La lista medicinal.

Nuestro cerebro se está adaptando a la situación. Le falta entrenamiento porque nadie le ha avisado del cambio de “normas” pero, como todos sabéis, a los 21 días ya se puede considerar que creas una rutina.

Nuestro cerebro , lo que quiere, es sobrevivir y si para eso tiene que estar privado de una serie de parámetros que antes consideraba esenciales, como es muy plástico, cambia los parámetros y los convierte en accesorios.  Es verdad que hay cerebros que lo hacen con más fluidez que otros, pero, al final, todos se adaptan.

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Nuestro cerebro, por eso, recuerda. Tiene información de cómo eran las cosas hace un mes, hace un año, hace una vida y puede comparar. Por eso, aunque se adapte a lo que toca, sabrá hacernos vivir una experiencia inolvidable , cuando todo se normalice.

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Abrazar a tus padres, a tu familia, a tus amigos; salir a dar un paseo por que sí; tomar un aperitivo en una terraza al sol; ir a un concierto; organizar una cena con tus amigos; pararte, en la calle, a ver un espectáculo de burbujas de jabón…

Todas esas cosas que estaban tan normalizadas que carecían de valor, se convertirán en verdaderas explosiones de placer, hazañas milagrosas, dosis de máxima felicidad.

Así que nuestro cerebro nos proporciona , también , una medicina que puede aliviar los síntomas del confinamiento: pensar, visualizar, anticipar esos momentos increíbles que llegarán.

Empecemos a hacer una lista.

Es medicinal.

 

 

Conectados.

Me hacía mucha ilusión llegar al número de 2.000 seguidores en este Blog Imperfecto. Nunca lo hubiese imaginado… ¡Gracias! (ruborizadas).

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El grupo es heterogéneo, de intereses diversos y, lo que más me gusta, de muchos países. Aunque muchos de los posts del blog son universales , como los de esa luna que vemos todos cada día, hoy estamos más conectados que nunca.

El motivo era impensable. ¿Un virus? Pues, sí. Conectados por un virus…

En cada país , según su nivel de contagio,  se han tomado medidas diferentes y de diferente intensidad, pero, en todo el planeta, aunque algunos dirigentes quieran hacer oídos sordos al Covid-19, sabemos lo que es una pandemia y que nos va a afectar a todos.

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La parte positiva de todo este tema , que nos preocupa y nos tiene confinados en casa , es que somos parte de la acción preventiva. Somos , todos, elementos indispensables para parar la propagación. Cada acción individual suma muchísimo, exponencialmente.

En el pasado y muchas veces, nos hemos quejado de las cosas de la vida, ante la impotencia o el no querer hacer nada porque no servirá de nada. Esta vez, tenemos potencia y sí que servirá de algo. Es más,  es lo único que servirá.

Gracias por vuestra atención.

Gracias por vuestras 2000 fidelidades.

Gracias, porque estoy segura de que somos parte de la solución.

Seguimos.

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Podemos hacerlo.

Las fotos de la luna de la pasada semana hoy tienen un matiz especial.

Es curioso cómo, fotografiando siempre lo mismo, en cada ocasión es diferente. Eso sí, en todas las lunas que hay en este blog, la fotógrafa siempre se ha sentido pequeña, al percibir su magnificencia y , a la vez,  nuestra insignificancia.

Esta vez, inmersos en una crisis pandémica que nos tiene a todos instalados en una situación de irrealidad, pero, a la vez, de máxima responsabilidad, la luna me ha mostrado mi casa, mi barrio, mi ciudad, mi país, mi continente, mi planeta. Todas esas cosas que conforman una sola cosa : la humanidad.

Image Credit: NASA/JSC /Historical Date: July 20, 1969

Y, mirad, todos estamos ahí, en esa pequeña esfera, azul y preciosa,  que se ve desde la luna…Y, sí, es verdad, somos muy pequeños, pero todos juntos formamos ese hogar común que es muy grande.

Hemos de pensar globalmente y actuar localmente.

Individualmente.

Todos juntos.

Cuesta mucho hacer una fotografía real de lo que está pasando en nuestro país, en otros países, en el planeta entero. La información es dinámica. La evolución es casi, por horas.

Es muy difícil enfrentarse a una situación única y sin precedentes en nuestra historia moderna. No nos sirven los modelos de otras crisis sanitarias del pasado porque el mundo ha cambiado y somos una entidad colectiva , globalizada y conectada.

No es momento de críticas, ni de estrategias políticas. Intento ponerme en la piel de los que están gestionando esta crisis y, creo, que nadie , a ningún nivel y en ningún lugar , estaba preparado para dar respuesta a una amenaza como esta.

Pero el tiempo, inexorable, nos va dando nuevas cifras, nuevos escenarios , nueva información y como ahora sabemos mucho más, podemos hacer algo para contener el desastre que se avecina si no hacemos nada.

Vamos a contribuir a solucionar. A ayudar a frenar la curva de contagios. A ser responsables. A no colapsar nuestro sistema sanitario. Vamos a colaborar y a seguir instrucciones. A no hacer más dificil el trabajo de nuestro magnífico equipo de profesionales de la salud. Vamos a hacerlo todo y bien.

La buena noticia es que podemos hacer algo.

Si nos ponemos a ello, para la próxima luna llena, todo habrá mejorado. Hay que confiar en nuestros poderes ocultos como humanidad. Los tenemos!

Cuidaos.

 

 

 

 

187.400 Kg

Por si vais a la luna, que ya estamos en 2020 y vete tú a saber , que sepáis que desde 1959, los humanos hemos dejado 187.400 kg de “residuos” en la luna. Sondas robóticas , instrumentos de medición, generadores,  módulos de ascenso, rovers, reflectores, etc.

Además de la basura tecnológica, allí está la famosa bandera de EEUU y no os sorprendáis si os encontráis con unas bolas de golf de un astronauta del Apolo 14 que jugó a este deporte en la luna.

Y sólo han estado allí, 12 seres humanos…

NB1 : Esta es mi primera foto de la luna en el 2020.

NB 2 : Esta es una imagen de la NASA. Creo que las pelotas de golf, están por el Mar de la Tranquilidad…

Che casino!

(*) “Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados.”

“Parábola de los Seis Sabios Ciegos y el Elefante”.
Atribuida a Rumi, sufí persa del s. XIII.

 

He estado unos días en Italia. Desde allí, me he ido informando de lo que sucedía en Barcelona, en Cataluña, en España, de una forma diferente a lo que es habitual. Prácticamente, he leído casi todos los periódicos nacionales, he visto informativos de todas las cadenas, he escuchado las radios y me he conectado a Twitter. También, poseo la información de los míos, los que están in situ

Con todo ese volumen de información, e intentando clasificarla lo más pragmáticamente que puedo, la conclusión es que nadie, de los que deben gestionar y son responsables de este casino, ve el elefante entero. Unos creen que el elefante es una de las patas, otros que son la trompa, hay quien cree que el elefante sólo son unas grandes orejas, o ese lomo gris y áspero…

Los ciudadanos que reciben la información de esa multitud de medios de comunicación consiguen, paradójicamente, estar totalmente desinformados. Los que vivimos aquí, la mayoría, los de a pie,  estamos perplejos y confusos porque todo se ha mezclado: ideas básicas en las que todos estamos de acuerdo, ideas partidistas, ideas emocionales, ideas radicales… Muchas interpretaciones creando un gran elefante mutante que nos sobrevuela a todos. Le han crecido más patas y tiene doble trompa…

Es urgente buscar a los más capacitados para ver elefantes enteros. Y aunque esta palabra no guste a muchos (y no entiendo el motivo, porque la palabra es bonita), suelen ser los más equidistantes. Objetivos, pragmáticos, neutrales y con el único propósito de solucionar.Me niego a creer que no existen en ningún partido , institución, asociación, entidad, foro, universidad, etc.

Nos lo deben. El elefante es un animal maravilloso…

 

NB : En el aeropuerto, me preguntaron mi destino. Cuando respondí “Barcelona”, me dijeron: “Città magnifica ma che casino!”. Pues sí, desgraciada y tristemente, vaya lío.

(*) La teoría del elefante es recurrente en este blog.

 

Extinción de la especie.

Greta Thunberg lo dijo en su discurso en la ONU. Pronunció la palabra: extinción. “Estamos en el comienzo de una extinción masiva y lo único de lo que habláis es de dinero” (G. Thunberg)

Soy de naturaleza optimista y no voy a dejar de intentar hacer lo que yo pueda, como nano-micro-nimia unidad que soy, para combatir el fin del planeta como lo conocemos hoy, pero, confieso, que, a veces pienso que esa es la única solución: la extinción. Es brutal, condena a dos o tres generaciones más, pero libra al planeta de su peor enemigo: nosotros.

Nuestra cultura consumista, profundamente arraigada y presente casi de forma inconsciente, hace difícil que esto se solucione. Admiro a esos jóvenes que salen a las calles y nos increpan de forma directa. Tienen toda la razón: el modelo en el que les hemos hecho crecer, los ha condenado.

¿Cuántos de ellos tienen montones de camisetas y jeans de esos de 5€ en su armario, que emergen de una industria textil low cost contaminante y descontrolada? Exactamente los mismos que nosotros, los que ya no somos jóvenes y hemos educado a los que ahora lo son: demasiados montones de ropa. ¡Es tan barata! ¿Cuántas veces cambiamos de teléfono móvil, sin necesitarlo? ¿Y electrodomésticos? ¿Ordenadores? ¿Sabemos dónde van los residuos tecnológicos? ¿Las baterías?? ¿Cuánta comida malgastamos a la semana? ¿Cuántas veces viajamos en coche y/o avión? Y en coche, ¿Cuántos trayectos hacemos solos? ¿Una persona/un coche?

Y es que las respuestas a estas preguntas son el presente. Es lo que hay ahora mismo. Se habla de transporte (en global) eléctrico, de energías renovables, del fin de los combustibles fósiles, de reciclaje, pero, en nuestro día a día, ese futuro queda muy lejos. La gestión política y el sistema económico que rige nuestra vida hace imposible la ruptura total con el sistema que hemos creado. Los científicos van acortando los tiempos en los que prevén que se avecinará el desastre: dentro de 150 años, dentro de 100 años, dentro de cincuenta años… Eso es hoy.

Sólo nos queda apoyar esta lucha. Hacer lo que podamos. Espero, esperanzada, que no sea demasiado. Ni demasiado tarde.

Tenemos que reciclar, sí, pero también tenemos que cambiar nuestro modelo de vida hacia un consumo muy responsable. No comprar tanta ropa, ni tanta comida, ni cambiar tanto de móvil y “cosas”, movernos en trasporte público, penalizar a las empresas que utilizan plástico , que no respetan la huella ecológica, que contaminan, que no se hacen responsables de sus residuos, consumir  productos de Km. 0, no viajar en avión/barco hasta que no sean no contaminantes, presionar a nuestros dirigentes-a todos los poderes, los cubiertos y los encubiertos- para tener objetivos comunes ante esta emergencia planetaria,  etc., etc.… Dicho esto y pensando que sólo funcionará si vamos todos, todos a una, a nivel mundial: ¿Lo veis posible?

¿Cómo lo hacemos las nano-micro-nimias unidades?

¿Cómo?

Ojalá sea ficción…

Nos avisaban de los riesgos. Eran voces poco audibles en un mundo tan contaminado de ruido.

Nos informaban que el límite de no retorno era de 30 años. En tres décadas, el planeta estaría en riesgo de destrucción inminente.

Nos decían que contaminábamos los mares, el cielo, el aire.

Nos advertían del consumo masivo, de la construcción masiva, del desastre masivo.

Nos hablaban del cambio climático, del calentamiento global.

 

 

Era el año 2019 cuando escribí “Ensucio el cielo” y no creí que viviría para ver esto,  pero aquí estoy …En estos tiempos que corren, sobrepasados los 30 años de gracia, estamos como nos dijeron que estaríamos: al borde de la extinción…

El mundo tuvo que cambiar por obligación. De políticas negacionistas de lo que se avecinaba, pasamos a políticas disuasorias en las que se podía contaminar pero pagando: ¿Conduces con combustible fósil? Impuesto y tasas. ¿Quieres bolsas de plástico que destrozan nuestros oceános? Pues las pagas, que ensucias el mar con ellas. Si quieres un coche eléctrico o proveerte de energía solar o eólica, también pagas.

Nosotros, por eso, íbamos a lo nuestro: consumíamos sin parar. ¿Ropa? Era tan barata que teníamos cientos de prendas. ¿Sabías que un tejano requiere de 7.000 litros de agua y tinte contaminante para su confección? ¿Comida? Los frutos más exóticos, los productos de agricultura intensiva, cultivados a miles de kilómetros, viajando por tierra, mar y aire junto con la ropa, llegando a nuestros hogares…

 

 

Los que predecían el fin de nuestro modo de vida, eran  tildados de agoreros. Exagerados… ¿Cómo se iban a dar por finiquitados los  modelos productivos? ¿Qué harían las personas que trabajaban para el sistema industrial, inmerso en la globalización? Se perderían millones de puestos de trabajo en todo el planeta, se resquebrajaría el sistema. Por mucho que cada individuo, intentará aportar su granito de arena para la gran solución, era un desierto demasiado grande e incontrolable: política, intereses económicos y sociales…Pero llegó ese instante de irreversibilidad que nos condenó a todos.

Deshielo descontrolado, sequía, temperaturas extremas y niveles de contaminación nunca antes alcanzados en la tierra.

Nos vimos obligados a volver hacia atrás para mirar hacia adelante.

En el 2050, ya no viajamos como si el mundo fuera pequeño. Cada habitante del planeta tiene un número limitado de transporte por aire o mar. Para el transporte terrestre, hay coches eléctricos , pero solo para los que se los pueden permitir, pero aún no existen aviones y barcos que no dependan de la combustión fósil. En nuestro entorno, además de los transportes públicos sostenibles, utilizamos bicicletas, coches de caballos y, lo más básico, nuestras piernas.  Sin darnos cuenta, ha salido algo bueno de todo esto y es que empezamos a estar más sanos…

Nuestra alimentación se basa en los productos de Km 0 y en el autocultivo. Cada vez somos más los que tenemos huertos, gallinas y panales de abejas.

La ropa también está limitada por persona. Los jeans han desaparecido por completo. Toda nuestra vestimenta, se reutiliza, se parchea y se arregla antes de pedir nueva dotación.

 

 

Todos nuestros aparatos, funcionan con energía solar. El sol, cada vez más intenso y cruel, nos provee de energía limpia, casi infinita. La sociedad que se imaginó Elon Musk es casi real. Incluso, hay algunos valientes viajando hacia Marte…Eso sí, cayeron muchas personas y gobiernos hasta que se liberalizó el sol,  y la tecnología pasó a ser propiedad de los habitantes del planeta y no de corporaciones empresariales. Esto nos ha permitido seguir teniendo conexión con el mundo y, por primera vez, poder compartir experiencias, aprender de los otros, aportar nuestras ideas  y, lo más importante, sentirnos parte de un colectivo que ya no se dividía por países. Somos, todos, ciudadanos del planeta tierra.

Nuestro único objetivo es sobrevivir, salvando lo que queda… Que, por cierto, sigue siendo precioso…

 

Photo by Daniel Olah on Unsplash

 

Ensucio el cielo.

Cielo limpio.

Cielo contaminado.

La combustión del queroseno de los aviones alcanzan en torno al 2% del total del CO2 que emitimos a la atmósfera. En los próximos años esta proporción irá a más, como lo hace el número de aviones y la frecuencia y número de  vuelos. Vamos a peor y volando!

Estoy leyendo sobre esto y me preocupo ( aviones, coches, camiones, buques, cruceros…) y entonces, recuerdo que hace muy poco, viajé en avión y ya tengo otro vuelo programado… Estoy contribuyendo a la cuota tóxica de gases de efecto invernadero. Ensucio el cielo.

Tengo/tenemos/tienen que reflexionar…

Urgentemente.