La Carrera.

 

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La carrera.

No es fácil conseguir una plaza para participar el La Carrera. No sólo tienes que estar en perfecta forma física y superar los exhaustivos reconocimientos médicos también tienes que conocer a alguien dentro de “la organización” que te permita el acceso.

Unas 500 personas van a presenciar La Carrera. Son las  personas más ricas del mundo y sus familiares. Cada año, desde el 2050 en que se celebra este evento deportivo, se inscriben más de 1.000 millones de personas de todas las nacionalidades del planeta.

Me sitúo en la zona de salida y miro a mis contrincantes: hombres y mujeres de todos los países. Nadie sonríe…

Estoy nervioso. Por megafonía se anuncia el tiempo de descuento. 3,2,1…A correr. Me cuesta situarme en el grupo de los diez primeros, pero llevo más de tres años entrenando para el día de hoy. Lo puedo conseguir.

Voy sorteando, con dificultad, los cuerpos sin vida que van convirtiendo la carrera en una carrera de obstáculos. Lo único importante era ser muy veloz y ágil. Los participantes esgrimen machetes, navajas, pistolas, ácido, cuerdas, piedras, sierras… Todo vale para llegar a la meta. Todo.

Casi tropiezo con un hombre al que se le están saliendo los intestinos. ¡Cuidado! Puedo resbalar…Uf ¡Ha ido de poco! Ya he avanzado hasta la quinta posición. Estoy viendo el final.

Mis pulmones están a punto de estallar pero creo que lo voy a conseguir. Algo me salpica en la cara. Es sangre. Han disparado a alguien en el grupo que viene por detrás… Estoy llegando. ¡Dios! ¡Creo que lo he conseguido!

El sudor me nubla la vista. Las piernas me flaquean. Esquivo el último cadáver y cruzo la línea de meta. Sano y salvo. No me lo puedo creer.

Oigo los aplausos enfebrecidos del público. Veo a mi mujer, llorando de emoción. He ganado una vivienda preciosa en la urbanización “La Carrera” y un trabajo digno para mantener a mi familia de por vida.

Soy el hombre más feliz de este mundo.

 

Música para la liebre…

Recibo una llamada de…una liebre. Me dice eso, que es liebre y que quiere que le seleccione música para …ser una buena liebre.

No voy a presumir ( que si) de que poseo una cierta “empatía” con la música .Tengo  facilidad para crear Listas de Reproducción adecuadas a los eventos y sus receptores: una cena, la revetlla de Sant Joan,una fiesta de cumpleaños,  la BSO de un vídeo..Ajusto la música al lugar y a los que la van a oír, vamos. Eso y una extensa Biblioteca Musical me convierten en la favorita de la liebre, para preparar su son.

Yo, de liebres, ni idea. Ni siquiera , cocinadas…sé que son rápidas y ágiles y que pueblan el refranero español : desde el “Dar gato por liebre” que tiene su orígen en este drástico cambio en la calidad y la naturaleza de la carne, para obtener más beneficios económicos en posadas y tenderetes de comida ( en el S. XVII!) hasta el ” Levantar la liebre” que procede del acto de descubrimiento de la pieza,  por parte del perro cazador ( por cierto, detesto la caza). Hay más refranes , muchísimos más…La liebre es muy dada…

Mi liebre, por eso, tiene forma de ser humano y corre…A mi, me tiene fascinada. Admiro a estas personas que disfrutan con el deporte y, en concreto, con algo que parece tan sencillo como correr. Yo no he conseguido desarrollar estos umbrales de placer con el deporte. Me someto a mi elíptica , cada día, por cuestiones de salud y forma física pero...¿Disfrutarlo? Yo, no.

En cambio, esta mujer corre por devoción. Si le preguntas, te dice que “lo necesita”. Se la ve feliz, trotando hacia la playa , a unos 6 kilómetros de distancia …Recuerdo un fin de semana que pasamos juntos. Tras un viernes “de esos”, de irte a dormir tarde y bastante perjudicados, me desperté ( hecha un Cristo) y me fuí directamente a la cafetera, sin poder pronunciar palabra. El resto de habitantes de la casa, dormía y yo me creía madrugadora . Ja! No había dado ni el primer sorbo de mi café con leche cuando oigo la puerta y veo entrar a la liebre, con ese rubor del esfuerzo físico pero activa y poderosa, que venía de hacerse una carrerita…

Este domingo, 25 de marzo, se corre la “Zurich Marató de Barcelona” . No soy aficionada a estos eventos pero para este, me han contratado de “amenizadora musical” y “coaching” . Mi amiga, es una liebre. Correrá 15 kilómetros, con otra persona que sí que hace todo el Maratón . Ella, ayudará a mantener el ritmo y se ocupará de “motivar” a la otra corredora. Eso es lo que hace la liebre…Tengo entendido que hasta se han dado permiso para el insulto puro y duro. Para esta misión, estoy confeccionado una lista de pistas que faciliten la carrera y, de paso, unas frases ligadas a esa música que, también he grabado para que las pueda reproducir sin esfuerzo.Me ha ayudado mucho el libro de Josef Ajram ” Dónde está el límite? “.

Para mí, lo que dice Josef, va a misa.  ; – )

Como lo de la liebre no me acaba de entrar bien ( no sé por qué) yo lo he llamado “Operación Zanahoria”. Me gusta más la metáfora de “ir tras la zanahoria” … A todo esto, he conocido este mundo de los runners y me ha hecho reflexionar y envidiarlos. Me gustaría sentir esa pasión y poder poner el cuerpo al límite ( que según Ajram, cada uno debe buscar el suyo) y disfrutar (muchísimo) en el intento.

Mañana, cuando suba a la elíptica, lo haré con una gran sonrisa y entusiasmo . Buscaré mis límites ( le meteré 10 minutos más) y, a ver …Dicen que hay que intentar las cosas , las veces que haga falta porque , en uno de esos intentos, podemos conseguir el logro. Nunca se sabe , si es esta la ocasión… ; – )

Mientras tanto, la liebre sigue entrenándose en su papel de zanahoria y se lo pasa en grande.