Una onironauta en potencia (III)

Previamente :

Una Onironauta en potencia (I) y (Parte II)

 

 

Ya estoy en la mitad del libro sobre los Sueños Lúcidos. Los autores son muy optimistas y consideran que habrá un momento en el que experimentarás uno de esos sueños y, por lo tanto, lo que hacen es darte consejos para que te “muevas” en ese mundo onírico.

Hay un apartado que es “Transporte” y aquí, he de deciros, que me he desmotivado un poco…

Empecé a interesarme por este tema después de experimentar un sueño en el que tuve consciencia de que era un sueño. Eso fue muy llamativo porque eliminó el miedo, la angustia y cualquier otra sensación negativa (creo que en el sueño estaba escapando de algo) y cuando pasé al estado (supuestamente) lúcido, lo que sentí fue como una gran euforia, un “ahí os quedáis”, un “hago lo que me da la gana porque este es mi sueño” y, claro, como estaba en uno de esos estados en los que te quieres mover y no puedes, lo de volar pareció una forma acertada de largarme. Sólo pude alzarme unos centímetros (5?) antes de despertar pero la sensación fue brutal.

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En el libro te dicen que volar en los sueños requiere de una serie de trucos y de entrenamiento. Tanto para despegar como para aterrizar. También para hacer giros y esquivar objetos… Mi cerebro quisquilloso me dice: si estoy en un estado onírico en el que no hay leyes físicas y las normas las creo yo, ¿por qué voy a intentar volar como si lo hiciera en el mundo real? Dan ejemplos: como Superman, con saltos, con algún artefacto… ¿?

Y, otra cosa, se menciona que cuando ya estés acostumbrado puedes decidir un destino. Por ejemplo: las Pirámides de Egipto… Pero yo no he estado allí jamás. Tengo una imagen mental pero no es real así que… ¿Qué Pirámides veré? ¿Las oníricas???

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De momento, lo más positivo es el haber creado el Diario de Sueños. No puedo recordarlos todos los días, pero cuando tengo esa pequeña huella y los escribo brevemente, me asombro de la capacidad del cerebro para jugar con los estímulos. Y de lo surrealista (y cabroncete) que es…

De momento, no pasa nada más. Sé que sueño, que no he vuelto a sentir que estaba en un sueño de forma lúcida, y que lo de volar… ni en sueños…

(To be continued)

 

 

Romance.

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Ya sé que pensaréis que padezco algún tipo de obsesión. Sin conocerme, igual me tildáis de maniática, o neurótica, o esas otras etiquetas que utilizáis cuando algo no se ajusta a los parámetros normales. Pero a mí me da igual. Siempre he creído que nadie puede medir la normalidad. ¿Cómo van a hacerlo si todos somos diferentes?…

Mi diferencia, lo que me aparta de ese patrón de los seres humanos normales, es algo que no hace daño a nadie. Ni siquiera a mí misma. Al contrario, me reconforta. No entiendo por qué mi cuñada me mira de esa forma tan extraña cuando me apresuró a ubicar la pila de revistas de decoración, en el lugar exacto de la mesita de centro. ¡Me encanta la decoración!

Colecciono todas las publicaciones sobre el tema y me encanta dejar unos ejemplares con lo que más me ha llamado la atención en mi preciosa mesa de centro (es un antiguo telar restaurado). Mis cosas, deben estar situadas en las coordenadas exactas. En los lugares correctos. Soy yo la que determina cual es la posición de las revistas, los platitos incas, el jarrón japonés, las velas aromáticas, el mando de la televisión… Mis libros están ordenados por orden alfabético del autor y con un suborden por tamaño del ejemplar para no desequilibrar la armonía de la estantería… Mis víveres están clasificados por tipo y fecha de caducidad y todas las latas y envases deben situarse con las etiquetas en la zona frontal.

Todos los objetos están en dónde deben estar en La República Independiente de Mi Casa. Y cómo bien dicen los señores de IKEA, mi casa es m-i   c-a-s-a y si quiero tener el cajón de la lencería ordenado por tonos cromáticos y ocasiones de uso (para diario, para sexo, para la regla, para ir ceñida, para el gimnasio…), lo tengo. Y punto. ¿Qué más da? Así que cuando llega mi cuñada, de exuberantes piernas rematadas por tacones que joroban mi preciosa tarima y se sienta en mi sofá, no sin antes lanzar los cojines (que le molestan) aquí y allá, debo contar hasta diez para no volver a colocarlos en su sitio. Cuando se pone a manosear mis revistas que deja por encima de la mesa, encima de los platitos incas, me sumo en un estado zen para no lanzarme sobre ellas (las revistas) y volverlas a apilar en la esquina derecha del cuadrante inferior… Nunca consigo que esas técnicas de relajación surjan efecto y acabo marcando de cerca a mi cuñada, reubicando todos los elementos y sintiendo su mirada de “estás como una cabra” en mi nuca.

Y este extraño día que estoy pasando, me hace pensar que mi cuñada puede estar en lo cierto. He perdido la chaveta en algún lugar del camino…

Todo ha empezado esta mañana. He abierto el cajón de la cubertería para coger la cuchara de dimensiones perfectas para mi cappuccino, cuando he observado que había un tenedor en el compartimento de los cuchillos. ¿Qué hacía un t-e-n-e-d-o-r en el lugar de los c-u-ch-i-ll-o-s.? Es más, ¿Qué hacía un cubierto mal puesto en un cajón de mi cocina? Inmediatamente, he alargado la mano para coger el tenedor y ponerlo en el lugar correcto. He notado un leve tirón y una cierta resistencia por parte del tenedor, así que me lo he puesto a la altura de los ojos y lo he observado con atención. Lo he agitado en el aire y he comprobado que todo era normal. Cuando lo he dejado en el cajón, me ha parecido que el cuchillo se había desplazado hacia la derecha, así que también lo he colocado bien. Al cerrar el cajón, he oído unos sollozos tristes y desesperados. He mirado hacia el televisor, que creía que estaba apagado. Y lo estaba. Los sollozos se habían convertido en un llanto desgarrado y provenían del cajón. Parecía increíble, pero…abrí el cajón y el llanto cesó de repente.  El tenedor había avanzado posiciones y ya estaba con las cucharas. El cuchillo se había desplazado hacia el extremo del compartimento. ¡Qué raro! pensé en ese momento. Me habré equivocado al ponerlo antes– me dije mientras volvía a poner el tenedor rebelde con los otros tenedores…

Estaba dejando mi taza, perfectamente limpia, en la estantería de las tazas de por la mañana, sección colores fríos (me había decantado por la azul), cuando escuché unos quejidos entrecortados… y el llanto, de nuevo.

Abrí el cajón y se hizo el silencio. El maldito tenedor, había quedado perpendicular al hueco de las cucharas y los otros tenedores. Me enfurecí. El tenedor, por lo que fuera, se rebelaba al orden preestablecido. Me prometí concederle una última oportunidad –dijo el maestro Zen– y lo coloqué con una fuerza superior a la que era necesaria, en el puto compartimento de los putos tenedores. Y cerré el cajón con delicadeza, para evitar posibles desplazamientos no deseados.

Y venga el lloro… He pasado el día intentando olvidar el episodio del tenedor. He ido a comprar al mercado del barrio y cuando he llegado a casa, me he visto obligada a entrar en la cocina. Tenía que colocar los productos frescos en las repisas del refrigerador correspondientes (las había etiquetado con mi Dymo) y no podía romper la cadena de frío. Me he sentido aliviada al comprobar que sólo se oía el zumbido de la nevera. He organizado mi compra y he necesitado un cuchillo para cortar la malla de las naranjas. Cuando he abierto el cajón: ¡El tenedor con los cuchillos!

Si en algún momento se me había pasado por la cabeza que había algo raro en el cajón de mi cubertería, ahora se veía confirmado.

El tenedor se movía-autónomamente- por el cajón.

Pero lo que más me impactó de este descubrimiento, no es que se moviera… No. Lo más importante era que rompía mi estructura del orden de mi casa (“casa” incluye el cajón de la cubertería). Para comprobar mi teoría de que el tenedor tenía vida propia, lo cogí, le dije “Ahora verás” y lo puse en su sitio. Fue cerrar el cajón y oír los sollozos. Abrí el cajón y cogí, de nuevo, el tenedor insumiso, lo miré con asco y lo tiré al cubo de la basura. Alguien lloraba, cada vez con más fuerza, en mi cocina. Tenía que acabar con él. Bajé la bolsa de basura y la tiré al container. Satisfecha con mi acción de pura venganza hacia el tenedor, entré en la cocina. Ya no era un lloro, eran alaridos desgarradores…

No entendía nada. ¿No había exterminado al tenedor? Abrí el cajón y…tengo que ir más rápido. No me quedan fuerzas y el tiempo se acaba, por lo menos para mí.  Me he extendido demasiado explicando cómo he llegado hasta aquí y por qué tengo un cuchillo viviente (que no para de llorar desconsoladamente) clavado en mi pecho.

Ha sido un crimen pasional. El cuchillo y el tenedor se amaban locamente y no podían soportar estar separados. El exilio forzoso al que condené al tenedor despertó al monstruo interior del cuchillo, que se abalanzó sobre mí y se ha quedado insertado en el centro de mi corazón. Mi final está siendo mucho más terrible ya que el cuchillo solloza, grita y llora por su tenedor perdido.

El llorón era el cuchillo…

Noto que esto ya se acaba… Por lo menos, dejaré de oír a este cuchillo quejica…

Yo lo único que quiero, en estos segundos de lucidez, es dejar clara mi última voluntad.

Que este cuchillo sea entregado, como herencia, a mi cuñada.

Gracias.

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NB : Este es uno de los “Objetos Sencillos que tienes en casa”...

 

 

Una onironauta en potencia (II)

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Viene de aquí.

Voy descubriendo, en mis pesquisas sobre el sueño lúcido que, realmente, de los sueños ( y del sueño) no se sabe casi nada.  Si elimino de mi marco de trabajo a los místicos y tarotistas, lo que me queda es un campo vasto de desconocimiento en el que tanto puede ser que esto del sueño lúcido sea un deseo como que no, que sea un comportamiento neuronal específico con una argumentación científica que aún no tenemos disponible en esta época.

El libro que estoy leyendo es muy ameno y … optimista. Básicamente, te explican una serie de pautas para inducir los sueños lúcidos. No aseguran éxito seguro, pero sí que insisten en que es una habilidad disponible en todas las personas que duermen. Otra cosa es que esté oculta, no entrenada y …que sea más difícil de lo que parece, engañar a nuestro cerebro. También aportan experiencias de onironautas en los que parece que puedes “controlar” cosas (escenarios, personas, situaciones) … Yo, ahí, ya me temo que mi nivel de escepticismo es muy alto.

Estos días estoy siguiendo la guía que marca el libro. Aún estoy por la mitad, pero he iniciado los primeros pasos a medida que avanzo la lectura.

  • Confirmación de la realidad. Consiste en crear una señal que me indique que estoy en la realidad y no en un sueño. Esto sirve para en el caso de que esté aproximándome a un sueño lúcido, y tenga dudas de ello, debo hacer el “tip” elegido. He avisado a mi entorno cercano de esto que hago para que nadie dude de mi cordura: cuento los cinco dedos de la mano izquierda. La hipótesis es que, en el sueño, veré mi mano rara, o tendré más dedos, o ninguno, o vete tú a saber, pero no me los podré contar normalmente. Teóricamente, sabré que estoy en el sueño. Así que si veis a alguien haciendo esto en el supermercado, igual soy yo…; – )
  • Antes de dormir, pienso que voy a tener un sueño lúcido y voy a ser consciente de ello. Esta es fácil.
  • Diario de sueños. Aquí ya se complica la cosa. Básicamente, consiste en anotar tus sueños, nada más te has despertado. Es imprescindible que sea muy rápido porque, por lo que sea, se olvidan rápidamente. Llevo cuatro días haciéndolo. Os confieso que lo primero que pensé es que no escribiría nada porque, lo más frecuente, es que no me acuerde de lo que sueño, pero lo que me pasaba es que me olvidaba rápidamente (yo creo que es a los pocos segundos, de verdad).

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Me cuesta mucho escribir esas cinco o seis líneas, pero, una vez hecho, me permite recordar “un poco” la estructura del sueño. En el libro te aconsejan dormir 6 horas, despertarte, estar 20 minutos en vigilia y volver a dormir. De esta forma, te metes en la fase de REM de pleno. Para mí, esto es totalmente imposible. Hoy, me he despertado espontáneamente a las seis horas de haber iniciado el sueño. Y me acordaba del sueño que ahora no recuerdo (nada de nada) pero mi cerebro me ha dicho: ¡Te queda un rato! Y me he dado media vuelta … Nada de escribir. Nada de levantarse 20 minutos…Pero al releer los recuerdos surrealistas de mis sueños, veo que es alucinante lo que ha estado haciendo mi cerebro nocturno estos días…

Mi curiosidad aún no se ha agotado así que seguiré los pasos siguientes .

Seguiré informando.

NB: 1,2,3,4 y 5!

Una onironauta en potencia.

Hace unas noches, tuve una experiencia singular. Por lo menos, despertó mi curiosidad con intensidad. Tuve un sueño…

A veces, recuerdo lo que sueño, pero son pocas las ocasiones. Las imágenes se desdibujan a los pocos minutos del despertar.  En mi consciencia sé que , durante mi vida, he tenido sueños placenteros, de los angustiosos en los que pasa algo terrible y no te puedes mover y de esos en los que saltas o caes al vacío y… te despiertas. Pero, como os decía, la mayor parte de las noches no tengo ni idea lo que programa el Departamento de Contenidos de mi cerebro.

Mi sueño reciente, del que sólo recuerdo una imagen y una posición y al que no puedo poner paisajes, ni argumentos, fue diferente. Más intenso. El contexto era de acción y peligro, pero, yo no sentía miedo. Raro. Estaba tendida en el suelo, sin poder moverme, aun queriendo avanzar, aunque fuera a rastras, para escapar del “no-sé-qué” que me perseguía …Pero, de repente supe que estaba soñando y que, por lo tanto, no me podía pasar nada. Es más, podía moverme si quería. Podía elevarme del suelo y volar… E irme de allí… Y cuando inicié el ascenso, me desperté. En ese instante, recordaba el sueño con intensidad y  bastante precisión, incluso llegué a pensar en escribirlo… ¡Casi vuelo! Después, como es habitual, olvidé los detalles pero la “sensación” del sueño, no acababa de desaparecer. Lo que más me había sorprendido, lo más relevante era el tener conciencia, dentro del sueño, de que estaba soñando e intentar ¿dirigirlo?…

 

No creo en las pseudociencias, ni en los viajes astrales, ni en la interpretación de los sueños ( en un seminario en la Facultad, acabé de convencerme que todo es pura semiótica…) pero sí creo en el cerebro y en la ciencia y en todo lo que queda por saber de ese increíble artefacto de alta tecnología que todos llevamos puesto.  Siempre me ha cautivado el potencial de todo lo que se desconoce de él y, en este caso, lo referente a lo que pasa mientras estamos en Fase REM , así que empiezo a investigar un poco sobre el tema y descubro que mi experiencia tiene un nombre y  se llama “sueño lúcido”.

Directamente de la Wikipedia : “Un sueño lúcido es un sueño que se caracteriza porque el soñante es consciente de estar soñando. Se puede dar espontáneamente o ser inducido mediante prácticas y ejercicios”. Las personas que poseen esta habilidad se llaman onironautas.

De momento, estoy en la fase de recopilación de información. Leo sobre el sueño lúcido en blogs y libros y he visto una película ( Origen, Leonardo Di Caprio) que trata de este tema pero en clave de ciencia-ficción. Aunque la primera impresión es que hay mucho documento “místico” también he encontrado material científico en neurología y psicología .

 

Y mientras tanto, sigo un poco alucinada por esa sensación que me ha dejado el sueño.

Aún está por aquí…

(To be continued)

Tengo que comprar una mesa…

Lo que le digo a todo el mundo es que , tras mi viaje a Japón, he cambiado espiritualmente y me he rendido a su estilo de vida ( lo que incluye comer sentado en el suelo). Para que mi historia sea más creíble, he aprendido a cocinar sushi

A los que vienen de vez en cuando, les divierte toda esa parafernalia oriental y se sientan en los cojines encima de la tarima, entre risas y contorsiones varias. Los “habituales” no me preguntan por la mesa porque ellos conocen la historia (aunque no se la crean) pero si que me piden que me compre una mesa. Otra. La que sea…pero una mesa…

Los entiendo perfectamente . Sé que las timbas de póquer no son lo mismo a ras de suelo…pero yo soy el único soltero, con casa disponible y tiempo de sobras…además, soy amigo de mis amigos y siempre estoy dispuesto a abrir las puertas de mi piso. No creo que sea tan importante que tenga una mesa , ¿no?

Tampoco hay que olvidar que a las mujeres, les encanta todo este ambiente japonés y lo de ser un experto en sushi me ha permitido pasar algunas veladas memorables…Ya me entendéis…

Con lo que no contaba era con lo de enamorarme. Y tampoco contaba con lo de que ella  viniera a vivir conmigo tan pronto. O sea, ya. Ya está aquí.

Mis amigos vienen menos y las timbas, semanales, han pasado a ser mensuales pero…mira… estoy loco por esta mujer y me compensa pero…ya ha empezado a hablarme de la mesa. Este sábado pretende que vayamos a comprar una  y a mí, sólo de pensar en esa posibilidad, me ha dado un ataque de pánico.

Y lo peor, es que no tengo ningún apoyo. Mis colegas están contentos por poder jugar a las cartas ( aunque sea una vez al mes) encima de una buena mesa y se ríen de mi cuando les explico el trance por el que estoy pasando.

mesaloca

Yo he sido víctima de una mesa loca. La anterior a esta era un modelo rústico que provenía de la casa de campo de mis padres y que estaba vieja y bamboleante ( tuvo un ataque de carcoma) pero era de una madera maciza y oscura que me encantaba. Cuando me llamó un amigo para ofrecerme la oportunidad de mi vida ( conseguir una súper mesa de diseño, totalmente gratis) no dudé ni un instante y dije que sí. Lo más sorprendente es que no tuve que ir a buscarla yo … Me la trajeron a casa ,una hora después de haberla aceptado.

Y digo sorprendente, porque el que regala un mueble, normalmente quiere deshacerse de él, rápidamente ( sí) , pero no se quiere hacer cargo del traslado ( evidentemente) y más si es un mueble voluminoso. Normalmente, el favor que te hacen lo pagas con el favor que les haces al desplazar, fuera de sus vidas, esa cosa que ocupan un espacio importante. En este caso, sesenta minutos después de colgar el teléfono, unos señores de UPS descargaban la mesa en mi salón y se llevaban la vieja mesa familiar. Juro que me pareció que , cuando la bajaban por la escalera, las patas carcomidas me hicieron un gesto un tanto obsceno.

La nueva mesa era preciosa. La acaricié , pasando suavemente las palmas de las manos por la superficie brillante. Oí un gemido que ignoré y seguí mi ruta acariciante. Más gemidos…Busqué el origen del sonido , pensando en mis vecinos , pero al cesar el contacto con la mesa, se hizo el silencio. Estaba yo pensando en aquel extraño fenómeno, cuando sonó el timbre de la puerta.

Mis amigos entraron en tropel, cargados de cerveza , dispuestos a celebrar la timba semanal. Cubrimos la mesa con un tapete de fieltro verde oscuro y dispusimos los elementos necesarios para nuestro ritual: las cartas, las botellas, los ceniceros, …Fue una noche infernal : el mantelito siempre estaba arrugado. En varias ocasiones , parecía moverse y tumbaba los botellines de cerveza o desmadejaba el taco de cartas. A uno de mis colegas, se le cayó un cigarro fuera del cenicero y quemó el tapete. No entendimos su enfado cuando nos acusó de darles patadas por debajo de la mesa. Se levantó y se fue dando un portazo, con los tobillos hechos una piltrafa. Después supe que había sido ella, claro.

Las cosas fueron empeorando a medida que pasaban los días. Si te olvidabas el salvamanteles ( yo no sabía ni que existían) y se quemaba un poco, me sacudía con la patas. Si no ponía el mantel y colocaba mi portátil encima, al calentarse la batería, la mesa se enfadaba y se doblaba en dos . No aplastó mi Mac de milagro.

El mantel , que debía ser de lino y planchado ( no toleraba las arrugas) era lo único con lo que estaba tranquila . Si comía sin él, extendía sus patas horizontalmente y me dejaba plantado en el suelo , con desparrame de platos y vasos. Al darme cuenta de lo que pasaba, emprendí una lucha sin cuartel contra la mesa.

Quería doblegarla.

Comía con espinilleras y coderas, ideé un sistema de barras de hierro para impedir que se doblara e incluso, apilé libros debajo, cubriendo su altura para que no pudiera desplomarse… Mis amigos me confesaron que creían que estaba loco en esa época de mi vida… y es verdad. Estaba loco .

Y la mesa, también.

La muy bruja, nunca se mostraba hostil cuando había alguien en casa. Lo hacía en la intimidad, con el único objetivo de fastidiarme …Llegamos a los insultos ( la mesa, hablaba) y a las manos ( y a sus patas). Descubrí, con horror, que no podía moverla. Ni cortarla con una sierra del tamaño de la de Viernes 13.  La situación se hizo muy , muy tensa y , lo peor, no veía solución.

Al mes de tener la mesa loca en mi casa, el que estaba a punto de volverse loco era yo. Aunque penséis que ya lo estaba ( ¿Quién batalla contra una mesa?) os prometo que todo lo que os he explicado, es verdad. No fueron imaginaciones mías. Tengo vídeos y fotos que lo demuestran. Así que, consciente de lo inusual de la situación y el peligro que corría,  tomé una decisión : ella o yo.

Y fui yo.

Puse el piso a la venta a un precio atractivo e incluí “todos los muebles”. No tardé en venderlo, perdiendo dinero pero, ganando , al fin, la batalla contra la mesa loca.

Allí se quedó… De momento, el nuevo propietario no ha contactado conmigo, aunque también es verdad, que me cambié de teléfono e intenté borrar mi rastro lo mejor que pude.

Me tuve que ir a vivir a las afueras  ya que el dinero que obtuve de la venta del piso , fue ridículo pero …es que era el precio de eliminar a la mesa loca de mi vida… Cuando llegó el momento de amueblar el diminuto apartamento, no me vi capaz de comprar una mesa nueva.

Tengo un trauma. Serio.

…pero dicen que el amor todo lo puede, ¿no?…Y , por ella, por la mujer de mi vida, tengo que conseguir superarlo.

Iré a la maldita tienda y prestaré atención a las mesas que allí habitan. Tendré que controlarme para no dar unas patadas a las patas o pasar las manos por la superficie para observar su reacción… Me llevaré un punzón y un mechero.

Y las espinilleras.

Por si acaso.

 

Congelación de Ideas.

ideas congeladas

Yo soy terapeuta. Me gusta decir que soy Terapeuta de Especiales más que una Terapeuta Especial.

A mi consulta me llegan los casos que mis colegas, no han podido resolver y que no podrían resolver nunca porque…son pacientes especiales.

Estoy preparada para cualquier situación “especial”, soy capaz de abordarla, analizarla y, en la mayoría de los casos, tengo éxito. O sea, se curan. Por lo menos, los que quieren… Aun así, cuando conozco a un paciente y le hago la primera anamnesis, siempre me quedo un  poco descolocada…Gracias a Dios, sólo me dura unos minutos.

El hombre que está en mi consulta,  es Rogelio. Tiene 50 años. Vive solo, en una casa en el campo en el que sólo hay una ducha que está en un cobertizo en el exterior. Este dato podría parecer irrelevante, pero es el origen del mal de mi paciente (o por lo menos, así lo manifiesta). Me ha explicado que en la ducha, hay una ventana de esas de láminas, que por vieja y oxidada, siempre está medio abierta. Sea invierno o verano, la ventana se mantiene en la misma posición, dejando pasar el aire fresco o gélido, según la estación. La ventana, según explica Rogelio, está muy cerca de la alcachofa de la ducha y , con el tiempo, se ha convertido en un improvisado estante definitivo…Allí, él,  que es muy aseado , deja sus frascos de champú …

La temperatura ambiente hace que el champú (de ortiga blanca y cedro salvaje, me especifica Rogelio) esté templado en verano y frío en invierno. El pasado año, en la zona donde vive el paciente,   las temperaturas habían sido extremas y las heladas, habían arruinado las cosechas …

Según el propio Rogelio, el frío intenso había afectado, también, el buen funcionamiento de su cabeza…

Me comenta que hace un año, más o menos, al verter el champú directamente sobre su cuero cabelludo (que al fijarme, veo que está frondoso y muy bonito con unas primeras canas plateadas) notó que estaba muy frío.

Exageradamente frío.

Inmediatamente después, percibió que se le habían congelado las ideas.

Ideas, congeladas.

Vale.

Rogelio vive en el campo y tiene una tienda On Line. Vende los productos que produce su huerta , directamente al consumidor. – El primer signo de que algo no iba bien, me explica, se produjo cuando llegó la Semana de la Oferta Verde.

Rogelio ideaba lotes de frutas y verduras, que colocaba en bonitas cestas de mimbre y adornaba con artesanía de la zona que, cada año, era diferente. Todo el mundo esperaba su ocurrencia: un botijo, unas cucharas de madera o macetas de terracota  pintadas a mano…

Rogelio se encontró, a pocas semanas de la Oferta Verde con que era incapaz de crear nada nuevo. Daba igual que le presentaran un sinfín de productos artesanos. Él, sólo podía pensar en las cosas que ya había utilizado. Así que, ese año, por primera vez, repitió “Lote de la Semana de la Oferta Verde” y volvió a poner un botijo.

-Ideas, me dice, tengo muchas pero son las que ya tenía. No puedo producir ideas nuevas. No puedo cambiar de opinión. No pueden convencerme….Nunca podré cambiar ni evolucionar como persona. Piense, piense en sus ideas acerca del amor, o piense en “sus ideologías”,…Imagine que nunca pueda cambiar de idea, porque esa idea está congelada, ahí, y no deja espacio para las otras. Y está dura como una piedra y tampoco deja que la modelen…Ideas fijas, para siempre…

Intento ser empática. Intento ponerme en su lugar y reviso mis ideas. Soy consciente que he ido cambiando de “ideas”, muchas veces en mi vida y que eso es lo que me ha permitido, por ejemplo: volver a enamorarme. Además de ir modificando mis ideas, también han surgido ideas nuevas: eso me ha permitido dedicarme a este trabajo y escribir un libro, por ejemplo. Las experiencias vitales nos hacen cambiar de idea, muchas veces…

Esto está difícil…

Rogelio me explica que ha utilizado múltiples sistemas para intentar descongelar sus ideas pero para ello, sólo ha podido utilizar las ideas que él ya tenía sobre cómo combatir el frío y la congelación: saunas, duchas de agua caliente, gorros de lana, esterillas,… Su hermana, que es peluquera, lo tuvo un día entero bajo la lámpara de infrarrojos que se utiliza para hacer subir las mechas pero…nada.

Rogelio, sigue con las ideas congeladas…

Se acerca la Oferta de Primavera y ya está pensando en adquirir 500 botijos…

No sé cómo afrontar este caso. Parece que las ideas se me han congelado a mí porque por más que pienso no se me ocurre nada.

¿Alguna idea?

 

Matad al rojo.

Matad al rojo. La voz cavernosa le atravesó los tímpanos, ascendió hacia su cerebro y lo empapó de miedo. ¡Hay que matar al rojo, joder! . Los temblores se expandieron de sus extremidades superiores a las inferiores. Las manos le sudaban tanto que no era capaz de despegarlas de sus muslos. El corazón se aceleró y se hizo cada vez más fuerte. Ahora, oía la voz cavernosa lejos, casi ahogada por aquellos fuertes latidos. Pum, pum, pum, pum.

No hacía ni una semana que se había prometido no volver a caer. Cada vez era más peligroso… Casi lo habían descubierto y fue ese casi el que lo salvó . Hasta aquella maldita tarde, de aquel maldito día, de aquella maldita y puta vida. ¿Cómo había llegado a esa situación?. De repente, su corazón se volvió aún más estridente, un zumbido se apoderó de sus oídos mientras el estómago se le encogía y se retorcía hasta formar un nudo sólido que le apretaba las entrañas. Se acercaban e iban a por él. A por el rojo.

Cerró los ojos y esperó que llegara la muerte. Lo eliminarían del tablero de juego…

Los oyó murmurar ¡Qué mala suerte!. Apenas sin poder respirar, se atrevió a mirar: habían pasado de largo. El aire se escapó de sus pulmones mientras el alivio le inundaba.

Sólo quedaba uno.

Parecía el más peligroso. Era el de la voz cavernosa que no paraba de gritar “Matad al rojo” . Ya lo tenía pegado a la espalda. Oía su respiración agitada como si hubiesen instalado un amplificador en la habitación. El tiempo se detuvo por unos instantes: sobrevivir a esa partida era el único objetivo viable. Si lo mataban ahora… recordó el rostro amable de su esposa y la sonrisa de Junior que lo esperaba en casa en ese mismo instante. Junior, su hijo.Tenía que sobrevivir. Tenía que ganar.

Se concentró en la partida. Volvió a cerrar los ojos pero esta vez, para poder elevar sus plegarias al cielo. Su única posibilidad era rezar…Rogar.

Oyó el sonido del arma del enemigo. Vas a morir, rojo.

Cloc.

El dado cayó en el tablero y rodó hasta quedar suspendido en el borde. ¡Un cinco!¡Mierda!. Con cara de fastidio, el enemigo deslizó su ficha azul por las casillas del parchís, adelantando a una solitaria ficha roja a la que le quedaba un tiro de nada para asentarse en casa y casi, casi, ganar la partida.

Nada podía detenerlo. Iba a conseguir los 1.500€ que se amontonaban en el centro. Dio un trago largo a su cerveza y sonrió. Los cuatro se habían apostado la paga de horas extras a una partida de parchís. Un momento de chulería, un reto y la insistencia del de lavoz cavernosa , los había llevado al Bar del polígono y allí, en una mesa de plástico , los cuatro idiotas habían puesto en riesgo un mes de trabajo sin descanso y, en su caso,  la posibilidad de pagar los gastos ahora que su mujer se había quedado en el paro, la ortodoncia de Junior…casi a punto de irse todo al carajo…

Debía acabar con aquellas partidas de parchís. Había ido demasiado lejos. No podía seguir fingiendo que no le pagaban cuando perdía…y perdía siempre. Se juró que aquella iba a ser la última partida. Por la familia. Por Junior.

La última.

Agitó su cubilete rojo y lanzó el dado.

 

 

Mari Pili y su espejo.

¿De verdad lo vas a tirar?- Preguntó Mari Pili. No se lo podía creer. ¡Si era un espejo precioso! –…pero ¿Por qué? ¡Si es precioso!.

Blanca dejó el espejo en el suelo y miró a su amiga: Lo he intentado romper, pero no puedo. Es indestructible. Y no es precioso, es, es…maligno. Lo compré en un mercadillo, por cuatro duros. No creí al hombre del puesto de antigüedades cuando me dijo que era el espejo del cuento de Blancanieves. Es más, aquel tipo me pareció siniestro… Cuando se enteró que me llamaba Blanca, casi que me lo regaló. ¡Maldito regalo!

Mari Pili acarició el elaborado marco de madera . Lo habían decapado en un blanco roto y enmarcaba el espejo convirtiéndolo en un objeto delicadamente bello.

-¿Estás oyendo las tonterías que dices? ¿Un espejo maligno? ¿Blancanieves? Si no te conociera tanto, pensaría que te has vuelto loca. ¿Qué te ha hecho el espejo, eh?

Te cambia, Mari Pili. Te convierte en alguien diferente…pero conmigo no lo va a conseguir. Va al cubo de la basura pero ¡ya!.

-. No puedo dejar que tires esta preciosidad. Dámelo a mí.

No te puedo hacer eso. Esta cosa…esta cosa ¡habla!… y te convence… ¡No! A la basura, dónde no pueda hacer daño a nadie.

Al salir de casa de su amiga, Mari Pili se encontró encaramada en el container, trasero en pompa, rebuscando en la basura el dichoso espejo.

Ya en casa y después de una ducha, colgó el precioso espejo de Blancanieves en su habitación…Contempló, satisfecha, lo bien que quedaba. Su cama, con dosel y visillos de gasa, era una reproducción a tamaño adulto de una cama de princesa. En una esquina, había un diván, de un intenso color violeta lleno de cojines de terciopelo granate. Un tocador de madera blanca, decapada y del mismo tono que el espejo,  se apoyaba en la pared. La superficie estaba llena de perfumes, esencias, aceites y cremas. Delante, una silla imponente, en seda también violeta, en la que Mari Pili se sentaba para maquillarse o desmaquillarse, para ponerse sus mascarillas revitalizantes o relajantes o para mirarse mientras cepillaba su larga melena de color chocolate.

En ese momento, dejó de mirar a su alrededor y se concentró en el rostro que le devolvía el espejo. Inició sus rituales cosméticos. Examinó con atención su piel, limpia y fresca. No veía arruguitas nuevas y parecía que conservaba un nivel de tersura bastante correcto. Eligió una crema hidratante e inició un masaje facial para permitir que el producto fuera absorbido por la piel. Cuando acababa ese proceso, su piel lucía sana y sus ojos brillaban. Se veía guapa, mucho más que cuando se maquillaba… Y es que Mari Pili era guapa. Y lo sabía. Apoyó la mejilla en la mano y mirándose fijamente en el espejo preguntó : Espejito ¿Quién es la más bella del mundo?

El espejo se tornó brumoso y una especie de nube empezó a deslizarse de arriba abajo…Una voz profunda le respondió: La más bella eres tú.

Mari Pili se quedó pasmada. ¿Sería verdad que el espejo hablaba? Se levantó de un salto y se alejó hacia el otro extremo de la habitación.

A ver, repite eso- le dijo con voz débil y temblorosa.

La más bella eres tú – repitió el espejo.

Mari Pili se desmayó al instante. Cuando recobró el sentido, se acercó al espejo. No tenía miedo, el golpe en la cabeza la había dejado aturdida…Con un tono más firme esta vez, volvió a preguntar: ¿Quién es la más bella del mundo?

La más bella eres tú – repitió el espejo  y añadió- pero…

-¿Pero?- Mari Pili estaba asombrada e intrigada– ¿pero… qué

-…Pero yo de ti– en ese momento la voz cambió de entonación y se hizo más femenina y con una musicalidad muy marcada- me haría unas mechas. De verdad, tu tono es precioso y muy fashion pero le falta un poco de vida. Más luz. Yo me haría unas mechitas en la zona delantera de un rubio dorado. Te quedarán de fábula.

Mari Pili empezó por unas mechas de rubio dorado, le siguió un corte de pelo “más dinámico” y por capas (que la hacía parecer más joven) y un cambio en el guardarropa y unos kilitos de menos y uñas de porcelana y unas inyecciones de bótox y depilación láser y elevamiento de pecho y eliminación de ojeras y…Nadie podía decir que Mari Pili no estuviera fantástica, aunque para ello tuviera que ir cada quince días a la peluquería, al dermatólogo, al nutricionista,…

Si algo tenía Mari Pili , eran muchos amigos. Era una persona sociable y acogedora. Pero,  un día,  se dio cuenta que ya no la llamaban tan frecuentemente, ni la invitaban a cenas y fiestas… No sabía cuándo había empezado a pasar aquello pero, estaba sola y se sentía sola. Pensaba en ello, sentada en su tocador delante del espejo.

-¿Qué habrá pasado? ¿Qué habré hecho yo, para merecer esto? Ni siquiera Blanca me responde al teléfono y cuando me la he encontrado, me saluda de forma cortés pero siento que está deseando salir corriendo…

– Tus amigos no te merecen, cariño. – Dijo el espejo.

– Tienes razón. Siempre tienes razón y yo tengo suerte de tenerte conmigo .Sin ti, no hubiera podido resolver aquel terrible dilema cuando descubrí que el marido de mi mejor amiga tenía una amante. Fue buena idea, decirlo en público en aquella fiesta, para que el traidor no pudiera escapar.

Lo de mis hermanos y la herencia de papá. Otro tema espinoso. ¡Menos mal que te tenía conmigo, espejo maravilloso! Era verdad que habíamos hecho aquella jugada fiscal con papá en vida, para que no se nos comieran a impuestos y que yo, que era la única chica de los hermanos (y soltera), lo tenía todo a mi nombre y que después debía repartir entre los tres , vía el holding de empresas de la familia. Tú, espejito, me hiciste ver que no había nada firmado…Ni un papel. Era una verdad moral pero no era una verdad legal. Esa frase nunca la olvidaré. Ahora soy inmensamente rica ¡No es lo mismo un tercio que todo!

Y me sabe mal lo de mi cuñada pero… Había que acabar con ella. Nos había oído, espejito…Y lo iba a explicar a la familia. Quería encerrarme, como si yo estuviera loca… ¡Yo! Quería el dinero… El dinero lo estropea todo…Lo de romperse la crisma , al resbalar en la ducha, con la cara embadurnada de crema exfoliante verde, fue una idea genial. Y nadie me vio…

¿Sabes que te digo? ¡Mejor así!. Tú y yo. No necesitamos a nadie más.

Mari Pili observó su rostro atentamente…Uf! Se le estaba descolgando un poquito el pómulo izquierdo y los labios se habían hinchado mucho. Y ese parpado que se le caía a cada dos por tres… No podía ser.  Pediría hora al día siguiente, para volverlo a equilibrar. Sonrío al espejo, mirándolo con ojos desquiciados.

Dime espejito mágico, que no me canso de oírtelo: ¿Quién es la más bella, por dentro y por fuera, del mundo mundial?-

Y el espejo respondió: – La mujer más bella por dentro y por fuera del mundo mundial, esa eres tú, Mari Pili. Y aprovechando la ocasión , déjame darte uno de mis sabios consejos: debes encargarte de Blanca. Hace muchas preguntas sobre “el espejo” y empieza a sospechar que me tienes escondido. Es la única que sabe lo que puedo hacer y no querrás que se apodere de mí de nuevo, ¿no? Escúchame atentamente, Mari Pili. Te voy a explicar lo que he pensado para solucionar lo de tu amiga…

 

Te voy a llevar al huerto, again.

Ayer os hablaba de la triste desaparición de mi huerto urbano y que fue un elemento inspirador para escribir una novelita de 50.000 palabras (“Te voy a llevar al huerto”) de esas que se clasificaban como chick-lit, que no es otra cosa que una historia de amor, alrededor de un huerto.

Nunca suelo releer lo que escribo, pero, con los sentimientos a flor de piel por la autodestrucción del cajón de madera contenedor de mis hortalizas y verduras, lo he hecho en plan homenaje. La verdad es que me lo pasé en grande, escribiendo esta historia y me ha vuelto a pasar, leyéndola. No hay que olvidar que no soy imparcial…

La mayoría de textos sobre el huerto, son los que iba publicando en el blog, que se convirtió en la bitácora de la evolución de mis tomates asesinos, los ajos rebeldes, la lechuga Pepita, las guindillas contorsionistas o los diez cacahuetes. Estos posts se convirtieron en parte esencial de la historia.

También recuerdo la dificultad para escribir las escenas de sexo. No había manera. O las veía cursis, o demasiado realistas. Tuve que buscar el equilibrio… Costó lo suyo.

No sé el motivo por el que dejé que los personajes protagonistas se llamaran Calixto y Melibea. Aunque el tema de La Celestina daba para mucho, no me negaréis que son nombres inusuales en estos tiempos. Creo que hay unas 44 Melibeas en España y 1326 Calixtos… No obstante. introduje un personaje secundario que s ellama Paco, para compensar…

Al final, “Te voy a llevar al huerto” se convirtió en algo más que una historia de amor. Fue y sigue siendo, un entusiasta manual de cómo poner un huerto en tu vida. En la última parte de la novela, hay un decálogo para los futuros hortelanos urbanos. O un intento descarado, en diez puntos, de convencer a los lectores de que planten , ya, una tomatera en su terraza. El último punto dice:

10-. Como suele pasar con estas cosas, por mucho que te digan…nada es comparable a vivirlo. ¿Qué esperáis? ¡Plantad un huerto urbano!

Y, en plan autobombo, os  dejo aquí la novela,  por si algún valiente se atreve a que lo lleve al huerto…

El cuento que tienes es culpa de Calleja.

¿Por qué Calleja?

Lo digo por el famoso dicho: “Tienes más cuento que Calleja!”. Lo he oído en una conversación y se me ha quedado la cosa dentro.

¿C-a-ll-e-j-a? ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver Calleja con uno que siempre busca excusas para no hacer lo que debe?

Voy a Wikipedia y me encuentro a este señor, al que os quiero presentar:

Don Saturnino Calleja Fernández fue el propietario de una editorial de cuentos para niños. Nació en Quintanadueñas, Burgos y vivió desde 1.855 hasta 1.915. Publicó una innumerable cantidad de cuentos escritos especialmente para niños y jóvenes. La cifra es de 3.400.000 cuentos. Ahí es nada.

La Editorial Calleja no sólo publicó para el público infantil. Llegó a ser la editorial más popular en España y contó durante unos años con Juan Ramón Jiménez como director literario. En su catálogo apareció Platero y yo (1914).

Aunque se le vea muy serio en esta foto , Don Saturnino fue el inventor de la famosa frase final de nuestros cuentos infantiles que tantas veces hemos leído, oído o verbalizado:

 

“…y fueron felices y comieron perdices, y a mí no me dieron porque no quisieron.”

También es cosa de Calleja…