El sparring.

Poco a poco, estoy creando un catálogo de personalidades para mi Human(zoo)lógico particular. Hasta ahora, he catalogado a los vampiros de energía, los yoístas tipo cactus, los esponja, los sabelotodo plus, los ojos que no ven , los críticos porque sí y  el yo lo hago todo pero no.

Hoy, presento al Sparring.

Del ingl. sparring [partner] ‘[compañero] de entrenamiento boxístico’.

  1. m. y f. Persona con la que se entrena un boxeador para preparar un combate. U. t. en sent. fig. Está preparando el debate con un sparring.

Este tipo de espécimen va recibiendo impactos de su entorno. Suele ser el sujeto del grupo (familia, amigos, entorno laboral,) al que le llegan los problemas. Los impactos. Le van diciendo:  una deuda importante, un dolor, arreglar un papeleo, una crisis emocional, un problema en el trabajo, un …Estos problemas no los suele tener él y si los tiene, actúa de auto-sparring pero es receptor de los impactos de los demás que suelen confiar en él: o para que lo solucione o para que lo escuche, a modo de terapia.

Al que le toca ser sparring, le viene por personalidad y por posición jerárquica (formal o informal) en el entorno en el que se mueve. Puede ser de tipo flexible o rígido. El sparring flexible es el que mejor lo tiene. Ha aprendido a lidiar con los impactos, colabora, ayuda, actúa, pero está acostumbrado y es flexible. Puede encajar bien pero también, moverse con agilidad por los alrededores del tema. El rígido es un sparring que sufre. Es como un tótem, una columna sólida, pero, a la vez, muy rígida que va absorbiendo cada impacto con las vibraciones subsiguientes.

En ambos casos, sea un espécimen flexible o rígido, el sparring es buena gente.

Recibe, digiere y, si puede, intenta ser resolutivo, consolador o conciliador. A veces, por eso, su misión es imposible.

Hay dos peligros para él : 1) que de tanto recibir los impactos del entorno, no pueda gestionar los suyos y 2) que, de tanto impacto, acabe lelo.

Si hay un sparring en tu vida, cuida de él.

Human(zoo)lógico

El Vampiro de Energía

El Yoísta-Cactus

El Esponja

El Sabelotodo Plus

El Ojos Que No Ven

El Crítico porque sí

El Yo lo hago todo pero no

 

A solo un beso de distancia…

Hoy toca este increíble proyecto musical, solidario y transmisor de un potente mensaje de buen rollo. Paz y amor:  Playing for Change.

Esta vez, he elegido la versión Gimme Shelter de The Rolling Stones.

 

El título de esta canción grabada en 1969 y su letra,  nos indica que nuestra evolución ,en esto de la concordia y el entendimiento humano,  es bastante lenta. Hace 49 años, Mick Jagger  ya cantaba “Dame refugio” y decía cosas como que la guerra está solo a un tiro de distancia…Seguimos con guerras y muchos seres humanos, hoy, en el 2018, siguen necesitando un refugio.

Este tema hace alusión a los horrores de la guerra de Vietnam. Aunque nunca fue lanzado como sencillo, se convirtió en un tema favorito del público en sus actuaciones en vivo desde su aparición. Es considerada por la crítica como una de las mejores grabaciones de la banda y una de las mejores del rock.

No acaba mal . Con toda la energía del rock y esa letra devastadora, acaban con una estrofa que dice así :

    I tell you… Love, sister,

    It’s just a kiss away,(…)

Necesitamos ir más rapidos en lo de la humanidad para que el significado de esta canción quede , definitivamente , desfasado. El amor está a solo un beso de distancia…

NB1 : Gimme Shelter fue la nº 38  de las 500 mejores canciones de todos los tiempos publicada en el año 2004 por la revista Rolling Stone.

 

 

Una dosis de píldoras.

pildorasLa píldora de la creatividad con lo básico.

Estas son las cosas que más me llaman la atención, porque parten de un planteamiento muy, muy simple. Y de ese esquema sencillo, se crean cosas como estas.

Te dan un puñado de rotus y… ya está. Sólo tienes tus manos y unos rotuladores. A continuación una voz te dice : haga algo creativo con esto. Pides un papel o un bastidor pero te dicen que no hay nada más. Y que está prohibido garabatear o pintar encima de la mesa… Pues Annie Ralli hace esto.

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Un plato blanco, una vinagreta de Módena caramelizada , unos tomates cherry… Le añades imaginación y destreza artística ( es necesario saber dibujar) y te sale un plato tal que así. De Hong Yi.

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La píldora práctica

Se utiliza para un portátil pero puede ser una idea para transportar cualquier cosa. Debes llevar una sudadera o jersey con capucha. Es muy sencillo pero…es una de esas cosas sencillas que olvidas ( inmediatamente) cómo se hacen…Ya no te digo si lo necesitas…

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la píldora reivindicativa.

Odio la K. Lo siento. No me gusta esta forma de escribir para “economizar” que convierte al pobre queso en keso. O al “Te quiero” en “Te kiero” ( igual es T Kiero, que economiza más).

scrabble

La píldora bonita

Para acabar la dosis, un paseo relajante por un campo de té.

Aquí me quedo…

te

 

 

 

Compra impulsiva.

 

-. Ya son suyas. Tiene que dejar la habitación libre antes del mediodía. Es la hora del cierre de la subasta.

No me lo creía. Era científicamente imposible pero… mi fuente era del todo fiable. Estaban en una habitación y había muchas… Era ir a verlas y si las quería, eran mías.

Era una ocasión única. Una compra irrepetible.

¿Serían blancas? ¿Grises, negras? ¿Llenas de lluvia, de granizo? ¿Con rayos y truenos? ¿Gordotas ¿ ¿Etéreas?

Compré el lote entero.

Abrí la puerta y me dispuse a contemplar mi gran adquisición.

Una preciosidad.

Algo único, sí…pero ahora tengo un montón de nubes que no se cómo sacar de aquí…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué culpa tengo yo?

Cuando mi psiquiatra me propuso que lo hiciera, pensé que era otro de esos trucos de auto ayuda que intentaba endilgarme para tenerme unos días distraída y añadir más sesiones de psicoterapia de luxe (o sea, carísima).Pero, aunque él se esforzara en sumergirme en una terapia eterna, yo sabía que la necesitaba. Estaba por descubrir si sería de por vida o sólo por un tiempo, pero, en el hoy de mi existencia, tenía claro que estaba jodida y que sólo con “ayuda profesional” podría salir de aquello.

No era feliz. No era nada feliz. Nada de nada.

Inexplicablemente, esos que pertenecen a mi entorno me repetían constantemente que sí que lo era: “Sí eres feliz: una salud de hierro, una familia afectuosa, holgada situación económica, un amante-novio-que-puede-ser-el-hombre-con-el-que-te-cases, fantástico (y casi gemelo idéntico de George Clooney), un trabajo maravilloso, coche super, segunda residencia, posibilidad de viajes exóticos, etc,etc…”.

Todos lo veían, menos yo. Mi supuesta felicidad era un hecho evidente para el mundo exterior, pero, en el interior, la insatisfacción y la tristeza eran lo único que sabía o podía identificar. Era tanta la discrepancia entre la realidad que yo vivía y la que sentía en mi piel, que decidí visitar al eminente psiquiatra (que en paz descanse) para que me ayudara en el asunto.

No es que fuéramos personalidades compatibles. Me negué a tomar ningún tipo de medicación desde el primer instante y eso lo pilló un poco fuera de juego. Parece que ser que lo único que le interesaba a los otros pacientes, era la receta de las pastillitas mágicas así que lo que hizo conmigo fue más experimental que otra cosa. Al principio, valoré cambiar de terapeuta, pero me había costado tanto esfuerzo emocional llegar hasta ahí que preferí no cambiar de diván (que, por cierto, era cómodo, amplio y mullido.Perfecto.)

Sí, ya sé que lo hago muy largo. Intentaré hacerlo mejor.

Tras un mes de terapia intensa, mi psiquiatra determinó que yo era una persona feliz. Mi patología consistía en una “ceguera emocional”. Según él, no era capaz de apreciar las emociones. Me opuse a la teoría de inmediato: si era como una especie de piedra humana, ¿Por qué sentía melancolía? ¿No era también una emoción? Así que continuamos con el tratamiento y, tras otras cuatro semanas, el psiquiatra diagnosticó que la ceguera sólo afectaba a los buenos momentos. Para eso, no tuve respuesta: ¡Era justamente lo que me pasaba! Todo indicaba que los experimentaba, pero no los disfrutaba.

Lo siento. Iré al grano.

Entonces, fue cuando me propuso crear un “guarda -recuerdos”. El nombrecito ya me pareció cursi de narices, pero, fiel a mi terapia, me fabriqué un recipiente para conservar los momentos felices siguiendo las instrucciones del doctor. El primer día de revisión de mi “guarda-recuerdos”, es cierto que tuvimos una pelea. No es que fuera muy grave, pero si es que verdad que los dos alzamos la voz.

¿Lo qué pasó?: le planté en su mesa de despacho, el precioso bol de cristal que había comprado en un anticuario, la libretita de papel artesano y mi boli Roll de tinta líquida: “No puedo escribir mis buenos momentos! ¡No sé cuáles son! –les espeté enfadada. Yo no suelo enfadarme mucho, pero, de vez en cuando, me gusta ser un poco mala. Me recarga de energía. “Su invento no me sirve para nada”. Y con un movimiento teatral y trágico, cogí la libreta y escribí NADA y lo metí en el bol. El psiquiatra me ordenó estirarme en el diván y, también enfadado, me obligó a repasar todo lo que había hecho durante aquella semana. Paso a paso.Hora a hora. Minuto a minuto. Creo que lo hicimos gritando…

En ese tiempo, cambió mi opinión sobre aquel hombre. Había pensado de él que era un farsante y un incompetente, pero la Técnica del Guarda Momentos empezó a funcionar. Era necesario e imprescindible que yo le explicara a él y que él me lo tradujera a mí. A través de sus palabras, reeditaba aquellos momentos que él consideraba felices (según los parámetros normales) y conseguía verlos. Con toda su intensidad. Una cena, un paseo, un éxito, una llamada telefónica, un perfume… Cosas que pasaban por mi vida sin ser apenas percibidas cobraban vida y se hacían reales cuando, él las transcribía y me las explicaba. Era fantástico…

Cuando llegaba a casa, era yo la que los escribía en la libretita, arrancaba la hoja y, doblándola con cuidado, la introducía en el bol. En el salón, en una de las estanterías, estaba mi recipiente de buenos momentos y cuando sentía esa tristeza que nada conseguía curar, introducía mi mano, mis dedos elegían uno de los trozos de papel y lo leía: “Cena con las chicas en El Privado. Camarero cubano para morirse. Cotilleos y risas. María, embarazada” y entonces rememoraba ese momento, casi como si lo viviera por primera vez (hecho que técnicamente era verdad).

Me empecé a sentir mejor. Seguía ciega en lo de la felicidad, pero tenía mis fugaces momentos de visión esplendorosa cuando ponía en práctica la técnica del “Guarda-Momentos”.No sé cuándo se me ocurrió lo de utilizar a mi psiquiatra “en directo”. De verdad, no lo recuerdo. Pero sí que recuerdo lo del día de la nieve. Mi George y yo habíamos hecho el amor, delante de la chimenea, mientras los troncos crepitaban en un idílico refugio de montaña nevado. Era todo tan perfecto que tuve la necesidad de sentirlo. Así que llamé a mi terapeuta y le describí, con pelos y señales, el suceso maravilloso que acababa de vivir (y de perderme) y le pedí que lo hiciera visible para mí. Sí que recuerdo que lo hizo a regañadientes y que iba maldiciendo en voz baja. Supongo que no fue buena idea llamar a las dos de la madrugada y, encima, darle una descripción detallada de una gran actuación sexual, pero …lo mejor de todo, es que funcionó y pude acurrucarme abrazada a mi hombre, sintiéndome satisfecha y feliz por la experiencia compartida. Así que no me arrepiento.

Es cierto que, a partir de ese momento, se inició una nueva forma de terapia. Si yo intuía que me estaba pasando uno de esos sucesos felices, lo llamaba inmediatamente. ¿Cuántas veces? No sé. No creo que pueda dar una cifra concreta. Tal vez, podría entregarle mi bol y las cuenta, pero, claro, habría que restar las de antes de que empezara a llamar, ¿no?

Ya acabo, ya acabo.

Mi bol fue llenándose de experiencias maravillosas que se convirtieron en un antídoto a mi tristeza profunda. Sólo eran llamadas. Nunca me dijo que no lo hiciera, Señoría, así que no entiendo esta acusación por acoso y homicidio involuntario.

El abogado de la acusación me recrimina que lo llamé cientos de veces. Miles, tal vez. Ya sé que tiene un registro de llamadas del difunto doctor que lo demuestra y también que el infarto de miocardio se produjo en el transcurso de una de esas llamadas … y sé que me había denunciado por acoso, que había cambiado cinco veces de número de teléfono, que me tenía miedo y no me dejaba acercarme a su consulta, pero eso no me convierte en una homicida.

¿Qué culpa tengo yo de vivir tantos momentos felices?

Yoga.

Hace ya un tiempo que estoy pensando en hacer yoga o danza. El yoga me atrae enormemente, por todo lo que tiene de físico y espiritual.

Ahora, estoy en período de “prueba”. Estoy asistiendo a clases diferentes para saber cuál es la actividad que elegiré. La primera experiencia ha sido con el yoga…Mientras escribo estas líneas, estoy sintiendo músculos de mi cuerpo que no sabía que existían…Incluso los dedos de las manos protestan… ¡Madre mía! La monitora que me entrevistó me aconsejó el yoga Vinyasa. Tal vez fui yo la que alabé(exageradamente) mi flexibilidad y, lo demás, fueron las ganas…Hay más de 100 tipos de yoga, unos más físicos que otros y este es uno de los llamados “físicos” …Bien, con todo lo que me ha gustado la sesión de Vinyasa, admito que estoy rota y sé -confirmado oficialmente por mis músculos, tendones y fibras- que NO soy flexible. Y que el yoga es un ejercicio duro. ¿No habéis visto alguna vez, a alguien haciendo una de las Asanas y habéis creído que la harías fácilmente? Pues…no. Fácil no es.

( Esta ilustración, me representa)

Dicho esto, este cansancio es maravilloso. Y, también, la sensación de relax…Ommmm… He atisbado lo fantástico que debe ser todo eso cuando se hace bien…No he tirado la toalla porque quiero llegar a sentir eso, y me he apuntado a otra clase de yoga más pasiva y más adecuada a principiantes no- flexibles que creían que lo eran; – ).

Seguiré la ruta de clases de prueba.

To be continued…

Final dulce…

Un relato dulce de “Relatos a la Carta”

Esta es la banqueta de la abuela. Mi herencia.

Esta, no es una banqueta cualquiera. Ni siquiera la llamo banqueta. Para la abuela, era “el asiento” y así lo es para mí, también. Es curioso…Recuerdo que , en mi infancia,  era el único lugar de la casa familiar,  dónde estaba prohibido sentarse. Y, ya, de adulta, jamás me he sentado en “el asiento”. Ni lo he pensado siquiera…

La abuela afirmaba que “el asiento” estaba embrujado . Nunca profundicé demasiado . Me lo creí y punto : si no podía tocarlo, si no me dejaba acercarme…¿Para qué saber más? …Pero , ahora, me arrepiento de no haber prestado atención…

¿Cómo era la historia?…

Hablaba de una vieja puerta azul que había encontrado de paseo por el bosque. El inicio,  ya era raro….¿Una puerta? ¿En del bosque? ¿Allí, flotando?

puerta

Detallaba, la curiosidad que sintió y cómo la abrió y se adentró en otro mundo. Para una mujer, de montaña profunda, encontrarse en una playa, de aguas turquesa, le pareció algo maravilloso. Jamás había visto el mar… Explicaba que había una larga pasarela de madera, para llegar a una pequeña casita, en medio del océano. Como no tenía mucho que hacer, más que recoger un poco de manzanilla silvestre para llevársela a su madre ( mi bisabuela), decidió ir hasta la casa.

casota

Y, en su interior, estaba la banqueta… De repente, se sintió muy cansada de tan peculiar viaje y se sentó en ella…

Lo que venía a continuación, me hacía pensar que la abuela fabulaba con su banqueta y lo único que pretendía era que yo no manchara la delicada tapicería azul con mis manos pringosas de chocolate. Y es que la abuela decía que, mientras descansaba en “ el asiento”, oyó un gran estruendo. Asustada, se levantó de un salto y salió como alma que lleva el diablo pero…no sin antes coger la banqueta. Me confesó que no pudo evitarlo, que se quedó encandilada con el color , tan peculiar y diferente de los que había en la casa del pueblo.

Mientras corría, escuchó una voz atronadora que le decía:   “ Por tomar el asiento, ahora serás culo de mal asiento”.

Ese, es el embrujo. Cualquiera que se sentara ahí, quedaría incapacitado para sentarse, en una especie de “rebeldía del culo” que no sé en qué consistía y que nunca entendí pero que no te dejaba sentarte jamás… Tengo que admitir que no recuerdo ver a la abuela sentada, nunca.  Era intentarlo y decir que se le ponía el culo malo…

Ahora, tengo “el asiento” en mi casa y nadie a quien preguntar sobre esta maldición que me inquieta. Y , la verdad, no me atrevo a tomar asiento así que he decidido…probarlo…pero yo no me siento ahí, ni loca. Así que he llamado a la Patri, mi odiosa vecina, que más que culo de mal asiento es un culo inquieto. No la soporto. La he invitado a tomar un café y unos pastelitos de nata que hago de vez en cuando y que la vuelven loca. Ese , es el cebo.

Que se siente, que se siente y a ver qué pasa…

Llaman a la puerta.

Hola , Patri, querida! ¡Estás guapísima! ¿Has adelgazado , verdad? ¿O es el corte de pelo que te sienta fabuloso? Pasa, pasa y siéntate que he hecho cupcakes, de tus preferidos. Sí,Sí, ahí mismo en la banqueta azul ¿A qué es una monada? Era de mi abuela pero… Siéntate, mujer, que hace mucho que no hablamos. ¿De verdad no te has hecho nada? ¡Porque te veo fabulosa!…¿Un pastelito?

finaldulce

Rebelde.

girasolrebelde

Es posible que , a veces, la mayoría no tenga razón.

Es posible que , en algunas ocasiones, el que disiente o es diferente sea el loco pero , en este caso, el girasol más majo es que el que le da al espalda al sol.

Cosas de la naturaleza…