El momento oportuno.

¿Cuántas veces hemos buscado el momento oportuno?

En primer lugar, el “momento”: Porción de tiempo muy breve.

Y el adjetivo, su cualidad, “oportuno”: Que sucede o se realiza en unas circunstancias o un momento buenos para producir el efecto deseado.

O sea, en una porción de tiempo muy breve sucederá algo bueno que producirá un efecto X que ya hemos previsto y que queremos que sea ese. A nadie se le escapa que disponemos de un lapso temporal demasiado pequeño para tener el tiempo y espacio necesarios para decidir si es o no oportuno lo que sea que vamos a hacer o decir. Es por eso que los “momentos oportunos” escasean. Es más, corren por ahí muchos momentos que creemos oportunos y se convierten en momentos a secas porque no producen el efecto deseado o lo que es peor, producen el efecto contrario al deseado…

Lo que escasea, se encarece. Lo que escasea, se desea más.

Y así me encontraba yo, buscando de forma desesperada el momento oportuno.

momentos 1

Cuando abrí la puerta y me encontré con el anciano con una maleta, me sorprendí. Esperaba un vendedor de momentos oportunos más ejecutivo. No sé. Con traje y corbata…

El hombre me habló deprisa: Sólo tengo un momento para Ud. Ya sabe, el tiempo es muy caro. Le hice pasar al salón. Se sentó en el sofá y apoyó con mucha delicadeza la vieja maleta de madera en la mesita de centro. La abrió con cuidado y pude ver que contenía unos frascos de cristal repletos de algo líquido, de muchos colores diferentes.

Con una voz serena, me explicó que cada frasco contenía un momento oportuno y que eran los únicos que le quedaban. Los momentos oportunos tenían que reposar un mínimo dos años en bodega y sólo se podían recolectar en las noches de luna llena que coincidieran con el equinoccio de la estación… La complicación hacia que la serie de momentos disponibles tuviera unos precios elevados. Muy elevados.

Ahora mismo le puedo ofrecer el momento oportuno para pedir una hipoteca, para cambiar de trabajo, para un divorcio o separación, para formar una familia, para decir que sí, para decir que no y para morir.

momentos 2

En esa lista estaba el que yo quería. El que necesitaba. ¿Cuál sería? ¿El azul? ¿El rosa?

 -Sólo yo se lo puedo administrar en la dosis correcta. – Continuo el anciano– Una equivocación en el gramaje lo convertiría en un “momento letal”. Emitió una risita que se me antojo siniestra, pero…lo quería.  Quería mi momento oportuno para…

El hombre se desvaneció. Mis reflejos no fueron lo suficientemente rápidos y la cabeza del anciano impactó contra la maleta. Los frascos salieron disparados y se estrellaron contra el suelo, fragmentándose y dejando perder los momentos que contenían.

Me acerqué y lo toqué con un dedo. Con cuidado de no moverlo. Nada.

Le grité. Después, me atreví a zarandearlo. Finalmente, le tomé el pulso mientras llamaba a Emergencias.

Nada.

Me he quedado sin mi momento oportuno…

Defunción por causas naturales, dijeron.

 

De Urgencias en el Sistema Límbico.

Oigo mi móvil.

Es de la consulta.

-. Tienes una paciente nueva. Un ataque de ansiedad. Tienes que venir rápido. Es urgente.Nunca te imaginarías de quién se trata…

(…)

La encuentro estirada en la camilla del sistema límbico. Empatía está temblando, se abraza y no para de murmurar: no puedo, no puedo, no puedo. Y no me extraña. Desde que se ha puesto de moda ser empático, no dejan de utilizarla. Y claro, está constantemente mostrando a Realidad. Traspasándola a otras pieles, a otras almas y en el proceso, algo le toca…

Veo a Realidad sentada en la sala de espera. Se siente culpable. La conozco y sé que necesita de Empatía para que las cosas reales, no sean tan duras. Ni tan incomprensibles. La necesita para hacerse mejor.

(…)

Consulto con mis colegas:  Tálamo, Hipotálamo, Hipocampo y Amígdala. Esta última es la que tiene la solución. Voy a conectar las neuronas correctas en su zona y, en pocos segundos, buscará la estrategia necesaria para solventar la situación de estrés, miedo o peligro y dará una visión equilibrada de lo que sucede a su alrededor. Empatía se calmará y Realidad podrá volver a la labor.

Está a punto de superar a Ficción

El cabrito.

Advertencia: Relato escrito bajo la influencia de “La Asesina del Pollo”. A veces, me pasa…

cabrito

He invitado a comer a mi madre. Invitarla, por eso, es dejar que ella, gran cocinera, se ocupe de la cocina. El lugar de la invitación-  físicamente– es mi casa pero las viandas, siempre las pone ella… Es mejor no planificar y dejarla hacer. La llamo y ella ya se monta el menú…

Hoy , por eso, es distinto . El segundo plato está  bajo mi control…El primero y acompañamiento, es de ella: Que te bajo un Vichyssoise recién hecho, la escarola ya limpia y lista para aliñar. Un mortero lleno de all i oli (de ese casero, espeso, hecho a mano) y el flan de coco …

Yo me ocupo del cabrito. Está haciéndose, en el horno. La piel debe quedar crujiente y la carne tierna. De tanto en tanto, lo pincelo con aceite de oliva extra virgen… La verdad es que huele muy bien…

Suena el timbre de la puerta. Mi madre entra con sus bolsas y sus manjares. Ya tengo la mesa puesta. La he decorado con un precioso ramo de flores silvestres en el centro…No es para menos. Hoy estamos de celebración.

El cabrito ya está casi listo.

Se llamaba Antonio… Ahora, ya sólo quedan sus malditos deltoides en este mundo… Y se están dorando, lentamente…

Lo que más me costó es desmembrar el cuerpo y quedarme con lo más tierno y que me cupiera en el horno que no es muy grande, la verdad…Hace dos días, quemé el resto en la barbacoa…

Mi madre abre el horno y me mira a los ojos. Sonríe.

Al fin eres libre, me dice.

Sirvo el cava y brindamos.

El cabrito ya está listo…

 

 

El lápiz maldito de Pepita Pérez…

 

lapiz

 

Ha pasado un mes. Sólo treinta días desde que compré este lápiz con goma incorporada. De esos de toda la vida pero de color negro… Si hubiese sabido todo lo que me depararía el destino por un maldito lápiz no me hubiese detenido en aquella extraña tienda. Ni hubiese entrado. No habría visto a esa mujer, arrugada y casi ciega que había recitado un extraño verso cuando me tendió el lápiz. No hubiesen desaparecido tantas personas…

Y lo más curioso es que ni necesitaba ni quería un lápiz…

Estoy a punto de acabar con esta locura.

Debo borrar mi nombre de esta hoja arrugada…”Pepita Pérez”. Me he recreado y lo he escrito con una delicada caligrafía .Ahora, sólo tengo que pasar la goma por encima…Suavemente.

Descubrí que podía hacer desparecer a cualquier persona de la que conociera su nombre. Sólo tenía que escribirlo para después, borrarlo con aquella puntita de goma que corona el lápiz. Sí, sí, de esos de toda la vida …pero de color negro. El ser humano escogido, se desintegraba, dejando una desagradable estela de olor a chamuscado. Rápido y eficaz…

He perdido la cuenta de cuantos he borrado. Inocentes. Muchos. Demasiados pero…ahora puedo pararlo. Debo pararlo.

Pepita Pér…

borrar

Esta es una adaptación del texto “Soul Eraser” , reducido a 200 palabras para un Certamen de Microrrelatos de Género Fantástico.  Forma parte de los 20 Objetos Sencillos que tienes en Casa, una complilación de relatos breves sobre objetos…sencillos ;- )

Tengo un cariño especial a Mis objetos … Y ya me rondan otros nuevos…

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¿Te imaginas todo lo que puedes hacer con un sencillo lápiz de madera?,¿Un sofá blanco?, ¿Una cuchillo?, ¿Un tenedor?, ¿ Una almohada?, ¿Una pastilla de jabón ?, ¿Un cafetera?, ¿Un salero?, ¿Una nevera?, ¿Un colchón?…

Elige un objeto y deja que ocurran cosas…especiales.

Son solo “20 + 2 ( Inspi y Alan Rulf me obsequiaron con un objeto cada uno ) Objetos Sencillos que tienes en casa“... ; – )