Azul que es blanco.

La Phalaenopsis Blue es una variedad de orquídea de las más de 25.000 especies que existen. No es azul de forma natural.  

Existe una de las variedades, la orquídea Vanda Coerulea, que sí que es azul en la naturaleza. Este color no es el más habitual en las flores, pero aparece de vez en cuando: en las hortensias, en las campanillas, en los hibiscos, en los lirios, etc.

Para crear flores azules, la planta realiza un proceso a través de unos pigmentos llamados antocianinas.Cuando consigue la tonalidad que busca, la flor se abre y es azul. Este color les permitirá atraer a insectos, pájaros, polinizadores en general y diferenciarse del resto. 

En la mía, la Phalaenopsis, el proceso químico natural, se ha sustituido por un tinte que, aunque presume ser natural y no afectar a la planta, es artificial. Solo actúa en las primeras flores. 

Requiere, como mínimo, tres o cuatro años para la floración, así que esta que tengo es el resultado después de este tiempo. La floración es anual y si consigo que florezca una segunda vez -nunca he conseguido que una orquídea sobreviviera a mi vera- las flores serán blancas. O sea, volverá a su estado natural. 

La cuidaré siguiendo las instrucciones que me han dado y en un año, veremos si he conseguido preservarla y si mis cuidados permiten ver, de nuevo, esas preciosas flores en su color verdadero.

Bonita, en azul, lo es un rato…

La Luna del Lobo.

Te hemos enviado material nuevo para allí. 

La Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) ha confirmado que su nave SLIM (Smart Lander for Investigating Moon) se posó con éxito en la superficie lunar el 20 de enero. Parece que no funcionan las placas solares que la deben reactivar así que es posible que te dejemos un poco más de basura terrestre por ahí. Dicen que ya hemos dejado unas 180 toneladas.

A priori, no era esa la intención, pero por ahí están los rovers , robots y sondas activos e inactivos de la NASA, la Agencia Espacial Europea, la Unión Soviética, Luxemburgo, Israel, China…Este último país, ha enviado la primera sonda, Chang ‘e 4, (la 1 ,2 y 3 estarán por ahí, acumulando polvo lunar) a tu cara oculta, la que no vemos. Lo siento, pero parece que se te acaba la intimidad. Ya hemos llegado a esa zona que creías preservada de nuestra mirada. Y supongo que también verás a la Vikram India que te la hemos mandado al Polo Sur a ver si hay agua congelada… Agua.

Aún te escribo, sintiendo que eres nuestra luna, pero al buscar información sobre las sondas, me he encontrado con la “Minería Lunar”. Minerales y elementos valiosísimos a disposición de la codicia terrestre. Ya verás. 

Hoy , te cambio el nombre : eres la luna de “¡Qué viene el lobo!”…

Una rosa.

El jardín ha cambiado completamente, al igual que el clima.

Ahora, un día de lluvia se celebra con emoción y alivio. 

Las camelias no florecen. Siempre lo hacían con el frío, pero aquí, en la costa mediterránea, el frío nos ha visitado pocas veces.

Sólo tengo una rosa.

Hoy.

Mi vuelta al sol anual se ha completado, una vez más.  

Me siento agradecida de ir dando vueltas al sol, año tras año, porque soy plenamente consciente de que nunca sabes cuando vas a dejar de orbitar a la par que el planeta. Hay un momento que tú te paras y él no…

Foto de Dave Hoefler en Unsplash

Aun siendo consciente de mi temporalidad, voy cometiendo equivocaciones, vuelta tras vuelta. Y es que, aunque es de una obviedad aplastante que nadie puede asegurar el mañana, muchas veces dejamos que se escurra el presente, sin deleitarnos en él lo suficiente. 

En este final de mi órbita y preparada para la siguiente, esto lo escribo para recordármelo a mí misma. 

El hoy es lo valioso. No hay que desperdiciarlo.

Feliz cumpleaños a todos los que hoy, también, han dado su vuelta al sol. No importa las veces…

Foto de Henley Design Studio en Unsplash

Quita las penas.

Ordenando cajones encontré esta pequeña caja. 

Contiene algo muy valioso.

Sí, en su interior hay unos muñecos que quitan las penas. Son muy pequeñitos (de 10 a 20 mm) y están hechos con alambre, madera y lana. Proceden de Guatemala.

Dicen que de los indios mayas. 

Las instrucciones son precisas: 

1-. Coges un muñequito.

2-. Le cuentas esa pena que tienes, antes de irte a dormir.

3-. Lo colocas bajo la almohada.

La preocupación se traslada al quitapenas y tú puedes dormir y olvidarte de ella. 

Quién sabe si los mayas de los altiplanos guatemaltecos sabían cosas que nosotros no sabemos. Era una civilización en la que surgieron grandes científicos y matemáticos.  Manejaban el concepto matemático “cero” y un sistema vigesimal de medida. Calcularon el movimiento de traslación de la tierra antes que otros pueblos y concibieron el año bisiesto. También calcularon el movimiento de la luna y sus fases lunares. Predijeron eclipses solares y lunares. Las estaciones con sus solsticios y equinoccios…

Así que pretender que los mayas, supieran algo de neuropsicología no sería tan extraño.   Plantearon darle un cebo a tu cerebro para que pique y se relaje. A la vez, ese órgano trascendental, como está tranquilo, puede desintoxicarse, reorganizar la información y el conocimiento, equilibrarse químicamente, etc., etc. En definitiva, estar sano. 

Si, encima, lo conviertes en mágico, el cebo funciona.

Dicho esto, ¿Quién puede asegurar que no existe la magia?

Por si acaso, la cajita está en mi mesilla de noche.

Vespa y Seiscientos.

Post para acabar el periplo romano.

Cada día, veíamos a un pintor, concentrado, con todo su material expuesto en una escalera de un portal de camino a la Fontana Di Trevi.  Pintaba lentamente, ajeno a la marabunta humana que pasaba por su lado. Una de las veces, esperé un rato a su lado, mientras hacían cola para comprar un helado. Pude ver cómo iba completando una de las láminas, con trazo seguro y de esos que salen fácil. Dada mi incapacidad para el dibujo y la pintura, envidié sanamente ese don. También que sonreía a cualquiera que le interpelaba o miraba como pintaba… como yo.

Le compré una lámina. El tema de incluir Vespa o Seiscientos, en el paisaje turístico, no es demasiado original, pero yo le puedo dotar de un análisis semiótico artístico-emocional imbatible: la pintura representa el recuerdo del viaje a Roma y la de ese extraordinario y humilde pintor.

La Vespa (una modelo Primavera y otra con faro Mortadelo) me traslada a mi juventud. Esa moto me llevó a muchos sitios a los que volvería.

Y, finalmente, el Seiscientos. Ese coche encantador, que fue el primero que tuvo mi madre. Arranque de palanca y muchos viajes con “parada técnica” porque el coche se recalentaba y salía humo por el radiador. También volvería allí…

NB: No le pregunté al pintor por su nombre. No caí en ese momento así que publico su firma para que quede constancia de la autoría. 

La felicidad es una cosa pequeña.

En el Trastevere, hay una plaza dedicada a este poeta italiano. Trilussa fue su seudónimo, se llamaba Carlo Alberto Salustri (1871-1950). Fue uno de los poetas más importantes de la literatura italiana del siglo XX. 

Una de sus características es que escribía en romanesco, una variedad del italiano hablado en la región de Roma. He leído que era famoso por su estilo humorístico y satírico y por su forma de retratar la vida cotidiana.

Tiene una poesía llamada “La estadística”, en la que reflexiona sobre las medias estadísticas e hicieron famosos los “Pollos de Trilussa”: “Resulta que te toca un pollo al año, según las estadísticas de ahora; aunque no lo comas, entra igualmente en la estadística, porque existe otro que come dos”.

Acabo con un poema bonito como este: 

“C’è un’ape che si posa su un bottone di rosa: lo succhia e se ne va. 

Tutto sommato, la felicità è una piccola cosa.”

Hay una abeja que se posa sobre un botón de rosa: lo chupa y se va. / Considerándolo todo, la felicidad es una cosa pequeña.

La gaviota.

Esta casa está en el barrio de Prati, en Roma, en la orilla derecha del río Tíber. 

Está decorada con pinturas de pájaros en los frisos. 

Y coronada por golondrinas. 

El amor por las aves se hace tan evidente en su fachada, que he estado varios días, pensando que la gaviota que estaba posada en el techo era una escultura. La veía siempre. Inmóvil. En la misma posición.

Me gusta el edificio y los detalles que lo hacen peculiar, así que decido hacer las fotos.

Y entonces, le hago zoom a la gaviota.

Parece que se mueve. Y lo hace. Y como si supiera que la estoy fotografiando, alza el vuelo.

No era una escultura…

Via Margutta.

Via Margutta es una calle pequeña, con galerías de arte y tiendas de antigüedades.

Allí vivieron Federico Fellini, Puccini, Anna Magnani o Picasso. 

Al número 110 esta calle, llegó Pablo Ruiz Picasso en 1917 e instaló el estudio donde pintaría los decorados del ballet ‘Parade’. 

En el número 51, vivía Joe Bradley en la ficción.  Gregory Peck fue quien le dio vida y enamoró a Audrey Hepburn en la película ‘Vacaciones en Roma’. Y en la La Fontana delle Arti en 1953, la actriz se refrescaba en las pausas del rodaje. 

Es paralela a la Via del Babuino, la calle que va de la Piazza del Popolo a la Piazza di Spagna.

Artistas y arte.

Roma diversa.

No es mi primera vez en Roma y, aun así, no ha dejado de sorprenderme su belleza de piedra y esa triste decadencia que, a la velocidad que va, puede ser su perdición. La Ciudad Eterna será la del pasado, la del presente está sucia, desordenada, dejada y duele en el alma. Pero es tal su potencial que, entre basura, gente durmiendo en la calle, obras y caos circulatorio, pervive esa magnífica vivencia inmersiva en el arte y la historia. Es fascinante en su contradicción. 

Éramos multitud recorriendo el Trastevere, el Coliseum, el Vaticano, La Via del Corso o Condotti arriba y abajo, Piazza di Espagna, la Fontana di Trevi… Todo lo que es mito turístico que sí, es turístico, pero también mítico. Me llevé la cámara de fotos y me encontré a muchos como yo, pero minoría entre smartphones y palos de selfie. Tengo en mi fototeca las fotos más típicas, pero como ya son millones y millones las que se han hecho del mismo sitio, en el mismo plano y mejores que las de esta aficionada, voy a publicar otras fotos.

Esta foto es de la pared que da, frontalmente, a la Fontana di Trevi y anuncia la temática del comercio que acoge: “Tipografía”.

La puerta al viejo taller de impresión está en el lateral. Ese día, estaba abierta de par en par y se veía a dos ancianos, que hablaban tranquilamente sin reparar en los turistas que pasaban por ahí, sentados ante un viejo escritorio, casi desaparecido bajo montones de papeles, pero en la que destacaban dos tazas de café. Al fondo, las también viejas máquinas de impresión, que parecían de la época de Gutenberg. En el escaparate, con una pátina de polvo, un vasto ejemplo de invitaciones de boda, menús, tarjetas… 

Esta foto os la tenéis que imaginar. No la hice por respeto a esa conversación íntima, que trasmitía cercanía y sencillez, tan contradictoria con la riada humana que pasaba por delante en dirección a la famosa fuente.

Aquí un modesto y minúsculo negocio de take away

Take & vai.

Ese “vai “fantástico de Gino…