Concierto de verano.

La experiencia musical puede ser de diez, pero la experiencia visual se puede quedar en cero.

Nada puede asegurarte que vas a tener «un buen sitio» en el teatro o en el auditorio. Es posible que conozcas el local, que sepas que es mejor el palco o la fila 10 y que apliques toda tu pericia para encontrar la plaza más idónea de las disponibles. Te crees que lo has hecho bien y sientes una extraña satisfacción interna cuando te sientas en tu butaca, dispuesto a disfrutar del espectáculo, pero falta que llegue el público restante y… a ver qué te toca delante…

Si se sienta uno de estos chicos altos y espigados, o uno tipo armario, o de estos señores que se mantienen erguidos, en posición de firmes, o la señora con el pelo cardado de peluquería a volumetría máxima, o la que se ha hecho un moño alto. Si el que tienes delante es uno de «ellos», no te queda otra que la contorsión mientras dura todo el show. Y si a los de las filas de delante les pasa lo mismo, entonces ya no puedes evitar el estar «buscando el ángulo» sin cesar. Es como un bucle, porque por detrás de tu fila también pasará lo mismo…

Y luego están los móviles. Esa pasión colectiva por grabarlo todo, el concierto entero, para verlo después en una pantalla mucho más pequeña que la que tienes delante ahora mismo. Prohibido o no, da igual: cientos de brazos se alzan a la vez, como una ola, y entre tú y el escenario se levanta una muralla de pantallitas.

Así que las contorsiones, elongación de cuello y saltitos están asegurados en ese concierto de verano.

Solo queda bailar y rezar para que, en el próximo, te toque alguien bajito o de melena lisa.

Pero bailar, se baila…

Detox.

Encuentras el momento. Apenas dos días, marcados en el calendario hace ya un tiempo, en los que la conjunción de vidas permite estar solas. Amigas, sol, piscina, colchonetas, aperitivos ligeros, vino rosado de La Provence y ganas de hablar. O no.

Como una melodía perfectamente ejecutada, hay momentos de conversaciones profundas, intensas o divertidas, y momentos de silencio, dejándonos llevar por nuestra música preferida — una playlist añeja en la que apenas hay una canción de las que ahora están de moda.

Una pulsera con una estrella para cada una, para recordar esos días en los que todo ha sido fácil, sencillo, íntimo.

Un verdadero detox para el alma.

Mañana, libros y rosas.

Sant Jordi.

La cita con los libros y las rosas.

Es el día de los amantes de la lectura, de quienes sueñan con viajar a mil lugares y abrir la mente entre las páginas de un libro.

Un buen día, lectores del mundo.

Feliz No Cumpleaños.

Ya os aviso desde el principio: hoy celebro el mío.

No os voy a confesar cuántos cumplo. Para saberlo, tendría que multiplicar 364 por mi número de años, y de ahí saldría una cifra tan astronómica que prefiero no conocer. Al margen de la edad, el concepto me parece brillante

Pasamos de tener un solo día de celebración a disponer de 364.

Alguien podría decir que, así, el cumpleaños pierde parte de su magia. Pero todo depende del enfoque. Hay quienes, si les regalas 364 días para celebrar, son capaces de exprimirlos todos. O casi. Y hay quienes no saben muy bien cómo hacerlo. A veces, ni siquiera con uno.

Por eso, más que celebrar un No Cumpleaños, lo verdaderamente interesante es el cambio de rumbo que propone: aprender a festejar lo cotidiano, incluso cuando no ocurre nada extraordinario.

Hoy voy a hacerle caso al Sombrerero Loco. La idea del unbirthday pertenece al universo de Lewis Carroll, aunque se hizo universal gracias a la película animada de Disney, Alice in Wonderland (1951), donde el Sombrerero la convierte en canción y en fiesta: “Very Merry Unbirthday”.

Así que felicidades a quienes hoy celebráis vuestro No Cumpleaños. Y también, por supuesto, a quienes celebráis el cumpleaños de toda la vida.

Porque celebrar también es una forma de entender la vida.

Gelasio I, un pionero.

Los que odian los “días de lo-que-sea” con “regalo obligatorio”, y en especial San Valentín, no se imaginan lo que nos habría caído encima si el papa Gelasio I no hubiese tomado cartas en el asunto. En el año 498 instauró oficialmente el culto a San Valentín (lo incorporó al calendario cristiano) para desplazar a las Lupercales, una fiesta pagana muy popular.

El problema es que, con el tiempo, la figura de San Valentín quedó envuelta en leyenda: en 1969 la Iglesia retiró su celebración del calendario litúrgico por falta de pruebas sólidas sobre su existencia. Aun así, la marca ya estaba lanzada.

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Luego llegó la competencia, el dios romano Cupido: icono universal del amor . ¡Pobre  Cupido ! Se representa como un niño, que lleva los ojos vendados ( ciego, como el amor) y un arco y flechas con las que enamora a los seres humanos.

Objetivamente , eso es un delito. Un niño, con un arma peligrosa sin supervisión de adultos y, además, añadiendo riesgo al asunto al vendarse los ojos. ¿Quién fue el que creó la iconografía?. Sé que ocurrió en la época Alejandrina pero no he encontrado el nombre del autor… Y me sabe mal por no poder reconocérselo publicamente. 

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Dices “Cupido” y en nuestra mente, aparece el angelito gordete. Esa persona anónimo, creó un símbolo universal y atemporal.

En 1840 apareció el toque yanqui: Esther A. Howland popularizó las postales del Valentine’s Day y el asunto se volvió masivo e imparable.

Esta foto es una postal original de Esther Howland de hace 185 años.

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Gelasio I probablemente no imaginó el negocio que iba a generar la jugada .Todo lo que se pueda adquirir a cambio de dinero, se puede San Valentinizar. Y las ventas, en ese día, crecen de forma espectacular : incrementos del 60% en floristería y en ventas on line, pastelería, bombones, joyas, viajes….

Un pionero del marketing, vamos.

Este es Gelasio I. Si eres de los que odian el Día de San Valentín, este señor es el culpable. Si eres de los que le encuentran su gracia , te presento al padre de la criatura.

Por un 2026 redondo.

Hay expresiones que son un brindis.
“Que salga redondo” es una de ellas.

Redondo empezó siendo una forma —lo circular— y con el tiempo se volvió algo más bonito: lo completo, lo bien logrado, lo que encaja. Sin aristas.

Para el 2026: no pido un año perfecto. Pido un año redondo. Con salud, con calma, con tiempo. Con momentos que cierren bien.

Y si algo se tuerce, que sepamos enderezarlo sin rompernos.
Feliz 2026. Que salga redondo.

#FelicesFiestas

Y volverá, con la misma imperfección de siempre…

Árbol de ideas.

Hay gente que pone árbol: es bonito, luce bien, huele a infancia y proclama la Navidad. Y también están quienes, sin renunciar a la fiesta, se las ingenian sin árbol.

Cualquier cosa sirve para crear la estética navideña: una pirámide de ovillos, de libros, una escalera, una constelación de luces o una forma triangular hecha con lo que ya tienen en casa.

Es un árbol que, además de luces, tiene imaginación. Y convierte la Navidad en un gesto creativo.

Propongo una nueva tradición, a libre disposición de quien quiera adoptarla: cada año hay que inventar un árbol distinto… sin árbol. Y si queda torcido, mejor: es más real.

Un estilo de vida.

En un mundo polarizado, lleno de agresividad, violencia, guerras y conflictos, estos días las palabras que más utilizaremos serán Paz, Amor, Esperanza, Prosperidad…

Desearemos “felicidad” a todo el que nos encontremos y nos dejaremos llevar por esos anuncios publicitarios llenos de lucecitas cálidas y personajes encantadores que reflejan lo mejor del ser humano.

Lo ideal sería que esta época de fiestas , que nos llevan hacia una conciliación emocional entre semejantes, se convierta en un estilo de vida. 

Tengo el slogan.

Felices fiestas a todos!

Fotos de Annie Spratt en Unsplash

Leamos más!

Feliz Día del Libro.

Feliç Sant Jordi.