El robo.

Cuando sufres las experiencia de un robo, cambian muchas cosas a tu alrededor. La primera, la percepción. Se altera de una forma muy llamativa. De repente, prestas excesiva atención a detalles que antes pasabas por alto .Todo se magnífica. Todo se analiza.

Otra cosa que se altera es la ingenuidad. Hay quien lo llama confianza. En caso de robo, pierdes la confianza y esa firme convicción de que todo el mundo es bueno. ¿Por qué van a hacerte daño?

También se desequilibra la intimidad. Tú, que estabas tan tranquilo en tu espacio, ahora vives con una sensación de vaivén que pasa de la invasión al vacío… Nadie supera fácilmente un robo…

Y, lo peor, es que no hay condena para estos ladrones.

Se pasean por las calles, impunemente. Saben que no hay autoridad que pueda detenerlos.

Roban los corazones, a manos llenas. De todos los tipos, de todos los colores aunque su pieza más preciada es ese corazón de oro que dicen que late en tu pecho…

Ten cuidado.

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NB : Y si alguien se encuentra un corazón robado, abandonado por ahí, por favor, se ruega devolver a su propietario. Normalmente llevan un chip de identificación.

Entra.

Esto es de mi época de RotuTerapia. Estaba poseída por los rotuladores…

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(I)

Te camela con lo de la Terapia de Color. Te dice que esos rotuladores son inofensivos…Que te transportaran…

-Pinta, pinta. Colorea,…Dibuja lo que tú quieras…-Lo va repitiendo, de forma pausada con esa voz profunda que te induce a pintar, a colorear, a dibujar …-Pinta, pinta…

Te relajas.

Y dibujas. Y te sale un laberinto, lleno de círculos concéntricos…Y, ella, sigue repitiendo-Pinta, colorea…

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Y llega el momento y te transporta. Estás enfrascado. Sacando la lengua en un gesto de máxima concentración, con los codos apoyados en la mesa, la mano firme y el rotulador, húmedo, empapándolo todo de color.

Pinta, colorea,…Entra.-dice la extraña terapeuta -…entra.

¿Entra?

El cambio en el mantra te saca de tu ensimismamiento. ¿No era “Pinta, Colorea”?¿Por qué ha dicho “Entra”?…

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(II)

Todo es de un extraño color verde.

Hay pequeñas franjas de un color morado oscuro que me llevan hacia unos círculos concéntricos de muchos tonos. Me giro a la izquierda y veo más de esas franjas y de esos círculosy más allá, un desierto blanco. Me giro a la derecha y… lo mismo…

¿Dónde estoy?

Camino unos pasos, y me acerco a uno de los bordes. ¿Borde?

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A lo lejos, me parece divisar una indicación. Esto, debe ser un sueño. – reflexiono-Estaba yo, dibujando y pintando y me habré dormido y…¿Qué es eso?

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Entonces, reconozco los colores y las formas. “Pinta, colorea, dibuja lo que quieras”.

Estoy en mi cuadro…Quiero salir. Lo recorro , de arriba a abajo. Me paseo por todos los círculos. Sigo las franjas moradas. Me cuelgo del borde. Nada.

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Alzo la vista y la veo sonreír. No es terapeuta. Es una bruja … Una bruja mala y me ha encerrado en este cuadro. Noto que me mueve, me desplazo a trompicones de un lado a otro hasta que me vuelve a colocar en posición vertical. Entonces, me atrevo a mirar a mi alrededor. Veo los otros cuadros y… a los otros prisioneros. Un chico, sentado a la orilla de un río en un encantador paisaje campestre; una mujer en la puerta de una casa muy bonita, al lado de un árbol lleno de manzanas ;una joven sentada en una nube, en un cielo de un azul precioso…

La bruja,  se ríe.

Me pregunto por qué no presté más atención en mis clases de dibujo…Estoy encerrada , en una red de círculo concéntricos …

Además, este color verde que elegí, me empieza a molestar…

Las luces.

Las luces aparecieron, de repente, esparcidas por toda la ciudad. Nadie sabía quién las había puesto allí, ni cómo se alimentaban de energía.Cada noche se encendían.Unas veces, funcionaban todas las bombillas. Otras, había unas apagadas o bien, titilando, apunto de apagarse.

Al cabo de dos días, tanto las ciudades más grandes como las aldeas más pequeñas del planeta, tenían sus círculos de luces.

Y cada noche, se encendían…

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Un mes después, los científicos creyeron descifrar su código: cada luz, representaba a una persona que habitaba en aquella área. También se supo el significado de las que se apagaban o funcionaban con menos intensidad… Eran censos lumínicos del estado de bienestar de nuestro entorno, de nuestro vecindario, de nuestra comunidad.

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Ya nos hemos acostumbrado a ellas. Y cando vemos alguna apagada o en modo intermitente, nos ponemos en contacto ,por medio de una App, para saber quién lo está pasando mal e intentar ayudar. Cuando todas las luces están encendidas todos nos sentimos mejor.

Han pasado cinco años y seguimos sin saber quién las puso, ni si las sacarán algún día. Hay quien lo ha intentado, pero es imposible: la noche siguiente vuelven a aparecer. Los que más filosofan sobre su sentido, sostienen que es un mensaje: Estaremos bien cuando todos estén bien.

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Yo me asomo cada noche a mi ventana y miro el círculo. Me alegra ver que todas sus luces están encendidas.

Me alegra saber que estamos bien…

 

Almas cándidas.

«Carta de una palabra desesperada«.

 

Apreciados amigos,

Agradezco que me permitáis expresar mi indignación a través de estas letras. Por lo menos, lo hago en campo amigo… Total, soy una palabra… Y, de las feas. No tengo una «i» latina precediéndome y dotándome de prestancia tecnológica . No enternezco. No gusto. No se fían de mí.

Lo que más me indigna de esta situación es que yo, como palabra, era preciosa. Y lo digo en pasado porque me debo remontar a dos mil años atrás para recordar aquellos tiempos en los que mi esencia ,esa que llaman semántica lingüística, era de una belleza sencilla.

Ingenua, sin malicia, sin doblez…

Cándida.

Siento una pena inmensa…Supongo que será nostalgia por lo que fui. ¿Sabéis que estoy emparentada , en línea directa , con la palabra “candor”? Con eso, lo digo todo.

Antes era “candidus” : la representación de lo blanco ,de lo puro, de lo sincero . Pero llegaron los tribunos con su inclinación a convencer , a vender, a seducir. Y para eso, cuando se postulaban, se colocaban la toga cándida. Iban vestidos de blanco con el único fin de parecer limpios.

Ese fue el principio del fin.

De “candidus” a “candidatus” ,que se quedó en persona vestida de blanco,  hasta el hoy. Ahora, soy “candidato”: El que se postula para ser elegido.

Y, mira, mira, cuando aparezco en un contexto político, me vuelvo una palabra horrorosa. Ya no soy ni blanca…

He tenido una conversación muy seria con el verbo “postular” ( que también se siente feo, por cierto) y nos vamos a inscribir en un grupo de terapia de palabras marginadas ( están inscritas: político, diputado, parlamentario y senador… ). ¡A ver si todos juntos, conseguimos superar esta depresión !

De mi candidez inicial, ya no queda nada. Un poco en candelabro y en candente pero de lo que yo era a lo que soy, ya no queda nada. Cuando me veáis impresa en un programa  o en un discurso o en declaraciones políticas y , os cree rechazo, recordad que soy una palabra que provengo de “cándida” y que yo no quería llegar hasta aquí pero la maldita Lingüística Histórica ha hecho que ,hoy, sea lo que soy.

No me lo tengáis en cuenta.

Siempre vuestra ,

Candidato

Una palabra desesperada.

De Wikipedia : Cuando los tribunos de la antigua Roma emprendían sus campañas políticas, siempre iban vestidos con una toga blanca (la toga candida), con el fin de causar una buena impresión entre sus electores. La palabra latina candidatus, que significa persona vestida de blanco, llegó a convertirse en sinónimo de toda aquella persona que busca alguna dignidad, honor o cargo.

NB : Este es un texto de hace 8 años.Vamos mal…

 

 

Un mar.

Nadie sabía quién era aquella mujer que aparecía en la puerta de la Iglesia justo cuando tiraban el arroz a los novios. Siempre parapetada bajo un gran pamela blanca y con un gran bolso en la mano del que emergían pañuelos de lino, se acercaba a la madre de la novia o a la abuela o…cualquiera que estuviera llorando en ese momento.Se acercaba suavemente, deslizándose desde sus tacones , sin dejar ver su rostro, tomaba un pañuelo y enjugaba las lágrimas de aquél o aquella que estuvieran en ese trance.

Después, disimuladamente, guardaba el pañuelo en el bolso. Lo hacía con un movimiento estudiado, depositando su botín en unos frasquitos de cristal con una tapa hermética que había en el interior.

Hacía unos años, que había ampliado su ruta a las puertas de los Juzgados. Había descubierto que las bodas civiles también tenían los momentos de lágrima que a ella le interesaban. Las maternidades, también,  pero era más difícil pasar desapercibida con su bolso lleno de pañuelos…

Aquella mañana, la excursión de aprovisionamiento de lágrimas, había sido provechosa. Las bodas que había elegido, según la ruta programada, habían sido de las muy lloronas. Los pañuelos, estaban empapadísimos…

Cuando llegó a su casa, se dirigió directamente al laboratorio. Ni siquiera se sacó la pamela y se dio un susto de muerte cuando se vio reflejada en la tapa del centrifugador ultrasónico.

Nadie dijo que sería fácil conseguir un litro y menos, trabajando de incógnito pero…ya casi lo tenía. Examino la botella que contenía el destilado de lágrimas de bienestar. Le hubiese gustado llamarlas “ de la felicidad” pero de esas, de las puras , quedaban muy pocas y eran difíciles de conseguir. Las lágrimas de bienestar también servían a sus propósitos. Concentraban el justo estallido de amor en el pecho, el brinco equilibrado del corazón, la inclinación por el abrazo, una alegría dosificada y, sobre todo, una sensación poderosa de bienestar. Había mezclado todo eso con las lágrimas de risa, que había conseguido colándose el los banquetes aunque eso, en los tiempos actuales, cada vez era más difícil…

Los efectos del destilado eran sorprendentes. Sólo era necesario evaporar una minúscula fracción, menor que lo que es nano, para conseguir que el bienestar, se propagara con rapidez. Ese “Bien Estar” era un estado mental en el que la serenidad y el optimismo se mezclaban con precisión. Activaba lo mejor de  cada ser humano y lo potenciaba…

Se sacó la pamela y la colgó con el resto. Decidió que para la próxima ruta, se pondría la de color azul celeste…

El centrifugador ultrasónico emitió un zumbido. Vio como unas gotas de un líquido transparente y sedoso, atravesaban el alambique y caían en la botella.

Ya casi tenía su litro y debía contactar con la organización para poder entregarlo. Repartidos por todo el mundo, miles de colaboradores recolectaban lágrimas de bienestar. No habían querido que las grandes corporaciones de poder se apropiaran de la patente y dejaran a la humanidad sin el elixir mágico. Lo contagiarían a la población y el efecto tendría un crecimiento exponencial… Conseguiríamos salir de esta…

Hacía años que estaban recolectando y, pronto, conseguirían su objetivo.

Faltaba poco. Apenas unos cien millones de kilómetros cúbicos y ya estaría…

Tendrían un mar.

 

 

La Carrera.

 

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La carrera.

No es fácil conseguir una plaza para participar el La Carrera. No sólo tienes que estar en perfecta forma física y superar los exhaustivos reconocimientos médicos también tienes que conocer a alguien dentro de “la organización” que te permita el acceso.

Unas 500 personas van a presenciar La Carrera. Son las  personas más ricas del mundo y sus familiares. Cada año, desde el 2050 en que se celebra este evento deportivo, se inscriben más de 1.000 millones de personas de todas las nacionalidades del planeta.

Me sitúo en la zona de salida y miro a mis contrincantes: hombres y mujeres de todos los países. Nadie sonríe…

Estoy nervioso. Por megafonía se anuncia el tiempo de descuento. 3,2,1…A correr. Me cuesta situarme en el grupo de los diez primeros, pero llevo más de tres años entrenando para el día de hoy. Lo puedo conseguir.

Voy sorteando, con dificultad, los cuerpos sin vida que van convirtiendo la carrera en una carrera de obstáculos. Lo único importante era ser muy veloz y ágil. Los participantes esgrimen machetes, navajas, pistolas, ácido, cuerdas, piedras, sierras… Todo vale para llegar a la meta. Todo.

Casi tropiezo con un hombre al que se le están saliendo los intestinos. ¡Cuidado! Puedo resbalar…Uf ¡Ha ido de poco! Ya he avanzado hasta la quinta posición. Estoy viendo el final.

Mis pulmones están a punto de estallar pero creo que lo voy a conseguir. Algo me salpica en la cara. Es sangre. Han disparado a alguien en el grupo que viene por detrás… Estoy llegando. ¡Dios! ¡Creo que lo he conseguido!

El sudor me nubla la vista. Las piernas me flaquean. Esquivo el último cadáver y cruzo la línea de meta. Sano y salvo. No me lo puedo creer.

Oigo los aplausos enfebrecidos del público. Veo a mi mujer, llorando de emoción. He ganado una vivienda preciosa en la urbanización “La Carrera” y un trabajo digno para mantener a mi familia de por vida.

Soy el hombre más feliz de este mundo.

 

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Este es el séptimo ejercicio del Curso .

Debes escribir un relato de un máximo de 600 palabras que termine con la siguiente frase:

Y se murió.

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-. Recibimos un listado con el número de serie. No hay un criterio definido. Los números se generan de forma aleatoria con un sistema de algoritmos que nadie conoce.

-. ¿Y quién creo ese algoritmo?

-. Yo no sé quién o qué lo creó. Yo inserto el número de serie en el óvulo fecundado. Nada más.

-. Una última pregunta, por favor. Yo tengo 40 años, ¿me puede decir cuál es mi número de serie?

-. Está totalmente prohibido. Me juego este puesto de trabajo en el que estoy integrado desde la eternidad y sin derecho a ninguna compensación si me despiden.

Se oyó un chasquido. La imagen de aquella silueta negra, que parecía un hombre, desapareció de la pantalla.

Silvia cerró los ojos. Había visto aquella grabación más de mil veces. Estaba agotada. Cuando empezó su investigación sobre la Obsolescencia Programada, no pensó que llegaría tan lejos. Desde el principio, se había mostrado incrédula y su objetivo prioritario era desmontar aquel rumor mundial que circulaba por la red: los seres humanos ya vienen programados con una fecha de defunción.

La creación de aparatos con fecha de caducidad programada era un hecho constatado, pero… ¿En seres humanos? Eso era imposible…

Pensó en Alex. Cuando le conoció, algo profundo despertó en ella y se enamoró de él.  Sabía que era un error involucrarse emocionalmente con una de sus fuentes directas y más fiables, pero fue incapaz de controlar sus emociones.

Silvia había contactado con él, ya que era una de las personas que más ruido mediático estaba haciendo con el tema de la “Obsolescencia Programada” en seres humanos. Tras detectarle una lesión cerebral, Alex tuvo que realizarse unas pruebas en una máquina de resonancia magnética de última generación de “Disgregación molecular”. Cuando le dieron el alta médica, repasó todas las piezas del informe del neurólogo y, en una de las disgregaciones moleculares, pudo ver un número de serie insertado en el esfenoides.

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La imagen era difusa y desapareció con el tiempo, pero él memorizó la cifra. Después, tirando del hilo, llegó a la Deep Web y, de ahí, a la entrevista con el holograma con apariencia humana que ella acababa de visionar una vez más.

Según los médicos, Alex sufría delirio paranoide producido por su lesión. Su única misión, era averiguar quién o qué creaba esos hipotéticos algoritmos para poder modificar el suyo y salvar su vida. Era una locura.

La secuencia de números indicaba una fecha y una hora: 31 de julio de 2019 a las 19:55.

Si sobrepasaba aquella fecha, Alex podía tener una opción de curación. La Silvia más racional, se autoconvencía que así sería, pero… la que estaba enamorada de Álex, no podía evitar sentir miedo.

Miró su reloj y decidió que ya era hora de volver a casa.

Era el día que marcaba aquella extraña cifra. Alex le había insistido que fuera a trabajar y continuara investigando hasta el último minuto. Él también lo haría.

Cuando abrió la puerta, tuvo una extraña sensación. Alex estaba sentado en el sofá, con una copa en las manos. Había otra esperándola en la mesa.

-. No hemos llegado a tiempo. Hoy es 31 de julio del 2019 y son las 17:00. Me quedan dos hora y cincuenta y cinco minutos. Aprovechémoslas.

Silvia le dijo, como hacía siempre, que no iba a pasar nada a las 19:55. Lo abrazó y le hizo el amor con urgencia, fusionándose, sin querer, con la atmósfera de despedida. Después, más relajados, brindaron y saborearon el vino que guardaban para una ocasión especial.

Alex había activado el cronómetro de su teléfono.

Silvia no podía dejar de mirarlo, angustiada.

Él le cogió la mano.

19:55.

El teléfono empezó a emitir aquel terrible sonido de alarma.

Álex sonrió.

Y se murió.

 

 

Los cicatrices.

Este es el ejercicio nº 6 del Taller. Consiste en escribir un relato en el que debe aparecer este extracto de»Valentía» de Richard Bausch.

«Cuando se hubieron marchado él volvió al dormitorio. Eva se había acostado en la cama. Él se sentó al otro lado, dándole la espalda. De pronto se sentía muy cansado y mareado.

¿Quieres contarme qué ha pasado? dijo ella.

¿Acaso te importa lo más mínimo? dijo él.

Gabriel, ya sabías que esto iba a pasar…

Él se puso en pie y se quitó la camisa. Notaba las quemaduras en los brazos. Le dolía todo. Entró en el baño y se lavó la cara. Luego se cepilló los dientes. En el dormitorio, Eva parecía muy quieta. Él apartó las mantas de su lado de la cama».

 

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Los cicatrices.

Eva se despidió y subió al dormitorio. Él la observó ascender las escaleras, indiferente, con un aire majestuoso, sin mirar atrás, sabiendo que era el fin.

Más de diez personas, ocupaban el salón de la casa. El orden que imperaba en aquel hogar se había visto alterado por la presencia humana y por el ruido.  Nada de eso interesaba a Eva. Es más, todo eso era lo que odiaba Eva. Para él, suponía todo lo contrario. La gente y la música formaban parte de su ser, de una forma profunda, imposible de aplacar. Había intentado cambiar por ella. Trabajo, estilo de vida, incluso su forma de vestir, pero a ella no le parecía suficiente. Los años de dosis acumuladas de formalidad lo habían llevado a un punto de saturación máxima. Sentía un impulso salvaje a punto de salir a la superficie.

Eva había estado seria durante toda la velada. La realidad de cada personalidad caía bajo su propio peso. Parecía contenerse para no colocar bien los cojines del sofá, llevar posa vasos para las latas de cervezas y vaciar los ceniceros humeantes. Había conseguido mantenerse inalterable, hasta que explicaron, detalladamente, en qué consistía el rito de iniciación. Su reacción de desagrado fue la única emoción visible en su rostro. Después, la mirada que dirigió a Gabriel había respondido a todas las preguntas. Ella, no quería que se uniera al grupo.  Y él, se había propuesto con toda su alma, rechazar aquella oferta y seguir con su vida tranquila con Eva.

A la hora acordada, aparecieron todos, preparados con todos los instrumentos y empezó a sonar la música.

No pudo pararlo. No quiso pararlo.

Cuando se hubieron marchado él volvió al dormitorio. Eva se había acostado en la cama. Él se sentó al otro lado, dándole la espalda. De pronto se sentía muy cansado y mareado.

― ¿Quieres contarme qué ha pasado? ―dijo ella.

― ¿Acaso te importa lo más mínimo? ―dijo él.

―Gabriel, ya sabías que esto iba a pasar…

Él se puso en pie y se quitó la camisa. Notaba las quemaduras en los brazos. Le dolía todo. Entró en el baño y se lavó la cara. Luego se cepilló los dientes. En el dormitorio, Eva parecía muy quieta. Él apartó las mantas de su lado de la cama.

— ¿Lo has hecho? – preguntó ella. Seguía inmóvil, pero se oía su respiración, más agitada de lo habitual.

Él se estiró a su lado e intentó acercar la manta, evitando el más mínimo roce con sus brazos quemados. El rito de iniciación había sido brutal: el juramento, la escarificación, la celebración. Demasiada música, demasiado hierba, demasiado alcohol.

–Si, Eva, lo he hecho. Soy del grupo. Sé que te da igual, que no quieres compartir esta locura, pero a mí me hace feliz.

–Te importa más la música que yo-susurró ella.

Él no le respondió. En silencio, extendió sus brazos cuidadosamente, y miró las marcas, hechas con un hierro candente, como los que se utilizan para marcar las vacas o las ovejas. En el brazo derecho, las baquetas de su batería. En el izquierdo, sólo dos palabras: Los Cicatrices.

Sí, Los Cicatrices, la banda de rock más famosa del país. Todos sus miembros llevaban un branding del instrumento y el nombre del grupo. Sus marcas decían que, ahora, él era el nuevo batería y …que había perdido a Eva. Todo en una misma noche.

-Quiero el divorcio, Gabriel-dijo ella.

-Yo quiero Rock and Roll-dijo él.

 

 

Los Otros Ejercicios :

1) Libertad

2) El Asimétrico Supremo

3) Hope

4) El viejo Santpere

5) El faro

 

El faro.

Sigo con mi curso de Relato Breve y con los ejercicios prácticos.

Este es el ejercicio número cinco, en el que debía cambiar el narrador de la historia. El relato base, por si tenéis curiosidad, es El faro de Juan José Arreola.

Ejercicio nº 5

Es una pena lo del faro. Lleva tantos años funcionando que me parece mentira que lo vayan a cerrar. Me sabe mal por Genaro y su familia, pero, sobre todo, por Genaro. Heredó el trabajo de farero de su padre y allí se fue a vivir con su joven esposa hace ya más de una década. Felices no se les veía, te diría que eran una pareja un tanto sombría hasta que apareció ese pariente lejano, que no tenía donde ir. Genaro y Amelia lo acogieron. No fue difícil percibir el cambio.

 

Cada semana les llevo las provisiones, por lo menos hasta que cierren el faro, así que los veo con frecuencia y pude observar, a medida que aquel hombre se instalaba, como Amelia fue recuperando la alegría. Ya se sabe, la soledad del faro no es para todos y, a ella, con la nueva compañía, le empezó a brillar la mirada.

 

Genaro sabe lo que pasa, pero es incapaz de asumirlo. El otro día, antes de pagarme, quiso que me sentara en la mesa dónde estaban acabando de comer. Mientras me servía un vaso de vino, explicó una anécdota de un cornudo. Era graciosa, pero, explicada por él, sabiendo lo que hay, se me antojó patética. Mientras se reía de forma estrepitosa y hacía gestos simulando tener cornamenta, Amelia estaba al borde del llanto y el pariente, lo miraba nervioso. Ella me dio pena, pero él, que quieres que te diga. Vive en casa de Genaro, con la mujer de Genaro y así seguirá hasta que cierren el faro.

 

A veces veo a Genaro por el pueblo. Dice que está de viaje de negocios y yo siempre le pregunto que qué negocios se trae entre manos un farero. Yo creo que les deja su espacio, que el faro es muy pequeño para tres, tú ya me entiendes. Suele comprar regalos que lleva a su familia. ¡A los dos! Se ha acostumbrado a eso y lo acepta. Y ellos, también. Parece que esa rutina extraña les va bien a todos. Genaro se pone voluntariamente la cornamenta y los otros, confundidos, no saben si hay que torear, aguantar, atacar o huir…

 

Es una pena que vayan a cerrar el faro. Perderé un buen cliente.

Y es una pena lo de Genaro.

 

Los Otros Ejercicios :

1) Libertad

2) El Asimétrico Supremo

3) Hope

4) El viejo Santpere

Ejercicio nº 4 : El viejo Santpere.

Viene de : Taller Virtual de Relato

A partir de una noticia, se debe crear un personaje .

Rescatan a un octogenario que buscaba setas en Santa Águeda

Un octogenario que había salido a buscar setas tuvo que ser rescatado ayer por la tarde por los bomberos del Consorcio Provincial después de sentirse agotado en una zona escarpada de las agujas de Santa Águeda, en el término municipal de Benicàssim.

El suceso se produjo alrededor de las 15.15 horas, cuando el teléfono de emergencias del 112 recibió el aviso del anciano que decía que se encontraba por la zona de Miravet en el Desert de les Palmes de Benicàssim y que estaba muy agotado, hasta el punto de que no podía caminar más.

El Consorcio de Bomberos de Castellón movilizó rápidamente una dotación del parque destinado en la Plana Alta con la finalidad de acudir en su auxilio.

A la llegada a la zona, tras indicarles Guardia Civil, los bomberos accedieron con una camilla de rescate de montaña hasta el lugar donde se encontraba, una zona de piedra de muy difícil acceso. Tras confirmar su estado de deshidratación, y que el rescate terrestre era muy complicado, la Unidad de Rescate de Montaña del Consorcio procedió a evacuarlo en helicóptero y fue trasladado hasta el Hospital General.

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El viejo SantPere

Hacerse viejo es una mierda y hacerse viejo bien, es una lotería. No hagáis caso de lo que os dicen. Y los bomberos, peor, que es un cuerpo muy maltratado…Por mucho que os vendan que es un momento vital de serenidad y lleno de sabiduría, la realidad es que la serenidad y la sabiduría no suelen estar sincronizados con la capacidad física y, muchas veces, tampoco con la mental.

Sí, sabes mucho, pero, las rodillas necesitan de prótesis, la sangre de anticoagulantes e insulina y la mayoría de los órganos lo que necesitan son menos años de uso acumulado …

Tiene su leche que, en este momento de mi vida, me tenga que replegar a las órdenes marciales de mi hija. ¡Mi hija! Ella es la que manda. Y sé que lo hace porque me quiere, pero me quiere sin entenderme. ¿Cómo que no puedo ir a buscar setas yo sólo? Además, estoy entrenado. Todo ha sido culpa de estos medicuchos…Y mira que parecía que la cosa iba bien. Ya me extrañaba a mí…

Decían que la operación de la cadera había sido un éxito y, la verdad, podía caminar sin apenas dolor. ¿Qué me habían dicho que no la cargara? Si. Pero ¿Para qué me sirve una cadera nueva si no es para ir al monte? Lo que no entiende mi hija, es que el día que me quiten lo de las setas, me van a matar en vida y, a mí, al Coronel Santpere, no lo mata nadie.  Nadie. ¿Estamos?

Lo que pasa es que ha cambiado el clima y la geografía. Después de los incendios del año pasado, hay menos árboles y la seta requiere de sombra así que debajo de Miravet, no había salido ni una. Por cierto, los compañeros de la Guardia Civil me han dicho que han pillado a los malnacidos que quemaron el bosque. Yo los ataría a los pocos árboles que quedan y los dejaría allí, hasta que se pudran…

Cuando he salido de casa, no he querido coger la mariconera que me ha dejado preparada mi hija con el móvil, agua y unas nueces, porque sabía que en el desvío de Les Palmes, había un riachuelo donde parar y refrescarse. Pero el riachuelo estaba seco. No podía desfallecer, rendirme era la última opción así que he continuado hacia Miravet. Al coronel Santpere no lo para nadie…

A la que he empezado a subir, he encontrado piedras y he notado que la cadera se quedaba rígida .No podía dar ni un paso… Maldito camino.Y ni una maldita seta a la vista.

Estaba muy fatigado y al sentarme en un tronco, he notado un bulto en el bolsillo de mi chaqueta. ¿Qué carajo hace aquí mi teléfono? Si yo lo he dejado en casa, en la mariconera. No me gusta estar controlado…La niña coronela, claro.

He descansado unos minutos y cuando he intentado volver a andar, he sabido que ese era el fin del Coronel Santpere. Lo ha sustituido el viejo Santpere…

He marcado el 112 y aquí estoy, en el Hospital, que, por cierto, no es el Hospital Militar al que deberían haberme llevado. No creo que lo de la cadera tenga arreglo, pero algo se me ocurrirá para subir, de nuevo, a Miravet. El tesón siempre tiene premio. De todas formas, algo bueno ha salido de esto. Cuando habéis llegado con el helicóptero de evacuación, he recordado los buenos tiempos y me he puesto de buen humor. Y mira que es difícil hacer sonreír al Coronel Santpere…

Os lo digo yo.