Baby Yoda, triunfando.

Unsplash es una plataforma donde podéis encontrar fotos increíbles. La mayoría de ellas son de uso libre.

Yo me adhería en el 2016 y voy subiendo fotos a mi perfil. En este tiempo, 871.665 seres humanos las han visualizado y 6388 se han atrevido a descargarlas.

En estos últimos meses, las fotos más visualizadas son las de Baby Yoda (Din Grogu).

Sí . No se entiende. Es feo, pero, a la vez, es monísimo…

Mal asunto.

Chapuzones, barbacoa, bebidas refrescantes y comida en el porche.

Los mosquitos dando la turra, el cielo azul, el sol resplandeciente.

Un fin de semana fantástico que tiene dos lecturas. La bonita. La del placer de disfrutar de un ambiente veraniego y la vida en el exterior. 

La otra lectura, es la alarmante.  La real. Ya estamos en octubre. 

Hay algún post en este blog que habla de octubre. Del jersey de lana que tejía mi abuela para estrenar el día 12, día de mi santo. Del fresquito. Del cambio de color de las hojas de los árboles. Pasados los años, nos hemos sorprendido con la buganvilla en flor, los plataneros verdes y vigorosos, la manga corta, la temperatura primaveral en otoño.

Ayer, una maravillosa ducha al aire libre que ya no toca.   

Es octubre, cuando lo del jersey de lana de mi infancia…

Mal asunto.

Sublime.

Sublime Rain Experience, lo llaman. Estoy en uno de los pocos lugares en el mundo en los aún llueve, de vez en cuando, pero llueve. Es un lugar secreto al que solo puedes acceder si alguien te ha recomendado y después de cumplimentar un sinfín de cuestionarios y superar entrevistas personales. En el resto del planeta, predomina el clima desértico y, si llueve por un milagro inexplicable, lo hace mal y furioso, inundando y arrasando ciudades y campos así que la Sublime Rain Experience es un tesoro de valor incalculable.

La tecnología no ha podido ayudarnos a frenar el cambio climático, pero sí que puede predecir con exactitud, cuando lloverá en esta parcela de tierra. Me llamaron hace una semana y aquí estoy, esperando la lluvia. 

“Siéntese en la mecedora junto la ventana y espere.”

A los pocos minutos, lo oigo. Ese chasquido suave de las gotas, un suave viento que refresca el ambiente, el aroma de la tierra húmeda, la hierba mojada, los árboles alegres… Cierro los ojos. Escucho el sonido, inspiro el perfume. Es maravilloso.

Me acerco a la ventana y miro. 

Lloro, es mi lluvia. Ya me avisaron que podía pasar.

Ha durado diez minutos y ha salido el sol.  Ahora el paisaje es verde intenso y fragante.

Sublime. 

In art we trust.

No he encontrado quién/qué fue el primero en utilizar el lema “In art we trust”. Se utiliza mucho en el mundo del arte en general.

Es una adaptación «artística» del lema de la nación americana: In God we trust. “En 1864, durante la Guerra Civil americana, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la inclusión de la leyenda In God We Trust en las monedas de dólar. En 1956 el Congreso convirtió ese texto en el lema de la nación americana.”

Lo vi, en una puerta de esas que yo veo bonitas, en la Nit De L’Art, en Palma, Mallorca. 

La foto contiene la puerta, el lema, una intervención de arte callejero (a la izquierda, el astronauta de Memeco) y plantas que siempre aportan belleza. Lo que sí que podrían plantearse las autoridades competentes o empresas responsables de las instalaciones eléctricas de la ciudad, es arreglar ese laberinto de cables. Muy artístico, no es.

Por lo demás, como dice MoCo Museum (Barcelona/Amsterdam) :

Desata el poder del arte para despertar, reflexionar y crecer. 

In art we trust.

Fotos con palabras.

Dudó.

No sabía si sentarse.

No se fiaba de los bancos…

¡No vayas a la fuente!

Decidió sentarse de espaldas al mundo.

Y se quedó parada en la calle.

Inamovible.

Dice que le enseñaron a no pisar las plantas.

Ninguna planta.

Botella, pintura de pizarra y flores escasas.

La botella de un brandy añejo, de cristal y un formato bonito. Lleva años acumulando polvo en el trastero, pero hoy, la he visto. Al lado, los restos de la pintura de pizarra rosa palo y verde pistacho que utilicé para un cuadro infantil. O tiro la botella o la pinto.

La pinto.

Ahora voy a por el contenido.

No hay demasiado color en mis plantas. 

Un rosal que está floreciendo. Muy pequeñito y de rosas también pequeñitas. No huelen. Echo de menos las rosas aromáticas…

Tres ramas de lavanda con su flor violeta. El resto del arbusto es verde plateado. Le aporta un rastro de aroma. 

También hay Eugenia. Arbusto de valla, pero con colores verdes y amarillos que me sirven para que el ramo coja cuerpo.

La menta está en la parte inferior. Dos ramitas diminutas pero que llenan de perfume el ramo. Lo mueves aquí y allá para ver dónde queda mejor, y dejas el rastro de esta menta dulce y fresca. Es lo más pequeño y menos vistoso, pero lo que le da el toque definitivo. Esencial.

Ramo mini para el final del verano.

Media taza.

Ver el vaso medio vacío o medio lleno”, el clásico ejemplo para describir una personalidad optimista o pesimista. También, está su versión más objetiva, la que dice que el vaso siempre está lleno, sea de agua o de aire. Una buena aportación a la positividad desde la racionalidad. 

El mismo recurso se podría utilizar con una taza que es lo que yo tengo para aportar la solución definitiva al dilema del vaso: que si vacío o que si lleno.

Es la media taza. Una media taza de madera que encontré en un mercadillo y que tengo en mi casa ya desde hace unos años.

 

Sirve para ver el mundo siempre lleno y da igual como la mires. Ahí está, maciza y desafiante. 

NB1: Quién sabe si en algún lugar del mundo, habrá otra media taza que encaja perfectamente con la mía y lo que pasa es que no es un símbolo de lo del vaso si no de lo de la media naranja…

NB2: La planta de la primera foto es la sansevieria, conocida popularmente como lengua de suegra. Es una planta de interior, muy fácil de cuidar, que ayuda a limpiar el aire de nuestra casa.

Su trigo, nuestro pan.

Al volver, me reconecto con el mundo. 

Leyendo la actualidad política, recuerdo mi estancia en el pueblo. Este año, conocí a gente joven que intenta desarrollar su proyecto vital en el entorno rural. Agricultores que intentan profesionalizar su trabajo en el campo: hablaban, con ilusión, de su afán por cosechar grano de máxima calidad, utilizando productos naturales y tecnología para optimizar resultados.

También, de cómo se enfrentan a problemas básicos de vida que suenan a los de los urbanitas, pero son más acusados y trascendentes en esos preciosos pueblos remotos. La mala comunicación de la red de transporte, la falta de conectividad, la falta de médicos, de colegios cercanos para los niños, el exceso de burocracia que les obliga a desplazarse aquí y allá…

Son el futuro. Son pocos y les cuesta hacerse oír, pero si se les escuchara, podríamos explorar todas las posibilidades que tiene esa España, mal llamada vaciada. Lo que está es abandonada. Se abandona el talento de esa juventud que se arriesga y apuesta por el campo y también se abandona la materia prima de un país de primera. Tenemos sol, campo, montañas, mar, y, hasta ahora, un buen clima…

Los resultados electorales dejaron fuera a los partidos que representaban esa España tan particular y, a la vez, tan importante. 

Pienso en esos jóvenes agricultores y en la importancia de tener pueblos habitables y no solo ciudades habitables. Que la elección de ciudad o de pueblo, para desarrollar un proyecto vital, sea en igualdad de condiciones porque tal y como vienen las cosas, en esta llamada Crisis de Civilización, un semiconductor puede quedar inservible pero el trigo, está ahí desde hace más de 14.000 años. 

Y su trigo es nuestro pan.

Mientras tanto, solo hay que leer el periódico del día para ver cuáles son las noticias de cabecera. Es desconcertante observar cómo, en el plano nacional, se obvian temas muy básicos y se hace una política de paja.

No pesa casi nada y sirve para dar de comer al ganado.

NB : Por cierto, el pan del pueblo, un tesoro de valor incalculable…

Extrañamente caluroso…

Estos días, hemos exclamado muchas veces “¡Qué calor!”. Parece lo normal para la época:  agosto y temperaturas elevadas. También sabemos qué cada vez hará más calor. Y lo vamos asumiendo y soportando con nuestro ventilador, aire acondicionado, piscina, mar, ducha, agua fresca, sombra… Pero hay algo diferente y extraño en estas tres “olas de calor” que se ha marcado este verano del 23.

Foto de Vika Wendish en Unsplash

Suelo acudir, a mediados de agosto, a la Fiesta Mayor de un pueblecito en Huesca, muy cerca de Jaca. Durante el día, hace calor (cada año más, es verdad) pero por la noche, el ambiente es fresco. Un regalo maravilloso.  Las primeras veces, acostumbrada a las noches mediterráneas, no llevaba nada de manga larga en la maleta, así que acababa la noche con sudadera prestada.  Ya experimentada, nunca me falta algo que ponerme para estirarme en el monte y ver la lluvia de Perseidas, un poco abrigada. Este año, mientras la orquesta sonaba y la gente bailaba en la plaza, la temperatura era de 37ºC. Perseo me regaló una espléndida visión de puntos brillantes danzando en el cielo, eso sí, sudando la gota gorda y con más mosquitos que nunca. Como os digo, una experiencia extraña…

Foto de sheri silver en Unsplash

Después en el Alt Empordà. Abriendo las ventanas de día, el calor es soportable y por la noche, sin necesidad de abrigo, hay un descenso de temperaturas muy agradable. Y, de vez en cuando, una tramuntana suave y refrescante. Pero, eso, ahora mismo, son recuerdos del pasado.  Hay unos vecinos holandeses que llegan cada año, la tercera semana de agosto. Suelen cenar en la terraza. Me gusta oír el tintineo de los platos y cubiertos y el rumor de sus voces. Junto con los grillos nocturnos, es un símbolo del verano que me da una sensación de paz. De tradición. Este verano, no los oigo en el porche. Si que percibo el zumbido de su aire acondicionado… Hoy he hablado con ellos y están sorprendidos por la temperatura, la desaparición del aire que nos hacía de ventilador natural, de las calles, por la mañana, hechas un horno y las noches bochornosas. Les he dicho que pronto se acaba y que vendrán lluvias y tiempo más “normal”. Hemos mirado el campo seco y todos hemos deseado que ojalá sea verdad. Que llueva. Que refresque. 

Foto de Melissa Walker Horn en Unsplash

Que lo extraño no sea recordar las fiestas del pueblo con una chaqueta o a mis encantadores vecinos, cenando en su terraza…

NB : Fotos refrescantes de Unsplash.

Cuadro electoral y caluroso.

¡Qué calor!

El calor extremo es el protagonista de estos días. Me temo, que lo será los próximos veranos de nuestras vidas e incluso, tendremos calor en primavera. La ciencia lleva años y años advirtiendo de los efectos del cambio climático. Un cambio que conlleva una emergencia, una crisis global y planetaria.

¡Qué calor!

Para despistar y esquivar al calor, he estado pintando. Me ha salido un cuadro de tonos anaranjados calurosos, con una ventana redonda verde y azul que podría ser la esperanza y el agua. 

¡Qué calor! 

Entonces me he dado cuenta de que este calor infernal, es “el cambio climático”, en persona, con su propia campaña electoral y haciendo sudar a todos, incluidos aquellos que lo niegan. 

Le cedo mi cuadro para su campaña y , como no hay Planeta B, espero que gane las elecciones.

¡Qué calor!