La caja de las palabras.

story1Me ha dado una caja para poner mis palabras…

Primero, me ha pedido que me sacara toda mi ropa y me ha dado este extraño uniforme… ¿O es un pijama? No lo sé. Aún estoy muy confusa…Después, las joyas y los objetos personales. No llevaba demasiado conmigo, todo lo “personal” había desaparecido en el incidente con el oso. La enfermera ha recogido mis escasos bienes y me ha dado una caja.

-. Ponga aquí todas sus palabras peligrosas.

 ¿Todas? Esta mujer no sabe lo que dice. Y no sabe a lo que se enfrenta si pronuncio o escribo cualquiera de esas palabras. Ellos, todos, creen que estoy loca . Lo sé. ¿Qué ponga las palabras en la caja? ¿Cómo voy a poner palabras en una caja? ¿Eh?

-. ¿Y cómo las voy a poner ahí, sino las escribo?

 -. Escríbalas.

 -. ¿Sabe lo que me está pidiendo, verdad?

 -.Por supuesto. Las palabras peligrosas, por favor. Dese prisa.

 Miro la caja. Dentro hay unos folios y un bolígrafo Bic , de esos de toda la vida, con capuchón azul.

-. Mire, esto es muy arriesgado- le insisto en el tema- No me gustaría tener ninguna responsabilidad si…-Me interrumpe. Está nerviosa, lo noto.

 -. Vale, vale. Déjese de charlas y, por favor, ponga aquí todas sus palabras peligrosas.

Supongo que es el protocolo médico que le han indicado para mi caso y entiendo que no tenga en consideración mis palabras. Cree que estoy zumbada..

Tengo un poco de prisa. Hay otros pacientes esperando. ¿Hace el favor de poner aquí, en esta caja, sus palabras peligrosas?- Definitivamente, esta tía es una estúpida. Hay formas de decir las cosas. Hay muchas palabras que escoger y ya que esto va de palabras, voy a poner unas en la caja. Sólo dos. Se merece que le den una lección.

Cojo una de las hojas en blanco y el boli. Escribo: “Ata”Arañará” y no escribo “Rajar” porque sé que, en el fondo, es normal que no me crea… NI a mí, ni a mis palabras peligrosas…

Dejo la hoja en la caja y se la entrego.

Y espero.

Espero pacientemente. Sin que los nervios que circulan, en todos los sentidos, en el interior de mi estómago se hagan evidentes.

Espero.

Espero que lea esas dos palabras que están en mi caja…

La enfermera se aleja. En una mano, lleva una bolsa de plástico con todos mis objetos personales. En la otra, sostiene la pequeña caja de cartón con las palabras que he escrito “Ata” y “Arañará”. No cree que esas palabras sean peligrosas. Ella piensa que es un actividad más de una terapia cognitivo-conductual…Como todos…

Pero esas palabras, aparentemente inofensivas, provocan…cosas. Cosas palpables, constatables. Con consecuencias…

¿Y qué no ven con sus propios ojos que esas cosas ocurren de verdad? No lo entiendo. No entiendo nada. Busco mi pequeña libreta en la que he apuntado todas las palabras que sé que pueden provocar los incidentes. Son más de 1900… Me palpo un bolsillo imaginario que ese pijama hospitalario no tiene y me doy cuenta que mi libretita está en la bolsa de los “Objetos personales”.

Inicio una persecución desesperada. ¡Oiga! ¡Oiga, enfermera! Ella se da la vuelta con una expresión de fastidio. Le explico que me he dejado mi preciosa agenda de palabras y me contesta que no puedo tener acceso a ninguna de mis pertenencias. Le insisto. Sigue caminando. Le ruego, sollozo pero ella me aparta de su camino con un empujón. ¿De qué va? Y, entonces, me irrita. Me cabrea muchísimo y…

Perdone, pero me he dejado una palabra peligrosa. ¿Puedo escribirla antes de que se vaya?

 Me tiende la caja, el papel y el boli de mala manera. Vale.

Escribo: “Rajar”.

La enfermera sigue su camino. Abre la puerta de un despacho y desparece.

Me voy a esperar aquí, cerca de esa puerta. No suelen transcurrir más de unos minutos antes de que eso empiece.

Oigo un gritito. Es de sorpresa. Un siseo. Ahora, el grito es de terror.

No me atrevo a mirar pero…No me hace falta. Sé que estará atada. Murmullos desesperados. Seguro que el “Ata” afecta también a su boca en forma de mordaza. Ahora, el sonido estridente e irritante de algo que rasca la puerta : “Arañará”.

La curiosidad me puede. Abro la puerta y veo a la enfermera atada y amordazada, en una silla. Su uniforme, destrozado. Su cuerpo lleno de arañazos profundos. Delante, la caja con mis palabras prohibidas…

Y, entonces, de la nada, aparece una hoja punzante y afilada. Brilla en su camino hacia el cuello de la enfermera. Allí se hunde y con un chasquido, se desliza hasta su pelvis.

“Rajar”.

 Cierro la puerta y desando mis pasos. Me siento en la sala de espera en la que me había dejado la enfermera y espero. Alguien vendrá a por mí…

No tardaron en llegar. Yo lo oía todo. Como las otras veces…

Primero, los gritos horrorizados de las enfermeras y los pacientes. Después, las corredizas por los pasillos y finalmente, aquellos pasos firmes.

Levanté la vista y vi a los dos guardias de seguridad plantados ante mí. El resto de la tarde, me mantuvieron aislada en una habitación del hospital mientras la policía examinaba la escena del crimen. Revisaron las cintas de vídeo de todas las dependencias y vieron lo que allí pasó y, aun así, no se lo creían. Mi psiquiatra no estaba de guardia y tardaron mucho en contactar con él. Durante más de tres horas, me estuvieron interrogando.

 A ver, Ana, ¿No has entrado para nada en la habitación?

 No, yo sólo he abierto la puerta para mirar. Me he asustado y he vuelto a la sala de espera. Yo ya le advertí que mis palabras son peligrosas. ¿No lo han visto? ¿No han visto lo que hacen?

 Y es que en la cinta, han visto a una mujer sola en una habitación. Una cuerda que se movía sin nadie que lo hiciera y la ataba. Unos arañazos que aparecían en su cuerpo espontáneamente y, finalmente, la hoja afilada que flotaba-¡Flotaba! ¡Por Dios!- y la rajaba de arriba abajo.

Las imágenes se pueden retocar. No sabemos si esa cinta es la original.

Me pidieron que les demostrara lo que hacían mis palabras peligrosas…No pude. Ya había constatado por mis experiencias anteriores que sólo puedo utilizar tres palabras por día. Se lo dije a los agentes y les invité a visitarme al día siguiente. Por cómo se miraron, supe que no me creían. Desesperada, les quise explicar cómo me había pasado esto. Que yo era la víctima inocente de una maldición.

Todo empezó hace unos meses, en la Fiesta Mayor de Palíndromo, un pueblecito en medio de la montaña. Había ido de fin de semana con unas amigas. El sábado por la noche, la fiesta estaba en su máximo apogeo. Una orquesta ocupaba el escenario principal y la gente del pueblo bailaba animadamente. En una esquina de la plaza, había una atracción de una adivina: La Adivina Palín.

Jodida vieja…

Una figura de negro, encorvada y sentada tras una mesa plegable con un mantelito negro con estrellas plateadas. Lo típico. Esa era la Adivina Palín…Observaba a los demás con atención. Me recordó a un ave rapaz, buscando una presa…

En su recorrido visual de acecho, sus ojos velados por las cataratas se quedaron fijos en los míos. Me estremecí. Ahora me doy cuenta que ese escalofrío que recorrió mi cuerpo desde los pies hasta la punta de mi flequillo, era una señal. Una advertencia a la que hice caso omiso…

Me hizo una señal con la mano para que me acercara. Ese fue el principio de todo…Tras pagar cuatro euros, me senté frente a ella. Pude comprobar que era muy anciana y que aquellos ojos, que me habían atemorizado, estaban ciegos. Me tomó de las manos e inmediatamente, antes de que pudiera sentir el contacto de sus dedos huesudos, las retiró como si hubiera sentido una descarga eléctrica.

-. No, no, no– me susurró inquieta- ¿Quién eres?

 -. Soy Ana Sotos- recuerdo que en ese momento pensé que lo más inteligente era dejar allí a la señora y marcharme pero…no me levanté de la mesa.

-. Estás maldita. Sal de aquí.– empujó la mesa plegable con violencia. Yo estaba atónita. ¿Maldita? ¿Maldita, yo? ¿Cómo una señora con un aspecto siniestro, que se dice adivina, podía decirme que estaba maldita y quedarse tan tranquila? Aquello me irritó.

-. ¿Cómo que “maldita”, señora?– le pregunté alzando la voz. –Oiga, le he pagado la tarifa. Me tiene que contestar- frase que finalicé cogiéndole las manos, en el que gesto que ella había iniciado antes de echarme de aquella manera tan extraña.  Cuando contactaron nuestros dedos, sentí la fuerza de un rayo entrando en mi cerebro y oí a la anciana, jadeante: “Suéltame, monstruo! Que la maldición de Palíndro caiga sobre ti!

 Me fui como alma que lleva el diablo. Me reuní con mis amigas en la pista de baile, deseando irme de allí lo antes posible, pero se lo tomaron como una anécdota graciosa del fin de semana. Mientras tanto, la vieja ya más calmada, seguía mirándome desde su ceguera. Me vigiló toda la noche…

Cuando llegue al hotel, busqué en mi iPad “La maldición de Palíndro” pero no encontré nada. Lo que más se acercaba a esa palabra era “Palíndromo”, el nombre del pueblo aunque tenía otro significado: Un palíndromo (del griego palin dromein, volver a ir hacia atrás) es una palabra, número o frase que se lee igual hacia adelante que hacia atrás…

Ojo.

Pasaron las semanas e intenté olvidar el incidente de la Adivina Palín pero…

Una noche, estaba cenando con un amigo “especial”, al que me interesaba conocer en profundidad, cuando se produjo el primer incidente. Pronuncié la palabra “sometemos” en un contexto de charla política. La verdad es que la conversación me estaba irritando un poco. No sabía de las ínfulas conservadoras de mi amigo y la sorpresa y la decepción me habían llevado a un estado de…enfado.

Fue pronunciarla y el pobre hombre se encontró las manos atadas a la espalda y la cara incrustada en el plato. Después, cuando lo desaté y pudo alzar la mirada, me explicó que había sentido una extraña fuerza que le empujaba la nuca hacia abajo… Yo pensé que estaba loco. Él pensó lo mismo de mí. Tardó dos minutos en recoger sus cosas y largarse.

El siguiente incidente se produjo con la palabra “rallar” y , desgraciadamente, mi cuñada se ralló un dedo ( sin querer, por supuesto) al querer servir queso para la pasta. En Urgencias no entendían como no había parado de “rallarse” el dedo, al saltar las primeras briznas de carne… ¡Qué asco, por Dios!

En ambos casos, hablaban de fuerzas misteriosas que obligaban a hacer algo… Después vino “ata”, “arañará”, “rajar” y…”oso”.

No es que estuviera obsesionada con la Maldición de Palín, pero me resultaba inquietante que pasaran todas esas cosas extrañas en mi entorno así que me dediqué a escribir las descripciones de los incidentes para buscar elementos comunes hasta que una noche de insomnio, descubrí la respuesta.

Eran las palabras.

Eran los Palíndromos.

Observé, también que tenía que estar en un estado negativo: enfadada, o irritada o triste… O sea, mal. En ese estado, cualquier palabra Palíndroma que pronunciara o escribiera, se convertía en un “algo” maligno. Hice la prueba con “oso” y mi piso quedó destrozado…

Intenté hacer partícipes de mi teoría a mis familiares, a mis amigos, a los compañeros del trabajo… Me tenían miedo, lo notaba. Me trataban como si estuviera loca… Yo seguí investigando y me di cuenta que sólo podía utilizar tres palabras al día. La cuarta, ya no tenía efecto… Serían cosas de la maldición…

Nadie me creyó y acabé aquí, en el hospital Psiquiátrico Luz Azul…

 No hay pruebas que me incriminen de la brutal agresión a la enfermera. Es más, lo que se grabó en las cámaras, me exculpa completamente pero aun así, me han aislado de los demás pacientes y me han encerrado en una habitación de paredes acolchadas como las que salen en las películas. Gracias a Dios, no me han puesto la camisa de fuerza…

Me tienen miedo…

Un año después.

 He pasado ocho meses en el psiquiátrico Luz Azul . Hoy, me dan el alta.

Durante este tiempo, he aprendido a controlar mi rabia para que no interfiera con las palabras. Me he aprendido de memoria, todas las palabras Palíndromas (hay más de 100.000) para intentar no utilizarlas en vano y parece que esta etapa calmada de mi vida me ha permitido centrarme de nuevo. He pasado todas las pruebas psicotécnicas y las entrevistas con los psiquiatras que se encargan de mi valoración.

Hoy salgo de aquí y- ¡Mira qué casualidad!- es la Fiesta Mayor de Palíndromo.

He tenido muchas horas para pensar. Para planificar, también. La única solución que he encontrado para librarme de la Maldición, es volver a ver a la Adivina Palín y pedirle que me la quite. Eso, si la vieja aún está entre nosotros…

La enfermera que me devuelve mis objetos personales, me mira con desconfianza. Aquí, nadie ha olvidado el incidente. No les culpo. De entre todas las cosas que me entrega, destaca mi libreta llena de Palíndromos. La abro por una página y veo una palabra “ama”. ¡Qué ironía!

Llego a Palíndromo a media tarde. He preguntado en las tiendas del pequeño pueblo, si saben dónde puedo localizar a la Adivina Palín. No les gusta la pregunta. Creo que la temen… Me dicen que bajara de las montañas, esa noche, para la Fiesta Mayor.

Perfecto.

La noche luce preciosa. Todo parece brillar…Estoy feliz. Sé que me voy a librar de la Maldición de Palíndro. Me tomó un vaso de vino y dejo que un apuesto caballero me invite a bailar un pasodoble. No sé bailar pero me dejo llevar y el movimiento fluye… En una de las piruetas, atisbo a la Adivina Palín, montando su mesa en una esquina de la plaza.

Está más encorvada si cabe y se mueve con una lentitud extrema. La estoy observando cuando, de repente, se da la vuelta y su mirada vacía me captura. Se santigua. Sabe que estoy aquí. Después, hace otra señal. ¿Es posible que me está enseñando el dedo índice? Me despido de mi pareja de baile y me acerco a ella.

-. Ana Sotos. Sabía que vendrías…No vas a conseguir nada de mí. La maldición te acompañará para siempre. ¿No ves que hasta tu propio nombre es palíndromo?– y entonces me vuelve a hacer ese gesto feo con el dedo.

Esta vieja me enerva. Por su culpa, he estado un año internada. Por su culpa, ha habido mucha gente que ha sufrido.… Es una bruja.

-. Le exijo que me libere de la maldición.- la oigo reír hasta que una tos seca interrumpe su graznido.

-. Nunca.

 Me estoy enfadado. Y mucho. Me contengo.

-. Mire que se la lío en el pueblo, eh? Ud. sabe lo que puedo hacer.- la cojo por la muñeca y siento esa descarga eléctrica que me eriza el vello del cuerpo. Creo que es su maldad. Es mala y se palpa-No me obligue a hacerlo. He estado un año en un psiquiátrico, todos piensan que estoy loca, mi familia me tiene miedo. O me libra de esto o…

 Ahora, ella es la que tiene miedo. Le tiembla todo el cuerpo. Reconoce un mal superior.- De acuerdo, de acuerdo. No hagas nada, por favor. Te lo ruego. Te voy a limpiar .-Pasa su mano huesuda por encima de mi cabeza. Me da muy mal rollo- Esto tardará una hora aproximadamente. Cuando pase ese tiempo, ya estarás libre de Palíndro.

Me deja aturdida. Recoge sus bártulos y desaparece. Cuando me reanimo, me dicen que la vieja ha vuelto a las montañas. Están aliviados. Miro mi reloj. Apenas han pasado diez minutos desde que la Adivina me ha hecho la operación de limpieza…

 Se me ocurre una idea.

Mi venganza.

Consigo que me den las indicaciones necesarias para llegar a la cabaña en la que vive la vieja. He tardado veinte minutos en llegar. Aún tengo tiempo. Me acerco sigilosamente a la ventana y la veo cocinando algo… No sé si es mi vista la que me traiciona pero casi estoy segura que eso es un caldero de bruja. Se gira de repente. ¡Joder! No me da tiempo a pensar nada más y digo: “oso”.

Al día siguiente, hay revuelo en el pueblo. La gente habla en corrillos en la plaza, en la entrada de las tiendas… A la Adivina Palín la ha atacado un oso salvaje. Discretamente, celebran su desaparición.

Yo me sonrío. Hace un día precioso.

Sólo me falta hacer una prueba. Me tengo que enfadar y debo pronunciar una de las palabras peligrosas que puse en aquella caja ya hace un año y… a ver qué pasa…

Me tengo que irritar…Llamo a mi ex. Funciona. En la conversación dejo caer un “ata” y un “sometemos”. Pasan los minutos y no pasa nada. Él sigue hablando sin cesar. Digo “Rajar”. Nada. Nada. ¡Nada!

Hace un día precioso. ¿Lo he dicho ya?

Y todo reluce como el oro

 

 Fin ( y si fuera palíndromo :finif)

 

Palabras palíndromas que aparecen en este texto: ama, ata, arañará, oso, rajar, rallar, sometemos, ojo y oro.

 Frase palíndroma: Luz Azul

 Nombre palíndromo: Ana Sotos

 

 

 

 

 

3 pensamientos en “La caja de las palabras.

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