Miro al niño, sentado en el respaldo del diván, y aún no me lo creo. ¿Cupido? ¡Venga! ¡No me fastidies! Pero… Las alas son reales. Y el niño voló por la consulta hasta llegar al diván. Esto es así. … Sigue leyendo
Miro al niño, sentado en el respaldo del diván, y aún no me lo creo. ¿Cupido? ¡Venga! ¡No me fastidies! Pero… Las alas son reales. Y el niño voló por la consulta hasta llegar al diván. Esto es así. … Sigue leyendo
Primero, pensé que estaba trabajando demasiado. El estrés puede provocar alucinaciones. También consideré la posibilidad de una relación de transferencia con ese paciente al que persiguen unos extraterrestres vaya donde vaya… Examiné mi café por si olía raro. ¿Alguna … Sigue leyendo
Esto va de series. Del tiempo que perdemos en decidir que serie ver. De la multitud de plataformas que hay a nuestra disposición. Cientos y cientos de estímulos en los que me pierdo…

El otro día, buscando serie, viendo trailers de muchas series y hasta las narices de mi indecisión sobre que serie ver, voy y me topo con LOST.
Recuerdo la emoción cuando comprábamos el pack de una temporada completa en DVD . DVD, algo que ya es viejo. Me puede la curiosidad . Habrá envejecido , como yo.

Y aquí estoy. Volviendo a ver las tropecientas temporadas porque aunque se ha hecho mayor , se conserva bien. La escenografía, la banda sonora, los giros constantes, las tramas individuales, lo guapos que están todos aunque estén abandonados en una isla aparentemente desierta…
Y aunque tengo todos los spoiler del mundo en mi mente, sigo en la interminable Lost.
Estoy perdida…

Hacía muchísimo tiempo que no entraba en una Mercería…
Una mercería, cordonería o sedería es un establecimiento en que se venden productos de costura, punto, manualidades y lencería.
Esta era una de esas “ a la vieja usanza”.
Doy fe de que el stock de ese encantador lugar, estaba diversificado en exceso : hilo, lana, zapatillas de estar por casa, pijamas, cinta elástica, velcro, botones, cremalleras, pasadores y pinzas para el pelo, tocados, lentejuelas, sujetadores, bragas, medias, peucs, delantales, retales, … Ni me acuerdo. Pero esa es la verdadera vocación de una mercería.
“Entre los S/ XIV y XVII, los artesanos ya habían organizado sus gremios, que proveían a sus clientes de toda clase de pequeños accesorios para la confección de su indumentaria, e incluso hasta el siglo XIX vendían los tejidos.Fue entonces cuando formaron el gremio de LA MERCERIA, que como define el Diccionario de la Lengua Española ejercían un “Comercio de cosas menudas y de poca entidad”. Eran… las primeras MERCERÍAS.”(Portal Mercería)

Al entrar, había dos personas dispuestas a comprar “cosas menudas y de poca entidad”. La primera, era una mujer que quería unas bragas sin costuras.
Tras un mostrador pequeño, de cristal ya muy gastado por el tiempo, una señora , muy, muy arreglada, y con un centímetro colgado al cuello, que a cada momento incluía la palabra, cielo o cariño en el discurso atiende a la clienta. A su espalda, cientos de cajas, de todos los tamaños, muy bien ordenadas y apiladas…Se da la vuelta, busca con la mirada , en plan escáner, y extrae una de las cajas con unas braguitas de la talla apropiada,“cortadas al láser” . Cierto. Ni una costura. La clienta, se las mira y remira. Las estira. Se demora. Pregunta colores. Las vuelve a estirar…
Esperando está, también, una abuela con sus dos nietas gemelas que están como en un chiqui-park entre tanto complemento colorista. Continuamente está diciendo “No toques eso” “Venid aquí”. Ni caso.
La señora de las bragas, tras decidirse por el color visón , se lanza a comprarlas pero…mira la etiqueta y exclama “¡Llevan poliamida! . No puedo. Tengo la piel muy sensible. ¿No hay nada 100% algodón?”
Vuelta a escanear las cajas. Las niñas, brincando. La abuela , de los nervios. Yo, ya en posición “Esto se está alargando mucho”, con pase del peso de una pierna a otra.
Entra otra clienta potencial. La señora de las bragas, decide que no le gustan ningunas. Se va. La odiamos.
La abuela, con las niñas ya despendoladas en la zona de los hilos de colores, pide goma elástica para los pantalones de deporte de su hijo. Proclama que es el padre de las criaturas y se disculpa. Las niñas, ahora abren y cierran la puerta sin cesar. Han descubierto la campanilla…
Ya han entrado tres personas más y la señora, tras el mostrador, mide la cinta elástica, y la envuelve con parsimonia.

Me toca. Le pido dos pares de medias finas. Se agacha y aparece con unos sobres de la estantería inferior. Saca un trozo de media, mete medio puño y me muestra la finura. A mí ya me estaba bien con 15 Den. Las compro, mientras me llama cariño y me dice que no me harán carreras. Ella no sabe que soy la única persona del planeta a la que se le hacen carreras en las medias aunque sean anti-carreras. Siempre. Intento ir deprisa. Una chica embarazada, está esperando con cara de agobio pero es que …no se puede. Me envuelve las medias en un papel blanco ¿Para qué? Y las pone en una bolsita y me cobra pausadamente .
Salgo de allí con mis medias y siento un momento de melancolía.
Estoy segura que acabo de ver una especie en extinción. Muy auténtica. De las últimas tenderas de mi barrio.
Una mercería, donde comprar cosas menudas y de poca entidad…
Ya tocaba…
No pasa mucho tiempo sin que me tome un Mafaldazo de esos bien cargaditos o un poco de Quino para no atragantarme de impotencia.
Y es que leo la prensa, veo la tele y me pasa lo que a todos…Es curioso como «todos» ( que somos más) vemos que no vamos bien. Es ver todo ese lío y necesitar un poco de Mafalda… ¡Qué claro lo tenía Quino!
Los mismos errores eternos…
Quino ya lo veía …
Ya tocaba un poco de Quino… Hoy más que nunca y parece que cada vez más…
El arte urbano cada día me fascina más. Es una de las expresiones artísticas más directa y sincera: te la ponen , ahí, en la calle. Libre, gratis, para todos. Y tiene un único objetivo : que te deleite, que te sorprenda o que te haga sonreír…
Este es el caso del artista francés ( otro «enigmático» personaje) que se hace llamar Oakoak : su objetivo es divertirse y jugar con la calle para hacerte sonreír. Los especialistas en la materia lo ubican el movimiento de Detournement ( tergiversar, distorsionar la realidad) y eso es lo que hace Oakoak: la tergiversa pero… lo hace partiendo de los elementos «ruinosos» que hay en la ciudad y ese es su gran elemento diferenciador.
Busca las balizas rotas, las grietas en las paredes, los socavones, los desperfectos … y los convierte en puntos artísticos y humorísticos que, realmente, distorsionan la realidad.Además, es respestuoso con «los desperfectos» y sólo utiliza materiales que pueden ser eliminados y borrados ( lo que más, recortes de papel).
Y es de agradecer que, dónde hay una grieta, nos hagan ver a Spiderman trepando por un muro…
Una gotera y se marca un «Cantando bajo la lluvia»

O que de una tapa de alcantarilla, brote un solete…
Os dejo una novela corta para las vacaciones. Una mezcla de arte románico, de historia, de misterio, de amor, de pueblos pequeños y de la #Españavaciada.
Tiene hasta un Indiana Jones… ; – )
Basada en hechos reales y con un protagonista que no me abandona : el Inspector Eusebio Flórez ( el agudo policía de la novela Incipits )que ahora lo tengo jubilado y aburrido en su pueblo natal…
Me encantó escribirla y espero, deseo que. al osado lector que se atreva a dedicarle su tiempo de lectura, le encante leerla.
Para descarga en PDF, aquí.

-¿Tienes prisa?- Más que una pregunta es una constatación de un hecho. Yo estoy sentado, tranquila y serenamente, en mi sofá amarillo mientras él, me habla desde la cima de su altura, paseándose casi como un péndulo. Aquí, allí, aquí, allí… Tiene prisa.
-Sí, mucha.
Yo no tengo prisa. Estiro mis piernas y las relajo encima de los cojines. Dejo que mi espalda se amolde suavemente al respaldo del sofá. Cuando ya estoy en una posición agradable, me quedo unos segundos suspendido en la nada, deleitándome con el paisaje que me ofrece la naturaleza desde mi ventana…Eso sí que es un privilegio. Observó ese campo de trigo, aún muy verde, que la brisa mueve y ondula como si fuera un mar. Casi puedo oír el susurro delicado que te arrulla como la más exquisita de las nanas…Lo único que me resulta molesto, es este tipo con prisa…
–No me voy a sentar en este sofá, ni voy a perder el tiempo tomando un café contigo. Te repito que tengo mucha prisa.
-Cuando dices “mucha” ¿De cuanta hablamos?– Le dejo que calcule una cifra. Normalmente, la transacción se realiza de esta forma: ellos me dicen cuanta tienen y yo le pongo un precio. Si interesa, bien. Si no… no pasa nada. Hay mucha oferta.
Se me antoja un buen momento para hacerme una infusión relajante. Creo que voy a probar el té de frambuesa que me trajeron de Nepal. Me lo tomaré, sorbo a sorbo, dejando que el calor inunde mi cuerpo y el sabor de las fresas silvestres me conforte. Las nubes cambian de forma y se deslizan por el cielo, empujadas por un suave viento que esparce el aroma de este verano ya moribundo. Me apetece abrir las ventanas…
–Yo creo que un par de kilos.– me responde el hombre que tiene prisa– ¿Te van bien? Necesito el dinero y, de verdad, me tengo que ir ya.
– No es mucha, pero con eso puedo pasar-Calculo cual sería el precio justo según los índices de cotización de la prisa en el mercado. Le digo la cifra y el asiente, moviendo enérgicamente la cabeza, y me doy cuenta que estoy comprando prisa de una gran calidad. La necesito para cuando viajo a la ciudad o cuando me convocan para reuniones de negocios. Desgraciadamente, yo nunca he tenido prisa y, por eso, me veo obligado a comprarla.
Cuando estoy cerrando el gran tarro de cristal en el que he guardado la prisa recién adquirida, oigo como hierve el agua de la tetera. Me dirijo al hombre que acaba de venderme su prisa y le invito a probar el té de frambuesas del Nepal.
Nos sentamos los dos. Estamos cómodos y relajados y nuestra mirada se pierde en el baile del trigo y en las montañas que se adivinan en la lejanía. El contraste cromático es de una delicadeza exiquisita: las pequeñas cimas se recortan contra un cielo de un azul turquesa casi imposible que se une a la franja del verde, fresco y chispeante…
–Este té está delicioso-me dice mi proveedor de prisa.
Le agradezco el comentario y doy otro sorbo. Las fresas silvestres estallan en mi paladar y lo acarician.
Sí. Está delicioso…
Según la RAE, dormirse en los laureles es “descuidarse o abandonarse en la actividad emprendida, confiando en los éxitos que ha logrado”.
Todos entendemos la expresión y sabemos que el famoso laurel hace referencia esa corona que reconocía los logros en la época del Imperio Romano. ¿Por qué una corona de laurel? ¿Por qué no de oro, plata, brillantes…? ¿Laurel?
En pleno siglo XXI, estamos utilizando una expresión cuyo origen remonta al año 8 a.c. Aparece en el relato de Ovidio, “La metamorfosis”.

La mitología griega explica que Dafne, una ninfa de los árboles, se vio obligada a escapar de Apolo. ¿Por qué? Eros, disparó una flecha de oro hacia Apolo y otra de plomo hacia Dafne. La flecha de oro hizo que uno, Apolo, se enamorara perdidamente. La otra, la pobre Dafne, atacada por el plomo, sintió repulsa absoluta por Apolo.
Y ahí los tienes, él persiguiéndola, ella huyendo.
Desesperada, y a punto de ser alcanzada por el Apolo enamorado, le pidió a su padre, elDios Ladón, que la ayudara y al Dios no se le ocurre otra cosa que convertirla en un laurel. Un árbol…

Fotos Apolo y Dafne escultura realizada por Bernini entre los años 1622 y 1625.
Galería Borghese (Roma) de Mateus Campos Felipe en Unsplash
Apolo, que seguía enamorado de Dafne, prometió reverenciar el laurel de por vida y hacer que sus ramas coronaran las cabezas de sus héroes. La corona de laurel se convirtió en la máxima distinción que se podía otorgar.
Ya tenemos el porqué de las coronas de laurel. La expresión “Dormirse en los laureles” fue evolucionando. Las coronas dejaron de ser vegetales y pasaron a ser de metales preciosos, a veces, del valor suficiente para vivir una vida, por lo que ya no hacía falta seguir buscando el éxito. Poco a poco, la expresión se fue negativizando hasta llegar a lo que es hoy: confiarse en los éxitos pasados y dejar de esforzarse…

El Beso de Klimt.
Pero, a partir de ahora, cuando oiga esa frase de “Dormirse en los laureles” yo me acordaré de la pobre Dafne. De una mujer convertida en árbol. La piel, corteza. El pelo, hojas y los brazos, ramas… Y, también, de su padre, el Dios Ladón, al que se le podía haber ocurrido otra cosa.
Eso sí, el laurel es preciso. Que conste.
Nota : En la literatura más reciente se ha interpretado este lienzo, el Beso de Klimt, como una representación simbólica del momento en que Apolo besa a la ninfa Dafne que se está convirtiendo en laurel.
Había cuatro.
Tres eran azules de distintas tonalidades y matices menos una, que era de un color verde oliva ajado por el tiempo…
Los isleños le habían hablado de la leyenda de Ses Portes pero , para su mente pragmática, aquello no dejaba de ser una bella historia que se había deslizado a través de los tiempos en las tradiciones del lugar.
La leyenda de Ses Portes era simple. Si buscabas el amor, lo podías encontrar detrás de una de esas puertas. Una, sólo una, te conducía hacia la felicidad. Había que escogerla y abrirla. Sólo podías hacerlo una vez en la vida y no errar en la elección.
Cada día pasaba por delante de las puertas y aunque no se creyera la leyenda, cada día las observaba pensado en cual elegiría. Aquel azul intenso le atraía irremediablemente…
Pasaron los años y la isla se convirtió en su hogar. Vivía solo, enfrascado en una vida de trabajo y rutina.
Cada día pasaba por delante de las puertas- ¿La verde, tal vez? ¿La azul plomizo? – pero cada día continuaba su camino, pasando por delante de las puertas y dejándolas atrás.
Aquella mañana, por eso, algo lo perturbó profundamente. En una de las puertas, alguien había dibujado un corazón. Se detuvo a observarlo y al hacerlo, un vecino se detuvo a su lado dispuesto a entablar conversación. ¿Quién habrá dibujado ese corazón? -preguntó al lugareño.
-. ¿Qué corazón? –respondió el hombre mirándolo con extrañeza.
-. El que hay en la puerta– señaló con el dedo aquella forma de color rosa que tanto se asemejaba a un corazón.
-. ¿En la puerta? Esa puerta es de color azul, como siempre. ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien?
Bien. Estaba bien. Un poco preocupado por ese corazón inexistente que sólo él veía en la puerta azul.
Entró en un bar cercano y pidió un café bien cargado. Al poner el azúcar se dio cuenta que le temblaba la mano. Removía el café, absorto en el tintinear de la cucharilla cuando su vista se dirigió al cuadro que había colgado en la pared. Parecía llevar allí muchos años
Era una frase escrita en una bella tipografía de rasgos retro y enmarcada en un sólido marco de caoba oscuro.
Cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto es ya una elección.
NB 1 : La frase es de William James filósofo estadounidense , fundador de la piscología funcional con una larga y brillante carrera en la Universidad de Harvard, donde fue profesor.
NB 2 : Las puertas son de Formentera
NB 3 : La leyenda me la acabo de inventar. ; – )