Desavenencias Conyugales.

No puedo más. No puedo más. No puedo más.

Más.

No puedo.

Al principio, me hacían gracia sus manías. Te diré, incluso, que amaba su…peculiaridad.

Buscaba la perfección visual. Siempre.

Pon esto así, gira aquello allá, mueve eso hacia aquí…

Ahora, que ya no es el principio, no puedo más. Odio sus…peculiaridades.

Se lo iba a decir ayer. Mira, No puedo más.

Me hizo comer la pasta, moviendo el tenedor con precisión para que mis espaguetis encajaran a la perfección con la ilustración del paraguas del bol…

PEEchaya Burrou

Pero , hoy, se lo voy a decir.

Esto no lo aguanto.

¿Qué sostenga el globo, durante toda la tarde, para que el cuadro luzca perfecto en la pared? ¿Así que me tengo que quedar inmóvil, horas y horas, para que el huevo este sea perfecto?

Mira, no puedo más…

Peechaya2

 

NB : Las fotografías que me han inspirado este breve, son de la australiana Peechaya Burroughs .

 

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Texto alrededor de una foto.

Puedes elegir un lugar dónde sentarte.

Puedes dar la espalda a todo y quedarte mirando ese precioso paisaje que la naturaleza despliega ante ti.

Puedes sentarte, frente a no sabes qué y afrontarlo, mirándolo directamente a los ojos.

Puedes jugar al juego de la silla, y sentarte en una diferente, cada vez que pare la música.

Puedes cuestionar al que ha colocado las sillas contrapuestas. ¿Por qué?

O…Puedes decidir no sentarte y pasar de largo.

Volar.

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Hay momentos en los que deseo volar…Me da igual si es con un par de alas que emerjan de mi espalda (de forma indolora, claro) o con una capa como la de los súper héroes…

También podría ser, por qué sí : simplemente extendiendo los brazos y estirando el tronco y las piernas…

Hay quien lo consigue, sólo cerrando los ojos…

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La huida, por eso, debe ser por el aire. Surcando cielos azules, atravesando nubes algodonosas o guiándose por el fulgor de las estrellas. Me llevaría música…

Si pudiera volar, emprendería un viaje. Escogería un desierto, blanco, de sal. Uno de los más grandes del mundo.

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En ese desierto, después de haber llovido, la cuenca acogerá una fina capa de agua y por un tiempo, nacerá un lago superficial de aguas cristalinas que reflejará el cielo y parecerá el cielo.

Sera el mayor espejo natural que se divisará desde el espacio.

Y es que esta ruta que uno emprende, requiere de un espejo. Un lugar dónde pararse y mirarse, de verdad.

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Después, el clima árido evaporará el agua y se precipitará la sal que dará lugar a un gran desierto blanco y enorme…

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Estos son viajes que sirven para volver. El camino que se emprende tiene como único objetivo recalar, de nuevo, en el  lugar del que vienes, en el que habitas.

Y, vuelves,  sin olvidar ese espejo en el que te miraste.

Y…sin olvidar lo que viste en él.

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Fotos de Takaki Watanabe

NB : Imágenes del Salar de Uyuni en Bolivia. Es uno de los lugares más evocadores y misteriosos del planeta, el salar más grande del mundo con 12.106 kilómetros cuadrados de extensión. Esta gran concentración de sal está situada al suroeste de Bolivia, se formó por la evaporación de antiguos mares que bañaban el continente americano en épocas remotas. Está conformado por aproximadamente 11 capas de sal, cuyo espesor varía entre los 2 y 10 metros. Adicionalmente este Salar se constituye en una de las mayores reservas de litio del mundo y está situado a una altura de 3700 m.s.n.m.

 

Relatos Breves de Muchas Cosas.

Para este Sant Jordi, día de libros y flores, he hecho una recopilación de los relatos que fui publicando en este blog durante el 2017. Han aparecido varios  temas  que se han materializado al unir todo el material y al hacer este resumen me he dicho: tengo que hacer más yoga…; -)

Primero,  una fotografía del planeta en el que, en un Sant Jordi del futuro, ya no existen las rosas, se vive en bunkers, los seres humanos tienen una caducidad programada, sólo queda una patata en la tierra y el aire puro para respirar se vende en tiendas.

El siguiente bloque, retrata a extraños sujetos y profesiones raras: el banco dónde se guardan los secretos, un comerciante de palabras, un tipo que va saltando por encima de todas las cosas que se le ocurren, otro que viaja a las Antípodas con un traje de buzo espacial, la sala de los personajes no publicados,  la empresa que se lleva las críticas personales para su destrucción,  aquel que va contando las horas , esa mujer que quiere alquilar una nube, el artesano que fabrica las mejores gafas del mundo y un pincel que lo pinta todo de rosa…

Después, el tema delas flores. Se ve que fueron fuente de inspiración… Pero no en plan bonito, no: Un thriller floriográfico y un asesino… Y, finalmente los temas independientes. No se parecen el uno al otro en nada y aparecen, ahí, por arte de magia : una experiencia alienígena de gran alcance y la maldición de ser literal , literalmente.

Lo dicho, necesito algo que me equilibre un poco…

¡Feliz Sant Jordi!

RelatosBrevesdeMuchasCosas

 

NB : Imagen de  Rosapuchalt – Freepik.com

Compra impulsiva.

 

-. Ya son suyas. Tiene que dejar la habitación libre antes del mediodía. Es la hora del cierre de la subasta.

No me lo creía. Era científicamente imposible pero… mi fuente era del todo fiable. Estaban en una habitación y había muchas… Era ir a verlas y si las quería, eran mías.

Era una ocasión única. Una compra irrepetible.

¿Serían blancas? ¿Grises, negras? ¿Llenas de lluvia, de granizo? ¿Con rayos y truenos? ¿Gordotas ¿ ¿Etéreas?

Compré el lote entero.

Abrí la puerta y me dispuse a contemplar mi gran adquisición.

Una preciosidad.

Algo único, sí…pero ahora tengo un montón de nubes que no se cómo sacar de aquí…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué culpa tengo yo?

Cuando mi psiquiatra me propuso que lo hiciera, pensé que era otro de esos trucos de auto ayuda que intentaba endilgarme para tenerme unos días distraída y añadir más sesiones de psicoterapia de luxe (o sea, carísima).Pero, aunque él se esforzara en sumergirme en una terapia eterna, yo sabía que la necesitaba. Estaba por descubrir si sería de por vida o sólo por un tiempo, pero, en el hoy de mi existencia, tenía claro que estaba jodida y que sólo con “ayuda profesional” podría salir de aquello.

No era feliz. No era nada feliz. Nada de nada.

Inexplicablemente, esos que pertenecen a mi entorno me repetían constantemente que sí que lo era: “Sí eres feliz: una salud de hierro, una familia afectuosa, holgada situación económica, un amante-novio-que-puede-ser-el-hombre-con-el-que-te-cases, fantástico (y casi gemelo idéntico de George Clooney), un trabajo maravilloso, coche super, segunda residencia, posibilidad de viajes exóticos, etc,etc…”.

Todos lo veían, menos yo. Mi supuesta felicidad era un hecho evidente para el mundo exterior, pero, en el interior, la insatisfacción y la tristeza eran lo único que sabía o podía identificar. Era tanta la discrepancia entre la realidad que yo vivía y la que sentía en mi piel, que decidí visitar al eminente psiquiatra (que en paz descanse) para que me ayudara en el asunto.

No es que fuéramos personalidades compatibles. Me negué a tomar ningún tipo de medicación desde el primer instante y eso lo pilló un poco fuera de juego. Parece que ser que lo único que le interesaba a los otros pacientes, era la receta de las pastillitas mágicas así que lo que hizo conmigo fue más experimental que otra cosa. Al principio, valoré cambiar de terapeuta, pero me había costado tanto esfuerzo emocional llegar hasta ahí que preferí no cambiar de diván (que, por cierto, era cómodo, amplio y mullido.Perfecto.)

Sí, ya sé que lo hago muy largo. Intentaré hacerlo mejor.

Tras un mes de terapia intensa, mi psiquiatra determinó que yo era una persona feliz. Mi patología consistía en una “ceguera emocional”. Según él, no era capaz de apreciar las emociones. Me opuse a la teoría de inmediato: si era como una especie de piedra humana, ¿Por qué sentía melancolía? ¿No era también una emoción? Así que continuamos con el tratamiento y, tras otras cuatro semanas, el psiquiatra diagnosticó que la ceguera sólo afectaba a los buenos momentos. Para eso, no tuve respuesta: ¡Era justamente lo que me pasaba! Todo indicaba que los experimentaba, pero no los disfrutaba.

Lo siento. Iré al grano.

Entonces, fue cuando me propuso crear un “guarda -recuerdos”. El nombrecito ya me pareció cursi de narices, pero, fiel a mi terapia, me fabriqué un recipiente para conservar los momentos felices siguiendo las instrucciones del doctor. El primer día de revisión de mi “guarda-recuerdos”, es cierto que tuvimos una pelea. No es que fuera muy grave, pero si es que verdad que los dos alzamos la voz.

¿Lo qué pasó?: le planté en su mesa de despacho, el precioso bol de cristal que había comprado en un anticuario, la libretita de papel artesano y mi boli Roll de tinta líquida: “No puedo escribir mis buenos momentos! ¡No sé cuáles son! –les espeté enfadada. Yo no suelo enfadarme mucho, pero, de vez en cuando, me gusta ser un poco mala. Me recarga de energía. “Su invento no me sirve para nada”. Y con un movimiento teatral y trágico, cogí la libreta y escribí NADA y lo metí en el bol. El psiquiatra me ordenó estirarme en el diván y, también enfadado, me obligó a repasar todo lo que había hecho durante aquella semana. Paso a paso.Hora a hora. Minuto a minuto. Creo que lo hicimos gritando…

En ese tiempo, cambió mi opinión sobre aquel hombre. Había pensado de él que era un farsante y un incompetente, pero la Técnica del Guarda Momentos empezó a funcionar. Era necesario e imprescindible que yo le explicara a él y que él me lo tradujera a mí. A través de sus palabras, reeditaba aquellos momentos que él consideraba felices (según los parámetros normales) y conseguía verlos. Con toda su intensidad. Una cena, un paseo, un éxito, una llamada telefónica, un perfume… Cosas que pasaban por mi vida sin ser apenas percibidas cobraban vida y se hacían reales cuando, él las transcribía y me las explicaba. Era fantástico…

Cuando llegaba a casa, era yo la que los escribía en la libretita, arrancaba la hoja y, doblándola con cuidado, la introducía en el bol. En el salón, en una de las estanterías, estaba mi recipiente de buenos momentos y cuando sentía esa tristeza que nada conseguía curar, introducía mi mano, mis dedos elegían uno de los trozos de papel y lo leía: “Cena con las chicas en El Privado. Camarero cubano para morirse. Cotilleos y risas. María, embarazada” y entonces rememoraba ese momento, casi como si lo viviera por primera vez (hecho que técnicamente era verdad).

Me empecé a sentir mejor. Seguía ciega en lo de la felicidad, pero tenía mis fugaces momentos de visión esplendorosa cuando ponía en práctica la técnica del “Guarda-Momentos”.No sé cuándo se me ocurrió lo de utilizar a mi psiquiatra “en directo”. De verdad, no lo recuerdo. Pero sí que recuerdo lo del día de la nieve. Mi George y yo habíamos hecho el amor, delante de la chimenea, mientras los troncos crepitaban en un idílico refugio de montaña nevado. Era todo tan perfecto que tuve la necesidad de sentirlo. Así que llamé a mi terapeuta y le describí, con pelos y señales, el suceso maravilloso que acababa de vivir (y de perderme) y le pedí que lo hiciera visible para mí. Sí que recuerdo que lo hizo a regañadientes y que iba maldiciendo en voz baja. Supongo que no fue buena idea llamar a las dos de la madrugada y, encima, darle una descripción detallada de una gran actuación sexual, pero …lo mejor de todo, es que funcionó y pude acurrucarme abrazada a mi hombre, sintiéndome satisfecha y feliz por la experiencia compartida. Así que no me arrepiento.

Es cierto que, a partir de ese momento, se inició una nueva forma de terapia. Si yo intuía que me estaba pasando uno de esos sucesos felices, lo llamaba inmediatamente. ¿Cuántas veces? No sé. No creo que pueda dar una cifra concreta. Tal vez, podría entregarle mi bol y las cuenta, pero, claro, habría que restar las de antes de que empezara a llamar, ¿no?

Ya acabo, ya acabo.

Mi bol fue llenándose de experiencias maravillosas que se convirtieron en un antídoto a mi tristeza profunda. Sólo eran llamadas. Nunca me dijo que no lo hiciera, Señoría, así que no entiendo esta acusación por acoso y homicidio involuntario.

El abogado de la acusación me recrimina que lo llamé cientos de veces. Miles, tal vez. Ya sé que tiene un registro de llamadas del difunto doctor que lo demuestra y también que el infarto de miocardio se produjo en el transcurso de una de esas llamadas … y sé que me había denunciado por acoso, que había cambiado cinco veces de número de teléfono, que me tenía miedo y no me dejaba acercarme a su consulta, pero eso no me convierte en una homicida.

¿Qué culpa tengo yo de vivir tantos momentos felices?

Final dulce…

Un relato dulce de “Relatos a la Carta”

Esta es la banqueta de la abuela. Mi herencia.

Esta, no es una banqueta cualquiera. Ni siquiera la llamo banqueta. Para la abuela, era “el asiento” y así lo es para mí, también. Es curioso…Recuerdo que , en mi infancia,  era el único lugar de la casa familiar,  dónde estaba prohibido sentarse. Y, ya, de adulta, jamás me he sentado en “el asiento”. Ni lo he pensado siquiera…

La abuela afirmaba que “el asiento” estaba embrujado . Nunca profundicé demasiado . Me lo creí y punto : si no podía tocarlo, si no me dejaba acercarme…¿Para qué saber más? …Pero , ahora, me arrepiento de no haber prestado atención…

¿Cómo era la historia?…

Hablaba de una vieja puerta azul que había encontrado de paseo por el bosque. El inicio,  ya era raro….¿Una puerta? ¿En del bosque? ¿Allí, flotando?

puerta

Detallaba, la curiosidad que sintió y cómo la abrió y se adentró en otro mundo. Para una mujer, de montaña profunda, encontrarse en una playa, de aguas turquesa, le pareció algo maravilloso. Jamás había visto el mar… Explicaba que había una larga pasarela de madera, para llegar a una pequeña casita, en medio del océano. Como no tenía mucho que hacer, más que recoger un poco de manzanilla silvestre para llevársela a su madre ( mi bisabuela), decidió ir hasta la casa.

casota

Y, en su interior, estaba la banqueta… De repente, se sintió muy cansada de tan peculiar viaje y se sentó en ella…

Lo que venía a continuación, me hacía pensar que la abuela fabulaba con su banqueta y lo único que pretendía era que yo no manchara la delicada tapicería azul con mis manos pringosas de chocolate. Y es que la abuela decía que, mientras descansaba en “ el asiento”, oyó un gran estruendo. Asustada, se levantó de un salto y salió como alma que lleva el diablo pero…no sin antes coger la banqueta. Me confesó que no pudo evitarlo, que se quedó encandilada con el color , tan peculiar y diferente de los que había en la casa del pueblo.

Mientras corría, escuchó una voz atronadora que le decía:   “ Por tomar el asiento, ahora serás culo de mal asiento”.

Ese, es el embrujo. Cualquiera que se sentara ahí, quedaría incapacitado para sentarse, en una especie de “rebeldía del culo” que no sé en qué consistía y que nunca entendí pero que no te dejaba sentarte jamás… Tengo que admitir que no recuerdo ver a la abuela sentada, nunca.  Era intentarlo y decir que se le ponía el culo malo…

Ahora, tengo “el asiento” en mi casa y nadie a quien preguntar sobre esta maldición que me inquieta. Y , la verdad, no me atrevo a tomar asiento así que he decidido…probarlo…pero yo no me siento ahí, ni loca. Así que he llamado a la Patri, mi odiosa vecina, que más que culo de mal asiento es un culo inquieto. No la soporto. La he invitado a tomar un café y unos pastelitos de nata que hago de vez en cuando y que la vuelven loca. Ese , es el cebo.

Que se siente, que se siente y a ver qué pasa…

Llaman a la puerta.

Hola , Patri, querida! ¡Estás guapísima! ¿Has adelgazado , verdad? ¿O es el corte de pelo que te sienta fabuloso? Pasa, pasa y siéntate que he hecho cupcakes, de tus preferidos. Sí,Sí, ahí mismo en la banqueta azul ¿A qué es una monada? Era de mi abuela pero… Siéntate, mujer, que hace mucho que no hablamos. ¿De verdad no te has hecho nada? ¡Porque te veo fabulosa!…¿Un pastelito?

finaldulce

El increíble caso de Apola Calíope.

Lo llamaron a las siete de la mañana.

Cecilio Ceres había sido encontrado muerto en su despacho y reclamaban su presencia en el lugar del suceso.
El Profesor Cecilio Ceres era un reconocido musicólogo, famoso conferenciante internacional, e investigador de renombre. El hombre había muerto, tapándose las orejas, con un gesto de terror en el rostro. Lo habían encontrado arrodillado, delante de un diván freudiano… Nada hacía pensar que la muerte no fuera por causas naturales pero, la notoriedad del personaje y las extrañas circunstancias, habían activado el código rojo en la Brigada de Homicidios.

Seren examinó concienzudamente la escena del crimen. Su nombre completo, Serindipity García, describía a la perfección su habilidad. Era un experto en hallazgos afortunados que ayudaban a resolver los casos.Revisó todo papel que encontró, mientras su mente procesaba datos fortuitos .Fue entonces cuando un nombre se hizo evidente: Pola. Se repetía con asiduidad en las entradas de la agenda del profesor.

Oyó el click familiar en su cabeza, que le indicaba que tenía una pista y se concentró en Pola. Encontró un abultado expediente, con las transcripciones de entrevistas, fotografías de Pola, Cd’s de diferentes estilos musicales y un pequeño cuaderno en el que el profesor estaba escribiendo un ensayo : El poder de la música : aquellas canciones.

Apola Calíope ( alias Pola), 32 años. Mujer. Licenciada en Bellas Artes.

Acudió a la consulta, diciendo que había canciones que la dominaban y la obligaban a hacer cosas. El profesor, había subrayado la frase : “las canciones me poseen”. Tras derivarla a un psiquiatra amigo, la paciente volvió a visitarlo con un diagnóstico de normalidad y una efusiva recomendación de su colega para que prestara atención al caso.

El primer día de sesión ,Pola le explicó al profesor que si escuchaba Love is in the air, se enamoraba de quien ella eligiera , en sentido bidireccional. Lo hacía “conectándose” con la canción. ¿Love is in the air? A Seren le impactó aquella mujer y su extraña locura e, incluso, sintió compasión por la muchacha de ojos castaños y tristes pero… la investigación de Celestino Ceres y sus primeras conclusiones le dejaron estupefacto: el profesor explicaba detalladamente los factores neurológicos que podían favorecer esa extraña transmisión de energía y describía varias pruebas empíricas en las que Pola, con Love is in the air, consiguió actuar de Cupido de forma dirigida. La comprobación de más de 25 enamoramientos intencionados, confirmaron que Pola era especial.

El problema, según consignaba el erudito, residía en que Pola no sabía que canciones la poseían, cuales activaban sus poderes especiales y, tampoco, en qué consistían esos poderes. Love is in the air, había sido un hallazgo fortuito y sólo se había producido otra posesión con You are the sunshine of my life , canción que hacía que Pola brillara y repartiera luz. El profesor describía profusamente el “estado de paz” que se sentía si se estaba cerca de Pola cuando irradiaba la luz… En este punto de la lectura, Seren ya empezaba a sospechar que el eminente Profesor Celestino Ceres estaba tan loco como la tal Pola. ¿Qué una canción te posee ¿ ¿Qué tontería era esa?
¿Amor?, ¿Luz?, ¿Paz?…

Estuvo a punto de abandonar el expediente pero la curiosidad pudo con él y se llevó toda la documentación a su casa para continuar con la investigación.El profesor , con una fe absoluta hacia Pola, ideó un sistema para identificar las canciones que funcionaban y las que no. Durante meses, escucharon canciones.Miles, millones de canciones.

No hicieron grandes avances y sólo consiguieron identificar que con Think de Aretha Franklin, Pola podía desparecer si conectaba justo en el momento en el que la canción atacaba el estribillo del Freedom. ¿Desaparecer? Locura musical. Muy locos los dos, paciente y terapeuta…

Se hizo de día y se preparó para asistir a la reunión de la Brigada, cuando sintió el click serendípico : “Rolling Stones”. En la última entrada del ensayo del profesor describía una sesión con canciones del grupo para la siguiente sesión con Pola. No había fecha consignada y no sabía si se había producido, pero pensó en comprobar unos detalles…Pasó por la consulta del profesor y pidió la cinta de vídeo de seguridad del edificio. Después, entró en la sala donde se hacían las sesiones y miró el anticuado reproductor de CD’s. La funda que había sobre el aparato, era de uno de los trabajos de los Rolling : Let it Bleed. La pista en la que se había parado era la número 7, por lo que supuso que era la número 6 la última canción que habían escuchado entera. Miró la carátula del CD y apuntó el título: Midnight Rambler.

Ya en su despacho, visionó la cinta y vio la figura de Pola adentrándose en el ascensor. La hora de entrada de la mujer y la supuesta hora de la muerte del profesor parecían coincidir. Tecleó en su ordenador el título de la canción de los Rolling y descubrió que explicaba la historia de un asesino, el estrangulador de Boston…Y entonces… casi pudo ver a Pola, estirándose en el diván y colocándose los auriculares. Al profesor pasando las canciones, con el mando a distancia, mientras ella negaba con la cabeza y, finalmente, el cambio en la rigidez de su cuerpo cuando Midnight Rambler empezó a sonar, la mirada brillante y febril, aquella extraña sonrisa en la cara de Pola… El profesor Cecilio Ceres, muriéndose mientras la canción le iba taladrando el cerebro y a Pola la poseía la canción y la conectaba con la muerte.

La culpable era ella. Se lo decía el click.

La detención fue rápida y limpia. Interrogó a Pola para saber cómo había asesinado al profesor, pero la chica se limitó a decirle que las canciones la poseían y que ella no sabía ni qué canción lo haría ni que es lo que pasaría si encontraban una con la que conectara. Lloró por el profesor y confesó que había sido ella la culpable de su muerte. Le pidió que la ayudara, le rogó que buscara a alguien que pudiera solucionar su problema pero Seren, tras obtener la confesión le dijo que intentaría interceder para que la internaran en un centro psiquiátrico. Fue ese el momento en que Pola pareció rehacerse . Dejó de llorar y su mirada se endureció y le preguntó, directamente, si Seren la creía. Y , él, incapaz de mentir ante el escrutinio de esos ojos , le dijo la verdad : Pola, creo que no estás bien. Las canciones no pueden poseerte. Necesitas ayuda.

Fue la última vez que vio a Pola.

Tras acabar el informe y el papeleo, Seren se dirigía hacia los calabozos para hablar con ella antes de ser llevada ante el juez , cuando oyó a uno de los Agentes comentar que “había dejado que la chica de los ojos marrones se quedará el iPod”. Click.

¿Pola con acceso a las canciones?

Corrió hacia la celda.

El iPod estaba en el suelo y allí no había nadie.

Nadie.

Tembló al recoger el reproductor de mp3 y se estremeció al ponerse los auriculares: la potente voz de Aretha Franklin cantando Think, reverberó en sus oídos.

Freedom.

Street Art (relatado).

Street-Art de Pejac (en París)

Cada vez hacía más calor. Se oían truenos.

Se asemejaban a unas carcajadas infantiles, distorsionadas y a un volumen que reventaba los tímpanos….

Estábamos desconcertados.

Corríamos, corríamos, corríamos…Huyendo del haz de fuego que aparecía de repente.

Desesperados.

Elegía a uno de nosotros y lo carbonizaba…

Seguimos huyendo pero, por poco tiempo …

Se nos acaba la pared…

 

Desamor.

Lo descubrí por casualidad en el Rastro de Madrid. Lo que no se encuentra allí, no se encuentra en ningún sitio. Incluso lo mágico…

Me pareció un calendario sofisticado y muy original hasta que me di cuenta que destruía los días pasados. Cuando pasaban por el triturador de papel, desaparecían del espacio-tiempo…Todo lo que había hecho ese día, las decisiones que había tomado, el trabajo realizado…Todo, todo, desaparecía sin más.

Cada día era nuevo. Totalmente.

Y entonces se me ocurrió aquella idea.

Bendita idea.

Nos casamos un 7 de febrero. De 1975…Fabriqué una hoja a la medida del calendario y escribí aquella fecha…