Libertad.

Viene de : Taller Virtual de Relato

Uno de los ejercicios del taller, fue escribir un relato a partir de una imagen.

Los latidos de mi corazón retumban en mis oídos. Creo que se oyen desde fuera. Son muy fuertes y se van acelerando cada vez más.

Tengo miedo.

Algo se retuerce en mis tripas y después, sube y baja, baja y sube, sin que yo pueda controlarlo. Mis manos sudan y yo nunca sudo. Eso me puede delatar…

No sé si podré. No podré. No podré. No…Froto mis manos en el delantal. Debo tenerlas secas… No podré. No podré…Entonces, llega él y se sitúa a mi lado, pero un paso adelantado. Huelo su aroma rancio y amargo y mi miedo se hace gigante.

No podré.

Mis latidos me están enloqueciendo y se ha añadido un extraño zumbido. Me estoy mareando. No. No puede ser. Tengo que hacerlo. Solo es un movimiento suave e insignificante pero, para mí, es un acto de valentía, un grito de libertad.

El fotógrafo se prepara para hacer las fotos que servirán de modelo para el pintor. Él ha querido un cuadro. Uno en el que estemos los dos…Vuelvo a oler ese perfume venenoso que emana de su piel y, entonces, siento que algo se activa en mí. El gigante se va empequeñeciendo. Puedo.

Puedo hacerlo.

Es el momento. Los dos están distraídos. Ahora sí que tengo el corazón desbocado y no sé si seré lo rápida que debo ser. Alzo las manos hacia mi severo peinado y desprendo un mechón de cabello.  Lo dejo caer a su libre albedrío, rompiendo las normas, liberándose de la tirantez obligatoria.

Me acaricia el cuello suavemente. Es un destello de lo que siento cuando puedo escapar y estar, a solas, en el prado.  Rememoro esos minutos, con el pelo suelto, meciéndose al viento, tapándome la cara, volando hacia el sol…

Lo he hecho.

Mis manos vuelven a estar recogidas en el regazo.  Deseo sonreír porque sonrío por dentro, pero debo posar con sobriedad para que el pintor pueda reflejar lo que somos. Sé que mi mirada parecerá perdida y en mi boca, el gesto será sobrio, como a él le gusta, pero ese mechón descontrolado estará, allí, reflejando lo que sí soy.

Ya no oigo mis latidos. Ni hay ningún zumbido. Se me ha aposentado el vaivén de mis tripas y la sensación de angustia. Me siento más viva que nunca, eufórica, feliz y, sin saber por qué, poderosa.

Tendrá su cuadro, pero yo no lo veré.

Decido, en ese instante, que ya me habré ido de aquí…

NB :American Gothic ​ es un cuadro de Grant Wood de 1930. El cuadro ilustra a un granjero sujetando una horca y a una mujer rubia, que unos interpretan como su esposa y otros como su hija, enfrente de una casa de estilo gótico rural.

2 pensamientos en “Libertad.

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