No juzgues un libro por su título. O sí

El título de una obra no es un detalle menor: es la primera puerta de entrada, el lugar desde el que el lector empieza a mirar. Puede seducir, desconcertar, emocionar o quedarse grabado antes incluso de abrir el libro.

El Bookseller/Diagram Prize for Oddest Title of the Year, organizado por The Bookseller desde 1978, lleva esa idea al extremo: premia cada año el título de libro más extraño o insólito y juzga solo el título, no el contenido. Desde 2000, el ganador se decide por votación pública.

Lo curioso es que muchos de estos títulos no intentaban ser graciosos. Proceden de libros científicos, técnicos o académicos en los que el título describe exactamente el tema, pero fuera de contexto suena completamente surrealista. Por ejemplo, el ganador del año pasado es un ensayo serio sobre cultura y arte.

Ganadores de los últimos tres años

2025
The Pornographic Delicatessen: Midcentury Montréal’s Erotic Art, Media, and Spaces
La delicatessen pornográfica: arte, medios y espacios eróticos del Montreal de mediados de siglo

2024

The Philosopher Fish: Sturgeon, Caviar, and the Geography of Desire
El pez filósofo: esturión, caviar y la geografía del deseo

2023
Danger Sound Klaxon! The Horn That Changed History
¡Alerta sonora, klaxon! La bocina que cambió la historia

Mención honorífica

El libro How to Poo on a Date: The Lovers’ Guide to Toilet Etiquette, de Mats Jonasson, ganó el Diagram Prize en 2014. Forma parte de una pequeña serie humorística sobre “etiqueta de baño”. En este caso, no se trata de un ensayo científico, sino de un manual cómico e ilustrado sobre cómo sobrevivir a una situación incómoda cuando estás con alguien que te gusta.

El instante antes del viento

Los puntos nacen de lentejuelas de un jersey y pequeñas piedras de una pulsera.
Objetos sencillos, de la vida cotidiana, que recuerdan algo simple: la mayoría de las cosas son buenas.

Cada punto guarda una posibilidad.
Cada brillo, una esperanza.

Solo hace falta un instante. Y un poco de viento para que lo bueno empiece a esparcirse.

Que se peleen ellos.

«La guerra es un lugar en el que jóvenes que no se conocen ni se odian se matan entre sí, basándose en decisiones tomadas por viejos que sí se conocen y se odian, pero no se matan».

No he logrado encontrar la autoría de la frase. Se dice que la pronunció Paul Valéry, poeta y ensayista francés, aunque no aparece de manera literal en ninguna de sus obras. También ha circulado atribuida a Ernesto “Che” Guevara y a otros líderes y pensadores antimilitaristas.

La frase condensa una crítica recurrente a la guerra: quienes luchan y mueren son los jóvenes. La media de edad es de 18 a 35 años. En la flor de la vida. Son empujados por decisiones que no toman, mientras que quienes las dictan rara vez pagan el precioY conviene precisar: no es lo mismo defenderse que provocar. Hay guerras que se buscan y guerras que se padecen. La crítica no va contra quien protege a los suyos, sino contra quien decide encender —o mantener— el caos desde un despacho.

Caos que significa , muertes de civiles de todas las edades ( incluidos niños) y esos soldados , que si no mueren en acto de servicio , pueden regresar a sus hogares con graves lesiones físicas que, también , truncarán sus vidas.

Dejo una propuesta para los que deciden provocar una guerra: que vayan ellos, los que la declaran, la escalan o la prolongan. Que se batan en duelo. Sin jóvenes prestados.

Y como la mayoría de veces , todo es cuestión de dinero, sería un negocio redondo para quien lo retransmita en directo.

Y, curiosamente, sospecho que sería la mayor fábrica de paz de la historia…

Unas «viejas» Polaroid…

He encontrado una viejas Polaroid 2.0.

Las hice con una app que imita el efecto de aquellas fotos instantáneas. Las tenía en una carpeta olvidada con la etiqueta de «Fotos viejas» y ya tocaba ir eliminando cosas del portátil.

 

arrastrapenas1

El arrastra penas es «eso» que te distrae durante un segundo y te aleja de las penas.Sea lo que sea «eso»…

llegar

No importa el lugar, el estado, el propósito. Grande o microscópico. Fácil o costoso. Rápido o lento. Lo valioso es llegar.

diferentes

Las diferencias nunca nos separan, siempre nos mejoran.Viva la diferencia.

aquinoes

Esta casa está en Ibiza aunque se nieguen a admitirlo…

brother

El protagonista de la foto es el peine. La hice en Chicago.

artisan

El espíritu artesanal del que escribe un blog. Cualquier “expresión” en el ciberespacio es artesanía. O por lo menos, así era hasta que llegó la IA.

Luces de marzo.

No están siempre encendidas. No hay una pauta: funcionan de forma aleatoria.
Cuando lo hacen, llaman la atención. Parpadean a toda velocidad, a ráfagas o por ciclos, siempre con un punto histérico. No son blancas, a mi pesar. Son luces de muchos colores desordenados, con predominio del rojo y el verde.

Resaltan en la oscuridad de la noche… y llevan ahí desde Navidad.

En cuanto las veo, me impactan. Son ruido visual y, por un instante, me pregunto por qué aún no las han quitado o, al menos, por qué no las han desconectado.
Soy un poco quisquillosa, lo admito.

El otro día, delante del edificio, escuché una conversación entre dos vecinas. La mayor le decía a la otra que no había quitado las luces de Navidad porque a su nieto le encantaban; cuando se quedaba a dormir, el niño las encendía y pasaban un rato jugando con ellas.

Han tardado en volver a encenderse.

Esta vez, al verlas hacer zigzag de un lado a otro de la terraza, me he alegrado. Y, también, me han parecido bonitas…

Goodbye, Febrero.

Febrero se nos escapa entre los dedos. Mañana, le decimos. goodbye
El mes más corto del año siempre parece el más veloz.

Apenas nos hemos acostumbrado a 2026 y marzo ya asoma en el calendario. Con él llega la primavera. La luz cambia. Los días se alargan. El aire empieza a oler distinto.

El tiempo pasa deprisa. Demasiado deprisa.
Quizá no se trata de frenarlo, sino de vivirlo mejor. Con más intención.

Se acaba febrero.
Prepárate para las flores.

137,5 grados de belleza

Otra vez las camelias.
Cuando florecen, en invierno, siempre la misma foto. Y un post…

Me fascina esa “casi” perfección de la flor. Me sorprende cada año.

Cada pétalo nace ligeramente girado respecto al anterior y sigue un patrón matemático.
El ángulo entre ellos ronda los 137,5°, conocido como ángulo áureo. Es el mismo que aparece en girasoles.

No es casualidad, es eficiencia.

La planta coloca cada nuevo pétalo donde menos interfiere con el anterior. Así optimiza espacio y luz.

Lo que vemos como belleza es, en realidad, organización biológica muy eficaz.

Y sí: la naturaleza es bastante buena haciendo geometría y belleza.

La culpa es del siringol.

El olfato es un sentido que va directo al sistema límbico, sin pedir permiso. Un olor puede llevarte, en un instante, a un recuerdo, una sensación o incluso a una expectativa.

Tu nariz detecta un aroma y lanza una alerta por la autopista emocional del cerebro. Pasa con el petricor, ese perfume de tierra mojada después de la lluvia… y pasa también con la brasa.

Paseando por mi calle, me llega el inconfundible olor a leña, a fuego, a humo limpio. Y al segundo se enciende una sensación placentera. Hay una explicación biológica, química y antropológica detrás. 

Por un lado, el cuerpo se adelanta: salivas, el estómago se prepara. Viene comida.

Por otro, se despierta el modo prehistórico premium. El fuego controlado fue uno de nuestros grandes inventos: durante milenios significó calor, seguridad, reunión y alimento más digerible. En resumen: tribu.

Y sí, la culpa de todo la tiene el siringol. Cuando la leña se calienta, la madera no “se quema” sin más: se descompone. La lignina —el “esqueleto” aromático del árbol— se rompe y libera fenoles volátiles. Entre ellos, el siringol (con su colega el guayacol), moléculas pequeñas, rápidas y tremendamente reconocibles: huelen a tostado, a hogar.

Y después, ya no te digo cuando aparecen los calçots, las butifarras y la carne… el siringol se viene arriba y entra en modo festivo.

El día de quienes hacen fotos y vídeos

Foto de Liam Shaw en Unsplash

De quienes fotografían y de quienes filman.

Hoy, 20 de febrero, se celebra el Día Mundial de los Camarógrafos y los Fotógrafos.

Feliz día a todas las personas que se dedican a ello de forma profesional, a quienes lo practican por hobby, a los maestros y a los genios… pero, sobre todo, a quienes, con una cámara al hombro, se adentran en conflictos armadoszonas devastadas y revueltas sociales. Con sus fotos y vídeos —a menudo exponiendo su integridad física— nos informan, construyen memoria visual y nos ayudan a comprender una realidad que, en estos tiempos, resulta cada vez más difícil de descifrar.

Hoy, su transmisión de lo que sucede, sin tapujos ni filtros, vale más que nunca. Porque en 2026 las imágenes pueden recrearse, modificarse, manipularse o falsearse con una facilidad y un realismo inéditos gracias a la IA, hasta el punto de confundirnos.

Por eso, la mirada humana detrás de una cámara es, muchas veces, la única garantía de que lo que vemos ocurrió de verdad.
No son robots ni algoritmos.
Están allí. Y nos lo muestran.

Ruinas de Guernica tras el bombardeo (26 abril 1937)

Foto : Bundesarchiv, Bild 183-H25224 / o. Ang., “Guernica, Ruinen” (1937). CC BY-SA 3.0 DE (vía Wikimedia Commons).

Pobre cuadro azul.

Hubo una época en la que me dio por jugar con texturas. Recuerdo lo gratificante que era extender aquella pasta de arena y, después, pasar un tenedor por encima. Empecé usando guantes y acabé descubriendo lo satisfactorio que es trabajar el material con las manos.

Mi casa estaba decorada en tonos azul cobalto. Los cuadros que pintaba buscaban acompañar aquel espacio, así que este que veis ahora en blanco roto, beige y oro viejo, entonces estaba hecho en distintos tonos de azul.

Años después, el pobre cuadro azul se ha reciclado y ha pasado a ser una pieza de colores neutros, los mismos que ahora habitan mi hogar.

Podría etiquetarlo como #artesostenible, #artecircular o #arteadaptativo. Está reciclado, viaja conmigo y puede volver a cambiar de color…