Me encanta el apio en ensalada. Por eso, un apio recién cortado de un pequeño huerto urbano es un tesoro: un regalo sencillo, directo, crujiente. En crudo tiene ese punto de frescor que limpia el paladar, pero su verdadero superpoder aparece cuando perfuma caldos, guisos y sofritos con un fondo vegetal, claro y reconocible.
Ese aroma no es casual. Durante siglos se apreció precisamente por eso: por lo que dejaba en el aire . La idea me dio curiosidad y me puse a buscar perfumes actuales con notas de apio. Los hay. Nunca lo habría imaginado…
El corazón —blanco y crujiente— ya desapareció en una ensalada. Me quedé con unas ramas espectaculares y, mientras espero a que acaben en un plato, las he puesto en un jarrón con agua. Además de exquisito y fragante, resulta que el apio también decora.
El “rojo espontáneo” (unexpected red theory) es una idea bastante reciente que se ha hecho viral en diseño, decoración y moda, sobre todo en redes.
Consiste en introducir un toque de rojo intenso en un conjunto neutro o contenido, sin que el rojo esté “justificado”por la paleta principal. No es un rojo protagonista ni estructural: aparece de forma casi accidental, pero lo cambia todo.
Un ejemplo famoso, lo encontramos en una película.
En La lista de Schindler, casi toda la película está en blanco y negro. De pronto aparece una niña con un abrigo rojo, único detalle de color. Ese gesto concentra la mirada, rompe la neutralidad visual y convierte el rojo en un símbolo: algo que no se puede ignorar.
Este es un post vintage. Alguien, que también es vintage , me preguntaba el otro día por ellas.
Por Bo y por Las.Las dos , siempre juntas, son «Las Bolas».
Aparecieron en mi mente en el 2009. Como no se dibujar y quería hacer algo de humor gráfico ( que me disculpen los que de verdad lo hacen), se me ocurrió jugar con dos círculos, uno azul y otro lila. Un concepto, vamos a llamarlo, minimalista… ; – )
A partir de ahí, cualquier cosa les puede pasar a un par de bolas.
Conocimos a otras bolas amigas suyas.
Hasta fueron al gimnasio…
Y se hicieron tatuajes.
En fin, un par de bolas… ; – )
Las he sacado del cajón del olvido para este viernes…
Es la casa. Creo. ¿Será la casa la que convierte los objetos?… ¿Qué les pasa a estos muebles? El sofá se me sube por las paredes. Una silla se me pone en plan obsceno… ¿O me hace una peineta? No sé.
La blanca, de lamas, me intenta agredir cada vez que me acerco.
Y la silla de la cocina, esa silla…Se desploma cada vez que voy a sentarme.
Los cubiertos han mutado…
Durante semanas he estado buscando información en la Biblioteca Municipal. He investigado todo: fecha de construcción, reformas, censo de propietarios e inquilinos, estado del terreno antes de edificar…
A mí me marcóPoltergeisty, cuando empezaron estos episodios, pensé: “Ya está, cementerio, tierra sagrada”. Reconforta tener una explicación, aunque no encaje. Pero no: ni tierra sagrada ni rinconcito místico—eran campos de patatas.
La casa —un bajo esquinero adosado— se levantó en 2003, en una urbanización de altostandingcon piscina comunitaria. Hablé con los antiguos dueños: nada raro.
Aquí, además, nunca pasa nada… “Es todo muy tranquilo” —dicen los vecinos—.
Salvo una novedad: han inaugurado, a pocos kilómetros, un granoutletde mobiliario.
Desde entonces, mis muebles y el menaje, están a la defensiva. Se mueven, gruñen, posan. No es poltergeist: esuna revolución.
Han oído lo de “renovar por menos” y no quieren acabar sustituidos por madera hueca y barniz de oferta.
Algunos, incluso, han empezado a imitar a losobjetos imposiblesde Jacques Carelman, como si la rareza les garantizara el puesto.
Les he propuesto un trato: se quedansi firmanla paz. Nada de trepar paredes ni peinetas. A cambio, prometo no meter nada del outlet. Creo que están dispuestos a negociar.
Volvemos con otro capítulo de Cosas Horrorosas. Lo sé: suena duro, pero es la etiqueta que mejor encaja con estas piezas desafortunadas que encuentro por ahí.
Este retrovisor que sostiene la mano de un esqueleto. Igual se le ocurrió para Halloween.
Unos zapatos barefoot, literales y holgados.
No hablo solo de fealdad; hablo de objetos que, por diseño, materiales o intención, producen un pequeño escalofrío estético. Por lo menos desde mi mirada subjetiva.
El cojín de ganchillo da para un a película de terror.
Aun así, entiendo que habrá quien disfrute de su rareza o su humor involuntario. Me ha pasado un poco con esta lámpara gallina. El concepto es feo pero me ha hecho sonreír…
Me olvidaba de este gato de la suerte, que por el tamaño de su pata-brazo, se ha utilizado sin descanso.
La simetría que nos brinda la naturaleza es un lenguaje matemático (que yo no entiendo, pero percibo) integrado en nuestra vida, que —de conocerse en su totalidad y alcance— quizá esconda secretos muy importantes.
En la naturaleza nada ocurre sin razón. Todo tiene su porqué y su funcionalidad. Todo sirve para algo, aunque muchas veces no sepamos para qué…
Si observamos las semillas de este girasol, vemos que están perfectamente distribuidas, siguiendo una secuencia y una proporción. Increíblemente perfectas.
Al mirar esta composición simétrica y asombrosamente bella, estás observando una sucesión matemática que se repite en el mundo vegetal… y por todas partes.
Forma una serie de números en la que cada término es la suma de los dos anteriores (por ejemplo: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233…) y se denomina, en términos matemáticos, sucesión de Fibonacci.
Vale. Me imagino a Fibonacci, alucinando, cuando se hizo evidente que esa secuencia se repetía sin cesar: en las plantas, en las telarañas, en las caracolas, en las colmenas… y preguntándose: ¿por qué siempre esta sucesión matemática?
Parece ser que, después de milenios de evolución, las plantas acomodan sus semillas de esta forma, logrando introducir una mayor cantidad en el mismo espacio, «economizando» valiosos recursos; pero por qué lo hacen siguiendo la sucesión de Fibonacci sigue siendo un misterio…
Esto de Fibonacci no acaba aquí. Los cocientes sucesivos alcanzan —o, mejor dicho, tienden a— un número concreto (1,618033989…). El phi, número áureo, portador de la «divina proporción».
Confieso que aquí ya me pierdo, y lo que hago es un acto de fe. Bueno, mejor, un acto de phi. Este número, estudiado por los renacentistas, los tenía impresionados, pues lo consideraban el ideal de la belleza; en concreto, la espiral áurea.
Espiral áurea: la razón de crecimiento es Φ, es decir, la razón dorada o phi. (√5 + 1) ÷ 2 ≈ 1,6180339887
Varios son los factores que me hacen alucinar en colores cuando veo a una gallina que se comporta como… un perro.
El primero es mi condición de urbanita. Entiendo el concepto «mascota» desde esa perspectiva de ciudad. Poco amplia, te diría… Las mascotas suelen ser perros, gatos, periquitos y cosas así, pero… ¿una gallina?
El segundo factor es que mis referentes (familiares y culturales) no incluyen gallinas como mascotas, pero hace unos días conocí a Petunia, una gallina «doméstica».
Cuando llegamos a la casa donde vive, su dueña abrió la puerta y la gallina Petunia vino a hacerle fiestas y mimos de alegría mientras se dejaba acariciar —cerraba los ojos, flipando—. Petunia vive en la masía de un pueblo adonde vamos a comprar verduras y miel. Su dueña es una pagesa extrovertida que te hace entrar en su casa para coger papel de periódico, bolsas o cajas donde colocar la compra. La gallina entró, se subió a un butacón en la cocina y se acomodó. «Es su lugar preferido», me decía la mujer mientras preparaba el pedido.
Le pregunté por ese comportamiento doméstico y nos explicó que, de pollita, su nieto se prendó de ella. La cuidó de forma individual y la gallina se acostumbró a los usos y costumbres de los humanos. Además, pone huevos…
Supongo que hay que ser abierto y aceptar a la gallina como animal de compañía.
NB : mientras lees este post, la gallina Petunia estará tan ricamente, sentada en su butaca…
¡Por fin ha llovido! Ha sido algo rápido. Primero, el sol y ese calor asfixiante que nos acompaña en los últimos días. De repente, la luz ha desaparecido, han surgido nubarrones negros de la nada y ha empezado a llover con fuerza, acompañada de viento.
La lluvia ha durado un buen rato. Cuando ha cesado, el ambiente se sentía mucho más fresco, algo que he agradecido casi con una danza tribal espontánea. Estaba en el campo, así que también he percibido ese olor intenso, casi eléctrico, que llega justo después de la lluvia.
Ese aroma maravilloso se llama petricor. Aún no está recogido oficialmente por la RAE, pero aparece en su lista de neologismos en uso habitual. No la había oído nunca…
El término petricor fue acuñado en 1964 por dos investigadores australianos. Describe el olor agradable que se libera cuando la lluvia cae sobre suelo seco. Ese perfume, tan evocador, se debe a una combinación de aceites vegetales y a una sustancia llamada geosmina, producida por bacterias del suelo.
Sí, este aroma tan característico se lo debemos a una bacteria.
Estas bacterias viven en la tierra y, al descomponer materia orgánica, generan moléculas que se liberan al aire con la lluvia. Entre ellas, la geosmina, con su olor fuerte, terroso, inconfundible.
No es perjudicial para el ser humano. De hecho, tenemos una relación extrañamente íntima con la geosmina: somos capaces de detectarla incluso en concentraciones ínfimas. Evolutivamente, se cree que esta sensibilidad nos ayudaba a localizar agua o tierras fértiles tras la lluvia.
Como curiosidad, los camellos y otros animales del desierto pueden oler la geosmina a kilómetros de distancia, guiándose por su aroma para encontrar agua o zonas húmedas.
Un escritor te diría que es uno de los perfumes más antiguos del planeta: una exhalación mineral, un toque de tierra viva que reconforta. La ciencia te dirá que es la liberación de geosmina.
He visto un cielo muy estrellado. Por lo menos para lo que estoy acostumbrada. En mi ambiente urbano, si miro al cielo, debo ver como mucho veinte estrellas y si me esfuerzo mucho. Estos días, por lo menos había cincuenta …
Se estima que en nuestra galaxia, la Vía Láctea, existen más de 200 mil millones de estrellas. Imagínatelo , como puedas, porque es una cifra enorme.
Sin embargo, desde la Tierra, a simple vista y en condiciones óptimas, solo podemos observar unas 6.000 de ellas, con suerte y según donde vivas.Incluso con los telescopios más potentes, apenas rozamos la superficie de ese inmensidad.
Y las hay muy grandes, más de lo que puedas imaginar. Si lo has intentado antes con 200 mil millones de estrellas, aquí otro dato.
En nuestra insignificancia, creemos que el Sol es el astro rey… Porque brilla, porque nos da vida, porque lo vemos cada día. Hasta que, un día, te topas con una estrella como VY Canis Majoris.
Una hipergigante roja, situada a unos 3.900 años luz de aquí. No está en ninguna foto de familia. No cabe en ningún mapa escolar.
Tiene un diámetro unas 1.420 veces mayor que el del Sol. Si la Tierra fuera una bolita de 6 cm, ella mediría casi 13 kilómetros.
Para darle una vuelta volando a velocidad de crucero, un avión necesitaría más de 800 años.
Y entonces entiendes. Que el Sol no es el rey. Que lo que creemos enorme solo es cuestión de escala. Que mirar al cielo también es una forma de poner los pies en la tierra.
El precursor de los actuales rompecabezas data de 1767.
El cartógrafo inglés John Spilsbury diseñó un mapa del mundo pegado sobre una tabla de madera y luego lo cortó en piezas siguiendo las fronteras de los países. Su propósito original era ayudar a los niños a aprender geografía de una forma interactiva.
207 años después, el rompecabezas más famoso del mundo ha evolucionado y es tridimensional . Tiene 43 trillones de combinaciones posibles y una solución : el Cubo de Rubik. Inventado en 1974 por el escultor y profesor de arquitectura húngaro Ernő Rubik.
Le he pedido a DALL-E y a GROK , herramientas de IA, una imagen para conmemorar este día, para comparar la creatividad de cada una.
DALL-E
GROK
Nota: Quería incluir DeepSeek, la nueva herramienta, pero está tan a tope que no he podido ni registrarme.