Hagamos el humor..

Humor o humorismo (del latín: humor, -ōris) es definido como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas.

El viernes es un buen día para hacerlo…

 

Una de excelentes ilustradores.

Ahí va.!

De la argentina María Emilia Cicoria (Mariasemilla). Simplicidad muy efectiva.

El  ilustrador danés, HuskMitNavn, en 3D, alta tecnología.

Y el ilustrador chileno,  Inges Bizama Toledo (Ingesman), que fabrica, con lo simple , una sonrisa.

 

Ladrillo en flor.

Pobre ladrillo. Lo odié durante las reformas: ladrillos, ruido, polvo.

Pero, al final, empecé a mirarlo de otro modo. Esos agujeros ordenados son muy estéticos, aunque sea un ladrillo… Busqué por qué están ahí: aligeran y ahorran material, permiten una cocción más uniforme, crean cámaras de aire que aíslan y, además, dan agarre y resistencia.

Cuando por fin terminó la obra, me enseñaron los que habían sobrado. Al verlos, amontonados y olvidados, decidí llevarme uno como recuerdo, como celebración de que ya se había acabado el ruido y el polvo.

Lo pinté, le pegué una pieza circular y coloqué ramas de plantas aromáticas en sus huecos. Ahora es un secadero natural de romero, tomillo, lavanda y menta.

Un homenaje al ladrillo: empezamos mal, hemos acabado bien…

La belleza.

La simetría que nos brinda la naturaleza es un lenguaje matemático (que yo no entiendo, pero percibo) integrado en nuestra vida, que —de conocerse en su totalidad y alcance— quizá esconda secretos muy importantes.

En la naturaleza nada ocurre sin razón. Todo tiene su porqué y su funcionalidad. Todo sirve para algo, aunque muchas veces no sepamos para qué…

Si observamos las semillas de este girasol, vemos que están perfectamente distribuidas, siguiendo una secuencia y una proporción. Increíblemente perfectas.

Al mirar esta composición simétrica y asombrosamente bella, estás observando una sucesión matemática que se repite en el mundo vegetal… y por todas partes.

Forma una serie de números en la que cada término es la suma de los dos anteriores (por ejemplo: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233…) y se denomina, en términos matemáticos, sucesión de Fibonacci.

Vale. Me imagino a Fibonacci, alucinando, cuando se hizo evidente que esa secuencia se repetía sin cesar: en las plantas, en las telarañas, en las caracolas, en las colmenas… y preguntándose: ¿por qué siempre esta sucesión matemática?

Parece ser que, después de milenios de evolución, las plantas acomodan sus semillas de esta forma, logrando introducir una mayor cantidad en el mismo espacio, «economizando» valiosos recursos; pero por qué lo hacen siguiendo la sucesión de Fibonacci sigue siendo un misterio…

Esto de Fibonacci no acaba aquí. Los cocientes sucesivos alcanzan —o, mejor dicho, tienden a— un número concreto (1,618033989…). El phi, número áureo, portador de la «divina proporción».

Confieso que aquí ya me pierdo, y lo que hago es un acto de fe. Bueno, mejor, un acto de phi. Este número, estudiado por los renacentistas, los tenía impresionados, pues lo consideraban el ideal de la belleza; en concreto, la espiral áurea.

Espiral áurea: la razón de crecimiento es Φ, es decir, la razón dorada o phi.
(√5 + 1) ÷ 2 ≈ 1,6180339887

Esto es belleza.

Vuelta.

Vuelvo, volvemos, vuelven… todos estamos ya inmersos en nuestras rutinas, nos gusten más o menos.

La rutina actúa como una brújula: nos orienta. Proporciona la ubicación de tu vida en el presente. De ahí que, a veces, en las “vueltas”, decidas cambiar de rumbo, ajustar la velocidad o evitar según qué trayectos.

Intentando adaptarnos, se nos olvida que estamos aquí, un día más. Lo damos por hecho. Volver. Y, a veces, no hay vuelta.

Así que, bien por la rutina si nos hace felices. Bien por intentar cambiar la rutina para ser felices.

Bien por estar aquí .

Hay que encontrar esa puerta…

Una puerta puede ser refugio o frontera. Puede guardar un secreto o marcar el fin de algo.

Hay puertas que se cierran por dentro y otras que no se abren nunca.

Fotos de Luis Alfonso Orellana en Unsplash

Pero también están las que que invitan. Las que se cruzan sin mirar atrás.
La ves. Se abre. Es tu oportunidad.

Foto de angela pham en Unsplash

Cuando una puerta se cierra, otra se abre; pero a menudo miramos tanto tiempo la puerta cerrada que no vemos la que se ha abierto para nosotros.»
Alexander Graham Bell

Foto de Bayo Adegunloye en Unsplash

Pero hay una, solo una, que se abre sin ruido, sin permiso, sin miedo. No es más alta ni más brillante, pero cuando la cruzas, sabes que algo nuevo empieza.

Hay que encontrar esa puerta…

Pon un título a las imágenes.

Este es un juego para activar las neuronas.

Las pistas son palabras que, juntas, forman el título de cada imagen que veréis a continuación.

corazón · lengua · tinta · lluvia · trapo · dudas · piedra · mar · ríos · pies · ideas · plomo

Soluciones:

  1. Pies de plomo
  2. Corazón de piedra
  3. Lengua de trapo
  4. Lluvia de ideas
  5. Mar de dudas
  6. Ríos de tinta

El último acertijo.

No voy a poner la solución… ; – )

Café y pompas de jabón.

Estamos sumidos en un gran “coffee-ring”. Es un efecto físico de flujo capilar que se observa perfectamente en una gota de café, de ahí su nombre.

El borde de la gota se evapora más rápido; el líquido, al intentar compensar esa pérdida, arrastra partículas hacia el perímetro, dejando el centro vacío.

Así estamos, política y socialmente. El único espacio donde caben puntos de reencuentro —en todo el perímetro: izquierda, derecha, arriba y abajo— está completamente vacío.

En el centro no hay nadie…

La ciencia dice —simplificando mucho— que podríamos volver a llenar el centro con los flujos de Marangoni, si añadimos un tensioactivo que disminuya la tensión superficial y rehidrate el centro común.

No es tan difícil encontrar tensioactivos. Están en los jabones, la pasta de dientes, los geles, los champús…

¿Guerras de pompas de jabón?
¿Fiestas de espuma?

Quizás haya que empezar por ahí.
Por algo que suavice.
Por algo que nos reúna en el centro.

Flow en madera.

 

flow1Artísticamente, esta “obra” no vale nada. Una madera vieja, unas letras de cartón y una estrella metálica. Es verdad que, antes, se ha tenido que limpiar la madera y darle un barniz incoloro que aún perdura en el ambiente, pero… no mucho más.

Afectivamente, esta “obra” vale mucho. El trozo de madera es de un pueblo del Pirineo. De una casa en ruinas… El que me la hizo ver y recoger (yo buscaba algo plano para pegar las piedras que había recogido) ya no está entre nosotros. Así que la madera es, ahora, un objeto único, porque lleva impregnado ese recuerdo.

flow0

La estrella me la encontré en Formentera. A alguien se le cayó de un collar, un pareo o un capazo con abalorios. La tenía en la caja de “Cosas para pegar”, junto a las letras de cartón.

El proceso de creación me ha producido un estado de experiencia óptima, una de esas microfelicidades que describe Mihaly Csikszentmihalyi en su libro Flow.

Para mí, es un mantra.

Flow.

flow2

Hay que fluir.