#NuevaRealidad (life.)

La pandemia ha cambiado muchas cosas. Estos dos últimos años, he visitado un hospital oncológico con asiduidad como acompañante. Hemos estado esperando en salas de espera muy llenas y hemos sufrido los retrasos en las horas de visita y pruebas.

Ayer no pude entrar a acompañar. Si no es por causa de fuerza mayor, el paciente debe acudir solo a la consulta. El tiempo de espera transcurrió entre el soplo de aire fresco del aire acondicionado del coche y los paseos nerviosos por el aparcamiento, buscando la sombra para aliviar el calor de la mascarilla. Allí había otros muchos acompañantes haciendo lo mismo que yo. Todos dirigiendo la vista hacia la puerta de entrada para localizar la salida de nuestro acompañado.

La espera no fue tan larga porque las visitas, ahora, en tiempos de pandemia,  se realizan con más agilidad y aún se me hizo más liviana, porque culminó con buenas noticias.

En un momento de mi paseo por los alrededores del hospital, caminé por una zona de tierra. Iba leyendo algo en el móvil y casi pisé este brote verde, aislado pero esperanzador. Le hice una foto y pensé en esa frase tan familiar de que la vida, acaba encontrando una forma de abrirse paso.

Espero que se convierta en árbol…

No hagáis caso.

Hace un tiempo que soy asidua de las salas de espera de un hospital oncológico. Acompaño a un familiar y espero… Observo y oigo a todos los que suelen estar en esa sala, a la misma hora, esperando su tratamiento.

Tanto los que esperan como los acompañantes, aún estando unidos por la enfermedad, somos completamente diferentes: el carácter, la actitud, la forma de interactuar, la edad, … Hay yoístas, pesimistas, sentenciadores, tristes, quejosos… Hay positivos, alegres, dinamizadores, animosos… También los aislados, que no se relacionan más que con el saludo al entrar y salir…

Como os imaginaréis, es mejor encontrarse con los que positivizan la situación, pero, ahí estamos todos y hay que ser empático y entender que es bueno escuchar a los que lo están pasando peor, pero… ¡Ay!  Es posible que te encuentres expertos en las “predicciones-en-base-a-la experiencia-propia”: Esto se te pondrá peor, no podrás ni comer, el cansancio te vencerá, etc., etc.… No hay mala fe. A ellos les ha pasado y lo quieren compartir. Incluso, creen que te ayudan…

El otro día, una chica muy joven, estaba exultante porque era su último día de tratamiento. Una compañera de tratamiento, mucho mayor (y que es habitual que siempre esté hablando de lo suyo) le comentó que “a su edad, había más posibilidades de volver a tener la enfermedad, porque era muy joven”. Dijo esta frase y la llamaron para entrar. Así que me quedé con la chica, casi a solas. Su alegría había disminuido proporcionalmente a la reflexión de aquella otra paciente. Me acerqué y la felicité. ¡Fin de la radioterapia! ¡Bravo!

También le expliqué que el primer día del tratamiento, tuvimos una reunión con el equipo médico. Además de los aspectos médicos, nos dieron un consejo que parecía trivial, pero ha sido de gran ayuda en el proceso.

 “No hagáis ningún caso a lo que oigáis en la sala de espera “.

Cada persona es un caso. Un paciente único.

Y si se hace caso a lo que se oye, que sea con discriminación positiva. En este caso, en sentido literal.

Al salir de su última sesión, la chica me dedicó una gran sonrisa.

 

NB : Aplicable a casi todas las salas de espera…

Gente nueva.

Estos días he conocido a mucha gente nueva. El motivo, que ya está solucionado, ha sido un ingreso hospitalario de mi madre.

Entre familiares de otros enfermos, los otros enfermos, el personal sanitario de todos los turnos, de Urgencias, de planta y los médicos, he estado interactuando con muchas versiones del espécimen humano.

He conocido, familias aparentemente “ideales” que, en la soledad de las salas de espera o de la habitación, se dejaban ver como eran en realidad: no tan “ideales”. Enfermos insolentes a los que solo les importaba su yo. Enfermeras y enfermeros, de mal humor, con cero empatías…Cotilleos, críticas, discusiones…Pero, no os asustéis, era el grupo más pequeño.  He conocido, también, a personas encantadoras, leales, serviciales, amigables, empáticas… Dispuestas a ayudar sin conocerse. Preparadas para conciliar y aplacar. Creadores de risas discretas que hacerse eco, en aquellos pasillos tan llenos de incertidumbre.

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Las personas son las que marcan la diferencia. En todos los ámbitos: amistad, familia, trabajo. En todas las profesiones. En todas las facetas…

Te puedes encontrar de las que te lo van a poner difícil, pero, estadísticamente, es más probable que te topes con alguien que no te va a disturbar. Es más, es posible que te ayude de alguna manera y eso, me ha dejado un poco más tranquila.

Muchas mañanas, leyendo el periódico, pienso que las personas que habitamos el planeta, vamos a peor. Pero estos días en el Hospital, me he encontrado a muchas-buenas-personas.

Y lo mejor, y la esperanza no está en lo de “buenas personas” … Está en lo de “muchas”…

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