Una mantita de ganchillo.

colcha

 

Me cobijo bajo la manta de ganchillo y cuento hasta tres.

Uno, dos, tres…

Ya he desaparecido. No estoy. Los que estaban conmigo, levantarán la manta y no encontrarán nada. Un espacio vacío. Una huella de mi cuerpo, aún tibia, marcada en el sofá pero yo…no estaré ahí.

Habrá unos minutos de desconcierto. Palparán los cojines del sofá, incluso los sacarán buscando un mecanismo que, aunque oculto, les proporcione la dosis de lógica para explicar cómo es posible que antes estuviera ahí y, ahora, ya no.

Ya no estoy.

Cogerán la manta, que ya no es mía, y la sacudirán. Mirarán por debajo y por encima hasta que alguien confirme, con total certeza, que yo no estoy allí.

Entonces, se desatará la histeria. Los que estaban conmigo, quedaran marcados de por vida por el suceso inexplicable de “la mujer que desapareció bajo la manta”.

No importa. Me olvidaran y lo superaran…

Mientras, yo, voy saltando de vida en vida…Una vida, otra vida y otra y otra…

Ya es mi décima vez y sigo sin saber dónde estoy. Cuando me cobijo bajo la manta para desaparecer, me siento en una zona intermedia, entre la manta de ganchillo y la realidad, que no sabría describir. La única palabra que me viene a la mente es “aséptica”.

No sé el tiempo que estaré allí. En unos minutos, segundos, horas, días o años apareceré debajo de mi manta, en otro sofá, o en un sillón, o en una cama… En una casa desconocida…

Nadie se preguntará quién soy ni que hago allí. Convivirán con la mujer de la manta, como si hubiese estado en sus vidas,  toda la vida…

Unas veces, he aparecido como madre, otras como amante, como niña, como suegra, como amiga,… En cada lugar, he desempeñado un papel y me he quedado un tiempo pero, tras unos meses y de forma irremediable, me he aburrido con esas personas que para mí, siempre eran desconocidas.

Y aunque me quisieran, yo no las quería a ellas. Así que me envolvía en la manta de ganchillo y me iba a otro lugar. Y punto.

Noto que estoy a punto de emerger de nuevo.

Falta poco.

Mi abuela había tejido esa manta para mí. La había creado para protegerme de los monstruos y de la oscuridad. Si tenía miedo, sólo debía envolverme en la deliciosa pieza tejida a ganchillo y los miedos desaparecían…

Supongo que algo ocurrió en algún momento de mi vida para qué, al cabo del tiempo, fuera yo, y no mis temores, la que desaparecía del lugar. He pensado que podría ser la tendencia a ser cobarde y egoísta que adquirí al crecer y madurar y que mi abuela no tuvo en cuenta al tejer aquella maravilla. No podía prever que aquella niña temerosa y adorable se convirtiera en…mí.

La primera vez, fue desconcertante. Dejé a mi familia y me encontré en otra. Quise volver pero nada de lo que hacía me permitía retornar al punto de partida. Más tarde, descubrí que necesitaba estar rodeada de gente para que funcionara “el viaje”.  Una vez descubierto el mecanismo de activación, en cada viaje me he concentrado en recuperar mi vida y volver a mi sofá, con mi marido pero…no lo consigo. Podría tener que ver con la realidad de mis deseos. Pienso en mi vida monótona. Gris… Y, realmente, nunca me apetece volver. Y sí, sé que lo estará pasando mal… pero…

Cada vez que lo hago, aparezco en un lugar que no conozco,  con gente qué no sé quién es. Sólo una vez, aquella en la que aparecí como la amante de aquel famoso actor moreno y de pelo canoso (del que no puedo decir el nombre) tuve deseos de quedarme allí y de hacer desaparecer la manta pero… me fue infiel con una luchadora profesional…

Siento ese tirón que me lleva al exterior. Percibo el tenue perfume de mi manta de ganchillo. Estoy arrebujada bajo ella, confortada por su calor. De repente, mi cuerpo siente dolor. En los huesos, en las articulaciones… Oigo un ruido, una especie de maullido. Me preparo para sacar la cabeza y observar, por primera vez, el lugar en el que me encuentro. Reconozco la habitación. Es el salón de mi casa, en la que vivía con mi marido. Todo está polvoriento y un tanto descuidado. Abandonado.

Hay, apenas un par de muebles: una mesa y sillas y el sofá del que me acabo de levantar. No veo a mi marido y tampoco hay huellas de que esté por llegar. Aquí no hay nadie. Nadie más que yo.

En la cocina, me sorprendo de mi desorganización. Los platos sucios se amontonan en el fregadero y en la nevera, hay cuatro cosas que si no han caducado, están a punto de hacerlo. Veo cajas de comida a domicilio: chino, japonés, turco, pizza…Oigo el maullido y dirijo la vista a mis pies. Un gato se frota contra mis pantorrillas, encantado de verme. Parece que me conoce. Después, veo otro. Y otro más…

Vuelvo al sofá y me envuelvo en mi manta de ganchillo que ahora está llena de pelos de gato. Me quiero ir de aquí pero…no pasa nada. No hay otras personas…La manta no funciona.

Aquí no hay nadie.

Nadie más que yo y estos tres gatos…

El increíble caso de Apola Calíope.

Lo llamaron a las siete de la mañana.

Cecilio Ceres había sido encontrado muerto en su despacho y reclamaban su presencia en el lugar del suceso.
El Profesor Cecilio Ceres era un reconocido musicólogo, famoso conferenciante internacional, e investigador de renombre. El hombre había muerto, tapándose las orejas, con un gesto de terror en el rostro. Lo habían encontrado arrodillado, delante de un diván freudiano… Nada hacía pensar que la muerte no fuera por causas naturales pero, la notoriedad del personaje y las extrañas circunstancias, habían activado el código rojo en la Brigada de Homicidios.

Seren examinó concienzudamente la escena del crimen. Su nombre completo, Serindipity García, describía a la perfección su habilidad. Era un experto en hallazgos afortunados que ayudaban a resolver los casos.Revisó todo papel que encontró, mientras su mente procesaba datos fortuitos .Fue entonces cuando un nombre se hizo evidente: Pola. Se repetía con asiduidad en las entradas de la agenda del profesor.

Oyó el click familiar en su cabeza, que le indicaba que tenía una pista y se concentró en Pola. Encontró un abultado expediente, con las transcripciones de entrevistas, fotografías de Pola, Cd’s de diferentes estilos musicales y un pequeño cuaderno en el que el profesor estaba escribiendo un ensayo : El poder de la música : aquellas canciones.

Apola Calíope ( alias Pola), 32 años. Mujer. Licenciada en Bellas Artes.

Acudió a la consulta, diciendo que había canciones que la dominaban y la obligaban a hacer cosas. El profesor, había subrayado la frase : “las canciones me poseen”. Tras derivarla a un psiquiatra amigo, la paciente volvió a visitarlo con un diagnóstico de normalidad y una efusiva recomendación de su colega para que prestara atención al caso.

El primer día de sesión ,Pola le explicó al profesor que si escuchaba Love is in the air, se enamoraba de quien ella eligiera , en sentido bidireccional. Lo hacía “conectándose” con la canción. ¿Love is in the air? A Seren le impactó aquella mujer y su extraña locura e, incluso, sintió compasión por la muchacha de ojos castaños y tristes pero… la investigación de Celestino Ceres y sus primeras conclusiones le dejaron estupefacto: el profesor explicaba detalladamente los factores neurológicos que podían favorecer esa extraña transmisión de energía y describía varias pruebas empíricas en las que Pola, con Love is in the air, consiguió actuar de Cupido de forma dirigida. La comprobación de más de 25 enamoramientos intencionados, confirmaron que Pola era especial.

El problema, según consignaba el erudito, residía en que Pola no sabía que canciones la poseían, cuales activaban sus poderes especiales y, tampoco, en qué consistían esos poderes. Love is in the air, había sido un hallazgo fortuito y sólo se había producido otra posesión con You are the sunshine of my life , canción que hacía que Pola brillara y repartiera luz. El profesor describía profusamente el “estado de paz” que se sentía si se estaba cerca de Pola cuando irradiaba la luz… En este punto de la lectura, Seren ya empezaba a sospechar que el eminente Profesor Celestino Ceres estaba tan loco como la tal Pola. ¿Qué una canción te posee ¿ ¿Qué tontería era esa?
¿Amor?, ¿Luz?, ¿Paz?…

Estuvo a punto de abandonar el expediente pero la curiosidad pudo con él y se llevó toda la documentación a su casa para continuar con la investigación.El profesor , con una fe absoluta hacia Pola, ideó un sistema para identificar las canciones que funcionaban y las que no. Durante meses, escucharon canciones.Miles, millones de canciones.

No hicieron grandes avances y sólo consiguieron identificar que con Think de Aretha Franklin, Pola podía desparecer si conectaba justo en el momento en el que la canción atacaba el estribillo del Freedom. ¿Desaparecer? Locura musical. Muy locos los dos, paciente y terapeuta…

Se hizo de día y se preparó para asistir a la reunión de la Brigada, cuando sintió el click serendípico : “Rolling Stones”. En la última entrada del ensayo del profesor describía una sesión con canciones del grupo para la siguiente sesión con Pola. No había fecha consignada y no sabía si se había producido, pero pensó en comprobar unos detalles…Pasó por la consulta del profesor y pidió la cinta de vídeo de seguridad del edificio. Después, entró en la sala donde se hacían las sesiones y miró el anticuado reproductor de CD’s. La funda que había sobre el aparato, era de uno de los trabajos de los Rolling : Let it Bleed. La pista en la que se había parado era la número 7, por lo que supuso que era la número 6 la última canción que habían escuchado entera. Miró la carátula del CD y apuntó el título: Midnight Rambler.

Ya en su despacho, visionó la cinta y vio la figura de Pola adentrándose en el ascensor. La hora de entrada de la mujer y la supuesta hora de la muerte del profesor parecían coincidir. Tecleó en su ordenador el título de la canción de los Rolling y descubrió que explicaba la historia de un asesino, el estrangulador de Boston…Y entonces… casi pudo ver a Pola, estirándose en el diván y colocándose los auriculares. Al profesor pasando las canciones, con el mando a distancia, mientras ella negaba con la cabeza y, finalmente, el cambio en la rigidez de su cuerpo cuando Midnight Rambler empezó a sonar, la mirada brillante y febril, aquella extraña sonrisa en la cara de Pola… El profesor Cecilio Ceres, muriéndose mientras la canción le iba taladrando el cerebro y a Pola la poseía la canción y la conectaba con la muerte.

La culpable era ella. Se lo decía el click.

La detención fue rápida y limpia. Interrogó a Pola para saber cómo había asesinado al profesor, pero la chica se limitó a decirle que las canciones la poseían y que ella no sabía ni qué canción lo haría ni que es lo que pasaría si encontraban una con la que conectara. Lloró por el profesor y confesó que había sido ella la culpable de su muerte. Le pidió que la ayudara, le rogó que buscara a alguien que pudiera solucionar su problema pero Seren, tras obtener la confesión le dijo que intentaría interceder para que la internaran en un centro psiquiátrico. Fue ese el momento en que Pola pareció rehacerse . Dejó de llorar y su mirada se endureció y le preguntó, directamente, si Seren la creía. Y , él, incapaz de mentir ante el escrutinio de esos ojos , le dijo la verdad : Pola, creo que no estás bien. Las canciones no pueden poseerte. Necesitas ayuda.

Fue la última vez que vio a Pola.

Tras acabar el informe y el papeleo, Seren se dirigía hacia los calabozos para hablar con ella antes de ser llevada ante el juez , cuando oyó a uno de los Agentes comentar que “había dejado que la chica de los ojos marrones se quedará el iPod”. Click.

¿Pola con acceso a las canciones?

Corrió hacia la celda.

El iPod estaba en el suelo y allí no había nadie.

Nadie.

Tembló al recoger el reproductor de mp3 y se estremeció al ponerse los auriculares: la potente voz de Aretha Franklin cantando Think, reverberó en sus oídos.

Freedom.

La Lavadora XCleanLife 3.200 Turbo

Tengo la solución definitiva para la paz mundial. ¡Sí! Habéis oído bien: paz en el mundo. Nada de guerras, ni disputas… ¿No es maravilloso? Yo creo que sí, pero…parece que soy la única…Nadie me cree y, claro, seguimos matándonos y luchando ente nosotros.

No sólo poseo esta panacea si no que la quiero compartir. La he puesto a disposición de todos los gobiernos que existen actualmente, para poder usarla gratis. No pido nada a cambio. Incluso pongo el detergente y el suavizante, pero…nada. No hay respuesta.

Mi lavadora está en casa. La compré en unos grandes almacenes y no fue ninguna ganga. Yo era una experta buscadora de ofertas y siempre encontraba un establecimiento que vendía mobiliario de otras temporadas o una tienda de electrodomésticos que ofrecía buenos productos pero que estaban golpeados o con alguna tara por haber estado expuestos. Los precios siempre eran imbatibles y yo me enorgullecía de mi sagacidad a la hora de comprar “bueno, bonito y barato”. Cuando mi lavadora hizo su último centrifugado, seguido de un gran ¡Crack! que resonó en todo el piso, inicié la operación de “Compra de la nueva lavadora”.

Normalmente, antes de buscar las ofertas irrepetibles, realizaba una visita a un gran centro comercial donde algún amable vendedor me ponía al corriente de las novedades. Con esa información, realizaba una segunda búsqueda en otros establecimientos, pero…en aquella ocasión, no lo hice.  La lavadora XCleanLife 3.200 Turbo, me robó el corazón. No pude escapar a la voz profunda e hipnótica del hombre que me atendió en la sección de electrodomésticos: Esta lavadora es un prodigio de la ciencia. Ya le digo yo que más que un electrodoméstico la XCleanLife 3.200 Turbo es un milagro. Tiene cinco programas de centrifugado y una función antiarrugas que saca la ropa en un estado perfecto para la plancha o para la secadora. Ella solita, detecta si es ropa de color o blanca, si es delicada o de algodón resistente, si debe poner más o menos quitamanchas y suavizante. Si no la abre en los cinco minutos después del lavado, inicia un ciclo de mantenimiento para que jamás, abra el bombo y se encuentra la ropa arrugada y con ese desagradable olor a humedad cerrada. Su consumo es bajísimo y está programada para usar la mínima agua y la temperatura imprescindible.

El hombre paró de hablar para tomar aire mientras acariciaba la lavadora, con una ternura infinita. ¿Qué le parece? El brillo de mis ojos y los movimientos involuntarios de mis manos hacia mi tarjeta de crédito, eran señales de que el discurso me había convencido. No sé por qué, pero yo también acaricié la lavadora, justamente en la zona del bombo y noté una extraña sensación de euforia. La XCleanLife 3.200 Turbo tenía que ser mía.

En unos minutos me encontré gestionando el papeleo de pago, transporte e instalación de la lavadora más cara del mercado. El vendedor me sonreía con aire satisfecho y yo supuse que sería por la jugosa comisión que había conseguido a mi costa, pero, cuando ya me disponía a irme, me tomó del brazo y acercó su rostro. Susurrando, me dijo estas palabras: Se lleva algo más que una lavadora. Ya le dije que era milagrosa. Es una venta especial y no estoy autorizado a decirle nada más que esto : La XCleanLife 3.200 Turbo , lava los trapos sucios. No lo olvide.

Me giré para preguntarle qué quería decir pero, para mi sorpresa, el hombre de voz profunda, ya no estaba en mi zona de visión. Lo busqué con la mirada, recorrí la zona de lavadoras pero fui incapaz de localizarlo. Estaba harta de estar en el Centro Comercial, pensaba en el atasco de salida y el largo camino hasta llegar a casa y desistí de buscar al extraño vendedor .

La XCleanLife 3.200 Turbo llegó a mi vida dos días después. Os diré que era una lavadora tan, tan bonita que mi cocina parecía otra cocina. Le daba elegancia y un cierto nivel. Tal y como se me había prometido, la lavadora prácticamente funcionaba sola. Yo sólo introducía la ropa y la sacaba. Nunca mi colada estuvo más blanca y perfumada… De vez en cuando, me acordaba de lo de “lavar los trapos sucios” porque me tocaba lavar los dichosos trapos sucios tras la limpieza general y cuando los sacaba de la lavadora, admiraba su limpieza…y ya está.

Una tarde me vino a visitar mi amiga Herminia. Éramos muy amigas, pero lo habíamos sido mucho más en otros tiempos. Ocurrió un extraño suceso entre el que en aquella época era mi novio y la dulce Herminia. Ella nunca lo admitió pero yo tenía pruebas contundentes, incluida la confesión del que había sido mi pareja .Además, sabía lo del lunar con forma de corazón que Herminia tiene en la ingle más profunda…

El tiempo pasó y él salió de mi vida. Me quedé destrozada y sola. Triste y abandonada…hasta que llegó Herminia y me obligó a reaccionar. Y aunque siempre estaría agradecida a aquel acto de amistad, el hecho “objetivo” que se acostara con mi ex novio (aunque ella dijera que no) hacía que se empañara nuestra amistad. Mientras Herminia admiraba mi lavadora, recibí un mensaje telepático (no sé cómo llamarlo) del vendedor : “Lava los trapos sucios”. Miré a Herminia y sentí que ahí estaban los trapos sucios que debía lavar. Sé que la sorprendí con mi pregunta sobre aquellos cuernos y que se quedó de piedra cuando le pedí que se despojara de una prenda. No sé cómo, pero sabía lo que debía hacer…

Se sacó la camiseta y yo me saqué la mía e introduje ambas prendas en la lavadora. “Ahora, vamos a lavar nuestros trapos sucios”-le dije sonriendo. La lavadora se puso en acción. Observamos que el bombo empezaba a girar, emitiendo destellos resplandeciente y fogonazos de una luz dorada muy especial. Herminia me miró sin comprender que estaba pasando, pero cuando saqué las camisetas y nos las volvimos a poner, ella me confesó su desliz, me pidió perdón y, lo más sorprendente, yo la entendí y la perdoné. De golpe, aquello que nos separaba dejó de existir y notamos que el afecto verdadero volvía a nuestra relación.

Después de ese día y de ese mágico suceso, empecé a llevar a casa, a personas de confianza que querían lavar sus trapos sucios. Desde mis dos vecinas, embarcadas en una lucha de poder por las zonas para tender en el terrado que saboteaban sus prendas con lejía y desgarros,  a los dos hermanos ( amigos de Herminia) enemistados por una herencia: uno de ellos sospechaba que el otro, había ido a casa de los padres antes que nadie ( y con nocturnidad y alevosía) a llevarse dinero en efectivo que no hizo constar en el “reparto” testamentario.

Al ver que la XCleanLife 3.200 Turbo funcionaba y lavaba los trapos sucios, generando un ambiente de armonía y entendimiento, quise probar con algo más consistente. En mi barrio había una Asociación de Ciudadanos para la Conservación de Edificios Históricos que llevaba años luchando por catalogar una biblioteca pública, ubicada en un edificio que se iba a demoler. Se decía que el Ayuntamiento había favorecido al nuevo propietario, emitiendo un informe de estado ruinoso y sin posibilidad de restauración que obligaba a su demolición. Se hablaba de sobornos en ambos bandos y del empleo de las malas artes para expulsar a los inquilinos del edificio. Yo conocía a uno de los activistas que proponía una solución que podía ser beneficiosa para ambas partes, marcando unos lindes que permitían conservar la biblioteca y edificar nuevas viviendas, pero los intereses económicos y políticos habían ahogado su voz y se había dado un carpetazo a su propuesta.

La forma de llevar a cabo mi experimento fue poco ortodoxa. Lo admito.

No encontré otra forma de hacerlo. Conseguí somníferos y dormimos al Presidente de la Asociación, al nuevo propietario y al concejal de Urbanismo del Ayuntamiento. Estaban reunidos en la sede de la Asociación a petición de mi amigo y allí, los sorprendimos con un té frío atiborrado de pastillas para dormir. Les sacamos una prenda a cada uno y yo me fui a casa (“Los trapos sucios se lavan en casa,” me decía la voz del vendedor) a lavarlas. De vuelta, los volvimos a vestir y esperamos que despertaran. El experimento fue un éxito, pero también, fue un factor determinante para que yo esté ahora, aquí.

Bueno, sí,  fue “el factor”…

La propuesta de mi amigo fue aprobada y se preservó la Biblioteca. Tras el lavado de trapos sucios, los tres responsables del tema llegaron a un acuerdo, pero…también decidieron denunciarme por haberlos drogado sin su consentimiento y haber atentado contra su intimidad al sacarles las camisas. Ufff!

Me llevaron a juicio. No os puedo explicar lo que sentí cuando vi a Herminia en el estrado, declarando como testigo. Y a mis vecinas y a los hermanos amigos de Herminia… Todos afirmando que yo lavaba los trapos sucios con mi lavadora XCleanLife 3.200 Turbo.

No me sorprendió saber que en el Centro Comercial donde adquirí la lavadora, no trabajaba ningún vendedor con las características que yo describí ante el juez. En la sección de electrodomésticos, sólo trabajaban mujeres y un hombre, que nada tenían que ver con el tipo de la voz profunda e hipnótica.

El juez, abrumado por los testimonios, decidió que estaba pasando por un episodio clasificado como “trastorno mental transitorio” que debía ser tratado en una Clínica especializada. Mi condena fue un internamiento forzoso en un centro psiquiátrico hasta que mis síntomas de locura y mis “delirios” remitieran…

 

Y aquí estoy. Recluida, pero…por poco tiempo…

Hasta ahora, sólo he dicho la verdad. Sé que mi lavadora, lava los trapos sucios pero si se lo digo a mi psiquiatra ( incluso le he propuesto ir a probarlo pero no quiere) me va a tener aquí más tiempo. Herminia me ha aconsejado que diga que ya no creo en el poder de la XCleanLife 3.200 Turbo y que finja que mi lavadora es una lavadora normal…Y lo voy a hacer. En unas semanas, estaré en la calle de nuevo…

Así podré seguir buscando la forma de contactar con los gobiernos del mundo para ofrecer mi lavadora.Va a ser difícil, lo sé pero …no puedo dejar de intentarlo. Esta vez iré con más cuidado e intentaré pasar desapercibida para que nadie vuelva a dudar de mi cordura, pero, entendedme, lo debo intentar. Es mi misión.

Mientras tanto, para cuando salga de aquí, pongo a mi disposición la XCleanLife 3.200 Turbo para todo aquel que tenga trapos sucios que lavar. He descubierto que casi todos tenemos algo que limpiar así que preveo que voy a tener muchas peticiones. Los turnos se establecerán por el orden de contacto y se creará una lista de espera.

Se aceptarán donativos voluntarios para sufragar los gastos de luz, detergente y suavizante.

 

Día Mundial de Saltar Encima de Las Cosas.

Te lo voy a explicar ya que hoy es el Día Mundial de Saltar Encima de Las Cosas pero… no se lo digas a nadie. ¿Vale?

Cristina me dijo, en nuestra tercera cita, que tenía una afición que no desvelaba antes, para no ahuyentar a sus posibles conquistas. Resultó que su afición era visitar a un adivinador, una especie de gurú, que era su guía espiritual. Tampoco es que me entusiasmara la idea, pero, puestos a esperar cualquiera de esas cosas que acaban en “filia”, el adivinador-gurú me pareció un mal menor.

Recuerdo que no pensé lo mismo cuando me vi, sentado en aquella incómoda silla, delante de una mesa llena de ángeles, velas y plantas y con aquel tipo moreno, mirándome fijamente a los ojos.  Tras un intenso momento de silencio atronador y ni un pestañeo, el adivinador sonrió y le hizo un gesto afirmativo a Cristina. Ella, suspiró aliviada. Antes de irnos, quiso hacerme una sesión a solas. Ya no me hablaba, susurraba. “Mira, me caes bien. Te voy a dar el poder del “jump” Hace tiempo que tengo pendiente otorgarlo a un elegido y no lo encuentro. Te lo voy a dar a ti”

¿Jump? ¿Poder? Confieso que, en ese momento, estaba tan sorprendido que ni me di cuenta que el tipo entonaba un cántico y después, tiraba del dedo meñique de mi mano derecha. “Cuando quieras saltar, levantas el dedo meñique y harás un jump.”

Salí de allí muy confuso. Quise olvidar esa experiencia lo antes posible y así lo hice. La borré de mis recuerdos… Con Cristina, las cosas no funcionaron. Lo dejamos el día en que me negué a visitar al gurú de nuevo…Ese mismo día, por eso, hice un jump.

Iba caminando al trabajo porque era el Día de Ir Andando Al Trabajo. Cuando llegué a la calle por la que atajaba el camino, me encontré con un gran container lleno de escombros de demolición de un edificio. Seguir la ruta normal me hubiese supuesto llegar tarde a la oficina así que, sin pensarlo, me acaricié el dedo meñique de la mano derecha. Y, después, lo levanté. Se me antojó como una mini-peineta al obstáculo… Y, no sé cómo lo hice, pero, de repente, me encontré al otro lado del container. Había saltado por encima, sin enterarme…

Me temblaban las piernas. Me seguía acariciando el dedo meñique… ¿Había saltado por encima del container? Miré a mi alrededor buscando otro obstáculo que saltar mientras me aseguraba que no hubiese nadie observándome. ¿De verdad, había saltado esa enormidad de hierro llena de escombros? Entonces, vi aquel coche, aparcado de tal forma que me permitía intentarlo otra vez, sin despertar sospechas… Levanté el dedo meñique y ¡jump!, salté por encima…

Desde ese día, no paré de saltar. Siempre con cuidado de que no me descubrieran, salté por encima de montañas, lagos, edificios, puentes, … Una maravilla…

Foto de Joshua Earle (http://www.unsplash.com)

No volvía a ver al gurú. Lo busqué, pero nunca lo encontré. Se lo había tragado la tierra. Ni siquiera Cristina sabía dónde estaba y lo había sustituido por una anciana que le preparaba tisanas personalizadas. Nunca pude agradecerle que me hubiese otorgado ese poder tan especial y es que, con el tiempo, descubrí que había algo más…

Fue por casualidad, en una comida familiar. Mi madre, parloteaba. Mi cuñada, hacía los ecos. Que si no te casas, que si no me darás nietos, qué que me pasó con Cristina, que si había otra, que sí… Levanté el dedo meñique y… Seguía sentado en la mesa, comiendo con mi familia, pero estábamos hablando de política y de las pensiones. De mi situación personal, de los temas espinosos, nada de nada…

Lo puse en práctica con temas más peliagudos y con personas más complicadas: mi jefe, mi vecino, Cristina, mi hermano, compañeros de trabajo, amigos… A la que la conversación tomaba un tono desagradable, tedioso, molesto, poco interesante o, directamente acusador, levantaba el dedo meñique y me saltaba todo ese torrente de palabras tóxicas. Sin más.

“Saltarme” todas esas conversaciones, me convirtió en una persona más feliz. Sí, estoy seguro que pensaras que, también, en un ser muy egoísta… Todo lo que me molesta, me lo salto, pero… una vez empiezas, no puedes dejar de hacer jump.

Te hablo desde China. ¡Sí! Estoy a punto de saltar por encima de la Gran Muralla. Con el tiempo, he ido perfeccionando mi técnica y me he pedido una excedencia para poder ir a saltar por todo el planeta. ¿Qué dices? ¿Qué me lo estoy inventando todo? ¿Mentiroso, yo?

Pues mira, mira mi dedo meñique.

¡Jump!

Curiosidades  ( de Wikipedia):En China  se considera vulgar el levantar y enseñar el dedo meñique a otra persona de la misma manera que en la cultura occidental se juzga como vulgar o agresivo mostrar el dedo medio.

 En Japón, tener levantado el dedo meñique al hablar sobre dos personas significa que ellas están vinculadas sentimentalmente. Este gesto es considerado anticuado y vulgar, sin embargo en ciertas escenas anime se lo usa intencionalmente.

En Norteamérica, llevar un anillo en el dedo meñique posee un significado simbólico. El dedo meñique es el dedo de las relaciones, y por lo tanto llevar un anillo en él es indicación de que uno es abierto y cariñoso.

En India, levantar el dedo meñique es una señal de “katti” o amistad rota, un signo de que alguien está enojado, o una sugerencia en tono de broma de que la persona que le muestra el meñique a uno no desea hablar con usted.

Ya soy mayor…

 

semi

Continuando con lo de ayer, ¿Qué quieres ser de mayor?, ya os expliqué que, ante la imposibilidad económica de cursar “Licenciatura de la Felicidad”, decidí ser escritor.

Pasaron los años e, inexplicablemente, mi profesión me hizo feliz. Escribir me complacía y me permitía vivir decentemente. Formé una familia y fui feliz hasta que un día, los del Departamento de Intrusismo Profesional llamaron a mi puerta. Ser feliz, sin la licenciatura correspondiente, se consideraba Intrusismo Profesional. Tuve que pagar una multa y dedicarme a escribir, camuflando lo mejor que podía, mi extraña felicidad intrusa. El caso es que empecé a preocuparme del futuro de los míos. ¿Qué sería de ellos? ¿Qué estudios les podría costear a mis hijos?

Después, vinieron mis nietos y sin que yo me diera cuenta, los bisnietos… Mientras la vida transcurría, el mundo también lo hacía, avanzando en su propia locura. La Licenciatura de Felicidad dejó de existir.

Se declararon guerras entre países por acuerdos comerciales; entre civilizaciones, por creencias religiosas. Líderes estrambóticos empezaron a dominar nuestro destino. Lo peor, por eso, fue lo imprevisible.

Cuando yo era niño, se hablaba de la extinción de las abejas. Del incremento de la temperatura en la zona ártica, del descenso de krill en la Antártida , del peligro en el que se encontraban las cadenas tróficas tan bien diseñadas por la naturaleza para que el ecosistema subsistiera. Eran cosas pequeñas, que parecían insignificantes y no iban con nosotros. Pero ocurrió . La naturaleza se rebeló para intentar equilibrarse de nuevo: subió el nivel del mar, hubo terremotos, tsunamis, sequías, inundaciones, huracanes…

En mi vejez, veo a mis bisnietos decidiendo su futuro. Lloro de rabia cuando oigo al más mayor, decirme que su gran sueño es tener un pequeño campo dónde cultivar trigo o guisantes o cualquier planta comestible de las que se salvaron de la catástrofe planetaria. En estos tiempos, se están vendiendo las semillas que se consignaron en el Banco de Semillas Mundial de Svalbard para poder alimentar a la tierra en caso de desastre natural.

Ya no hay licenciaturas. Ni Universidades…Ahora, lo más importante es tener un trozo pequeño de tierra y unas cuantas semillas. En este mundo, en el que ya me toca morir, mi bisnieto quiere ser campesino y… no podrá. A este gran, gran privilegio, sólo acceden los que tienen recursos . No hay becas, ni ayudas para el resto de la población…

Le he aconsejado que sea escritor…

 

¿Qué quieres ser de mayor?

Esa pregunta trascendental, se sigue haciendo a todos los niños y niñas desde tiempos inmemoriales…

Hay quien proclama a los cuatro vientos que será aventurero. O médico. O arquitecta. O. abogado. O domadora de elefantes… Incluso hay quien responde que le gustaría ser un genio…

Mi madre era fan de John Lennon y siempre me leía una cita que atribuyen al artista.

lennon

Así que, supongo, que, por una programación mental iniciada desde niño, yo tenía claro que lo que quería ser de mayor era… feliz.

Pero, me temo que va a ser imposible. He analizado los programas de todas Universidades que imparten la Licenciatura de la Felicidad y he buscado la forma de hacer menos créditos por año para reducir la matrícula: quitar la asignatura de Los Placeres Sencillos de la Vida, la del Diálogo y la Empatía, y la del Valor Material vs al Valor Espiritual, pero… he pedido becas, he solicitado financiación en varios bancos y todo, todo me ha sido denegado.

He decidido, que, en base a mis opciones, voy a ser escritor.

La Felicidad es demasiado cara…

Cambio de armario.

Ya sé que no es muy normal, salir a la calle , en pleno noviembre, con unos pantalones de lino y sandalias… Ni irte a la playa a tomar el sol tibio , en bikini y con protección solar …Lo sé. Ha llegado el momento del cambio de…armario. Lo llaman “Reordenación de temporada” pero a mí me gusta utilizar lo del armario… Sucede casi al mismo tiempo…

En el momento en que las temperaturas cambian (hacia arriba o hacia abajo, según sea verano o invierno), me planifico un día para realizar el cambio de armario. Me gustaría tener uno muy grande, en el que tener las prendas de abrigo y las veraniegas, sólo divididas por un espacio vacío. Una frontera invisible, pero… parece ser que mi armario es pequeño (una tara genética, me dicen los especialistas) y tengo que llevar cosas de un lado para otro para que todo se ubique de la forma correcta.

reordenacion

El proceso es laborioso, pero, por fortuna, indoloro. Es como cuando tienes toda la ropa desperdigada encima de la cama y no ves el momento en que todo esté ordenado… Camisetas de manga larga, abajo. Las de manga corta, arriba. Las bufandas a la vista, el lino y la ropa de playa, empaquetada y en una bolsa del IKEA con cremallera.

Me estiro en la confortable cama de la consulta de Reordenación y dejo que me pongan el casco neurológico. Ya es casi invierno y tengo que empaquetar mis sensaciones de la primavera-verano.  Siento la pulsación que da lugar al inicio del reordenamiento.

Se archiva el confort de los pies descalzos, la ropa liviana, la operación bikini, los baños en el mar, los paseos en un atardecer anaranjado…Se recupera la emoción de la Navidad, el crujir de la nieve, la tarde que se convierte rápidamente en noche , los escalofríos por no llevar guantes y bufanda… Cuando acaba el proceso, ya estoy en modo invierno…

Llego a casa y me froto los brazos para entrar en calor. Pongo la calefacción y me preparo una taza de chocolate caliente… Compruebo que funciono normalmente y mi comportamiento se ajusta al invierno .

Ya he hecho el cambio de armario…

 

 

Extintos

Cuando mi abuelo me decía que llegaría un momento que serían especies en extinción, yo no le hacía caso. ¿Cómo va a pasar eso? ¡Es imposible, abuelo! Nos hablaba de especímenes únicos, muy valiosos, que deberíamos preservar para poder conservar sus características.

Espero que con lo rápido que está evolucionando todo, los podáis clonar. Si no, querido nieto, estáis perdidos.

Noto la mano de mi hijo, encerrada en la mía. Está ejerciendo un poco de presión. Noto su calor y la sudoración que le provocan los nervios. Yo también estoy nervioso. Nunca, hasta hoy, habíamos visitado este Museo

El mundo no ha cambiado tanto como predijo el abuelo…Conflictos, conflictos y más conflictos. Nuestro planeta está en conflicto permanente y…ya hemos aprendido a vivir así. Nos hemos vuelto egoístas y muy superficiales. Lo único importante en estos tiempos es sobrevivir en esta jungla…Sea como sea.

Seas como seas…

Ya estamos en la sala de los Especímenes Únicos. Desgraciadamente, han desaparecido de la tierra. Cada espécimen aparece en un holograma a tamaño real. En la pantalla táctil y flotante que hay en el lateral, se informa que tipo de ser humano es y su característica principal.

1-. Ser Humano Empático

  1. Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

extinto

Observamos con atención al Ser Humano Empático. Mi hijo me mira inquieto.

Nos quedan más de diez especímenes por observar. El resiliente, el paciente, el justo, el generoso, el responsable, el solidario…

Todos ellos extintos…

Confirmado : esto es un reality show…

Mira que llevo años temiéndomelo. Mis intentos por notificar mis sospechas a los organismos gubernamentales pertinentes cayeron en saco roto y fuí clasificada como “pirada-paranoica” pero al final, y por desgracia, el tiempo me ha dado la razón.

Nueva York ha caído y en Barcelona, estamos esperando que nos llegue el turno.La gente ya se ha hecho a la idea : no hay escapatoria posible y nos hemos resignado .

El día que se supo que la Tierra era un gran plató de televisión de las otras galaxias y que nosotros, los humanos, simples concursantes del Global-World-Reality-Show, también fuimos conscientes de que dependíamos de la audiencia alienígena ( ¿qué les gustara a estos? )y de las posibles nominaciones para “salir expulsados del Concurso”. Lo que nunca podíamos haber imaginado que , ante nuestro declive como humanidad en general , nos iban a exterminar de esta forma….

Al final, se les fue de las manos : nos matábamos entre nosotros, contaminábamos el planeta , dejábamos morir de hambre a otros, … No había forma de solucionar el entuerto y la audiencia, poco a poco, dejó de seguir el Reality Show de la Tierra. Entonces, decidieron dar por finalizado el programa con un “Especial” en el que , jugando al Tetris y a Pacman,  iban a dejar el plató totalmente arrasado y vacío para poder dar paso al siguiente Reality… El problema es que su “plató” es la Tierra…

reality

De momento, ya ha caído la ciudad de los rascacielos… No sabemos cual será la próxima ciudad pero estamos seguros que todo será pixelado y anulado de la parrilla.

Al final, todo esto era un Reality Show y, amigos, nos han expulsado a todos del Concurso.

Por capullos.

Los pocos que aún nos atrevemos  a comunicarnos ( casi todo el mundo está encerrado con sus seres queridos, agotando las últimas horas del programa) hemos visto ya, las imágenes de Nueva York.

Game Over, terrícolas…

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La Carrera.

Making Of de “ La Carrera”

Hace dos noches, me desperté sobresaltada y un poco angustiada. Recordaba, perfectamente, lo que estaba soñando… Eso es muy raro en mí. Muy pocas veces recuerdo algo de lo que hace mi cerebro dormido y cuando lo hago, el recuerdo se sintetiza en una imagen o un “algo” que evoco pero no acabo de definir.

Lo de la otra noche, no. Vi una “película” con principio y final y …“orden racional”. Fue tan nítido que, adormilada y con cautela para no despertar a nadie, quise escribir esa idea para que no se me olvidara… No encontré papel ni boli a mano. La luz del iPad me iba a desvelar así que dejé que aquella trama se diluyera, de nuevo ,en mis sueños pero… me acordé al día siguiente y me acuerdo ahora cuando estoy a punto de escribir esto.

lacarrera

La carrera.

No es fácil conseguir una plaza para participar el La Carrera. No sólo tienes que estar en perfecta forma física y superar los exhaustivos reconocimientos médicos también tienes que conocer a alguien dentro de “la organización” que te permita el acceso.

Unas 500 personas van a presenciar La Carrera. Son las  personas más ricas del mundo y sus familiares. Cada año, desde el 2050 en que se celebra este evento deportivo, se inscriben más de 1.000 millones de personas de todas las nacionalidades del planeta.

Me sitúo en la zona de salida y miro a mis contrincantes: hombres y mujeres de todos los países. Nadie sonríe…

Estoy nervioso. Por megafonía se anuncia el tiempo de descuento. 3,2,1…A correr. Me cuesta situarme en el grupo de los diez primeros, pero llevo más de tres años entrenando para el día de hoy. Lo puedo conseguir.

Voy sorteando, con dificultad, los cuerpos sin vida que van convirtiendo la carrera en una carrera de obstáculos. Lo único importante era ser muy veloz y ágil. Los participantes esgrimen machetes, navajas, pistolas, ácido, cuerdas, piedras, sierras… Todo vale para llegar a la meta. Todo.

Casi tropiezo con un hombre al que se le están saliendo los intestinos. ¡Cuidado! Puedo resbalar…Uf ¡Ha ido de poco! Ya he avanzado hasta la quinta posición. Estoy viendo el final.

Mis pulmones están a punto de estallar pero creo que lo voy a conseguir. Algo me salpica en la cara. Es sangre. Han disparado a alguien en el grupo que viene por detrás… Estoy llegando. ¡Dios! ¡Creo que lo he conseguido!

El sudor me nubla la vista. Las piernas me flaquean. Esquivo el último cadáver y cruzo la línea de meta. Sano y salvo. No me lo puedo creer.

Oigo los aplausos enfebrecidos del público. Veo a mi mujer, llorando de emoción. He ganado una vivienda preciosa en la urbanización “La Carrera” y un trabajo digno para mantener a mi familia de por vida.

Soy el hombre más feliz de este mundo.