Despacito Week

“Ir despacito”. Este es el objetivo de esta semana:   la desaceleración consciente.

No se trata de ir a dos por hora y dejar de cumplir con tus obligaciones. Es casi imposible dedicar una semana a una “vida slow” sin que la dura realidad te reclame -y con prisas- pero si que es posible aprender a pararse un poquito. Como ejemplo : No vayas al centro comercial tipo Hiper en el que encuentras de todo aunque sea “plasti-masificado”. Dedícate a comprar por las tiendas de tu barrio o en el mercado. Ese pan del horno de tres calles más abajo, el queso de la charcuteria de la esquina, esas cosas que nos gustan y que sabemos que son excelentes pero que dejamos de disfrutar “por no ir hasta allí”.

Es muy difícil esto del “ir despacio”, pero ya se adivina que es bueno. Extrapolando el concepto de la vida a la comida, el llamado “Slow Food” significa disfrutar de la comida y del placer del rito, en sí mismo. No es lo mismo abrir un paquete de ensalada mezclum que comprar tres o cuatro tipo de lechugas , frescas y crujientes. Esa cebolla tiernaaaa, el tomate que huele a tomate y frutos secos de todo tipo… Creas una obra de arte, una ensalada de colores que no debes comerte rápido. Te sientas, te recreas con el aliño ( un vinagre de jerez o Módena, aquel aceite de oliva casero o ese que te han regalado que está emulsionado con albahaca).

Y cada bocado , lo disfrutas y olvidas que la palabra engullir , existe.

La semana del Despacito Week promulga que te comas la vida igual que esa ensalada , paladeándola.

Buen  (y lento) provecho !

NB : Ilustraciones de Leif Parsons, NY. Un descubrimiento.

 

Extintos.

Cuando mi abuelo me decía que llegaría un momento que serían especies en extinción, yo no le hacía caso. ¿Cómo va a pasar eso? ¡Es imposible, abuelo! Nos hablaba de especímenes únicos, muy valiosos, que deberíamos preservar para poder conservar sus características.

Espero que con lo rápido que está evolucionando todo, los podáis clonar. Si no, querido nieto, estáis perdidos.

Noto la mano de mi hijo, encerrada en la mía. Está ejerciendo un poco de presión. Noto su calor y la sudoración que le provocan los nervios. Yo también estoy nervioso. Nunca, hasta hoy, habíamos visitado este Museo

El mundo no ha cambiado tanto como predijo el abuelo…Conflictos, conflictos y más conflictos. Nuestro planeta está en conflicto permanente y…ya hemos aprendido a vivir así. Nos hemos vuelto egoístas y muy superficiales. Lo único importante en estos tiempos es sobrevivir en esta jungla…Sea como sea.

Seas como seas…

Ya estamos en la sala de los Especímenes Únicos. Desgraciadamente, han desaparecido de la tierra. Cada espécimen aparece en un holograma a tamaño real. En la pantalla táctil y flotante que hay en el lateral, se informa que tipo de ser humano es y su característica principal.

1-. Ser Humano Empático

  1. Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

extinto

Observamos con atención al Ser Humano Empático. Mi hijo me mira inquieto.

Nos quedan más de diez especímenes por observar. El resiliente, el paciente, el justo, el generoso, el responsable, el solidario…

Todos ellos extintos…

Compro prisa.

 

serious running businessman and big white clock in dark room

-¿Tienes prisa?- Más que una pregunta es una constatación de un hecho. Yo estoy sentado, tranquila y serenamente, en mi sofá amarillo mientras él, me habla desde la cima de su altura, paseándose casi como un péndulo. Aquí, allí, aquí, allí… Tiene prisa.

-Sí, mucha.

Yo no tengo prisa. Estiro mis piernas y las relajo encima de los  cojines. Dejo que mi espalda se amolde suavemente al respaldo del sofá. Cuando ya estoy en una posición agradable, me quedo unos segundos suspendido en la nada, deleitándome con el paisaje que me ofrece la naturaleza desde mi ventana…Eso sí que es un  privilegio. Observó ese campo de trigo, aún muy verde, que la brisa mueve y ondula como si fuera un mar. Casi puedo oír el susurro delicado que te arrulla como la más exquisita de las nanas…Lo único que me resulta molesto, es este tipo con prisa…

No me voy a sentar en este sofá, ni voy a perder el tiempo tomando un café contigo. Te repito que tengo mucha prisa.

-Cuando dices “mucha” ¿De cuanta hablamos?– Le dejó que calcule una cifra. Normalmente, la transacción se realiza de esta forma: ellos me dicen cuanta tienen y yo le pongo un precio. Si interesa, bien. Si no… no pasa nada. Hay mucha oferta.

Se me antoja un buen momento para hacerme una infusión relajante. Creo que voy a probar el té de frambuesa que me trajeron de Nepal. Me lo tomaré, sorbo a sorbo, dejando que el calor inunde mi cuerpo y el sabor de las fresas silvestres me conforte. Las nubes cambian de forma y se deslizan por el cielo, empujadas por un suave viento que esparce el aroma de este verano ya moribundo. Me apetece abrir las ventanas…

Yo creo que un par de kilos.– me responde  el hombre que tiene prisa– ¿Te van bien? Necesito el dinero y, de verdad, me tengo que ir ya.

No es mucha, pero con eso puedo pasar-Calculo cual sería el precio justo según los índices de cotización de la prisa en el mercado. Le digo la cifra y el asiente, moviendo enérgicamente la cabeza,  y me doy cuenta que estoy comprando prisa de una gran calidad. La necesito para cuando viajo a la ciudad o cuando me convocan para reuniones de negocios. Desgraciadamente, yo nunca he tenido prisa y, por eso, me veo obligado a comprarla.

Cuando estoy cerrando el gran tarro de cristal en el que he guardado la prisa recién adquirida, oigo como hierve el agua de la tetera. Me dirijo al hombre que acaba de venderme su prisa y le invito a probar el té de frambuesas del Nepal.

Nos sentamos los dos.  Estamos cómodos y relajados y nuestra mirada se pierde en el baile del trigo y en las montañas que se adivinan en la lejanía. El contraste cromático es de una delicadeza exiquisita: las pequeñas cimas se recortan contra un cielo de un azul turquesa casi imposible que se une a la franja del verde, fresco y chispeante…

Este té está delicioso-me dice mi proveedor de prisa.

Le agradezco el comentario y doy otro sorbo. Las fresas silvestres estallan en mi paladar y lo acarician.

Sí. Está delicioso…

Viva el ASCII ; – )

 

El otro día, un amigo me preguntó por qué dejaba espacios entre los “emoticonos”. Ya sabéis que si no los dejas, la combinación de punto-coma/guión/paréntesis ( ; – ) ) se convierte en un smiley tal que esto:

 

Los dos símbolos expresan una emoción ( la misma, es cierto) que enriquece el texto, dotándolo de intencionalidad. Si lo pensáis, el concepto , en sí mismo, habla  de nuestra incapacidad para expresar emociones utilizando las palabras ya que en según que ocasiones, sin el emoticono, el significado “objetivo” del texto puede variar sustancialmente.

Pueden evitar un malentendido, por ejemplo. No es lo mismo escribir : Tonto,  que escribir Tonto ;-).

Justamente fue por una interpretación literal de un mail que pretendía ser irónico en un foro de la Universidad de Carnegie Mellon ( Pittsburg, USA), por lo que que el investigador Scott Fahlman creó está combinación de carácteres ASCII para expresar cuando algo iba en broma : – ) o en serio : – (   . El segundo símbolo, más tarde se utilizó para expresar enfado o disgusto.  Este fue el origen de su utilización en la red .

Con el tiempo se fueran sofisticando y haciéndose más numerosos. Incluso hay una división en dos “escuelas” : el emoticono occidental ( el del Fahlman) que es para leer inclinado a la izquierda ; – ) y el emoticono oriental o kaomoji, no requiere de esta “inclinación” ya que se leen en horizontal ^_^   `_^

Pasados los años y con el auge de las mensajerías instantáneas, estos emoticonos evolucionaron hasta los formatos que hoy inundan nuestros textos en todos nuestros dispositivos…

Yo , muchas veces, no los utilizo y dejo el espacio de forma totalmente consciente como un tributo a la creatividad del que con tres cositas de nada ha podido traducir la alegría, el disgusto,el coqueteo…Si lo intentamos expresar con palabras, entenderemos la grandeza de esta pequeñez tipográfica.

Me fascina el hecho de que la combinación de signos de puntuación , pueda ser un signo universal ( lo entendemos todos) que expresa una emoción.

Dos puntos, un guión , un paréntesis y te estoy diciendo que estoy contenta, que sonrío. Una maravilla.

Así que permitidme que reivindique el emoticono en ASCII … ; – )

N.B : La ilustración inicial de este post es de la revista satírica Puck , publicación americana ( 1871-1918) que en 1881 , publicó “Typographical  Art”. Se creía que esta era la primera aparición escrita de los emoticonos pero se encontró una cara-guiño, en un texto de un discurso del Presidente Lincoln , en 1862.

 

 

 

 

 

Escapar…

Este es un post para escaparse un poco…

Durante unos pocos minutos, puedes poner los pies en polvorosa y escapar.

Pero no “escapar” así, a secas…No.

Escapar, con estilo.

Miras el camino y te dices: Voy.

camino

Levantas tu vista hacia el cielo e inspiras.

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Puede ser que quieras escaparte aquí.

cottage

O…aquí…

cabaña blanca

Difícil elección, ya que este es un escape cortito y enseguida vuelves…

¿Qué tal aquí?

cabaña lago

También aquí es posible…

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¿Eres más moderno? vale, puedes escaparte…aquí.

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Entra, en cualquiera de estos “escapes “encantadores. Siéntate y disfruta del fuego.

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O de la lectura…

sofa

Sólo o en compañía.

perro

Escápate… relax

 

 

Humor nimio.

Estas son cosas de Álvaro Carmona,  un multi-artista español ( según wikipedia : “cómico, guionista, músico, compositor e ilustrador”) que no es nuevo en este blog. Me encanta su humor.

Es una sorpresa grata,  que nace de la simplicidad absoluta . Hoy, Ilustraciones.

Por ejemplo : El Pódium de las abuelas de los atletas.

O este cerdo, ahogándose.

O este cerebro tan, tan humano…

La vejez…

 

Y para finalizar,  este texto “ilustrado” titulado : Duelo.

 

(Henry y Charles se citaron para celebrar un duelo)

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(Empezaron a alejarse mientras contaban: “uno, dos…”)

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(“Tres, cuatro…”)

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(“Cinco, seis…” Y Charles sacó su revólver)

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(Sin esperar a llegar a diez, Charles disparó contra Henry)

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(Henry, al oír el disparo, se giró y desenfundó su arma. Desgraciadamente, había ido con prisas esa mañana y, en lugar de un revólver, había cogido un boomerang)

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(Henry, consciente de que la bala se acercaba, lanzó el boomerang con toda su alma contra Charles)

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(Por desgracia, Henry no tenía mucha fuerza y el boomerang empezó a volver antes de lo que hubiera deseado)

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(Henry intentó huir del boomerang y de la bala de Charles, aunque como no hay tres dimensiones en estos dibujos, lo hizo en la dirección a la que iban tanto el boomerang como la bala)

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(Henry corrió con todas sus fuerzas, pero no fue suficiente, el boomerang primero y la bala después impactaron contra su cuerpo)

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(Henry cayó al suelo)

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(Charles se acercó lentamente a Henry)

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(Cuando estuvieron cara a cara, Henry dijo: “¡Puto boomerang! Mira que equivocarme, desde luego llevo unos días que no doy pie con bola. Y a ti ya te vale dispararme cuando solo íbamos por el seis”)

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(Charles respondió: “Ostras, es verdad que era a la de diez. ¿Sabes qué pasa? Mi familia tiene gallinas y, como contamos los huevos por docenas, he pensado que contaríamos seis o doce. Y doce, me ha parecido mucho, ¿sabes?)

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(Henry no dijo nada y finalmente murió)

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(Charles, apenado por su error numérico, se apuntó con su revólver y disparó)

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(Fin)

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Moraleja: Por favor, contemos los huevos por decenas, comos los demás productos. Si no lo hacemos, mucha gente podría morir.

 

Romance.

Photo by AbsolutVision on Unsplash

Ya sé que pensaréis que padezco algún tipo de obsesión. Sin conocerme, igual me tildáis de maniática, o neurótica, o esas otras etiquetas que utilizáis cuando algo no se ajusta a los parámetros normales. Pero a mí me da igual. Siempre he creído que nadie puede medir la normalidad. ¿Cómo van a hacerlo si todos somos diferentes?…

Mi diferencia, lo que me aparta de ese patrón de los seres humanos normales, es algo que no hace daño a nadie. Ni siquiera a mí misma. Al contrario, me reconforta. No entiendo por qué mi cuñada me mira de esa forma tan extraña cuando me apresuró a ubicar la pila de revistas de decoración, en el lugar exacto de la mesita de centro. ¡Me encanta la decoración!

Colecciono todas las publicaciones sobre el tema y me encanta dejar unos ejemplares con lo que más me ha llamado la atención en mi preciosa mesa de centro (es un antiguo telar restaurado). Mis cosas, deben estar situadas en las coordenadas exactas. En los lugares correctos. Soy yo la que determina cual es la posición de las revistas, los platitos incas, el jarrón japonés, las velas aromáticas, el mando de la televisión… Mis libros están ordenados por orden alfabético del autor y con un suborden por tamaño del ejemplar para no desequilibrar la armonía de la estantería… Mis víveres están clasificados por tipo y fecha de caducidad y todas las latas y envases deben situarse con las etiquetas en la zona frontal.

Todos los objetos están en dónde deben estar en La República Independiente de Mi Casa. Y cómo bien dicen los señores de IKEA, mi casa es m-i   c-a-s-a y si quiero tener el cajón de la lencería ordenado por tonos cromáticos y ocasiones de uso (para diario, para sexo, para la regla, para ir ceñida, para el gimnasio…), lo tengo. Y punto. ¿Qué más da? Así que cuando llega mi cuñada, de exuberantes piernas rematadas por tacones que joroban mi preciosa tarima y se sienta en mi sofá, no sin antes lanzar los cojines (que le molestan) aquí y allá, debo contar hasta diez para no volver a colocarlos en su sitio. Cuando se pone a manosear mis revistas que deja por encima de la mesa, encima de los platitos incas, me sumo en un estado zen para no lanzarme sobre ellas (las revistas) y volverlas a apilar en la esquina derecha del cuadrante inferior… Nunca consigo que esas técnicas de relajación surjan efecto y acabo marcando de cerca a mi cuñada, reubicando todos los elementos y sintiendo su mirada de “estás como una cabra” en mi nuca.

Y este extraño día que estoy pasando, me hace pensar que mi cuñada puede estar en lo cierto. He perdido la chaveta en algún lugar del camino…

Todo ha empezado esta mañana. He abierto el cajón de la cubertería para coger la cuchara de dimensiones perfectas para mi cappuccino, cuando he observado que había un tenedor en el compartimento de los cuchillos. ¿Qué hacía un t-e-n-e-d-o-r en el lugar de los c-u-ch-i-ll-o-s.? Es más, ¿Qué hacía un cubierto mal puesto en un cajón de mi cocina? Inmediatamente, he alargado la mano para coger el tenedor y ponerlo en el lugar correcto. He notado un leve tirón y una cierta resistencia por parte del tenedor, así que me lo he puesto a la altura de los ojos y lo he observado con atención. Lo he agitado en el aire y he comprobado que todo era normal. Cuando lo he dejado en el cajón, me ha parecido que el cuchillo se había desplazado hacia la derecha, así que también lo he colocado bien. Al cerrar el cajón, he oído unos sollozos tristes y desesperados. He mirado hacia el televisor, que creía que estaba apagado. Y lo estaba. Los sollozos se habían convertido en un llanto desgarrado y provenían del cajón. Parecía increíble, pero…abrí el cajón y el llanto cesó de repente.  El tenedor había avanzado posiciones y ya estaba con las cucharas. El cuchillo se había desplazado hacia el extremo del compartimento. ¡Qué raro! pensé en ese momento. Me habré equivocado al ponerlo antes– me dije mientras volvía a poner el tenedor rebelde con los otros tenedores…

Estaba dejando mi taza, perfectamente limpia, en la estantería de las tazas de por la mañana, sección colores fríos (me había decantado por la azul), cuando escuché unos quejidos entrecortados… y el llanto, de nuevo.

Abrí el cajón y se hizo el silencio. El maldito tenedor, había quedado perpendicular al hueco de las cucharas y los otros tenedores. Me enfurecí. El tenedor, por lo que fuera, se rebelaba al orden preestablecido. Me prometí concederle una última oportunidad –dijo el maestro Zen– y lo coloqué con una fuerza superior a la que era necesaria, en el puto compartimento de los putos tenedores. Y cerré el cajón con delicadeza, para evitar posibles desplazamientos no deseados.

Y venga el lloro… He pasado el día intentando olvidar el episodio del tenedor. He ido a comprar al mercado del barrio y cuando he llegado a casa, me he visto obligada a entrar en la cocina. Tenía que colocar los productos frescos en las repisas del refrigerador correspondientes (las había etiquetado con mi Dymo) y no podía romper la cadena de frío. Me he sentido aliviada al comprobar que sólo se oía el zumbido de la nevera. He organizado mi compra y he necesitado un cuchillo para cortar la malla de las naranjas. Cuando he abierto el cajón: ¡El tenedor con los cuchillos!

Si en algún momento se me había pasado por la cabeza que había algo raro en el cajón de mi cubertería, ahora se veía confirmado.

El tenedor se movía-autónomamente- por el cajón.

Pero lo que más me impactó de este descubrimiento, no es que se moviera… No. Lo más importante era que rompía mi estructura del orden de mi casa (“casa” incluye el cajón de la cubertería). Para comprobar mi teoría de que el tenedor tenía vida propia, lo cogí, le dije “Ahora verás” y lo puse en su sitio. Fue cerrar el cajón y oír los sollozos. Abrí el cajón y cogí, de nuevo, el tenedor insumiso, lo miré con asco y lo tiré al cubo de la basura. Alguien lloraba, cada vez con más fuerza, en mi cocina. Tenía que acabar con él. Bajé la bolsa de basura y la tiré al container. Satisfecha con mi acción de pura venganza hacia el tenedor, entré en la cocina. Ya no era un lloro, eran alaridos desgarradores…

No entendía nada. ¿No había exterminado al tenedor? Abrí el cajón y…tengo que ir más rápido. No me quedan fuerzas y el tiempo se acaba, por lo menos para mí.  Me he extendido demasiado explicando cómo he llegado hasta aquí y por qué tengo un cuchillo viviente (que no para de llorar desconsoladamente) clavado en mi pecho.

Ha sido un crimen pasional. El cuchillo y el tenedor se amaban locamente y no podían soportar estar separados. El exilio forzoso al que condené al tenedor despertó al monstruo interior del cuchillo, que se abalanzó sobre mí y se ha quedado insertado en el centro de mi corazón. Mi final está siendo mucho más terrible ya que el cuchillo solloza, grita y llora por su tenedor perdido.

El llorón era el cuchillo…

Noto que esto ya se acaba… Por lo menos, dejaré de oír a este cuchillo quejica…

Yo lo único que quiero, en estos segundos de lucidez, es dejar clara mi última voluntad.

Que este cuchillo sea entregado, como herencia, a mi cuñada.

Gracias.

Photo by Stoica Ionela on Unsplash

 

NB : Este es uno de los “Objetos Sencillos que tienes en casa”...

 

 

El Dios del Bombo.

Hemos encontrado este extraño símbolo junto con la documentación que describe todo lo referente al Dios del Bombo. Tras analizar la información, procederemos a informar exhaustivamente a la opinión pública sobre estos últimos hallazgos.

De momento, podemos afirmar que el hombre del siglo XXI de la zona llamada España, se sumía en un extraño estado de euforía , justamente el  22 de Diciembre. Ese día los seres humanos españoles invocaban al Dios del Bombo.

El ritual , en nuestras primeras aproximaciones, no parece demasiado complejo: El Dios se expandía en forma rectangular y en materia de celulosa. Los hombres y mujeres del siglo XXI adquirían esos rectangulos de papel en el que había inscrito un número.

Hemos descubierto que había más de 85.000 circulando.Además del número que consideraban propio, se producían intercambios de otros números en los ámbitos familiares y sociales. Así, cada ser humano podía llegar a tener una media de cinco números distintos del Dios del Bombo en su poder.

Era obligatorio que, durante toda la jornada, en cualquier lugar en el que se estuviera, se oyera la cantinela de un grupo de niños denominados “Cantores de San Ildefonso”. No sabemos si era un mantra de ayuda o una forma de venerar al Dios del Bombo.

Los Cantores se iban acercando al Bombo (el Dios) y tomaban unos números que configuraban otro mayor. Y, en los momentos de la jornada que la Divinidad se sentía generosa, parece ser que se producía un gran revuelo , con la consiguiente excitación,  y se cantaba el Premio Gordo. Esta sería la definición de los dones y gracias que repartía el llamado Dios del Bombo.

En los lugares en los que había caido el Premio Gordo, se agitaban botellas de vino espumoso de nombre cava, como parte del rito y se contestaba , a modo de oración: –“Para tapar agujeros”- cuando se les requería información del tal Gordo.

En los lugares en los que el Dios del Bombo no repartía su gracia, se honraba a la Diosa “Salud” considerándola más importante ,incluso,  que el propio Dios del Bombo.

No hay explicación científica posible para que, ante una probabilidad de 1/85.000, la población viviera el Día del Dios del Bombo con esa expectativa e ilusión pero… debemos recordar que era una sociedad que creía que pisar una mierda de perro traía suerte…

No disponemos de más información fiable que aportar a este análisis hasta que podamos analizar los antiguos blogs, los vídeos  y el resto de material . La dificultad de traducir estos engorrosos , lentos y anticuados formatos nos demoraran en la presentación del Informe Final.

Yur Sefordit

Investigador de la Comisión de Estudio del Siglo XXI.

New City, 21 de Diciembre de 3.315.

NB : ¡Suerte!

Otro rollazo sobre La Felicidad.

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Lo de “rollazo” funciona a modo de spoiler.

La Felicidad… Bonita palabra y bonito concepto que, además de bonito es diferente para cada uno de nosotros. Está muy bien que se estudie sobre ello (ahora y antes). Es un tema que ya preocupaba a los filósofos clásicos y es materia de estudio, en pleno siglo XXI, en prestigiosas universidades y por importantes científicos. Parece ser que por muchos años o siglos que pasen, lo de la felicidad en el ser humano, es un misterio total.

Me paro en la base de datos mundial “Happiness in Nations”  de la Erasmus University de Rotterdam  y descubro que España puntua en felicidad en un 7 ( sobre 10) ocupando su puesto en el ranking sobre 144 en el intérvalo de puestos 20-24… Son más felices, p.e., en Suiza con un 8,1 y menos felices en Tanzania, con un 3,2. Y por mucho que estos datos quieran aportar rigor científico , mucho me temo que dan una información muy genérica de la satisfacción de los habitantes de un país pero no podrán ser útiles para descubrir qué es la felicidad , de qué se compone, como se produce…

Yo parto de la base que cada uno tiene una definición interna de lo que es felicidad. Y más que una “definición” es una “sensación” perfectamente identificable en nuestro almacén interno de conceptos. Tú sabes cuando has sido feliz . En algun momento de tu existencia has sentido eso y, si has tenido suerte, eso se ha repetido alguna vez, por lo que sabes que la “sensación” es reconocible. Cada uno de nosotros ha sentido la indefinible felicidad por motivos diferentes y de intensidades , también , diferentes : cuando encuentras el amor, cuando creas una obra de arte o haces bricolaje, cuando recibes los resultados de un examen o de unos análisis y descubres que has sacado buena nota o todo está bien, cuando estás en una celebración familiar o en una cena con amigos y sientes que el tempo es perfecto, al nacer tus hijos o al ver su progresos o sus sonrisas, cuando tienes éxito en el trabajo o en un concurso, cuando… Dependiendo de nuestra situación social, económica, espiritual y personal ( se refiere a la personalidad de cada uno), cosas que a unos les proporcionan esta sensación, eso, o llamésmolo felicidad, a otros, les dejaran indiferentes o, incluso, les puede proporcionar sufrimiento.

Además, es un feeling que puede darse en dosis ( las llaman microfelicidades) o , en casos excepcionales, se manifiesta de forma contínua a lo largo de la vida… ¡Qué envidia!, por cierto.

Desde esta visión simplista de qué cada uno sabe lo qué es FELICIDAD para él ( y no es necesario que coincida con lo que es eso para los otros)  y que puede ser percibida de forma aislada o con continuidad,  lo que me queda claro es que el concepto existe . O sea, la felicidad existe.

Olvidemos lo de que el dinero, la salud y otras variables  parecen ser necesarias para ser feliz en nuestro sistema. En otros lugares, en tribus remotas donde los valores difieren completamente, también experimentan lo que es ser felices y lo que da el sentimiento contrario. Si nos centramos unicamente en la sensación que parece ser común seas esquimal, español o masai, ¿Podríamos repetirla, convocarla, provocarla a voluntad? ¿Sería posible ejercitar nuestro cerebro para inducirlo a ese estado?… Magia.Tonterías de autoayuda. Salvavidas que nos tendemos los seres humanos … O no.

Mihalyi Csikszentmihalyi en su libro Flow, plantea el estudio de esta “sensación feliz” que el denomina flow y no identifica con felicidad pero si como un paso para su consecución. Tras muchos años de investigación sobre la felicidad en diferentes países, nos da pistas de como conseguir “repetir” ese estado de flujo… Todo fluye…

El profesor holandés Ruut Veenhoven, ha creado un curso en la universidad de título “Felicidad permanente” con el mismo objetivo. En la Universidad de Harvard el profesor Ben Shahar, imparte el curso “Como aprender a ser feliz”

Todas estas iniciativas para enseñarnos a entrar en estado de felicidad, tienen un denominador común : rescatar los momentos felices. Se basan en estimular nuestro estado volitivo : Quiero ser feliz y como lo quiero, lo busco.

Salvo las excepciones de esos seres humanos con gran capacidad de ser felices y estar satisfechos con su vida ( de forma innata, te diría), están el resto ( que son muchos más) que se lo han de currar. Voluntariamente y con tesón. Esta ha sido una de mis obsesiones privadas . No la búsqueda de la felicidad total sino el aprendizaje de la felicidad cotidiana…

Ya ha quedado claro que como el concepto de felicidad es tan maleable, podemos asumir que la unión de microfeliciades diarias, también puede funcionar. En este “cursillo” de inducción al flow, he descubierto que lo que a mí me funciona es lo de los placeres sencillos, los estallidos de flow pequeñitos que se suceden durante el día y que al estar sometidos a tantos estímulos y al “sistema” se nos pasan de largo. Me construí un bol de buenos recuerdos para dar un  formato físico y visible a mi teoría . Aprovechando su presencia constante en mi hogar, no permite que te olvides de tus buenos momentos, que los tienes.Para construir el Bol de buenos recuerdos, solo debes comprar un gran bol de cristal transparente, libretita, post-it o papelitos, rotu y…escribirlos. Cuando estés down o tengas un momento de esos malos, vas al bol y coges un papelito. Rememoras esa buena onda y, si hay suerte, la buena onda te impregna. Ya os digo que hay que ejercitarlo… También sirven, cajas, libretas o cualquier tipo de contenedor de notas manuscritas…

Otra de las cosas que te enseña la vida es que,todo puede cambiar en un segundo… Para bien o para mal…Así que, también es un gran ejercicio de higiene mental, repetirte cada mañana, cuando despiertas, qué estas aquí y qué “Gracias”. Leí a un filósofo japonés que , cada mañana, al despertar, tenía un ritual privado que le daba fuerza y optimismo para el día. Salía a su jardín, abrazaba a un árbol y daba las gracias por el día que iba a empezar…. Yo no salgo a la calle y me enrosco al platanero de la esquina, pero sí que me tomo mi cappucino, con calma, mirando a mi exterior ( sea el que sea en ese momento) y agradezco el estar ahí, con todo más o menos normal y con el día dispuesto a darme , aunque sólo sea uno, segundos de felicidad.

Si no, siempre me queda el Bol.

Siento el rollo….