Enorme Feliz Navidad!

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Me encanta el trabajo de la ilustradora Agustina Guerrero.

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Me gusta mucho el humor gráfico y, creo, que con “La Volátil”, Agustina ha conseguido un gran (y enorme) personaje.

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El diseño de la felicitación navideña de la artista para fnac, ha sido una de las que más me ha gustado.

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Felices fiestas a todos (y por supuesto, ¡enormes!)

Odio la Navidad.

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Odio la Navidad.

Cuando lo digo, la gente me mira con cara rara. ¿Cómo no puede gustarte la Navidad, hombre?. Es un tiempo de amor y de paz, de regalos, de comilonas, de encuentros familiares… Y ya pueden venderme la idea más romántica y preciosa de la Navidad que , a mí, no me afecta. Sigue sin gustarme.

La odio. Profundamente.

Lo del amor y la paz me produce escalofríos. Es como si el ser humano estuviera programado para amar y estar en paz y armonía esos días del año. Específicamente, esos. El resto del año tiene como una especie de carta blanca para ser anodino (ni bueno , ni malo) o un verdadero hijo de puta. Perdonad que sea tan grosero pero no sé cómo expresarlo con la contundencia que requiere. Cuando estoy concentrado , poniendo las luces, suelo crear historias de ciencia ficción que me ayuden a superar el frío y el tedio. Siempre me imagino que los extraterrestres que nos controlan ( eso ya os lo explicaré otro día), nos han insertado una especie de temporizador con una serie de botoncitos. Se divierten jugando con nosotros y, en Navidad, nos colocan en el mode Xmas, para que se activen esas características navideñas del amor y la solidaridad.

El que me decía eso de la paz y amor tiene a su madre internada en una residencia de ancianos a la que no va nunca. Eso sí, en Navidad come con ella.

Yo soy un tipo normal . Amo cada día del año a mi esposa y mi hijo y soy un ser pacífico.

Y, odio la Navidad.

A mí, las Navidades, lo que hacen es robarme el tiempo que le regalo, cada día, a mi hijo. Me hacen ir a controlar que todo está en orden y no puedo cumplir mi horario habitual.

Mi hijo es un precioso niño, gordito y sonrosado , que viene de tierras heladas. Hasta los seis años vivió en un centro de adopción y, durante todo ese tiempo, no recibió muestras de afecto ni pudo jugar.

Mi hijo no había jugado jamás.

Así que, desde que vive en nuestro hogar que ahora es el suyo, le dedico un tiempo sagrado por la tarde, antes de bañarlo y acostarlo, para jugar a aquello que más le apetezca.No le interesan los juguetes, lo que le gusta es fabricar castillos con cajas de zapatos e imaginar aventuras con los desgastados muñecos de plástico que le regalamos en su primer cumpleaños con nosotros y de los que no se ha desprendido en estos tres de convivencia. Así que lo único que me trae la maldita Navidad es alterar mi ritual sagrado del juego. Mi regalo diario a mi hijo.

¿Cómo no voy a odiar la Navidad? Me paso todo el día arriba y abajo con el elevador… Luces van, luces vienen…

Odio la Navidad. Y aún más desde el apagón del 2018.

Demasiadas Cumbres Internacionales sobre el cambio climático y poco trabajo efectivo para corregir nuestros excesos. Tras la crisis mundial que se inició en el 2009, llegaron los tiempos difíciles. Cuando en el 2016 por fin se vio la luz, se inició una etapa de nueva euforia consumista. Al mismo tiempo, el invierno empezó a ser más extremo y lo mismo pasó con el verano.

En Diciembre del 2018, todas las ciudades del mundo se engalanaron con millones de luces navideñas. Aunque eran portentos del bajo consumo, la tierra superpoblada, se llenó de bombillas de colores que anunciaban la alegría de los buenos tiempos que se avecinaban. Las temperaturas bajo cero hicieron que la población mundial pusiera en marcha sus aparatos de calefacción mientras la otra mitad de ese mundo, sofocado por el calor tropical, hacía lo propio con los de aire acondicionado.

No se sabe por qué, todo ocurrió en el mismo segundo pero lo único que se recuerda es aquel gran puuuufffffff y, después, la oscuridad total.

La tierra se apagó completamente. Era la Navidad del 2018.

A partir de ese momento, mi trabajo en el Departamento de Mantenimiento del Ayuntamiento de Barcelona, sufrió un cambio radical durante la época navideña. Las ciudades tuvieron que racionar el consumo de luz y, a la vez, requerían de la iluminación navideña que motivara a los ciudadanos a salir a la calle, a comprar y a animarse. Eso de vivir en la penumbra, nos convirtió en seres malhumorados y ariscos. Si antes me ocupaba de colocar los sesenta kilómetros de iluminación navideña en las 305 calles escogidas por el alcalde y, tras ese faenón, dejar que el susodicho apretara el botón del encendido ahora… Ahora , debíamos acudir diariamente a las 305 calles y encender los sesenta kilómetros de velas que iluminaban la ciudad. Eran velas especiales que duraban todo el mes y que debíamos encender y apagar en ciclos de veinticuatro horas.

Vuelta a las velas. Vuelta al encendido y apagado manual.

Odio la Navidad.

Y odio tener que irme a las 24:00 en el camión del Ayuntamiento para recorrer Barcelona, soplando las velas . Una a una.

Yo soy el tipo que las enciende y las apaga cada día. ¿Lo entiendes? ¿Entiendes por qué odio la Navidad?.

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Making Of : Este texto lo colgué en el 2009 y en el 2013. La idea original me la inspiró  : 1) la de gente que odia la Navidad, 2) la noticia del alumbrado navideño en Barcelona y 3) las noticias sobre el cambio climático que llegaban de Cancún (2009).  En mi imaginación, faltaban nueve años para el gran apagón mundial. Ahora, a punto de entrar en el 2017 y con el acuerdo firmado en la Cumbre de París en junio de este año, casi una década despues, veo que sigue siendo un texto vigente. Espero que , algún día, tenga tan poco sentido que no lo quiera volver a publicar. Mientras tanto, hay que ir aprovisionando velas y cerillas…

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Ya avisaréis.

Ya avisaréis

Voy a huir del país. Me he puesto estas gafas rojas para viajar de incógnito y poder esconderme en algún lugar seguro hasta que ese psicópata vuelva a estar fuera de juego.

Sí, ya sé que soy un juguete, un peluche, un muñeco, pero eso no justifica que una vez al año, me aceche el tarado ese, vestido de rojo.

La amenaza es escalofriante: te secuestran y te llevan a Laponia, te meten en una caja y te envuelven con papel de regalo. La mafia la dirige un tipo gordo (según la OMS ya podríamos decir que es obeso), que se viste de rojo y no para de repetir Ho,Ho,Ho.

Terrorífico.

Mientras luchas contra la asfixia (intenta meterte en una caja y que te envuelvan y me entenderás) vas a un saco, con otras cajas y otros juguetes y sin ningún miramiento, te lanzan a la parte trasera de un trineo.

Eso es lo peor: el trineo vuela comandado por el gordinflón y sus renos que son conocidos por su conducción temeraria. Mareado como una sopa, te sacan del saco y te lanzan por el tiro de una chimenea. Más de un Elmo se ha descoyuntado tras el aterrizaje.

Yo ya no estoy para eso, así que me voy. El psicópata del Ho Ho Ho, cada año llega con más fuerza y es invencible. Antes sólo teníamos que esquivar a aquellos tres tipos que venían en camello desde el quinto pino, a paso de… camello…Un juego de niños.

Este tío de rojo es otra cosa. Puede volar y llega fresco en el inicio de las fiestas. Es peligroso.

Creo que estaré fuera de juego durante un tiempo. Os agradecería que me avisarais cuando veáis que ya no hay peligro.

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Ah! Y muy importante: si nos cruzamos por ahí, haced como que no me conocéis.

 

 

Más narcisismo, imposible.

Cuando Sara contactó conmigo para que le enviara personalizada la novela corta “Lo mío con George”, me pasaron varias cosas.

La primera, la sorpresa. Me quedé sorprendida. “Lo mío con George” es una de mis obras compulsivas de hace cuatro años y pico… Digo “compulsiva” porque en ese tiempo, producía, con facilidad, relatos de corte romántico. Me lo pasaba en grande escribiéndolos, colgándolos en este blog y en webs de libros gratuitos, dejándolos ahí, en la inmensa red, libres, para que volaran solos… Y, de repente, una lectora, Sara, me pide la novela para regalársela a una amiga .

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Tras la sorpresa viene la gratitud. Es una gran sensación saber que alguien te ha leído y que le ha gustado lo que ha leído. Y que lo quiere regalar.  Máximo placer. ¡Gracias, Sara!

Y, por último, apareció la necesidad de releer. Mis últimas incursiones en lo de escribir algo más que un relato breve para el blog, se han desviado por otros caminos. «La asesina del pollo«, «Íncipits»pretendiendo ser un thriller… Otro estilo, ya no me da por lo romántico…Además, ahora ya no soy tan impetuosa…Así que me enfrento a una tarea arriesgada: releer “Lo mío con George”, después de cuatro años y medio de haberlo escrito. ¡Ups! El tiempo que ha pasado, hará que mi valoración sea mucho más severa, estoy segura. Dicen que el escritor es el primer lector y quizás el más exigente…

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Vuelvo a leer la novelita. Cambiaría cosas, redactaría algunas frases de otra forma, la cuidaría mucho más, pero… me gusta lo que leo. Me lo paso bien. Pienso que estoy como una chota. Sonrío …Resulta que soy un monstruo de la vanidad: releo algo que he escrito y me gusta.

Así que, gracias a Sara y a su amiga Beatriz, he recuperado «Lo mío con George»: el placer de compartirlo, la acaricia al ego de saberse leída, el que guste y … el que me haya proporcionado el placer del lector, aunque lo haya escrito yo! (paradójico)

Y lo admito, más narcisismo, imposible.

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NB1 : No puedo evitar dejaros aquí el enlace de descarga en PDF : lo-mio-con-george

NB 2 : El texto está escrito de una forma que permite “personalizarlo”. Con un simple reemplazo automático en el Word, puedo hacer que la historia se convierta en “Lo mío con Brad” ( por ejemplo) y personalizar a la protagonista, para que sea el lector, directamente. Me pareció gracioso para regalar …

NB3 : Las fotos son de Sara ( gracias, de nuevo! ; – ) que lo imprimió, lo encuadernó y lo envolvió en papel violeta con lazo de plata  ( que tiene su significado en la novela… )

 

Es mentira.

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No hay edificios, ni puentes. Ni pasean por Nueva York, ni nada de nada…

Sólo hay un croma (*) y unas marcas. Gente que actúa ante esos escenarios verdes o azules que más tarde,  los genios de la informática convertirán en un lugar, un desastre natural espectacular o un universo paralelo…

Es muy curioso ver el reel de la empresa Stargate Studios ,  en el que reconoceremos series de televisión y escenarios y…sus cromas.

Y, sí, padezco de ingenuidad cinematográfica y prefiero no pensar que este señor está en una piscina, con olas artificiales y croma verde…

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(*)El croma o «inserción del croma» (del inglés chroma key) es una técnica audiovisual utilizada ampliamente tanto en cine y televisión como en fotografía, que consiste en la sustitución de un fondo por otro mediante ordenador.

Para realizar esta operación con facilidad y buen resultado, se utiliza el Chroma key o «clave de color»: Básicamente consiste en un fondo de color sólido y uniforme y el objeto que se desea recortar o cambiar de fondo, dejando lo demás para tarea del ordenador. Para realizar la operación correctamente se debe escoger un fondo y después un objeto o persona para colocar en una situación posterior a ese hipotético fondo.

Este color debe ser alguno de los primarios (rojo, verde o azul). Habitualmente se usa verde o azul y no rojo, ya que es el componente más importante de la piel humana. Fuente : Wikipedia

Papás Noel dignos.

Hoy me he encontrado con dos Papás Noel.

Bueno, mejor diré que me he topado con dos tipos que pretendían ir vestidos de Santa Claus ( la imagen comercial con más poder del mundo, por cierto).

El conjunto : traje de raso brillante -esplandecía-, falsa tripa amorfa, barba sintética casi fosforito y el incontestable ,pero hecho-polvo-a más-no-poder , gorro rojo. La visión general del sujeto, desastrosa. Tanto, tanto, que un niño que iba un carrito más allá, ya le ha advertido a su madre que el Papá Noel era falso. Y es que se veía a la legua que aquello no podía ser mágico…

Así que, por no estropear la ilusión de los niños , reivindico desde ya ( quedan tres semanas!) una selección cuidadosa de los Papás Noel que van a invadir las calles y centros comerciales . Que ya que son cuatro días y hablamos de los niños , les ofrezcamos una imagen de Santa Claus lo más digna posible…

Y ya que estamos, lo mismo para los Reyes Magos y sus cabalgatas.

Queda reivindicado.

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NB (Curiosidad) : He dudado entre «Papás Noeles»  ( que era lo que yo había escrito en un principio) y «Papás Noel». La Fundéu BBVA recomienda que se prefiera la forma Papás Noel, en la que solo se hace el plural del primer elemento del nombre y se deja invariable el segundo, pues funciona como si fuese un apellido. 

 

 

 

Diez minutos fantásticos.

Para disfrutar de este post, se necesitan diez minutos . Un tiempo en el que deleitarse con el cuento de José Saramago  : «La flor más grande del mundo».

Un cuento, narrado por su autor, con música de Emilio Aragón y un increíble film dirigido por Juan Pablo Echeverry, en stop-motion , en su versión plastilina,  digno de ver.

Diríamos que este cuento es uno de esos «definitivos» . Y, además,  es para niños y es para adultos. No hay escapatoria.

Reproduzco un párrafo del artículo de El País, que encontraréis en este link.

Ocho meses de trabajo para adaptar el cuento homónimo del genio portugués con técnicas stop-motion. Ocho meses para hacer que la partitura compuesta por Emilio Aragón casara a la perfección con unas postales animadas repletas de simbolismo. Diez minutos para hablar de la importancia de las cosas pequeñas y, sobre todo, de todo lo que nos rodea. Diez minutos para reflexionar sobre la infancia, la naturaleza y la ficción. Porque, ¿qué pasaría si las historias escritas para niños fueran leídas por los adultos? La respuesta, en este cortometraje.

Y, ya, sin más dilación, vienen esos fantásticos 10 minutos.

Enjoy it!

 

 

Píldoras (con algunos «Before/After»)

 

1) Así, sí. Hoy he hablado con una amiga que me ha dicho que estaba deseando llegar a su casa para darse un baño relajante . Para mí, eso del baño relajante ( velas, espuma, copa de vino o cava y posición (cómoda) de tumbada-ingrávida) nunca me ha funcionado… No encuentro posición para la nuca . Si leo, mojo el libro. El agua, se enfría… Soy más de ducha… Pero, visto lo visto, creo que así, podría volver a probar.

2) Increíble Flamingo.

Primero, la foto.

Es increíble. Una obra de bodypainting de la artista alemana Gesine Marwedels. Curioseando en su web ( hay cosas muy chulas y otras…regulares), he leído esto : «¿Te quieres transformar en una obra de arte viva? ¿Estás buscando algo impactante para tu fiesta o evento? Ponte en contacto…» Y me he imaginado pintada de «flamenco», recibiendo a mis invitados para la cena , por ejemplo, de fin de año.

O de cisne.

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Lo fastidioso, es tener que estar en esta pose mucho rato pero…mira, por impactar y ser una «obra de arte viva», una hace lo que sea… ; – ) Ya lo sabéis. Una forma de hacer vuestras fiestas inolvidables sin tener que comprar montañas de Ferrero Rocher.

3) Ya lo sabíamos. El «Photoshop in situ» de las fotos de decoración de interiores. No es sólo el retoque fotográfico. Como ya imaginábamos, entran en tu salón y te hacen un «saco esto que es feo, pongo esto otro allí y te lo dejo mono».

Así es como quedó la casa en el reportaje. Es de una cantante inglesa, creo.

Ahora, viene la foto de las cositas que han cambiado. La verdadera decoración es esta :

4) Siguiendo con el «Before-After» ( de muchos tipos)…

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Me duele la espalda.

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Me duele la espalda. Estoy sufriendo… Nunca me había dolido tanto…

Estoy desesperada y eso me hace cometer imprudencias. Como ahora mismo… Estoy en la Plaza de los Remedios, buscando a un hombre. ¡Qué locura, por Dios! Dicen de él ,que cura todas las dolencias y yo necesito que alguien me ayude. Las calles que circundan la plaza están oscuras, muy oscuras y empiezo a tener miedo.

Oigo unos pasos y, de la oscuridad, emerge un hombre vestido con una túnica. No puedo dejar de observar esas estrellas brillantes, que decoran el raso azul . Levanto la vista y veo que lleva unas gafas grandes y…esa melena rubia de bote ¡Oh, no! Me siento decepcionada. Es terrible que mi potencial sanador sea un imitador de Rappel. Le quita credibilidad. No quiero ni imaginarme la posibilidad que lleve un tanga de leopardo, debajo de esos ropajes…

Me hace un gesto con la mano y lo sigo, recorriendo esas calles tenebrosas. ¿Pero qué hago aquí? me pregunto pero, entonces, algo me presiona la espalda , tira hacía abajo y me hunde en el intento. Duele.

Estoy aquí por el dolor. Quiero que me lo quite.

Al final de nuestro camino, hay una curva pronunciada que esconde un paraje maravilloso. Me sorprende el cambio repentino de texturas, pero no le doy muchas vueltas. Tampoco al hecho que estoy siguiendo a un tipo que va disfrazado de Rappel. La luz natural de las cientos de estrellas que titilan en el cielo, son suficientes para iluminar el hermoso jardín de margaritas. Hay miles y parecen sonreírme. En el centro de ese estallido floral, hay una caravana. El hombre me dice que vive allí y me invita a entrar.

Empiezo a caminar entre las margaritas, en dirección a la caravana que ya tiene la puerta abierta. Una luz blanca, suave pero radiante a la vez, se escapa del interior. En el mismo instante que rozo las flores, desaparece la sensación de inquietud que me ha embargado en la Plaza de los Remedios. No sé cómo pero estoy descalza y siento la hierba fresca bajo mis pies.

El hombre ya no se parece a Rappel. Viste una camisa blanca y unos jeans y también va descalzo. Me explica que cada Carnaval, le toca disfrazarse de un vidente famoso. Sonríe cuando me indica que el año anterior le tocó Paco Porras. Es una explicación lógica al extraño atuendo con el que me ha recibido . Lo que no la tiene, es que yo esté descalza, en medio de este campo de margaritas pero…no pregunto. No digo nada. Presiento que mi espalda va a estallar de un momento a otro. Tengo ganas de llorar.

Entro en la caravana. Todo es blanco , hasta el sofá en el que me invita a sentarme. Lo hago. No importa que este en medio de la nada , con un hombre desconocido . Lo único importante es sentarme en ese sofá blanco.

Lo hago con mucho cuidado. Mi espalda está rígida. Mi alma, también. Y me siento sola. Cuando me acomodo contra el respaldo, siento una extraña brisa que refresca el ambiente. El aroma de margaritas me envuelve.

El hombre me mira a los ojos y , de verdad, me ve. Y lo ve todo. Me pide que lo deje salir. Que se lo entregue. Cada vez estoy más cómoda y mi columna vertebral empieza a ser moldeable. Me duele menos.

Lo saco. Le hablo. Lo digo todo. Se lo doy. Comparto lo que me pesa, lo que me hace hundir los hombros. Poco a poco, pacientemente, saca la pesada losa de mi espalda.

Ya no duele. Las flores me regalan el alivio.

Ya no duele.

La caravana no está. Ni el hombre. Sólo yo, mis pies descalzos y este gran prado lleno de margaritas…

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(…)

El despertador interrumpe mi sueño. ¿Margaritas? Me desperezo con lentitud : estiro mis brazos, estiro mi cuello y, por fin, estiro mi espalda. Es flexible y responde . Se alarga, cruje y reposa.

Abro la ventana . El cielo parece transparente y hay una luz preciosa. Siento, de repente, que no puedo desaprovechar este día. Estoy aquí y es hoy.

De camino a la cocina, en busca de mi café,  me tropiezo con el sofá beige mortecino que decora mi salón. Me golpeo el pie, en el meñique  y siento un dolor intenso que interrumpe mi estado flower power pero, cuando me agacho para frotarme mi dedo pequeño y dolorido, mis manos se enredan con una margarita prendida en el dobladillo del pijama.

Decido que voy a cambiar el sofá. Voy a comprar uno de color blanco.

Me pongo la margarita en el pelo y sonrío.

Ya no duele.

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NB : Las fotos son de Unplash.

Eres bell@.

 

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Nos sentimos más guapos, si alguien nos dice que somos guapos.Algo pasa en nuestro sistema neuronal y cuando alguien nos dice: ¡Qué guap@! en ese momento, nos sentimos más atractivos y… más contentos.

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Un fotógrafo de viajes turco, se ha embarcado en el proyecto “You are so beautiful”.Hace dos fotos a personas de todo el mundo. La primera, normal. En la segunda, les ha dicho que los encuentra bellos, guapos, bonitos…

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Se llama Mehmet Genc (“Rotasix Seyyah” ) . Su trabajo ( hace fotos espectaculares en sus viajes), aquí.