Comparto mis propias fotos en Unsplash, pero lo que de verdad disfruto es compartir las de otros. Me los imagino frente a la escena —o construyéndola—, cámara en mano, saboreando el instante y el resultado.
Esto es una muestra de gente que hace fotos inspiradas en la Navidad.
Más de 2000 dientes de león, recogidos por la artista Regine Ramseier, tratados con una capa de adhesivo y montados en una habitación blanca para la exposición ArToll Summer Lab 2011.
A mí, me das unos dados y los tiro, a por el seis.
Hay otros que hacen más cosas.
El escultor es el británico Tony Cragg.
El mundo, reciclado.
Esta es una obra de la británica Susan Stockwell para la Universidad de Bedfordshire.
Hall de Informática.
Definitivamente, la creatividad del ser humano es maravillosa.
Troncos que se bifurcan en ramas pero que son columnas. Sostienen una bóveda que recuerda a una capa llena de hojas pero es piedra y arquitectura.
La luz parece la del sol , atravesando los árboles pero son vidrieras que crean efectos naturales preciosos.
Gaudí quiso que el interior de la Sagrada Familia fuera como pasear por un bosque.
No buscaba un espacio solemne y oscuro, sino vivo y orgánico , donde la naturaleza fuese el gran templo . Así, arquitectura, estructura y luz se funden en una experiencia casi vegetal, que envuelve al visitante en silencio .
Rosalía no ha sido una artista que soliera aparecer en mis playlists, salvo por un par de temas —los más conocidos— que se colaron en mi música cuando preparé una lista para una fiesta y pedí a los asistentes que me dieran dos canciones cada uno. Y ahí apareció Rosalía.
La vi en una actuación en los Premios Goya de 2019, versionando “Me quedo contigo” de Los Chunguitos. Aquella interpretación me puso la piel de gallina y me hizo sentir una profunda admiración por la artista. Aun así, su música seguía sin ocupar espacio en mis listas habituales.
Y va y publica “LUX”. Y todo el mundo habla de “LUX”. Veo el vídeo de “Berghain” y, como soy curiosa y me apasiona la música, escucho “LUX” de principio a fin. Luego lo vuelvo a escuchar. Y me encuentro con esa Rosalía de los Goya, pero llevada al máximo nivel de madurez artística y optimización sonora. Y me encanta.
Soy lo más alejado de su público objetivo y, aun así, “LUX” me ha proporcionado momentos de auténtica enajenación musical. No me quedo con todas las canciones, pero me gustan casi todas.
Las voces expertas dicen que “LUX” es luz. Yo solo me guío por lo que he sentido mientras esa música luminosa me llegaba a los oídos y de ahí al hemisferio derecho del cerebro: placer.
Son cucharas de boj, talladas por manos temblorosas hace ya más de diez años. También conservo espátulas. Me hizo muchas y, aunque cada una que me regalaba era una ocasión única, uso unas para cocinar y otras las convertí en cuadros para rendir homenaje a esas manos que ya no están.
Este es un cuadro reciclado, sencillo y de un solo tono, pero con pequeños destellos: el brillo del tesoro que guarda.
Han hecho una “Interpretación Semiótica Visual Subjetiva” de uno de mis cuadros.
La semiótica visual es una rama de la semiología (semiótica) que trata sobre el estudio o interpretación de las imágenes, objetos e incluso gestos y expresiones corporales, para comprender o acoger una idea de lo que se está visualizando. Por ejemplo, un cuadro…
Alguien lo ve y me dice: “Esto ha nacido de la tristeza. El color lo dice todo. Estás triste…”.
Interpreta la imagen, canaliza toda la información y lo percibe así: triste…
En realidad, la cronología de la creación es otra:
Se me rompió una pulsera que llevaba años conmigo; su valor era emocional y quise conservar las cuentas de cristal.
Al ordenar el trastero descubrí un lienzo hecho polvo que podía reciclar y un espray de pintura de pizarra.
Al salir del trastero hacía un día espléndido. Todo se conectó de forma fluida: bastidor, pintura, cuentas de cristal, pegamento, sol. Me puse los cascos y… no hay semiótica para explicarlo.
Disfruté enormemente.
Hace unos días me preguntaron por la Sagrada Familia de Barcelona. Quienes lo hacían venían de otros países. Estaban aquí por motivos de trabajo y querían conocer esta maravilla arquitectónica.
La pregunta me hizo pensar: yo estuve en esta prodigiosa obra de Gaudí en visita escolar, hace muchísimos años. Recuerdo vagamente el interior. El exterior lo veo de uvas a peras, cuando paso por allí en coche. La vista siempre me sobrecoge, pero cuando el semáforo se pone en verde sigo adelante y la olvido.
Así que este fin de semana he ido a la Sagrada Familia. Con la cámara colgada al cuello, me he convertido en una turista en mi ciudad. ¿Cuántos de vosotros vivís en ciudades con lugares emblemáticos que habéis visitado una vez —normalmente en período escolar— y ya lo habéis dado por supuesto y tachado de la lista de “cosas que hay que ver”? ¿Cuántas colas habéis hecho, en viajes a otros países, para entrar en museos, catedrales y edificios históricos, y no lo habéis hecho donde vivís o tenéis cerca?
La experiencia me encantó.
Yo, que voy a la búsqueda de estrellas, pude deleitarme con la estrella de la Torre de la Virgen María. Gaudí la pensó con una coronación que no fuera de aguja o mosaicos. Quería una estructura de luz. La interpretación contemporánea de esta idea ha sido una estrella de doce puntas que corona la torre, a 138 metros de altura. Mide unos 7,5 metros, pesa 5,5 toneladas y combina acero inoxidable y vidrio texturizado hecho en Cataluña.
De día refleja el sol; de noche brilla desde dentro con LED blancos y se ve desde media Barcelona.
La estrella simboliza la luz que guía, la Estrella de Belén según Gaudí. Su colocación en 2021 marcó la primera torre terminada en décadas y anunció la recta final del templo, incluida la futura torre central de Jesús (2026) y la finalización total para 2033.
Es una estrella preciosa.
Y tiene un séquito de estrellas pequeñas girando a su alrededor..