Entra.

Esto es de mi época de RotuTerapia. Estaba poseída por los rotuladores…

R3

(I)

Te camela con lo de la Terapia de Color. Te dice que esos rotuladores son inofensivos…Que te transportaran…

-Pinta, pinta. Colorea,…Dibuja lo que tú quieras…-Lo va repitiendo, de forma pausada con esa voz profunda que te induce a pintar, a colorear, a dibujar …-Pinta, pinta…

Te relajas.

Y dibujas. Y te sale un laberinto, lleno de círculos concéntricos…Y, ella, sigue repitiendo-Pinta, colorea…

R16

Y llega el momento y te transporta. Estás enfrascado. Sacando la lengua en un gesto de máxima concentración, con los codos apoyados en la mesa, la mano firme y el rotulador, húmedo, empapándolo todo de color.

Pinta, colorea,…Entra.-dice la extraña terapeuta -…entra.

¿Entra?

El cambio en el mantra te saca de tu ensimismamiento. ¿No era “Pinta, Colorea”?¿Por qué ha dicho “Entra”?…

R4

(II)

Todo es de un extraño color verde.

Hay pequeñas franjas de un color morado oscuro que me llevan hacia unos círculos concéntricos de muchos tonos. Me giro a la izquierda y veo más de esas franjas y de esos círculosy más allá, un desierto blanco. Me giro a la derecha y… lo mismo…

¿Dónde estoy?

Camino unos pasos, y me acerco a uno de los bordes. ¿Borde?

R9

A lo lejos, me parece divisar una indicación. Esto, debe ser un sueño. – reflexiono-Estaba yo, dibujando y pintando y me habré dormido y…¿Qué es eso?

R13

Entonces, reconozco los colores y las formas. “Pinta, colorea, dibuja lo que quieras”.

Estoy en mi cuadro…Quiero salir. Lo recorro , de arriba a abajo. Me paseo por todos los círculos. Sigo las franjas moradas. Me cuelgo del borde. Nada.

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Alzo la vista y la veo sonreír. No es terapeuta. Es una bruja … Una bruja mala y me ha encerrado en este cuadro. Noto que me mueve, me desplazo a trompicones de un lado a otro hasta que me vuelve a colocar en posición vertical. Entonces, me atrevo a mirar a mi alrededor. Veo los otros cuadros y… a los otros prisioneros. Un chico, sentado a la orilla de un río en un encantador paisaje campestre; una mujer en la puerta de una casa muy bonita, al lado de un árbol lleno de manzanas ;una joven sentada en una nube, en un cielo de un azul precioso…

La bruja,  se ríe.

Me pregunto por qué no presté más atención en mis clases de dibujo…Estoy encerrada , en una red de círculo concéntricos …

Además, este color verde que elegí, me empieza a molestar…

Es para irse.

flushh

Hoy, al llegar a casa, me he llevado un susto tremendo.

¡He encontrado un extraterrestre en mi jardín! ¡Sí! Un alienígena de los típicos: de color verde con su antenita y tres ojos.

He gritado tanto y tan fuerte que el que se ha acojonado ha sido él. Mientras yo desplegaba todo el repertorio de gritos de cuando estoy histérica ( desde uh, uy, ay, hasta madre-del-amor-hermoso), él extraterrestre se ha ido replegando en sí mismo, hasta formar una bola compacta de color verde… En esta fase, me he quedado muda de golpe. He oído un sonido electrónico como deslizante y de lo alto de la bola, ha emergido un palo verde con una banderita blanca.

Cuando he decodificado correctamente el mensaje – cuando estoy gritando eso de madre-del-amor-hermoso mis neuronas parecen desconectarse-me he calmado y me he acercado a la bola . Nos hemos observado, la bola y yo, mutuamente. Tras unos tensos minutos, la cosa esa se ha descompactado y ha vuelto a aparecer el típico alienígena de antes.

Me he armado de valor y le he preguntado también lo típico: qué quería y de dónde venía. También tenía preparada la siguiente  pregunta ¿Había otros como él colonizando la tierra sin que lo supiéramos? pero no me ha dado tiempo de formularla.

El extraterrestre me ha explicado que quería irse pitando de aquí. No he entendido el nombre del planeta del que venía. Me es imposible reproducirlo fonéticamente pero sonaba como Flushhhh.  Como en las pelis de extraterrestres, nos entendíamos telepáticamente, sin necesidad de conocer los respectivos idiomas, cosa que debo decir que es la mar de cómoda.

Esta cosilla verde, se vio expulsado de su nave por un error técnico, atravesó la estratosfera y cayó en la tierra. Es decir “tierra” y ver como su piel verde se cubre de sudor : “Sé que este planeta está gobernado por seres humanos incapaces e irresponsables. Según el manual, es urgente salir de aquí.”

Se vuelve a convertir en una bola. Cambia de color varias veces y, al final, emerge de nuevo. Me parece que brilla más.

Eres un ser humano comprensivo. No has intentado hacerme daño y me has dejado reiniciarme sin que te importen las consecuencias– Sigo su mirada y veo el gran boquete, tamaño bola,  que tiene mi precioso rectángulo de hierba – es por eso que , puedo ofrecerte asilo planetario. Consideramos que es causa humanitaria vivir en este lugar,  así que te ofrezco venir conmigo a…Flushhh.

Le digo que no, que gracias. Muy agradecida, de verdad pero estoy segura que no conseguiré teletransportarme tan ricamente. Hay algo en eso de la reorganización molecular que sé que falla. Lo he visto en Star Treck.

No se espera demasiado. Me vuelve a dar las gracias, se vuelve a convertir en bola, esta vez plateada, y sale disparado a propulsión, hacia el infinito y más allá.

Entro en casa, confundida. Durante la tarde, tengo que salir al jardín un par de veces para ver el boquete que hay en la hierba. Es una prueba de lo que aquí ha ocurrido… Enciendo la televisión- ¿Alguien más habrá visto al alienígena, no?-y están dando las noticias.

Veo el informativo, completo, esperando que digan algo del extraterrestre , pero a medida que van desgranando la actualidad me doy cuenta del terrible error que he cometido.

Tenía que haberme ido a Flushhh con ese típico alienígena verde…

 

 

Las luces.

Las luces aparecieron, de repente, esparcidas por toda la ciudad. Nadie sabía quién las había puesto allí, ni cómo se alimentaban de energía.Cada noche se encendían.Unas veces, funcionaban todas las bombillas. Otras, había unas apagadas o bien, titilando, apunto de apagarse.

Al cabo de dos días, tanto las ciudades más grandes como las aldeas más pequeñas del planeta, tenían sus círculos de luces.

Y cada noche, se encendían…

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Un mes después, los científicos creyeron descifrar su código: cada luz, representaba a una persona que habitaba en aquella área. También se supo el significado de las que se apagaban o funcionaban con menos intensidad… Eran censos lumínicos del estado de bienestar de nuestro entorno, de nuestro vecindario, de nuestra comunidad.

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Ya nos hemos acostumbrado a ellas. Y cando vemos alguna apagada o en modo intermitente, nos ponemos en contacto ,por medio de una App, para saber quién lo está pasando mal e intentar ayudar. Cuando todas las luces están encendidas todos nos sentimos mejor.

Han pasado cinco años y seguimos sin saber quién las puso, ni si las sacarán algún día. Hay quien lo ha intentado, pero es imposible: la noche siguiente vuelven a aparecer. Los que más filosofan sobre su sentido, sostienen que es un mensaje: Estaremos bien cuando todos estén bien.

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Yo me asomo cada noche a mi ventana y miro el círculo. Me alegra ver que todas sus luces están encendidas.

Me alegra saber que estamos bien…

 

Corazón de madera.

Me voy encontrando corazones por el suelo.

Cada vez, hay más.

Hay que ir con mucho cuidado, no vayas a pisarlos.

Hay corazones rotos y otros, contentos. Enfermos, enamorados, solos, felices, grandes y pequeños. Incluso, hay corazones negros.

Lo que nunca había visto era un corazón de madera. O de tronco. O de árbol. O de vida…No sé cómo llamarlo…

Casi me hace tropezar…Me lo he encontrado, a mis pies y le he hecho una foto.

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Ya pueden cortar el árbol que él sigue enraizado.Presente.

Es un corazón de madera , tozudo, unido a la tierra.

Ideas.

No se sabe quién desarrolló este invento prodigioso, pero invadió el planeta.

Un artefacto inteligente, capaz de modificar la munición de cualquier arma de fuego. De todas.

La primera batalla que se libró con las nuevas armas fue histórica y cambió el mundo.

Jamás, nadie, había disparado ideas…

Un mar.

Nadie sabía quién era aquella mujer que aparecía en la puerta de la Iglesia justo cuando tiraban el arroz a los novios. Siempre parapetada bajo un gran pamela blanca y con un gran bolso en la mano del que emergían pañuelos de lino, se acercaba a la madre de la novia o a la abuela o…cualquiera que estuviera llorando en ese momento.Se acercaba suavemente, deslizándose desde sus tacones , sin dejar ver su rostro, tomaba un pañuelo y enjugaba las lágrimas de aquél o aquella que estuvieran en ese trance.

Después, disimuladamente, guardaba el pañuelo en el bolso. Lo hacía con un movimiento estudiado, depositando su botín en unos frasquitos de cristal con una tapa hermética que había en el interior.

Hacía unos años, que había ampliado su ruta a las puertas de los Juzgados. Había descubierto que las bodas civiles también tenían los momentos de lágrima que a ella le interesaban. Las maternidades, también,  pero era más difícil pasar desapercibida con su bolso lleno de pañuelos…

Aquella mañana, la excursión de aprovisionamiento de lágrimas, había sido provechosa. Las bodas que había elegido, según la ruta programada, habían sido de las muy lloronas. Los pañuelos, estaban empapadísimos…

Cuando llegó a su casa, se dirigió directamente al laboratorio. Ni siquiera se sacó la pamela y se dio un susto de muerte cuando se vio reflejada en la tapa del centrifugador ultrasónico.

Nadie dijo que sería fácil conseguir un litro y menos, trabajando de incógnito pero…ya casi lo tenía. Examino la botella que contenía el destilado de lágrimas de bienestar. Le hubiese gustado llamarlas “ de la felicidad” pero de esas, de las puras , quedaban muy pocas y eran difíciles de conseguir. Las lágrimas de bienestar también servían a sus propósitos. Concentraban el justo estallido de amor en el pecho, el brinco equilibrado del corazón, la inclinación por el abrazo, una alegría dosificada y, sobre todo, una sensación poderosa de bienestar. Había mezclado todo eso con las lágrimas de risa, que había conseguido colándose el los banquetes aunque eso, en los tiempos actuales, cada vez era más difícil…

Los efectos del destilado eran sorprendentes. Sólo era necesario evaporar una minúscula fracción, menor que lo que es nano, para conseguir que el bienestar, se propagara con rapidez. Ese “Bien Estar” era un estado mental en el que la serenidad y el optimismo se mezclaban con precisión. Activaba lo mejor de  cada ser humano y lo potenciaba…

Se sacó la pamela y la colgó con el resto. Decidió que para la próxima ruta, se pondría la de color azul celeste…

El centrifugador ultrasónico emitió un zumbido. Vio como unas gotas de un líquido transparente y sedoso, atravesaban el alambique y caían en la botella.

Ya casi tenía su litro y debía contactar con la organización para poder entregarlo. Repartidos por todo el mundo, miles de colaboradores recolectaban lágrimas de bienestar. No habían querido que las grandes corporaciones de poder se apropiaran de la patente y dejaran a la humanidad sin el elixir mágico. Lo contagiarían a la población y el efecto tendría un crecimiento exponencial… Conseguiríamos salir de esta…

Hacía años que estaban recolectando y, pronto, conseguirían su objetivo.

Faltaba poco. Apenas unos cien millones de kilómetros cúbicos y ya estaría…

Tendrían un mar.

 

 

La Carrera.

 

lacarrera

La carrera.

No es fácil conseguir una plaza para participar el La Carrera. No sólo tienes que estar en perfecta forma física y superar los exhaustivos reconocimientos médicos también tienes que conocer a alguien dentro de “la organización” que te permita el acceso.

Unas 500 personas van a presenciar La Carrera. Son las  personas más ricas del mundo y sus familiares. Cada año, desde el 2050 en que se celebra este evento deportivo, se inscriben más de 1.000 millones de personas de todas las nacionalidades del planeta.

Me sitúo en la zona de salida y miro a mis contrincantes: hombres y mujeres de todos los países. Nadie sonríe…

Estoy nervioso. Por megafonía se anuncia el tiempo de descuento. 3,2,1…A correr. Me cuesta situarme en el grupo de los diez primeros, pero llevo más de tres años entrenando para el día de hoy. Lo puedo conseguir.

Voy sorteando, con dificultad, los cuerpos sin vida que van convirtiendo la carrera en una carrera de obstáculos. Lo único importante era ser muy veloz y ágil. Los participantes esgrimen machetes, navajas, pistolas, ácido, cuerdas, piedras, sierras… Todo vale para llegar a la meta. Todo.

Casi tropiezo con un hombre al que se le están saliendo los intestinos. ¡Cuidado! Puedo resbalar…Uf ¡Ha ido de poco! Ya he avanzado hasta la quinta posición. Estoy viendo el final.

Mis pulmones están a punto de estallar pero creo que lo voy a conseguir. Algo me salpica en la cara. Es sangre. Han disparado a alguien en el grupo que viene por detrás… Estoy llegando. ¡Dios! ¡Creo que lo he conseguido!

El sudor me nubla la vista. Las piernas me flaquean. Esquivo el último cadáver y cruzo la línea de meta. Sano y salvo. No me lo puedo creer.

Oigo los aplausos enfebrecidos del público. Veo a mi mujer, llorando de emoción. He ganado una vivienda preciosa en la urbanización “La Carrera” y un trabajo digno para mantener a mi familia de por vida.

Soy el hombre más feliz de este mundo.

 

¿Con cuál te quedas?

 

2045.

Opción 1.

Gran elección Sr. 2037. Una buena añada para esta Bodega. Es de las pocas que quedan totalmente limpias. Si le parece, le pasamos el contador.

Gracias. Estoy seguro de que es un vino excelente y limpio, por supuesto, pero si me lo permite, utilizaré mi contador. No es que desconfíe pero sé que el mío está perfectamente calibrado.

No hay inconveniente .Si lo desea, también le puedo traer el rodaballo que ha elegido para su cena y mira los valores.

Perfecto.

Eusebio Florindez está en su restaurante preferido. Espera que el vino le borré el olor a desinfectante que se le ha adherido a la pituitaria, tras pasar la zona de descontaminación del local. En la sala previa, se ha quedado su mono de aislamiento y la máscara adicional que siempre lleva consigo.

Ha elegido rodaballo porque aunque le digan que esas terneras de seis patas y cinco ojos, están limpias de radioactividad, él nos la tiene todas consigo.

Cuando le traen la botella de vino y el pescado, saca su contador Geiger con parsimonia.

 

2045

Opción 2.

– Gran elección Sr. 2037. Una buena añada para esta Bodega. Utilizan abonos orgánicos y la producción mecánica se realiza con energías renovables.

Gracias. Estoy seguro de que es un vino excelente.

Perfecto para acompañar al rodaballo que ha elegido para su cena. Su sabor es insuperable. Desde que no hay vertidos de hidrocarburos en el mar, ni plásticos, ni mercurio, ni tóxicos, ni contaminación , hemos recuperado una calidad excelente en el pescado.

Estoy deseando saborearlo.

Eusebio Florindez está en su restaurante preferido. Está celebrando su pronta recuperación gracias a la nanotecnología médica y espera que el vino le haga olvidar los momentos de incertidumbre y angustia. Ha dejado su bicicleta en la puerta. Tiene previsto dar un largo paseo por la ciudad para disfrutar de sus avenidas verdes, el cielo azul sin monóxido de carbono en el ambiente y el canto de los pájaros… Es pronto para las flores pero ya se huele la primavera…

Cuando le traen la botella de vino y el pescado piensa en brindar por su salud pero, al final, decide que lo hará por la erradicación definitiva de la pobreza infantil. Es una buena noticia que celebrar. La más importante desde que cesaron las guerras en el planeta.

Si te digo que elijas el más plausible, ¿Con cuál te quedas?

Si te digo que elijas el que deseas , ¿Con cuál te quedas?

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Este es el séptimo ejercicio del Curso .

Debes escribir un relato de un máximo de 600 palabras que termine con la siguiente frase:

Y se murió.

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-. Recibimos un listado con el número de serie. No hay un criterio definido. Los números se generan de forma aleatoria con un sistema de algoritmos que nadie conoce.

-. ¿Y quién creo ese algoritmo?

-. Yo no sé quién o qué lo creó. Yo inserto el número de serie en el óvulo fecundado. Nada más.

-. Una última pregunta, por favor. Yo tengo 40 años, ¿me puede decir cuál es mi número de serie?

-. Está totalmente prohibido. Me juego este puesto de trabajo en el que estoy integrado desde la eternidad y sin derecho a ninguna compensación si me despiden.

Se oyó un chasquido. La imagen de aquella silueta negra, que parecía un hombre, desapareció de la pantalla.

Silvia cerró los ojos. Había visto aquella grabación más de mil veces. Estaba agotada. Cuando empezó su investigación sobre la Obsolescencia Programada, no pensó que llegaría tan lejos. Desde el principio, se había mostrado incrédula y su objetivo prioritario era desmontar aquel rumor mundial que circulaba por la red: los seres humanos ya vienen programados con una fecha de defunción.

La creación de aparatos con fecha de caducidad programada era un hecho constatado, pero… ¿En seres humanos? Eso era imposible…

Pensó en Alex. Cuando le conoció, algo profundo despertó en ella y se enamoró de él.  Sabía que era un error involucrarse emocionalmente con una de sus fuentes directas y más fiables, pero fue incapaz de controlar sus emociones.

Silvia había contactado con él, ya que era una de las personas que más ruido mediático estaba haciendo con el tema de la “Obsolescencia Programada” en seres humanos. Tras detectarle una lesión cerebral, Alex tuvo que realizarse unas pruebas en una máquina de resonancia magnética de última generación de “Disgregación molecular”. Cuando le dieron el alta médica, repasó todas las piezas del informe del neurólogo y, en una de las disgregaciones moleculares, pudo ver un número de serie insertado en el esfenoides.

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La imagen era difusa y desapareció con el tiempo, pero él memorizó la cifra. Después, tirando del hilo, llegó a la Deep Web y, de ahí, a la entrevista con el holograma con apariencia humana que ella acababa de visionar una vez más.

Según los médicos, Alex sufría delirio paranoide producido por su lesión. Su única misión, era averiguar quién o qué creaba esos hipotéticos algoritmos para poder modificar el suyo y salvar su vida. Era una locura.

La secuencia de números indicaba una fecha y una hora: 31 de julio de 2019 a las 19:55.

Si sobrepasaba aquella fecha, Alex podía tener una opción de curación. La Silvia más racional, se autoconvencía que así sería, pero… la que estaba enamorada de Álex, no podía evitar sentir miedo.

Miró su reloj y decidió que ya era hora de volver a casa.

Era el día que marcaba aquella extraña cifra. Alex le había insistido que fuera a trabajar y continuara investigando hasta el último minuto. Él también lo haría.

Cuando abrió la puerta, tuvo una extraña sensación. Alex estaba sentado en el sofá, con una copa en las manos. Había otra esperándola en la mesa.

-. No hemos llegado a tiempo. Hoy es 31 de julio del 2019 y son las 17:00. Me quedan dos hora y cincuenta y cinco minutos. Aprovechémoslas.

Silvia le dijo, como hacía siempre, que no iba a pasar nada a las 19:55. Lo abrazó y le hizo el amor con urgencia, fusionándose, sin querer, con la atmósfera de despedida. Después, más relajados, brindaron y saborearon el vino que guardaban para una ocasión especial.

Alex había activado el cronómetro de su teléfono.

Silvia no podía dejar de mirarlo, angustiada.

Él le cogió la mano.

19:55.

El teléfono empezó a emitir aquel terrible sonido de alarma.

Álex sonrió.

Y se murió.

 

 

Los cicatrices.

Este es el ejercicio nº 6 del Taller. Consiste en escribir un relato en el que debe aparecer este extracto de”Valentía” de Richard Bausch.

«Cuando se hubieron marchado él volvió al dormitorio. Eva se había acostado en la cama. Él se sentó al otro lado, dándole la espalda. De pronto se sentía muy cansado y mareado.

¿Quieres contarme qué ha pasado? dijo ella.

¿Acaso te importa lo más mínimo? dijo él.

Gabriel, ya sabías que esto iba a pasar…

Él se puso en pie y se quitó la camisa. Notaba las quemaduras en los brazos. Le dolía todo. Entró en el baño y se lavó la cara. Luego se cepilló los dientes. En el dormitorio, Eva parecía muy quieta. Él apartó las mantas de su lado de la cama».

 

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Los cicatrices.

Eva se despidió y subió al dormitorio. Él la observó ascender las escaleras, indiferente, con un aire majestuoso, sin mirar atrás, sabiendo que era el fin.

Más de diez personas, ocupaban el salón de la casa. El orden que imperaba en aquel hogar se había visto alterado por la presencia humana y por el ruido.  Nada de eso interesaba a Eva. Es más, todo eso era lo que odiaba Eva. Para él, suponía todo lo contrario. La gente y la música formaban parte de su ser, de una forma profunda, imposible de aplacar. Había intentado cambiar por ella. Trabajo, estilo de vida, incluso su forma de vestir, pero a ella no le parecía suficiente. Los años de dosis acumuladas de formalidad lo habían llevado a un punto de saturación máxima. Sentía un impulso salvaje a punto de salir a la superficie.

Eva había estado seria durante toda la velada. La realidad de cada personalidad caía bajo su propio peso. Parecía contenerse para no colocar bien los cojines del sofá, llevar posa vasos para las latas de cervezas y vaciar los ceniceros humeantes. Había conseguido mantenerse inalterable, hasta que explicaron, detalladamente, en qué consistía el rito de iniciación. Su reacción de desagrado fue la única emoción visible en su rostro. Después, la mirada que dirigió a Gabriel había respondido a todas las preguntas. Ella, no quería que se uniera al grupo.  Y él, se había propuesto con toda su alma, rechazar aquella oferta y seguir con su vida tranquila con Eva.

A la hora acordada, aparecieron todos, preparados con todos los instrumentos y empezó a sonar la música.

No pudo pararlo. No quiso pararlo.

Cuando se hubieron marchado él volvió al dormitorio. Eva se había acostado en la cama. Él se sentó al otro lado, dándole la espalda. De pronto se sentía muy cansado y mareado.

― ¿Quieres contarme qué ha pasado? ―dijo ella.

― ¿Acaso te importa lo más mínimo? ―dijo él.

―Gabriel, ya sabías que esto iba a pasar…

Él se puso en pie y se quitó la camisa. Notaba las quemaduras en los brazos. Le dolía todo. Entró en el baño y se lavó la cara. Luego se cepilló los dientes. En el dormitorio, Eva parecía muy quieta. Él apartó las mantas de su lado de la cama.

— ¿Lo has hecho? – preguntó ella. Seguía inmóvil, pero se oía su respiración, más agitada de lo habitual.

Él se estiró a su lado e intentó acercar la manta, evitando el más mínimo roce con sus brazos quemados. El rito de iniciación había sido brutal: el juramento, la escarificación, la celebración. Demasiada música, demasiado hierba, demasiado alcohol.

–Si, Eva, lo he hecho. Soy del grupo. Sé que te da igual, que no quieres compartir esta locura, pero a mí me hace feliz.

–Te importa más la música que yo-susurró ella.

Él no le respondió. En silencio, extendió sus brazos cuidadosamente, y miró las marcas, hechas con un hierro candente, como los que se utilizan para marcar las vacas o las ovejas. En el brazo derecho, las baquetas de su batería. En el izquierdo, sólo dos palabras: Los Cicatrices.

Sí, Los Cicatrices, la banda de rock más famosa del país. Todos sus miembros llevaban un branding del instrumento y el nombre del grupo. Sus marcas decían que, ahora, él era el nuevo batería y …que había perdido a Eva. Todo en una misma noche.

-Quiero el divorcio, Gabriel-dijo ella.

-Yo quiero Rock and Roll-dijo él.

 

 

Los Otros Ejercicios :

1) Libertad

2) El Asimétrico Supremo

3) Hope

4) El viejo Santpere

5) El faro