Por mucho que se empeñen, el día de la liberación, como tal, no existe en un día como hoy, 2 abril.
Por si acaso, se lo he preguntado a Grok, y me dice esto:
El «Día de la Liberación» el 2 de abril no parece ser una celebración ampliamente reconocida o establecida a nivel global o en un contexto histórico/cultural específico basado en la información general disponible. Sin embargo, podría estar relacionado con un evento local, regional o conmemorativo que no es de conocimiento común o que tiene un significado particular en un lugar específico.
Así que he creado “El día de la liberación de las flores”, que es primavera y el mundo es bonito.
Desde arriba, el bosque se ve precioso. Copas frondosas, árboles de todos los colores, un cielo azul al que le puedes dar un mordisco… Un espacio, desde el que, ni queriendo, puedes ver lo que hay abajo.
Me gusta caminar. No es nada nuevo. De joven, había días en los que no cogía la moto para ir a la facultad y hacía el camino andando. No era mucho, unos tres cuartos de hora, pero resultaba placentero, sobre todo a la vuelta. Si ya había anochecido o casi, veía los pisos iluminados, las diferentes estancias, y fantaseaba con las vidas que se adivinaban allí.
Ahora acostumbro a unificar recados y hacerlos todos andando. Lo he convertido en una rutina. Al principio, llegaba a casa con las bolsas colgadas al hombro, y el camino se volvía penoso al final. Pero evolucioné hasta comprar un carrito de la compra, un artilugio que nunca había tenido en mi vida. Todo un descubrimiento. Es simple, pero muy funcional.
Modelo RADARBULLE de IKEA.
Y me sigue pasando lo del fantaseo. Voy con los cascos, oyendo música, y ahora que es invierno, cuando el sol ya se pone, veo las luces de los pisos. El fulgor azulado de las televisiones me hace pensar en alguien sentado en un sofá o un sillón, pendiente de la pantalla. Pero las luces que más me gustan son las de las cocinas: focos, lámparas colgantes, fluorescentes que se intuyen detrás de las cortinas o se ven directamente desde ventanas desnudas. Hay trasiego. Apago la música y escucho los sonidos de la cocina. Llegan aromas, a veces apetecibles, otras no. Veo personas moviéndose por la estancia como en una coreografía, estirando los brazos, removiendo lo que haya en la sartén. Imagino las vidas de las familias, de las parejas, de los solitarios que habitan allí.
Pienso en positivo. Son imágenes bonitas. No tiendo al drama, que bastante hay ya en el mundo. Pero el otro día, en mi fantasía, apareció una pregunta: ¿qué hemos hecho?, ¿qué han hecho todas esas almas para que el gobierno mundial del planeta esté en manos de gente que, si algo no aporta, es luz? Todo lo contrario, imponen la oscuridad.
Sigo caminando , arrastrando mi carrito y vuelvo a la música . Escucho la voz luminosa de Chiara Civello cantando Il Mondo.
Il mondo Non si è fermato mai un momento La notte insegue sempre il giorno Ed il giorno verrà.
Parecen irreales, como si viéramos capítulos de una serie de éxito, con grandes efectos especiales. Una de esas distópicas, repleta de tópicos recurrentes:
Ocurren cosas que, al principio, parecen insignificantes.
Los protagonistas se acostumbran a guerras y cadáveres, incluso de niños.
El planeta sigue consumiéndose sin que nadie logre detener su degradación.
Locos y payasos llegan al poder. La gente observa, pasiva, consciente de que debe actuar como sociedad, como humanidad, pero no lo hace. No sabe cómo. Solo mira. Incrédula.
Anuncian que un meteorito se acerca a la Tierra con cierta probabilidad de impacto.
La probabilidad aumenta.
Mientras siguen en sus guerras , carecen de tecnología para evitar la colisión, como hizo Bruce Willis, en Armageddon.
El meteorito impacta.
La humanidad se extingue.
El planeta renace. Surge otra humanidad, teóricamente más consciente y feliz.
Me viene a la cabeza el dicho: La realidad supera la ficción. Y así estamos. Los eventos reales pueden resultar más sorprendentes, inverosímiles o impactantes que cualquier historia imaginada.
De nuevo, recurro al querido Bruce . Necesitamos un giro de guion urgente y contundente, como en El sexto sentido, para que esta temporada de nuestra serie tenga un final verdaderamente bueno. Bueno para todos.
Tal como está el planeta, es un buen momento para recordar “La Regla de Oro”.
Este principio ético universal propone tratar a los demás como queremos ser tratados.
Es fascinante que, sin importar la religión o la filosofía, todas las civilizaciones hayan llegado a la misma idea: el respeto y la empatía son esenciales para una sociedad armoniosa. Ha surgido en distintas culturas y credos. Confucio, Platón y Cicerón la expresaron en la antigüedad. También está presente en el cristianismo, el judaísmo, el islam, el budismo y el hinduismo.
Existe desde hace siglos, y todos la conocemos. Aun así, quienes podrían mejorar el mundo la ignoran. Ni siendo de oro…
Hay una niebla sutil que lo invade todo y que tiene un nombre: Weltschmerz
Esa es la enfermedad que padecemos en estos tiempos, en modo local y en modo global.
El «efecto Weltschmerz» se refiere a un sentimiento profundo de melancolía o desilusión que surge al confrontar las imperfecciones del mundo real con los ideales o expectativas de una realidad más justa y satisfactoria.
Estamos tristes .
Este concepto, originario del alemán significa, literalmente «dolor del mundo». Y es que, hoy, el mundo duele.
Pero hay esperanza porque también existe el concepto opuesto.
La “alegría por el mundo” , Weltfreude. Un sentimiento de apreciación y alegría por la belleza y la bondad de la vida.
No pasa mucho tiempo sin que me tome un Mafaldazo de esos bien cargaditos o un poco de Quino para no atragantarme de impotencia.
Y es que leo la prensa, veo la tele y me pasa lo que a todos…Es curioso como «todos» ( que somos más) vemos que no vamos bien. Es ver todo ese lío y necesitar un poco de Mafalda… ¡Qué claro lo tenía Quino!
Los mismos errores eternos…
Quino ya lo veía …
Ya tocaba un poco de Quino… Hoy más que nunca y parece que cada vez más…
Hace unos días , escribía el post “Corred hacia la luz”, en el que intentaba describir las direcciones opuestas que ha emprendido la política versus la ciudadanía.
Tras las inundaciones en #Valencia, solo podemos constatar, desgraciada y dolorosamente, que , efectivamente, transitamos por carreteras diferentes.
En el “día después”, no se ha sabido actuar con la rapidez , la coordinación y la empatía que la situación requería. Y si no hay empatía , la velocidad en la respuesta de ayuda no era negociable.
El intervalo temporal en la toma de decisiones, ha sumado más dolor a una situación extremadamente frágil.
Y en este contexto, han aparecido ellos.
Los #voluntarios anónimos que son luz , en estos días oscuros.Es emocionante ver a la multitud que ha acudido con palas y rastrillos a sacar el barro de las calles, a llevar agua, medicamentos o comida. Son gente normal que transita en esa carretera solidaria.
Después de la rabia y el dolor, llegará la reflexión.
Mientras tanto, estamos en deuda con ellos, por empezar a andar hacia los que lo necesitan…ahora.
«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo” . Eduardo Galeano.
Sí. Ha sido el mayor éxito de ventas a nivel mundial de un producto de consumo masivo. Supera todas las expectativas. Todo comenzó el Halloween pasado, con la aparición de un disfraz compuesto de una chaqueta y una máscara blanca. De la máscara no se sabe nada, pero la chaqueta —como se descubrió después— otorgaba a quien la vistiera la actitud de la «indiferencia».
La indiferencia es la falta de interés o preocupación ante algo o alguien; es la ausencia de reacción. Esta actitud puede considerarse negativa o positiva, según el contexto. Si lo que hay es una falta de empatía ante, por ejemplo, el sufrimiento humano o la injusticia social, esta actitud es un defecto. En cambio, si mostramos indiferencia ante críticas destructivas o provocaciones, estamos haciendo gala de un gran equilibrio emocional. En ese caso, la indiferencia es una cualidad.
El equipo de marketing encargado de promocionar la chaqueta en medios digitales, redes sociales, medios físicos y convencionales como la televisión y la radio, adoptó un eslogan estoico: «No hay que preocuparse por las cosas que no podemos controlar. La indiferencia es muestra de sabiduría». Lo que pasa es que lo pronunciaba Brad Pitt, y la chaqueta se empezó a vender como churros.
Mi vecino, el que reciclaba hasta el último resto de material orgánico e inorgánico que entraba en su casa, se la compró. Había invertido sus ahorros en placas solares, en un coche eléctrico y en siete cubos de clasificación para reciclar. Jamás utilizaba bolsas de plástico e intentaba gastar la mínima cantidad de agua, siguiendo las recomendaciones del gobierno ante la alerta de sequía… Ahora ya no lo veía en los contenedores con sus bolsas separadas, y llevaba una moto que rugía al arrancar.
Cuando le pregunté por qué se había comprado la chaqueta, me respondió que, aunque él se preocupara por el planeta, era tal la cantidad de seres humanos que no lo hacían que su aportación, tan minúscula, no iba a servir de nada. Así que, mejor ser indiferente. La moto era un sueño de juventud.
«La población tiene la sensación generalizada de que lo que pasa en el planeta escapa a su control. No sirven los sacrificios personales, las grandes manifestaciones, las huelgas, ni las elecciones en los países que lo permiten. Las decisiones las toman otros, por todos los demás. El calentamiento del planeta sigue in crescendo, las guerras no se detienen, la desigualdad económica se hace más extrema, las sociedades se polarizan… Ni siquiera la esperanza en las generaciones futuras detiene esta sensación de que esto ya se nos ha ido de las manos hace tiempo». Me lo dijo tan convencido que casi me la compro.
Vuelve a ser el disfraz más vendido para Halloween.
Este año, el anuncio de la chaqueta es espectacular. La lleva puesta un tal Epicteto, un filósofo estoico, que, mirando directamente a cámara, dice: “No son las cosas las que nos perturban, sino la opinión que tenemos de ellas.»
Pero a mí la chaqueta me da miedo. Yo tengo «opiniones» y me preocupa que controlen mi indiferencia, que decidan a qué estímulos debo responder y quién lo hace. No se lo he dicho a mi vecino, que ya parece de una secta, pero en un acto heroico he pegado un mensaje en el tablón de anuncios de la comunidad y en el ascensor:
«El mundo es un lugar peligroso, no por aquellos que hacen el mal, sino por aquellos que miran sin hacer nada con indiferencia». —Albert Einstein.
De momento, no me compro la chaqueta. Y digo «de momento» porque ya he leído que pronto será obligatoria.
Voy a disfrazarme de elefante rosa iluso, como el año pasado, mientras pueda o hasta que me sea indiferente…
Dos direcciones. No sé si diría “opuestas” pero sí que son diferentes.
Una es la dirección de la ciudadanía. Con los problemas reales con los que se batalla día a día. Sanidad, Educación, Vivienda, Atención a los Mayores y a los Dependientes, etc., etc.. Son puntos comunes en los que nos encontramos todos.
Parece mentira que la Ley de la ELA fuera una excepción afortunada de este cruce de caminos , un acto meritorio, casi heroico cuando debería ser lo habitual : que se aprueben leyes que nos beneficien a todos, sin importar la ideología. Eso es la ciudadanía, el conjunto de todos , diferentes, pero con necesidades comunes que nos hacen uno.
La política , los políticos emprenden sendas diferentes a las que transitamos el resto. Se ven en los juzgados, gritan en el Congreso, han perdido la capacidad de parlamentar y, al final, van a lo suyo que no es lo nuestro. El problema es que , en ese camino que cada vez los aleja más del ciudadano , olvidan que su función, su objetivo y su deber es hacernos la vida más asequible, más sencilla e incluso más humana ( de humanidad).
La versión optimista es que hay equipos de gente preparada para gestionar de manera eficiente en la política. Deben estar escondidos o los tienen secuestrados porque es imposible aniquilar totalmente al talento. Tienen que estar en algún sitio.Es como el agua, al final encuentra por donde salir. En algún momento les veremos la cara, emergerán con fuerza y sustituirán a los que van en dirección contraria.
Si los veis o los detectáis, hay que conjurar un “Carol Anne” de Poltergeist . Hay que decirles : “Corred hacia la luz.”
Los estamos esperando…
NB : Esto es un “quejío” en toda regla pero con un tono de preocupación elevado porque pasa en mi país pero también en el mundo …