El sol y las guerras.

Tantos días con la luna escondida tras las nubes que hoy mi cámara ha preferido el sol. 

Es mejor momento porque aún hay luz, no como en la oscuridad de la noche en la que nunca descarto una visita de algún alienígena, interesado en saber más de nosotros.

Para mi sorpresa, es en esta fantástica puesta de sol cuando pasa. Aparece ante mí, un ser diminuto que dice venir de una galaxia de la que no entiendo el nombre. También se postula como una raza de inteligencia superior que nos pueden ayudar a mejorar. Solo debo contestarle a una pregunta:

¿Cuántas guerras hay en este planeta?

Me viene a la cabeza el conflicto de la pobre Ucrania, entre Rusia y EEUU y se lo digo. Pero pienso en Siria, Libia… Le pido que espere un momento y se lo pregunto a Siri.

Guerras en Yemen, Siria, Libia, Etiopía, Mozambique, República Democrática del Congo y Haití. Golpes de estado que pueden desembocar en guerra en Chad, Guinea-Conakry, Mali, Níger, Sudán y Myanmar. Conflictos serios como el de Palestina e Israel, el del Sahara, Marruecos y Argelia. También en Colombia y Nicaragua, entre otros.

Además, hay 32 países que representan un 28% de la población mundial que viven bajo una dictadura o régimen totalitario.

El pequeño ser me observa consternado. La siguiente pregunta era sobre los umbrales de pobreza, pero, ante la avalancha de guerras y conflictos armados, desiste de su misión.

Desaparece en su mini nave.

No he podido decirle que una de cada diez personas en este planeta vive por debajo del umbral de pobreza.

Un mundo tan bello y, a la vez, tan feo.

Ciao, mini alienígena. Haces bien.

Meteorología.

Y que conste que yo me leo las previsiones y, a veces, hago planes teniendo en cuenta esa lluvia, ese viento o ese sol potencialmente presente.  Ahora bien, este me parece el sistema de predicción meteorológica definitiva.

 

Y si llueve o hace sol ( en Japón se utiliza para protegerse del sol), me quedo con este paraguas que he llamado «Tengo un bosque encima de mi cabeza».

Contrastes.

No hay mayor contraste que la luna y el sol.

Luz y oscuridad. Negro y amarillo. Noche y día…

 

Son hermosos contrastes que conviven y se complementan.

Hay que aprender de los contrastes…

 

 

Los hijos del sol …

…o los niños de la playa….

Hubo una generación -la mía – que vivió un sol más amable. Los hijos del sol mediterráneo, eramos niños que estábamos todo el día en la playa (convenientemente embadurnados con Nivea y, creo, que sin demasiado factor de protección… o ninguno) y que después, con el crecimiento y la adolescencia, seguimos frecuentando la playa : para ponerse moreno, como lugar de reunión matinal, como «secret place» para romances veraniegos… Pero lo del moreno era esencial.

El «embadurne» entonces se hacía con  cremas bronceadoras  sin factor de protección,  que -teoricamente-te ponía moreno más rápido. Había una crema de un color marrón que te teñía la piel de un color…marrón al instante. También había ondas de cremas de zanahoria ( de laboratorios varios) con la que asegurabas el tono del verano. En aquella época, si me visualizo a mí misma con una crema de protección 50 , no me lo hubiese creído…

Hoy en día, la exposición prolongada al sol, me molesta. Lo que antes me proporcionaba placer , ahora me disgusta. En mi juventud (snifff!) podía someterme a sesiones largas , obteniendo color y… disfrutando enormemente de los sonidos, aromas, temperatura. Ahora, el sol me asfixia . Algo ha cambiado: puede ser mi cuerpo y mi tolerancia al astro rey o, también, puede ser que el sol sea, ahora, más agresivo gracias al agujero en la capa de ozono.

Ahora, me pongo morenita ( morena, ya no) pero sin sufrir demasiado en aras del tono. Me rebozo en protección, camino o estoy en movimiento y cuando me estiro, es bajo una sombrilla o el porche con hamaca del verano… Como mis vestigios de niña de playa siguen pulsando en mi memoria, de vez en cuando me tienta la posición de estirado ( vuelta y vuelta) para que mi moreno sea más integral pero es dejar que el sol me lama la piel durante unos minutos para darme cuenta que mi relación de amor con él, ya es cosa del pasado.

Antes, me fastidiaba enormente que , en pleno verano y en vacaciones, amaneciera un día nublado o de lluvia. Estos días en los que el calor es sofocante y el sol aparece cada día, más intenso, estoy deseando una mínima tregua que haga esto un poco más llevable. Este es un sentimiento extraño en los hijos del sol.  No tomar el sol… A mí me ha costado un tiempo de adaptación …Estoy rehabilitada y ahora disfruto enormemente de la sombra de un parasol de brezo, máxima protección , un libro y el sonido del mar .

Ni el sol, ni yo , somos como antes…

 

Fecha de caducidad.

Tendrán que pasar 5.000 millones de años (eso prevén los científicos) para que el Sol, en su fase final de vida, se convierta en una estrella gigante roja. Será la fricción de nuestro satélite con la atmósfera más externa del gigantesco sol rojo, dentro de la que se encontrará inmersa la Luna, la que hará que se vaya acercando.

1

Irá creciendo de tamaño hasta que la fuerza gravitatoria terrestre la fragmentará. Pam! Ya no habrá luna… Ni habrá fases lunares, ni luna llena como la que se podrá ver hoy…

2

Eso sí, si dentro de 5.000 millones de años queda alguien por aquí, podrán observar un anillo compuesto por millones de fragmentos brillantes de lo que fue nuestro satélite …

3

Esta noche, habrá luna llena. Aprovechad y echarle un vistazo. En 5.000 millones de años , ya no quedarán más que trocitos….

4