Había estrellas…

Estas fotos tienen la etiqueta #sintrípode, cosa que ya ha pasado alguna vez en este blog. Fotografiar la luna sin ese maravilloso soporte y con un frío moderado, puede convertir la experiencia en algo sutilmente desagradable … Ya hacía unos días, que las nubes no me dejaban verla bien y la motivación hacia la foto era cero, pero esa noche, ocurrió algo. Nada espectacular ni importante: se fue la luz, dos veces, por un período de un par de minutos, en todo el vecindario.

En el primer corte, entre encontrar la linterna de verdad, encontrar la app de la linterna en el teléfono e ir a ver el cuadro de fusibles, la luz ya se había restablecido. A los quince minutos, volvió a irse… En esa ocasión, salí. El concepto “contaminación lumínica” se me presentó en todo su esplendor. Me impactó la negrura densa que absorbía todo. No se reconocían formas, ni siluetas. Tuve una sensación casi de solidez… Y entonces, levanté la mirada y me sorprendió una luna más definida, pero, sobre todo, las estrellas que había por doquier…

Fui a buscar la cámara para intentar (ilusa) captar algo de aquello que, teóricamente, está sobre mi cabeza, aunque no lo veo, pero, me demoré unos segundos más en su contemplación y cuando quise hacer una foto, la luz volvió, las farolas de la calle se encendieron, también las luces del vecindario y las estrellas desaparecieron. Creo que fui la única en casa que pronunció un -. Ohhh de disgusto. Con la prisa y #sintrípode, se me fue el zoom y esto es lo que salió.

Y, ya, en un ambiente lumínico normalizado, la luna se dejó fotografiar aunque batalló un ratito con mi pulso.

Y veáis lo que veáis en esta foto de fondo tan negro, doy fe que por ahí había un montón de estrellas…

No me lo puedo creer…

Primero, he oído aquel extraño aleteo. Raro, muy raro, teniendo en cuenta que estoy encerrada en un despacho minúsculo en el que no hay ventanas. Pero me ha pasado lo mismo que en las películas: cuando me giraba o levantaba la cabeza para mirar de donde procedía aquel sonido, el silencio era absoluto. A la que dirigía mi mirada a la pantalla del ordenador, ya estaba allí: flop, flop, flop

“Mira, es lunes y estás muy estresada” eso es lo que he pensado, dándome ánimos (algo que ya viene siendo habitual en los últimos tiempos) pero, entonces, cuando ya estaba más calmada y centrada en aquel listado de costes, me cae una plumita blanca en el teclado. Flip…

Como está feo eso de decir tacos, no voy a volver a reproducir el ¡Joder! que me ha salido del alma. ¿Qué hace un pajarito blanco en mi despacho? – me he preguntado en un tono infantil y estúpido. Incrédulo…Y con un poco de susto porque, inmediatamente me ha asaltado la idea de que fuera una paloma y yo, les tengo terror a esas aves…

Cuando me he atrevido a mirar hacia arriba, lo que he visto me ha dejado paralizada. Un niño, de ricitos rubios y mejillas sonrosadas, tirando a gordito (se le hacían esas arruguitas tan graciosas en las rodillas) y…con un par de alas, de plumas blancas, sobresaliendo de su espalda. Estaba sentado en el aparato de aire acondicionado, y agarrado a los conductos, como si fuera a caerse.

Tras procesar esta información, “niño gordo con alas, sentado en mi aparato de aire acondicionado”, he mirado al niño con atención y he observado que llevaba un arco en la mano y aunque no he visto ni una sola flecha, me ha parecido que podía ser peligroso. He decidido gritar con todas mis fuerzas, pero, cuando ya iba a dejar que el aire rasgara mis cuerdas vocales, el niño me ha hecho una señal con la mano, poniéndose un dedo en la boca. Y supongo que por el hecho de que es un “niño”, he cerrado la boca. ¡Una broma! ¡Claro! Yo que soy la anti San Valentín de la oficina, la que celebra el día de los No Enamorados desde que me dejó aquel impresentable, soy la víctima de una bromita del Día de Marras. ¿Una cámara oculta?

Cuando miro al nene, pienso que se han pasado tres pueblos. ¡Angelito! ¿Cómo se han atrevido a colocarlo ahí? ¿Y si se cae? Este último pensamiento me ha permitido salir del estado de estupor que he sentido al descubrir a un querubín ubicado en mi pared y me he dirigido hacia él, dispuesta a socorrerlo. ¡Qué bestias, por Dios! Estoy segura de que es culpa de Martínez, el capullo graciosillo de contabilidad.

Hola, cariño. No te asustes, te ayudaré a bajar de ahí.

No me toques, humana. Ni te atrevas. Soy Cupido, ¿Acaso no me has reconocido?– el niño me habla con autoridad y una cierta mala leche. Aunque es una monada me parece muy repelente pero no me doy por vencida. Es un niño-Venga, precioso. Vamos a bajar, que la broma ya se ha acabado.

Otro flop, flop, flop y el niño, gordito y sonrosado, se mueve torpemente, moviendo sus alas con dificultad. Le veo el culete y los rizos de su pelo y…una flecha clavada en su espalda. Da un giro y deja de hacer flop para hacer plof.

Cae en la mesa de mi despacho, boca abajo, en una posición antinatural que me da miedo. De repente, lo oigo. Esa vocecilla cabreada…

De verdad, estoy bien. No siento dolor. Esto se veía venir. Han sido los malditos recortes de presupuesto. Hace unos años, sólo nosotros podíamos salir a disparar flechas en un día como hoy, pero, el mundo ha cambiado y también los humanos. Se envían flechas amorosas, flores, corazones, mensajitos a través de las redes sociales y todas esas apps que crecen día a día… Y, claro, nos ha sustituido por plataformas digitales y algoritmos matemáticos y cada vez, menos dinero para Cupido y su ejército…

A estas alturas, estar hablando con un niño, con alas de ángel que dice ser Cupido y que está espachurrado en mi mesa, con una flecha clavada en su espalda, no me produce extrañeza. Tampoco que me esté hablando de recortes presupuestarios y revolución tecnológica. Charlo con él, como si tal cosa.

– Las flechas están caducadas y la penúltima que he disparado, ha realizado una trayectoria y ha acabado, clavada en mi espalda. Si me sacas la flecha, me desintegraré. Y ya está. Te dejaré en paz. Os dejaré en paz a todos…

–  En todas las pelis que he visto, sacar una flecha es lo último que se debe hacer. Desgarra la carne. No voy a hacer eso. – Últimamente, he visto un montón de series y no hay truco policial o de supervivencia en una batalla que no me sepa.

–  Confía en mí. Soy Cupido. ¿No me ves?

Miro sus rizos y ese culete gracioso. Es lo único que le veo, puesto así, boca abajo. No sé porque, pero le creo. Justo yo, la más escéptica con eso del Día de San Valentín…

–  Vale. Te la sacaré. Pero, aunque yo no crea en ti, si al final eres Cupido, te desintegras y desapareces me haces responsable de una cosa muy gorda. Matar a Cupido. Eso es serio.

–  No te preocupes. Me iré de aquí, a otro lugar que no conoces, pero… volveré. No tengas ninguna duda. No olvides que el amor, nunca muere. Y, mira, esto no deja de ser una acción de presión para que nos den más recursos. Venga, quítame la flecha que puede entrar alguien y encontrarme aquí con esta pinta.

–  Lo haré– Cojo la flecha y cuando me dispongo a tirar, oigo su vocecilla.

–  Ah! Una cosa más… Lo siento, pero, la última flecha que disparé… Espero que me perdones, humana.

Y oigo eso del “perdón” y me quedo perpleja.

Ya no hay flecha, ni niño muerto.

Creo que me voy a pedir una baja por estrés. Estoy mal, muy mal.

Llaman a la puerta. Veo que aún hay plumas blancas por la sala. Las recojo apresuradamente y le digo al que llama a mi puerta que puede pasar. Y ahí está Martínez, el de contabilidad, con cara de besugo y los ojos muy, muy brillantes. Sostiene un gran ramo de flores en su mano. Me lo entrega, junto con una postalita de un corazón ribeteado de blonda blanca. Horroroso, por cierto.

–  Siempre he querido decirte que me gustas y que me gustaría que fuéramos a tomar una copa, para conocernos mejor. O a cenar, si lo prefieres.

Me quedo muda. ¿Martínez? Vaya con el niño gordinflón con la flecha en la espalda.

Si lo llego a saber, no se la saco…¿Martííínez? No me lo puedo creer…

 

NB : Una versión nueva del Cupido’s Killer

Se busca antídoto.

 

Sólo hay que leer el periódico cada día o ver la televisión o los hashtags más populares de Twitter . Si te detienes en las noticias políticas, en territorio nacional o internacional, ves claramente que estamos afectados por el  Dunning Kruger.

El planeta y el país ha sido invadido por seres humanos que sufren el Efecto Dunning Kruger y, encima, han copado (todas) las posiciones políticas . Estamos rodeados.

El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo, según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real. Este sesgo se explica por una incapacidad metacognitiva del sujeto para reconocer su propia ineptitud. ( Justin Kruger & David Dunning, Universidad de Cornell, 1999)

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Y, mira, es posible que nos hayan contagiado y, aunque nos parezca mentira, vayamos por la vida ajenos a nuestra propia ignorancia. No te digo que no.

Ahora, lo urgente es encontrar el antídoto.Nos va mucho en ello…

Avanzadilla San Valentín.

No puedo ser menos y no unirme a la masa, con corazones, Cupidos y amor. Esto se acerca y nos van a invadir por todas partes.

 

Y yo, contribuyendo… ; – )

¿Qué hay que ser?

¿Qué hay que ser para desear una sanidad eficiente?

¿Qué hay que ser para querer una educación excelente?

¿Qué hay que ser para no tolerar una infancia indefensa?

¿Qué hay que ser para exigir un cuidado digno para nuestros mayores?

¿Qué hay que ser para querer la libertad de los presos políticos?

¿Qué hay que ser para desear el fin de los conflictos armados y del terrorismo?

¿Qué hay que ser para estar a favor de las políticas de preservación del planeta?

¿Qué hay que ser para exigir libertad de expresión?

¿Qué hay que ser para proclamar la igualdad sin importar raza, sexo ni credo?

¿Qué hay que ser para acoger a los que lo necesitan?

¿Qué hay que ser para luchar contra el hambre?

¿Qué hay que ser para querer un mundo mejor?

¿Hay que ser de derechas, de izquierdas, de centro? ¿Hay que ser nacionalista, soberanista, republicano, monárquico, lobista, activista,radical …?

¿Qué hay que ser?

NB : Repito post del 2017. Va pasando el tiempo y todo sigue igual de confuso…

Capas y capas…

Viene a ser una metáfora de la vida. Primero, un color alegre, que parece indestructible. Pasa el tiempo y el color toma ese matiz de “desvaído”. Ya no es violeta…Cambia el entorno y la historia, y donde antes había color, ahora se requieren­­ tonos más serios: Gris plomo, por ejemplo.

Pero la vida sigue y el gris, aunque sea compacto y riguroso, también se va diluyendo y deja ver lo que fue. Por muchas capas que haya, el tiempo las va descubriendo, una a una…

Lleva muchos años conmigo. Es un taburete auxiliar que me ha ido fenomenal: para la habitación violeta, para alcanzar las cajas más altas de las estanterías, para cortar el pelo en sesión de peluquería casera, para ubicar mi vaso de agua con gas con hielo y el libro al lado de la tumbona… Así que, le toca otra capa. Para seguir en mi vida, a base de capas… Esta va a ser de color azul …

El tiempo dirá …

Versatilidad del ganchillo.

Versátil, ya lo veréis.

¿Una pescadería de ganchillo?De la artista inglesa Kate Jenkins.

Que no falte el pan…

Para estudiar anatomía. De la canadiense Shanell Papp.

¿Joyas? Esta es la especialidad del japonés Miho Fujita .

Y que no falte una intervención urbana en Estocolmo de Julia Riordan.

¿Es o no versátil ? ; – )

Una onironauta en potencia ( que no lo es).

No news. Nada nuevo en el horizonte de mis sueños. Un par de veces, he registrado el mismo lugar isleño y encantador en el que me muevo pero los recuerdos fugaces de mis sueños,  no han sido nada relevantes.

No he vuelto a ser consciente de estar soñando en mi sueño…

Photo by John Westrock on Unsplash

Ya he acabado el libro y confirmo que tengo un regusto a pseudo-ciencia y detecto un excesivo optimismo en la capacidad del ser humano de controlar el mundo onírico. Nuestra neuronas son astutas, mucho más que nosotros, así que difícilmente dejaran que controlemos sus sistemas de borrado y orden…

Photo by Renee on Unsplash

Cierro mi apartado onironaútico de este blog hasta nuevo evento nocturno de despiste neuronal.

Photo by Javardh on Unsplash

NB 1 : Eso sí, mis registros de sueños me han dado una idea para un relato. ; – )

NB 2 :Una onironauta en potencia : (I); (II) (III); (IV);

 

 

Casualidad.

 

Estaba trabajando en mi zona del exterior, donde el cemento me permite hacer de las mías y pintar, barnizar, encolar, lijar,  etc., Sin temor a manchar… Es un espacio libre de ataduras…

La circunferencia, que nunca he podido quitar, es la huella artística de un spray de pintura y está ahí, diferenciándose de las otras manchas amorfas y descoordinadas, en su perfección de la forma.

Estos días ha hecho viento y volaban hojas y pinaza. En uno de esos arranques, una hoja quedó ubicada, exactamente, en el centro de la circunferencia. Y no se movió, ni con la brisa residual que circulaba por la zona.

La puntería ,  la persistencia y la forma de corazón, se merecían la foto.