Tengo que comprar una mesa…

Lo que le digo a todo el mundo es que , tras mi viaje a Japón, he cambiado espiritualmente y me he rendido a su estilo de vida ( lo que incluye comer sentado en el suelo). Para que mi historia sea más creíble, he aprendido a cocinar sushi

A los que vienen de vez en cuando, les divierte toda esa parafernalia oriental y se sientan en los cojines encima de la tarima, entre risas y contorsiones varias. Los “habituales” no me preguntan por la mesa porque ellos conocen la historia (aunque no se la crean) pero si que me piden que me compre una mesa. Otra. La que sea…pero una mesa…

Los entiendo perfectamente . Sé que las timbas de póquer no son lo mismo a ras de suelo…pero yo soy el único soltero, con casa disponible y tiempo de sobras…además, soy amigo de mis amigos y siempre estoy dispuesto a abrir las puertas de mi piso. No creo que sea tan importante que tenga una mesa , ¿no?

Tampoco hay que olvidar que a las mujeres, les encanta todo este ambiente japonés y lo de ser un experto en sushi me ha permitido pasar algunas veladas memorables…Ya me entendéis…

Con lo que no contaba era con lo de enamorarme. Y tampoco contaba con lo de que ella  viniera a vivir conmigo tan pronto. O sea, ya. Ya está aquí.

Mis amigos vienen menos y las timbas, semanales, han pasado a ser mensuales pero…mira… estoy loco por esta mujer y me compensa pero…ya ha empezado a hablarme de la mesa. Este sábado pretende que vayamos a comprar una  y a mí, sólo de pensar en esa posibilidad, me ha dado un ataque de pánico.

Y lo peor, es que no tengo ningún apoyo. Mis colegas están contentos por poder jugar a las cartas ( aunque sea una vez al mes) encima de una buena mesa y se ríen de mi cuando les explico el trance por el que estoy pasando.

mesaloca

Yo he sido víctima de una mesa loca. La anterior a esta era un modelo rústico que provenía de la casa de campo de mis padres y que estaba vieja y bamboleante ( tuvo un ataque de carcoma) pero era de una madera maciza y oscura que me encantaba. Cuando me llamó un amigo para ofrecerme la oportunidad de mi vida ( conseguir una súper mesa de diseño, totalmente gratis) no dudé ni un instante y dije que sí. Lo más sorprendente es que no tuve que ir a buscarla yo … Me la trajeron a casa ,una hora después de haberla aceptado.

Y digo sorprendente, porque el que regala un mueble, normalmente quiere deshacerse de él, rápidamente ( sí) , pero no se quiere hacer cargo del traslado ( evidentemente) y más si es un mueble voluminoso. Normalmente, el favor que te hacen lo pagas con el favor que les haces al desplazar, fuera de sus vidas, esa cosa que ocupan un espacio importante. En este caso, sesenta minutos después de colgar el teléfono, unos señores de UPS descargaban la mesa en mi salón y se llevaban la vieja mesa familiar. Juro que me pareció que , cuando la bajaban por la escalera, las patas carcomidas me hicieron un gesto un tanto obsceno.

La nueva mesa era preciosa. La acaricié , pasando suavemente las palmas de las manos por la superficie brillante. Oí un gemido que ignoré y seguí mi ruta acariciante. Más gemidos…Busqué el origen del sonido , pensando en mis vecinos , pero al cesar el contacto con la mesa, se hizo el silencio. Estaba yo pensando en aquel extraño fenómeno, cuando sonó el timbre de la puerta.

Mis amigos entraron en tropel, cargados de cerveza , dispuestos a celebrar la timba semanal. Cubrimos la mesa con un tapete de fieltro verde oscuro y dispusimos los elementos necesarios para nuestro ritual: las cartas, las botellas, los ceniceros, …Fue una noche infernal : el mantelito siempre estaba arrugado. En varias ocasiones , parecía moverse y tumbaba los botellines de cerveza o desmadejaba el taco de cartas. A uno de mis colegas, se le cayó un cigarro fuera del cenicero y quemó el tapete. No entendimos su enfado cuando nos acusó de darles patadas por debajo de la mesa. Se levantó y se fue dando un portazo, con los tobillos hechos una piltrafa. Después supe que había sido ella, claro.

Las cosas fueron empeorando a medida que pasaban los días. Si te olvidabas el salvamanteles ( yo no sabía ni que existían) y se quemaba un poco, me sacudía con la patas. Si no ponía el mantel y colocaba mi portátil encima, al calentarse la batería, la mesa se enfadaba y se doblaba en dos . No aplastó mi Mac de milagro.

El mantel , que debía ser de lino y planchado ( no toleraba las arrugas) era lo único con lo que estaba tranquila . Si comía sin él, extendía sus patas horizontalmente y me dejaba plantado en el suelo , con desparrame de platos y vasos. Al darme cuenta de lo que pasaba, emprendí una lucha sin cuartel contra la mesa.

Quería doblegarla.

Comía con espinilleras y coderas, ideé un sistema de barras de hierro para impedir que se doblara e incluso, apilé libros debajo, cubriendo su altura para que no pudiera desplomarse… Mis amigos me confesaron que creían que estaba loco en esa época de mi vida… y es verdad. Estaba loco .

Y la mesa, también.

La muy bruja, nunca se mostraba hostil cuando había alguien en casa. Lo hacía en la intimidad, con el único objetivo de fastidiarme …Llegamos a los insultos ( la mesa, hablaba) y a las manos ( y a sus patas). Descubrí, con horror, que no podía moverla. Ni cortarla con una sierra del tamaño de la de Viernes 13.  La situación se hizo muy , muy tensa y , lo peor, no veía solución.

Al mes de tener la mesa loca en mi casa, el que estaba a punto de volverse loco era yo. Aunque penséis que ya lo estaba ( ¿Quién batalla contra una mesa?) os prometo que todo lo que os he explicado, es verdad. No fueron imaginaciones mías. Tengo vídeos y fotos que lo demuestran. Así que, consciente de lo inusual de la situación y el peligro que corría,  tomé una decisión : ella o yo.

Y fui yo.

Puse el piso a la venta a un precio atractivo e incluí “todos los muebles”. No tardé en venderlo, perdiendo dinero pero, ganando , al fin, la batalla contra la mesa loca.

Allí se quedó… De momento, el nuevo propietario no ha contactado conmigo, aunque también es verdad, que me cambié de teléfono e intenté borrar mi rastro lo mejor que pude.

Me tuve que ir a vivir a las afueras  ya que el dinero que obtuve de la venta del piso , fue ridículo pero …es que era el precio de eliminar a la mesa loca de mi vida… Cuando llegó el momento de amueblar el diminuto apartamento, no me vi capaz de comprar una mesa nueva.

Tengo un trauma. Serio.

…pero dicen que el amor todo lo puede, ¿no?…Y , por ella, por la mujer de mi vida, tengo que conseguir superarlo.

Iré a la maldita tienda y prestaré atención a las mesas que allí habitan. Tendré que controlarme para no dar unas patadas a las patas o pasar las manos por la superficie para observar su reacción… Me llevaré un punzón y un mechero.

Y las espinilleras.

Por si acaso.

 

La botella negra…

Me encontré la botella negra al ir a tirar la basura. La vi encima de una repisa de la valla de un edificio de apartamentos. Paso por allí delante, cada noche, de camino a los contenedores de reciclado.

Me paré para cogerla y meterla en la bolsa correspondiente, según fuera de vidrio, plástico o aluminio…El tacto, por eso, me despistó…Parecía terciopelo o piel…Suave, muy suave. Tuve la impresión de que alguien la había olvidado allí y la dejé en su lugar. La noche siguiente, continuaba estando en el mismo sitio, así que me aventuré a examinarla debajo de una farola. El material me intrigaba…

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Me la llevé. Es verdad que caminé un poco más deprisa de lo que es habitual y que miré a un lado y otro de la calle para confirmar que no había ningún testigo del…robo de la botella negra.

Ya en casa, la observé con atención. No había nada especial en ella, más que aquel extraño tacto suave y cálido…

 

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Que era un artefacto diabólico, lo supe más tarde. Por casualidad. De verdad que siento lo de Loli … La botella negra es capaz de absorber a todo aquel que posea una personalidad conflictiva: tiquismiquis, tocacojones, yoístas, tóxicos, pesimistas contagiosos, etc,etc… Sólo hay que abrir la botella en su presencia y sólo ellos desaparecen… La forma en la que se introducen en su interior, no deja de tener su encanto. Es en plan un torbellino que se va haciendo minúsculo girando sobre sí mismo y después, ¡puf!, una pequeña porción de gas de nada y para adentro…

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Con lo de Loli me di cuenta de lo que pasaba. Diabólico, ya lo he dicho antes. ¿Y qué hice? ¿Destruir la botella por su peligro potencial?

Pues no.

Después de absorber a diez personas, la primera botella negra dejó de surtir efecto pero al salir esa noche a tirar mi basura, me encontré otra. Cuando se llenó la segunda, apareció una tercera…

Ahora las decoro. Y las voy llenando.

Mi vecindario está ahora lleno de gente amable y maravillosa. Igual que en mi familia. Y en la oficina. Y en el gimnasio. Y….

 

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NB : DIY – Reciclaje de Botella de Ratafía pintada con pintura de pizarra para vidrio. Decorada con rotulador blanco permanente. En las fotografías, primero la botella pintada de negro y después, con los puntitos y flores marcianas. Es la misma botella pero con dos caras distintas.

Premoniciones y un bocadillo.

En la oficina me miran con temor. Se callan cuando entro en el despacho , me observan y retiran la mirada cuando yo les encaro visualmente…Nadie quiere hablar conmigo. Nadie me toca ni roza ninguno de mis objetos… Están asustados…

Sé que es difícil convivir con las premoniciones. Tenemos miedo de lo que desconocemos y queremos desconocer lo que nos da miedo…pero yo no puedo evitarlo.  Es incontrolable. Aparece ese mensaje en mi mente, en una forma verbal inconcreta pero comprensible o una imagen en forma de flash y, entonces, conozco ese algo que va a ocurrir en el futuro. Suele ser un tempo cercano. Apenas minutos, o segundos…. Es el tiempo que me da la premonición. Hay quién las tiene de sucesos que acaecerán unos meses después o semanas o días pero lo mío es más inmediato.

A lo que iba: esta mañana he tenido un episodio. Dicen los expertos que estas experiencias están dentro de la categoría de fenómenos Psi Gamma (no es por alardear, pero eso le da un caché a mis visiones.)

Estaba al teléfono, escuchando la musiquita de la llamada en espera del “Servicio de Atención Al Cliente” de la empresa de hosting en la que está alojada la web de la empresa. Lo había intentado en varias ocasiones y, por fin, me había decidido a aguantar la melodía repetitiva-tipo-hilo-musical-en-bucle el tiempo que fuera necesario ya que necesitaba realizar una consulta urgente. Con la oreja roja y cansada y el cuello rígido al sostener el teléfono con el idem y el hombro durante tantos minutos, he accionado el altavoz del aparato.  Un rato después de melodía repetitiva-tipo-hilo-musical-en-bucle , me ha apetecido comerme mi bocadillo Lo había retrasado, pensando en desayunar tras hacer “la llamada” pero, la eternidad se me hacía demasiado larga… He desenvuelto con cuidado mi pequeño bocadillo. No era un bocadillo cualquiera….

Era uno de esos que te apetecen especialmente. Uno de los que te van a alegrar la mañana. Nada de algo hecho con prisa con un queso bajo en calorías. Mi bocadillo era de jamón de jabugo. Del muy bueno. Una de esas compras capricho. Un regalo de 100 gr de Joselito, cortado muy fino ( casi transparente) que se había servido en la cena y del que habían sobrado unos preciados gramos que , en ese momento, formaban parte de mi excelente bocata. El pan, tostadito y de miga esponjosa. “Sucat de tomaquet”, con sus gotitas de aceite de oliva y la pizca ( casi simbólica) de sal… En fin, no hablamos de un bocadillo, estamos hablando de “ese bocadillo”.

Me lo he mirado con cariño ( y relamiéndome) pero , entonces, he tenido una premonición. Mis ojos vidriosos ( no sé si por el ansia del bocadillo o por el fenómeno Psi Gamma)  : “¿Oyes la música? Llevo más de diez minutos escuchando este li-li-li pero, estoy segura que cuando dé el primer mordisco a mi desayuno y lo tenga en la boca, incapacitándome totalmente para el intercambio verbal, entonces, una voz de persona me saludara y me preguntara que es lo que quiero “

Lentamente, he extendido el papel de aluminio sobre la mesa. Li-li-li . He desenvuelto el bocadillo y desplegado la porción de papel de cocina que me servía de servilleta. Li-li-li. Todo, todo, a cámara lenta. Li-li-li. Con la misma parsimonia, he cogido el bocadillo y he ejecutado un movimiento de arco hacia mi boca. Li-li-li. Con la máxima tranquilidad, le he dado un mordisco y he iniciado el primer segundo del acto de masticar y, entonces… “Hola , buenos días. Soy Iván. ¿En qué puedo atenderle?”.

Esto de las premoniciones es una lata aunque le voy cogiendo el tranquillo ( he conseguido no atragantarme ) pero a mis colegas de despacho,  les ha hecho mucha gracia la deglución ultra rápida mientras Iván, el del Servicio de Atención al Cliente se impacientaba ( encima!!) y han estado un rato riéndose de mis fenómenos Psi Gamma.

Entonces, he tenido otra premonición : se iba a ir la luz de la oficina. Y, de verdad, lo iba a comentar antes de que iniciaran la copia de seguridad en el servidor pero, mira, me he dicho : “Tanto reír, tanto reír de mis Psi Gamma …Pues, ahora, a reiniciar el sistema y a quedarse un ratito más”.

Con mis premoniciones, no se juega.

N.B : Estos gorros de bruja son Mermaiden Creations de California. Una tiene premoniciones, pero con estilo… ; – )

Lugar secreto.

 

 

camino

 

Nadie se para.

Nada se detiene.

No hay tiempo para pensar. Hay que sobrevivir y, eso, nos está consumiendo toda la energía.

Toda.

Tampoco quieren que paremos. Que nos sentemos un minuto, que preguntemos. Que hablemos, que dialoguemos, que tomemos nuestras propias decisiones…No quieren. No les interesa…Pero, lo peor, es que nos han prohibido reflexionar.

No se puede reflexionar. No se puede pensar…

Por eso, esto, es tan importante. Una revolución.

Y, cada día que pasa, se suman más rebeldes.

Gente que sabe dónde está este lugar secreto.

Que llegan, escondidos, furtivamente y se sientan…y piensan.

Una revolución…

 

revolucionario

Nomofobia.

Tiempo de Lectura : 4 m.

Acabo de hacerme un selfy con mi médico de cabecera. No me gusta mucho esa cara de asustado que pone pero…yo he quedado muy bien. La voy a subir a Instagram mientras él escribe el Informe Médico.

No entiendo su letra ….¿Qué pone ahí? No…Nomo…Nomofobia.

¿Qué yo tengo Nomofobia? Uf! Suena mal… ¿Será grave? Envío un whatsapp a mi grupo “HipoconUnited”: ¡Estoy en el médico! Enseguida me contestan. Suenan las alertas y notó que el buen doctor da un respingo…

Veo que le tiemblan las manos. Está nervioso…Admito que puede ser culpa mía pero ¿Nomofobia? Esto es nuevo para mí…Y me estoy acojonando.

¡Qué mal escribe, por Dios! Debería decirle que utilice el ordenador pero quiero salir de aquí lo antes posible. Me estoy agobiando y el abrecartas me empieza a pesar. Seguro que es de plata maciza.

Mientras me acaba el maldito informe, voy a consultar que es eso de “Nomo” en mi teléfono. A ver… Según la RAE Nomo es Gnomo : Ser fantástico, reputado por los cabalistas como espíritu o genio de la Tierra, y que después se ha imaginado en forma de enano que guardaba o trabajaba en las minas. ¿Qué? Yo sólo he venido a pedirle mi informe médico. Lo necesito urgentemente para solucionar un papeleo para una indemnización. Según mi amable agente de seguros, sólo había que solicitarlo a mi médico de cabecera…

He llegado a la consulta y me han sorprendido esos cartelitos de teléfonos móviles tachados. En la recepción, una caja de madera con un letrerito que ponía : “Deje su teléfono móvil aquí”. La enfermera me ha dicho que el Doctor ha prohibido a sus pacientes, entrar con el teléfono a la consulta. ¿Tampoco en la sala de espera? Tampoco, me ha contestado la mujer. Como había gente, me he esperado en el vestíbulo mientras consultaba mis mails . He respondido a algunos comentarios del blog y a los Whatsapps que me han ido llegando. Me han llamado del trabajo. Después, me ha llamado mi madre. He oído mi nombre. Al ir a entrar en la consulta,  la enfermera me ha detenido y ha tendido la mano: Deme su teléfono móvil.

Durante unos instantes, he hecho el gesto pero casi en la fase final de la entrega, me ha entrado un mensaje y ese Clinc! me ha vuelto loca. Se me ha nublado la vista y todo se ha puesto de color rojo. Me he aferrado al iPhone y he dicho : No. Él entra conmigo.

Del resto, no me acuerdo. He forcejeado con la enfermera. Lo sé, porque tenía un mechón de pelo rubio enganchado en los botones de mi camisa. Lo siguiente que recuerdo es a este medicucho pidiéndome mi teléfono y negándose a hacer el Informe. Convencerlo ha sido relativamente fácil…

El abrecartas estaba encima de la mesa. Era una buena foto para Pinterest. La he hecho y la he compartido. Más whatsapp.El médico estaba muy enfadado y muy obcecado en que me marchara de allí. He atendido una llamada de una amiga y después he cogido el abrecartas .

Ahora, apunta directamente a su garganta.

Mira, ya le está poniendo el sello ¿Nomofobia? Este tío está mal de la cabeza…

(…)

 

La nomofobia es el miedo irracional a dejarse el teléfono móvil. El término es una abreviatura de la expresión inglesa nomobile-phone phobia“.

nomofobia

Carísimo…

Mirar el cielo, está por las nubes…

Ya iban avisando: el cambio climático, las energías renovables que nunca llegaron…Nadie lo creyó. Por lo menos, no lo suficiente.

Y, ahora, vivimos encerrados en cavernas ultramodernas, en la profundidad. Sólo los más privilegiados pueden ir de viaje al mundo exterior…

Y ver el cielo…

Dicen que es muy, muy azul…

Sutil.

Cuando me has dicho que eligiera la puerta correcta al llegar, con esa voz tan profunda y tan seria… No sé. Me ha parecido un juego apasionante, incluso erótico.

Seguir tus instrucciones al pie de la letra, vestirme con ese vestido concreto,  ir a esa calle, entrar en ese edificio y buscar la puerta correcta…

Admito que me lo has puesto fácil.

El mono de trabajo.

Hoy ha sido un día especialmente duro. Tengo ganas de llegar a casa y sacarme la ropa de trabajo.

Cuando la cuelgo, en el perchero que hay en la entrada, siento que me libero de toda la tensión de la jornada…

El peor momento del día, sin duda, ha sido el de ese niño que iba a cruzar con el semáforo en rojo, mientras la madre , despistada,  parloteaba con una vecina…

Ha costado desviarlo. Menos mal que una mariposa azul ha venido a ayudarme…