Va de pasta…

Recupero esta idea de la sección “Regalos Originales contra la crisis”.
pietrogala

Un regalo de pasta. ;-)

Original, sencillo y apetitoso…

¿A quien no le gusta la pasta?. Yo creo que es uno de lo alimentos más aceptados por el humano corriente y , casi seguro, que también sería aceptable para un alienígena cualquiera que pasara por aquí. ¿Cómo resistirse a unos spaghetti aglio-olio, o unos fettuccini con tomate fresco y albahaca?. En todas las ciudades del mundo, es fácil encontrar un encantador restaurante italiano, a la vuelta de la esquina, que nos permite reconciliarnos con el viaje si la comida de origen no es de nuestro agrado… La pasta, encanta.

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Este es un regalo para aquellos a los que les gusta la pasta. Y, también, para los que les gusta cocinar.

Ingredientes :

La Cesta
Lo primero es encontrar una cesta de mimbre, con aspecto rústico, de un tamaño adecuado al importe que queramos destinar ( más o menos pasta, claro). Es fácil superar este reto en estas tiendas que antes eran Todo a Cien y ahora se han convertido en las Tiendas de los Chinos , también he encontrado cestas a precios razonables en centros comerciales tipo Hiper o en el Ikea mismo.

El Relleno
Compraremos papel ( puede ser de regalo, de cebolla, de celofán)para crear un fondo irregular donde pondremos la pasta. Este papel, que iremos colocando, arrugado, nos sirve para que el contenido de la cesta no se mueva y no nos llegue todo desarmado ( descojinciado, como dice un amigo), en el momento de la entrega. Yo utilizo el propio papel de celofán que después utilizo para envolver el regalo. Esta parte es opcional, ya que la cesta funciona bien con un simple lazo rojo y sin “envoltorio exterior”.

garofalo

La Pasta
Según lo monumental o cuco que queramos hacer nuestro regalo, podemos elegir entre decenas de tipos de pasta. Yo suelo comprar la pasta De Cecco (precio medio 2,60 € /500 gr). Es italiana y soberbia… y también la pasta que comía Tony Soprano ( esto , para mitómanos Sopraneros, es un valor añadido…). Se encuentra fácilmente y si no , hay marcas italianas también muy buenas como Garofalo o Pietro Gala. Es importante que las pasta sea italiana ya que aunque las pastas nacionales también está bien, el regalo pierde parte de su encanto. Siempre hay que recordar que son los pequeños detalles los que marcan las grandes diferencias…

Posibilidades : Spaghetti, Macarrones, Penne Rigate, Puntalette, Rigatoni…

Los Complementos ( a elegir, según posiblidades)
Queso Parmeggiano
Petali Di Parma
Tomate seco
Tomate Entero Pelado ( en bote de cristal)
Vinagre Balsámico de Modena
Un rallador de queso.
Un medidor de cantidad de spaghetti.
Tenedor –recogedor de pasta.

Maceta de Albahaca ( le da un aspecto encantador al conjunto)

albahaca

Además se pueden incluir otras cosas como : delantal , escurridor, cuece-pastas, libro de recetas italianas de pasta, etc.

Sólo con pasta, queso parmeggiano y la albahaca, ya queda muy bien. Es la versión básica .

Si le añadimos tomate, vinagre, lambrusco, limoncello y los utensilios necesarios, estamos en la versión más de luxe.

Una vez tengamos todos los ingredientes colocados en la cesta, solo debemos ponerle un gran lazo rojo con una tarjeta o sobre . Le da un sentido de conjunto a nuestro obsequio … En la tarjeta o sobre, se incluirá una receta que se puede hacer con los ingredientes que hemos elegido y que están en la cesta. Yo utilizo la básica del aglio-olio e incluyo una cabeza de ajos, guindilla y aceite extra virgen de oliva. Ah! Los ajos los suelo comprar en una cestita de mimbre y los envuelvo… Le da un toque divertido que siempre funciona…

En definitiva, nos permite adaptar el regalo a nuestras necesidades , obsequiando, a la vez, con algo original y útil . Todos se acaban comiendo la pasta…

Y para acabar, un anuncio increíble de Paslta Garofalo. Dura apenas un minuto y os hará desear….pasta.

Buon Apetito!

Sant Joan, las cocas, el cohete fallido y la luna.

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Ya ha sido Sant Joan. Ya ha pasado la revetlla y, con ella, en mi calendario-mental –personal ya es verano. Hasta que no traspaso esa noche especial, no se inaugura la estación ( en mi cerebro).

Disfrutamos de una cena fantástica (los anfitriones lo son; -) y unas cocas de premio.

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Nos sorprendió una tormenta veraniega y nos reímos de una “fuente de luz y color” que casi hizo fallida. El producto , con nombre “Broadway Av”, prometía un espectáculo luminoso. Lo elegí yo, tras una exhaustiva conversación con el chico que vendía los petardos. Lo único que hice, de verdad, fue pedirle algo con menos “ruido” y más “luz”. . .

Pim, pam, puf, pshhhhhh, paf… paf. Y ya. Culpable del desastre…

Menos mal que la luna, se presentó por allí para hacer más preciosa la noche…

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Ahora sí: Bienvenido verano!

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Ese Bar de la Esquina…

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Ese entrañable lugar donde sirven el croissant y el cappuccino como a ti te gusta. O ese mini bocadillito de jamón y el zumo de naranja (recién exprimido)…

Ese Bar de la Esquina que puede no estar en una esquina…

Nada más entrar por la puerta, J. buscaba con la mirada mi periódico  para que acompañara mi desayuno. Si tú hablabas, él hablaba. Pero si el día era de esos , perros, él te dejaba vivir en tu silencio.

Y siempre sonando música…

Muchos de nosotros tenemos Bares de la Esquina. Los barrios dónde hemos vivido o trabajado, nos han llevado a intimar a la hora del desayuno con unos seres humanos que, desde detrás de una barra,  nos ayudan afrontar el día con dignidad.

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A cada traslado, y si tienes suerte (por que también puedes caer en un lugar remoto) aparece un Bar de la Esquina. Un lugar agradable. Y si la suerte nos sigue sonriendo, es muy posible que los que allí habitan también sean agradables. Aunque vayamos cambiando de lugar,  siempre hay uno de esos establecimientos que pueden ser “Ese Bar de la Esquina”. Sea porque lo viviste en un espacio muy prolongado, o sea porque la experiencia fue corta pero intensa, hay una barra de un Bar de la Esquina a la que te encantaría volver. De visita.

Hoy, la casualidad me ha llevado muy cerca del territorio así que he pensado en tomar un café rápido. Cuando he entrado en mi local habitual de hace quince años, a J. (siempre en la barra)  se le ha escapado un sonoro-taco-cariñoso y a mí, una sonrisa.

Mi Bar de La Esquina preferido ha cambiado para mejor. Hay más luz y otros cuadros. La historia del local ha ido creciendo y se ha atiborrado de cacharros que le dan más personalidad.

Como siempre, el último descubrimiento musical de J. se escuchaba por los altavoces. Siempre atento a la música, sin tele (sólo para el fútbol, me comenta).

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En pocos minutos, hemos resumido mucha vida. Al final, todo bien. O mejor. No he estado más de 10 minutos encima del taburete retro de madera pero la charla y el excelente café me han hecho salir con el espíritu más liviano.

Si puedes y tienes un Bar de la Esquina preferido, déjate caer un día. Es posible que las cosas no hayan cambiado (ojalá) y puedas vivir un encuentro afectuoso con los que fueron los responsables de tu desayuno durante tantos años…

Tiene efecto terapéutico.

NB : Fotos de Bares de BCN que se presentaron al Restaurant & Bar Design Awards. En la Edición del año pasado , ganó  Höst (Dinamarca)

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La Cafetera.

¿Te apetece venir a tomar un café?

“Tomar un café” es uno de esos ritos encantadores que nos hace más sociables, más amigos y, claro, en un primer impulso me vas a decir que sí. Quedaremos en mi casa, te haré pasar a mi salón y te dejaré sentado en mi nuevo sofá color chocolate .

Un poco de música suave enriqueciendo la atmósfera, te hará sentirte cómodo. Tendrás ganas de hablar de la vida, de lo transcendental o, simplemente, de lo que es superfluo pero nos hace reír.

Mientras comentamos la jugada, me oirás trastear por la cocina. Sacaré mi vieja cafetera de puchero de uno de los armarios y, tú, sorprendido, me preguntarás por mi máquina de espresso de diseño. Sí, la de las capsulitas. Yo te responderé que he vuelto a mis orígenes y que te estoy preparando el mejor café del mundo en la vieja cafetera de mi abuela. Te distraeré, describiéndote los orígenes que he elegido para esta mezcla de granos: un poco de Kenia,  Brasil y un toque napolitano…

A los pocos minutos de encender el fuego, empezarás a sentir la fragancia sutil del café que se hará más insistente, más poderosa… Ya estarás absolutamente relajado y dispuesto a que nos conectemos con este ritual del tomar el café… Entonces,  la cafetera alcanzará su punto místico, al borde de la ebullición y… se pondrá a cantar La Traviata. Sí, no lo has leído mal: La Traviata de Verdi.

Serán unos compases que tú no oirás…

Lo descubrí el día ese tan famoso en el que se fue la luz… La avería general afectaba a mi calle y la voz automática del Servicio de Atención al Cliente ( que le cambien el nombre, Por Dios!) me informó que tenía para cinco horas sin suministro . No Internet, No leer, No tele, No lavadora, No nada. No se me ocurría que hacer. Estaba a oscuras …

Busqué la linterna. Nunca sé dónde la pongo…Nunca la he necesitado. “Linterna” y “Nunca” parecen ser amigas. Tampoco di con las velas de emergencia que todos, todos, tenemos en casa. ¿Dónde?  Ni idea, claro. Recurrí al precioso velón de vainilla que me regalaron para mi cumpleaños que me había resistido a encender para no perder la delicada forma cubista en la que estaba esculpido .La cocina se iluminó tenuemente con la suave luz de la llama… El aroma dulzón de la vainilla se esparció por la cocina… Me apeteció un café. Un rico espresso, de esos aromáticos y cremosos. Un Blue Mountain sería una buena elección pero miré mi preciosa máquina de café, de diseño, con sus capsulitas y totalmente muerta y borré de mi mente la idea del café. Pero… el café se imponía en mi cabeza.Café, café, café….

Desde pequeña, he vivido el” tomar café” como un rito sagrado. Íbamos a un tostadero, dónde mi padre elegía según los orígenes. Lo compraba en grano, ya que consideraba imprescindible molerlo instantes antes de ponerlo en su cafetera. Este grato recuerdo que casi huelo, me hizo recordar que tenía la vieja cafetera de mi abuela en el fondo de un armario  y… ¡Funcionaba con mi cocina de gas natural! No necesitaba la dichosa luz. La lavé y la llené de agua. ¿Y el café?  Miré las cápsulas, miré la cafetera. Me dediqué a rasgarlas e ir llenando el viejo cacillo con el café de George.

Me sentía eufórica, me iba a tomar mi café, a la luz de la vela de vainilla mientras esperaba la visita de mi amante. El último. Posiblemente, el definitivo.

Mientras la cafetera iniciaba la ebullición, cogí mi móvil ( que milagrosamente estaba cargado) y llamé a mi churri. Me saltó el buzón de voz, al mismo tiempo que la cafetera empezaba a cantar La Traviata. Yo también salté. Primero estaba asustada y después, más tranquila al ver que el viejo cacharro lo único que hacía era tatarear el Brindisi. Me acerqué y con todo el valor que pude reunir, abrí la tapa. El café, caliente y especiado, aparentaba una normalidad absoluta.

Entonces, mi teléfono empezó a sonar. Era él. Para entonces, la cafetera ya había callado  y mi imaginación volvió a encarrilarse hacia la normalidad . Respondí, con voz coqueta, mientras enroscaba un mechón de mi pelo entre los dedos, ya inmersa en mi papel de churri.

-¿Cuándo vendrás? Se ha ido la luz pero se me ocurren cosas maravillosas que podemos hacer totalmente a oscuras.-le dije con mi mejor versión de voz-extremadamente-seductora.

-. Dentro de un ratito. Tengo mucho trabajo– me respondió él.

La Cafetera silbó el inicio del Brindisi. No le di importancia.

-¿Me echas de menos, churri?- Mi tono ya era pecaminoso.

Sí, muchísimo– . Y fue acabar la frase y la cafetera que subió el volumen.

-¿Me quieres?- Le hice la típica pregunta de final de conversación de amantes que sólo requiere un como respuesta y colgar el teléfono.

-Sí– Me dijo él, muy bajito.

La Cafetera ya absolutamente lanzada. La Traviata en su máximo apogeo…Parecía que había una orquesta sinfónica en mi cocina…que sólo oía yo.

Fue colgar el teléfono y la cafetera, enmudeció. Me serví un café y vertí el resto en una jarrita de porcelana. Revisé el interior del viejo pote, buscando el ingenioso mecanismo que hacía que sonora la música. Nunca he sido muy de máquinas, así que tampoco me sorprendió no encontrar nada.

Mi churri duró dos meses en mi vida. Me abandonó y me partió el corazón. La cafetera tuvo algo que ver, evidentemente. No pude volver a guardar la reliquia de la abuela y, poco a poco, recuperé la vieja tradición familiar del rito del café. Dejé de hacer colas para que me vendieran las capsulitas cómo si fuera caviar y localicé pequeños tostaderos artesanos donde podía experimentar con diferentes blends y siempre que nos apetecía un café lo hacíamos en el viejo puchero.

Y el viejo puchero me cantó La Traviata– tantas veces – que tuve que admitir que había una relación causa-efecto. Si mientras se hacía el café, yo le hacía una pregunta a mi churri, El Brindisi me decía si la respuesta era verdadera o falsa.

Si me estaba mintiendo, yo oía La Traviata.

-¿Me queda bien este pantalón?

-. ¿Me ves gorda?

-¿Te caen bien mis padres?

-.¿Te gusta  mi nuevo peinado?

-. ¿Le tiras los tejos a la Pepi?

Venga Traviata!, hasta que llegó el día en el que me atreví a preguntar: ¿Tú me quieres?

Ya puedes imaginarte que, la música, sonó atronadora y si no me hubiera hecho tanto daño, hasta podría decirte que fue espectacular.  Ya llevo bastantes relaciones finiquitadas por mi cafetera-polígrafo.

Ahora entiendo porque mi padre la escondió durante todos estos años en el garaje, en una caja de cartón. También descubrí cómo la abuela sabía- siempre- cuando la estábamos engañando. Entrábamos , mis hermanos y yo en la cocina, y ella nos preguntaba ¿Quién ha roto el jarrón chino? La cafetera hervía en el fuego. Nosotros le decíamos que “un golpe de viento” y ella respondía: Me vais a cantar La Traviata, golfos…y nos castigaba sin merendar.

Es un chivato de la mentira. De todas las mentiras: las transcendentales y las superficiales…

Y yo no puedo evitar someter a todos mis amantes a la prueba de La Traviata. Estoy enganchada a la verdad. Podría dejar que las cosas fluyeran naturalmente y volver a conectar mi máquina de café espresso en cápsulas pero…no puedo. La cafetera de la abuela me supera…

Si vienes, te invitaré a catar un increíble blend de un torrefactor artesano. Te  encantará. Me lo envían desde Roma. Esperaré que el aroma te llegue al cerebro  y te preguntaré.

Libiamo, libiamo ne’lieti calici
che la belleza infiora.
E la fuggevol ora s’inebrii
a voluttà.
Libiamo ne’dolci fremiti
che suscita l’amore,
poichè quell’ochio al core
Omnipotente va.


 

 

La venganza de las tres cebollas.

trescebollas

En realidad, el tiempo necesario para que crezcan es de 20 a 24 semanas pero esto se refiere a la cebolla, cebolla. Lo que yo llamo “cebolla tierna” o cebolleta se puede cosechar antes. Las mías tienen 14 semanas…Ups.

Si sigo el proceso cronológico debería esperarme pero, si sigo la señales externas, ya está la cosa a punto.

“Cuando se dobla el tallo, es el momento donde la planta de cebolla está finalizando su desarrollo físico. Ya no formará más hojas y las existentes cambiarán a verde y a amarillo marrón. En general, se puede decir que el momento de cosechar es cuando entre el 90 y el 100% de las plantas se ha doblado pero todavía tienen el 50% de hojas verdes. ” Me acojo a este segundo argumento para mis tres cebollas porque, como buena urbanita con huerto, ya tengo mis plantitas tomateras ( ya con flor y tomatitos) , espinacas y albahaca preparadas para venir a vivir al huerto. Necesito esa franja de tierra. ; – )

Así que vais a presenciar la cosecha de tres cebollas, cebolletas, micro-cebollas o cebollas jíbaras ( esta es mi especialidad, el jibarismo vegetal) que, junto con mis diez cacahuetes,

diez

y dos zanahorias lovers,

lovers

acaparan el puesto top de honor en el ranking de suspense del huerto. Los tomates, el perejil y la rúcula ya están dominados…

¿Habrá algo bajo la tierra ( similar a una cebolla)?

CEBOLLAS

Pues no. Son nanocebollas…por ponerles algún nombre.

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La aventura de las tres cebollas ha acabado con su preparación con sal Maldon y aceite de oliva virgen extra. Su tamaño no es proporcional al lloriqueo que me ha provocado pelarlas y partirlas en dos. ¿Cómo es posible si son nano-nadas? Creo que se han ido vengando de mí. Lentamente…

venganza

Lo siguiente ha sido catarlas. Ya podíamos prever que picarían. Y, sí, pican y mucho. Hasta lo incomible.

Total, estas tres cebollas (pequeñas pero matonas) han consumado su venganza.

Touché.

NB : … Aunque ” a cebollas muertas, tomateras puestas” ; – )

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Gastroruptura.

Esta es un ruptura sentimental cocinada con : berenjenas,  huevos, calabazas, rábanos, arroz, pan ,uva ,naranjas , cebollas, espárragos, queso, leche, tomates, peras, bacalao, gallina, garbanzos, castañas, miel, chocolate, queso, nueces, morcillas, jamón vino, ajos y pimientos.

Es una Gastroruptura.

GASTRORUPTURA

Lo miro fijamente y pienso que lo mejor es no meterse en este berenjenal. Tengo que salir por esa puerta con un poco de dignidad .Me ha costado un huevo decirle que ya no lo quiero, que le doy calabazas, que me importa un rábano…

Al principio, he creído que iba a ser rápido. Una conversación civilizada, cortita pero… ¿No querías arroz?, Pues toma dos tazas.  No sólo no ha sido rápido…Ha sido difícil. ¡Y pensar que creía que iba a ser pan comido!…No he tenido en cuenta que él se iba a poner de mala uva cuando le dijera que no era mi media naranja  y eso es, exactamente,  lo que ha pasado. Mira que lo he fulminado con la mirada y lo he mandado a freír espárragos para acabar con celeridad la escenita pero aquí estamos. A pan duro, diento agudo.

¡Uf! Está como un queso…Qué raro…En medio de una ruptura dramática y estoy pensando que cuando lo veo así, enfadado, es cuando más me gusta. Un poco de mala leche le va bien a ese carácter de trozo de pan… Es uno de esos hombres que se ponen como un tomate cuando le pides peras al olmo…Dulce como la miel… ¡No! Debo olvidar todo y centrarme en cortar el bacalao. Es muy atractivo, sí, pero… Mucho ruido y pocas nueces…

Las cosas claras y el chocolate espeso.

Lo miro por última vez y le digo: Nos van a dar las uvas aquí y no hay nada más que hablar. Lo de “Contigo pan y cebolla “no funciona. Yo necesito a alguien que se gane los garbanzos, que me saque las castañas del fuego.

No hay vuelta atrás. Ya lleva demasiado tiempo viviendo de la sopa boba, dejando que se me pase el arroz . Siempre preocupada porque soy del año de la pera y él… Él no… Es el momento de llamar al pan, pan y al vino, vino. A estas alturas de la vida, no me las van a dar con queso.

-No lo entiendo. ¿Qué importa la diferencia de edad? Gallina vieja da buen caldo y yo te quiero un huevo, me dice él.

¿Gallin…? respiro, inspiro, respiro, inspiro y cuando me recupero de la furia que me invade le grito– ¿Gallina vieja? Qué te den morcillas! Me voy dando un portazo. A lo lejos, oigo que dice- Quien se pica, ajos come.

Y no puedo evitarlo. Yo soy la que pronuncia la última palabra.

-Me importa un pimiento.

Los calçots son cebollas mártires…

Calçot es una palabra del idioma catalán, en español también conocidos como calsots, con la que se denomina a una variedad de la cebolla, concretamente la variedad conocida como Cebolla tardía de Lleida. Son habituales en la zona interior de Cataluña, pero especialmente de toda la zona occidental, correspondiente a las tierras del Ebro y la comarca del Alt Camp, siendo el plato más emblemático de la población de Valls (Tarragona). Es uno de los platos típicos de la gastronomía catalana, muy consumido a finales de invierno con salsa romesco, completando con un segundo plato compuesto por carnes y butifarras típicas.( Wikipedia)

 

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Me declaro cebollicida / calçoticida total y sacerdotisa de la salsa sagrada…

Queda inaugurada la temporada 2014.

Más sobre calçots, aquí