Esa cigarra que canta junto mi ventana…

El canto de las cigarras es un sonido asociado al estío. Es el tiempo del calor y del sol y, para muchos, el período de vacaciones. Es una melodía que evoca verano…

Cric Cric Cric Cric. 

Ese cric cric lo tengo metido en la cabeza porque una de esas cigarras veraniegas ha decido instalarse en algún lugar, muy cerca (mucho) de la ventana de mi habitación. Las noches son muy calurosas estos últimos días y hace dos, tengo a la cigarra, canta que canta, sin parar. Para unos escasos segundos, antes de empezar de nuevo : Cric Cric Cric Cric. Hasta el infinito y más allá.

Cric Cric Cric Cric. 

No se parecen en nada a los que nos vendieron en la fábula de “La cigarra y la hormiga”. Es así, aunque hay más de 3000 especies diferentes.

Foto de Jody Confer en Unsplash

Yo creo que esa cigarra es de las que superan los 86 Hz. He leído que las que emiten estos sonidos son los machos. Tienen de dos semanas a un mes de vida adulta y durante ese período, deben atraer a las hembras con su cric cric característico. Teniendo en cuenta que pasan hasta quince años bajo tierra hasta que emergen a la superficie, creo que debo tener compasión con la que me ha tocado de vecina.

Foto de Bill Nino en Unsplash

Ni cerrando la ventana dejo de oírlo y por la insistencia y la duración, yo diría que este espécimen lo tiene mal. 

Se va a quedar soltero y yo , con mucho sueño atrasado por su culpa.

NB: El Cric Cric Cric me acompaña mientras escribo esto…

Cosas del verano.

Ducharse al aire libre es uno de los placeres del verano. 

Recuerdo a mi abuelo, inventándose una ducha con un tablón de madera y una manguera sujeta con cuerdas. A los niños de ciudad y balcón, nos alucinaba ducharnos cerca del huerto, entre los árboles…

Foto de Ultimate Safaris Namibia en Unsplash

Foto de Roberto Nickson en Unsplash

Foto de By Pils en Unsplash

Fue una gran idea para tenernos controlados. La ducha-manguera nos impedía tomar el mando de la manguera y regar todo lo que pillábamos: plantas , animales , personas y cosas.

Una maravilla…

Foto de Phil Goodwin en Unsplash

Poco abanico.

Abanico para la noche de Sant Joan. 

Poco uso. Un par de movimientos.

La temperatura ha sido agradable con sus 22ºC y menos. Una noche agradecida y magnífica en buena compañía.

Tiempo vendrá para el abanico…

NB : El título que me sugiere la herramienta de IA de WordPress para optimizar la publicación es : «Estrena la Noche de Sant Joan con un Elegante Abanico.»

Premios literarios.

En estos últimos tiempos, me he presentado a varios certámenes literarios. Recibo el boletín de escritores.org y si hay algún relato o proyecto que se ajusta a alguno de los premios, lo presento. 

También me ha servido de catalizador. He leído las bases de muchas de estas convocatorias y, a veces, el tema al que se tiene que hacer referencia me activa para escribir algo nuevo.

Escojo solo los que permiten presentación on line. Imprimir, encuadernar y certificar el sobre del manuscrito me parece de otra época.

Foto de hannah grace en Unsplash

Una vez le das al enviar, allí va tu proyecto que suele estar escrito con ilusión y esperanza de éxito, pero, en muchas ocasiones, no sabes si está perdido en el mundo digital. Encuentro que los organizadores son poco empáticos con los concursantes. Cuando envías el relato, el cuento o la novela por mail, no te responden ni con un acuse de recibo. Solo sabes que tu gran obra ha llegado a destino si es por Certificado Digital, que suele ser en premios de Administraciones Públicas, tipo Ayuntamientos, etc. De seis certámenes a los que me he presentado, solo uno ha respondido con un mensaje de” Recibido.” Que los responsables le den una vuelta al tema igual que al tema del papel.

Dicho esto, escribir para estos eventos es altamente gratificante. Se pasa por un proceso realmente placentero en toda la ejecución. Mientras piensas, organizas, construyes y destruyes la trama. Decides los nombres de los personajes y los imaginas. Investigas sobre temas de referencia, lees y relees…

Si os gusta escribir y tenéis curiosidad, solo tenéis que entrar en escritores.org y dejar que una de las propuestas os haga crick-crick.

Y … a disfrutar escribiendo. 

Caffè sospeso

Es el café pendiente

Foto de Annie Spratt en Unsplash

Tradición napolitana que empezó durante la II Guerra Mundial: un café que dejas pagado con antelación para otra persona que no pueda permitírselo. 

Hace unas semanas, en un bar de barrio en el que hacen unos bocadillos de tortilla increíbles, dejé un desayuno sospeso. Había una mujer mayor, contando las monedas para pagar dos croissants minis y un café con leche en vaso de cristal y muy calentito. No sé por qué, pero cuando fui a pagar mi cuenta, le dije al camarero que me cobrara un par de croissants minis y un café con leche en vaso de cristal y que se lo ofreciera a la mañana siguiente a cualquier cliente que considerara que podía venirle bien. 

Foto de Andrew Valdivia en Unsplash

Es un pequeño acto anónimo de solidaridad, minúsculo, pero que aporta una gran satisfacción, enorme, para el que deja el caffé sospeso. Hay algo de egoísmo en esa sensación, porque es muy buena para lo poco que has hecho, pero, también hay un efecto secundario: tiendes a repetir y vas dejando por ahí, aunque solo sea en un café, un poco de positividad, que falta que hace.

Y después, lo explicas. O lo escribes en tu blog.

Y animas a probarlo, porque esto del café pendiente, tiene un efecto de contagio maravilloso.

Foto de Kanwardeep Kaur en Unsplash

Cantando bajo la lluvia, literalmente.

Foto de Saffu en Unsplash

Por fin, un día de una lluvia copiosa y constante.  Era muy esperado, pero no estaba preparada. Ya hace un tiempo que perdí la fe en las previsiones meteorológicas. Tanto, que ni siquiera tengo controlados los paraguas de mi casa, que, por desuso y vejez, están en condiciones deplorables, de las que solo he sido consciente, en este día de lluvia inmejorable. El único “abrible”, el más feo, por supuesto.

Así que, con el paraguas psicodélico y capucha, por si acaso, he decidido salir caminando. Total, mi destino era cercano. La ida ha sido fluida. Me gustaba ver llover, sentir el olor a lluvia. ¡Por fin! 

Foto de Gage Walker en Unsplash

La vuelta, ha sido cantando bajo la lluvia. Literalmente. Porque ha empezado a llover con más fuerza, pero he estimado que quedaba poca distancia. No me ha importado, meter mis pies en el agua, porque ha llovido tanto que las calles no podían absorber la lluvia y parecía caminar en un charco continuo. Ha llovido tanto que, con capucha y paraguas, he llegado a casa totalmente empapada. 

Ha llovido tanto que, el sonido de la lluvia ha hecho que no oyera bien por los auriculares, que subiera el volumen y que me viniera arriba cantando alguna de las canciones de mi playlist, cosa que me ha hecho ver mi vecino mientras abría la puerta, sosteniendo el paraguas psicodélico y como si me hubiesen echado varios cubos de agua encima.

Ha llovido tanto que solo me ha faltado bailar bajo la lluvia.

Cantar, ya lo he hecho.; -)

Ese Bar de la Esquina.

Ese entrañable lugar donde sirven el croissant y el cappuccino como a ti te gusta. O ese mini bocadillito de jamón y el zumo de naranja.

Ese Bar de la Esquina que puede no estar en una esquina..

Foto de Leohoho en Unsplash

Nada más entrar por la puerta, Jota buscaba con la mirada mi periódico  para que acompañara mi desayuno. Si tú hablabas, él hablaba. Pero si el día era de esos  perros, él te dejaba vivir en tu silencio.

Y siempre sonando música…

Muchos de nosotros tenemos Bares de la Esquina. Los barrios dónde hemos vivido o trabajado, nos han llevado a intimar a la hora del desayuno con unos seres humanos que, desde detrás de una barra,  nos ayudan afrontar el día con dignidad.

A cada traslado, y si tienes suerte  aparece un Bar de la Esquina. Un lugar agradable. Y si la suerte nos sigue sonriendo, es muy posible que los que allí habitan también sean agradables. Aunque vayamos cambiando de lugar,  siempre hay uno de esos establecimientos que pueden ser “Ese Bar de la Esquina”. Sea porque lo viviste en un espacio muy prolongado, o sea porque la experiencia fue corta pero intensa, hay una barra de un Bar de la Esquina a la que te encantaría volver.

Hace unos días, por casualidad, estuve por la zona y volví.

Mi Bar de La Esquina preferido ha cambiado para mejor. Hay más luz y otros cuadros. La historia del local ha ido creciendo y se ha atiborrado de cacharros que le dan más personalidad.

Como siempre, el último descubrimiento musical de Jota se escuchaba por los altavoces. Siempre atento a la música, sin tele (sólo para el fútbol, me comenta). Los dos somos más viejos pero nos hemos reconocido en los que fuimos hace veinte años.

Foto de Anastasiya Badun en Unsplash

En pocos minutos, hemos resumido mucha vida. Al final, todo bien. No he estado mucho tiempo en la barra pero la charla y el excelente café me han hecho salir con el espíritu más liviano.

Si puedes y tienes un Bar de la Esquina preferido del pasado, déjate caer un día. Es posible que las cosas no hayan cambiado (ojalá) y puedas vivir un encuentro afectuoso con los que fueron los responsables de tu desayuno durante tantos años.

Tiene efecto terapéutico.

 

El banco.

El día es nítido y la temperatura agradable. El mar absorbe la mirada y la lanza en dirección al infinito. Quieras o no quieras, el cerebro recibe el input y te envía una gran ola de calma. 

Estoy un rato mirándolo. Y, después, lo quiero fotografiar. Avanzando unos metros por el Camí de ronda, llego al mirador. 

El mejor banco está ocupado.  No importa. Tengo la foto y es algo más que la de un banco mirando el mar. 

Hay algo que no se ve en esta instantánea: el reencuentro, la alegría, la expectativa, la ilusión, las ganas y la juventud. Hay que añadir el sonido del mar, el olor a sal, la risas y el día brillante, como diciéndoles: “Hasta el infinito y más allá.”

Sigo el camino sonriendo. La alegría se contagia y, tal vez, también, la esperanza. 

En ese banco está el futuro…

Ni luna, ni luno.

Las nubes han tapado la luna llena.

No hay foto y ya no cumpliré con mi objetivo de una fotografía por cada luna llena del año.

Foto de <a href="http://Foto de Valery Sysoev en Unsplash

Pero es una buena noticia. Muy buena.

No veo la luna pero hay nubes cargadas de agua y llueve. Lo hace de manera constante y suave .

Desde aquí me parece oír a árboles , a arbustos , a plantas, a huertos y a flores cantando de alegría. Si no fuera por sus raíces creo que hasta bailarían.

N luna, ni luno, lluvia.

Por fin llueve por aquí, luna.

Foto de <a https:="" unsplash.com="" es="" href="http://Foto de Marc Zimmer en Unsplash

Un ramo bonito.

Es bonito cuando lo recibes. Es bonito cuando las pasas a un jarrón o, en mi caso, a una cubitera de zinc. Es bonito cuando lo ves, al pasar por delante de la mesa.

Es bonito el ir adecuándolo, sacando las flores que se marchitan antes. Es bonito cuando se va haciendo más pequeño. Hasta es bonito cuando desaparece, vuelve a la tierra y se recicla.

Qué bonito es el cariño.