Un sofá blanco…

Encontré el sofá el lunes pasado por la noche. Lloviznaba suavemente …Tan delicada era la lluvia que parecía no mojarte pero la leve capa de agua que escapaba del cielo, estaba muy, muy fría. No había sido buena idea bajar la basura a aquella hora de la noche , en pijama y con las zapatillas mullidas de estar por casa…pero de eso, me di cuenta más tarde. Mucho más tarde.

Fueron escasos los minutos que invertí en depositar mis escombros en los recipientes adecuados .Mi espíritu reciclador (Reciclator, era cómo lo llamaba en mi intimidad interior) me ayudaba a realizar un exhausto proceso selectivo de todos mis deshechos y llevaba mis bolsas ya clasificadas para tal menester. La última bolsa a depositar era la del papel, y para ello tenía que desplazarme en línea recta, los diez metros que ocupaban cada uno de los containeres de cada una de las cosas que debíamos separar para su reciclado… Aceites, pilas, vidrio, papel, plástico , orgánico, cápsulas de café, spray…

Los lunes, a partir de las nueve de la noche, se podían sacar todos los muebles y trastos viejos, ya que había un servicio de recogida habilitado para todo el vecindario. Normalmente, me encontraba con ese triste espectáculo del colchón lleno de manchas de origen desconocido ( o mejor , desconocerlo ), o ese mueble de fórmica desconchado, o una silla de mimbre desecha… pero, esta vez, lo que vieron mis ojos fue un imponente sofá de tres plazas que parecía brillar a la luz de la luna.

No sé si serían las gotitas de agua , ya escarchadas sobre la tapicería o mi imaginación que me jugó una mala pasada, pero el sofá , brillaba. Te lo juro. Me atraía como un imán…Al acercarme y observarlo con detenimiento, pude comprobar que no tenía ningún desperfecto y que ni siquiera el color blanco deslumbrante se veía mermado. ¿Quién tiraría un sofá nuevo, por Dios?. Pensé en mi pobre armatoste del IKEA , lleno de manchitas irrecuperables y pequeños surcos allí donde mi cuerpo  lo había moldeado y en , ese momento, Reciclator, mi férreo espíritu reciclador, apareció con toda la furia que poseen los espíritus furiosos. No es una redundancia… es mucha furia.

Esa es la única explicación posible para que yo sola pudiera cargar el sofá de tres plazas y entrarlo por la puerta de mi casa ( ya sé que vivo en la primera planta pero…¿Tú has visto ese sofá?). El Reciclator me dio fuerzas divinas  y no sólo dejé el  sofá en mi salón, precioso y brillante si no que bajé mi pobre dos plazas ( color marrón chocolate) y lo dejé en la zona de los trastos viejos.

Lo estaba admirando, felicitándome por mi buena suerte y apreciando lo bien que quedaba frente a mi televisor. Estaba empapada y dejando un charco de agua , gracias al poder de absorción de mis mullidas zapatillas de estar por casa. Me daba miedo acercarme al sofá para no mancharlo… Entonces apareció mi gata, dándome la Bienvenida tras la expedición nocturna de “Tirar la basura y encontrar un sofá”.

Se detuvo al ver aquel objeto que no le era familiar, en el centro de nuestros salón. Lo olisqueó, recorrió su perímetro, lo volvió a olisquear… Entonces toda ella se arqueó dramáticamente y dejó que su suave pelaje se levantara , en plan puerco espín. Y mira que eso es raro. Missy es ( perdón, era), una gata amistosa y muy cariñosa. Nunca se había mostrado así ante nadie ni nada …

Bueno, miento. Una vez  me dejaron al cuidado de un amable cachorro de pastor alemán , durante apenas 48 horas y Missy ( nunca he sido original para esto de los nombres, lo sé) se volvió loca pero… nunca más, la verdad. Eso me tenía que haber hecho sospechar pero… ¿Cómo iba a pensar yo…? …

La cogí en mis brazos y acaricié su cabecita peluda. – Tranquila , solo es un nuevo sofá– le murmuré al oído…

Esa fue la última vez que la toqué…¡Pobre Missy!.

Ya con la urgencia de sacarme el pijama y las chorreantes ( y mullidas zapatillas), la lancé suavemente al centro del sofá blanco y brillante .Y , ¿qué pasó?… Se oyó un gran “Flop” y Myssy desapareció como engullida por el maldito sofá.

No te puedes imaginar que espanto. No me saco ese “Flop” de la cabeza.

Grité su nombre pero el sofá no me devolvió a Missy. Aterrada, cogí un libro que tenía encima de la mesa. No te creas que uno cualquiera… Era el tocho de los “Pilares de la Tierra”. Bien grande y hermoso…y visible. Lo tiré al sofá y ¡desapareció!. Lancé un cenicero, un jarrón de Murano ( especialmente feo . Ese que me había regalado mi cuñada), el mando de la tele ( si ya sé que eso fue una estupidez) y , por fin, las chorreantes y mullidas zapatillas… El sofá se lo zampó todo. No dejó ni las migas…¿Entiendes ahora por qué te llamo pidiéndote ayuda?. Llevo una semana en una habitación de hotel, esperando que llegué de nuevo el lunes y pueda volver a sacar el sofá maldito del salón de mi casa…

Sólo se pueden tirar los trastos viejos el lunes por la noche y yo sola, no podré sacarlo…

¿Puedes venir a ayudarme?…

 

Foto : Sofá diseño de Lila Lang.

Low Writery.

En estos días de vacaciones…me ha vuelto a pasar.

He tenido un brote de hipergrafía…. En realidad, no he padecido “la inevitable necesidad de escribirlo absolutamente todo”, pero sí que me topé con mi proyecto fallido del último NaNoWriMo y, tras una lectura rápida, sentí la inevitable necesidad de acabar ese texto. Y lo he hecho este mes de agosto.

Al principio, era la historia de un escritor sin historias y, al final, se ha convertido en “Low Writery”, una novela corta o un relato largo, según como se mire.

Ahora viene el mejor momento del proceso: la libero y la dejo aquí, para que sirva de alimento a los habitantes de Leganon…

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Low Writery

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El décimo cajón.

 

Pepa era una mujer práctica. Todo lo que la rodeaba era funcional. Podía haber una coincidencia entre “bonito” y “funcional” y si la había, Pepa se decantaba por lo “bonito” pero…siempre “funcional”.

Había vivido muchos años, sumergida en la agobiante atmósfera del piso de su madre . Allí los tapetes de ganchillo, los jarrones con flores ( de plástico), los recuerdos de bodas, comuniones y bautizos, las fotografías enmarcadas en plata, de todos los miembros de la familia, las cajitas que no servían para nada pero se coleccionaban ( de niña, las había contado: más de doscientas!) ), las cortinitas con volantes, los libros falsos para dar prestancia a la librería de diseño barroco,…La mayoría de objetos que habitaban con la familia, no servían para nada. “pero queda bonito” le decía su madre.

A Pepa ,tanto tiempo bajo el reinado de  “lo-bonito-de-su-madre”, se le había desequilibrado la percepción de lo que era bonito y lo que era feo. Ya no lo sabía. Así que lo único que le importaba de las cosas, era que le fueran útiles.

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Al contrario de lo que puedes estar pensando ahora mismo, la casa de Pepa era bonita. Liviana y clara, de paredes blancas diáfanas, sin cuadros. Había pocos muebles, pero los que había llamaban la atención. Una gran mesa giratoria presidía la sala, y sobre ella descansaba una gran tele extraplana que podía verse perfectamente desde cualquier ángulo. Le gustaba ver la tele.

No tenía sofá. Siempre acaba estirada , en posición horizontal , así que decidió facilitarse la vida y , directamente, comprar una chaise longue ( doble, por sí tenía visita).

Los libros ocupaban una estantería que llegaba al techo, de listones blancos y sencillos con una escalera con ruedas. Lo importante era tenerlos todos a la vista y llegar fácilmente.

El salón se completaba con una gran mesa , rodeada de seis sillas ( para las cenas con amigos), en la que siempre estaba presente su MacBook, abierto y conectado.

En su habitación, sólo había una gran cama y otra tele colgada en la pared. Un gran vestidor daba paso al lavabo en el que había unas mullidas toallas blancas , un albornoz y un espejo-armario en el que guardaba los productos de belleza ( también pocos pero imprescindibles).En el vestidor,  tenía clasificada su práctica ropa : camisas y camisetas blancas, pantalones y faldas negras, jeans , unas cuantas americanas y chaquetas…. Los zapatos , horrorosos pero muy cómodos, ocupaban una zona preferencial y Pepa, había situado una banqueta para sentarse y otra, inclinada, para apoyar el pie y abrocharse los cordones, cremalleras o hebillas más cómodamente.

No había flores, ni plantas. Ni jarroncitos. Ni cajitas.

A Pepa le habían dicho que era la máxima expresión del minimalismo y a ella ya le iba bien. Prefería que la llamaran minimalista que rara…Y es que no le quedaba más remedio que reconocer que aquella aversión por cualquier elemento superfluo a su alrededor, era raro.

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Hacía unos meses que Pepa tenía un amante. Una aventura. Un no-sé.-qué. Ya hacía tiempo que había dejado de buscar una relación seria y formal. No sabía si era por su rareza o por la superficialidad de los amores que  había encontrado pero no tenía pretensiones más allá de compartir unos buenos momentos con otro ser humano. Esta vez, habían pasado los límites temporales habituales y aquel hombre estaba cada vez más afianzado en su vida, muy cómodo en su casa espartana y absolutamente encandilado con Pepa. Ni siquiera le había pedido que se pusiera otro tipo de zapatos… De una forma natural, ella también se empezó a encandilar.

Y encandilándose , encandilándose , un día se descubrió admirando un mueble cajonero en el escaparate de una tienda. Cuando lo vio, su corazón empezó a latir más deprisa. Una sensación de anhelo la recorrió,  de arriba abajo,  mientras su mirada recorría y acariciaba las formas de la cajonera. Lo más extraordinario del suceso es que aquel mueble, no le servía para nada. No lo necesitaba. Era inútil.

Pepa intentó resistirse a la tentación y cada día, se desviaba de su ruta para no pasar por delante del escaparate pero cuando entraba en su habitación, se imaginaba el mueble cajonero perfectamente integrado en una de las paredes…Vacío, claro, porque no lo necesitaba para nada.

Era tal su obsesión que Pepa le explicó su desazón a su amorcito. Al día siguiente, el mueble cajonero llegaba a su puerta, coronado con un gran lazo rojo y un mensaje que decía : Te quiero.

A Pepa nunca le habían dicho te quiero. Ni de viva voz, ni por escrito ni siquiera con un gesto así que se vio aplastada por una onda de amor desbordante y no pudo evitar que el mueble cajonero que no le servía para nada, acabara en la esquina izquierda de su habitación.

En el ultimo cajón encontró una nota del diseñador. El mueble constaba de diez cajones y su nombre era “La Cajonera Definitiva Nº 10”. Explicaba que el décimo cajón era un archivador definitivo. Cualquier cosa que se introdujera allí, quedaría definitivamente archivada y fuera de su vida. Sonrío ante la audacia del diseñador y del departamento de Marketing pero no pudo evitar explorar el décimo cajón para ver si allí había algo especial o fuera de lo común. Cómo era de esperar, sólo encontró un compartimiento vacío…

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Pasaron los días y se fue acostumbrando a la cajonera. El primer cajón le resulto útil y, aunque sólo fuera uno, aquello ya le daba un sentido al mueble. Cada día, lo abría para soltar las llaves del coche y las de casa. Ese, era el cajón de las llaves…Al cabo de un tiempo, utilizó el segundo para dejar las monedas y el cambio pesado que tenía en los bolsillos. Ese , se convirtió en el cajón de las monedas.

Y mientras le otorgaba una función a cada cajón de su mueble, su historia de amor, la que la tenía encandilada, se convertía en una relación sólida , duradera, formal…

Cuando Pepa ya iba por el quinto cajón ( ese sería el de los cargadores de móvil), el amor de su vida le planteó la posibilidad de vivir juntos.  Ella , dudó. Todo era muy “bonito” y , por fin, había sabido que significaba aquello. Sabía que aquello era “bonito”.

No era funcional y práctico…era hermoso. Y tenía miedo…Tal vez, sólo tal vez, aquella faceta minimalista de su alma, podía acabar con aquella relación …Con toda aquella belleza…. Pero Pepa, que ante todo era muy práctica, reflexionó y pensó que podían hacer una prueba. Un “ a ver qué tal”. Si la cosa se intuía mal, siempre podían volver a ser amantes y amigos.

Las vacaciones , les otorgaban una semana de tiempo libre y… de test. El amor de Pepa, hizo su maleta para pasar una semana con ella. Llegó a su casa y no esperó a acomodar sus cosas sin antes besarla, abrazarla y hacerle el amor. Cenaron, vieron películas antiguas estirados en la chaise longue y se fueron a dormir. Al entrar en la habitación, se demoraron admirando el mueble cajonero, símbolo de su querer y leyeron, de nuevo, la curiosa etiqueta que había en el décimo cajón.

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Al día siguiente, desayunaron haciéndose arrumacos mientras se juraban amor eterno. Pepa estaba tan emocionada que estaba dispuesta a aceptar unas flores para ponerlas en un jarrón. No servían para nada pero…¡eran tan bonitas!…

Mientras se duchaba, oyó la voz del amor de su vida. Lo había dejado deshaciendo su maleta : Cariño, ocuparé el último cajón para mi ropa interior. ¡El décimo y definitivo!- dijo mientras reía.

Y cuando Pepa oyó la última palabra, un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Salió de la ducha, envuelta en su albornoz y no vio a nadie en la habitación. La maleta no estaba en su sitio. Recorrió la casa y revisó todas las habitaciones, mientras iba preguntando ¿Amorcito?. No había ni rastro.

Temblaba descontroladamente cuando entró, de nuevo, en su dormitorio. El décimo cajón del mueble cajonero, emitía una luz roja intermitente. El pomo se desplazó hacia fuera y desplegó una pantalla digital . No era bonita pero sí muy funcional…

Lo último que Pepa vio, antes de desmayarse ,fue el mensaje que parpadeaba en el display del pomo del cajón : “Archivado y Fuera de Su Vida” .

 

Demasiada estupidez.

Nunca hubiese dicho que disfrutaría de la lectura de un ensayo.  Un análisis demográfico, económico e histórico … Suena duro pero si resulta que sobre lo que se reflexiona es sobre la estupidez humana, la cosa entra mejor. Es más, se desliza suavemente, te sorprende y te engancha.

El libro de Carlo M. Cipolla, «Allegro ma non troppo» llegó a mis manos , con la exquisita recomendación (fervorosa) de una gran lectora ( de la que me creo todo lo que me aconseja…). Cipolla fue un historiador italiano , especializado en economía que un día se puso a pensar en la estupidez humana.

Y en estos últimos tiempos, visto lo visto en cuanto a la gestión económica y social del país, yo diría que en España, abundan los estúpidos poderosos. Y, cuidado, que la estupidez es contagiosa y ya no sirve eso de ser estúpido sólo si eres del bando A o del bando B. Ahora, la estupidez ya va en plan plaga, afecta a todos los bandos.

Las cinco «Leyes Fundamentales» de Cipolla , no tienen desperdicio. Sería bueno que «Alegro ma non tropo» fuera de lectura obligatoria para ayudarnos a sobrevivir a la estupidez. La nuestra por dejarnos y la de los otros, por «causar pérdidas» ( ver ley nº 3).

1-. Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación.

2-. La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.

3-.Una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas.

4-. Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar y circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

5-. La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.

Pero, tras su lectura, hay que añadir lo siguiente :«Corolario de Livraghi a la Primera Ley de Cipolla : En cada uno de nosotros hay un factor de estupidez que siempre es más grande de lo que suponemos.» El poder de la estupidez, Giancarlo Livraghi

Demasiada estupidez.

En definitiva, un post estúpido ?…

N. B 1( no tenía ni idea ) : Corolario :m. Proposición que no necesita comprobarse, sino que se deduce fácilmente de lo demostrado antes.

N.B 2: Ilustración Imjustcreative


Mafalditis Crónica .

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Dedicándome a re-situar algunas cosas de la casa , me he reencontrado con el libro-tocho «Todo Mafalda».

Siempre que capta mi atención , me paro unos minutos y lo abro al azar…Es inevitable que pase el tiempo y me quede enganchada… Siempre me sorprende …Y tiene mérito, porque ese es un libro manoseado y leído y releído… Pero ahí está ella, la niña contestona y preguntona . Me encanta Mafalda.

Hace un tiempo le preguntaron a Quino, su creador, si creía que Mafalda aún estaba vigente :  «La temática, lamentablemente, sigue de actualidad. Eso de que el mundo sea un desastre no cambia». 

Mafalda tirasEste hombre podía haber estado haciendo tiras de Mafalda de forma infinita y en bucle, sin apenas alterar los esquemas básicos. Un producto sin fecha de caducidad. Por ejemplo:

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El día que Mafalda esté obsoleta, ese día, tenemos que alzar nuestras copas y brindar. Pero eso no quita, que yo deje de ser adicta al espíritu Mafaldero y, de vez en cuando,me de unas dosis.

Como ahora.


 

N.B : Siempre he tenido curiosidad por saber cómo habría evolucionado el personaje de Mafalda. ¿Cómo sería de mayor?. Pocos se han atrevido a jugar con esta niña prodigiosa, pero he encontrado dos «versiones» de Mafalda : a los 18 y a los 30.

Tira del dibujante Caloi. Diario Clarín de Buenos Aires

Caricatura del dibujante Ombú . Semanario «El País Cultural» Uruguay.

 

 

El autobús dorado que solo veía el abuelo.

Recupero este texto  del 2011…

Es tierno… Para contrarrestar a La Asesina del Pollo … ; – )

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Rogelio Rojo Reja había nacido en el autobús número 27 de la Línea 2 , casi llegando a la calle Balmes de Barcelona. Y digo casi, porque el conductor tuvo a bien parar el autobús, en medio de la calzada , a un semáforo de esa calle y ayudar a la madre de Rogelio a dar a luz ..

Rogelio, que así se llamaba el señor conductor , fue el que sostuvo los delicados hombros de Rogelio Jr y lo giró y estiró y lo sacó del interior de su madre para darle la bienvenida al mundo, en un autobús viejo y desvencijado. El niño lloró como un poseso, inundado sus pulmones del aire que había en el autobús, rodeado de los escasos viajeros que hacían la ruta del 27, a las 5:30 a.m . En aquella mañana fría de invierno, Rogelio se convirtió en una anécdota enternecedora que explicarían a sus hijos y a sus nietos. Siempre recordarían la oscura madrugada en la que vieron nacer a un niño en un autobús…

Rogelio nunca se sintió diferente por haber nacido en un autobús. Desde muy pequeño, había hecho la misma ruta con su madre una y otra vez y sabía el lugar exacto en el que había hecho su aparición estelar en el planeta. Incluso, antes de que desguazarán el autobús , el tío Rogelio, su chofer durante tantos años, había conseguido los dos sillones en los que su madre lo había parido . Los conservaban en el garaje, bien lustrados y brillantes.

El día que cumplía 18 años, Rogelio estaba en la esquina, a unos metros de la calle Balmes ,donde el tío Rogelio había estacionado el vehículo y él había nacido, celebrando su mayoría de edad. Hacía dos años que faltaba su madre y desde su desaparición aquel ritual de ir a aquella esquina y observar la circulación, la calle y a las personas que caminaban había cobrado un sentido diferente. En aquel lugar se sentía conectado a ella…Estaba ensimismado, reflexionando sobre que decisión tomar en su vida en ese momento tan trascendental. Quería estudiar derecho en la Universidad pero también le atraía la Sociología. Estaba hecho un lío. Además, la chica por la que bebía los vientos iba a hacer Psicología y esa facultad estaba en el mismo edificio que la de Sociología y…Sus ojos detectaron un destello. Un autobús ascendía por la calle, en dirección Balmes y el sol incidía en la carrocería de forma que parecía envuelto en un halo dorado. Rogelio lo contempló fascinado y casi se le detuvo el corazón cuando vió cómo el autobús estacionaba en la esquina. No se abrieron las puertas, ni había nadie en su interior. En el lateral que quedaba frente a su mirada, había un gran anuncio de relucientes letras y luces de neón que decía: “Derecho en la Autónoma”. El autobús reemprendió la marcha y se perdió calle arriba mientras Rogelio recuperaba la respiración sabiendo, ya , que iba a estudiar la carrera de Derecho. Y en la Autónoma.

Al año siguiente, el suceso se repitió. Apareció el autobús dorado con un mensaje concreto : «Quédate en España». Y Rogelio rechazó una beca para un intercambio en una ciudad europea que se vio arrasada por un terremoto. El epicentro se produjo en las inmediaciones de la Facultad de Derecho…

Año tras año, Rogelio acudía a aquella esquina el día de su cumpleaños y año tras año, el anuncio del autobús le guiaba en las decisiones que debía tomar . Escogió un trabajo en un bufete pequeño aún teniendo la posibilidad de trabajar en uno de renombre. Al poco tiempo, el gran bufete se vio afectado por un gran escándalo que hundió la carrera de los abogados que allí trabajaban. Su despacho ganó reconocimientos internacionales en temas de Derecho Medioambiental y Rogelio se convirtió en una figura de gran prestigio en este campo. Se casó con una finlandesa, enamorada de la ecología ,aunque a punto estuvo de dejarla escapar…pero el anuncio del autobús le mostró hasta el anillo de compromiso que debía regalarle. Rogelio conoció el amor y tuvo dos niños preciosos, Rog y Elio, que lo hicieron inmensamente feliz.

Vendió las acciones que había heredado cuando se lo indicó el autobús y consiguió una considerable fortuna. Dejó su trabajo en el momento indicado y se dedicó a escribir. El título de su primera novela, basada en una trama de desastres medioambientales que fue best-seller mundial, también fue cosa del autobús…

Pasó el tiempo, sus hijos se casaron y su querida esposa falleció. La pena lo dejó agotado , hasta que el autobús le anunció que volvería a ver a su finlandesa y que estaba bien. Tuvo tres nietos a los que les explicaba la historia de su nacimiento en el número 27 de la Línea 2, a unos metros de la calle Balmes y que lo acompañaban, el día de su cumpleaños, a ver el autobús dorado que sólo veía el abuelo

Rogelio envejeció rodeado de cariño y nunca dejó de acudir a su cita de aniversario. Los niños ya habían crecido y ya no les divertía aquello de estar en la esquina, viendo al abuelo con aquella gran sonrisa y la mirada perdida, mirando algo que nadie podía ver así que llegó un día que Rogelio volvió a ir sólo, sin hijos ni nietos .

Lo vieron feliz cuando los abrazó y se despidió. Nunca más supieron de él.

Los que estaban en aquella esquina , no repararon el aquel anciano de gran sonrisa y semblante sereno, que se esfumó en el aire como por arte de magia. Nadie vio el autobús dorado que se paraba en la esquina, con un gran anuncio que decía : “Bienvenido.” Ni se percataron de cómo Rogelio subía a él y se abrazaba a los viajeros. Su madre, el tío Rogelio y su querida finlandesa…

A unos metros de la calle Balmes, el autobús se perdió en el horizonte…Dejó una estela dorada pero…casi nadie la pudo ver . Los que sintieron aquel destello momentáneo , aseguran que era el autobús número 27 de la Línea 2.

Sant Jordi 2016

 

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Foto : Acción/Evento para el Día de los Enamorados (2013) del Museo de Cera Madam Tussauds (Londres)

De lectores.

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Se acerca el Día Internacional del Libro y, por supuesto, el Día Internacional del Lector (en realidad, he visto en la red que el día del lector es el 24 de agosto, día en el que nació Jorge Luis Borges, pero…).

Un libro sin lector no tiene sentido. No es nada así que, por necesidad imperativa, el próximo 23 de abril, será el día de todos los que leen. Los Lectores, en plan secta.

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El año pasado, los hábitos de lectura (CIS) indicaban que una de cada tres personas en España no leían nunca o casi nunca. Un 35% de los encuestados. Cuando leí el dato me supo muy mal por ese 35% porque yo siempre he considerado que la capacidad de leer es un regalo inmenso que -no sé quién o qué- ha otorgado al ser humano.

No importa si son libros de papel o electrónicos. No importa si son grandes novelas o humildes blogs. Leer, en cualquiera de sus facetas lúdicas, es una maravilla…

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Puedes irte, puedes aprender, puedes soñar, puedes sentir, puedes averiguar, puedes divertirte, puedes llorar, puedes …Tantas cosas pueden los libros que no acabaría nunca la lista.

Me sabe fatal que, en mi entorno, haya “una” de esas “una de cada tres personas “que se pierda ese gran tesoro que es leer un libro, así que para este próximo sábado 23 de abril, me he propuesto captar para la Secta de los Lectores del Mundo a uno que no lo sea…

Y, ahí estoy, acechando …

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 “Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe.”
Jorge Luis Borges

Mafalda, otra vez ( y es que aún sirve…)

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Siempre hay una viñeta de Mafalda que sirve para describir nuestro mundo de hoy…

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En España, los políticos que-parece-que-van-a-intentar-si-pueden-por-coeficiente-intelectual dialogar… O sea, sentarse a hablar ¿?

Buenos

Lo peor del asunto es que a su déficit de diálogo se suma su incapacidad total para las matemáticas. Operaciones básicas como las sumas, se les hacen grandes…La verdad, esto da miedo…

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Y si leyera los datos del Informe Anual de Amnistía Internacional 2015/2016, creo que a la pobre Mafalda le daría un colapso…

Lo más preocupante, por eso, es que no se lo dé a la Organización de Naciones Unidas (que somos todos ¿no?).

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Y acabo con la misma pregunta que me hago siempre en este blog : ¿No sería bueno que fuera obligatorio leer la obra completa de Quino ( ya no sólo Mafalda) para ejercer cargos de representación de la humanidad?

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Ahí lo dejo.

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NB : Añado esta viñeta me gusta especialmente.

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La Rue del Percebe (+ Up )

Las nubes han desaparecido y el cielo está de un azul que casi es mórbido. Dan ganas de darle un mordisco… Decido que es un buen día para sacar el polvo del sillón de mimbre, airear los cojines y sentarme a leer en mi minúscula porción de jardín.

Vivo en la casa de mi abuela. La heredé y la olvidé hasta… la crisis. Es curioso como mi crisis coincide con la crisis. Son tiempos, pues, de crisis total. La mía, se resume en un divorcio fulminante .Uno de esos en los que yo no me había enterado de que las cosas estaban en …crisis y cuando lo supe, ya era una petición de separación en toda regla, formal y con abogados de por medio. A mi incredulidad y estado de shock emocional, se le debía sumar que el nuevo amor del cabrón de mi ex, no era otra que mi amiga Lola. La buena de Lola, sí. Esa.

En un plis-plas, me vi sin mi amor, sin mis amigos, sin mi vida y…sin mi casa. La crisis, esta vez no la mía, la del país) nos obligó a poner el piso en el que vivíamos a la venta a un precio que jamás habíamos imaginado por ridículo. Conseguimos pagar la hipoteca restante y punto. Ni un duro …Ah! Y encima, con la sensación de que la venta, había sido un milagro…

Sin nada más que una mochila cargada a mis espaldas , con una depresión de caballo, me trasladé a la casa de la abuela. Me fui de la ciudad, a un pueblo a unos 40 kilómetros que había sido urbanizado casi en su totalidad…menos la parcela de mi abuela. Se negó a vender su casita vieja , con sus 70 metros de jardín . Eran tiempos en los que las cifras que le ofrecían daban vértigo, pero ella , que no. En unos años, se vio rodeada de bloques de pisos. Eso sí, muy modernos y con piscina. Bonicos, decía la abuela.

Ahora, con la crisis, ningún promotor o constructor quiere esta parcela.

Aún no me he acostumbrado a vivir aquí. Ni a vivir sola. Es posible que me deba acostumbrar a vivir, en general pero…se me hace un mundo. Salgo lo justo , para ir al trabajo ( que aún conservo aunque haya estado de baja por depresión demasiado, demasiado tiempo) y después ,me encierro . En la casa de la abuela…

Hoy, estoy animada y tras las tormentas de esta última semana, ha amanecido uno de esos días radiantes , de luz clara y temperatura agradable. Seguro que ha habido otros días como éste, pero mi tristeza me ha incapacitado para detectarlos. Hoy, lo veo. Es un avance.

Salgo al jardín y me siento amenazada por los edificios que me rodean. En los laterales de mi parcela, se alzan dos paredes de hormigón gris. No veo ventanas, sólo cemento. Y en la parte frontal hay un bloque con sus terrazas encaradas hacia mi jardín que me hacen sentir observada. No veo a nadie pero tengo la sensación de que estoy expuesta.

La abuela, siempre actuaba como si allí no hubiese cambiado nada, y seguía regando sus rosales y cuidando su pequeño jardín…Decido fingir que estoy en un paraíso de aromas fragantes y tonos coloridos. Mientras hiervo el agua para mi té de canela, preparo el sillón de mimbre.

No diría que me siento feliz pero si un poco mejor que hace unos meses… Me acomodo y acaricio la portada del libro. Doy un sorbito a la infusión, mientras alzo la vista y me quedo como encantada, mirando el bloque de pisos, con sus terrazas…

En el 3º A vive una mujer de mediana edad. Yo también estoy en esa franja pero…soy más moderna. Su ropa es gris y sosa. Falditas a media rodilla y blusas de mercadillo, de estampados insulsos. La he visto un par de veces, en el mercado. Siempre me saluda educadamente. En estos momentos, la veo en su terraza, con los rulos puestos y una bata rosa holgada (apostaría que es guatiné) . Esta tendiendo la ropa en un tendedero plegable que , después, esconde en un armario…Desaparece y oigo el sonido amortiguado de la aspiradora… Pienso en que hoy, día festivo, de sol radiante, aquella pobre ama de casa está trajinando en sus labores domésticas, sin tiempo parar…Vuelve a salir y tiende otra tanda de ropa.

Intento concentrarme en la lectura pero, la actividad de la vecina del 3ºA y los ruiditos que eso implica me distraen. Ahora, me llega una voz atenuada. ¿Una conversación? Miro, de nuevo, hacia el edificio. La vecina del 3ºA ha desaparecido y a la que oigo es a otra mujer. Está en un piso muy alto, yo diría que el Ático. Su terraza, ocupa toda la extensión del bloque. Su piso equivale al A, B y C, juntos…Está apoyada en la baranda decorada con terracota y plantas tipo cactus, con su preciosa melena larga y escalada, de color rubio intenso, expuesta al sol y una camiseta de tirantes que marca una preciosa figura. También he coincidido un par de veces con ella en la tienda de licores y vinos. Voy allí cuando me invitan a alguna cena .Ahora, cada vez son menos. Los amigos toman partido y parece que, de momento, no me escogen a mí pero, a los pocos que si me invitan ,me gusta obsequiarles con un buen vino.El tendero me explicó que la chica despampanante, tiene una reserva mensual de una caja de Champagne. Del francés y del caro. Debe estar hablando con su novio. O con sus amigas, para salir por ahí. Siempre va muy arreglada y con una actitud de…resolución. Cuando la veo, me siento andrajosa…Un piso precioso, coche, pareja, amigos, vida social…Encima, es guapísima. Creo que se está riendo…No me extraña.

Se da cuenta que la miro-creo- y se mueve por la amplia terraza hasta que ya no la veo y sólo oigo el rumor de su voz. Veo a la señora del 3ºA que sale a la terraza. Toca las prendas (supongo que es la prueba de tacto para ver si están secas) y vuelve a entrar en su piso. Aún lleva los rulos.

Quiero leer , de verdad, pero cuando ya he dado el último sorbito a mi té y me dispongo a abrir por la página que he marcado, veo a otro de los vecinos del bloque. ¡Eh! Es el hombre guapo… Creo que vive en el 2ª B con su mujer y dos niños. Es un hombre guapísimo y, a todas luces, encantador. Lo veo, con el coche, cuando lleva a sus hijos al colegio ( los niños también son una monada) . Alquilé una plaza de párquing en el edificio. Su mujer, también es…perfecta. Los ves ,a los cuatro, y sientes envidia de eso de “la familia ideal”. Si me lo cruzo, me quedo tan alterada por su belleza que bajo la vista y no saludo por no tartamudear. Está fumando, en la terraza…Su torso está desnudo y le adivino la tableta de chocolate. Wow! Me mira. O eso creo desde esta distancia. ¡Qué vergüenza! Pensará que soy una cotilla…

Empiezo a leer, esta vez de verdad y me enajeno. Me olvido de los vecinos. Me olvido de mi vida. Me olvido de la pinta que debo tener, en este rectángulo de césped, rodeada por edificios por los cuatro costados, en este viejo sillón de mimbre…Me he puesto la pamela:  me resguarda y me da la privacidad que necesito…

(…)

2ºB

No debería fumar-piensa Mario, mientras se apoya en la baranda de la terraza pero…Es una de esas ocasiones…Los niños se han ido a pasar la Semana Santa con los abuelos y, por fin, María y él se han podido quedar a solas, de verdad. Han hablado. Mucho. Desde el nacimiento de Pol, ahora ya hace tres años, han dejado prácticamente de ser amantes. Son una familia. Se quieren. Son amigos pero…no hacen el amor…

María siempre está cansada. Pendiente de los niños, siempre. La terapeuta le ha dicho que debe repartir sus afectos, que la sobreprotección es mala para los niños y que ha dejado a su pareja, en un segundo plano. Y, hoy, tras un desayuno romántico, Mario le ha hecho el amor con desesperación. Se siente satisfecho. Es el primer paso.

Las cosas se arreglarán-piensa esperanzado mientras da la última calada. Observa a la mujer que vive en la casa de enfrente. Se ha quedado aislada, entre los edificios de nueva construcción. Mario piensa que es una persona extraña y prepotente. Nunca lo saluda. Se encuentran en el párquing y ella, pasa por su lado, altiva, sin dedicarle ni un educado “Buenos Días”…

María se está duchando. Ya ha cumplido y ve que Mario está contento. No puede dejar de pensar si su suegra le habrá dado la medicación homeopática a Pol o si Mario Jr, estará bien…Estas últimas semanas, ha vuelto a mojar la cama…

Ático

Silvia se pasea por la terraza con un ataque de ansiedad. La llamada no ha sido la esperada. Ni la prevista…Vive en un ático precioso, tiene un coche precioso, un pelo precioso y un amor imposible que ni es precioso ni es nada… Ha caído en el estereotipo : es la “otra”. La amante de un hombre casado. El sexo del poderoso. O eso es lo que creen los demás, lo sabe. Ella está enamorada , profundamente, de un hombre que está comprometido con otra mujer, que es padre de familia y …su jefe. Por él ha renunciado a la maternidad. A sus amigos. A su familia. Tiene cosas, muchas cosas. Incluso ha comprado nuevas amistades pero…no lo tiene a él. Le dice que ya no quiere a su mujer, que algún día se lo dirá.

Silvia sabe toda la verdad. Es rubia de bote y no es tonta. Es consciente que las excusas de los hijos y , ahora, de la enfermedad de su mujer son eso, excusas. Él nunca va a elegirla a ella. Y aun sabiendo que es así, no puede evitar sentirse enamorada y dejarse engañar. No va a venir. Es Semana Santa y tiene que estar con sus hijos. Ella le ha respondido que no pasa nada, que lo entiende y se ha reído de sus gracias aunque el corazón se le hacía añicos y lo único que deseaba era tirar el iPhone por la terraza de su ático y verlo estrellarse contra el suelo…

Por un momento, se recrea en la mujer que está leyendo en la casa de enfrente. Se la ha encontrado en la Bodega, donde ella encarga el champagne que él toma, sólo esa marca y bien frío, casi frappé…

Nunca ha entendido porqué esa gente, no ha vendido la parcela…Para vivir, así, entre cemento, mejor le hubiera ido con un piso con una macro-terraza pero…Se la ve a gusto con esa pamela horrible y su tacita de té. Da la sensación que está en paz consigo misma, en ese sillón antiguo, leyendo tranquilamente.  Es afortunada, no tiene que luchar por el amor, no compite con otra mujer y pierde…Silvia entra en su ático de diseño y se sirve una copa de champagne. Es muy pronto, lo sabe. Sabe que no debería beber tanto pero… está muy frío, casi frappé…

3ºA

Lucía está nerviosa. Pero son de esos nervios buenos. De los de la expectativa, de los del mariposeo en el estómago… Se ha despertado bien tempranito para poner la casa a tono. La casa y a ella, en toda su magnitud. Hoy….Hoy ha invitado a Pepe a comer. En su casa…y eso significa muchas cosas…

A sus cincuenta años y tras varias relaciones fracasadas, la solterona Lucía, se ha enamorado perdidamente. Hasta las trancas. Como una niña. Y lo mejor de todo esto es que es correspondida. Total e inequívocamente correspondida…Es más, Pepe le ha dicho que la quiere. Y es verdad.

Hoy, todo lo hace silbando y cantando. Pasa el aspirador y comprueba que el salón esté perfecto. Ya ha preparado la mesa, con vistas a la piscina. Se ha duchado y ha aprovechado para depilarse. Lo ha hecho con mimo y cuidado. Su piel , ahora, esta suave y huele a perfume. Se ha embadurnado con crema hidratante , de esas que llaman Body Lotion, de la marca de su perfume favorito y está encantada con el leve rastro de fragancia que provoca al caminar. Se ha puesto unos rulos para que el pelo le quede con un poco de volumen y está preparando el sofrito de una paellita para chuparse los dedos. Lleva su bata rosa que ya ha visto mejores tiempos pero es perfecta para cocinar . Se cambiará de ropa en el último momento.

Ha hecho una lavadora con toda su ropa interior decente. La de algodón, blanca y  sencilla, la ha dejado en el cajón. Todas esas puntillas y encajes, llevan años sin usarse y Lucía , que aún no ha decidido que juego de bragas y sujetador se va a poner, ha decidido lavarlo todo. Para que se impregnen del olor de suavizante… Cree que le dará tiempo a que se sequen todas las piezas, hoy hace un día radiante y el sol calienta lo suyo… Ve que la mujer de la casa de enfrente ha salido a leer, a su jardincito. Le emociona pensar que es una rebelde que no ha querido dejarse comprar por las constructoras…Le gusta el jardincito y le envidia las rosas. Está pensando en plantar unos rosales en macetas, en la terraza…Se la ha encontrado en el mercado y se han saludado amablemente. La oyó hablar con la frutera de las tartas de manzana que hacía su abuela y se quedó con las ganas de pedirle la receta. Hacer repostería y pasteles, es su perdición. Cuando Pepe cate el pastel de tres chocolates que le ha preparado, está segura que caerá a sus pies. Bueno, ya ha caído…Hoy, lo van a rematar.

Siente las mariposas, que ya son miles, en danza por la tripa y bajando hacia zonas menos nobles. Comprueba que a las bragas de encaje aún les queda un poquito y se adentra en su piso. Cambia las sábanas de su cama y se dirige a la cocina. El sofrito huele de maravilla…

NB : Up es una película de Disney/Pixar. De mis favoritas. ; – )