Goodbye, Febrero.

Febrero se nos escapa entre los dedos. Mañana, le decimos. goodbye
El mes más corto del año siempre parece el más veloz.

Apenas nos hemos acostumbrado a 2026 y marzo ya asoma en el calendario. Con él llega la primavera. La luz cambia. Los días se alargan. El aire empieza a oler distinto.

El tiempo pasa deprisa. Demasiado deprisa.
Quizá no se trata de frenarlo, sino de vivirlo mejor. Con más intención.

Se acaba febrero.
Prepárate para las flores.

¿Qué tal las fiestas?

Después de unos días desconectados del entorno cotidiano, es normal hacerse la pregunta de rigor: ¿qué tal las fiestas?Esa pregunta se formula tanto “de verdad” (a los más cercanos) como en modo “automático” (a conocidos). Hablemos de esta segunda modalidad: el puro automatismo de cortesía y buena educación.

¿Qué tal las fiestas? La cuestión se lanza a alguien con quien no tenemos demasiada relación, así que se espera una respuesta cortés (también automática) que cierre el tema. Suele girar en torno a las comilonas, la lotería o la niñería en casa. Casi todo el mundo se resigna y se conforma con “la vuelta”, rematada con un comentario tipo: “Ya tenía ganas” / “Ya no podía más”. Y con eso queda finiquitada la cordialidad postfiestas.

Pero hay ocasiones en las que ese liviano ¿qué tal las fiestas? se convierte en la pregunta detonator. El interlocutor olvida que solo debería participar con dos frases escuetas (y acabar) y se lanza en picado. Aunque también aparecen alegrías extremas, lo que predomina es la desgracia, y en múltiples niveles: la urticaria por marisco en mal estado; la típica caída tonta el día de Navidad, con sus diez horas de espera en Urgencias; el juego de la consola para el niño… ¡vacío!; la súper gripe (y antibiótico) justo los cuatro días que te vas a la nieve; el robo de un coche la noche de Fin de Año; la avería del horno el día de Sant Esteve (canelones)… Todo ello explicado con la profusión de detalles que el incidente exige.

También hay cosas serias que, por el impacto que tienen en una vida, desautomatizan la respuesta al instante, pero ese ya es otro nivel.

Tras oír respuestas en modo “detonator”, ya solo te queda aportar un: “Yo, bien. Normal.” Y, de repente, ese “normal” se convierte en algo fabuloso… Ni averías, ni robos, ni accidentes, ni enfermedades, ni urticarias… Solo normal.

Por cierto: ¿qué tal las fiestas? ;-)

NB: Todos los “incidentes” son reales. Incluidas las diez horas (de espera) en Urgencias por una caída…

Por un 2026 redondo.

Hay expresiones que son un brindis.
“Que salga redondo” es una de ellas.

Redondo empezó siendo una forma —lo circular— y con el tiempo se volvió algo más bonito: lo completo, lo bien logrado, lo que encaja. Sin aristas.

Para el 2026: no pido un año perfecto. Pido un año redondo. Con salud, con calma, con tiempo. Con momentos que cierren bien.

Y si algo se tuerce, que sepamos enderezarlo sin rompernos.
Feliz 2026. Que salga redondo.

Hacer balance.

No sé si esto es un sueño o una experiencia entre mágica y mística, pero estoy aquí. ¿Me habré dormido en el sofá? Lo último que recuerdo es estar encogida, llorando de pura tristeza, agarrada a aquel cojín…

Cada año, por estas fechas, me enfrento a eso que se llama “hacer balance”. A pocos días del 31 de diciembre, todo el mundo se empeña en aglutinar las cosas buenas, las malas, las expectativas, la esperanza y la desesperanza.
Es un comportamiento de histeria colectiva: balance, balance, balance..

El mío me lleva, inevitablemente, a un estado de frustración. Ninguno de mis planes se cumple… Ni mis deseos, ni mis sueños. Según el año, se añade a mi balance alguna buena nueva, pero también las desgracias y los dramas de la vida. Y yo sigo transitando por el tiempo, un poco despistada, afanándome en sobrevivir a cada nuevo día, pasando de año sin pena ni gloria.

Pero, en este mismo instante, nada de esto es importante. Estoy en este precioso campo lleno de lavanda. Siento el aire fresco, que me acaricia la piel, como vistiéndome y protegiéndome del frío. Soy como el aire. Me siento aire. Me desplazo, deslizándome, bailando al son del viento, deleitándome con los colores.

Quiero caminar por él. Noto la textura de la hierba en mis pies descalzos. Es suave y parece de algodón.

Mientras avanzo, vienen a mí imágenes preciosas de experiencias vividas en este año. No son grandes cosas, son nimias pero, a la vez, son hiperbellas. Un abrazo inesperado, paladear un cucurucho de helado en una cala solitaria, una inspiración con aroma a tierra húmeda, la emoción del último capítulo de un libro disfrutado, un desayuno dulce después de haber hecho el amor…

Al final del trayecto, me espera una cesta. Es sencilla y contiene todas esas cosas sencillas. Me llevo todas mis experiencias, las que yo creía insignificantes y que ahora se han convertido en un tesoro de valor incalculable.

Ahí están todas. Mi balance.

Cuando despierto, sé que todo ha sido un precioso sueño que mi mente, caprichosa, me regala con su recuerdo. Esto me extraña, ya que nunca me acuerdo de lo que sueño… Entonces, me llega un tenue olor a lavanda y, allí, en una esquina al lado de la puerta, veo la cesta. Está llena de las flores violetas…

Confieso que cada tarde me recuesto en el sofá y agarro ese cojín. Adopto la misma posición que ese día e intento dormir para ver si hay suerte y me vuelven a llevar a ese lugar en el que todo aquello que parece insignificante se vuelve brillante.

De momento, no lo he conseguido, pero, inexplicablemente, la lavanda no se marchita y, cuando la miro o la huelo a distancia, me recuerda que debo identificar y disfrutar esos pequeños instantes maravillosos que ocurren cada día.

De dónde han salido esa cesta, ni me lo planteo…

NB : Fotos de Léonard Cotte y Dóri Halászlaki en Unsplash

 

#Feliz2025

Ya está aquí.
El primer día de 2025.
Es momento de desear felicidad para este nuevo año.

Hace un tiempo, recibí una felicitación de una agencia de publicidad. Era una tarjeta corporativa que decía: «Happy New You». Me gustó y la he usado mucho.

Sin embargo, al revisarla ahora, me pregunto: ¿Por qué un «nuevo tú»? Quizás el «tú» que ya eres también merece felicidad, ¿no? Por eso, lo he reducido a «Happy You».

En una segunda reflexión, he pensado que decir «¡Sé feliz!» es fácil, pero, a veces, no lo es tanto. Por eso, hice un segundo cambio: «Happy You. Just Try It».

Solo intentarlo ya es algo valioso.

Feliz 2025 ( o a intentarlo).

Resiliencia máxima. #2025

Hay un ser vivo del mundo vegetal que representa la máxima resiliencia de la vida en la Tierra. Está aquí desde hace más de 400 millones de años. Es anterior a los dinosaurios y superó con éxito las cinco extinciones masivas que ha sufrido el planeta. No cabe duda de que la sexta extinción, la que está en curso, también será sorteada por estos seres multicelulares.

Son los helechos.

Cuando destruyamos el planeta y seamos una especie extinguida, todo estará precioso, cubierto de helechos.

Estos helechos han llegado de Mallorca, en un capazo lleno de productos locales, con un propósito ornamental. Son hermosos.

El capazo ya está vacío, pero he dejado los helechos. Me han llamado la atención los puntos amarillos que aparecen en el reverso de las hojas, que en los helechos se denominan frondes. Me maravilla la perfección en su disposición, esa geometría mágica que regala la naturaleza y que resulta tan difícil de imitar.

Estos puntos alineados son soros.

A su vez, los soros son acumulaciones de esporas que, al madurar, se liberan para que el helecho se reproduzca.

Debemos tener un gran respeto y admiración por los helechos. Estas plantas primitivas, que estuvieron antes que nadie, se han adaptado a los cambios climáticos más drásticos y a las condiciones de vida más extremas. Siguen aquí, dando una gran lección:

La única forma de sobrevivir es adaptarse y evolucionar.

La evolución nos hace únicos.

«Sé como el helecho: fuerte, adaptable y siempre creciendo.»

Por un 2025 mejor.

NB : El post que lleva por título “Tienes cara de helecho”. , tiene un DIY muy bueno para hacer con helechos.

¿Preparados para dar otra vuelta al sol? 

Foto de Selvan B en Unsplash

Este año, completaremos la ruta en 366 días por lo que tenemos año bisiesto. Me alegro por todos los que cumplen años el 29 de febrero, como mi amiga Mercè, que, además, calcula su edad de cuatro en cuatro años. Es joven de forma totalmente objetiva y eso, no se le puede negar. Las cosas como son.

Foto de Drew Tilk en Unsplash

Además, y si todo va bien, veremos doce veces la luna llena. Y cuatro, serán superlunas. Este año , que está a punto de llegar, quiero hacer una foto de cada luna llena y espero, poder escribir que las cosas, por aquí abajo, están mucho mejor. 

Ese es el deseo para el 2024:  que nos vaya mucho mejor. A todos y en todos los cielos desde los que se ve la luna.

¡A por esa nueva vuelta al sol!

Foto de Behnam Norouzi en Unsplash

No quieren venir, os lo aseguro.

flushh

Hoy, al llegar a casa, me he llevado un susto tremendo.

¡He encontrado un extraterrestre en mi jardín! ¡Sí! Un alienígena de los típicos: de color verde con su antenita y tres ojos.

He gritado tanto y tan fuerte que el que se ha acojonado ha sido él. Mientras yo desplegaba todo el repertorio de gritos de cuando estoy histérica ( desde uh, uy, ay, hasta madre-del-amor-hermoso), el extraterrestre se ha ido replegando en sí mismo, hasta formar una bola compacta de color verde. En esta fase, me he quedado muda de golpe. He oído un sonido electrónico como deslizante y de lo alto de la bola, ha emergido un palo verde con una banderita blanca.

Cuando he decodificado correctamente el mensaje , me he calmado y me he acercado a la bola . Nos hemos observado mutuamente, la bola y yo. Yo y la bola.  Tras unos tensos minutos, la cosa esa se ha descompactado y ha vuelto a aparecer el típico alienígena de antes.

Me he armado de valor y le he preguntado también lo típico: qué quería y de dónde venía.

El extraterrestre me ha explicado que quería irse pitando de aquí. No he entendido el nombre del planeta del que venía. Me es imposible reproducirlo fonéticamente pero sonaba como Flushhhh.  Como en las pelis de extraterrestres, nos entendíamos telepáticamente, sin necesidad de conocer los respectivos idiomas, cosa que debo decir que es la mar de cómoda.

Esta cosilla verde, cayó en la tierra cuando unos cazas de combate derribaron su nave. Seguro que lo habéis visto en las noticias estos días…

Es decir “tierra” y ver como su piel verde se cubre de sudor : «Sé que estáis gobernados por seres humanos incapaces e irresponsables. Según el manual, es urgente salir de aquí. Tuvimos un fallo de navegación porque siempre evitamos este planeta en nuestra ruta.»

Se vuelve a convertir en una bola. Cambia de color varias veces y, al final, emerge de nuevo. Me parece que brilla más.

Eres un ser humano comprensivo. No has intentado hacerme daño y me has dejado reiniciarme sin que te importen las consecuencias– Sigo su mirada y veo el gran boquete, tamaño bola,  que tiene mi precioso rectángulo de hierba – es por eso que , puedo ofrecerte asilo planetario. Consideramos que es causa humanitaria vivir en este lugar,  así que te ofrezco venir conmigo a…Flushhh.

Le digo que no, que gracias. Muy agradecida, de verdad pero estoy segura que no conseguiré teletransportarme tan ricamente. Hay algo en eso de la reorganización molecular que sé que falla. Lo he visto en Star Treck.

No se espera demasiado. Me da las gracias, se vuelve a convertir en bola, esta vez plateada, y sale disparado a propulsión, hacia el infinito y más allá, esquivando los radares chinos, americanos , de la OTAN y a todos los cazas que pululan en busca de globos y ovnis.

Entro en casa, confundida. Durante la tarde, tengo que salir al jardín un par de veces para ver el boquete que hay en la hierba. Es una prueba de lo que aquí ha ocurrido… Enciendo la televisión- ¿Alguien más habrá visto al alienígena, no?-y están dando las noticias.

Veo el informativo, completo, esperando que digan algo del extraterrestre , pero a medida que van desgranando la actualidad me doy cuenta del terrible error que he cometido.

Tenía que haberme ido a Flushhh con ese típico alienígena verde…

 

Mafalda os desea Feliz Año ( el que sea).

Porque su mensaje es atemporal: sirve para cualquier año.

Del 2022 podemos esperar que todo vaya mejor porque venimos de un 2019 y de un 2020 , históricos para la humanidad, pero en su vertiente negativa.

Soy del equipo optimista que cree que la mayoría de gente es buena ( o como me decía mi abuela : no es mala) pero como no nos podemos venir arriba, suscribo esta última viñeta de Quino.

Por un 2022 en el que seamos mejores.

Feliz Año.

#NuevaRealidad ( Fin de año.)

El resumen de este año nos lleva a lugares comunes definidos en palabras como estas : irrealidad, confusión, miedo, ansiedad, tristeza, incertidumbre , soledad, pérdida, resignación…También nos unen otros espacios colectivos con palabras más bonitas : comunidad, solidaridad, civismo, responsabilidad, emoción, afecto, empatía y…vacuna.  A principios de enero, nadie se imaginaba que “vacuna” sería sinónimo de “esperanza”…

Ojeando las entradas del blog, que tan terapéuticas fueron para mí en tiempos pandémicos , he revivido el temor con el que fui al garden a buscar perejil y me vine con una albahaca pequeñita. Iba más protegida que El Mandaloriano y mi rapidez en entrar y salir, fue asombrosa.

Los ratitos de riego, cuidados y extras que me dio la albahaca ( el aceite aromatizado, por ejemplo) me permitieron distraerme en el confinamiento.

En esos instantes, estaba solo yo y mi albahaca, en un marco mental mucho más allá del maldito virus .

Meses más tarde, planté un olivo.  Dicho así, la fotografía desmerece, pero…es un olivo de verdad. Confieso, por eso, que es muchísimo más aburrido.

La albahaca me dio más juego, pero, finalmente, acabó su ciclo y fue sustituida en mi proceso de “planta terapéutica” por una camelia.

Y en eso estoy, con una planta que florece en invierno. De un color rosa intenso.

Así está ahora. Preciosa. Vitalista y esperanzadora.  

Como espero que sea el año que viene para todos.

NB : Eso sí, a la que pueda, vuelvo a plantar albahaca…