El móvil de viento que no suena.

Iba buscando un móvil de viento, para un árbol que tiene colgados otros muchos: regalos y recuerdos de viajes. Hace mucho tiempo que no los oigo tintinear porque no hay viento y la mínima brisa que llega no da para hacer sonar las campanillas, pero, aún con ese viento inexistente, les requiero que tengan algún sistema para emitir sonidos relajantes el día que bufe un poco.

Encontré atrapasueños y otras figuras colgantes, pero no eran lo que buscaba. Sin sonido, no me valían. Entonces llegamos a una pequeña tienda atiborrada (que es más que llena) de cerámica, objetos de decoración y… móviles de viento. Bajabas dos escalones y la tienda se adentraba en una profundidad de recovecos con mil cosas.

En la entrada, al lado de los dos escalones, una señora mayor. Detrás de un mostrador eventual pero que tenía pinta de estar allí toda la vida, creado con las cajas de embalaje de sus proveedores de cerámica. Encima, periódicos abiertos, en los que iba envolviendo, metódicamente, las piezas de cerámica que se compraban. Una libretita blanca y un boli. Apuntaba cada cosa que envolvía en la libreta. Una vez finalizaba, ponía las piezas en otra caja de cartón reciclada y hacía la cuenta, manualmente. Después, se la tendía al cliente para que la repasara. El datáfono, para pasar la tarjeta o el teléfono, debajo de las cajas. Mejor en efectivo, pero había que adaptarse a los tiempos. Yo esperaba mi turno notando el calor que se acumulaba allí dentro, pero, como el resto de la cola, no podía apartar la mirada de ese lento proceder, ese hábil envoltorio en papel de periódico y aquella libreta llena de cuentas.

Lo mío fue fácil, porque tenía dos piezas: el móvil de viento y un pez de hierro oxidado. Aquello complació a la que esperaba detrás de mí, porque aquel lugar empezaba a ser un horno del tamaño de un ser humano. La señora, sin inmutarse, me dijo el total y me ofreció una bolsa. No me sorprendió que llevara la cruz farmacéutica. «Es de una amiga que cerró su farmacia por jubilación y me dio todas las bolsas».

Salí con mi bolsa de farmacia y mis dos piezas, pensando en cuánto tiempo le quedaba a un lugar así. Hay pocas tiendas de las de antes en la isla. Es posible que cuando vuelva, esta también sea un espacio chic, o que se haya producido el relevo generacional. Pero cada vez que miro el pez o el móvil que no suena porque no hay viento, me acordaré de aquella tienda, de aquella mujer, y de esa sensación de haber encontrado algo auténtico y en peligro de extinción.

Y no es el móvil lo que está en peligro de extinción. Es lo genuino.

El secreto de la araña.

Me gustó como la luz, jugaba con esta pieza. Formaba parte de un móvil que estaba colgado en un árbol… El sol lo hacía brillar . Llamaba la atención y… justamente, pasaba yo por ahí con mi cámara…

Imagen

Hice varias fotos y, finalmente, me acerqué. Vi que el móvil estaba un poco deteriorado por los efectos de la lluvia (escasa, ahora) y el viento y observé, también, que tenía unos finos hilos de una tela de araña. Recuerdo que pensé que estropearía la belleza de esa flor radiante pero, al editar la foto, lo que más me ha gustó fue  la definición de esos hilos de naturaleza orgánica que son de seda…

Son hilos de seguridad para los desplazamientos de la araña que ,supongo, vive en ese árbol.  Parecen muy frágiles, pero no lo son. Todo lo contrario, esto que veis es un prodigio tecnológico: son las fibras más resistentes conocidas hoy en día. Están realizadas con un material de gran resistencia mecánica que se asemeja al acero y , a la vez ( cosa que no suele darse simultáneamente) tiene una gran capacidad de deformación:  se puede estirar hasta 10 veces su longitud.

flor

La arañas del planeta se niegan colaborar y decir como hacen la tela , es por eso que estos finos hilos que se perciben en la foto,  están intentando ser  recreados en muchos  laboratorios y Universidades en el mundo…Ahí  es nada…

NB1 : El  diámetro de los hilos oscila entre 2 y 3 mm (aproximadamente una décima parte de un cabello humano)

Móvil de brisa.

Llámalo móvil de brisa

Aunque se llame móvil de viento, no cuelgues un móvil de viento en una zona de mucho viento o de viento fuerte (por ejemplo, la Tramuntana ).

Si el viento es poderoso, se lía y enmudece.

Casi tiene moraleja…

Lo que el viento ha unido…

El viento los unió. Una de esas Tramontanas furiosas, que hacen que los móviles enloquezcan y tintineen sin cesar. Aunque no hay orden ni concierto, me gusta oír esos sonidos improvisados… Una mañana, me di cuenta de que estaban unidos. Liados y… los separé. Creí que los liberaba, pero, llego el viento y la música que oí fue diferente. Más monótona, más ordenada pero no mejor.

Lo que el viento ha unido que no lo separe el hombre…