Ensayo y error y error…

No hay forma de aprenderlo. Vas equivocándote, día a día, mes a mes… Casi cada instante.

¿Te acuerdas de aquel día, en el qué te pasó aquello tan importante, que te hizo replantearte cómo vivir tu vida a partir de ese aquello? Todos hemos tenido uno de esos días y nos ha pasado un aquello tan importante… Muy pocas veces, se produce esta reflexión de cambio ante la felicidad…Suele tener mucho que ver con la pérdida y las ausencias, con la enfermedad, con el trauma… Y cuando pasa, tu perspectiva, a corto plazo, es la de la voluntad de transformación: voy a hacer esto, lo otro. Voy a ser distinto. Voy a tomarme las cosas de otra manera. Voy a vivir de forma diferente. Voy a mejorarlo todo…

Pero se pasa la frontera del corto al medio plazo. Y uno se va haciendo al modus vivendi anterior, porque hay un sistema estructurado a tu alrededor. El entorno sigue interactuando y el aquello se va olvidando, de la misma forma que cualquier dolor se va atenuando con el paso del tiempo.

Y, sin quererlo, te encuentras, de nuevo, en el mismo puerto del que partiste. En la rueda que gira sin parar. Formando parte de ese engranaje del que tú eres una pieza más.

Cuando todo está en marcha, sólo falta que un aquello tan importante vuelva a sacudirte, porque es fácil tener varios de aquello tan importante en una vida… Entonces, vuelves a replantearte las cosas. Aparece la actitud volitiva de cambio y todo sigue hasta el medio y el largo plazo en el que la voluntad se agota. El mismo ciclo: ensayo y error y error y error…

Y, ahí estás, esperando aprender.

Esperando el impulso para cambiar el ciclo…

NB : Dicen algunos,  que hay seres humanos que lo han conseguido.

Parascevedecatriafóbicos y quatorziennes.

 

Parascevedecatriafóbicos

Hoy es un mal día para los parascevedecatriafóbicos.  Para pronunciar esta palabra, que define la fobia al viernes 13, antes hay que tomar aire. Imposible repetirla de memoria y sin parar a respirar, probadlo…

Según el Instituto de Fobias de Asheville, Carolina del Norte (EEUU) , hay millones de personas afectadas en los Estados Unidos .

Ese día, se quedan paralizadas por sus temores y evitan sus rutinas normales .A cualquier (tomo aire) parascevedecatriafóbico que me lea hoy, sólo puedo desearle mucho ánimo. Todo acaba y este día, también.

 

Quatorziennes

Según el investigador Donald Dossey, en Francia existieron unos de nobles llamados los quatorziennes  ( los “catorceavos”). Estos personajes asistían a eventos sociales cuando el décimo cuarto invitado cancelaba su asistencia. Como no se podían quedar con trece personas en la fiesta o reunión que fuera, por lo del mal fario, llamaban a uno de estos quatorziennes…

Dos palabras para un viernes 13…

El “Yo lo hago todo, pero no”

Hasta ahora , mi Human(zoo)lógico particular se compone de :

El Vampiro de Energía

El Yoísta-Cactus

El Esponja

El Sabelotodo Plus

El Ojos Que No Ven

El Critico-Porque-Si

Y ahora, se suma el “Yo-Hago-Todo-Pero-No”

Este es un espécimen del Human(zoo)lógico cuya característica principal es atribuirse todas las acciones que requieren esfuerzo y compromiso en el círculo familiar y social.

Cuidados, gestiones, interés, soluciones, compañía, … parece que, todo, lo “haga” él. Suele reivindicar la eficacia de sus acciones y su estrés por las múltiples cosas que hace. Si no es por él, el barco se hunde. O el mundo se acaba, eso ya depende del grado de intensidad del espécimen.

Lo más curioso es que, aunque el mundo externo es totalmente consciente de la realidad, que suele ser que son los demás, los que en silencio y sin tanto espectáculo de promoción, van haciendo y solucionado, él cree todo lo contrario.

Eso es lo peor de este sujeto: se lo cree. Esa es la opción más benévola: su distorsión de la realidad es tal que roza lo patológico, pero…hay una opción malvada: sabe que no hace nada pero, oye, la gloria se la quiere llevar sea como sea.

Cuando te encuentras con un “Yo lo hago todo, pero no”, lo mejor (aunque haya que hacer un ejercicio de contención en la respuesta) es dejar que se autoproclame “el hacedor” y que se vaya lo más rápido posible para que los demás puedan seguir haciendo.

Habitualmente, son sujetos inútiles…

Nb : Y que conste que he puesto esta ilustración por lo de inútil pero, yo creo que la primera rebanada del pan de molde, sirve para que no se seque tanto la que viene a continuación… ; – )

Terapia (con fotos)

“Aceptación de la realidad”

La primera, es de un pueblo de L’Empordà. Es la que simboliza el estado en el que se encuentra el mundo. Y sus habitantes. Es la primera de la terapia : conforma la fase de “aceptación de la realidad”.

“Inducción al olvido”

Bien, ahora pasamos a la fase 2 de la terapia ( con fotos): “Inducción al olvido” ( es posible que irresponsable). En esta fase, en la que hay inquietud ante el “precario equilibrio” ( y ese palo que aguanta el tablón), hay que intentar realizar diversos ejercicios de relajación. Para olvidar y poder irse uno a la cama, más o menos en un estado de amnesia coyuntural, hay que mirar estas fotos, concentrándose mucho y muy fuerte.

Trocito de Prineo Aragonés.

Pared de un chiringuito en Cala Molí (Eivissa).Si uno se concentra mucho, se puede oler la brisa…

Si entre verdes y azules, la cosa no ha funcionado y se sigue inquieto, hay que pasar a la tercera fase ( y definitiva, como suelen ser todas las terceras fases).

“Quiero ser una mariposa blanca”

Tercera Fase “Quiero ser una mariposa blanca” . Pretende ser mágica. La miras intensamente, deseando ser mariposa y sin que te des cuenta, levantas el vuelo…

La terapia (con fotos) ha finalizado.

Espero que el palo, aguante…

 

Fais, fais.

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Son traicioneras, las olas de tristeza. Te pillan desprevenido, te golpean por la espalda y te bajan el bañador, dejándote el culo al aire. Suelen ser un impacto, un revolcón que te deja sin respiración unos segundos para, después, dejarte emerger hacia el oxígeno, aunque sea tosiendo y atragantado…

Yo creo que todos los seres humanos (incluyendo al ser más feliz del mundo), sufrimos del remojón de la ola de tristeza traicionera. Y la cosa es compleja porque en esto de la tristeza, hay muchas modalidades: puede ser por la cara, gratuita, sin motivo, de regalo. O por un catalizador, un estímulo externo, un algo que te ha desequilibrado el equilibrio. Puede ocurrirte de vez en cuando, a menudo o demasiado a menudo. Pueden ser olas cortitas o de esas gigantes que rompen con furia … Sea como sea la tuya, seguro que has conocido la tristeza.

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Para surfear esas olas, que nos hacen borrar de un plumazo lo bueno de nuestra vida y nos colman de esa tristeza densa que se te agarra al corazón sin saber el motivo,  existe una técnica de expulsión. Básicamente, consiste en utilizar una palabra mágica. La pronuncias dos veces y la ola se empequeñece. Toda su potencia se ve neutralizada por un conjuro.

No puede ser una palabra cualquiera: debe ser “la palabra”. Una que condensa los dos conceptos claves: 1) Si no hay motivo para la tristeza, ¿Qué coño haces aquí? y 2) Vete a …(cada uno que la mande – a la tristeza-donde mejor le vaya).

La palabreja mágica es: “Fais”. Y la debéis pronunciar dos veces: “Fais, fais”. Si pronuncias el “Fais, fais” acompañado con movimientos de las manos como de “a mí déjame en paz” , el efecto se ve reforzado.

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Te lo puedes creer o no. Pero…no te cuesta nada intentarlo. Nadie te verá, te lo juro. Al mínimo indicio de chapuzón, conjuras el “Fais, fais”. Si no toca estar triste, no toca… aunque tu cerebro tenga ganas de jugar contigo.

La Técnica del “Fais , fais” descoloca completamente a tu mente que, confusa, se olvida de que debe estar triste y centra sus esfuerzos en decodificar que es lo que significa el dichoso “Fai, fais”. Tú, que ya lo sabes, ya estás nadando hacia la superficie.

Así, sales a flote, chapoteando y, si hay suerte, con el bañador en su sitio….

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Fotos de Unplash.

En exceso, es malo . (Oh!)

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Cuando el terapeuta abandona la habitación 216, siempre le invade una extraña inquietud. Recuerda la sonrisa del paciente, su serenidad…El buen rollo….

“Aquí se está muy bien. No tengo que preocuparme por nada: tengo ropa limpia, cada día. Tomo un buen desayuno y después, paseo por el jardín. A veces, me siento en el banco que está más al sur y pinto. Me gustan los árboles que se ven en la lejanía. Ya he hecho varias series de cuadros de esos árboles… Por la tarde, me siento en el sofá (que es comodísimo, por cierto) y leo un libro o veo la televisión o…hago una segunda caminata por el sendero de las flores. Me encanta ese camino: está plagado de geranios, rosas y margaritas…

Los lunes y viernes tengo la terapia. También me gusta. Es una gran oportunidad para hablar con alguien interesante y mi terapeuta, lo es.

No entiendo porque me dicen que, si recupero el equilibrio, saldré pronto. ¿Por qué voy a querer salir?  Pero… ¿Qué más da?

Si salgo, ahí fuera hay un mundo bellísimo… “

Si, es extraño tener que hacer terapia a una persona tan optimista…

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NB: El exceso de optimismo, se denomina “optimismo tóxico”. Oh!…Como todo lo que nos rodea y con lo interaccionamos, en exceso, es negativo. No nos permite desarrollar una conducta adaptada . Las expectativas que nos creamos son irreales y bajamos la guardia ante los peligros y amenazas del entorno. Personalmente, me cuesta creer que ese “exceso” es perjudicial. ¿Ser muy optimista es malo? Un ejemplo práctico me lo aclara de inmediato: El enfermo que cree que se pondrá bien sin necesidad de tratamiento médico…

Así que, hay que practicar el optimismo-sin-pasarse pero…

This room is so girlish and beautiful

Siempre , siempre, practicar… ; – )