Congelación de Ideas.

ideas congeladas

Yo soy terapeuta. Me gusta decir que soy Terapeuta de Especiales más que una Terapeuta Especial.

A mi consulta me llegan los casos que mis colegas, no han podido resolver y que no podrían resolver nunca porque…son pacientes especiales.

Estoy preparada para cualquier situación “especial”, soy capaz de abordarla, analizarla y, en la mayoría de los casos, tengo éxito. O sea, se curan. Por lo menos, los que quieren… Aun así, cuando conozco a un paciente y le hago la primera anamnesis, siempre me quedo un  poco descolocada…Gracias a Dios, sólo me dura unos minutos.

El hombre que está en mi consulta,  es Rogelio. Tiene 50 años. Vive solo, en una casa en el campo en el que sólo hay una ducha que está en un cobertizo en el exterior. Este dato podría parecer irrelevante, pero es el origen del mal de mi paciente (o por lo menos, así lo manifiesta). Me ha explicado que en la ducha, hay una ventana de esas de láminas, que por vieja y oxidada, siempre está medio abierta. Sea invierno o verano, la ventana se mantiene en la misma posición, dejando pasar el aire fresco o gélido, según la estación. La ventana, según explica Rogelio, está muy cerca de la alcachofa de la ducha y , con el tiempo, se ha convertido en un improvisado estante definitivo…Allí, él,  que es muy aseado , deja sus frascos de champú …

La temperatura ambiente hace que el champú (de ortiga blanca y cedro salvaje, me especifica Rogelio) esté templado en verano y frío en invierno. El pasado año, en la zona donde vive el paciente,   las temperaturas habían sido extremas y las heladas, habían arruinado las cosechas …

Según el propio Rogelio, el frío intenso había afectado, también, el buen funcionamiento de su cabeza…

Me comenta que hace un año, más o menos, al verter el champú directamente sobre su cuero cabelludo (que al fijarme, veo que está frondoso y muy bonito con unas primeras canas plateadas) notó que estaba muy frío.

Exageradamente frío.

Inmediatamente después, percibió que se le habían congelado las ideas.

Ideas, congeladas.

Vale.

Rogelio vive en el campo y tiene una tienda On Line. Vende los productos que produce su huerta , directamente al consumidor. – El primer signo de que algo no iba bien, me explica, se produjo cuando llegó la Semana de la Oferta Verde.

Rogelio ideaba lotes de frutas y verduras, que colocaba en bonitas cestas de mimbre y adornaba con artesanía de la zona que, cada año, era diferente. Todo el mundo esperaba su ocurrencia: un botijo, unas cucharas de madera o macetas de terracota  pintadas a mano…

Rogelio se encontró, a pocas semanas de la Oferta Verde con que era incapaz de crear nada nuevo. Daba igual que le presentaran un sinfín de productos artesanos. Él, sólo podía pensar en las cosas que ya había utilizado. Así que, ese año, por primera vez, repitió “Lote de la Semana de la Oferta Verde” y volvió a poner un botijo.

-Ideas, me dice, tengo muchas pero son las que ya tenía. No puedo producir ideas nuevas. No puedo cambiar de opinión. No pueden convencerme….Nunca podré cambiar ni evolucionar como persona. Piense, piense en sus ideas acerca del amor, o piense en “sus ideologías”,…Imagine que nunca pueda cambiar de idea, porque esa idea está congelada, ahí, y no deja espacio para las otras. Y está dura como una piedra y tampoco deja que la modelen…Ideas fijas, para siempre…

Intento ser empática. Intento ponerme en su lugar y reviso mis ideas. Soy consciente que he ido cambiando de “ideas”, muchas veces en mi vida y que eso es lo que me ha permitido, por ejemplo: volver a enamorarme. Además de ir modificando mis ideas, también han surgido ideas nuevas: eso me ha permitido dedicarme a este trabajo y escribir un libro, por ejemplo. Las experiencias vitales nos hacen cambiar de idea, muchas veces…

Esto está difícil…

Rogelio me explica que ha utilizado múltiples sistemas para intentar descongelar sus ideas pero para ello, sólo ha podido utilizar las ideas que él ya tenía sobre cómo combatir el frío y la congelación: saunas, duchas de agua caliente, gorros de lana, esterillas,… Su hermana, que es peluquera, lo tuvo un día entero bajo la lámpara de infrarrojos que se utiliza para hacer subir las mechas pero…nada.

Rogelio, sigue con las ideas congeladas…

Se acerca la Oferta de Primavera y ya está pensando en adquirir 500 botijos…

No sé cómo afrontar este caso. Parece que las ideas se me han congelado a mí porque por más que pienso no se me ocurre nada.

¿Alguna idea?

 

Matad al rojo.

Matad al rojo. La voz cavernosa le atravesó los tímpanos, ascendió hacia su cerebro y lo empapó de miedo. ¡Hay que matar al rojo, joder! . Los temblores se expandieron de sus extremidades superiores a las inferiores. Las manos le sudaban tanto que no era capaz de despegarlas de sus muslos. El corazón se aceleró y se hizo cada vez más fuerte. Ahora, oía la voz cavernosa lejos, casi ahogada por aquellos fuertes latidos. Pum, pum, pum, pum.

No hacía ni una semana que se había prometido no volver a caer. Cada vez era más peligroso… Casi lo habían descubierto y fue ese casi el que lo salvó . Hasta aquella maldita tarde, de aquel maldito día, de aquella maldita y puta vida. ¿Cómo había llegado a esa situación?. De repente, su corazón se volvió aún más estridente, un zumbido se apoderó de sus oídos mientras el estómago se le encogía y se retorcía hasta formar un nudo sólido que le apretaba las entrañas. Se acercaban e iban a por él. A por el rojo.

Cerró los ojos y esperó que llegara la muerte. Lo eliminarían del tablero de juego…

Los oyó murmurar ¡Qué mala suerte!. Apenas sin poder respirar, se atrevió a mirar: habían pasado de largo. El aire se escapó de sus pulmones mientras el alivio le inundaba.

Sólo quedaba uno.

Parecía el más peligroso. Era el de la voz cavernosa que no paraba de gritar “Matad al rojo” . Ya lo tenía pegado a la espalda. Oía su respiración agitada como si hubiesen instalado un amplificador en la habitación. El tiempo se detuvo por unos instantes: sobrevivir a esa partida era el único objetivo viable. Si lo mataban ahora… recordó el rostro amable de su esposa y la sonrisa de Junior que lo esperaba en casa en ese mismo instante. Junior, su hijo.Tenía que sobrevivir. Tenía que ganar.

Se concentró en la partida. Volvió a cerrar los ojos pero esta vez, para poder elevar sus plegarias al cielo. Su única posibilidad era rezar…Rogar.

Oyó el sonido del arma del enemigo. Vas a morir, rojo.

Cloc.

El dado cayó en el tablero y rodó hasta quedar suspendido en el borde. ¡Un cinco!¡Mierda!. Con cara de fastidio, el enemigo deslizó su ficha azul por las casillas del parchís, adelantando a una solitaria ficha roja a la que le quedaba un tiro de nada para asentarse en casa y casi, casi, ganar la partida.

Nada podía detenerlo. Iba a conseguir los 1.500€ que se amontonaban en el centro. Dio un trago largo a su cerveza y sonrió. Los cuatro se habían apostado la paga de horas extras a una partida de parchís. Un momento de chulería, un reto y la insistencia del de lavoz cavernosa , los había llevado al Bar del polígono y allí, en una mesa de plástico , los cuatro idiotas habían puesto en riesgo un mes de trabajo sin descanso y, en su caso,  la posibilidad de pagar los gastos ahora que su mujer se había quedado en el paro, la ortodoncia de Junior…casi a punto de irse todo al carajo…

Debía acabar con aquellas partidas de parchís. Había ido demasiado lejos. No podía seguir fingiendo que no le pagaban cuando perdía…y perdía siempre. Se juró que aquella iba a ser la última partida. Por la familia. Por Junior.

La última.

Agitó su cubilete rojo y lanzó el dado.

 

 

Te voy a llevar al huerto, again.

Ayer os hablaba de la triste desaparición de mi huerto urbano y que fue un elemento inspirador para escribir una novelita de 50.000 palabras (“Te voy a llevar al huerto”) de esas que se clasificaban como chick-lit, que no es otra cosa que una historia de amor, alrededor de un huerto.

Nunca suelo releer lo que escribo, pero, con los sentimientos a flor de piel por la autodestrucción del cajón de madera contenedor de mis hortalizas y verduras, lo he hecho en plan homenaje. La verdad es que me lo pasé en grande, escribiendo esta historia y me ha vuelto a pasar, leyéndola. No hay que olvidar que no soy imparcial…

La mayoría de textos sobre el huerto, son los que iba publicando en el blog, que se convirtió en la bitácora de la evolución de mis tomates asesinos, los ajos rebeldes, la lechuga Pepita, las guindillas contorsionistas o los diez cacahuetes. Estos posts se convirtieron en parte esencial de la historia.

También recuerdo la dificultad para escribir las escenas de sexo. No había manera. O las veía cursis, o demasiado realistas. Tuve que buscar el equilibrio… Costó lo suyo.

No sé el motivo por el que dejé que los personajes protagonistas se llamaran Calixto y Melibea. Aunque el tema de La Celestina daba para mucho, no me negaréis que son nombres inusuales en estos tiempos. Creo que hay unas 44 Melibeas en España y 1326 Calixtos… No obstante. introduje un personaje secundario que s ellama Paco, para compensar…

Al final, “Te voy a llevar al huerto” se convirtió en algo más que una historia de amor. Fue y sigue siendo, un entusiasta manual de cómo poner un huerto en tu vida. En la última parte de la novela, hay un decálogo para los futuros hortelanos urbanos. O un intento descarado, en diez puntos, de convencer a los lectores de que planten , ya, una tomatera en su terraza. El último punto dice:

10-. Como suele pasar con estas cosas, por mucho que te digan…nada es comparable a vivirlo. ¿Qué esperáis? ¡Plantad un huerto urbano!

Y, en plan autobombo, os  dejo aquí la novela,  por si algún valiente se atreve a que lo lleve al huerto…

Píldoras de Street Art

El belga ROA. Intervención en Túnez.

 

El brasileño Alex Senna.

Lavalet en Francia.

Y Ernest Zacharevic.

El cuento que tienes es culpa de Calleja.

¿Por qué Calleja?

Lo digo por el famoso dicho: “Tienes más cuento que Calleja!”. Lo he oído en una conversación y se me ha quedado la cosa dentro.

¿C-a-ll-e-j-a? ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver Calleja con uno que siempre busca excusas para no hacer lo que debe?

Voy a Wikipedia y me encuentro a este señor, al que os quiero presentar:

Don Saturnino Calleja Fernández fue el propietario de una editorial de cuentos para niños. Nació en Quintanadueñas, Burgos y vivió desde 1.855 hasta 1.915. Publicó una innumerable cantidad de cuentos escritos especialmente para niños y jóvenes. La cifra es de 3.400.000 cuentos. Ahí es nada.

La Editorial Calleja no sólo publicó para el público infantil. Llegó a ser la editorial más popular en España y contó durante unos años con Juan Ramón Jiménez como director literario. En su catálogo apareció Platero y yo (1914).

Aunque se le vea muy serio en esta foto , Don Saturnino fue el inventor de la famosa frase final de nuestros cuentos infantiles que tantas veces hemos leído, oído o verbalizado:

 

“…y fueron felices y comieron perdices, y a mí no me dieron porque no quisieron.”

También es cosa de Calleja…

 

En venta.

En venta.

Se atrevió a bailar diferente. #DiaMundialdelaDanza

Este próximo domingo, 29 de Abril, será el #DíaMundialdelaDanza.

Nijinsky

Todo empieza con un niño, hijo de bailarines, que se convierte en uno de los mejores bailarines rusos del siglo pasado .Como hay muy poca imagen en movimiento de esa época, han pasado a la sección de “mitos”, los saltos de este bailarín que decían estaba sostenido por pájaros que lo elevaban hacia el cielo pero , después, lo depositaban suavemente, en el suelo, como con un aleteo…

De Nureyev o de Baríshnikov ( los dos grandes de la danza clásica de finales del S.XX) hay mucha películas que nos permiten hacernos a la idea de sus extraordinarias habilidades para la danza. De Nijinsky, no. Sólo la leyenda.

115_Nijinsky como fauno_1912

De la mano del gran mecenas ruso Serguéi Diáguilev  ( su amante durante una parte de su vida, antes de que se casara, de repente, …) aparece en el mundo de la danza, uno de sus grandes iconos. Nijisnky se convirtió en la primera estrella de “Los Ballets Rusos” (1909 ). Su vida podría ser el guión de una película dramática. Dejó de bailar tras diagnosticársele una esquizofrenia. Murió en 1950 tras una vida azarosa y marcada por su enfermedad pero yo me quiero centrar en su aspecto revolucionario, rompedor y absolutamente diferente de abordar la danza.

Fue un innovador de hace un siglo …

A partir de su aparición en Los Ballets Rusos,  no para de cosechar éxitos hasta que en 1913 estrena su coreografía en el Téâtre du Champs Elysées de París ‘La consagración de la Primavera‘, compuesta por Igor Stravinski.

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Hay que irse 100 años atrás, cuando no existía la Danza Moderna o Contemporánea  (este concepto nace a partir de Nijinsky). Cuando los ballets eran obras preciosas de tutús y dramáticas historias de amor. De cuerpos estirados. De puntas tensas. De formas absolutamente gráciles, siempre apuntando hacia el cielo.

En todo ese mundo, aterriza un coreógrafo y bailarín que decide cambiar las reglas del juego: puntas del pie juntas, en vez de talones juntos y cuerpo recogido hacia adentro, en lugar de estirado y alargado…

A eso, se le suma el “sonido” Stravinski , que en este ballet también innova, con un tipo de música completamente diferente a lo que el público esperaba… No se entendió nada. Aquellos bailarines, vestidos de forma rara, danzando en plan tribal, rompiendo todos los esquemas del clásico…

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El público abucheó la obra y abandonó el teatro. Dicen los testigos que se lío una gorda…No se sabrá nunca si fue la música y o fue la coreografía, pero lo que hoy se entiende, se aplaude y se ha convertido en una “pieza joya” del clásico, hace 100 años se convirtió en uno de los mayores fracasos de “Los Ballets Rusos”. Un escándalo.

“La consagración de la primavera “ tras unas pocas actuaciones en Paris y Londres, dejó de representarse hasta… el año 1987 . Los investigadores Millicent Hodson y Kenneth Archer, tras casi 17 años de dedicación, reestrenaron la obra con el Joffrey Ballet, reconstruida a partir de fotografías, documentos, cartas y el testimonio de los escasos testigos vivos. Actualmente está en el repertorio de las más importantes compañías de danza.

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Este ballet nos cuenta la historia, sucedida en la Rusia antigua, del rapto y sacrificio pagano de una doncella al inicio de la primavera que debía bailar hasta su muerte a fin de obtener la benevolencia de los dioses al comienzo de la nueva estación. Para ello, se sirve de imágenes musicales de gran plasticidad, evocando escenas primitivas delos diversos ámbitos de la vida.

The Joffrey Ballet will perform "The Rite of Spring" on Feb. 28.

Aquí os dejo el link de la coreografía de Maurice Béjart. Es el ballet completo ( 30 m)

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La música fue compuesta por un genio.

La coreografía, también.

Nijinsky fue el rebelde del ballet clásico.Él fue el origen de lo que hoy se llama Danza Contemporánea.

Más de cien años después, desde aquí y con este post,  le aplaudo.

Feliz Día Mundial de la Danza!

NB : Este documento es una de las pocas filmaciones de Nijisnky. Es L’Après- midi d’un faune .Se aprecia perfectamente, ese nuevo concepto en el esquema corporal, más cuadrado, alejado del clásico. Esta obra también fue polémica. Resumiendo : el encuentro entre un fauno y una ninfa, acaba con la marcha de esta última, dejando un velo . El fauno recrea un baile con el velo muy abierto a interpretaciones: fetichismo, masturbación, etc… Nijinsky, en 1912.

Esta misma pieza, por Nureyev.

El sparring.

Poco a poco, estoy creando un catálogo de personalidades para mi Human(zoo)lógico particular. Hasta ahora, he catalogado a los vampiros de energía, los yoístas tipo cactus, los esponja, los sabelotodo plus, los ojos que no ven , los críticos porque sí y  el yo lo hago todo pero no.

Hoy, presento al Sparring.

Del ingl. sparring [partner] ‘[compañero] de entrenamiento boxístico’.

  1. m. y f. Persona con la que se entrena un boxeador para preparar un combate. U. t. en sent. fig. Está preparando el debate con un sparring.

Este tipo de espécimen va recibiendo impactos de su entorno. Suele ser el sujeto del grupo (familia, amigos, entorno laboral,) al que le llegan los problemas. Los impactos. Le van diciendo:  una deuda importante, un dolor, arreglar un papeleo, una crisis emocional, un problema en el trabajo, un …Estos problemas no los suele tener él y si los tiene, actúa de auto-sparring pero es receptor de los impactos de los demás que suelen confiar en él: o para que lo solucione o para que lo escuche, a modo de terapia.

Al que le toca ser sparring, le viene por personalidad y por posición jerárquica (formal o informal) en el entorno en el que se mueve. Puede ser de tipo flexible o rígido. El sparring flexible es el que mejor lo tiene. Ha aprendido a lidiar con los impactos, colabora, ayuda, actúa, pero está acostumbrado y es flexible. Puede encajar bien pero también, moverse con agilidad por los alrededores del tema. El rígido es un sparring que sufre. Es como un tótem, una columna sólida, pero, a la vez, muy rígida que va absorbiendo cada impacto con las vibraciones subsiguientes.

En ambos casos, sea un espécimen flexible o rígido, el sparring es buena gente.

Recibe, digiere y, si puede, intenta ser resolutivo, consolador o conciliador. A veces, por eso, su misión es imposible.

Hay dos peligros para él : 1) que de tanto recibir los impactos del entorno, no pueda gestionar los suyos y 2) que, de tanto impacto, acabe lelo.

Si hay un sparring en tu vida, cuida de él.

Human(zoo)lógico

El Vampiro de Energía

El Yoísta-Cactus

El Esponja

El Sabelotodo Plus

El Ojos Que No Ven

El Crítico porque sí

El Yo lo hago todo pero no

 

¿Qué culpa tengo yo?

Cuando mi psiquiatra me propuso que lo hiciera, pensé que era otro de esos trucos de auto ayuda que intentaba endilgarme para tenerme unos días distraída y añadir más sesiones de psicoterapia de luxe (o sea, carísima).Pero, aunque él se esforzara en sumergirme en una terapia eterna, yo sabía que la necesitaba. Estaba por descubrir si sería de por vida o sólo por un tiempo, pero, en el hoy de mi existencia, tenía claro que estaba jodida y que sólo con “ayuda profesional” podría salir de aquello.

No era feliz. No era nada feliz. Nada de nada.

Inexplicablemente, esos que pertenecen a mi entorno me repetían constantemente que sí que lo era: “Sí eres feliz: una salud de hierro, una familia afectuosa, holgada situación económica, un amante-novio-que-puede-ser-el-hombre-con-el-que-te-cases, fantástico (y casi gemelo idéntico de George Clooney), un trabajo maravilloso, coche super, segunda residencia, posibilidad de viajes exóticos, etc,etc…”.

Todos lo veían, menos yo. Mi supuesta felicidad era un hecho evidente para el mundo exterior, pero, en el interior, la insatisfacción y la tristeza eran lo único que sabía o podía identificar. Era tanta la discrepancia entre la realidad que yo vivía y la que sentía en mi piel, que decidí visitar al eminente psiquiatra (que en paz descanse) para que me ayudara en el asunto.

No es que fuéramos personalidades compatibles. Me negué a tomar ningún tipo de medicación desde el primer instante y eso lo pilló un poco fuera de juego. Parece que ser que lo único que le interesaba a los otros pacientes, era la receta de las pastillitas mágicas así que lo que hizo conmigo fue más experimental que otra cosa. Al principio, valoré cambiar de terapeuta, pero me había costado tanto esfuerzo emocional llegar hasta ahí que preferí no cambiar de diván (que, por cierto, era cómodo, amplio y mullido.Perfecto.)

Sí, ya sé que lo hago muy largo. Intentaré hacerlo mejor.

Tras un mes de terapia intensa, mi psiquiatra determinó que yo era una persona feliz. Mi patología consistía en una “ceguera emocional”. Según él, no era capaz de apreciar las emociones. Me opuse a la teoría de inmediato: si era como una especie de piedra humana, ¿Por qué sentía melancolía? ¿No era también una emoción? Así que continuamos con el tratamiento y, tras otras cuatro semanas, el psiquiatra diagnosticó que la ceguera sólo afectaba a los buenos momentos. Para eso, no tuve respuesta: ¡Era justamente lo que me pasaba! Todo indicaba que los experimentaba, pero no los disfrutaba.

Lo siento. Iré al grano.

Entonces, fue cuando me propuso crear un “guarda -recuerdos”. El nombrecito ya me pareció cursi de narices, pero, fiel a mi terapia, me fabriqué un recipiente para conservar los momentos felices siguiendo las instrucciones del doctor. El primer día de revisión de mi “guarda-recuerdos”, es cierto que tuvimos una pelea. No es que fuera muy grave, pero si es que verdad que los dos alzamos la voz.

¿Lo qué pasó?: le planté en su mesa de despacho, el precioso bol de cristal que había comprado en un anticuario, la libretita de papel artesano y mi boli Roll de tinta líquida: “No puedo escribir mis buenos momentos! ¡No sé cuáles son! –les espeté enfadada. Yo no suelo enfadarme mucho, pero, de vez en cuando, me gusta ser un poco mala. Me recarga de energía. “Su invento no me sirve para nada”. Y con un movimiento teatral y trágico, cogí la libreta y escribí NADA y lo metí en el bol. El psiquiatra me ordenó estirarme en el diván y, también enfadado, me obligó a repasar todo lo que había hecho durante aquella semana. Paso a paso.Hora a hora. Minuto a minuto. Creo que lo hicimos gritando…

En ese tiempo, cambió mi opinión sobre aquel hombre. Había pensado de él que era un farsante y un incompetente, pero la Técnica del Guarda Momentos empezó a funcionar. Era necesario e imprescindible que yo le explicara a él y que él me lo tradujera a mí. A través de sus palabras, reeditaba aquellos momentos que él consideraba felices (según los parámetros normales) y conseguía verlos. Con toda su intensidad. Una cena, un paseo, un éxito, una llamada telefónica, un perfume… Cosas que pasaban por mi vida sin ser apenas percibidas cobraban vida y se hacían reales cuando, él las transcribía y me las explicaba. Era fantástico…

Cuando llegaba a casa, era yo la que los escribía en la libretita, arrancaba la hoja y, doblándola con cuidado, la introducía en el bol. En el salón, en una de las estanterías, estaba mi recipiente de buenos momentos y cuando sentía esa tristeza que nada conseguía curar, introducía mi mano, mis dedos elegían uno de los trozos de papel y lo leía: “Cena con las chicas en El Privado. Camarero cubano para morirse. Cotilleos y risas. María, embarazada” y entonces rememoraba ese momento, casi como si lo viviera por primera vez (hecho que técnicamente era verdad).

Me empecé a sentir mejor. Seguía ciega en lo de la felicidad, pero tenía mis fugaces momentos de visión esplendorosa cuando ponía en práctica la técnica del “Guarda-Momentos”.No sé cuándo se me ocurrió lo de utilizar a mi psiquiatra “en directo”. De verdad, no lo recuerdo. Pero sí que recuerdo lo del día de la nieve. Mi George y yo habíamos hecho el amor, delante de la chimenea, mientras los troncos crepitaban en un idílico refugio de montaña nevado. Era todo tan perfecto que tuve la necesidad de sentirlo. Así que llamé a mi terapeuta y le describí, con pelos y señales, el suceso maravilloso que acababa de vivir (y de perderme) y le pedí que lo hiciera visible para mí. Sí que recuerdo que lo hizo a regañadientes y que iba maldiciendo en voz baja. Supongo que no fue buena idea llamar a las dos de la madrugada y, encima, darle una descripción detallada de una gran actuación sexual, pero …lo mejor de todo, es que funcionó y pude acurrucarme abrazada a mi hombre, sintiéndome satisfecha y feliz por la experiencia compartida. Así que no me arrepiento.

Es cierto que, a partir de ese momento, se inició una nueva forma de terapia. Si yo intuía que me estaba pasando uno de esos sucesos felices, lo llamaba inmediatamente. ¿Cuántas veces? No sé. No creo que pueda dar una cifra concreta. Tal vez, podría entregarle mi bol y las cuenta, pero, claro, habría que restar las de antes de que empezara a llamar, ¿no?

Ya acabo, ya acabo.

Mi bol fue llenándose de experiencias maravillosas que se convirtieron en un antídoto a mi tristeza profunda. Sólo eran llamadas. Nunca me dijo que no lo hiciera, Señoría, así que no entiendo esta acusación por acoso y homicidio involuntario.

El abogado de la acusación me recrimina que lo llamé cientos de veces. Miles, tal vez. Ya sé que tiene un registro de llamadas del difunto doctor que lo demuestra y también que el infarto de miocardio se produjo en el transcurso de una de esas llamadas … y sé que me había denunciado por acoso, que había cambiado cinco veces de número de teléfono, que me tenía miedo y no me dejaba acercarme a su consulta, pero eso no me convierte en una homicida.

¿Qué culpa tengo yo de vivir tantos momentos felices?

El increíble caso de Apola Calíope.

Lo llamaron a las siete de la mañana.

Cecilio Ceres había sido encontrado muerto en su despacho y reclamaban su presencia en el lugar del suceso.
El Profesor Cecilio Ceres era un reconocido musicólogo, famoso conferenciante internacional, e investigador de renombre. El hombre había muerto, tapándose las orejas, con un gesto de terror en el rostro. Lo habían encontrado arrodillado, delante de un diván freudiano… Nada hacía pensar que la muerte no fuera por causas naturales pero, la notoriedad del personaje y las extrañas circunstancias, habían activado el código rojo en la Brigada de Homicidios.

Seren examinó concienzudamente la escena del crimen. Su nombre completo, Serindipity García, describía a la perfección su habilidad. Era un experto en hallazgos afortunados que ayudaban a resolver los casos.Revisó todo papel que encontró, mientras su mente procesaba datos fortuitos .Fue entonces cuando un nombre se hizo evidente: Pola. Se repetía con asiduidad en las entradas de la agenda del profesor.

Oyó el click familiar en su cabeza, que le indicaba que tenía una pista y se concentró en Pola. Encontró un abultado expediente, con las transcripciones de entrevistas, fotografías de Pola, Cd’s de diferentes estilos musicales y un pequeño cuaderno en el que el profesor estaba escribiendo un ensayo : El poder de la música : aquellas canciones.

Apola Calíope ( alias Pola), 32 años. Mujer. Licenciada en Bellas Artes.

Acudió a la consulta, diciendo que había canciones que la dominaban y la obligaban a hacer cosas. El profesor, había subrayado la frase : «las canciones me poseen». Tras derivarla a un psiquiatra amigo, la paciente volvió a visitarlo con un diagnóstico de normalidad y una efusiva recomendación de su colega para que prestara atención al caso.

El primer día de sesión ,Pola le explicó al profesor que si escuchaba Love is in the air, se enamoraba de quien ella eligiera , en sentido bidireccional. Lo hacía “conectándose” con la canción. ¿Love is in the air? A Seren le impactó aquella mujer y su extraña locura e, incluso, sintió compasión por la muchacha de ojos castaños y tristes pero… la investigación de Celestino Ceres y sus primeras conclusiones le dejaron estupefacto: el profesor explicaba detalladamente los factores neurológicos que podían favorecer esa extraña transmisión de energía y describía varias pruebas empíricas en las que Pola, con Love is in the air, consiguió actuar de Cupido de forma dirigida. La comprobación de más de 25 enamoramientos intencionados, confirmaron que Pola era especial.

El problema, según consignaba el erudito, residía en que Pola no sabía que canciones la poseían, cuales activaban sus poderes especiales y, tampoco, en qué consistían esos poderes. Love is in the air, había sido un hallazgo fortuito y sólo se había producido otra posesión con You are the sunshine of my life , canción que hacía que Pola brillara y repartiera luz. El profesor describía profusamente el “estado de paz” que se sentía si se estaba cerca de Pola cuando irradiaba la luz… En este punto de la lectura, Seren ya empezaba a sospechar que el eminente Profesor Celestino Ceres estaba tan loco como la tal Pola. ¿Qué una canción te posee ¿ ¿Qué tontería era esa?
¿Amor?, ¿Luz?, ¿Paz?…

Estuvo a punto de abandonar el expediente pero la curiosidad pudo con él y se llevó toda la documentación a su casa para continuar con la investigación.El profesor , con una fe absoluta hacia Pola, ideó un sistema para identificar las canciones que funcionaban y las que no. Durante meses, escucharon canciones.Miles, millones de canciones.

No hicieron grandes avances y sólo consiguieron identificar que con Think de Aretha Franklin, Pola podía desparecer si conectaba justo en el momento en el que la canción atacaba el estribillo del Freedom. ¿Desaparecer? Locura musical. Muy locos los dos, paciente y terapeuta…

Se hizo de día y se preparó para asistir a la reunión de la Brigada, cuando sintió el click serendípico : “Rolling Stones”. En la última entrada del ensayo del profesor describía una sesión con canciones del grupo para la siguiente sesión con Pola. No había fecha consignada y no sabía si se había producido, pero pensó en comprobar unos detalles…Pasó por la consulta del profesor y pidió la cinta de vídeo de seguridad del edificio. Después, entró en la sala donde se hacían las sesiones y miró el anticuado reproductor de CD’s. La funda que había sobre el aparato, era de uno de los trabajos de los Rolling : Let it Bleed. La pista en la que se había parado era la número 7, por lo que supuso que era la número 6 la última canción que habían escuchado entera. Miró la carátula del CD y apuntó el título: Midnight Rambler.

Ya en su despacho, visionó la cinta y vio la figura de Pola adentrándose en el ascensor. La hora de entrada de la mujer y la supuesta hora de la muerte del profesor parecían coincidir. Tecleó en su ordenador el título de la canción de los Rolling y descubrió que explicaba la historia de un asesino, el estrangulador de Boston…Y entonces… casi pudo ver a Pola, estirándose en el diván y colocándose los auriculares. Al profesor pasando las canciones, con el mando a distancia, mientras ella negaba con la cabeza y, finalmente, el cambio en la rigidez de su cuerpo cuando Midnight Rambler empezó a sonar, la mirada brillante y febril, aquella extraña sonrisa en la cara de Pola… El profesor Cecilio Ceres, muriéndose mientras la canción le iba taladrando el cerebro y a Pola la poseía la canción y la conectaba con la muerte.

La culpable era ella. Se lo decía el click.

La detención fue rápida y limpia. Interrogó a Pola para saber cómo había asesinado al profesor, pero la chica se limitó a decirle que las canciones la poseían y que ella no sabía ni qué canción lo haría ni que es lo que pasaría si encontraban una con la que conectara. Lloró por el profesor y confesó que había sido ella la culpable de su muerte. Le pidió que la ayudara, le rogó que buscara a alguien que pudiera solucionar su problema pero Seren, tras obtener la confesión le dijo que intentaría interceder para que la internaran en un centro psiquiátrico. Fue ese el momento en que Pola pareció rehacerse . Dejó de llorar y su mirada se endureció y le preguntó, directamente, si Seren la creía. Y , él, incapaz de mentir ante el escrutinio de esos ojos , le dijo la verdad : Pola, creo que no estás bien. Las canciones no pueden poseerte. Necesitas ayuda.

Fue la última vez que vio a Pola.

Tras acabar el informe y el papeleo, Seren se dirigía hacia los calabozos para hablar con ella antes de ser llevada ante el juez , cuando oyó a uno de los Agentes comentar que “había dejado que la chica de los ojos marrones se quedará el iPod”. Click.

¿Pola con acceso a las canciones?

Corrió hacia la celda.

El iPod estaba en el suelo y allí no había nadie.

Nadie.

Tembló al recoger el reproductor de mp3 y se estremeció al ponerse los auriculares: la potente voz de Aretha Franklin cantando Think, reverberó en sus oídos.

Freedom.