos?

-. Señorita, ¿La puedo ayudar en algo?- un hombre muy alto, vestido con una bata blanca de laboratorio, la miraba fijamente. Una media sonrisa se dibujaba en sus labios.

-. Mmmm. Venía a comprar una creencia pero me ha abrumado ver que hay tantas para elegir. ¡Hasta me he mareado!

-. Tranquila, suele pasar. Dígame, ¿Había pensado en algún credo en especial? ¿Tiene alguna inclinación personal?

-. No he pensado en nada concreto. Querría algo que fuera sensible, compasivo, ético. Sin restricciones de vestuario, quiero poder ver la belleza del mundo, que se base en el amor a los demás…- Miró al vendedor- ¿Demasiadas cosas?

-. No, siga, siga. Cuanta más información, más podremos acertar en la elección.

-. A mí me funciona lo que me decía mi madre : Trata a los demás , como quieras que te traten… Ah! Y aquello de que una sonrisa gana la más dura de las batallas…¿ Hay alguna creencia que adore las sonrisas? -Preguntó esperanzada.

-. Yo la veo rodeada de mucha espiritualidad y afecto pero si insiste en tener una creencia, yo no le voy a decir que no. Estoy a quí para vender, señorita. A ver, dígame ¿ Se mueve en un ambiente conservador o liberal? ¿De qué trabaja? Si trabaja en el barrio de los Diamantes de New York, yo le aconsejaría el judaísmo. Si es Guía de Viajes en Jamaica, el Rastafarianismo puede encajar…El Cristianismo, también funciona en muchos ambientes. Ahora tenemos de oferta, el católico no practicante. Se cree lo que hay que creer pero no practica el culto…El Islam ya no se lo ofrezco, ya que no se quiere tapar… No sé. Puede ver que hay muchas opciones.

-. Y, ¿Hay alguna verdadera?-preguntó desesperada por elegir. Nunca hubiese pensado que sería tan difícil escoger la correcta.

-. En realidad, la verdadera es la que la haga ser mejor persona. No importa cual si lo que hace es mejorar su humanidad…

-. Mmmm. Ya.- ojeó la información- Pues me lo voy a tener que pensar… De verdad, creo que intento mejorar cada día. Y ayudar a los demás. Y sonreír… Y sin credos, ni nada de nada… No sé…¿Tiene muestras de las creencias más importantes para que las pruebe?.

El vendedor le preparó un paquetito con unas muestras mientras ella miraba el contenido de la estantería consignada para la Iglesia de Rael .

Cogió la bolsa con cierta aprensión. Si el objetivo era “ ser mejor”, ¿Por qué debía gastarse el dinero ( las creencias estaban carísimas!) en una? Le prometió que las estudiaría y volvería y se marchó de la tienda, abrumada por las dudas y con exceso de información.

El hombre de la bata blanca, vendedor de creencias, la observó mientras ella caminaba calle arriba, con su bolsa, con el nombre de “Credo Shop” grabado en letras blancas.

Supo que no la volvería a ver por allí: aquella mujer ya creía…

 

Furgoneta va, furgoneta viene.

Me dispongo a comprar menaje y accesorios para la cocina. Por la zona en la que estoy situada , prefiero comprar todo online . No es una compra de impulso, marcada por el mensaje de  “ Plazo de 24 a 48 horas de entrega” pero cuando hago el pedido en la web, me notifican que en los próximos dos días, tendré todo el material en casa.

Efectivamente, a las 48 horas, me llega un paquetito. Es pequeño. Ahí no caben platos, ni vasos… Efectivamente, hay un pack de trapos, unos individuales y un mantel. Vale.

Un mail me informa que en los próximos días, me llegará el resto.

Y lo hace.

Va llegando.

En cinco días diferentes, voy recibiendopaquetes.

Si me hubiesen advertido que vendría en paquetes diferentes, es posible que no hubiera formalizado la “Cesta de la Compra”. Ni siquiera pensando en el planeta, que ha sido después, si no por la incomodidad de tener que estar presente en la franja horaria indicada por el transportista…

La triste realidad es que tengo lo necesario en la cocina pero , con mi pedido , en cada viaje, he contaminado lo mío. La furgoneta , de la que bajaba una persona que iba rápido y sólo me pedía el DNI, no era eléctrica y llevaba tropecientas cajas más por repartir.

Posiblemente , múltiples fracciones de pedidos que llegaran a ritmo de combustible fósil, hoy, mañana, pasado mañana…

Foto de Meal Pro en Unsplash

¡Oh, cielos!

Cada día, el atardecer ha sido diferente. Rosa, anaranjado, fucsia, amarillo pálido… La paleta de colores es variadísima. Una maravilla que cambia cada día. No hay forma de aburrirse …

Lo que no esperaba es encontrarme a un pez de fuego , surcando el cielo.

Y, después, para hacerlo más emocionante, un ovni.

Lo dicho, no hay forma de aburrirse…

Expectativa vs Realidad.

-. Desayuno al aire libre

En la mesa, debajo del cañizo , viendo el campo… Estoy con una amiga y hemos puesto los mantelitos individuales, los vasos con agua y zumo. También pa amb tomàquet y una tabla con embutido de la zona. Ni nos hemos sentado que se acercan unas avispas revoltosas. Primero hay dos pero, después, el número se dobla. Yo , las temo. Mi amiga, también. Dando saltitos y haciendo aspavientos con un trapo, hemos conseguido sacar los platos , los vasos, y el pan. La tabla, ha sido más difícil. Les encanta la sumaia

Más bandadas de trapo y ya lo tenemos todo pero nos siguen al interior. Hemos cortado un trozo de sumaia y lo hemos dejado en la mesa, a medio sol, debajo del cañizo… Allí dónde debíamos haber estado nosotras…

Eso sí, desayuno con risas…

Foto de Mia de Jesus en Unsplash

Las golondrinas.

Lleva mucho tiempo sin llover. En esta zona del Alt Empordà, más de un año. Los campos están muy secos, ha habido restricciones por peligro de incendio. Había ganas de lluvia…

Y lo ha hecho pero…poco. Se esperan más lluvias pero, de momento, solo ha lloviznado , todo ello precedido de un calor pegajoso y muchas moscas en su versión más pesada e insistente. Y las golondrinas. Las veía volar en círculos y muy bajo. Y ya sabéis lo que dicen , que este tipo de vuelo pronostica lluvia. Han aparecido más golondrinas, en coreografía circular espectacular.

En un ataque de curiosidad he buscado el motivo de ese vuelo de la golondrina. Ya empezaba a tronar a lo lejos…

En realidad, el protagonista del vuelo es el mosquito y otro tipo de insectos voladores imperceptibles al ojo humano. Ante el cambio de presión atmosférica previa a la lluvia, estos animales vuelan más bajo, momento que aprovechan las golondrinas para cazarlos ya que son su principal fuente de alimento.

Y mientras escribo esto, ya está lloviendo un poco…

Foto de Ed Leszczynskl