Las Bibliotecas de Íncipits.

BibliotcaTrinity College, Dublín (Irlanda)

Estos espacios, contenedores de conocimiento, pensados para que la población tuviera acceso a todo su contenido, pasan por un momento de replanteamiento.En el pasado, había información que sólo podías encontrar en una Biblioteca. Hoy en día, tenemos en nuestros ordenadores, el contenedor de contenidos más gigantesco del mundo.

Sin cambiar su esencia, como catalogadores y “cuidadores” de esos contenidos, las Bibliotecas evolucionarán en  las formas  y por tendencia social, convivirán con la tecnología.Y…seguirán siendo espacios contenedores de (más) conocimiento , abiertos a todo el que desee alimentarse de él. Y gratis. Maravilloso.

Íncipits, la novela (corta) que he publicado en el Blog, me condujo, de nuevo, al mundo de las Bibliotecas. He revivido aromas, silencios, nervios pre-examen, … Bibliotecas….Para Íncipits elegí tres de mi ciudad, Barcelona. Dos las conozco personalmente y doy fe que son preciosas .

La primera de ellas es la Biblioteca de La Santa Creu i Sant Pau. En el S. XV fue un Hospital. Después, pasó a ser Biblioteca. Es el lugar en el que se inicia el juego del Asesino del Íncipit.

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La Biblioteca del Dipòsit de les Aigües de la Universitat Pompeu Fabra. Preciosa es una palabra que se queda corta. Un antiguo depósito de agua, reconvertido en Biblioteca tras usos diversos.

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Dipòsit de les Aigües

Fotos de Simón García

La tercera, que no conozco personalmente, es la Biblioteca Arús. Está como camuflada en la ciudad…Utilicé estas fotos para hacer la descripción de las escenas en las que aparece en Íncipits.

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Fotos de AnotherBCN

Estos son los tres escenarios en los que se mueve el  Inspector Eusebio Flórez.

Y ya que estamos de Bibliotecas, aquí dejo dos que no salen en Íncipits ( este asesino no me ha salido muy viajero) pero que son muy bellas :

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Kanazawa Umimirai (Japón)

Los arquitectos japoneses Kazumi Kudo e Hiroshi Horiba del estudio Coelacanth K & H (2011) diseñaron esta biblioteca pública con la fin de crear el entorno de lectura agradable.

El muro perforado, compuesto por miles de pequeñas aberturas, permite el acceso de la luz natural al interior del edificio.

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Stuttgart (Alemania )

Es una de las bibliotecas visualmente más atractivas y modernas construidas hasta la fecha.

 

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Su aspecto minimalista es obra del arquitecto coreano Yi Eun-young.

NB : Y… la de Harry Potter, por la magia…

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«Íncipits».

Esto es lo que se dice de mi novela corta «Incipits» que escribí hace cinco años…

Junio 2019 : Me voy a echar flores…

Mezclar literatura, metaliteratura, trama sociópata entre jefazos universitarios chupasangres manejando siervos psicópatas y nihilistas, con el desarrollo de la investigación policial de tres asesinatos, además de una gran idea, es, el caso, uno de los aciertos en la elección de lecturas de la temporada 2019. Impepinable.
Da miedo comentar algo más. Podría torpedearse de entrar estúpidamente al detalle con un desliz laudatorio. El autor, la autora, no lo merece. No miente y sabe contar mundos en 89 páginas. Se agradece la hayas mostrado, es pura lectura. Un saludo. Julio de entrescritores.com

Enhorabuena, lo he leído del tirón. Muy ameno, la historia creíble sin florituras, condensada sin espesura.
Gracias por este buen rato que me has hecho pasar.
Recomiendo su lectura a todo lector, no solo a los que nos gusta la novela policíaca.
Es la primera vez que leía la palabra ÍNCIPIT, consulto con el diccionario de la RAE y aparte del significado de la palabra veo que no tiene plural y se escribe igual para singular y para plural. Es solo por si puede interesar. Luis , de entrescritores.com

Respecto al íncipit en plural ( el título de la obra) ya tuve mis dudas cuando la escribía , incluso pensé en poner la «s» entre paréntesis «íncipit(s)» pero , finalmente, me decidí por esta acepción de la RAE :

íncipit. Latinismo procedente de la forma verbal latina incipit (‘empieza’), que se emplea en las descripciones bibliográficas, como sustantivo masculino, con el sentido de ‘primeras palabras de un escrito o de un impreso antiguo’. Debe escribirse con tilde por ser palabra esdrújula ( tilde2, 1.1.3). La pronunciación que le corresponde en español es [ínsipit, ínzipit], pero es frecuente oír la pronunciación latinizante [ínkipit]. Aunque por influjo de recomendaciones anteriores se usa todavía como invariable en plural (los íncipit), se aconseja acomodar esta palabra a la regla general y usar la forma íncipits para el plural ( plural, 1h y k).

Pasado este tiempo y ante estas nuevas críticas, he vuelto a leerla. No suelo hacerlo con lo que escribo pero esta vez, con los personajes ya olvidados le hice una re-lectura. Y me sigo echando flores : .Me he eganchado a lo que yo misma escribí hace cinco años. De locos, lo acepto.

Tendré que hacermelo mirar… ; – )

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“Íncipits” es muy típica. Va de un asesino muy loco y un poli , a punto de jubilarse… Una novela corta de 88 páginas de nada. Un thriller. Un duelo. Libros y Bibliotecas.

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Para el que quiera, le apetezca o… se atreva…

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INCIPITS

 

NB : Si hay alguién de @NetflixES interesado… ; – )

 

 

 

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Cuidado con la Puri.

Por si alguién se lo pregunta al acabar de leer :

No tengo ni idea dónde venden el jabón de bergamota y lima.

Lo juro.

Puri era una enamorada de los jabones artesanos. Por mucho gel o mousse hidratante que le pusieras delante, ella prefería su pastillita de jabón. De los de porción, con su forma cuadrada o rectangular. Hecho a mano, a poder ser.

Sus jaboncitos producían crema que no espuma. A Puri le habían explicado que la espuma, era un invento psicológico de la industria de la cosmética.  Y no había más que observar la luminosidad de su piel para confirmar que sus cremosos jabones eran una maravilla.

Prefería los que tenían una base de aceite de oliva a los de glicerina. Tenía un surtido de diferentes aromas que escogía en base a su estado de ánimo: manzana verde con toques de esencia de coco para la alegría; aloe vera y rosas para el amor; melisa y caléndula para relajarse pero el que más utilizaba era el de manzana porque Puri era, ante todo, una persona alegre.

Alegre y bondadosa. Alegre y paciente. Alegre y resignada.

Alegre y complaciente.

Puri no sabía decir “No”. Y tampoco sabía hacer “No”.

Siempre estaba disponible para su familia, para sus amigos, para sus vecinos…

Puri te ayudaba si lo necesitabas…

Puri, cariño, ¿Puedes ir a buscar a Mamá –aunque tú vivas a 2 horas del centro y yo a un cuarto de hora- y llevarla al médico? Puri iba.

Puri, tesoro, ¿No podría hacer tú la cena de Nochebuena? Aunque seamos 18, te apañas mejor en la cocina que yo– Dieciocho adultos (y siete niños inesperados) en casa de Puri.

Puri, no puedo más. Me he enfadado con mi marido (por una tontería insignificante) y quiero quejarme de él durante un par de horas. Me da igual que acabes de llegar de la visita al médico de tu madre. No importa que sospechen que tiene un principio de Alzheimer. ¿Tú, preocupada? Nada, mujer.  Yo te voy a taladrar durante dos horas con mis (insignificantes) problemas… Y Puri escuchaba los lamentos y los “y yo” de la amiga de turno a la que el marido le había dicho que las lentejas estaban sosasPero Puri parecía asumir su condición de “Puri” de forma asombrosamente serena y vivía sus días entre jabones y abusones.

Una mañana, mientras se lavaba la cara con su jabón de manzana verde, descubrió que era la última pastilla que le quedaba. Iba tan ajetreada con los problemas familiares que había olvidado comprar una de recambio. Se dirigió a la Jabonería Rosita, la única tienda de jabones que había cerca de su barrio (a una hora, caminando), y contempló con estupor el pequeño local, cerrado a cal y canto y con un gran cartel: “Se Traspasa”.

Regresó a casa, decidida a buscar en Internet otra jabonería donde comprar productos artesanales, no sin antes pasar a dejar el curriculum de su sobrina en un Bufete de Abogados, recoger las medicinas para su madre, la ropa de la tintorería de su hermano y tomarse un café con su amiga Pepa, que tenía una hija adolescente que la traía por el camino de la amargura (!Esta hija mía, me va a matar!).

Ya delante del ordenador- había ayudado a una vecina anciana a subir la compra y después había estado un rato conversando con ella (para hacerle compañía)  aunque aquella era la vecina que tiraba lejía a la ropa tendida – investigó en los buscadores y encontró dos posibles tiendas de jabones. Visitó las webs de ambas y descartó la Jabonería Marsellesa: no tenían jabón de manzana verde con esencia de coco. Al día siguiente, visitaría “Tu jabón”. Estaba más lejos de su casa pero tenía productos que valían la pena… Además, se había encaprichado de un jabón de canela y vainilla…

Lo tenía en las manos en aquel preciso momento y se estaba deleitando con su aroma…

El intenso olor le recordó su visita de esa tarde a “Tú jabón”. A pesar de estar rodeada de sus jabones preferidos y otros deliciosos como el de rosa mosqueta y violeta africana, se sentía inquieta. La mujer que la atendió le explicó que cada persona tenía asociado un jabón y que éste actuaba en la personalidad de cada uno de forma diferente. Lo de la “personalidad “le pareció escalofriante. El binomio era jabón y piel pero… ¿El carácter? La señora de la jabonería le tendió una pieza: “Este es tu jabón: bergamota y lima. Es el primero en el que te has fijado. Es tu jabón. “.

El cajón de los jabones de Puri acogía más de 20 pastillas (la mitad de manzana verde y esencia de coco) que había adquirido en “Tu jabón”, precisamente , para volver lo más tarde posible y evitar a la extraña mujer. La pieza de bergamota y lima estaba colocada en el fondo del cajón. Casi oculta…

La vida de Puri seguía su curso normal “de la vida de Puri”. Trabajo, familia, amigos,… Su madre había empeorado y , afectada por la situación, se sentía muy triste. En eso pensaba mientras abría el cajón de los jabones.  Sus manos eligieron una de las piezas y se sorprendió al ver el jabón de bergamota. Lo iba a dejar de nuevo,  escondido,  cuando recordó un artículo que había leído en el periódico en el que hablaban de las propiedades antidepresivas de la fruta…

Ese día, se duchó con el jabón de bergamota.  Antes de hacerlo, le dio un mordisquito. Sabía que era una costumbre tonta pero , siempre que lo hacía, recordaba a su abuela, riñéndola (ella siempre se declaraba culpable de las trastadas de sus hermanos) y obligándola a lavarse la boca con jabón.

El aroma cítrico y fresco le pareció revitalizante. Se sentía fresca. Chispeante…

Puri, querida, vamos a quedar para comer. ¡Hace tiempo que no nos reunimos todo el grupo y ya hay ganas! Seremos doce y, claro, los niños. María no puede hacerlo en su casa: esta de obras. Julia y Jaime acaban de poner tarima y dicen que el olor de barniz es muy molesto. Ya sabes que Lucas vive lejos y con los niños no nos podemos meter en el coche tres horas. A mí no me importa hacerlo pero los niños quieren salir de casa y cambiar de aires. ¿Qué te parece en tu casa?

Y Puri contesta: Mira, querida, las tres últimas reuniones de grupo las he hecho yo en mi casa. Venís sin nada, ni una botella de vino barata y, aún peor, os bebéis mis reservas de vino y cava. Los niños son unos maleducados a los que dejáis saltar en mi sofá blanco con las manos pringadas de Nocilla, sin decirles ni mú. Y aprovecho ese “mú” para decirte que ese vestido blanco y negro que llevabas la última vez (y que me preguntaste como te quedaba y yo te dije que “genial”) te hace parecer una vaca. Lo siento, soy tu amiga y te tengo que decir la verdad. Ya me llamarás para decirme en casa de quien es la comida… ¡Ah! Y yo voto por una barbacoa.

Puri también habló con su hermana: Esta semana llevas tú a mama al médico que ya es hora de que lo conozcas. Con su vecina: Señora Eufemia, le ayudaré con la compra que Ud. Ya está mayor, pero cómo vea una gotita de lejía en mi ropa, vengo y saco todo lo que llevo poniendo en los armarios todos estos años y se lo dejó en el salón. ¿Estamos? Con su amiga: Dile a tu marido que cocine él las lentejas: “yo me lo guiso, yo me lo como” así no tendrá problema con el punto de sal…Capullo.

Y, sí, el extraño jabón afectó a la personalidad de Puri que, tras lavarse la boca con él, dejó salir por la susodicha todo lo que le venía. De sopetón. Sin piedad.

Los que la conocían, echaban de menos a aquella mujer alegre y bondadosa. Alegre y paciente. Alegre y resignada.  Y, la verdad,  nadie podía decir que no estuviera alegre. Alegre y descarada. Alegre y combativa. Alegre y segura.  Un “alegre” que hacía que  Puri se sintiera como nunca.

Así que se fue a “Tu jabón” y ante la sonrisa complacida de la dependienta de la jabonería, se llevó todas las existencias de pastillas de bergamota y lima…

Y voy a ir acabando que si se entera que estoy escribiendo su historia para publicarla en este blog , me va a llamar y me va a decir que para mis relatos utilice mis experiencias y no las de otros. ¡Vaya cara, escribir de mí sin mi permiso!-me dirá.

Tal vez se lo debería haber pedido , que esta Puri es mucha Puri y visto su armario repleto de jabones de bergamota y lima, tiene para un rato de…alegría.

Si pregunta, yo no he sido.

 

 

Los personajes me acosan. #SantJordi2019

Ya se han venido arriba. Venga a mandarme mensajitos de texto: Nos escribes y nos olvidas, Traidora, Viene uno nuevo y nos abandonas, … Y , así, todo el día…

Me veo obligada a revivirlos, aunque sea por un día, para que dejen de acosarme. Es por pura supervivencia… Sant Jordi, el día del libro, las rosas y las leyendas parece adecuado… No he sido demasiada exhaustiva. Hacer una lista de todos los personajes, lugares y cosas que han protagonizado mis relatos, es una tarea pendiente a la que me dedicaré el día que, por fin, haya acabado de ordenar mis armarios.

Hoy, me he centrado en las profesiones. Tenemos una escuchadora profesional, un esperador profesional, una especialista en Credos y Religiones, un custodiador de secretos, un fabricante de gafas que hacen ver el mundo de color de rosa, un comprador de palabras, una esparcidora de corazones, un caza-personas felices, un escritor fluorescente y un mercenario de ideas.En El Blog Imperfecto, también se han dejado ver asesinos. Algunos daban risa, lo admito. El asesino de las flores, el asesino literal, la asesina del pollo, el asesino de Íncipit, la asesina del cabrito y Pola Calíope, una de mis asesinas preferidas (junto con la del pollo). Todos ellos, presiden la cabecera y van recibiendo lectores. Por lo menos, están ahí, tranquilos…

Todos ellos habitan en este mundo imperfecto. Les agradezco su presencia y la vuestra, por hacerlos vivir cuando los leéis.Sin vosotros, estarían confinados en mi mente… Pobrecillos… ; – )

Feliç Sant Jordi!

 

 

 

 

Receta de la tristeza al asalto.

La tristeza acostumbra a “asaltar”. Todos sabemos que en algún momento de la vida, se producirá ese asalto…La tristeza está adherida, como una segunda piel , a muchas situaciones vitales.

Pero hay otra, la de un día cualquiera. La del Patapam. La de no- sé-porqué ( o sí-lo-sé-pero-ahora-no-toca) .Esa tristeza, es especialista en “asaltar” :

  1. tr. Acometer impetuosamente una plaza o fortaleza para entrar en ella escalando las defensas.
  2. tr. Acometer repentinamente y por sorpresa.

Para prevenir un asalto, hemos de poner barreras. Hay que cerrar bien puertas y ventanas, poner rejas y alarmas. Si aun así, la tristeza consigue ejecutar el asalto, lo único que podemos hacer es…defendernos.

Como es muy impetuosa, hay que buscar armas efectivas que la obliguen a dejar de escalar nuestras murallas para hacerse con el castillo. Cada uno tiene su arma y mi arma es una cuchara de madera de boj, una sartén y unas cuantas verduritas. Y música ( en un volumen políticamente incorrecto, advierto.)

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Para combatir el asalto, salteo… Pocho una cebolla, sofrío unas zanahorias y un calabacín, cortaditos en juliana. Después, unos champiñones troceados… Salteo y salteo durante el asalto…Sal y pimienta blanca ( la negra no le va). Recién molida, como la tristeza.

Voy haciendo las verduritas y las reservo mientras en una olla con sal, cuezo una deliciosa pasta italiana ( Rummo, fantástica pasta). La vigilo , no vaya a escaparse.

En un mortero , la esencia mediterránea : un ajito y perejil y un chorrito mínimo (sólo para que se deslice) de aceite de oliva virgen extra… Esperan su momento… Cada golpe de mazo es una bofetada a la tristeza asaltante.

Cuando quedan unos minutos ( tres como mínimo), todas las verduritas a la sartén. Unas tiritas de jamón de jabugo las acompañan. Toma cerdo, tristeza! Y, a veces, también unos piñones. Más munición contra el asalto…

La picadita de ajo se une a la fiesta y sólo con ese aceite ( que si no queda blando y oleoso) y, venga, a hacer saltar la zanahoria, la cebolla, el calabacín…Que se fusionen con el ajo y perejil, que se mezclen con el jamoncito y entre ellas. ¿Tristeza a mí? Mira que jolgorio que hay en esta sartén.

El aviso sonoro del horno, me informa que ya han pasado 9 minutos desde que la pasta empezó a hervir. No a borbotones, no. De manera constante que es como le gusta a esta pasta italiana.

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Es el momento de escurrir. . Me guardo un poco de esa agua redentora (apenas una taza de café). La tristeza se va escapando por el desagüe. Este asalto lo gano yo. Seguro.

Llega el momento definitivo. Es ahora o nunca. Vuelco la pasta en la sartén y empiezo a remover, con mi cuchara de madera de boj. Esa tacita de agua se incorpora a mi asalto final y le da suavidad al conjunto.

Sigo removiendo de forma constante y suave apenas unos minutos… Salgo a mi pequeño y querido huerto y corto unas hojas de rúcula. Acaricio la albahaca con la mano y el aroma se expande…Hoy no. A esta tristeza le pega más el olor áspero y potente de esta hierba invasora.

Sirvo en los platos mi pasta con verduritas ( anti tristeza). Los decoro con las hojas de rúculay unas muescas de parmeggiano, sólo para dar el toque.

Mi plato es precioso y suculento.

Mi tristeza, también…

Limpio la cuchara y la dejo con los otros cachivaches de la cocina..

Sé que este asalto , lo he ganado yo.

 

 

NB : Añado un párrafo del Tratado de culinaria para mujeres tristes del escritor colombiano H é c t o r  A b a d  F a c i o l i n c e. Un libro muy especial y…diferente. Altamente recomendable.

Mi fórmula es confusa. He hallado que en mi arte pocas reglas se cumplen. Desconfía de mí, no cocines mis pócimas si te asalta la sombra de una duda. Pero lee este intento falaz de hechicería: el conjuro, sí sirve, no es más que su sonido: lo que cura es el aire que exhalan las palabras.

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE

Una onironauta en potencia (III)

Previamente :

Una Onironauta en potencia (I) y (Parte II)

 

 

Ya estoy en la mitad del libro sobre los Sueños Lúcidos. Los autores son muy optimistas y consideran que habrá un momento en el que experimentarás uno de esos sueños y, por lo tanto, lo que hacen es darte consejos para que te “muevas” en ese mundo onírico.

Hay un apartado que es “Transporte” y aquí, he de deciros, que me he desmotivado un poco…

Empecé a interesarme por este tema después de experimentar un sueño en el que tuve consciencia de que era un sueño. Eso fue muy llamativo porque eliminó el miedo, la angustia y cualquier otra sensación negativa (creo que en el sueño estaba escapando de algo) y cuando pasé al estado (supuestamente) lúcido, lo que sentí fue como una gran euforia, un “ahí os quedáis”, un “hago lo que me da la gana porque este es mi sueño” y, claro, como estaba en uno de esos estados en los que te quieres mover y no puedes, lo de volar pareció una forma acertada de largarme. Sólo pude alzarme unos centímetros (5?) antes de despertar pero la sensación fue brutal.

Photo by Mohamed Nohassi on Unsplash

En el libro te dicen que volar en los sueños requiere de una serie de trucos y de entrenamiento. Tanto para despegar como para aterrizar. También para hacer giros y esquivar objetos… Mi cerebro quisquilloso me dice: si estoy en un estado onírico en el que no hay leyes físicas y las normas las creo yo, ¿por qué voy a intentar volar como si lo hiciera en el mundo real? Dan ejemplos: como Superman, con saltos, con algún artefacto… ¿?

Y, otra cosa, se menciona que cuando ya estés acostumbrado puedes decidir un destino. Por ejemplo: las Pirámides de Egipto… Pero yo no he estado allí jamás. Tengo una imagen mental pero no es real así que… ¿Qué Pirámides veré? ¿Las oníricas???

Photo by Simon Matzinger on Unsplash

De momento, lo más positivo es el haber creado el Diario de Sueños. No puedo recordarlos todos los días, pero cuando tengo esa pequeña huella y los escribo brevemente, me asombro de la capacidad del cerebro para jugar con los estímulos. Y de lo surrealista (y cabroncete) que es…

De momento, no pasa nada más. Sé que sueño, que no he vuelto a sentir que estaba en un sueño de forma lúcida, y que lo de volar… ni en sueños…

(To be continued)

 

 

Una onironauta en potencia.

Hace unas noches, tuve una experiencia singular. Por lo menos, despertó mi curiosidad con intensidad. Tuve un sueño…

A veces, recuerdo lo que sueño, pero son pocas las ocasiones. Las imágenes se desdibujan a los pocos minutos del despertar.  En mi consciencia sé que , durante mi vida, he tenido sueños placenteros, de los angustiosos en los que pasa algo terrible y no te puedes mover y de esos en los que saltas o caes al vacío y… te despiertas. Pero, como os decía, la mayor parte de las noches no tengo ni idea lo que programa el Departamento de Contenidos de mi cerebro.

Mi sueño reciente, del que sólo recuerdo una imagen y una posición y al que no puedo poner paisajes, ni argumentos, fue diferente. Más intenso. El contexto era de acción y peligro, pero, yo no sentía miedo. Raro. Estaba tendida en el suelo, sin poder moverme, aun queriendo avanzar, aunque fuera a rastras, para escapar del “no-sé-qué” que me perseguía …Pero, de repente supe que estaba soñando y que, por lo tanto, no me podía pasar nada. Es más, podía moverme si quería. Podía elevarme del suelo y volar… E irme de allí… Y cuando inicié el ascenso, me desperté. En ese instante, recordaba el sueño con intensidad y  bastante precisión, incluso llegué a pensar en escribirlo… ¡Casi vuelo! Después, como es habitual, olvidé los detalles pero la “sensación” del sueño, no acababa de desaparecer. Lo que más me había sorprendido, lo más relevante era el tener conciencia, dentro del sueño, de que estaba soñando e intentar ¿dirigirlo?…

 

No creo en las pseudociencias, ni en los viajes astrales, ni en la interpretación de los sueños ( en un seminario en la Facultad, acabé de convencerme que todo es pura semiótica…) pero sí creo en el cerebro y en la ciencia y en todo lo que queda por saber de ese increíble artefacto de alta tecnología que todos llevamos puesto.  Siempre me ha cautivado el potencial de todo lo que se desconoce de él y, en este caso, lo referente a lo que pasa mientras estamos en Fase REM , así que empiezo a investigar un poco sobre el tema y descubro que mi experiencia tiene un nombre y  se llama “sueño lúcido”.

Directamente de la Wikipedia : “Un sueño lúcido es un sueño que se caracteriza porque el soñante es consciente de estar soñando. Se puede dar espontáneamente o ser inducido mediante prácticas y ejercicios”. Las personas que poseen esta habilidad se llaman onironautas.

De momento, estoy en la fase de recopilación de información. Leo sobre el sueño lúcido en blogs y libros y he visto una película ( Origen, Leonardo Di Caprio) que trata de este tema pero en clave de ciencia-ficción. Aunque la primera impresión es que hay mucho documento «místico» también he encontrado material científico en neurología y psicología .

 

Y mientras tanto, sigo un poco alucinada por esa sensación que me ha dejado el sueño.

Aún está por aquí…

(To be continued)

No era monje budista…

Mi padre, un hombre de naturaleza muy curiosa, tenía muchos libros sobre “Religiones”. Le encantaba leer sobre ello y cuanto más sabía menos identificado se sentía con las opciones disponibles. Tal vez, el budismo, fue de las doctrinas que más le impactaron. Durante muchos años, cuando yo ya compartía esas lecturas y reflexiones, mi padre me hizo engancharme a Lobsang Rampa. El monje budista que escribía Best-Sellers…

Después de aquellos años, ya no volví a leer a L.Rampa. Mi padre tampoco y ahí se quedó, en algún lugar de mi mente… “El médico del Tíbet” fue un libro que me gustó especialmente y, en mi imaginario, ese monje budista, se convirtió en un autor de referencia.

Hace unos días, topé con el libro y me despertó algo de aquellos tiempos. Busqué información de Lobsang Rampa, pensando en leer algo más y me encuentro con Ceyril Henry Hoskins, un fontanero inglés, que jamás había estado en el Tibet, ni sabía tibetano, ni nada de nada y que decía ser la reencarnación del Monje Lobsang Rampa. En los inicios de los 60, las editoriales que publicaron su obra sabían del “fraude” pero les pareció un producto con recorrido. Así llegó a España y a la biblioteca de mi padre . Esta circunstancia elimina algo de calidad moral en mi referente pero, ahora, asumido como obra de ficción ( nada que ver con el budismo, además), sigo pensando que es un buen libro.

 

Mi padre nunca supo que el autor de “El Médico del Tíbet /Lhasa” era un fontanero inglés pero estoy segura de que le hubiese hecho gracia…Y yo, no he podido evitar empezar a releerlo.

 

Otro rollazo sobre La Felicidad.

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Lo de «rollazo» funciona a modo de spoiler.

La Felicidad… Bonita palabra y bonito concepto que, además de bonito es diferente para cada uno de nosotros. Está muy bien que se estudie sobre ello (ahora y antes). Es un tema que ya preocupaba a los filósofos clásicos y es materia de estudio, en pleno siglo XXI, en prestigiosas universidades y por importantes científicos. Parece ser que por muchos años o siglos que pasen, lo de la felicidad en el ser humano, es un misterio total.

Me paro en la base de datos mundial «Happiness in Nations»  de la Erasmus University de Rotterdam  y descubro que España puntua en felicidad en un 7 ( sobre 10) ocupando su puesto en el ranking sobre 144 en el intérvalo de puestos 20-24… Son más felices, p.e., en Suiza con un 8,1 y menos felices en Tanzania, con un 3,2. Y por mucho que estos datos quieran aportar rigor científico , mucho me temo que dan una información muy genérica de la satisfacción de los habitantes de un país pero no podrán ser útiles para descubrir qué es la felicidad , de qué se compone, como se produce…

Yo parto de la base que cada uno tiene una definición interna de lo que es felicidad. Y más que una «definición» es una «sensación» perfectamente identificable en nuestro almacén interno de conceptos. Tú sabes cuando has sido feliz . En algun momento de tu existencia has sentido eso y, si has tenido suerte, eso se ha repetido alguna vez, por lo que sabes que la «sensación» es reconocible. Cada uno de nosotros ha sentido la indefinible felicidad por motivos diferentes y de intensidades , también , diferentes : cuando encuentras el amor, cuando creas una obra de arte o haces bricolaje, cuando recibes los resultados de un examen o de unos análisis y descubres que has sacado buena nota o todo está bien, cuando estás en una celebración familiar o en una cena con amigos y sientes que el tempo es perfecto, al nacer tus hijos o al ver su progresos o sus sonrisas, cuando tienes éxito en el trabajo o en un concurso, cuando… Dependiendo de nuestra situación social, económica, espiritual y personal ( se refiere a la personalidad de cada uno), cosas que a unos les proporcionan esta sensación, eso, o llamésmolo felicidad, a otros, les dejaran indiferentes o, incluso, les puede proporcionar sufrimiento.

Además, es un feeling que puede darse en dosis ( las llaman microfelicidades) o , en casos excepcionales, se manifiesta de forma contínua a lo largo de la vida… ¡Qué envidia!, por cierto.

Desde esta visión simplista de qué cada uno sabe lo qué es FELICIDAD para él ( y no es necesario que coincida con lo que es eso para los otros)  y que puede ser percibida de forma aislada o con continuidad,  lo que me queda claro es que el concepto existe . O sea, la felicidad existe.

Olvidemos lo de que el dinero, la salud y otras variables  parecen ser necesarias para ser feliz en nuestro sistema. En otros lugares, en tribus remotas donde los valores difieren completamente, también experimentan lo que es ser felices y lo que da el sentimiento contrario. Si nos centramos unicamente en la sensación que parece ser común seas esquimal, español o masai, ¿Podríamos repetirla, convocarla, provocarla a voluntad? ¿Sería posible ejercitar nuestro cerebro para inducirlo a ese estado?… Magia.Tonterías de autoayuda. Salvavidas que nos tendemos los seres humanos … O no.

Mihalyi Csikszentmihalyi en su libro Flow, plantea el estudio de esta «sensación feliz» que el denomina flow y no identifica con felicidad pero si como un paso para su consecución. Tras muchos años de investigación sobre la felicidad en diferentes países, nos da pistas de como conseguir «repetir» ese estado de flujo… Todo fluye…

El profesor holandés Ruut Veenhoven, ha creado un curso en la universidad de título «Felicidad permanente» con el mismo objetivo. En la Universidad de Harvard el profesor Ben Shahar, imparte el curso «Como aprender a ser feliz»

Todas estas iniciativas para enseñarnos a entrar en estado de felicidad, tienen un denominador común : rescatar los momentos felices. Se basan en estimular nuestro estado volitivo : Quiero ser feliz y como lo quiero, lo busco.

Salvo las excepciones de esos seres humanos con gran capacidad de ser felices y estar satisfechos con su vida ( de forma innata, te diría), están el resto ( que son muchos más) que se lo han de currar. Voluntariamente y con tesón. Esta ha sido una de mis obsesiones privadas . No la búsqueda de la felicidad total sino el aprendizaje de la felicidad cotidiana…

Ya ha quedado claro que como el concepto de felicidad es tan maleable, podemos asumir que la unión de microfeliciades diarias, también puede funcionar. En este «cursillo» de inducción al flow, he descubierto que lo que a mí me funciona es lo de los placeres sencillos, los estallidos de flow pequeñitos que se suceden durante el día y que al estar sometidos a tantos estímulos y al «sistema» se nos pasan de largo. Me construí un bol de buenos recuerdos para dar un  formato físico y visible a mi teoría . Aprovechando su presencia constante en mi hogar, no permite que te olvides de tus buenos momentos, que los tienes.Para construir el Bol de buenos recuerdos, solo debes comprar un gran bol de cristal transparente, libretita, post-it o papelitos, rotu y…escribirlos. Cuando estés down o tengas un momento de esos malos, vas al bol y coges un papelito. Rememoras esa buena onda y, si hay suerte, la buena onda te impregna. Ya os digo que hay que ejercitarlo… También sirven, cajas, libretas o cualquier tipo de contenedor de notas manuscritas…

Otra de las cosas que te enseña la vida es que,todo puede cambiar en un segundo… Para bien o para mal…Así que, también es un gran ejercicio de higiene mental, repetirte cada mañana, cuando despiertas, qué estas aquí y qué «Gracias». Leí a un filósofo japonés que , cada mañana, al despertar, tenía un ritual privado que le daba fuerza y optimismo para el día. Salía a su jardín, abrazaba a un árbol y daba las gracias por el día que iba a empezar…. Yo no salgo a la calle y me enrosco al platanero de la esquina, pero sí que me tomo mi cappucino, con calma, mirando a mi exterior ( sea el que sea en ese momento) y agradezco el estar ahí, con todo más o menos normal y con el día dispuesto a darme , aunque sólo sea uno, segundos de felicidad.

Si no, siempre me queda el Bol.

Siento el rollo….