Señales arbóreas.

Los árboles me envían señales. Y, además, causalmente, llevo la cámara de fotos encima cuando se muestran.

Son mensajes positivos por lo que me es fácil creérmelos y creerme, también, que son presagio de tiempos mejores.

Lo sé. Estoy a un par de fotos más, de vestirme con una túnica e irme a pasear por los bosques.

Hace un tiempo, fotografié un árbol sonriente. 

Ahora, el mensaje me lo envía un olivo, el símbolo de la concordia por excelencia.

Un corazón leñoso y robusto en su tronco. 

Lignum litteris.

El latín debe su nombre por haber sido una lengua hablada por los habitantes del Latium o Lacio (latinos) hacia el año 1000 a.C. aunque hay escritos que datan del siglo VI a.C ya en latín. Latium era una zona del centro de Italia y su capital era Roma. 

Del latín, derivaron las lenguas romances, románicas: español, portugués, gallego, catalán, provenzal, francés, italiano, rético, sardo, dálmata y rumano. La lengua actual que más se parece es el italiano. Respecto al español, su léxico está constituido por alrededor de un 70 % de palabras derivadas del latín. En El Vaticano, es lengua oficial.

Si en el 2023, nos pasearemos por el Lacio del Imperio Romano, algo entenderíamos ya que aún hoy, utilizamos palabras latinas. En Derecho es muy habitual, pero, también en nuestra vida cotidiana: ídem, ipso facto, ultimátum, a posteriori, a priori, curriculum vitae, in vitro, alter ego, bis, grosso modo, honoris causa, in fraganti, lapsus, viceversa, etc.

Se me ocurrió utilizar mis letras de madera con las que he hecho la serie de cuadros “Letras de Madera”, para crear un texto en latín, a partir de una frase que oí en una película. Fue el detonante.

La frase es: Memento moriRecuerda que vas a morir. Una buena frase para estos días de en los que recordamos a los que murieron. Es un inicio que podría parecer lúgubre, pero, no. Es todo lo contrario. 

Recordar que todos vamos a morir, sirve para recordar, también a su opuesto,  que debemos vivir, que el tiempo pasa y no te das cuenta. El cuadro se titula «Vivere».

NB : Lignum litteris./Letras de madera.

LO VE

Esta vez, las letras de madera me han servido para hacer un Love partido.

Porque no sé qué pasa en el mundo que el amor se ha roto y está por ahí, en fragmentos que se deben unir. Ojalá solo fueran dos trozos, pero parece que se ha fragmentado en nanopartículas.

Tengo un “Lo” y un “Ve” y los voy a colgar juntos.

Ojalá sea un presagio…

Casi “Hola, Otoño”.

Casi .

La temperatura sigue siendo extremadamente agradable pero ha llovido y parece que, gradualmente, nos iremos aproximando al otoño.

Me han regalado dos girasoles, planta que florece en verano y que es un símbolo del sol y de la propia estación.

Mediados de octubre y tengo dos flores de verano aunque sea otoño…

O casi.

Sublime.

Sublime Rain Experience, lo llaman. Estoy en uno de los pocos lugares en el mundo en los aún llueve, de vez en cuando, pero llueve. Es un lugar secreto al que solo puedes acceder si alguien te ha recomendado y después de cumplimentar un sinfín de cuestionarios y superar entrevistas personales. En el resto del planeta, predomina el clima desértico y, si llueve por un milagro inexplicable, lo hace mal y furioso, inundando y arrasando ciudades y campos así que la Sublime Rain Experience es un tesoro de valor incalculable.

La tecnología no ha podido ayudarnos a frenar el cambio climático, pero sí que puede predecir con exactitud, cuando lloverá en esta parcela de tierra. Me llamaron hace una semana y aquí estoy, esperando la lluvia. 

“Siéntese en la mecedora junto la ventana y espere.”

A los pocos minutos, lo oigo. Ese chasquido suave de las gotas, un suave viento que refresca el ambiente, el aroma de la tierra húmeda, la hierba mojada, los árboles alegres… Cierro los ojos. Escucho el sonido, inspiro el perfume. Es maravilloso.

Me acerco a la ventana y miro. 

Lloro, es mi lluvia. Ya me avisaron que podía pasar.

Ha durado diez minutos y ha salido el sol.  Ahora el paisaje es verde intenso y fragante.

Sublime. 

El momento oportuno.

¿Cuántas veces hemos buscado el momento oportuno?

En primer lugar, el “momento”: Porción de tiempo muy breve.

Y el adjetivo, su cualidad, “oportuno”: Que sucede o se realiza en unas circunstancias o un momento buenos para producir el efecto deseado.

O sea, en una porción de tiempo muy breve sucederá algo bueno que producirá un efecto X que ya hemos previsto y que queremos que sea ese. A nadie se le escapa que disponemos de un lapso temporal demasiado pequeño para tener el tiempo y espacio necesarios para decidir si es o no oportuno lo que sea que vamos a hacer o decir. Es por eso que los “momentos oportunos” escasean. Es más, corren por ahí muchos momentos que creemos oportunos y se convierten en momentos a secas porque no producen el efecto deseado o lo que es peor, producen el efecto contrario al deseado…

Lo que escasea, se encarece. Lo que escasea, se desea más.

Y así me encontraba yo, buscando de forma desesperada el momento oportuno.

momentos 1

Cuando abrí la puerta y me encontré con el anciano con una maleta, me sorprendí. Esperaba un vendedor de momentos oportunos más ejecutivo. No sé. Con traje y corbata…

El hombre me habló deprisa: Sólo tengo un momento para Ud. Ya sabe, el tiempo es muy caro. Le hice pasar al salón. Se sentó en el sofá y apoyó con mucha delicadeza la vieja maleta de madera en la mesita de centro. La abrió con cuidado y pude ver que contenía unos frascos de cristal repletos de algo líquido, de muchos colores diferentes.

Con una voz serena, me explicó que cada frasco contenía un momento oportuno y que eran los únicos que le quedaban. Los momentos oportunos tenían que reposar un mínimo dos años en bodega y sólo se podían recolectar en las noches de luna llena que coincidieran con el equinoccio de la estación… La complicación hacia que la serie de momentos disponibles tuviera unos precios elevados. Muy elevados.

Ahora mismo le puedo ofrecer el momento oportuno para pedir una hipoteca, para cambiar de trabajo, para un divorcio o separación, para formar una familia, para decir que sí, para decir que no y para morir.

momentos 2

En esa lista estaba el que yo quería. El que necesitaba. ¿Cuál sería? ¿El azul? ¿El rosa?

 -Sólo yo se lo puedo administrar en la dosis correcta. – Continuo el anciano– Una equivocación en el gramaje lo convertiría en un “momento letal”. Emitió una risita que se me antojo siniestra, pero…lo quería.  Quería mi momento oportuno para…

El hombre se desmayó.. Mis reflejos no fueron lo suficientemente rápidos y la cabeza del anciano impactó contra la maleta. Los frascos salieron disparados y se estrellaron contra el suelo, fragmentándose y dejando perder los momentos que contenían.

Me acerqué y lo toqué con un dedo. Con cuidado de no moverlo. Nada.

Le grité. Después, me atreví a zarandearlo. y finalmente, llamé a Emergencias.

Unos días más tarde, me llamaron del Hospital.

-. Este era el único teléfono que había en su móvil. No tiene familia y nadie ha reclamado sus cosas. Las trajeron de la habitación que había alquilado. Es una vieja maleta de madera con muestras de colorantes y llevan un post-it con su número.

Tengo todos los momentos oportunos en mis manos pero no sé como va esto.

¿Alguien sabe como identificar un momento oportuno?

Cuadro electoral y caluroso.

¡Qué calor!

El calor extremo es el protagonista de estos días. Me temo, que lo será los próximos veranos de nuestras vidas e incluso, tendremos calor en primavera. La ciencia lleva años y años advirtiendo de los efectos del cambio climático. Un cambio que conlleva una emergencia, una crisis global y planetaria.

¡Qué calor!

Para despistar y esquivar al calor, he estado pintando. Me ha salido un cuadro de tonos anaranjados calurosos, con una ventana redonda verde y azul que podría ser la esperanza y el agua. 

¡Qué calor! 

Entonces me he dado cuenta de que este calor infernal, es “el cambio climático”, en persona, con su propia campaña electoral y haciendo sudar a todos, incluidos aquellos que lo niegan. 

Le cedo mi cuadro para su campaña y , como no hay Planeta B, espero que gane las elecciones.

¡Qué calor!

Una ayudita.

Hace calor.

Es verano y es normal pero hace mucho calor. Y antes. No se ha querido esperar…

Para creerse que hace menos calor , se necesita un kit de imágenes refrescantes o «ayuditas».

Pensar que estás ahí debajo es una ayudita.

Foto de Falaq Lazuardi en Unsplash

Más asequible: prepararse una limonada con mucho hielo. Una ayudita.

Foto de Melissa Walker Horn en Unsplash

Instalarse en el fondo de una piscina. Imposible pero refrescante. Otra ayudita.

Foto de Jakob Owens en Unsplash

Y la ayudita final : unos helados.

Foto de Heather Barnes en Unsplash

Foto de Miguel Javier en Unsplash

Hay una falsa…

Foto de Vincent van Zalinge en Unsplash

Urbanitas en el campo. 

Vemos un árbol lleno de mariquitas. ¡Qué monas! ¿no? Voy a hacer unas fotos. Hay mucho sol directo y me deslumbra. Cuando me acerco, cientos de mariquitas vuelan y se dispersan asustadas. Miro hacia arriba: el árbol está lleno. Hay muchísimas. Una colonia de mariquitas. 

¡Qué monas! ¿no?

En mi mente, tengo almacenada la información de que son insectos muy beneficiosos. Incluso, se utilizan como eliminadores naturales de plagas en árboles frutales, ya que se comen el pulgón. Y se ve que son muy voraces con lo que limpian los árboles de posibles intrusos. No hay que tocar las mariquitas… Pienso en el árbol que tengo delante : estará encantado de la vida… Me aparto del sol para ver la pantalla de la cámara. Me cuesta enfocar bien, hay un exceso de luz. Reviso las pocas fotos que he hecho y hago un zoom. Veo que las hojas están mordidas. Vorazmente. Muchas de ellas, casi desaparecidas.

Presto atención a las mariquitas. Hay muchas de ellas. La gran mayoría en plena fiesta sexual. Las otras, comiendo hojas. Muchas, muchas. ¿Qué monas? No sé, no son como mi mente urbanita las recuerda.

Y, parecen más alargaditas. ¿Son mariquitas?

Entonces, en San Google, encuentro la respuesta.

Los dos son insectos coleópteros. Queda más bonito escribir “coleóptero” pero los dos son variedades de escarabajo. 

Una es la Coccinellidae, la redondita. La mona.

Foto de Claude Laprise en Unsplash

La otra es la Lachnaia, la alargadita. A la que le he hecho las fotos.Se denomina escarabajo de las hojas o falsa mariquita. Es una especie fitófaga: se alimenta de tejidos vegetales y se va a comer ese árbol…

Así que tenedlo en cuenta. No hay que equivocarse. Las dos son escarabajos, pero uno se come a los bichos y el otro se da un festín de hojas.

Nota : La urbanita avisó al propietario del árbol y ya lo están tratando… ; – )

.

 

 

Un pez.

Nota #AIFree

Este texto está escrito por un ser humano. 

Las fotos, también están tomadas por un ser humano. 

El viento ondula la hierba y crea un fascinante efecto de oleaje. Estoy un rato mirándolo. Me aporta la misma serenidad que la contemplación del mar solo que este mar es verde y tiene otra melodía. Es un leve siseo muy relajante. Veo mariposas y me recreo en una distopía: un día en el que ya no habrá mar y los peces se habrán adaptado para nadar sobre la hierba…

Tengo un pez de madera blanca que me traje de Formentera. En mi mente, ya veo la foto que ilustra este post. Voy a buscar el pez y lo coloco en un lugar en el que el viento no lo tumbe y se vea el fondo de ese océano vegetal. Hago las fotos, otra cosa que me divierte y me relaja.

Entonces, oigo un ruido. Algo se aproxima. 

No sé qué habrán pensado los que están trabajando el campo, unos metros más allá. Una persona colocando un pez de madera para una sesión fotográfica…

Pura NO-Inteligencia-Artificial.