Primera luna.

La última foto que publiqué de la luna en este blog fue en el mes de febrero.

Hace ya cuatro meses y nuestra realidad ha cambiado, esta vez para mejorar. Aunque la prudencia debe ser nuestra consigna, se respira un ambiente más tranquilo y más…normal.

Esta es mi primera luna inmunizada, aunque ella no lo sepa.

Pauta completa.

Creo que mi sonrisa – tan grande que era evidente tras la mascarilla- ante la inminente segunda dosis de la vacuna y la euforia victoriosa del que me acompañaba ha obligado a la enfermera a recordarnos : 1) la inmunidad no la alcanzaremos hasta dentro de dos semanas y 2) es del 95%, no total.

La sensación post-vacuna es de un alivio inmenso, pero esto no ha acabado .

Y es verdad que hay que ir recordándolo.

Be careful .

En modo eléctrico pero sin frenos.

Si quieres comprar un coche, a poder ser, sostenible, tienes que elegir entre un híbrido (que es “casi” sostenible pero no lo es ) y un eléctrico al que se le presupone sostenibilidad y máximo cuidado con el planeta en un momento crítico en la crisis climática. Se habla de transición tecnológica hacia lo renovable en la que nos debemos implicar todos y que, supuestamente, debería estar promovida y facilitada por todos los gobiernos. Pero, en el mundo real, esta transición con conciencia encarece el producto de tal forma que solo te permite ser ecológico si puedes, aunque quieras.

Veo un documental sobre el cobalto y El Congo. Es como lo de las baterías de los móviles y el coltán : para las baterías de los coches eléctricos, se necesita cobalto. Uno de los mayores productores es El Congo, un país muy pobre, pero a la vez,  rico . Lo es en recursos propios, pero están controlados por gobiernos corruptos e intereses puramente económicos. Así que me estremece ver como las minas de las multinacionales extranjeras se van cargando su ecosistema y los empobrece aún más.

Condiciones de vida durísimas. Niños. Un futuro dramático.

Del Covid ya ni hablamos.

Rememoro las impactantes imágenes del documental mientras , aquí estoy, sentada en la mesa de mi cocina, conectada al WIFI, entrando en la web de vacunación para ver si ya me dan cita. Mi móvil con coltán, a mi lado .Anuncios en televisión de coches eléctricos…

Hay tantas, tantas cosas que están mal…

Recuerdo el concepto de “Crisis de Civilización”.

Vamos cuesta abajo y sin frenos.

Photo by Luke White on Unsplash

¿Crisis de Civilización?

A muy grandes rasgos, una crisis de civilización se da en un momento histórico concreto, en el cual se alcanza un punto crítico , en el que afloran los aspectos más negativos de las estructuras socioeconómicas y las instituciones políticas.

Se lo oí a un excelente profesor de farmacología de la UAB, hablando del tema de las patentes de las vacunas. En este período tan crítico para toda la humanidad, prevalece el interés económico antes que la salud de toda la población del planeta. Da igual que haya mecanismos burocráticos que podrían permitir la liberación de las patentes en este estado de emergencia , repito, planetaria pero el entramado geopolítico y geoeconómico hacen imposible que , por encima de cualquier consideración,  esté la vida de las personas.  Ahí lo tienes : crisis de civilización en toda regla.

Photo by Ante Hamersmit on Unsplash

Hay que sumar una población desconcertada a todos los niveles por la gestión política. Tampoco se ha entendido en política lo que es una pandemia. Lo de que nos afecta a todo el planeta. No, siguen mirándose el ombligo, en su micromundo. Polarizados y destructivos. Es curioso que se pueda utilizar esta generalización para muchísimos gobiernos : autonómicos, centrales, europeos… Sin distinción de zona e idioma.

Y lo más obsceno : los votamos y nos representan, aunque en el aspecto más literal NO nos representan. En el mundo real, la gran mayoría de nosotros, no estamos en los extremos.

Así que, aunque tengo una tendencia a buscar los aspectos positivos , en este momento siento que ese concepto de “Crisis de Civilización” ( crisis climática, crisis sanitaria, crisis política, crisis social , crisis económica. ) se está manifestando de forma clara. Voy a investigar más en el tema , buscando su antídoto : el argumento racional y conciliador del que emerja una nueva civilización más empática y amable.

A ver si lo encuentro…

Últimas flores .

Llegó a casa en octubre. Es una planta que ha marcado mis tiempos pandémicos.

La camelia, el arbusto que florece en invierno, ha cumplido con lo prometido y ha estado recreándose en bellas flores todo el invierno.

Ahora, ya en primavera, sólo quedan tres ejemplares.

Dos a punto de caer .

Y una que aún tiene ese tono rosado intenso.

Cuando esta última flor desaparezca, la camelia será un arbusto verde durante todo el verano. Hasta que vuelva el frío.

Cuando emerjan los primeros capullos, habrá pasado un año y, espero poder dar testimonio fotográfico de cómo vuelven a abrirse las flores, mientras escribo que el mundo ya está a salvo del virus…

Tenemos una cita.

Terapia con una tiza.

Esta es una maceta que lleva conmigo muchos años.

Donde ahora hay esos orificios, antes había un asa de mimbre que, con la lluvia, el sol y el viento acabó desintegrándose.

Sin la asa, la maceta tenía parecido a una cara. O , por lo menos, dos ojos.

Y entonces, veo la tiza.

Le dibujo una mueca . Es una manifestación de hartazgo vital y pandémico, pero, después me lo pienso mejor. “Hay que tener paciencia “( esto me lo repito frecuentemente) y constato que, cada día que pasa,  hay más vacunados a mi alrededor. Ya llegará.

Va. Borro la mueca.

Hay que tener paciencia.

Carretera y mascarilla.

Vale. En la burbuja, ya nos hemos estudiado todas las normas y reglamentos y estamos preparados para salir de la comarca. ¡Qué emocionante!

Carretera y manta. No, perdón, “carretera y mascarilla”…Y sin salir de la comunidad autónoma.

Si me dicen , hace un par de años, que unos kilómetros en coche , iba a ser una aventura, un logro, un respiro, no me lo creo.

Photo by Thomas Bennie on Unsplash

Pues, en este 2021,  lo va a ser : aventura, logro y respiro.

Felices vacaciones.

Cuidaos.

NB 1 : Carretera y manta se usa para aludir al hecho de emprender un viaje.

NB2 : Ya puestos, he escogido una foto de Unsplash de una carretera muy chula.

Levitar.

A veces, me olvido de que estamos en pandemia. O, según los expertos, ya he normalizado la pandemia como forma de vida.

Mascarilla, gel, el paso atrás cuando estimas que te acercas demasiado, compras más rápidas ( menos lúdicas), selección de oferta de restauración según posibilidades de exterior y si no, take away, contactos sólo con la burbuja de convivencia ( ¡y muchas ganas de ampliar burbujas!) y sin salir de mi territorio…

Mi franja de edad y la consideración de que no soy esencial ( que yo ya lo sabía), me deja en los turnos más avanzados de la vacuna así que me administro dosis ingentes de máxima resignación y paciencia a tope.

El día que mi entorno esté vacunado y todos a salvo creo que viviré una experiencia mística con todos a los que quiero y a los que echo mucho de menos.

Ya me veo levitando…

Photo by Joseph Frank on Unsplash

Algo bueno de aquello.

De aquellos primeros días de confinamiento, en pleno desconcierto y con el miedo en el cuerpo, hubo una cosa excepcionalmente positiva que echo de menos.

Hace un año, el silencio pasó de ser una presencia temerosa precisamente por su ausencia, a una bendición terapéutica cuando mi cerebro se adaptó a la situación pandémica.

Llegaba la primavera y los pájaros estaban especialmente activos. Sabían que los humanos estaban encerrados y su libertad se multiplicó exponencialmente. Los trinos y el cielo especialmente azul porque a la disminución de la contaminación acústica se le sumó la disminución de la contaminación atmosférica.

Photo by Vincent van Zalinge on Unsplash

Una maravilla. De las pocas cosas positivas que tenía el encierro…

Con el tiempo, los vecinos intrépidos , que conseguían materiales empezaron a “a hacer cosas”: pequeñas reformas, utilización de aspiradores de gran potencia, martilleos y sonidos metálicos al poner a punto las terrazas…

Un año después, hay algún vecino que aún está liado con sus cosas y progresando muy lentamente, los coches vuelven a circular, hay obras en la calle, camiones, aviones…

Y los pájaros se intentan hacer oír, como cada primavera.

Photo by Satyawan Narinedhat on Unsplash.

El hombre invisible.

Ha pasado casi un año desde que iniciamos la época pandémica de manera oficial . Debería estar acostumbrada. Ha pasado mucho tiempo para seguir sintiendo un cierto nivel de extrañeza cuando veo a los paseantes de la playa.

Día radiante, colores intensos. Todo parece normal, pero todo el mundo lleva mascarilla. Estoy sentada en un banco y los observo. Veo,  claramente, como se cuida la distancia social-sanitaria porque hay cambios espontáneos de ruta para eludir a los caminantes que pueden acercarse demasiado.

Sé que esto es la “nueva normalidad”, pero mi cerebro sigue manifestando desconcierto.

Mi vista se deleita con el agua. Reflejos plateados. Destellos .

Hay alguien sentado muy cerca de la orilla.

No distingo más que una silueta lejana , inmóvil.

Me relaja.

El mar está precioso.

Extiendo los brazos sobre el banco y dirijo mi rostro al cielo. Entonces, soy consciente que llevo las gafas de sol y la mascarilla . En esta nueva normalidad , parezco el hombre invisible cuando se pone las vendas …

Un año ya.

Póster “The Invisible Man” en redbubble.com