No sé como decoraré la Navidad de este año así que le he pedido a la IA que me ilustre ideas creativas para tener un abeto navideño que no tenga abeto.
A una velocidad alucinante, me ha generado estas fotos.





No sé como decoraré la Navidad de este año así que le he pedido a la IA que me ilustre ideas creativas para tener un abeto navideño que no tenga abeto.
A una velocidad alucinante, me ha generado estas fotos.





En nada, porque todo va más rápido que nunca este año, será Navidad, tiempo de regalos y, también , de envolverlos.

Yo doy valor a la presentación de un regalo. Al envoltorio.
Y no creo que sean necesarios papeles lujosos, ni lazos brillantes. Lo más importante son las ganas que le pongas y la creatividad, pero siempre se pueden encontrar cosas interesantes que copiar.

Muchas veces, con elementos muy sencillos, se consiguen cosas preciosas. Sobre todo, en lo que se refiere a los envoltorios personalizados y creados por el mismo autor del regalo. Esos son lo más.

Tengo una prima que, siempre, presta máxima atención al envoltorio. Te puede estar regalando un cuixot de Menorca, que ella lo ha envuelto, le ha puesto una cuerda bonita, una rama de romero y una etiqueta con un mensajito.
(Esto es un cuixot, embutido típico de la isla)

Esos actos de “envolver” expresan el mimo y el afecto que, a su vez, envuelve al regalo…

Después está lo del factor sorpresa. Viene a ser el súmmum del buen “envolvedor-de-regalos”.

Yo prefiero los regalos al despiste y si es una raqueta que no se note que es una raqueta. Llámame tiquismiquis, pero ya que estás en el lío del paquete de regalo, que se produzcan todos los efectos posibles en el receptor: Emoción, Afecto, Sorpresa.
Esto, no.

Ya que regalas y envuelves, que el receptor viva ese instante de emoción hasta el final.
Acabo con una viñeta de NaolitoArt que le viene muy bien al post.

Hace tiempo que no sacaba los bastidores, los rodillos, pinturas y, sobre todo, que no me ponía mi delantal de pintar.
Tiene más de 25 años, pero ahí está, ganando con el tiempo y las manchas de pintura…

Es un encargo para un salón muy, muy minimalista , pintado de blanco, al que había que aportar un toque de color, pero el justo.

El que lo va a recibir se arriesga. Si me lo pides, va sí o sí colgado en ese salón. Si no, hay represalias.

Y puedo hacer visitas sorpresa, para verificar que los cuadros están , ahí, presentes. ; – )

El delantal se merece un respeto…

pala. f. Herramienta formada por una lámina de madera o hierro, rectangular o redondeada, adaptada a un mango
La que veréis, tiene unos 100 años. Fue rescatada de una casa en ruinas, en un pueblo abandonado en el Pirineo de Huesca. Formaba parte de un tesoro : había otra pala y una forca.
Las palas eran utilizadas para el trasiego de cereales. La casa había tenido campos de trigo en otra época. Una de las palas estaba rota. La recogí a pedazos…Durante mucho tiempo ha estado arrinconada ( en su destrozo). Hace unos días, pegué todos los trozos aunque no puede disimular muchas de las uniones .Como estaba bastante tocada, pensé en pintarla con pintura Chalkpaint…Si la recuperaba, la podría colgar en una pared blanca…
No sé si esta pala centenaria, tras su reconstrucción y tuneado, se puede colgar en algún sitio pero sí que puedo decir que soy la primera persona que tiene una pala de trasiego de cereales, abstracta.

NB : Detalle .
Me encontré la botella negra al ir a tirar la basura. La vi encima de una repisa de la valla de un edificio de apartamentos. Paso por allí delante, cada noche, de camino a los contenedores de reciclado.
Me paré para cogerla y meterla en la bolsa correspondiente, según fuera de vidrio, plástico o aluminio…El tacto, por eso, me despistó…Parecía terciopelo o piel…Suave, muy suave. Tuve la impresión de que alguien la había olvidado allí y la dejé en su lugar. La noche siguiente, continuaba estando en el mismo sitio, así que me aventuré a examinarla debajo de una farola. El material me intrigaba…
Me la llevé. Es verdad que caminé un poco más deprisa de lo que es habitual y que miré a un lado y otro de la calle para confirmar que no había ningún testigo del…robo de la botella negra.
Ya en casa, la observé con atención. No había nada especial en ella, más que aquel extraño tacto suave y cálido…
Que era un artefacto diabólico, lo supe más tarde. Por casualidad. De verdad que siento lo de Loli … La botella negra es capaz de absorber a todo aquel que posea una personalidad conflictiva: tiquismiquis, tocacojones, yoístas, tóxicos, pesimistas contagiosos, etc,etc… Sólo hay que abrir la botella en su presencia y sólo ellos desaparecen… La forma en la que se introducen en su interior, no deja de tener su encanto. Es en plan un torbellino que se va haciendo minúsculo girando sobre sí mismo y después, ¡puf!, una pequeña porción de gas de nada y para adentro…
Con lo de Loli me di cuenta de lo que pasaba. Diabólico, ya lo he dicho antes. ¿Y qué hice? ¿Destruir la botella por su peligro potencial?
Pues no.
Después de absorber a diez personas, la primera botella negra dejó de surtir efecto pero al salir esa noche a tirar mi basura, me encontré otra. Cuando se llenó la segunda, apareció una tercera…
Ahora las decoro. Y las voy llenando.
Mi vecindario está ahora lleno de gente amable y maravillosa. Igual que en mi familia. Y en la oficina. Y en el gimnasio. Y….
NB : DIY – Reciclaje de Botella de Ratafía pintada con pintura de pizarra para vidrio. Decorada con rotulador blanco permanente.
A este extraño jardín, lo llamé flores marcianas. Lo he encontrado, escondido en un cajón. Es un bastidor muy pequeñito, con un fondo de pintura de pizarra negra y unas flores blancas. Algunas de ellas, son el símbolo de la paz que todos conocemos.
Este símbolo no es muy antiguo (de la década de 1950) y su autor, el diseñador Gerald Holtom, no lo registró así que es utilizado libremente en multitud de manifestaciones a favor de la convivencia y el pacifismo. En su momento, fue creado como logotipo de la Campaña Británica para el Desarme Nuclear (NCD).

Y, desgraciadamente, como sigue habiendo guerras y armas nucleares en manos de gente a todas luces incompetente, antes y hoy, seguimos utilizando símbolo de Gerald Holtom para manifestarnos en contra de la guerra. De las guerras. De todas.
Tenía un mecanismo de reloj de un pack de manualidades y aún me quedaban unas letras de madera así que pinte “El Reloj que marca la hora que quiere”.
No solo es libre de marcar las horas, si no que se para cuando él cree conveniente y vuelve a funcionar también cuando le da la gana.
Me dicen que pinté las manecillas y las desequilibré con la pintura. Es posible, pero, a veces ha dado la vuelta completa al día y, a veces, no. Más o menos, cuando él quiere. También he comprobado la pila que lleva el mecanismo, pero, ni nueva, marca el tiempo de forma continua.
Lo quería colgar en mi cocina, pero, de momento, lo he dejado apoyado en una pared. He decidido registrar a qué hora se para y a qué hora vuelve a funcionar.
Ahí, en ese reloj, hay un misterio…
Cada año tengo que refrescar mis conocimientos navideños y asegurarme que el muérdago es el de los frutos blancos y el acebo, el de los frutos rojos.
El muérdago es el que se lleva el premio a la antigüedad ya que lo incorpora la tradición celta y, también, es el adorno “romántico” por excelencia. El Dios Balder es el responsable de lo del beso, cuando estás debajo …
En cambio, el acebo es el responsable de la tendencia decorativa de la Navidad desde la Edad Media.
Precisamente para eliminar los rastros de los cultos “paganos”, cambiaron el muérdago, blanco (y celta), por el acebo, rojo…
Y con esta acción, el rojo y el verde se convirtieron en los colores principales de esta época del año.
El verdadero gurú de la decoración navideña es el tipo que, en el siglo V, se decidió por el acebo (rojo!)…
Os deseo unas Felices Fiestas decoradas con los colores del acebo y muchos , muchos besos bajo el muérdago…
Me regalan un mini abeto navideño. Al principio, creo que es de plástico porque está completamente recubierto de nieve artificial (esa que se hace con poliestireno, que es otro tipo de plástico) pero, al tocarlo, descubro que es un abeto natural.
Se han pasado con el poliestireno y aquello parece una nube de algodón que tapa y asfixia al árbol. Me he pasado un buen rato desenganchando esa nieve de mentira que tan mal conjunta con esta Barcelona de temperaturas casi primaverales. Lo he hecho con cuidado porque me iba llevando pinaza y ramitas que, sorprendentemente, olían a pino. Aún ha quedado algún rastro del plástico persistente.
Finalmente, lo he trasplantado a una maceta que decoré hace años y que estaba olvidada en el trastero. El título de esta maceta y de un cuadro que la acompañaba era “Flores Marcianas”. Le pega, la verdad, porque ese pobre abeto tenía una pinta un poco marciana…
He estado preparando unos regalos.

Foto de Elena Mozhvilo en Unsplash
Me he dedicado a sacar todos los plásticos en los que están envueltos o protegidos: sobres, sobrecitos, bolsas, bolsitas y papel burbuja. La cantidad de plástico sobrante es abrumadora. Y digo “sobrante” porque hay más plástico conformando los propios regalos. Ese no lo puedo evitar. El que he apartado para reciclar, simplemente, sobra.
En mi afán de crear un packaging sostenible, he envuelto los regalos con papel tipo kraft y los he cerrado cuando he podido, con cuerda y si no, con un poquito de celo. Tengo el tradicional pero ya hay cintas de celo ecológico… Sólo ha sido un poquito. Los lazos y las bolsas también son de papel.
Foto de Element5 Digital en Unsplash
El plástico forma parte de nuestras vidas- ahora mismo escribo sobre un teclado de policarbonato que es un tipo de plástico- y en muchas de sus aplicaciones, nos ha hecho la vida más fácil, pero, en esa carrera eufórica y un tanto histérica de consumo, hemos ido avanzando hacia un uso desaforado. Así que, vivimos invadidos de plástico. Del que vemos y del que no vemos al que llaman “micro”. Los microplásticos están en los océanos, en nuestro organismo, en el medio ambiente y no deberían estar ahí. Es perjudicial en todos los ámbitos.
He acabado de engalanar los regalos. Dejo las tijeras con mango de plástico, en la caja de plástico donde guardo las cosas de envolver.
Foto de Marissa Grootes en Unsplash
NB: Solo el 9 % de los desechos plásticos se recicla. El que se desecha como residuo, se suele incinerar, contribuyendo a la contaminación y al cambio climático. O directamente va a vertederos y de ahí…a vete tú a saber.
Se estima que entre 19 y 23 millones de toneladas de desechos plásticos terminan cada año en lagos, ríos y mares. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Informe “Ahogarse en plásticos. Basura marina”
Foto de Naja Bertolt Jensen en Unsplash