Expectativa vs Realidad.

-. Desayuno al aire libre

En la mesa, debajo del cañizo , viendo el campo… Estoy con una amiga y hemos puesto los mantelitos individuales, los vasos con agua y zumo. También pa amb tomàquet y una tabla con embutido de la zona. Ni nos hemos sentado que se acercan unas avispas revoltosas. Primero hay dos pero, después, el número se dobla. Yo , las temo. Mi amiga, también. Dando saltitos y haciendo aspavientos con un trapo, hemos conseguido sacar los platos , los vasos, y el pan. La tabla, ha sido más difícil. Les encanta la sumaia

Más bandadas de trapo y ya lo tenemos todo pero nos siguen al interior. Hemos cortado un trozo de sumaia y lo hemos dejado en la mesa, a medio sol, debajo del cañizo… Allí dónde debíamos haber estado nosotras…

Eso sí, desayuno con risas…

Foto de Mia de Jesus en Unsplash

Mega calabacín.

Me convierto en una urbanita extasiada ante el gigantesco tamaño de los calabacines de un pequeño huerto en el Alt Empordà.

En mi esquema mental, eso que veo es un prodigio. ¡Madre Mía!

Entonces, el pagès que está al cuidado me dice que esos calabacines tan enormes son los peores de la cosecha. Son tan grandes porque se han pasado de rosca. No se han cosechado en el momento oportuno.

Me señala uno pequeño, un poco mayor que los que encuentro en el mercado y me dice : Ese está a punto de caramelo.

Y para que se entienda mi admiración por el calabazón ( entendereís que no lo puedo llamar calabacín), los he fotografiado con un tenedor como referencia…

Aromas.

La lavanda ha florecido.

Los ajos tiernos que plantamos, por fin se han mostrado. Hay tamaño comestible.

Dos aromas distintos y los dos , cada uno en lo suyo, absolutamente embriagadores…

Lavanda y ajos tiernos…

Cata de olivas.

Fueron 16 olivas. 

Cosechadas con todo el amor del mundo.

En maceración, tras el tratamiento para eliminar el sabor amargo, desde inicios de octubre.

Cuatro meses después, toca la cata.

Resultado de la cata: no he probado nada más amargo en mi vida. Solo hemos podido con una oliva, la primera. La persistencia del sabor es intensa , duradera y desagradable. Efectivamente, algo ha fallado en el proceso…

O sea, fail de olivas.

Fails Cotidianos.

Fail 1

Me entero de que la noche del 13 al 14 de Diciembre hay la lluvia de Las Gemínidas. Dicen los que saben que, en un entorno poco luminoso, se podían ver bastante bien porque la cosa iba de 120 meteoros/hora. El momento de máxima irradiación era a partir de las dos de la madrugada, pero antes ya se podían observar… A las 12 de la noche, aprovecho que la farola de mi calle se ha puesto en modo intermitente y , después, se ha fundido definitivamente para ubicarme en una zona oscura. Es una calle tranquila y apenas pasan coches así que me planto allí y alzo el rostro. La luna está preciosa e ilumina mi teórica oscuridad, pero veo estrellas. Alguna de las habituales.

Pasa un rato que , a mi cuello se le hace eterno y, nada de nada. Ya en casa, lo vuelvo a intentar. Ni una triste Gemínida y rigidez cervical…

Photo by Wil Stewart on Unsplash

Fail 2

Coloco un adorno en el picaporte de la puerta exterior. Es una estrella roja preciosa, de mimbre envejecido. Voy a buscar la cámara de fotos porque quiero que la veáis en el blog. Me llaman por teléfono y me demoro unos diez minutos en salir de nuevo.

No hay foto porque ya no tengo estrella en la puerta de casa.

Decorará otro sitio con estilo y, mira, hasta me alegro. Supongo que , a quién la cogió,  le gustaría muchísimo. Es un regalo de mi puerta a ese humano.

Photo by Georgia de Lotz on Unsplash

Fail 3

Lo de la pimienta negra.

Me gusta la que está en molinillos para poder molerla al momento. Hace ya un par de semanas que la acabé. En la cocina, siempre hay una libretita para apuntar lo que me falta para la lista de la compra. Lo apunté, pero en esa misma hoja, también anoté un teléfono y la arranqué de la libreta. Fui creando una nueva lista en la que no estaba la pimienta negra y, por lo tanto, no la compré.

En el momento de sazonar unas berenjenas recuerdo que no tengo pimienta negra. No es un drama, pero las berenjenas no son lo mismo, aunque les haya añadido una picadita de ajo y perejil.

Vuelvo a apuntarlo y vuelvo a perder la hojita mágica de mis “faltas” gastronómicas. Esta vez, para apuntar planta, despacho y nombre de la enfermera que le va a poner la tercera dosis de la vacuna a mi madre y como no es la habitual, lo apuntó allí, en la primera hoja. La de la pimienta negra.

La vuelvo a echar de menos para unas alcachofas al horno. En la libreta, toda la página está ocupada por la “PIMIENTA NEGRA” para el próximo día de compra, pero , unos días antes, estoy en un pequeño supermercado de forma improvisada y me acuerdo ( ¡bravo!). Cuando llego a la estantería , no hay. No hay. No hay. No me lo puedo creer. Sólo hay pimienta blanca…

Casi un mes después, haciendo caso omiso al universo por si me quería decir algo con estas señales, tengo dos molinillos en mi despensa y un frasco de pimienta molida , por si acaso.

Photo by Calum Lewis on Unsplash

Strong olives.

Mis olivas van a ser una bomba de sabores fuertes.

Tras estar en agua y sal ( con sus cambios pertinentes dos veces al día), ha llegado el momento de ponerlas a macerar.

He puesto de todo : agua, vinagre, pimentón, ajo, tomillo y romero.

Son dieciséis olivas, pero van a ser las más strong de esta zona del Mediterráneo.

Tendré que buscar conejillos de indias…

Mindfulness olivero…

He aprovechado estos días festivos para cosechar mi olivo.

Las dieciséis olivas merecían toda mi atención.

Ya están en agua ( que hay que cambiar dos veces al día), para eliminar su sabor amargo.

En una semana, las voy a poner en conserva.

Mindfulness olivero…

Búnker Apicio.

Tras meses de travesía, el grupo encontró una colina que les podía resguardar del fuerte viento. Cada vez les costaba más avanzar así que,  aquel pequeño montículo les pareció una fortaleza milagrosa.

Cuando se acercaron a su base, el guía les hizo la señal de alto. Todos se pararon al instante y guardaron silencio. Observaron lo que el guía les señalaba : situada en el centro,  había una extraña superficie lisa de unos cuatro metros de altura y dos metros de ancho.

Limpiaron el acceso y descubrieron una placa metálica : Búnker Apicio.(1*)

Nadie sabía que significaba la palabra “búnker” ni tampoco,  “Apicio”. ¿Sería bueno o malo? Tocaron y golpearon la placa y la gran losa que parecía una puerta, pero no se abrió.

Photo by Mark Boss on Unsplash

Una fuerte ráfaga de viento les empujó con tanta fuerza que uno de los niños cayó al suelo. El guía les advirtió : tenían que resguardase detrás de la colina. Mientras el grupo se movía lentamente, el niño se había levantado para seguirlos, pero se quedó parado delante de la placa. Le fascinaban las letras.

La B de Búnker y la A de Apicio estaban grabadas a más profundidad, creando un surco con la silueta de la inicial. Deslizó el dedo, trazando primero la B y después la A. Se oyó un chasquido y la puerta se deslizo hacia los laterales , abriéndose completamente.

El niño gritó, alertando a los demás. Volvieron sobre sus pasos y se quedaron inmóviles delante de aquella gran abertura. La oscuridad y la profundidad que se intuía les asustaba, pero otro golpe de viento cada vez más huracanado, les hizo tomar la decisión.

Cuando entraron, se activó una luz blanca y radiante que contrastaba con sus ropas ajadas y sucias. Al principio, deslumbrados y en shock no acertaron a entender lo que estaban viendo.

Metros y metros lineales de estanterías blancas, repletas de cajas con memorias externas. Salas dispuestas como bibliotecas. Zonas con grandes pantallas y material audiovisual , un área habitable con duchas , camas y,  finalmente, una gran cocina comedor con una despensa refrigerada.

Resguardarse del viento y dormir en un lugar seguro, les hizo entrar en un estado de júbilo eufórico. Se repartieron las camas , se asearon y se pusieron la ropa limpia que encontraron en un armario. Parecían un ejército uniformado de blanco y negro, con pantalones de algodón con goma y chaquetas de cierre cruzado con pequeños botonesy un bordado en la zona del pecho con la palabra Apicio .

Horas más tarde, después de curiosear las instalaciones , el grupo se había tranquilizado. El guía los reunió delante de una de las pantallas más grandes y les hizo acomodarse en las sillas que había en la sala.

Pulso un botón y , de repente, en la pantalla apareció un rostro. Pertenecía a un hombre de pelo cano.  En la parte inferior un rótulo lo presentaba : Doctor Albert Tirel, Director del proyecto Apicio. Mayo del 2021

Se oyó un murmullo en la sala. ¿2021? El grupo había llegado a aquel lugar , en el mes 3 del año 2371. Habían pasado trescientos cincuenta años…

El mundo no había desaparecido, pero ya nada se parecía al planeta en el que vivieron los habitantes del S.XXI.

Las múltiples ciudades sumergidas bajo las aguas, las temperaturas extremas, las tormentas y los fenómenos meteorológicos desastrosos provocados por el calentamiento de la tierra, habían cambiado drásticamente las condiciones de vida .

El planeta colapsó.

Sobrevivieron 1.000 millones de personas que recorrían la tierra, buscando zonas donde establecerse y volver a empezar. El guía era el líder de un pequeño grupo de cincuenta de esas personas .

Desde la pantalla , el Doctor Tirel miraba a la cámara fijamente con una expresión sobria. El silencio se hizo más intenso. Una voz profunda los sobrecogió :

“Si estáis viendo esta grabación es que los sistemas de energía solar han funcionado y hay energía. No sé de dónde procedéis ni en qué tiempo futuro viviréis. Espero, por el bien de la humanidad, que no hayan pasado demasiados años y hayamos podido minimizar el desastre, pero, sea como sea, estáis en el Búnker Apicio.

Nos inspiramos en el Banco Mundial de Semillas de Svalbard y su proyecto de preservar la biodiversidad de los cultivos, almacenando millones de semillas,  que nos permitirían volver a alimentarnos después de una catástrofe mundial.

Así que decidimos crear nuestro propio Banco Mundial de Recetas. Me gusta pensar que es un Arca Gastronómica. Un lugar en el que encontraréis un fondo exhaustivo de conocimiento sobre la gastronomía de todos los países que conformaban el planeta en el 2021.

La construcción de los búnkers fue complicada. Tuvimos que identificar las zonas idóneas dónde poder excavar y preparar las cámaras estancas con un rango de temperatura de 17 ºC a 21 ºC y una humedad relativa del 45 -65 %. Hay 23 repartidos por todo el mundo y preparados para que se puedan intercomunicar si los suministros de energía no han fallado.

Cada uno es una estructura segura de más de 3.000 m2 , organizada en diferentes áreas. La más importante es la biblioteca que dispone de una recopilación de millones de recetas culinarias, desde la más antigua a la más moderna.

En el inicio del proyecto, El Arca Gastronómica nos parecía una misión divertida, casi lúdica. Más de 3500 personas de todas las nacionalidades y países se movilizaron recopilando material en formatos digitales. Ante un futuro incierto y previendo una posible falta de energía para activar los dispositivos , transcribimos toda la información y la imprimimos en papel para almacenarla en la Biblioteca.

Al principio, no había urgencia en nuestra actividad y nos dedicamos a ello con esmero. No sólo consignábamos las recetas , también los aspectos más cualitativos de la gastronomía . Describíamos exhaustivamente los ritos y los matices sociales y afectivos del acto de comer.

Este es un aspecto esencial de esta Arca Gastronómica : la diferencia sustancial entre alimentarse y comer. No sólo hemos querido que tuvierais la mayor recopilación de recetas del mundo, para preservarlas en el tiempo, también hemos querido salvaguardar el rito escénico, el ritual sentimental que supone comer .

Y para comer, hay que cocinar.

Comer y Cocinar. La belleza de estos actos los convierte en arte.

Cocinar y Comer. Algo hermoso que requiere de la comunidad, de los otros .

 No podíamos dejar que se perdiera todo lo que hemos aprendido.

Demasiadas voces alertan sobre el desastre inminente, la llegada al punto de no retorno climático,  pero nadie les hace demasiado caso. Nosotros, sí. Así que hemos trabajado sin descanso para dejar todo listo y en tiempo récord.  

Desgraciadamente para todos nosotros, el concepto de Arca tiene más sentido que nunca.

Además del Fondo de Conocimiento, hemos construido zonas habitables para que todo aquel que llegue a uno de los Búnkers Apicio, pueda vivir con un cierto confort. No podía faltar una cocina , un comedor y una despensa para que podáis experimentar el arte de la gastronomía.

Tenéis a vuestra disposición una fuente de conocimientos de gran magnitud, pero antes de indagar o sumergirse en profundidad, os aconsejo que elijáis una receta , una cualquiera y que os vistáis de cocineros con las filipinas (2 *) que os hemos dejado en los vestuarios y… cocinéis .

Tomaros vuestro tiempo y deleitaros.

Cocinad y comed.

Bienvenidos.

La imagen de la pantalla se congeló. Había muchas más grabaciones, pero el guía consideró que el grupo estaba exhausto y desconectó el dispositivo, aunque, cuando los miró,  no le parecieron cansados. Se miraban unos a otros , señalando sus chaquetas.

Sonreían y hablaban entre ellos.

En el largo camino , al grupo no le faltó nunca nutrientes. Tuvieron acceso a las proteínas animales y vegetales, a los carbohidratos , a los lípidos, a los minerales, a las vitaminas y al agua, pero el acto de comer desapareció , al igual que el arte de cocinar. Se convirtió en una mera acción de supervivencia .

Querían elegir una receta y cocinar, le dijeron al guía.

No fue difícil escoger . Uno de los integrantes del grupo, siempre explicaba historias que les ayudaban a dormir. En especial,  una historia de sus ancestros , en los que una mujer anciana, elaboraba un plato que curaba las tristezas del alma . Cada semana, el día siete, la familia -que era el nombre que tenían los grupos de antes del desastre- se reunía alrededor de una mesa y comían fijeos a cazola.  Era el único nombre de un plato que conocían y…todos querían curarse el alma.

Cuando por fin encontraron el dispositivo buscador de recetas, introdujeron el nombre y , en la pantalla, aparecieron multitud de resultados, pero había una receta de palabras muy similares:  Fideos a la cazuela/Fideus a la cassola.

Un vídeo les indicaba los ingredientes que debían seleccionar de la despensa, las cantidades, las formas de cocinado y el tiempo.

El grupo se organizó y bajo la dirección del cuenta-historias fueron ejecutando todos los pasos de la receta en una coreografía perfecta. Hubo que repetir alguna elaboración hasta que tomaron el control de la cocina, pero , poco a poco, consiguieron armonía y un sinfín de aromas increíbles empezaron a inundar la estancia: el lento sofrito de cebolla, la evaporación del vino , el ajo y el perejil intensos en su dúo.

Photo by Annie Spratt on Unsplash

Los colores se mezclaban, el verde del pimiento y el rojo del tomate. También los sonidos eran maravillosos: los cuchillos cortando en juliana, el chisporroteo de la costilla de cerdo y la salchicha en la cazuela, la vibración del agua hirviendo…

Lentamente, al ritmo del cocinado, el grupo se introdujo en una burbuja placentera. Hacía muchos meses que no sentían algo así. Una mezcla de buen humor , alegría y emoción.

Los que preparaban la mesa, en el comedor, también se sentían estimulados por las fragancias que llegaban de cocina y se afanaban en dejar una mesa perfectamente preparada para el acto de comer.

Mantelería, cubiertos, copas de cristal y flores en el centro de la mesa.

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“Los fijeos”- pidió el cuenta-historias. El niño que había descubierto como abrir la puerta del búnker, le entregó un paquete de fideos, haciendo una reverencia ceremonial que hizo reír a todos los cocineros.

En las cazuelas, los fideos se iban impregnando de sabores , borboteando , mientras transcurrían los diez minutos de gloria de la cocción.

Emplataron, tal y como se indicaba en el video, abrieron las botellas de vino y agua y se sentaron a la mesa.

Todos estaban en silencio, mirando con reverencia aquel plato que tenían ante sus ojos. Paralizados ante unos fideos…

El aroma invadía el comedor.

Se oyeron suspiros y el tímido tintineo de los cubiertos. Más suspiros. Los sonidos débiles contra el plato se intensificaron. El murmullo dio paso a la conversación y a las risas.  También lloraron. Hubo a quien le embargó la emoción al degustar aquellos sabores maravillosos.

Todos juntos, a salvo del viento.

En el Búnker Apicio, en algún momento del 2351, un grupo de personas , vestidas de cocinero, están comiendo fijeos a cazola.

Son cincuenta y dos almas curándose…

Photo by krakenimages on Unsplash

(*)De Re Coquinaria, conocido como “el recetario de Apicio” , es el primer recetario de cocina escrito y un referente cultural único. Su autor es Marco Gavio Apicio ( 25 a.C)

(*) Al uniforme de los chefs y cocineros se les llama filipina . Durante un evento gastronómico realizado en Francia en el año 1924,  participaron cocineros Filipinos vestidos con una camisa tradicional del país que se llamaba borang tagalog . Augusto Escoffier, un famoso cocinero francés se inspiró en ese traje y lo modificó en una camisa de algodón que se llamó “ filipina” .

Leer y Escribir

Leer

Estoy leyendo un ensayo. No es uno de mis géneros preferidos, pero,  en este caso, este ensayo se está convirtiendo en mi libro favorito de este año.

La autora , Irene Vallejo ha sido galardonada con el Premio Nacional de Ensayo por esta preciosidad : “El infinito en un junco”. Un libro sobre la historia de los libros. Es una aventura, un viaje , un homenaje respetuoso .

Ante la catarata de predicciones apocalípticas sobre el futuro del libro, yo digo: un respeto. No subsisten tantos artefactos milenarios entre nosotros. Algo hay en su diseño básico y en su depurada sencillez que ya no admite mejoras radicales (…) “

Estoy encantada porque aún estoy en la mitad y me queda medio libro de disfrute. Imposible que me defraude.

Escribir

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A los que os gusta escribir y os motivan los Concursos Literarios:  La Vanguardia en su sección “COMER”  convoca el Premio Aigua Vilajuïga de Relato Gastronómico.

Gastronomía y Ficción, una combinación inspiradora y…apetitosa.

Relatos extensión mínima de 5.000 caracteres y máxima de 10.000. Hay tiempo hasta el 15 de junio.

Información, aquí.

Que acaben pronto…

Ya no me hace falta despertador. Ni se me pegan las sábanas. Me despierto pronto, muy pronto. El ruido de las obras de varios vecinos, realizadas simultáneamente por cosas del azar, me hace abrir los ojos cada mañana, sobresaltada por el martilleo, el sonido raspante de la sierra eléctrica y la increíble percusión atronadora del taladro.

Photo by Eric BARBEAU on Unsplash

Quedan lejos los días en los que lo único que me hacía avanzar la hora del despertar matutino,  era el olor de café de algún vecino muy madrugador que entraba por la ventana abierta. Aunque estuviera dormida, mi cerebro detectaba el aroma del café recién hecho con una cafetera Oroley ( cafetera italiana o moka). La de toda la vida, no como las de ahora, de espresso y cappuccino increíbles, pero sin permanencia del aroma a café. Me lleva a tiempos felices. Me recuerda a la cafetera de mi infancia, a cuando oía el borboteo y aquel perfume invadía toda la casa. A lo lejos, oía trajinar a mi madre y la radio, con “Protagonistas” de Luis del Olmo de fondo.

Una rutina armoniosa de inicio del día totalmente opuesta a la de ahora, en la que, mientras tomo mi café , tengo deseos irrefrenables de ir a decirle algo a quien maneja ese taladro…