PegaCosas, un nuevo estilo de arte.

Ahora estoy probando Claude. 

Le he hecho hacer un análisis de los cuadros que he ido colgando en el Blog.

“Lo que hace con la pintura no son «cuadros» en el sentido de obras de arte tradicionales para exponer en una galería. Y precisamente por eso son tan interesantes.

Son lo que ella misma llama «PegaCosas», «RotuTerapia» o directamente experimentos: bastidores reciclados, rotuladores, pintura de pizarra, piedras de playa, ramas de Menorca, letras de cajón, cuerdas, estrellas de purpurina navideña, farolillos solares desmontados, cucharas de boj heredadas.”

“La calidad técnica es desigual. Ella misma lo reconoce: empezó siendo «mala alumna de arte» y el realismo nunca fue lo suyo. Algunas piezas son más artesanía doméstica que arte plástico”.

Este cuadro forma parte de la Colección «Reciclaje de cuadros azules», porque era azul y con brilli-brilli. Tuve una época de purpurinas y satén.

Lo reciclo porque está texturado y la textura manda.

Cuando descubrí lo que podía hacer con pasta, arena y un tenedor, me vine arriba.

Los ojos que te miran son restos de pulseras y collares que voy guardando para aplicar mi ya famosa técnica PegaCosas.

“La narrativa detrás de cada obra. Esto es lo más valioso y lo más inusual. Cada cuadro tiene una historia escrita: por qué se hizo, qué salió mal, qué significa el material. En una exposición convencional, eso sería el texto de sala. Aquí ya está escrito, y está bien escrito. Esa combinación de obra visual + texto propio es genuinamente interesante como propuesta.” Claude, dixit.

Un poco de jabón para que no me desmotive y para que lo quiera un poco pero no hace falta, Claude.

Aún me quedan un par de cuadros azules y un montón de abalorios.

El instante antes del viento

Los puntos nacen de lentejuelas de un jersey y pequeñas piedras de una pulsera.
Objetos sencillos, de la vida cotidiana, que recuerdan algo simple: la mayoría de las cosas son buenas.

Cada punto guarda una posibilidad.
Cada brillo, una esperanza.

Solo hace falta un instante. Y un poco de viento para que lo bueno empiece a esparcirse.

Cuadrados.

El cuadrado va de serio: cuatro lados, cuatro esquinas, todo bajo control. “Así se hacen las cosas”, se repite. Cuadrado. Pero claro… por dentro se le cuelan ideas redondas. Pensamientos prohibidos. Ideas que no cuadran con su rigidez. Al principio son puntitos tímidos, como si estuvieran tanteando el terreno. Luego empiezan a crecer y a multiplicarse.

Se quedan ahí dentro. Son redondas. El cuadrado es un cuadrado y punto ( aunque sea redondo).

En un acto de valentía sin precedentes, este cuadrado ha confesado sus pensamientos prohibidos y resulta que , efectivamente, son ideas redondas.

Ojalá todas los cuadrados las dejaran salir y ocupar su espacio…

Necesitamos ideas redondas.

Tesoro de boj.

Son cucharas de boj, talladas por manos temblorosas hace ya más de diez años. También conservo espátulas. Me hizo muchas y, aunque cada una que me regalaba era una ocasión única, uso unas para cocinar y otras las convertí en cuadros para rendir homenaje a esas manos que ya no están.

Este es un cuadro reciclado, sencillo y de un solo tono, pero con pequeños destellos: el brillo del tesoro que guarda.

Historia del cuadro triste.

Han hecho una “Interpretación Semiótica Visual Subjetiva” de uno de mis cuadros.

La semiótica visual es una rama de la semiología (semiótica) que trata sobre el estudio o interpretación de las imágenes, objetos e incluso gestos y expresiones corporales, para comprender o acoger una idea de lo que se está visualizando. Por ejemplo, un cuadro…

Alguien lo ve y me dice: “Esto ha nacido de la tristeza. El color lo dice todo. Estás triste…”.

Interpreta la imagen, canaliza toda la información y lo percibe así: triste…

En realidad, la cronología de la creación es otra:

  1. Se me rompió una pulsera que llevaba años conmigo; su valor era emocional y quise conservar las cuentas de cristal.

  2. Al ordenar el trastero descubrí un lienzo hecho polvo que podía reciclar y un espray de pintura de pizarra.

Al salir del trastero hacía un día espléndido. Todo se conectó de forma fluida: bastidor, pintura, cuentas de cristal, pegamento, sol. Me puse los cascos y… no hay semiótica para explicarlo.
Disfruté enormemente.

A dos canciones…

Lo que más me costó fue parar.
Quería transmitir calma y, al mismo tiempo, tenía un propósito decorativo claro. Mi idea era dejar el bastidor casi vacío, porque sabía que iba a convivir con un pequeño taburete de mimbre y un jarrón. No hacía falta que compitiera con ellos: todos los elementos debían tener su propio espacio para respirar.

Fui disciplinada: pinté la base, pegué las estrellas que había ido encontrando en estos últimos tiempos y las situé en la parte superior, para que quedaran visibles. Después, dejé que la gran superficie en blanco hablara por sí misma, sostenida solo por la textura del fondo.

Pero no fue fácil. Con los cascos puestos, pintando al aire libre, las manos pedían seguir. El impulso era llenar, añadir, completar. Me costó detenerme.

Al final lo logré. Aunque confieso que estuve a dos canciones de rendirme.

Contracorriente.

Menos mal que hay gente que no sigue al rebaño, que no compra ideas en oferta.

Gente que dice “¿y si no?” cuando todo el mundo dice “claro que sí”. A veces se equivocan,pero muchas otras, hacen que el mundo avance. Porque para que algo cambie, alguien tiene que atreverse a pensar diferente. A ir contracorriente.

No hacen ruido por gusto, simplemente no encajan en los moldes . Son ovejas negras, mirlos blancos, girasoles que miran hacia otro lado. Porque si todos miramos en la misma dirección… ¿quién ve lo que nos estamos perdiendo?

El cuadro de los peces es el único real. Es el más imperfecto. Tanto la exposición como el resto de obras está generado por IA.

Minimalismo desequilibrado.

Parecía fácil.

El fondo estaba listo, pintado con pintura de pizarra en color crema. Había encontrado las letras en un cajón olvidado. En su momento, eran autoadhesivas, pero estuvieron tanto tiempo guardadas que ya no pegaban. Por eso usé mi superpegamento, ese que te engancha los dedos antes de que te des cuenta.

Coloqué las letras con cuidado. Sin embargo, al añadir los puntos de las “i”, que no existían, la “m” se movió, y también un poco la “n”. El pegamento era tan fuerte y rápido que no pude corregirlas. Ahora, no hay quien las mueva sin romper la tela del bastidor. No sé si repetiré este experimento, pero ya tiene un título.

Minimalismo desequilibrado.

Un cuadro imperfecto, con letras desequilibradas.

El delantal, again.

Hace tiempo que no sacaba los bastidores, los rodillos, pinturas y, sobre todo, que no me ponía mi delantal de pintar.

Tiene más de 25 años, pero ahí está, ganando con el tiempo y las manchas de pintura…

Es un encargo para un salón muy, muy minimalista , pintado de blanco, al que había que aportar un toque de color, pero el justo.

El que lo va a recibir se arriesga. Si me lo pides, va sí o sí colgado en ese salón. Si no, hay represalias.

Y puedo hacer visitas sorpresa, para verificar que los cuadros están , ahí, presentes. ; – )

El delantal se merece un respeto…

Mente cuadrada.

Cabeza cuadrada, según la RAE, se refiere a una persona metódica y demasiado obstinada.

En cambio, no he encontrado en la Real Academia, la expresión Mente cuadrada que es el título de este cuadroY aunque no esté recogido oficialmenteexiste un significado asociado que casi todos reconocemos: alguien poco flexible, con unas ideas o comportamientos rígidos que es difícil cambiar. Tener la mente cuadrada, no es malo en sí mismo. Lo que lo hace un rasgo negativo es el marco cuadrado en el que se ancla esa mente. Si se es una mente cuadrada en lo referente a la ecología y a la sostenibilidad, es un atributo positivo. Si, en cambio, por poner un ejemplo, la mente cuadrada no acepta la diversidad de pueblos y razas y solo es buena opción su pueblo y su raza, es un atributo negativo. Desgraciadamente, cuando nos referimos a mentes cuadradas que no cuadriculadas, no nos referimos a lo bueno. 

Si algo vas aprendiendo, de la naturaleza, del ser humano y de la vida en general es que hay cambios. Muchos, pocos, buenos, malos, pero nos enfrentamos a situaciones nuevas en contextos nuevos que solo podemos superar si nos adaptamos, cambiando al más puro estilo Darwiniano y ahí, de nada sirve ser cuadrado. 

Esto es un cuadrado compuesto por círculos.

Evolución.