Una puerta cerrada.

Muy bonita, sí, pero cerrada… Lo intenté todo para abrirla. No había para menos…

¿No era esa la puerta cerrada de la que hablaba mi abuelo al que se lo había dicho mi bisabuelo que, a su vez, lo había sabido por mi tatarabuelo? La puerta más famosa en mi familia, era esa que daba paso a una sala en la que se escondía el tesoro más fabuloso que un hombre pudiera imaginar… Todo parecía indicar que era esa puerta.

Los primeros años, la visité con cerrajeros y con ladrones profesionales a los que no se les resistía una puerta cerrada. Después, utilicé palancas, sopletes, martillos e, incluso, la embestí con mi coche. Nada, la puerta siempre indemne. Siempre cerrada.

Con el tiempo, me convertí en un erudito de puertas. Era experto en bisagras, maderas, anclajes y estructuras. También, me sabía todas las frases memorables sobre puertas que pude encontrar.  De forma inexplicable, la puerta cerrada dibujó mi futuro. Escribí libros sobre puertas, di conferencias sobre puertas, hice fotos de puertas que después expuse con éxito en las mejores galerías del mundo…En una de esas exposiciones, conocí a la persona que amo , con la que creé una familia y un proyecto de vida maravilloso.

Así que, hoy, estaba delante de la puerta cerrada cuando he pensado que esa puerta, había sido el origen de una buena vida. Muy afortunada.  Me situé delante de aquel trozo de madera y, mirándola a la cerradura, le dije: “Gracias”.

Oí un crujido y después el chirrido de los goznes. La puerta cerrada, se abrió ante mis ojos.

Y, sí, allí había el tesoro más fabuloso que un hombre pueda imaginar.

La cerré y volví a mi casa.

Me gusta cenar con mis hijos y tengo que preparar la presentación de mi exposición sobre puertas andaluzas que se inaugurará en el MOMA el mes que viene…

Obsolescencia : 22011977.17052019.42

Tiempo de lectura : 3 minutos

-. ¿Y con qué criterio colocan los interruptores On/Off?

-. Recibimos un listado con el número de serie. No hay un criterio definido.

-. Entonces, ¿Quién decide que sean 15, 30, 60 o 80 años?

-. Nadie. Los números se generan de forma aleatoria con un sistema de algoritmos que nadie conoce.

-. ¿Y quién creo ese algoritmo?

-. Querido ser humano, eso os lo estáis preguntando desde el principio de los tiempos. Los habéis llamado dioses. A veces son muchos, uno para cada cuestión (guerra, amor, fertilidad, fortuna…). Otras veces, sólo hay uno. Pero no uno para todos, uno y único diferenciado por cada grupo. También, hay quien habla de alienígenas u otras culturas más avanzadas de otros planetas. O del destino. O del karma. Yo no sé quién o qué es el origen. Yo sólo inserto el número de serie en el óvulo fecundado…Y no puedo decirle nada más. Lo siento

-. Una última pregunta, por favor. Yo tengo 40 años, ¿me puede decir cuál es mi número de serie?

-. Puedo, pero no lo haré. Está totalmente prohibido. Me juego este puesto de trabajo en el que estoy integrado desde la eternidad y sin derecho a ninguna compensación si me despiden. Es más, por este tipo de infracción, se activa directamente el modo Off. Me tengo que ir. Está conversación puede comprometerme y puedo tener muchos problemas.

Oigo un chasquido y después, un crujido. La imagen de aquella silueta negra, que me ha parecido un hombre, pero puede no serlo, desaparece de mi campo visual.

Soy periodista. Cuando empecé mi investigación sobre la Obsolescencia Programada, no pensé que las cosas me llevarían hasta aquí. Creamos aparatos con fecha de caducidad programada, pero… ¿En seres humanos? Eso era imposible…

Tras detectarme una lesión cerebral, que me obligó a pasar varias veces por esa máquina de resonancia magnética de última generación que llaman “Disgregación molecular”, empecé a creer en esa posibilidad.  Cuando me dieron el alta médica, repasé todas las piezas del informe del neurólogo sin entender nada, pero, en una de las disgregaciones moleculares, pude ver un número de serie insertado en el esfenoides. La imagen era difusa y desapareció con el tiempo, pero memoricé la cifra. Después, tirando del hilo, llegué a la Deep Web y, de ahí, a la entrevista con el holograma raro que hablaba como yo.

Mi Obsolescencia Programada me da poco margen, así que me dedicaré a divulgar lo que he descubierto a ver si alguien me ayuda y se puede llegar a dónde sea que se crean los algoritmos.

Tengo dos años…

NB : Culpad de este relato a mi última inmersión “Stephen King” .  ; – )

Lector Constante Satisfecho .

“Te he preparado unas cuantas cosas, Lector Constante; las expongo ante ti a la luz de la luna. Pero, antes de que contemples los pequeños tesoros artesanales que tengo en venta, hablemos un poco de ellos, si no te importa. No nos llevará mucho tiempo. Ven, siéntate a mi lado. Y acércate un poco más. No muerdo.
Aunque… nos conocemos desde hace ya mucho tiempo, y sospecho que sabes que eso no es del todo cierto.
¿No es así?”

Acabo de leer “El Bazar de los malos sueños” de Stephen King. Es un libro de relatos, cosa que me ha venido muy bien, ya que es un autor que a mí me engancha especialmente y, en formato cuento, puedo administrarme dosis menos maratonianas…

Como siempre, me ha dejado maravillada su capacidad creativa y narrativa. Aunque siempre me encuentro a alguien que me dice que ahí no hay calidad literaria y que es una fábrica de best-sellers comerciales, yo soy lo que King denomina “Lector Constante”. Con “El Bazar de los malos sueños” ha hecho felices a los fans y abre una puerta a los que nunca lo han leído o lo han hecho poco. Lo recomiendo a todos: Los lectores constantes, los inconstantes y los que nunca se han dejado caer por sus páginas. Hay terror, ciencia-ficción, humor…

Me gustaría comentar, especialmente, dos cosas de este libro. La primera es la “introducción” a cada relato. Stephen King te explica cómo se le ocurrió lo del periodista de necrológicas, o en qué se inspiró para el Kindle más extraño que se conoce o cómo sus vivencias personales le han llevado a escribir un cuento determinado. Esa información previa, le ha dado una nueva dimensión a la lectura y la ha mejorado.

La segunda es mi queja formal por el destrozo de portada del libro. Su autor es Nicolas Obery, artista digital que tiene obras impresionantes, pero… ¿Quién lo rotuló? ¿A quién se le ocurrió poner esas letras rojas, cargándose la imagen? ¿Por qué tiene que parecer un libro de terror raruno?¿¡??

Pues eso, portada muy fea. Ya lo he dicho.

NB : En la cabecera de este post, la ilustración original.

¿Colores?

Relato surrealista, a partir de la Chromatic Typewriter.

He encontrado una preciosa máquina de escribir, en un anticuario del Born de Barcelona. Es una Underwood nº 3 , de las de teclado español, datada de 1929. Me vuelven loco las Underwood...Me he enamorado al instante…

Me produce una emoción especial contemplar mi colección de máquinas de escribir. Se me pone la carne de gallina cuando pienso en la cantidad de palabras que han sido creadas, literal y materialmente, con estos prodigios mecánicos.

Palabras…

Tengo que buscar un hueco, para colocarla Es posible que quepa encima de la nevera…Mi mujer me abandonó cuando empecé la segunda colección: la de las Palabras de Papel…Las escritas con aquellas máquinas y a punto de desaparecer.¿Cuántas de esas palabras quedan por el mundo? Yo me propuse salvarlas y conservarlas…

A ella le parecía muy irritante que preguntara a amigos, familiares, conocidos, a todo el que se me pusiera por delante, si conservaban algún texto o papel, escrito con máquina de escribir.Después, le pareció intolerable que empezará a guardar aquellos archivadores llenos de documentos: facturas, informes médicos, recibos de alquiler, trabajos universitarios, listados, cartas, invitaciones,…todo, escrito con máquina de escribir…

Cuando se fue, me sentí libre para dar rienda suelta a mis dos pasiones . Sin control… Y, ahora, casi no puedo moverme entre las paredes de mi casa. Los archivadores se amontonan en los pasillos y hasta en el WC tengo máquinas de escribir…

Esta salida al Born, ha sido uno de mis últimas incursiones en el exterior. Me gusta estar en casa, entre mis palabras y mis máquinas , sin más contacto con el mundo que el estrictamente necesario.

A mi mujer,  no la había vuelto a ver desde el día en el que me dejó. Sé que me odia y es por eso , que me ha extrañado que llamara a la puerta y que me entregara aquel paquete y… que se riera, de esa forma tan aguda y estridente que sólo utiliza para la venganza. No ha vacilado ni un segundo. Ni tan siquiera ha pestañeado al ver mi aspecto demacrado y gris. Me ha lanzado un paquete entre carcajadas venenosas… Hasta la vecina del 3º, se ha asomado a la puerta para ver qué pasaba…

Cuando se ha ido, he abierto la caja : una preciosa máquina de escribir Underwood Standard de 1937…con un teclado … cromático.

Con las teclas de colores.

¿Colores? ¿Colores?

¿Pero …y las letras?…

¿ Y las palabras?

¿Dónde están las palabr…?

¿!

La vecina del 3º

Que quieres que te diga. Ahora estoy más tranquila. Tanto papel ahí amontonado. ¡Imagínate si hay un incendio! Además, estos últimos meses ya estaba muy raro. No salía de casa para nada…Alguna vez lo veía pasar desde la ventana y parecía un fantasma. Cómo te lo digo: estaba casi transparente…

No sé, chica. Cuando he visto a la policía, a la ambulancia y a  los bomberos, casi me da un infarto. Me han dicho que se lo han llevado en estado casarónico, creo. O caratónico. Bueno, no sé. Algo así…

Lo que le ha pasado ha sido raro. Esta mañana, he visto que lo visitaba su ex-mujer, sí, aquella tan estúpida que no saludaba a los vecinos. Le ha traído una caja…Creo que estaba obsesionado con las máquinas de escribir y que lo han encontrado con la boca abierta y la mirada perdida, delante de una que no escribía palabras. Mira, me han dicho que hacía cuadros. Bueno, no sé. Algo así.

Cuadros, pinturas, me refiero. De colores. No, no, no. No lo entiendes, en vez de palabras, con esa máquina de escribir, se pinta. Bueno, no sé. Algo así. ¡Qué más da! Se ha quedado catarónico …

Y es que se veía venir. Este chico, desde que se separó de su mujer, se vino cuesta abajo…Te lo digo yo…”

NB : La Chromatic Typewriter ( una Underwood Standard de 1937 ; – )  es una obra del pintor americano, Tyree Callahan.

 

 

 

 

 

 

Sant Jordi 2017

Foto de Frank McKenna ( Unsplash)

El próximo domingo será el Día de Sant Jordi. Me he estado preparando a conciencia en estos últimos meses. Ha sido un entrenamiento muy duro. Casi he llegado al límite de mi resistencia física.

Antes, era el día de los libros y las rosas, pero…ya hace décadas que no existen los libros de papel. Ya no se exhiben los tomos en las calles, en tenderetes, como me explicaba mi abuelo. Ahora, se envían los libros por la red. Oyes un leve sonido en tu dispositivo y sabes que has recibido un libro…

Ese día, no paras de oír los bip, bip, bip. Libro, libro, libro… Es verdad que ha perdido parte de su romanticismo, pero, la buena noticia es que se sigue leyendo aún después del cambio de paradigma .Sigue habiendo libros, aunque ya no haya celulosa…Y escritores. Muchísimos…

Foto de Patrick Tomasso (Unsplash)

Lo que no hay, son rosas.

Hace muchos años que desparecieron las flores. Todo empezó con las abejas y su extinción y el resto, ya lo sabéis. Aquí estamos, en un planeta desértico y polvoriento…Esa es la mala noticia.

Aunque, todo ha cambiado en los últimos meses. Se abrió aquella grieta enorme, muy cerca de donde vivo. En las profundidades, se descubrió un asentamiento del siglo XXI. Una de esas casitas, con un pequeño jardín…Y entre los escombros, encontraron unas semillas de rosa en perfecto estado. Se mantuvo en secreto. El gobierno se llevó las semillas e intentó hacer germinar las rosas sin éxito, pero… allí, dónde estaban los restos arqueológicos, se dejaron una. Una semilla pequeña, oscura y seca. La planté, la regué con la escasa agua de mi racionamiento y, ahora, está a punto de florecer.

El domingo, equipado con mi uniforme de camuflaje, recorreré las calles sigilosa y velozmente, me deslizaré por la grieta e iré a buscar mi rosa.

Será la primera vez en mi vida que vea una…

Foto de Diego Hernández (Unsplash)

 

 

 

 

Día Mundial de Saltar Encima de Las Cosas.

Te lo voy a explicar ya que hoy es el Día Mundial de Saltar Encima de Las Cosas pero… no se lo digas a nadie. ¿Vale?

Cristina me dijo, en nuestra tercera cita, que tenía una afición que no desvelaba antes, para no ahuyentar a sus posibles conquistas. Resultó que su afición era visitar a un adivinador, una especie de gurú, que era su guía espiritual. Tampoco es que me entusiasmara la idea, pero, puestos a esperar cualquiera de esas cosas que acaban en “filia”, el adivinador-gurú me pareció un mal menor.

Recuerdo que no pensé lo mismo cuando me vi, sentado en aquella incómoda silla, delante de una mesa llena de ángeles, velas y plantas y con aquel tipo moreno, mirándome fijamente a los ojos.  Tras un intenso momento de silencio atronador y ni un pestañeo, el adivinador sonrió y le hizo un gesto afirmativo a Cristina. Ella, suspiró aliviada. Antes de irnos, quiso hacerme una sesión a solas. Ya no me hablaba, susurraba. “Mira, me caes bien. Te voy a dar el poder del “jump” Hace tiempo que tengo pendiente otorgarlo a un elegido y no lo encuentro. Te lo voy a dar a ti”

¿Jump? ¿Poder? Confieso que, en ese momento, estaba tan sorprendido que ni me di cuenta que el tipo entonaba un cántico y después, tiraba del dedo meñique de mi mano derecha. “Cuando quieras saltar, levantas el dedo meñique y harás un jump.”

Salí de allí muy confuso. Quise olvidar esa experiencia lo antes posible y así lo hice. La borré de mis recuerdos… Con Cristina, las cosas no funcionaron. Lo dejamos el día en que me negué a visitar al gurú de nuevo…Ese mismo día, por eso, hice un jump.

Iba caminando al trabajo porque era el Día de Ir Andando Al Trabajo. Cuando llegué a la calle por la que atajaba el camino, me encontré con un gran container lleno de escombros de demolición de un edificio. Seguir la ruta normal me hubiese supuesto llegar tarde a la oficina así que, sin pensarlo, me acaricié el dedo meñique de la mano derecha. Y, después, lo levanté. Se me antojó como una mini-peineta al obstáculo… Y, no sé cómo lo hice, pero, de repente, me encontré al otro lado del container. Había saltado por encima, sin enterarme…

Me temblaban las piernas. Me seguía acariciando el dedo meñique… ¿Había saltado por encima del container? Miré a mi alrededor buscando otro obstáculo que saltar mientras me aseguraba que no hubiese nadie observándome. ¿De verdad, había saltado esa enormidad de hierro llena de escombros? Entonces, vi aquel coche, aparcado de tal forma que me permitía intentarlo otra vez, sin despertar sospechas… Levanté el dedo meñique y ¡jump!, salté por encima…

Desde ese día, no paré de saltar. Siempre con cuidado de que no me descubrieran, salté por encima de montañas, lagos, edificios, puentes, … Una maravilla…

Foto de Joshua Earle (http://www.unsplash.com)

No volvía a ver al gurú. Lo busqué, pero nunca lo encontré. Se lo había tragado la tierra. Ni siquiera Cristina sabía dónde estaba y lo había sustituido por una anciana que le preparaba tisanas personalizadas. Nunca pude agradecerle que me hubiese otorgado ese poder tan especial y es que, con el tiempo, descubrí que había algo más…

Fue por casualidad, en una comida familiar. Mi madre, parloteaba. Mi cuñada, hacía los ecos. Que si no te casas, que si no me darás nietos, qué que me pasó con Cristina, que si había otra, que sí… Levanté el dedo meñique y… Seguía sentado en la mesa, comiendo con mi familia, pero estábamos hablando de política y de las pensiones. De mi situación personal, de los temas espinosos, nada de nada…

Lo puse en práctica con temas más peliagudos y con personas más complicadas: mi jefe, mi vecino, Cristina, mi hermano, compañeros de trabajo, amigos… A la que la conversación tomaba un tono desagradable, tedioso, molesto, poco interesante o, directamente acusador, levantaba el dedo meñique y me saltaba todo ese torrente de palabras tóxicas. Sin más.

“Saltarme” todas esas conversaciones, me convirtió en una persona más feliz. Sí, estoy seguro que pensaras que, también, en un ser muy egoísta… Todo lo que me molesta, me lo salto, pero… una vez empiezas, no puedes dejar de hacer jump.

Te hablo desde China. ¡Sí! Estoy a punto de saltar por encima de la Gran Muralla. Con el tiempo, he ido perfeccionando mi técnica y me he pedido una excedencia para poder ir a saltar por todo el planeta. ¿Qué dices? ¿Qué me lo estoy inventando todo? ¿Mentiroso, yo?

Pues mira, mira mi dedo meñique.

¡Jump!

Curiosidades  ( de Wikipedia):En China  se considera vulgar el levantar y enseñar el dedo meñique a otra persona de la misma manera que en la cultura occidental se juzga como vulgar o agresivo mostrar el dedo medio.

 En Japón, tener levantado el dedo meñique al hablar sobre dos personas significa que ellas están vinculadas sentimentalmente. Este gesto es considerado anticuado y vulgar, sin embargo en ciertas escenas anime se lo usa intencionalmente.

En Norteamérica, llevar un anillo en el dedo meñique posee un significado simbólico. El dedo meñique es el dedo de las relaciones, y por lo tanto llevar un anillo en él es indicación de que uno es abierto y cariñoso.

En India, levantar el dedo meñique es una señal de “katti” o amistad rota, un signo de que alguien está enojado, o una sugerencia en tono de broma de que la persona que le muestra el meñique a uno no desea hablar con usted.

Superpoder.

Tengo un Superpoder.

Devuelvo la vida.

Como todo Superpoder que se precie, tiene truco. Con cada vida que renace de mis lágrimas durmientes, la mía se acorta un poco. ¿Cuánto? No lo sé…

Sé que mi Superpoder se ha activado, cuando despierto y siento esa extraña sensación. Una mezcla de placer, felicidad, plenitud, armonía…Le caben muchos adjetivos y todos le caben bien así que, para resumir, la he definido como la SuperSensación.

Esta mañana la he percibido, rodeándome. Tan densa que casi la podía tocar. He sabido que, en mis sueños, he recorrido lugares y sentimientos y que he recuperado una vida.

También he oído ese extraño “clic” interior que sé que me descuenta… algo. ¿Un segundo, un minuto, una hora? ¿Un día? …

No quiero pensarlo.

Para distraerme, estoy cosiendo. Como tengo un Superpoder, ahora me estoy haciendo una capa de Superhéroe. Tengo que ir rápido y estoy bordando la “H”, de héroe, en un color azul celeste.

Es sólo una letra…Espero que me dé tiempo a acabarla.

Me está quedando preciosa…

 

Cambio de hora.

Tiempo de lectura : 3 minutos

Sábado noche. Un poco depre, la verdad. Siento que mi vida es …insustancial. Desmotivadora, en general. Los que me rodean, me dicen que estoy loca. ¡Si todo te va bien! Algunos, incluso dicen que me envidian, pero… Yo siento que es todo gris…

Hoy, hay que hacer el cambio de hora. Algo fácil:  a las dos de la madrugada, serán las tres…Todos mis dispositivos son digitales, así que mi ordenador, mi tablet, mi teléfono, mi televisión…todo, cambiará automáticamente al nuevo horario.

Sólo hay un reloj en toda la casa que tengo que manipular. Es el de la cocina, el que compramos en esa tienda del Soho londinense pensando que era vintage y después, resultó ser una baratija “made in China” … Cuando acabo de ver la película que me ha tenido dormitando en el sofá, decido dejar el tema listo. Son las dos. No, las tres…

Voy a la cocina. Estoy adormilada. Veo que hay una mancha de aceite en el suelo…Cojo el reloj y muevo las manecillas pero un ligero traspiés me hace tambalearme hacia detrás, casi a punto de caer de espaldas. Con un movimiento de brazos consigo estabilizarme, pero es tal la fuerza del impulso que me estrello contra la alacena, llevándome la cerámica por delante.

No sé si estoy consciente o inconsciente. No me duele nada. Floto entre algo parecido a las nubes …Miró hacia abajo y me veo. No estoy en la cocina. Observo episodios de mi vida. Algunos me hacen llorar, otros sonreír y otros reírme a carcajadas. Me acomodo en esa masa etérea blanca que se antoja tan cómoda. Me apetecen palomitas… Sigo mirando mi vida y descubro que , es verdad, hay muchas cosas luminosas, hay color…¿Cómo no me había dado cuenta antes? De repente, me invade un sentimiento de frustración. Creo que ya es demasiado tarde y que me he muerto… El tortazo en la cocina…

Me despierto en el sofá. Miro el reloj. Son las doce de la noche. ¿No eran las dos? ¿Las tres? Me voy a ir a la cama pero, antes, pienso en el cambio de hora. No lo habré hecho. Todos mis dispositivos son digitales y lo harán automáticamente pero el reloj de la cocina, es de los de cambio de hora manual . Cuando voy hacia la cocina, siento un escalofrío. Un no-se-qué inexplicable. Sin saber porque, cojo un trapo y enciendo la luz. Es entonces, cuando veo una mancha de aceite. No sé por qué he cogido el trapo antes de verla, pero ya que lo tengo en mis manos, limpio el suelo. Una tía de mi madre, se cayó de espaldas en la cocina por culpa del aceite y se desnucó…

Mientras doy una vuelta a la tuerca que mueve las manecillas, tengo la sensación que ya lo he hecho antes… Bostezo.  En el reloj, ya marca la una de la madrugada.

Me voy a dormir.

Mañana me espera un domingo fabuloso…

 

La escuchadora profesional.

Ya me viene la idea ( va y viene, va y viene) desde que escribí “The Listener & Cia”

Una colección de relatos: La EscuchadoraProfesional.

A grandes trazos: la narradora, es una mujer que se ha convertido en escuchadora profesional, miembro del staff de The Listener & Cia. No es psicóloga, ni psiquiatra. No trata. No aconseja. Sólo escucha. Y se pasa por el forro la confidencialidad…

El primer relato, consistía en la descripción de las peculiaridades de la profesión de escuchador y en sus “reglas”. A partir de ahí, cada relato, breve y muy conciso, se estructuraría a partir de una historia que ha escuchado y narra al lector.

No os penséis que esto del “Escuchador” no es verídico… No sólo existen esos escuchadores profesionales en la vida real, sino que hay blogs y webs especializadas. Con tarifas por una escucha puntual o tarifa plana , si se desea , para más continuidad en lo de la escucha… Tipo lo de”The listener & Cia”, vamos.

En Tokio, es muy conocido  el escuchador Van Damme Hirakata. Dicen que ya ha escuchado a más de 12.000 personas. En España, concretamente en Granada, Sebastián Bascuñana, sujeta un cartel entre sus manos en el que se puede leer «El escuchador. Hola, cuéntame…(solo una propina)», tanto en español como en inglés. Lunes, martes y miércoles , de 17 a 19:00 h. En Buenos Aires se realiza esta práctica desde enero del 2016. Al principio, los escuchadores voluntarios, se reunían en bares, pero ahora ya están en plazas con un cartel que dice “ESCUCHADORES”.

Te prestan su oído para que tú puedas sacar piedras de la mochila vital. Verbalizar nuestros problemas, nos ayuda a sentirnos mejor. Nos ayuda a ordenar y a entender mejor eso de lo que estamos hablando y que nos afecta a nosotros mismos…No es sólo por una cuestión emocional. Nuestras neuronas trabajan eficientemente y el cerebro actúa ante la verbalización y pone en marcha el área del cerebro responsable del control de los impulsos-  Matthew Lieberman, investigador de la Universidad de California- y eso hace que las emociones , estén mejor reguladas.

La idea del escuchador profesional,  me sigue pareciendo apasionante y no he podido evitar empezar a construir ese personaje que podría llamarse Samanta ( en arameo, la que sabe escuchar) o Ximena/ Jimena /Gimena ( en hebreo : La que escucha).

Creo que va a ser Jimena…

 

Lo he encontrado.

 

Lo he encontrado. Aún no se lo he dicho a los demás, para que crean que me falta pero…ya lo tengo.

Eso, me ha dado una ventaja. Me ha permitido escuchar todo lo que decían, como si yo no estuviera presente. Hablaban de mí y de mi fortuna, de como repartir las cosas y las casas… Y yo, allí, mirando a un punto inexistente en el horizonte (eso es lo que llaman “mirada perdida” ) pero atento a todas las palabras. Todas y cada una de ellas…

La verdad es que lo encontré hace ya una semana  pero necesitaba tiempo para actuar y planificar mi huida. De momento, había intensificado artificialmente los temblores de mi mano derecha, para no firmar ninguno de los papeles que me presentaban como quien no quiere la cosa. El mayor peligro, ahora, era la visita del Notario que iba a certificar mi estado mental. Diferentes tipos de convulsiones simuladas, que había aprendido en el Servicio Militar, me sirvieron para retrasar el momento pero…ya no había tiempo.

El enfermero que me velaba por las noches, se dejaba su portátil encendido mientras salía al jardín a fumarse un cigarrillo. El día anterior, le había robado su teléfono móvil por unos instantes y había contratado un servicio especial. Mi tarjeta de crédito aún estaba activa y por lo que pude comprobar después, había sido utilizada con mucha…intensidad. Necesitaba tiempo para conectarme a la web de la compañía aérea que me llevaría lejos de allí no sin antes traspasar todos mis fondos a las cuentas que ya había abierto en el pasado y de las que “los míos”, desconocían su existencia.

Julio, el enfermero, era un apasionado del porno. Lo que más le gustaban eran las rubias de grandes pechos. O más bien, de pechos muy, muy grandes…Los vídeos que había visto en el ordenador, no dejaban lugar a dudas. Esa noche, la mujer de los sueños más calientes de Julio, se iba a presentar en el jardín, prácticamente desnuda y dispuesta a complacer, justo a la hora del pitillo…

Como había previsto, me ha dado tiempo de comprar el pasaje, hacer el Check On Line e imprimir las tarjetas de embarque. El traspaso del dinero no ha sido difícil. No han cambiado los códigos ni han bloqueado las cuentas. Todo está, ya, fuera de su alcance…

El momento es, sin duda, en el cambio de turno. Julio se va una hora antes de lo previsto (aunque le  diga a su compañero que son diez minutos) y en ese tiempo, recogeré cuatro cosas básicas y mi pasaporte y me largaré de aquí. No me fío de los que dicen que me quieren…Siempre lo he sabido y, ahora, tengo la oportunidad de empezar de nuevo…Desde luego, me faltaba ese tornillo…

Sigo siendo yo. He vuelto. Hice una crisis “de algo” que ni los médicos supieron diagnosticar pero, al final, lo que pasó es que se me cayó un tornillo. Menos mal que di con él…

Aquel día en el que Julio se fue al lavabo tras ver su sesión de porno en Internet, yo me caí de la cama. Me arrastré como pude y, en el suelo, encontré ese tornillo. Lo cogí y me lo quedé mirando, como un tonto, pero entonces, como si fuera un mensaje divino, algo me dijo que lo introdujera en el pequeño orificio que hay debajo de mi pelo, en la zona izquierda del cráneo. Lo hice y encajó a la perfección. Me metí en la cama y me hice el dormido…

Como ahora.

Julio ya está, de nuevo, en la habitación. Su sonrisa es amplia y se despereza, satisfecho. Me observa y después mira la hora. ¡Venga, Julio. Anímate!-pienso mientras me esfuerzo en no abrir los ojos. Falta más de una hora y media para que acabe su turno pero, me parece, que tras la visita especial, Julio va a avanzar el momento.

Recoge sus cosas, cierra el portátil y lo desconecta de la impresora. Me mira por última vez y cierra la puerta con sigilo.

Y yo…me voy.