Dos días han pasado para que suceda esta maravilla.
Ya creía que no habría flores, pero el poco frio que ha llegado, parece que ha permitido seguir el ciclo. La camelia solo florece en invierno.
Y, sí, ha sido en cuarenta y ocho horas: un día le hago una foto a un capullo. Dos días después, se ha convertido en una flor hermosa. Ojalá eso pasara en la vida real humana…
Imaginad uno de esos conflictos que se dan en una comunidad de vecinos. En este caso, uno de los más habituales: la temida fuga de agua.
Sois los perjudicados: estáis en los bajos del edificio y el agua, viene de arriba. Encima de nuestras cabezas, hay varios pisos en los que hay que intervenir para ver de dónde viene el manantial. Va a ser una molestia para todos, pero el bajante defectuoso es comunitario, así que hay que colaborar. Parece lógico, fácil, ¿a qué sí? A nadie le gusta que vayan a picar paredes en su casa, pero es lo que hay. Es algo temporal, cuando se solucione, todo va a volver a la normalidad. No tiene más. Puro pragmatismo.
En un giro de guion insospechado, el Administrador de Fincas, notifica que un vecino impide la entrada a su casa para dicha reparación.
Al minuto uno de la recepción de la notificación por mail, el chat de WhatsApp de la comunidad se llena de comentarios: sorprendidos, enfadados, amenazadores. Las soluciones que se aportan son ninguna. Miento, solo hay una: denunciar a nivel municipal y si no, a juicio. WhatsApp aquí y allá. Venga.
Imaginad que el piso afectado es el de vuestra madre que no entiende nada de lo que pasa porque mantiene una relación cordial con todos los vecinos. Es muy mayor y no está para“Wasas ni Wasos”(literal). Ella es más de hablar. Me pregunta si he hablado con los vecinos opositores, los demonios de la escalera y no. Yo no he hablado y empiezo a dudar que alguien lo haya hecho.
Comparad la fuerza de la información de los mails o los mensajes, redactados con más o menos fortuna, con una conversación.
Y aún hay un nivel más: dejar el teléfono y hablar cara a cara, en plan antropológico: como miembros de la tribu que se reconocen al mirarse a los ojos y , oye, hasta pueden llegar a empatizar. ¡Qué cosa!
Y al hablar, las piezas se van poniendo en su sitio y el rompecabezas va encajando. Nadie es perfecto, errores y malentendidos, nadie es culpable y nadie es inocente, pero, la comunicación verbal permite poner en su sitio algunos signos de puntuación o frases que pueden ser interpretables. Todo se entiende mejor.
Podéis imaginar un final conciliador porque así ha sido. Ha habido colaboración, se está reparando la fuga y…el chat vecinal está en silencio.
Y para acabar, imaginad: si esto pasa en una pequeña comunidad, como irá la cosa en otros niveles de “organización”. Una ciudad, una comunidad autónoma, un país, un continente, un planeta…
Nefe era una mujer encantadora. Algunos dirían que era una soñadora incansable, de ese tipo de personas que viven en una realidad distinta pero mejor: llena de florituras, pensamientos positivos y colores preciosos. Era muy querida por su familia, amigos y vecinos.
Los días de sol, la veía en su balcón, mirando el cielo y sonriendo con una expresión de felicidad envidiable. Me saludaba, agitando la mano, como si fuera una reina. Yo siempre le devolvía el saludo.
Pero una mañana, Nefe no salió al pequeño balcón. Con mi taza de café en la mano y la otra libre para saludarla, me quedé con el gesto congelado cuando vi que allí no había nadie. No apareció ni al día siguiente ni los que llegaron después.
Al principio, pensé en ella. ¿Dónde estará Nefe? ¿Le habrá pasado algo? Pero como no la conocía demasiado, con el tiempo la olvidé.
Pasados unos meses, observé movimiento en su piso. Había un camión de mudanza aparcado en la calle y unos operarios subiendo muebles a la casa de mi vecina. En el balcón, una pareja joven admiraba las vistas del barrio.
Después supe que Nefe estaba ingresada en un centro terapéutico. La propietaria de la panadería del barrio iba a visitarla regularmente y me explica su historia: Nefe Libata estaba convencida que vivía en las nubes. En su ficha de ingreso en el hospital, al consignar la dirección, adjunto una fotografía de una nube y dijo que vivía allí. La ingresaron cuando intentó acceder a ella desde su balcón. Me dice que hay un periodista siguiendo su historia y que incluso, quieren hacer una serie para Netflix. La panadera me insiste en que lo busque en el “Internet ese”, que allí encontraré toda la información.
Cuando llego a casa, busco a Nefe Libata pero cuando tecleo su nombre, me como el espacio entre nombre y apellido sin darme cuenta y me aparece la palabra “nefelibata”.
Nefelibata.
Según la RAE: Formación culta del gr. νεφέλη nephélē ‘nube’ y -βάτης -bátēs ‘que anda’, y este der. de βαίνειν baínein ‘andar1‘.
Dicho de una persona: Soñadora, que no se apercibe de la realidad.
Y, créeme si te digo, que, al levantar la vista al cielo, me ha parecido ver a una mujer sonriente, saludándome desde una nube…
NB: El Diccionario de la Lengua Española contiene más de 93.000palabras. Utilizamos una media de 2.000 al día y suelen ser las mismas. Es más, si curioseamos las páginas de un diccionario actual, nos encontraremos con muchas, muchas palabras de las que desconocemos el significado. Una de mis desconocidas es/era “nefelibata”.
La Phalaenopsis Blue es una variedad de orquídea de las más de 25.000 especies que existen. No es azul de forma natural.
Existe una de las variedades, la orquídea Vanda Coerulea, que sí que es azul en la naturaleza. Este color no es el más habitual en las flores, pero aparece de vez en cuando: en las hortensias, en las campanillas, en los hibiscos, en los lirios, etc.
Para crear flores azules, la planta realiza un proceso a través de unos pigmentos llamados antocianinas.Cuando consigue la tonalidad que busca, la flor se abre y es azul. Este color les permitirá atraer a insectos, pájaros, polinizadores en general y diferenciarse del resto.
En la mía, la Phalaenopsis, el proceso químico natural, se ha sustituido por un tinte que, aunque presume ser natural y no afectar a la planta, es artificial. Solo actúa en las primeras flores.
Requiere, como mínimo, tres o cuatro años para la floración, así que esta que tengo es el resultado después de este tiempo. La floración es anual y si consigo que florezca una segunda vez -nunca he conseguido que una orquídea sobreviviera a mi vera- las flores serán blancas. O sea, volverá a su estado natural.
La cuidaré siguiendo las instrucciones que me han dado y en un año, veremos si he conseguido preservarla y si mis cuidados permiten ver, de nuevo, esas preciosas flores en su color verdadero.
La Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) ha confirmado que su nave SLIM (Smart Lander for Investigating Moon) se posó con éxito en la superficie lunar el 20 de enero. Parece que no funcionan las placas solares que la deben reactivar así que es posible que te dejemos un poco más de basura terrestre por ahí. Dicen que ya hemos dejado unas 180 toneladas.
A priori, no era esa la intención, pero por ahí están los rovers , robots y sondas activos e inactivos de la NASA, la Agencia Espacial Europea, la Unión Soviética, Luxemburgo, Israel, China…Este último país, ha enviado la primera sonda, Chang ‘e 4, (la 1 ,2 y 3 estarán por ahí, acumulando polvo lunar) a tu cara oculta, la que no vemos. Lo siento, pero parece que se te acaba la intimidad. Ya hemos llegado a esa zona que creías preservada de nuestra mirada. Y supongo que también verás a la Vikram India que te la hemos mandado al Polo Sur a ver si hay agua congelada… Agua.
Aún te escribo, sintiendo que eres nuestra luna, pero al buscar información sobre las sondas, me he encontrado con la “Minería Lunar”. Minerales y elementos valiosísimos a disposición de la codicia terrestre. Ya verás.
Hoy , te cambio el nombre : eres la luna de “¡Qué viene el lobo!”…
Mi vuelta al sol anual se ha completado, una vez más.
Me siento agradecida de ir dando vueltas al sol, año tras año, porque soy plenamente consciente de que nunca sabes cuando vas a dejar de orbitar a la par que el planeta. Hay un momento que tú te paras y él no…
Aun siendo consciente de mi temporalidad, voy cometiendo equivocaciones, vuelta tras vuelta. Y es que, aunque es de una obviedad aplastante que nadie puede asegurar el mañana, muchas veces dejamos que se escurra el presente, sin deleitarnos en él lo suficiente.
En este final de mi órbita y preparada para la siguiente, esto lo escribo para recordármelo a mí misma.
El hoy es lo valioso. No hay que desperdiciarlo.
Feliz cumpleaños a todos los que hoy, también, han dado su vuelta al sol. No importa las veces…
Sí, en su interior hay unos muñecos que quitan las penas. Son muy pequeñitos (de 10 a 20 mm) y están hechos con alambre, madera y lana. Proceden de Guatemala.
Dicen que de los indios mayas.
Las instrucciones son precisas:
1-. Coges un muñequito.
2-. Le cuentas esa pena que tienes, antes de irte a dormir.
3-. Lo colocas bajo la almohada.
La preocupación se traslada al quitapenas y tú puedes dormir y olvidarte de ella.
Quién sabe si los mayas de los altiplanos guatemaltecos sabían cosas que nosotros no sabemos. Era una civilización en la que surgieron grandes científicos y matemáticos. Manejaban el concepto matemático “cero” y un sistema vigesimal de medida. Calcularon el movimiento de traslación de la tierra antes que otros pueblos y concibieron el año bisiesto. También calcularon el movimiento de la luna y sus fases lunares. Predijeron eclipses solares y lunares. Las estaciones con sus solsticios y equinoccios…
Así que pretender que los mayas, supieran algo de neuropsicología no sería tan extraño. Plantearon darle un cebo a tu cerebro para que pique y se relaje. A la vez, ese órgano trascendental, como está tranquilo, puede desintoxicarse, reorganizar la información y el conocimiento, equilibrarse químicamente, etc., etc. En definitiva, estar sano.
Si, encima, lo conviertes en mágico, el cebo funciona.
Dicho esto, ¿Quién puede asegurar que no existe la magia?
Por si acaso, la cajita está en mi mesilla de noche.
Cada día, veíamos a un pintor, concentrado, con todo su material expuesto en una escalera de un portal de camino a la Fontana Di Trevi. Pintaba lentamente, ajeno a la marabunta humana que pasaba por su lado. Una de las veces, esperé un rato a su lado, mientras hacían cola para comprar un helado. Pude ver cómo iba completando una de las láminas, con trazo seguro y de esos que salen fácil. Dada mi incapacidad para el dibujo y la pintura, envidié sanamente ese don. También que sonreía a cualquiera que le interpelaba o miraba como pintaba… como yo.
Le compré una lámina. El tema de incluir Vespa o Seiscientos, en el paisaje turístico, no es demasiado original, pero yo le puedo dotar de un análisis semiótico artístico-emocional imbatible: la pintura representa el recuerdo del viaje a Roma y la de ese extraordinario y humilde pintor.
La Vespa (una modelo Primavera y otra con faro Mortadelo) me traslada a mi juventud. Esa moto me llevó a muchos sitios a los que volvería.
Y, finalmente, el Seiscientos. Ese coche encantador, que fue el primero que tuvo mi madre. Arranque de palanca y muchos viajes con “parada técnica” porque el coche se recalentaba y salía humo por el radiador. También volvería allí…
NB: No le pregunté al pintor por su nombre. No caí en ese momento así que publico su firma para que quede constancia de la autoría.
En el Trastevere, hay una plaza dedicada a este poeta italiano. Trilussa fue su seudónimo, se llamaba Carlo Alberto Salustri (1871-1950). Fue uno de los poetas más importantes de la literatura italiana del siglo XX.
Una de sus características es que escribía en romanesco, una variedad del italiano hablado en la región de Roma. He leído que era famoso por su estilo humorístico y satírico y por su forma de retratar la vida cotidiana.
Tiene una poesía llamada “La estadística”, en la que reflexiona sobre las medias estadísticas e hicieron famosos los “Pollos de Trilussa”: “Resulta que te toca un pollo al año, según las estadísticas de ahora; aunque no lo comas, entra igualmente en la estadística, porque existe otro que come dos”.
Acabo con un poema bonito como este:
“C’è un’ape che si posa su un bottone di rosa: lo succhia e se ne va.
Tutto sommato, la felicità è una piccola cosa.”
Hay una abeja que se posa sobre un botón de rosa: lo chupa y se va. / Considerándolo todo, la felicidad es una cosa pequeña.