Futuras flores, espero.

Tengo un amigo, jardinero aficionado, que, cuando viene a casa , me trae una planta e inspecciona las que tengo.

Este año, ha llegado de visita pero sin la plantita de rigor. No solo eso, le he enseñado los incipientes capullos de la camelia y los ha mirado sin interés. “Total, no creo que lleguemos a verlas”. Acostumbrada a sus pésimas predicciones durante la pandemia, no le hago ni caso. Es un conspiracionista -pesimista pero en un nivel bajo. Lo puedes atrapar y desviarlo de sus teorías con facilidad.

Me preocupa que ya no demuestre esa pasión por los arbustos y las flores pero se ha instalado en un estado de absoluta certeza con dos opciones : Opción A) Guerra Nuclear y/o Opción B) Meteorito. Se le pasará , espero. No creo que pueda vivir sin regar sus plantas.

Cuando se va , aprovecho para leer la prensa del día : Estados Unidos recomienda a sus ciudadanos abandonar Rusia. Putin amenaza con armas nucleares. Empiezan las revueltas populares en la propia Rusia y en Irán. En el ámbito científico,  están intentando enviar un cohete a la luna, y con todo lo que ha mejorado la tecnología en cinco décadas, no hay manera de qué despegue. Hay interés por volver allí. Una misión de la NASA ha enviado una sonda-artefacto a impactar contra un meteorito para ver si pueden desviarlo en el caso, hipotético, que pudiera ocurrir en el futuro. Vale.

Miro mi camelia. Ya empieza el ciclo que anuncia esas preciosas flores que aparecen en invierno. Por primera vez, me pregunto si las veré. Si estarán. Pero la incertidumbre se me pasa rápido. Desgraciadamente,  hay factores incontrolables para un simple humano como yo. No puedo hacer nada para evitar que un loco la líe con bombas nucleares y si viene el meteorito, ya me dirás. Combustionaremos juntas, la camelia y yo.

Así que me voy a regarla y a cuidarla. Y le haré fotos que enviaré a mi amigo jardinero pesimista.

Tengo confianza en estos capullos…

Viernes de fotos.

Los plátanos simpáticos.

Foto de Diane Alkier en Unsplash

Libertad de la cárcel del huevo

Foto de Daniel Jericó en Unsplash

El trío de la patata

 Foto de Franco Antonio Giovanella en Unsplash

Una Rana Gustavo en el sofá.

Foto de Marcela Rogante en Unsplash

Sin GPS

Foto de Eileen Pan en Unsplash

Planeta A

Cuando se habla de emergencia climática y del planeta, parece que el tema no vaya con la especie humana. Muchas veces, se recurre al concepto “No hay Planeta B” pero lo que no habrá es People, ni A ni B.

El “Planeta A” sobrevivirá a lo que nosotros le hagamos, incluso a la temible crisis nuclear. La tierra se secará, se inundará, habrá terremotos, erupciones volcánicas, huracanes, radiación, se extinguirán especies pero otras , sobrevivirán, se adaptarán y dentro de miles de millones de años, el Planeta A seguirá vivo, no como lo conocimos los que lo hicimos cambiar más rápido de lo previsto, pero ahí estará… .

Y si tiene suerte, con habitantes menos dañinos…

Foto de Markus Spiske en Unsplash

Fake de mi abuelo.

En alguna ocasión he hablado de mi abuelo en este blog. Es mi inspiración para una novela que , tal y como va la cosa, no acabaré nunca pero que conecta con su oficio de zapatero en la Barcelona de la posguerra. Natural de Zaragoza, vivió en Barcelona y hay unos años de guerra que , sabemos, que estuvo en Francia. Siempre ciudades. Él era un urbanita con ganas de naturaleza.

Me doy cuenta ,ahora, que su huerto , de tomates y habas exclusivamente,  en un terreno que compró para “salir de Barcelona” era de urbanita. Y que los espárragos que cogíamos en los pinares, era lo que veía hacer a los lugareños. Parecía de allí pero era un urbanita disfrazado.

Cuando veía algún pino tapizado de hiedra, se afanaba a sacarla. “Esto, ahoga el pino”, nos decía. Así que cuando vi la hiedra en el árbol salvado del post anterior, pensé que debía sacarla.

Pues resulta que no. Las raíces no ahogan al árbol. Son raíces aéreas, livianas,  que solo buscan un soporte sobre el que deslizarse , en la búsqueda de la luz. Por eso ascienden hasta la copa del árbol, si les dejas. Su raíz terrestre es la potente y es difícil que no pueda convivir en armonía con las del árbol.

Sus flores de color verde y amarillo proporcionan néctar para los insectos , sobre todo abejas y mariposas, en un momento en que hay pocas flores. La abeja Ivy (hiedra en inglés)ha adaptado su ciclo de vida alrededor de la hiedra. 

Allí donde estés , yayo, lo de la hiedra era un fake.

Entendido.

Un árbol. Uno. Se han talado tantos , que un árbol que molestaba en una zona residencial no es una gran cosa. Además, es un árbol no autóctono, que vino de un vivero, de otro país , para cumplir los planes paisajísticos de una urbanización. Tiene su punto irónico…

De eso, habrán pasado más de dos décadas. El árbol, pues, ya es de aquí. Hay apego.

Costó convencer al jardinero experto que valía la pena darle una oportunidad. Aconsejaba sacarlo. “Ya está en las últimas”.

Dos años después de su salvación in extremis, el árbol está bonito. Cortaron las ramas secas y sobrevivió.

En un tocón, he visto su mensaje.

Es una comunicación del árbol en un idioma que podamos entender los humanos.

Y se entiende perfectamente.

¡Oh, cielos!

Cada día, el atardecer ha sido diferente. Rosa, anaranjado, fucsia, amarillo pálido… La paleta de colores es variadísima. Una maravilla que cambia cada día. No hay forma de aburrirse …

Lo que no esperaba es encontrarme a un pez de fuego , surcando el cielo.

Y, después, para hacerlo más emocionante, un ovni.

Lo dicho, no hay forma de aburrirse…

Expectativa vs Realidad.

-. Desayuno al aire libre

En la mesa, debajo del cañizo , viendo el campo… Estoy con una amiga y hemos puesto los mantelitos individuales, los vasos con agua y zumo. También pa amb tomàquet y una tabla con embutido de la zona. Ni nos hemos sentado que se acercan unas avispas revoltosas. Primero hay dos pero, después, el número se dobla. Yo , las temo. Mi amiga, también. Dando saltitos y haciendo aspavientos con un trapo, hemos conseguido sacar los platos , los vasos, y el pan. La tabla, ha sido más difícil. Les encanta la sumaia

Más bandadas de trapo y ya lo tenemos todo pero nos siguen al interior. Hemos cortado un trozo de sumaia y lo hemos dejado en la mesa, a medio sol, debajo del cañizo… Allí dónde debíamos haber estado nosotras…

Eso sí, desayuno con risas…

Foto de Mia de Jesus en Unsplash

Las golondrinas.

Lleva mucho tiempo sin llover. En esta zona del Alt Empordà, más de un año. Los campos están muy secos, ha habido restricciones por peligro de incendio. Había ganas de lluvia…

Y lo ha hecho pero…poco. Se esperan más lluvias pero, de momento, solo ha lloviznado , todo ello precedido de un calor pegajoso y muchas moscas en su versión más pesada e insistente. Y las golondrinas. Las veía volar en círculos y muy bajo. Y ya sabéis lo que dicen , que este tipo de vuelo pronostica lluvia. Han aparecido más golondrinas, en coreografía circular espectacular.

En un ataque de curiosidad he buscado el motivo de ese vuelo de la golondrina. Ya empezaba a tronar a lo lejos…

En realidad, el protagonista del vuelo es el mosquito y otro tipo de insectos voladores imperceptibles al ojo humano. Ante el cambio de presión atmosférica previa a la lluvia, estos animales vuelan más bajo, momento que aprovechan las golondrinas para cazarlos ya que son su principal fuente de alimento.

Y mientras escribo esto, ya está lloviendo un poco…

Foto de Ed Leszczynskl

Una «perseida».

Algún día lo conseguiré : ver “Las Perseidas” .

Este año, he visto una. En singular. Solitaria. Única.

No había contaminación lumínica artificial pero la luna, brillaba tanto, que se veía el campo de trigo casi como al atardecer.

Me estiré, dejé que me picaran los mosquitos , que no se alejan ni con el repelente ni con la citronela, y estuve un rato mirando al cielo. Lo que más brillaba era la estrella Arturo ( lo veo en una App de astronomía) y la luna que, realmente, estaba preciosa de un color rojizo y después anaranjado…

Foto : Luna de verdad.

Así que cuando ya estaba pensando en retirarme por el inicio de rigidez en el cuello, pasa una estrella fugaz. Pam.

Una pero de calidad. De cuerpo gordote y muy brillante y estela amplia. Una señora Perseida. Me pilla tan desprevenida que pido un deseo un poco más tarde. Espero que entre dentro de las reglas…

Qué bonita. Imagina si ves un montón, así seguiditas. Debe ser increíble.

Foto : Luna con Perseidas falsas…

Actualización : 16/08 He visto otra!! Ya van dos!

Brácteas.

La buganvilla recibe este nombre por su descubridor. Louis Antoine de Bougainville (1729-1811), el marino y explorador francés que introdujo la planta en Europa desde Brasil. Cierto, por eso , que tiene nombres diferentes según el país, que no tienen nada que ver con Louis Antoine de Bougainville : papelillo, napoleón , veranera, trinitaria , Santa Rita…

Esas preciosas hojas de intenso color violeta, no son las flores de la buganvilla. Se llaman “brácteas” y son producto de una transformación natural de las hojas para acompañar a las flores, protegerlas y apoyar la función de atraer a los agentes polinizadores por esos los colores tan llamativos ( las hay rojas, naranjas, rosas…)

La verdadera florecilla, blanca y diminuta, está ahí en medio, a la espera de la polinización.

Así que lo que hace tan bonita esta planta trepadora son las brácteas.

El nombre es raro ( no sé por qué no me gusta) pero debo admitir que la buganvilla tiene unas brácteas preciosas…

Nota de actualización Julio 22 : La mitad de las brácteas se están secando. Normalmente, están todo el verano preciosas pero la ola de calor , la falta de lluvia y, en definitiva, el cambio climático está cambiando la vida y los colores del paisaje.

Triste evidencia.