Cuando los veo, aunque ya sean viejos conocidos de décadas, siempre encuentro algo que cambia, algo diferente que me hace volver a fotografiarlos. Tonalidades, texturas, luces y sombras, …
Pero al mirar el campo esta vez, he pensado en esas lluvias que no llegan o que si llegan son escasas. Y que todo ese verde oxigenante, se irá secando y pasará a tonos ocres y marrones.
Habrá lugares en los que seguirá vigente la nomenclatura porque habrán visto estas lunas de febrero en paisajes y montañas nevadas. Donde yo habito, este año, no hay nieve. O muy poca. Las montañas que antes veía nevadas son grises… Tendremos que ir pensando en cambiarte el nombre. ¿Luna seca?
Este mes, te hemos enviado otro aparatejo humano hacia allí. Esta foto, pues, contiene una cosa que no veis, pero está ahí. Se llama Odiseo. Es una nave privada americana de la empresa Intuitive Machines y ha recorrido más de 1 millón de kilómetros para llegar al cráter Malapert A.
Va a estudiar las condiciones ambientales de la atmosfera lunar, en su polo sur, donde hay hielo, para ver como enviar allí a nuestros astronautas. Es un primer aviso de que pronto vamos a ir para allí.
Empezaremos a poner fronteras, a pelearnos por si ese cráter es tuyo o mío, a repartirnos los recursos según el primero que haya llegado y pueda hacer más negocio y no nos importará agotarlos. Ten cuidado, que allí donde vamos y estamos arrasamos.
El cacao llamado criollo es el que bebía el Emperador Moctezuma. Es uno de los más escasos. Hay dos tipos más: el forastero que es el más cultivado y el trinitario que es un cruce entre los dos anteriores.
El que se tomaba hace unos miles de años, nada tenía que ver con el nuestro. Lo preparaban hirviendo en agua los granos de cacao molidos y los mezclaban con harina de maíz, lo aromatizaban con especias y vainilla y lo endulzaban con miel. El cacao, al natural, es amargo, así que en Europa, hasta que no se le hizo la customización pertinente, no triunfó.
Al principio, era una bebida aristocrática y el motivo de su popularidad fueron las propiedades estimulantes y afrodisíacas que se le atribuyen. En Europa, se sustituyó la miel por azúcar y se le ponía canela.
Pero no triunfa hasta el S.XIX con Lindt y Nestlé.
En 1840, el suizo Rudolf Lindt mezcla la manteca de cacao con la pasta de cacao, obteniendo un chocolate más dulce que es el que usamos actualmente y en 1875 el suizo Daniel Peter descubre un nuevo método de condensación de leche, que otro suizo, Henry Nestlé en 1905, aplica al chocolate.
Pero, ahora ya hablamos de chocolate y no simplemente de cacao. El chocolate es una mezcla de cacao en polvo, manteca de cacao, azúcar y aromas. También se puede añadir leche, frutos secos, etc. Esta mezcla , llamada chocolate, debe contener al menos un 35% de cacao.
Cacao y chocolate son diferentes . Uno es materia prima y el otro es una mezcla por lo que cada uno tiene sus propiedades nutricionales . En el caso del cacao, mucho más beneficiosas, ya que elimina las grasas , azúcares y otros ingredientes que se añaden en el chocolate.
Me han regalado un libro de la obra de Banksy. Me encanta.
( Gràcies! )
Me gusta su arte urbano y el mensaje. Y me fascina el misterio que rodea su identidad.
Piensas en referentes tópicos: joven, con sudadera y capucha, pero puede ser cualquiera. Mujer, hombre, joven, no tan joven, de profesión creativa, de profesión aburrida, uno, varios, …
Lo que más me fascina, por eso, es que, en un mundo tan intercomunicado, plagado de manos con smartphones que pueden aparecer en cualquier calle o ventana y cámaras de seguridad que lo graban todo, Banksy siga siendo un desconocido/a.
Es bonito cuando lo recibes. Es bonito cuando las pasas a un jarrón o, en mi caso, a una cubitera de zinc. Es bonito cuando lo ves, al pasar por delante de la mesa.
Es bonito el ir adecuándolo, sacando las flores que se marchitan antes. Es bonito cuando se va haciendo más pequeño. Hasta es bonito cuando desaparece, vuelve a la tierra y se recicla.
Me gustó como la luz, jugaba con esta pieza. Formaba parte de un móvil que estaba colgado en un árbol… El sol lo hacía brillar . Llamaba la atención y… justamente, pasaba yo por ahí con mi cámara…
Hice varias fotos y, finalmente, me acerqué. Vi que el móvil estaba un poco deteriorado por los efectos de la lluvia (escasa, ahora) y el viento y observé, también, que tenía unos finos hilos de una tela de araña. Recuerdo que pensé que estropearía la belleza de esa flor radiante pero, al editar la foto, lo que más me ha gustó fue la definición de esos hilos de naturaleza orgánica que son de seda…
Son hilos de seguridad para los desplazamientos de la araña que ,supongo, vive en ese árbol. Parecen muy frágiles, pero no lo son. Todo lo contrario, esto que veis es un prodigio tecnológico: son las fibras más resistentes conocidas hoy en día. Están realizadas con un material de gran resistencia mecánica que se asemeja al acero y , a la vez ( cosa que no suele darse simultáneamente) tiene una gran capacidad de deformación: se puede estirar hasta 10 veces su longitud.
La arañas del planeta se niegan colaborar y decir como hacen la tela , es por eso que estos finos hilos que se perciben en la foto, están intentando ser recreados en muchos laboratorios y Universidades en el mundo…Ahí es nada…
NB1 : El diámetro de los hilos oscila entre 2 y 3 mm (aproximadamente una décima parte de un cabello humano)
Dos días han pasado para que suceda esta maravilla.
Ya creía que no habría flores, pero el poco frio que ha llegado, parece que ha permitido seguir el ciclo. La camelia solo florece en invierno.
Y, sí, ha sido en cuarenta y ocho horas: un día le hago una foto a un capullo. Dos días después, se ha convertido en una flor hermosa. Ojalá eso pasara en la vida real humana…
Imaginad uno de esos conflictos que se dan en una comunidad de vecinos. En este caso, uno de los más habituales: la temida fuga de agua.
Sois los perjudicados: estáis en los bajos del edificio y el agua, viene de arriba. Encima de nuestras cabezas, hay varios pisos en los que hay que intervenir para ver de dónde viene el manantial. Va a ser una molestia para todos, pero el bajante defectuoso es comunitario, así que hay que colaborar. Parece lógico, fácil, ¿a qué sí? A nadie le gusta que vayan a picar paredes en su casa, pero es lo que hay. Es algo temporal, cuando se solucione, todo va a volver a la normalidad. No tiene más. Puro pragmatismo.
En un giro de guion insospechado, el Administrador de Fincas, notifica que un vecino impide la entrada a su casa para dicha reparación.
Al minuto uno de la recepción de la notificación por mail, el chat de WhatsApp de la comunidad se llena de comentarios: sorprendidos, enfadados, amenazadores. Las soluciones que se aportan son ninguna. Miento, solo hay una: denunciar a nivel municipal y si no, a juicio. WhatsApp aquí y allá. Venga.
Imaginad que el piso afectado es el de vuestra madre que no entiende nada de lo que pasa porque mantiene una relación cordial con todos los vecinos. Es muy mayor y no está para“Wasas ni Wasos”(literal). Ella es más de hablar. Me pregunta si he hablado con los vecinos opositores, los demonios de la escalera y no. Yo no he hablado y empiezo a dudar que alguien lo haya hecho.
Comparad la fuerza de la información de los mails o los mensajes, redactados con más o menos fortuna, con una conversación.
Y aún hay un nivel más: dejar el teléfono y hablar cara a cara, en plan antropológico: como miembros de la tribu que se reconocen al mirarse a los ojos y , oye, hasta pueden llegar a empatizar. ¡Qué cosa!
Y al hablar, las piezas se van poniendo en su sitio y el rompecabezas va encajando. Nadie es perfecto, errores y malentendidos, nadie es culpable y nadie es inocente, pero, la comunicación verbal permite poner en su sitio algunos signos de puntuación o frases que pueden ser interpretables. Todo se entiende mejor.
Podéis imaginar un final conciliador porque así ha sido. Ha habido colaboración, se está reparando la fuga y…el chat vecinal está en silencio.
Y para acabar, imaginad: si esto pasa en una pequeña comunidad, como irá la cosa en otros niveles de “organización”. Una ciudad, una comunidad autónoma, un país, un continente, un planeta…
Nefe era una mujer encantadora. Algunos dirían que era una soñadora incansable, de ese tipo de personas que viven en una realidad distinta pero mejor: llena de florituras, pensamientos positivos y colores preciosos. Era muy querida por su familia, amigos y vecinos.
Los días de sol, la veía en su balcón, mirando el cielo y sonriendo con una expresión de felicidad envidiable. Me saludaba, agitando la mano, como si fuera una reina. Yo siempre le devolvía el saludo.
Pero una mañana, Nefe no salió al pequeño balcón. Con mi taza de café en la mano y la otra libre para saludarla, me quedé con el gesto congelado cuando vi que allí no había nadie. No apareció ni al día siguiente ni los que llegaron después.
Al principio, pensé en ella. ¿Dónde estará Nefe? ¿Le habrá pasado algo? Pero como no la conocía demasiado, con el tiempo la olvidé.
Pasados unos meses, observé movimiento en su piso. Había un camión de mudanza aparcado en la calle y unos operarios subiendo muebles a la casa de mi vecina. En el balcón, una pareja joven admiraba las vistas del barrio.
Después supe que Nefe estaba ingresada en un centro terapéutico. La propietaria de la panadería del barrio iba a visitarla regularmente y me explica su historia: Nefe Libata estaba convencida que vivía en las nubes. En su ficha de ingreso en el hospital, al consignar la dirección, adjunto una fotografía de una nube y dijo que vivía allí. La ingresaron cuando intentó acceder a ella desde su balcón. Me dice que hay un periodista siguiendo su historia y que incluso, quieren hacer una serie para Netflix. La panadera me insiste en que lo busque en el “Internet ese”, que allí encontraré toda la información.
Cuando llego a casa, busco a Nefe Libata pero cuando tecleo su nombre, me como el espacio entre nombre y apellido sin darme cuenta y me aparece la palabra “nefelibata”.
Nefelibata.
Según la RAE: Formación culta del gr. νεφέλη nephélē ‘nube’ y -βάτης -bátēs ‘que anda’, y este der. de βαίνειν baínein ‘andar1‘.
Dicho de una persona: Soñadora, que no se apercibe de la realidad.
Y, créeme si te digo, que, al levantar la vista al cielo, me ha parecido ver a una mujer sonriente, saludándome desde una nube…
NB: El Diccionario de la Lengua Española contiene más de 93.000palabras. Utilizamos una media de 2.000 al día y suelen ser las mismas. Es más, si curioseamos las páginas de un diccionario actual, nos encontraremos con muchas, muchas palabras de las que desconocemos el significado. Una de mis desconocidas es/era “nefelibata”.